Ryszard
Kapuscinski: reportero del tercer mundo
Algunos en
su natal Polonia lo han llamado "el
reportero del siglo", pero él
apenas se reconoce como un reportero del
tercer mundo: África, América Latina y
Asia han sido el hábitat de este
periodista extraviado a su gusto en el
trópico. La que sigue es una edición de
su intervención hablada en español en
la sede de la Fundación Nuevo Periodismo
Iberoamericano en octubre de 2000,
invitado por esta fundación y por el
Banco Interamericano de Desarrollo (BID),
repetida en el taller de crónica
organizado por la FNPI, la UIA y el BID
en la Ciudad de México, del 6 al 9 de
marzo de 2001, y cedida especialmente a
Sala de Prensa.
Edición: Ricardo Corredor Cure
Óscar Escamilla V.
| Testigo
del siglo XX El primer
país que conocí de América Latina fue
Chile. Luego viaje por todos los países
del continente. Era corresponsal de una
agencia de prensa muy pequeña, muy
pobre, que no podía tener periodistas en
todos los países, entonces yo cubría
toda América Latina.
Ya
había hecho lo mismo en África y antes
de eso en Asia. Allí me tocó
participar, observar y escribir sobre
actos de guerra, golpes de estado, de
todos esos tensos eventos de la segunda
mitad del siglo XX en el llamado tercer
mundo.
Comúnmente
se dice que fue el siglo de las guerras
mundiales, de los sistemas, de muchas
cosas negativas, pero no se menciona que
el siglo XX pasa a la historia de la
humanidad por ser el de la
descolonización. Nunca antes en la
historia surgieron en la escena política
más de 50, 80 países y naciones del
mundo independientes. Eso no estaba en el
pasado de la humanidad y nunca se va a
repetir.
Ese gran
suceso estuvo acompañado de dos grandes
eventos: la migración del campo hacia
las ciudades (al inicio de siglo XX, la
población urbana mundial era del 15 por
ciento y hoy es del 75 por ciento) y el
de la independencia política de las
colonias o semi-colonias.
A mi me
tocó, como periodista, ser un observador
de esos grandes eventos migratorios en
sentido físico y en sentido político. A
eso dediqué toda mi vida periodística;
a describir y a documentar estos dos
fenómenos. Ya escribí 20 libros, de los
cuales cinco han sido publicados en
español, que se dedican a ese gran tema.
En la piel del
reportero
Para mi
es fundamental que un reportero esté
entre la gente sobre la cual va, quiere o
piensa escribir. La mayoría de la gente
en el mundo vive en muy duras y terribles
condiciones y si no las compartimos no
tenemos derecho, según mi moral y mi
filosofía, a escribir.
En ese
último libro que va a salir en español,
que salió hace dos años en Polonia,
escribí sobre mis experiencias de cuando
llegué a una aldea en África, en un
país llamado Senegal. En esa aldea no
había luz eléctrica, pero se podía
comprar una pequeña linterna china que
costaba un dólar, pero nadie allí tiene
un dólar. Entonces, no había
televisión, ni Internet, ni esas
tecnologías.
Cuando
llegaba la noche, la gente se juntaba
desde las siete a contar sus historias, y
era ese el momento más literario, más
bello, más fantástico del día. Era
toda una poesía. Por supuesto había que
entender el idioma y todo lo que pasaba
durante la noche. A las 10 u 11 de la
noche a dormir y esto, para un reportero,
ya era una experiencia realmente dura,
porque era en casitas pequeñas de adobe
y piso de pura tierra donde se acomoda
toda la familia. Y toda la familia
significa muchas personas.
La noche
era muy caliente y era imposible dormir
con la invasión de mosquitos y sin
poderse moverse hasta que aparecía el
sol a las 6 de la mañana. Era una
experiencia bastante difícil, pero si no
compartía con esta gente no vería de
otra manera la vida de África. Si pasaba
la noche en el Hilton o en el Sheraton no
era consciente al escribir sobre sus
vidas. Lo mismo pasa en las guerras. La
profesión de reportero requiere, para
poder escribir, que este tipo de
experiencias se sientan en la propia
piel.
La otra
cosa que hago y que considero también
importante para un reportero es viajar
solo. Es importante ver el mundo que se
investiga y penetra con los ojos propios.
La presencia de otra persona influye
sobre nuestra percepción del mundo. Sus
gestos, sus comentarios, cambian esta
limpia relación entre el reportero y el
mundo que lo rodea.
Hace
tres años hicimos un documental sobre
África con un equipo inglés que por
primera vez iba a ese continente.
Recorrimos lugares apartados y cuando
llegábamos a cualquier sitio llamaban
desde sus teléfonos móviles a Londres.
Viajaron conmigo tres meses pero,
emocional y mentalmente, no estaban en
África, todo el tiempo estuvieron en
Inglaterra. Sólo hicieron su deber.
Para mi
una de las características del reportero
es la empatía, esa habilidad de sentirse
inmediatamente como uno de la familia.
Compartir los dolores, los problemas, los
sufrimientos, las alegrías de la gente,
que de inmediato reconocen si él está
realmente entre ellos o si es un pasajero
que vino, miró alrededor y se fue.
De la tecnología a la
palabra
La
utopía de los poderes de comunicación
mundial es que con la actual tecnología
se resuelve todo. Yo creo en esos avances
tecnológicos, claros e importantes, pero
no podemos perder la cabeza ahora, que en
los medios de comunicación se ha
acelerado nuestra profesión por el
manejo de una información inmediata.
Claro que una información inmediata hace
al mundo muy rápido. Aunque esto no
influye en el conjunto serio del
periodismo de reportajes, de ensayo, de
crónicas. Un periodista talentoso puede
escribir todo en un pedazo del
periódico, no necesita más que eso.
Yo fui a
un país como el Congo, con una guerra de
50 años. Hablaba con la gente, veía un
acontecimiento, un golpe de estado,
buscaba información para tratar de
entender lo que estaba pasando y luego
formaba el cuadro de lo que me pasaba y
escribía. Ese era realmente mi trabajo.
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TESTIMONIOS
Evaluaciones
del taller de crónica organizado
por la FNPI, la UIA y el BID en
la Ciudad de México, del 6 al 9
de marzo de 2001.
Julio
Villanueva Chang (Perú):
"Del señor K. he aprendido
a espiar este mundo con menos
cinismo, a coger mis maletas con
menos gravedad y dramatismo, a
pestañear menos en las
madrugadas con los libros, y del
señor K. también he aprendido
que la soledad puede ser una
bendición para un cronista, que
todos perdemos en las guerras y
que en ellas la mayoría de
periodistas terminamos siendo
mercenarios, que este mundo está
cada vez más desierto de
periodistas testigos y mundanos y
sobrepoblado de notarios
públicos vía teléfonos
satelitales, que es un placer
escribir y no estar en la
televisión, y que para ganar
algo hay que perder demasiadas
cosas."
Gerardo
Albarrán de Alba (México):
"Una semana con Kapuscinski
(y la casi diaria presencia de
García Márquez, regalo
inesperado), obligado ejercicio
de pensar. Me deja marcado, pero
no sólo por las breves aunque
lúcidas lecciones del periodista
polaco, sino por el fuerte
intercambio entre los periodistas
de seis países que estuvimos
reunidos en México (el escritor
colombiano, incluido). Tal vez
eso fue lo mejor: compartir
dudas, escuchar y aprender de los
demás."
Carlos
Alberto Giraldo (Colombia):
"La mansedumbre con la que
el periodista y escritor Ryszard
Kapuscinski se dejó abrumar por
los interrogantes y comentarios
de los asistentes al taller, en
Ciudad de México, para luego
diseccionar y abordar, uno por
uno, los temas centrales sobre la
escritura y el oficio
periodísticos en el cubrimiento
de conflictos armados y sociales,
desde su experiencia, constituyó
una magistral muestra de su
técnica (metodología) para
entender y descifrar a sus
lectores tantas guerras: ver y
oír para luego responder con
maestría a los interrogantes,
aferrado a la certeza de los
datos, los documentos y los
testimonios que allega un
reportero juicioso para
transmitir conocimientos sobre la
realidad a los lectores, en este
caso a sus alumnos. Incluso
frente al cansancio, a la mella,
que pudiesen causarle tantos
años de trabajo, su apretada
agenda internacional y su
compromiso por responder a todas
las invitaciones formales e
informales que recibió mientras
dictaba su curso al grupo de la
Fundación Nuevo Periodismo
Iberoamericano, FNPI, en Ciudad
de México, Kapuscinski remató
con una jornada excepcional de
reflexión y cátedra, en el
rigor de su formación académica
pero también de su intenso
testimonio profesional, para que
no nos quedara duda, a quienes
seguimos sus pasos y su obra,
sobre hacia dónde debemos
avanzar: al humanismo único y
asombroso que halla, describe y
reconstruye la narración
periodística, la que gozábamos
en los libros de Kapuscinski
hasta que lo hallamos en Ciudad
de México, humilde y generoso
para enseñarnos sus trucos. El
legado de esas horas al lado de
un hombre que ha tocado las
llagas del mundo, pero también
inmortalizado la sonrisa de un
pastor en la soledad de la
llanura africana, son, desde el
mismo instante de ese encuentro,
un botín incalculable para los
reporteros que intentamos
abrirnos a este oficio y al
mundo, con el apoyo de proyectos
como la Fundación Nuevo
Periodismo Iberoamericano,
mediante productivas jornadas de
taller, como las presididas en
esos días de marzo pasado por el
'brujo mayor de la tribu de los
reporteros': Ryszard
Kapuscinki."
Darío
Fernando Patiño:
"No hay fórmulas mágicas
para aprender a escribir bien.
Hay recomendaciones. Una de ellas
es leer. Y leer tratando de
imaginar cómo fue escrito ese
texto que tenemos entre las
manos. Como decía García
Márquez en el taller de México,
"mirando por el reverso de
la hoja para ver cómo es la
costura". Pero hay una
oportunidad mayor y es la de
poder escuchar al creador de esas
obras. Su experiencia, su
acercamiento a la historia, a los
personajes, al entorno. El
proceso entre la percepción y la
redacción. Y si ese autor es un
personaje con la vida y la
sensibilidad de Kapucinski, el
beneficio se multiplica. Son
miles de ejemplos, de enseñanzas
y de reflexiones, transmitidos a
nosotros en unas intensas y
emocionantes jornadas. Un
intercambio de preguntas y
respuestas, complementadas con la
oportunidad, escasa en la premura
de este oficio, de leer y de
hablar con colegas de otros
países. Y como si fuera poco,
una presencia activa y
estimulante de Gabriel García
Márquez. Este fue en pocas
palabras, el inolvidable menú
del Taller de Crónica en Ciudad
de México."
Juanita
León (Colombia):
"El taller de Kapuscinski
fue una experiencia increíble
por varias razones. Lo primero
porque nos pudimos juntar
periodistas de varios países e
intercambiar experiencias
teniendo a Kapuscinski haciendo
los énfasis y sacando
conclusiones. La segunda y gran
razón fue oír a Kapuscinski. De
él aprendí tal vez tres
lecciones claves: la importancia
de leer mucho para cada historia,
saber todo lo que se ha escrito
al respecto, leer literatura, eso
me pareció clave; la importancia
de la memoria y de estar en los
sitios para registrar los
detalles, el ambiente, las caras,
la arquitectura; y por último,
que fue lo que mas me servirá
para la vida, es la importancia
de manejar dos talleres: uno
diario, donde uno produce para el
medio en el que trabaja, y otro
personal, donde uno hace cosas en
mayor profundidad y con mayor
trascendencia. Esto último le
dio una nueva perspectiva a mi
trabajo. El acompañamiento
silencioso de Gabo también fue
muy importante para mí. Sus
preguntas me hicieron reflexionar
mucho sobre mis escritos, sobre
las cosas a las que le doy
prioridad y creo que eso me ha
ayudado a escribir mejores
historias."
Graciela
Mochkofsky (Argentina):
"El taller de crónica con
Kapuscinski fue maravilloso por
muchas razones. La primera,
Kapuscinski. Sus relatos y sus
consejos, además de
interesantísimos, reavivaron mi
entusiasmo en el periodismo y me
guiaron en la solución de
algunos conflictos personales. El
mejor de sus consejos, en mi
opinión, fue el de que debíamos
esforzarnos toda nuestra vida por
mantener viva "la
llama" de la pasión por
nuestro oficio, avivándola
siempre, aprendiendo siempre. Sus
anécdotas personales sobre cómo
lo ha hecho él fueron muy
útiles y tan vívidas que no
creo que vaya a olvidarlas. La
segunda razón fue la presencia
casi permanente de García
Márquez en el taller y los
diálogos que tuvimos con él. La
tercera, igual de importante que
las anteriores, fueron los otros
periodistas que participaron del
taller. No sólo me alimenté de
sus relatos y preocupaciones sino
que tuve la enorme suerte de
conocer algunas personas
extraordinarias. El tiempo libre
que aprovechamos juntos en la
ciudad de México me permitió
confirmarlo."
Laura
Weffer (Venezuela):
"Desde la más sensible
humildad, habla un hombre que
simplemente ha vivido a través
del periodismo. Y generoso como
el que más, comparte sus
experiencias con nosotros, que
ávidos bebemos cada una de sus
palabras. Todas esclarecedoras,
todas importantes, todas
definitivas, sirven para terminar
de moldear una de las
ocasiones y oportunidades
periodísticas más importantes
de la vida: haber hecho el taller
con Ryszard Kapuscinski."
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Cuando
estuve durante la masacre de Ruanda de 1994,
llegaron muchos periodistas conectados por
e-mail, por teléfonos, que no veían lo que
pasaba allí. Ellos llamaban a sus jefes en Nueva
York, Londres, Madrid, y estos les decían
"necesitamos confirmar esto..., tenemos la
noticia de que en ...". Ahí ya no eran
independientes, ya no eran reporteros, solo
seguían órdenes de sus jefes que ni siquiera
sabían dónde quedaba Ruanda.
Los mejores
reportajes los escribí cuando mi oficina central
no sabía dónde estaba. Mi hábito fue tratar de
huir de esta gente que no conocía la realidad
del lugar donde me encontraba. Ahora, la
preocupación de los medios de comunicación no
es el cubrimiento, sino es la lucha entre ellos
por la competencia. Ya no miran si pasó algo
importante, miran donde están los demás para
que no se les adelanten.
Al terminar el
siglo XIX, cuando apareció el teléfono, se
creía que la prensa escrita se acabaría, pero
el teléfono sólo sirvió para su desarrollo. A
principio del siglo XX, cuando apareció el
cinema se dijo que había llegado el fin para la
palabra escrita.
Luego cuando se
desarrolló la radio también se dijo lo mismo,
al igual que con la televisión, pero ya no hay
discusión, la prensa sigue desarrollándose.
Todos los medios solamente amplían el método de
existencia de la palabra, de transmisión de la
palabra. No se acaban unos a otros, se amplían.
Curso
para navegantes de la globalización
La palabra
globalización se empieza a utilizar después del
fin de la Guerra Fría. La globalización es un
problema muy difícil de discutir: con esta
palabra se entiende un montón de cosas y se usa
como en el arte se utiliza la palabra
postmodernidad. Hay que empezar con la
definición ¿Qué entendemos en este momento por
globalización? ¿Qué hay detrás de esa
definición? Sin esto no se puede discutir sobre
el problema, porque cada uno tiene su propia
definición: financiera, económica, política.
La
globalización es un fenómeno contradictorio de
dos corrientes distintas. Es un río de
integración de toda la tecnología, el mundo
financiero, los medios de comunicación, pero
simultáneamente es otro río en dirección
opuesta que lleva a la desintegración, con
conflictos étnicos, con ambiciones regionales,
con tendencias particulares, en una gran
corriente que vive y se desarrolla en contra de
la misma globalización.
En un seminario
en Ayacucho (Perú) en el que participé el tema
fue Globalización y Cultura Andina. Allí
habían dos escuelas de pensamiento; unos decían
que globalización era un sinónimo de la palabra
imperialismo y los otros decían que era una
tendencia existente, importante y productiva para
la humanidad.
Hoy sentimos que
algo está pasando y que tenemos una nueva
conciencia de lo global, en temas como el agua y
la contaminación del aire. Sin embargo, las
fuerzas que participan en la globalización no
están definidas, todavía son flotantes, no son
precisas, no se han cristalizado. Entonces la
lucha no va a ser sobre la existencia de la
globalización, sino como utilizar este fenómeno
para nuestros propios intereses y nuestros
propios fines.
Periodismo
con Cortina de Hierro
No fue fácil
trabajar bajo el régimen socialista. Polonia era
un país más pobre que Checoslovaquia o Hungría
y para balancear esa situación teníamos más
libertad que en Rusia. Muchos rusos aprendían
polaco para leer nuestra prensa, porque comparada
con la de ellos era libre. Incluso en los años
80, durante la época del movimiento solidaridad,
nuestra prensa fue prohibida en la Unión
Soviética.
En estos países
socialistas había que conocer los complicados
mecanismos de la censura. Había períodos en los
cuales la censura era blanda y otros en los
cuales es muy dura. Entonces, si uno tenía
experiencia y conocía los mecanismos, sabía en
qué momento podía publicar algo y cuando no.
Existían varios
tipos de prensa, una era oficial que publicaba
todo con censura en periódicos, radio y
televisión. Pero teníamos dos prensas sin
censura no oficiales, una clandestina y otra que
se publicaba de manera restringida a dirigentes y
funcionarios. Allí también se publicaba todo,
porque a la clase dirigente le interesaba estar
bien informada, por eso permitían publicar todo,
aunque no se podía vender oficialmente el los
kioscos sino a través de vendedores
clandestinos.
Luego pude salir
del país y trabajar en Asia, África, América
Latina. Entonces a nadie le importaba la gente de
estos lugares y todo lo que pasaba allí. Yo
nunca traté de ser corresponsal en los lugares
de gran competencia como París, Madrid, New York
o Roma. Nadie quería ir a arriesgar la vida para
escribir sobre la guerra de Angola, así que yo
no tenía competencia.
Yo escribí un
libro que se llama El Sha de la siguiente
manera: durante la revolución en Irán, la más
grande revolución de masas en la segunda mitad
del siglo pasado, nuestra agencia decidió enviar
a un periodista que me dijo "Estoy muy
desesperado, es que me quieren mandar a cubrir
esta revolución y yo no quiero, no me interesa,
tengo miedo". Yo le dije "Si quieres yo
puedo ir en tu lugar". "No, no, no
creo, no es posible", contestó. Y le dije
"Sí. Yo voy con mucho gusto". Entonces
fuimos donde el jefe de redacción al que le dije
"Mira él no quiere ir, yo si, yo voy
inmediatamente". Entonces me fui un año a
Irán y así escribí el libro, gracias a este
accidente.
El
precio de escribir libros
Yo sabía que
para poder viajar por el mundo, a países
apartados, sin tener dinero, debía pagar con un
trabajo duro y difícil, tal vez el peor trabajo
del periodismo, el de agencia de prensa. Es para
esclavos. Tenía que pagar este precio para luego
escribir libros.
A la agencia de
prensa hay que enviarle noticias cortas, por
aquello de los costos, el tiempo y la
competencia. Era un periodismo pobre y formal de
no más de 800 palabras.
Y yo viviendo en
África, en Asia con esa realidad tan rica, tan
colorida, tan diferente a la europea. Tenía que
escribir sobre esto, que no cabía en los cables
formales de la agencia de prensa, entonces me
encerraba en mí cuarto a elaborar notas que se
convertirían luego en libros, mientras mis
colegas se iban al bar a tomar whisky. Esa fue
una satisfacción personal frente al periodismo
corriente, que es por definición cortés y no le
da cabida para la descripción.
El
peso de la palabra
Cada país de
América Latina tiene por lo menos un diario
serio y en algunos hay buenas revista semanales,
lo que significa que en la mayor parte de estos
países el nivel profesional es alto. El otro
problema es si esta prensa tiene influencia sobre
la situación política. Pero eso no depende de
ella sino de la cultura de la sociedad.
Actualmente
vivimos un período de banalización de la
palabra. La palabra ya no tiene el peso de antes.
El problema ahora en la comunicación no es la
falta de verdad sino que existen demasiadas
cosas.
Todos los años,
en otoño, se realiza la Feria Mundial del Libro,
en Francfort (Alemania). En esta Feria se
presentan más de 600 mil títulos. Si uno la
visita durante 5 ó 6 días, no es posible ir a
todos las salas a leer títulos. En la época
comunista la prensa soviética tenía cuatro
páginas y si en ellas aparecía algún artículo
crítico, alguien perdía la línea o lo mandaban
a un campo de concentración. Cada palabra tenía
peso, valor de vida o muerte.
Hoy la gente en
Rusia lamenta y llora esos tiempos, porque había
sentido al escribir algo. Ahora se puede escribir
sobre cualquier cosa, y a nadie le importa. Desde
hace 10 años tenemos en Polonia plena libertad,
entonces la prensa escribe que este ministro es
un coco, es un mentiroso y qué pasa, nada, ese
ministro sigue haciendo lo que quiere en su
puesto, ya todo es normal y nada cambia.
Un
ciudadano llamado periodista
El periodista de
hoy está entre dos fuerzas, la del poder que le
dice que cuidado, que tenga responsabilidad y la
de los jefes que lo presionan para que tenga
chivas, si no las tiene lo sacan. Esto ya es
normal en toda la prensa. Ya no existen reglas
fijas, todo depende de la situación.
Yo estoy en
contra de esa prensa sensacionalista. Olvidamos
que un periodista es un ciudadano del común.
Entonces como periodistas debemos tener
responsabilidad no solo profesional, sino en
sentido ciudadano: ¿es esto bueno para mi
ciudad, para mi nación o para mi patria? No en
el sentido partidario, sino en el sentido más
alto de la responsabilidad.
No podemos
olvidar que la situación de un joven periodista
que apenas empieza es débil frente a un
periodista maduro con cierta posición que se
puede permitir mayor libertad de opinión, de
comportamiento. En los periódicos las cosas
siempre se manejan de diferente maneras, en unos
es más grande libertad y en otros es más
pequeña. Lo importante en todos los casos es
poseer no sólo responsabilidad profesional, sino
ciudadana.
Periodista
para toda la vida
Todos somos
seres humanos y como tal somos diferentes. Igual
ocurre en nuestra profesión, unos son mejores
que otros. Además, en esto del periodismo
contemporáneo mucha gente llega a la profesión
para no quedarse toda la vida, si encuentra algo
mejor pago en una compañía de carros se va. El
periodismo no es solamente una profesión, es una
manera de vivir y de pensar. Nosotros decíamos
con cierto orgullo que el periodismo era ese algo
que íbamos a hacer toda la vida.
Estoy seguro de
que esta profesión requiere algo de sentido de
misión, de vocación, porque es muy dura y si no
se tiene valentía es mejor cambiar de oficio.
Cuando me encuentro con estudiantes de primer
año de periodismo les digo "si ustedes
quieren todavía tiempo, todavía son jóvenes,
si pueden hacer algún otro trabajo no hagan nada
de esto", porque si no están comprometidos
con la profesión, ésta puede convertirse en un
quehacer de cosas automáticas.
El peligro de
esta profesión es la rutina y creer que cuando
se aprende algo ya lo sabemos todo. En el mundo
de hoy la gente posee conocimiento y educación y
si el periodista quiere ser aceptado por la gente
debe tener mucho más conocimiento que ellos.
A veces pensamos
que el hecho de trabajar en una redacción nos
permite todo y eso no es verdad. Trabajar en una
redacción no es suficiente, lo importante es
entender que si quiere seguir en la profesión se
debe estudiar permanentemente y eso es muy duro
hoy, porque cada día aparecen nuevos
descubrimientos, nuevas ramas de la ciencia,
nuevos conceptos de filosofía, de historia, de
antropología, de sicología, de miles de cosas.
En la actualidad
los éxitos son tan altos que estar en la cumbre
es sumamente difícil. Es como en el deporte,
donde la lucha es por romper los récord de los
otros. Estamos llegando al límite y en ese
terreno nos tenemos que mover, aunque ahí sea
difícil dar un paso más adelante. En esta
profesión obtener algunos logros es sumamente
duro, pero es la única guía, no hay otra.
Reportero
sin imaginación
Hoy vivimos el
fenómeno de la mezcla de géneros, ese
debilitamiento de fronteras entre los géneros y
las técnicas que podemos tomar de las artes,
llamadas collage o ensamblaje. Es
necesario romper esas fronteras tradicionales y
buscar nuevos métodos, nuevas guías de
expresión, nuevas formas para describir este
mundo.
Sabemos que no
podemos llegar a descripciones plenas, pero
tenemos que tratar de aproximarnos. En el nuevo journalism
nos damos cuenta de cómo los métodos
tradicionales de periodismo no reflejan la
riqueza de la situación que se describe. Es
entonces cuando tenemos que buscar ayuda en los
métodos de la literatura de no ficción para
enriquecer nuestro periodismo. Pero no el
periodismo diario de acontecimiento, sino
periodismo de profundidad.
Entonces ese journalism
no cabe en la fórmula de la noticia
periodística, sino que abarca esa parte del
oficio que trata de profundizar en nuestro
conocimiento del mundo, para hacerlos más ricos
y plenos. Es como el cubismo en la pintura,
porque entiende que una forma lleva en sí muchas
formas y trata de mostrarla desde varios puntos
simultáneamente.
Yo soy un pobre
reportero que no tiene desgraciadamente la
imaginación de escritor. Si yo la tuviera jamás
habría ido a estos terribles lugares en donde
estuve. Además creo que si se logra de escribir
sobre lo que pasa en el mundo, esto tiene mayor
peso que las obras de ficción.
Si ustedes leen Le
Monde encontrarán en la primera página
todos los días la publicidad sobre una nueva
novela francesa, entonces tenemos 256 novelas
francesas por año. Yo siempre hago este
ejercicio, le pregunto a los demás por un
título de una novela que tenga en la mente o un
escritor importante de novelas francesas hoy. Y
nada.
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