Los medios de comunicación
estadunidenses después del 11 de septiembre
Entre
la tentación "patriótica" y la
autocensura
Alexandre
Lévy y François Bugingo *
Diez
años después de la guerra del Golfo, un
conflicto cuya realidad ha sido ampliamente
ocultada a los medios de comunicación, la
administración estadunidense lanza una nueva
serie de operaciones militares, en respuesta a la
ola de atentados que ha afectado a la costa Este
de Estados Unidos y ha causado cerca de 6.000
muertos. Y de nuevo, señala el diario The New
York Times, "en este período patriótico,
las divergencias se vuelven discretas".
"El sentimiento de orgullo nacional que se
ha extendido por el país, tras los atentados del
11 de septiembre, plantea una vez más el debate
sobre el equilibrio entre seguridad del Estado,
libertad de expresión y patriotismo". Este
influyente periódico estadunidense revela, en su
artículo de primera página del 28 de septiembre
de 2001 que, en varias ocasiones, las
manifestaciones de los representantes de la
prensa han provocado la cólera tanto de las
autoridades como del público estadunidense, y
han sido motivo de sanciones: suspensión del
programa en cuestión, retirada de los
anunciantes publicitarios del medio, o
desautorización e incluso despido, pura y
simplemente, del periodista por parte de su
empleador. Estos incidentes se añaden a una
larga lista de obligaciones y presiones más
difusas de las que han sido víctimas medios de
comunicación estadunidenses y extranjeros, entre
ellos Internet, desde el 11 de septiembre.
Muchos
periodistas y observadores ya ponen en duda la
objetividad y la independencia de la prensa
estadunidense, especialmente la de los canales de
televisión, en este período de esfuerzo de
guerra. Igualmente, en Estados Unidos han
empezado a alzarse algunas voces para poner en
guardia a la opinión pública contra una
degradación de la libertad de expresión y de
opinión, libertad garantizada por la primera
enmienda de la Constitución, en beneficio de un
refuerzo de la seguridad. "Estamos frente a
un enemigo que explota lo que hace de nosotros
una sociedad fuerte y eficaz: la libertad, la
apertura y la movilidad. Tenemos que garantizar
que seguiremos siendo una sociedad abierta en la
que se respeten las libertades individuales. Si
no lo hacemos, el enemigo habrá ganado", ha
declarado, entre otros, Strobe Talbott, antiguo
número dos del Departamento de Estado en la
Administración Clinton. Pero esas voces siguen
siendo minoritarias, ahogadas en un paisaje
mediático ampliamente movilizado para cubrir las
consecuencias de los atentados, los preparativos
y luego el seguimiento de la respuesta
estadunidense. Mientras que las críticas parecen
también atenuadas por la emoción provocada por
este acto de terrorismo dramático, la muerte de
miles de inocentes y el dolor de las familias
enlutadas.
Cediendo a las
llamadas de unidad nacional, las organizaciones
estadunidenses tradicionalmente dedicadas a la
defensa de las libertades individuales, se
mantienen en la discreción. Estiman que es
todavía demasiado pronto, incluso que sería mal
visto, hacer sonar demasiado fuerte la alarma
sobre acontecimientos considerados ampliamente
"secundarios". "El shock del 11 de
septiembre parece haber anestesiado los ánimos
más militantes, dejando lugar a una tolerancia
de facto respecto a comportamientos policiales y
judiciales más graves que de ordinario",
constataba, el 17 de septiembre de 2001, Sylvie
Kauffman, periodista y antigua corresponsal del
diario francés Le Monde en Nueva York. Pero hoy,
cuando el país se lanza a una nueva operación
militar, es mucho más necesaria la vigilancia de
las organizaciones de defensa de los Derechos
Humanos y las libertades individuales.
Para un cierto
número de regímenes es una gran tentación
sacar provecho de la emoción provocada por los
atentados perpetrados el 11 de septiembre en
Estados Unidos, para restringir la libertad de
prensa y, más ampliamente, para amordazar a la
oposición, en sus respectivos países, con la
excusa de la lucha antiterrorista. Así, en
países como Pakistán, Israel, en los
territorios de la Autoridad Palestina o Liberia,
Reporteros Sin Fronteras (RSF) ha tenido noticia
de varios casos de violación de la libertad de
prensa, que son consecuencia directa de los
acontecimientos ocurridos en suelo estadunidense.
Poniendo mucho
interés en no ser confundida, de ninguna manera,
con esos regímenes, la organización hace
pública aquí una serie de incidentes relativos
a la libertad de prensa, constatados en Estados
Unidos entre el 11 de septiembre y el 7 de
octubre de 2001, fecha de la respuesta militar
estadunidense. En su mayoría han sido publicados
y comentados en la prensa estadunidense, o en
sitios de Internet especializados. ¿Se trata de
actos de censura o de autocensura? ¿Se trata de
una política deliberada de las autoridades o
bien es una opción de los propios grandes medios
de comunicación? ¿Qué piensan los periodistas
estadunidenses y extranjeros que trabajan en
Nueva York? ¿Y las organizaciones de defensa de
la libertad de prensa? Para intentar responder a
todas estas cuestiones, dos representantes de RSF
han viajado a Estados Unidos y se han
entrevistado con representantes de los medios,
defensores de los Derechos Humanos así como
especialistas de la prensa estadunidense.
Primer
sospechoso: Internet
La amplitud sin
precedentes de los atentados de Nueva York y
Washington, así como el supuesto recurso de los
terroristas a las técnicas informáticas más
avanzadas, hacen temer a los internautas un
reforzamiento de la vigilancia en la Web, tal y
como desean los servicios de seguridad. Como
atestiguan diversas fuentes coincidentes, tan
sólo algunas horas después de los atentados,
agentes del Federal Bureau of Investigation (FBI)
se presentaron en las sedes de los principales
proveedores de acceso a Internet en el país
(Hotmail, AOL, Earthlink, etc.) para recabar
informaciones sobre eventuales intercambios por
e-mail entre los terroristas. Amparándose en el
anonimato, algunos ingenieros que trabajan para
esas empresas manifestaron a la revista
estadunidense en línea Wired que los agentes del
FBI también querían instalar el servicio de
vigilancia electrónica "Carnivore"
(recientemente rebautizado como DCS1000) en el
ordenador principal de los proveedores de acceso
con base en Estados Unidos. "El martes por
la noche, los agentes del FBI se presentaron en
nuestro lugar de trabajo para instalar sus
máquinas, cuenta un ingeniero. Prometieron
encargarse de todos los gastos de instalación y
explotación". Otro, que trabaja para
Hotmail, precisó que el FBI exigió -y
consiguió- de sus responsables todas las
informaciones procedentes de las cuentas cuya
dirección incluía la palabra "Alá".
Todos los grandes proveedores de acceso parecen
haber seguido el ejemplo de Hotmail y haber
colaborado plenamente con los servicios de
seguridad estadunidenses.
El sistema
Carnivore permite, después de ser instalado en
un proveedor de acceso a Internet, registrar y
almacenar todos los datos intercambiados por sus
usuarios. Muy criticado por los defensores de las
libertades individuales en Estados Unidos, este
sistema no se había utilizado hasta ahora más
que con el consentimiento previo de un juez. Un
texto titulado "Combating terrorism
act", votado con toda urgencia, después de
media hora de debate en el Senado, el 13 de
septiembre (es decir, apenas dos días después
de los atentados), libera ahora a los servicios
de seguridad estadunidenses de tener que
conseguir el aval de la justicia para la
utilización de Carnivore. Para hacerse efectivo,
el texto debe ser aprobado todavía por una
comisión paritaria compuesta por miembros del
Senado y de la Cámara de Representantes.
En el mismo
impulso, muchos responsables estadunidenses la
han tomado con la criptología. Este
procedimiento permite a los internautas proteger
la confidencialidad de las informaciones
intercambiadas por la Net, cifrándolas con ayuda
de programas, el más conocido de los cuales es
el programa PGP (Pretty Good Privacy), que se
puede telecargar gratuitamente en numerosos
sitos. Ya en el pasado marzo, Louis Freeh,
director del FBI, dijo que estaba convencido de
la utilización de la criptología en las redes
terroristas. El 13 de septiembre, el senador
republicano Judd Gregg propuso, en un discurso
pronunciado ante el Congreso, la prohibición
global de los programas de criptología, de los
que sus difusores no hubieran proporcionado a las
autoridades públicas la clave que permite
descifrar los mensajes. "Nos tememos que las
autoridades utilicen la emoción del momento para
finalmente alcanzar su objetivo: prohibir la
criptología", ha explicado a RSF un
defensor estadunidense de los programas PGP.
Otros militantes de la protección de la vida
privada en la Net, como John Gilmore de la
organización estadunidense Electronic Frontier
Foundation (EFF), han llamado a multiplicar los
sitios espejo que proponen programas de cifrado
de venta libre.
Hay que recordar
que, tras el primer atentado contra el World
Trade Center, en 1993, el FBI descubrió en el
ordenador portátil del responsable del ataque,
planes para desviar once aviones de línea
estadunidenses. El FBI empleó entonces diez
meses en descifrar los ficheros, la mayoría de
los cuales se habían cifrado con ayuda del
programa PGP. A lo que los defensores de la
criptología responden que la información ya ha
puesto de manifiesto su debilidad en este asunto,
sobre todo porque los terroristas parecen haber
utilizado métodos que escapan ampliamente a la
vigilancia electrónica. El creador del PGP,
David Zimmerman, que estuvo a punto de ser
encarcelado en Estados Unidos, en 1980, por
difundir su programa, ha defendido una vez más
su postura en una reciente entrevista concedida a
la revista Futur(e)s: "Tanto en el Congreso,
como en los tribunales o en las columnas de los
periódicos, el país ya ha debatido esta
cuestión durante la última década. Y, todos
juntos, hemos decidido que la sociedad ganaba
más que perdía con una criptografía fuerte. No
hay que olvidar que la criptografía salva vidas
en todo el mundo. El programa PGP lo utilizan
organizaciones de defensa de los Derechos Humanos
en todo el mundo, y especialmente bajo las
dictaduras" (citado por la revista en línea
Transfert, 17 de septiembre de 2001).
Televisión: de
la espontaneidad al rigor patriótico
Filmado
prácticamente en directo, el ataque contra el
World Trade Center ha sido un acontecimiento
trágico y espectacular a la vez, como destinado
a la televisión. "No hay que olvidar que el
objetivo de los terroristas, Manhattan, es no
sólo el corazón financiero sino también la
capital de los medios de comunicación del
país", recuerda un periodista
estadunidense. Jamás un acontecimiento de esta
amplitud había sido filmado y fotografiado
"en caliente", a la vez por las
cámaras de vigilancia, las de los aficionados y
las de los profesionales. Durante los primeros
días, no estuvo regulado el acceso al lugar de
los ataques. Muchos fotógrafos y operadores
aprovecharon para acercarse lo más posible a los
impactos. Estados Unidos estaba separado del
resto del mundo tras el cierre de las líneas
aéreas; únicamente los periodistas
estadunidenses y los corresponsales extranjeros
destinados en Nueva York, cubrieron los
acontecimientos. Como no tenían necesariamente
experiencia de conflictos o catástrofes
naturales, la mayor parte de los preguntados por
RSF afirman haber experimentado el "shock de
su vida" al conocer la noticia de los
ataques terroristas, y al dirigirse al World
Trade Center. Naturales de Nueva York, o
residentes allí desde hace muchos años, afirman
con mucha emoción haber cubierto "el
acontecimiento más importante de su
carrera". No esconden su simpatía por los
estadunidenses, y en especial por los
neoyorquinos, en este difícil período: "Al
principio reaccioné más como neoyorquina
adoptiva que como periodista", testimonia
Stéphanie Tremblay, coordinadora de los
programas en francés de Radio Canada. "Ante
todo, los terroristas han atacado a mi ciudad y a
mi forma de vivir". "Nunca pensé que
un día tendría que cubrir un acontecimiento
así en mi ciudad", añade Don Emmert,
responsable fotográfico de la Agencia
France-Presse. "Soy canadiense, subraya Marc
Greenought, productor de radio para los programas
en inglés de Canadian Broadcasting Company
(CBC), pero durante algunos días me he sentido
profundamente estadunidense".
Todas personas
preguntadas por RSF en Nueva York lo recuerdan:
los canales de televisión estadunidenses fueron
los primeros en cubrir el acontecimiento, y
fueron una excelente fuente de información
durante los primeros días: "Redactamos los
primeros despachos sobre el ataque del World
Trade Center con los ojos pegados a las pantallas
de televisión", cuenta Michel Moutot, jefe
de la oficina de la Agencia France-Presse en
Nueva York. "Los canales de televisión
estadunidenses tienen medios incomparables, y nos
los ofrecieron inmediatamente", continua.
Una constatación que comparte Eric Leser, el
corresponsal del diario francés Le Monde quien,
durante la entrevista concedida a RSF, también
insistió en la importancia que, en un primer
momento, tuvo para su trabajo la información
proporcionada, en tiempo real, por los diferentes
canales de televisión estadunidenses. La
asociación Fairness and Accuracy In Reporting
(FAIR), muy crítica con los grandes medios de
comunicación estadunidenses, también admite sin
embargo que la cobertura de los primeros días
fue globalmente satisfactoria. "Hemos
asistido incluso al acontecimiento de un
periodismo de nuevo tipo, espontáneo y
sincero", se felicitó ante RSF Steve
Randell, un responsable de la organización.
Pero sólo una
semana después, el tono y el contenido de los
canales de televisión estadunidenses había
cambiado. "Creo que la inflexión fue el
discurso de George W. Bush ante el Congreso, el
20 de septiembre de 2001, estima Eric Leser.
Después, los medios de comunicación han
adoptado un tono resueltamente patriótico y la
información ha empezado a perder en beneficio de
la propaganda". El periodista francés
añade que, desde entonces, cada vez consulta
menos los canales de televisión y más en cambio
Internet, donde numerosos sitios ofrecen
informaciones más críticas y alternativas sobre
la actualidad. Una opción compartida por muchos
corresponsales extranjeros, interrogados por RSF
en Nueva York.
Los
representantes de RSF han podido constatar el
cambio de tono y ambiente que se produjo en las
televisiones estadunidenses que siguió al
discurso del 20 de septiembre del Presidente
Bush, en el que hizo un llamamiento a dirigir una
"guerra contra el terrorismo". La
suerte de las víctimas quedó relegada a un
segundo plano; los canales de televisión
dedicaron todo su tiempo de antena a celebrar a
los "nuevos héroes" del país:
bomberos, fuerzas de policía y del ejército,
políticos
Y, sobre todo, a mostrar la
imagen de una nación indivisible y combatiente,
dispuesta a librar una guerra contra los que la
habían atacado. "La nueva guerra de
América" y luego "En guerra contra el
terror" (CNN), o "América
contra-ataca" (CBS) han sido las consignas,
acompañadas de la ahora omnipresente bandera
estrellada, impresas en la pequeña pantalla.
"Los programas ahora se convierten en tambor
que resuena y bandera que ondea al viento. Ya no
se trata de información" comenta, a finales
de septiembre, otro corresponsal extranjero,
Richard Hêtu, periodista del diario canadiense
La Presse, preguntado por RSF. Un periodista
francés, especialista de los Balkanes y que
cubrió, entre otras cosas, la intervención de
la OTAN en Serbia, estima también desde Nueva
York que la televisión estadunidense ha
"entrado en guerra": "En lugar de
boletines informativos, los estadunidenses ven
spots publicitarios a la mayor gloria de su
país". Como ejemplo, las 62 estaciones
regionales de televisión del grupo Sinclair
Broadcast emiten una publicidad de su página web
con la siguiente declaración: "Todo el
equipo de nuestra cadena apoya la acción del
Presidente y de los dirigentes de nuestra nación
en su deseo de poner fin al terrorismo. Si está
usted de acuerdo, dígalo", prosigue el
mensaje que invita a los telespectadores a
pronunciar en el sitio web del canal.
Stéphanie
Tremblay, preguntada igualmente por estos
desbordamientos patrióticos, ha declarado no
sentirse "sorprendida" por esta
particularidad de los canales estadunidenses de
televisión. "Yo sabía, en cambio, que si
quería escuchar informaciones más críticas, y
que dieran una mayor perspectiva del
acontecimiento, tenía que conectarme a la BBC o
a TV 5", estima. Una de sus colegas, Chantal
Lavigne, también reconocía la voluntad de los
medios de comunicación estadunidenses de
participar en "el esfuerzo de guerra".
"La mayoría de los presentadores estrellas
de la televisión han afirmado que eran
estadunidenses antes que periodistas",
recuerda.
Los periodistas
y los responsables de los medios de comunicación
estadunidenses preguntados por RSF o bien han
desmentido enérgicamente tanto haber hecho
propaganda, o bien, por el contrario, han asumido
y justificado plenamente esa opción. "Las
imágenes del ataque contra el World Trade Center
no tienen equivalente en la historia de los
conflictos, subraya en una entrevista concedida a
RSF, Paul Khlebnikov, periodista de la influyente
revista económica estadunidense Forbes. En la
guerra de imágenes, los terroristas han marcado
un punto decisivo. Por eso la guerra que va a
dirigir América no debe ser solamente policial y
económica, sino también psicológica, y por
tanto mediática. Matar a Ben Laden no será
suficiente, también habrá que abatirle
simbólicamente". Khlebnikov no se siente en
absoluto inquieto por el tono belicoso y
propagandista que hayan podido adoptar algunos
medios de comunicación estadunidenses. Lo
atribuye "a un sobresalto de civismo"
compartido por todos los estadunidenses. "En
los primeros días, se llegó a temer un
hundimiento de la moral de los estadunidenses.
Luego, como en tiempos de guerra, tuvieron un
sobresalto cívico que se propagó en la prensa.
Y aunque a veces los medios de comunicación han
carecido de objetividad, eso no ha ocurrido nunca
bajo presión de las autoridades. La objetividad
en el periodismo no debe significar ausencia de
valores. Los medios, en conjunto, han hecho un
trabajo excelente, concluye. Especialmente la
televisión, ha triunfado".
Paul Khlebnikov
no es el único, en la prensa estadunidense, que
ha sacado esta conclusión. Sandy Genelius,
portavoz del canal de televisión CBS News, en
una entrevista con RSF se felicita de los
comentarios que ha leído en la prensa sobre el
trabajo de su emisora. "Y sin embargo, los
periodistas no son amables con nosotros,
prosigue. De hecho, hemos sido buenos, no nos
hemos volcado en la propaganda como
algunos", estima arañando de paso al
principal competidor de CBS, el canal de
información continuada CNN Internacional. En
cuanto al presidente de este último, Chris
Cramer, se había congratulado, el 18 de
septiembre, por el trabajo realizado por su
cadena: "CNN jamás ha faltado a su
compromiso (
): proporcionar una
información equilibrada y conferir autoridad a
América y al mundo. Los 4.000 hombres y mujeres
de CNN no han escapado al shock ni al horror de
lo que ha sucedido. Sin embargo, la cobertura del
acontecimiento que hemos dado a nuestro público,
y a los demás medios de comunicación, es un
testimonio de profesionalidad y de
integridad".
Las
imágenes que no se han dado: ¿censura o
"cuestión de gusto"?
Apenas una
semana después de los atentados, algunos
responsables de los medios de comunicación
europeos, especialmente franceses, cuestionan la
imparcialidad de los canales de televisión
estadunidenses, sospechosos de no mostrar
"todas las imágenes", principalmente
las de las víctimas de los atentados.
Posteriormente se han formulado críticas contra
las autoridades estadunidenses, acusadas de
impedir que los medios de comunicación pudieran
captar y difundir algunas imágenes de los
lugares del drama. Así, Robert Namias, director
de información del principal canal privado
francés, TF1, deplora en varias ocasiones este
"filtrado" que identifica con la
"censura". "Lamento vivamente la
censura que Estados Unidos nos ha impuesto,
declara el periodista al diario francés Le
Figaro, el 26 de septiembre de 2001. Las
imágenes estadunidenses que los medios de
comunicación franceses han comprado fueron
filtradas, tratadas y depuradas por las
autoridades estadunidenses ¿Cómo quieren que
hagamos nuestro trabajo cuando está prohibido el
acceso a las informaciones, y rodeado de las
fuerzas del orden? Yo no quería enseñar
imágenes horribles pero, para hacer
correctamente el trabajo, hay que tener un
mínimo de conocimiento". Esta postura es
compartida, en diversos grados, por otros
patrones de los canales de televisión franceses,
aunque no es un unánime. "No era suficiente
el horror de los dos aviones que se estrellan
contra las torres?", se pregunta Hervé
Brusini, director de información nacional en el
canal público France 3. Su colega de France 2,
Olivier Mazerolle, estima que nunca habría
ofrecido imágenes sangrientas en pantalla pero
admite que los canales estadunidenses se resisten
a la hora de rodar ese tipo de imágenes
"por razones patrióticas". Sin
embargo, los periodistas franceses están de
acuerdo en denunciar las condiciones, cada vez
más duras, de acceso al lugar del World Trade
Center, y la mala voluntad de las autoridades
para dejar circular libremente a la prensa, en el
perímetro de seguridad.
En el transcurso
de su investigación en Nueva York y París, los
representantes de RSF han intentado saber un poco
más sobre la ausencia de imágenes de las
víctimas y sobre las condiciones de acceso al
lugar del World Trade Center. Jim Rutenberg y
Felicity Barringer, periodistas especialistas en
medios de comunicación del New York Times,
entraron, la noche del 11 de septiembre, en
diversas redacciones de televisión para
preguntar a sus responsables sobre las opciones
editoriales de los canales. "Empezaban a
llegar imágenes horribles", constatan.
Había sangre. Había cuerpos desmembrados. A
pesar de que algunos periodistas querían mostrar
esas imágenes, el director del canal MSNBC, Erik
Sorenson, decidió no difundirlas: "Creo que
existen muchas maneras de enseñar el horror, sin
caer en lo sanguinolento", estima.
"¿Hay algo más horrible y visual que un
inmueble de 110 pisos cayéndose ante vuestros
ojos?". Sin embargo, algunos canales como
NBC, CBS, CNN y Fox News, difundieron las
imágenes de aquellas personas desesperadas que
saltaron del inmueble ardiendo. Después lo
lamentaron: "Fue una mala decisión,
confiesa Bill Wheatley, vicepresidente de NBC
News, la imagen es realmente demasiado
perturbadora". Los que, como el canal ABC,
se negaron a enseñar esas imágenes, se
explican: "La pregunta es: ¿se informa o se
causa un dolor inútil?" Los que, como CBS,
difundieron la imagen, también se justifican:
"Eso es el terrorismo (..) Por una parte, se
quieren respetar los sentimientos del oyente, por
otra se quiere enseñar lo que los terroristas
han cometido realmente".
También Michel
Moutot, de la Agencia France Presse, recuerda esa
serie de fotos que le conmovieron enormemente:
"Por la ropa, se podía reconocer
fácilmente la identidad de las personas que
habían saltado por las ventanas". Sin
embargo, esos clichés eran completamente
"pasables", estima. Efectivamente,
varias fotos de esta escena, tomadas por
reporteros de las grandes agencias
internacionales, aparecieron a lo largo de la
semana en la prensa estadunidense y europea. Los
redactores jefe que publicaron esas imágenes,
como Glenn Guzzo, del diario The Denver Post, han
hablado después de la virulencia de las
críticas de sus lectores. "¿No tenéis
sentimientos, respeto por las familias que han
perdido a sus seres queridos?", manifestó
indignado un lector.
En este punto,
está claro que se tomaron muchas imágenes duras
y que circularon por los medios de comunicación
estadunidenses. Fueron ellos quienes, en
conciencia, decidieron difundirlas o no.
"Parece poco probable que las autoridades
hayan querido ejercer un control sobre esas
imágenes, visto que ni siquiera sabían como
proteger al Presidente del país", analiza
un observador. "El negarse a difundir las
imágenes duras fue una opción editorial de mis
colegas, añade Paul Khlebnikov del Forbes. En
tanto que ciudadanos del país, se plantearon la
cuestión: ¿se pueden enseñar pedazos de
cuerpos en este período de duelo y de
recogimiento nacional?". Fue una
"opción editorial", confirma Sandy
Geneluis, de CBS News, a RSF. "Teníamos
vídeos sensibles, teníamos imágenes gore.
Pero, en todo momento, nos planteábamos la
cuestión: ¿aportamos algo más a la historia
difundiéndolas? Y así, hemos hecho públicas
las imágenes únicamente por el placer de
demostrar que las teníamos".
Esta repentina
retención de los medios de comunicación
estadunidenses ha sorprendido a muchos
observadores extranjeros. En un análisis
titulado "Los muertos sin rostro del World
Trade Center", el periodista Michel Guerin,
especialista en imagen en el diario francés Le
Monde, constata la paradoja: "5.550 personas
habrían muerto o desaparecido en la jornada
negra del 11 de septiembre (..) pero no ha
aparecido ninguna imagen, o casi ninguna, de los
cadáveres en la televisión, ni se ha publicado
en la prensa" (21 de septiembre de 2001). Un
pudor de geometría variable, según Dominique
Wolton, director de investigación en el Centro
Nacional de Investigación Científica (CNRS),
citado por el diario francés Libération (19 de
septiembre de 2001). "Esto debería dar una
gran lección de modestia a los medios
occidentales, que no dudan en enseñar masacres
cuando se producen en Ruanda", añade.
Otros, como el historiador especialista en imagen
Marc Ferro, no ven en ello nada de sorprendente:
"Durante los conflictos, nunca se enseñan
los muertos propios, sino los del adversario. Los
estadunidenses quieren limitar la imagen del
traumatismo que han sufrido, de la derrota, de la
afrenta y la mortificación".
Sandy Genelius,
portavoz de CBS News, a quien RSF ha podido
plantear directamente estas cuestiones, se
defiende una vez más de la utilización de un
doble estándar. "No es cierto que hayamos
dado pruebas de retener mucho material. Aplicamos
las mismas reglas cuando filmamos en Ruanda o
ante las ruinas del World Trade Center".
Preguntado igualmente sobre las críticas que se
han formulado al otro lado del Atlántico, el
portavoz de CBS corta: "No los leo y, de
todas maneras, eso importa poco. Solamente sé
que aquí, en Estados Unidos, nuestro trabajo ha
sido apreciado y aplaudido por todos".
Un representante
de RSF ha podido también detenerse sobre esta
cuestión con Tom Golstein, profesor emérito en
la prestigiosa Universidad de periodismo de
Columbia, al sur de Manhattan, quien estima que
se trata únicamente de una "cuestión de
gusto". "Los medios de comunicación
estadunidenses han decidido no enseñar ese tipo
de imágenes. ¿Eso plantea realmente algún
problema?", ha comentado el profesor. ¿Se
trata de un caso de censura? "Rotundamente
no. Es un asunto de gusto. Una diferencia
cultural, si usted quiere. En todo eso, es algo
que no me preocupa en absoluto".
Un criterio que
parecen compartir una gran mayoría de los
periodistas estadunidenses, e incluso
extranjeros. Como el canadiense Marc Greenought,
de CBC, no ocultan su sorpresa, incluso su
irritación, ante las críticas formuladas por
los medios europeos respecto a la falta de las
imágenes más duras y sangrientas de las
víctimas del World Trade Center, y las
restricciones para el acceso al lugar. "No
lo comprendo, declaró a RSF. En tanto que
periodista, tuve acceso a todo lo que necesitaba
para realizar mis reportajes: al sufrimiento, a
la emoción, a la humanidad en cada esquina de la
calle. No había ninguna necesidad de ir a buscar
la sangre bajo los escombros para esto."
Detenciones y
llamadas al orden
Durante los
primeros días, después de los atentados del 11
de septiembre, los medios de comunicación
estadunidenses adoptaron, ciertamente, una
actitud común que consistía en no "añadir
horror al horror" y en participar en la
recuperación de un sentimiento patriótico y
nacional. Al hacerlo, sus responsables se
hicieron eco del deseo de una gran mayoría de su
público, que reaccionó vivamente a las primeras
imágenes emitidas tras los atentados. Sin
embargo, a eso hay que añadir reglas muy
estrictas para el acceso al lugar de la
catástrofe, y órdenes tajantes de las
autoridades junto a algunas sanciones contra los
fotógrafos recalcitrantes.
El perímetro
del Wrold Trade Center fue rápidamente
encuadrado y protegido por las fuerzas de
seguridad estadunidenses, tras la confusión de
los primeros días. "Policías neoyorquinos,
más bien cooperando con la prensa, garantizaban
las idas y venidas por el lugar. La llegada de la
Guardia Nacional (policía militar) acabó con
esta situación", recuerda todavía Moutot
de AFP. En torno al lugar aparecieron verjas,
luego se amplió el perímetro de seguridad en
varias calles al sur y al norte de Manhattan.
Para los periodistas, la policía y el ejército,
juntos, pusieron en práctica un sistema de
acreditación complejo. Según el diario Los
Angeles Times, el 19 de septiembre la policía
empezó a incautarse las películas de los
fotógrafos y los turistas que estaban cerca del
lugar. A muchos fotógrafos se les retiraron los
permisos de acceso por no obedecer las órdenes
de las autoridades presentes en el lugar. La
organización de defensa de la libertad de prensa
estadunidense, The Reporters Committee for
Freedom of the Press (RCFP) estima que "al
menos cuatro periodistas" fueron detenidos y
acusados de violar las reglas de acceso al lugar
del World Trade Center. Entre ellos, Ian Austin,
fotógrafo de la agencia Aurora Quanta
Productions, que permaneció en detención
provisional durante tres días, antes de quedar
en libertad sin ningún cargo. "Los
policías me dijeron que querían hacer de mí un
ejemplo", afirmó. Todos los periodistas del
diario Dallas Daily News se vieron privados de su
acreditación, a causa de la detención y la
"mala conducta" de uno de los
fotógrafos del periódico.
En una
entrevista concedida a RSF, Don Emmert,
responsable de fotografía de AFP en Nueva York,
ha evocado ampliamente las consecuencias que esas
restricciones, y esas llamadas al orden, tuvieron
en el trabajo de su agencia. "En términos
fotográficos, franjas enteras de este drama no
se cubrieron, estima. La causa es muy simple: no
se nos dejó trabajar. A pesar de que teníamos
una auténtica demanda de nuestros clientes del
otro lado del Atlántico, no pudimos
proporcionarles las imágenes que esperaban. No
pudimos acceder a los hospitales, no pudimos
hacer libremente fotos del World Trade Center
después de la catástrofe".
"Una vez se
nos pidió, directamente desde la oficina del
alcalde de Nueva York, que no difundiéramos una
imagen de los bomberos dejando pasar, con el
casco bajado, el cuerpo encontrado de uno de sus
compañeros", continua Don Emmert, de AFP,
que también denuncia las actuales condiciones de
acceso al lugar. "Son dignas de un Estado
policial, constata. "Durante los pools
organizados, se nos deja filmar únicamente lo
que las autoridades quieren vernos filmar. Los
que circulan libremente son los fotógrafos
militares de la Marina estadunidense y de la FEMA
(Federal Emergency Agency). Ellos proporcionan
fotos muy bellas a las agencias, pero no hay que
esperar ver cadáveres". Aunque la prensa
estadunidense continua publicando fotos de las
ruinas del World Trade Center, todos los medios,
incluidos los tabloides, tienen que contentarse
con esos pools, con clichés tomados de lejos y
que solamente presentan grandes planos del lugar.
Sin embargo,
para algunos periodistas que trabajan en Nueva
York, la respuesta al debate sobre la falta de
imágenes de las víctimas del World Trade
Center, es muy simple. "Simplemente, dudo
que quede algo por enseñar", avanza
prudentemente el corresponsal del diario francés
Le Monde. Una opinión que comparte Richard
Hêtu, del diario canadiense La Presse, quien
estima que los cuerpos literalmente se
"desintegraron". "El World Trade
Center se ha convertido en un inmenso crematorio,
continúa. Como escribí en un artículo, el
polvo de los restos del World Trade Center
todavía lo respiramos es, probablemente,
también el de las cenizas de las
víctimas".
La
voz de América no debe ser la de sus enemigos
Otros varios
incidentes, equiparables a violaciones de la
libertad de prensa, han salpicado la vida de los
medios de comunicación tras los atentados del 11
de septiembre. Han estado causados por
intervenciones de las autoridades criticando a
tal o cual medio, o por los propios patrones de
los medios que han juzgado oportuno sancionar a
tal o cual periodista, por manifestaciones
"subversivas"; y, a veces, por los dos
a la vez, sin que al medio afectado le sea
posible establecer cual ha sido la verdadera
razón de la sanción. Así, cuando el canal de
televisión ABC decidió, el 19 de septiembre, no
seguir dando imágenes de los dos aviones
empotrándose en las torres del World Trade
Center, oficialmente lo hizo "para no
banalizar este dramático acontecimiento".
Muchos observadores sospechan, sin embargo, que
hubo presiones por parte de las autoridades y,
sobre todo, un deseo formulado por el propietario
de esta influyente network, la compañía Disney.
El ejemplo más
flagrante de la censura corporativa, es decir
cuando el responsable del medio de comunicación
sanciona a un periodista por sus opiniones, lo
dieron dos diarios: The Texas City Sun, del
Estado de Texas, y el Daily Courier, del Estado
de Oregón. El 23 de septiembre de 2001, Les
Daughtry Jr., propietario desde hace diecisiete
años del Texas City Sun, tomó la pluma para
excusarse ante sus lectores por un artículo
publicado por uno de sus redactores jefe, Ron
Gutting, que en un artículo titulado "Bush
no ha estado a la altura para dirigir al
país", publicado al día siguiente de los
atentados, criticaba la actitud y las decisiones
tomadas por el presidente estadunidense. Entre
otras cosas, había escrito: "(el
Presidente) vuela a bordo de su avión a través
de todo el país, como un niño amedrentado que
busca refugio en la cama de sus padres después
de una pesadilla". "Presento igualmente
mis excusas a todos los líderes de nuestro
país, y muy especialmente al presidente George
W. Bush, por haber publicado un artículo tan mal
inspirado y tan poco apropiado que sólo puede
suscitar cólera y disgusto", escribió Les
Daughtry en la primera página de su periódico.
Mientras tanto, Ron Gutting ha sido despedido,
sin más formalidades, del principal diario del
Estado de Texas, feudo de la familia Bush.
Su colega Dan
Guthrie, del Daily Courier editado en Grants
Pass, corrió la misma suerte, por razones
similares. El 15 de septiembre, en una sección
de humor del diario, el periodista escribió:
"El Presidente se esconde en un agujero de
Nebraska en lugar de regresar a Washington",
añadiendo que estaba "muerto de
miedo". Lo que obligó al redactor jefe del
periódico, Dennis Mack, a coger la pluma para
excusarse ante los lectores: la crítica de
nuestro jefe del ejecutivo (..) debe ser
responsable y apropiada. Tratarle de miedoso,
así como al resto de nuestros dirigentes, en el
momento en que América intenta unirse tras los
sangrientos atentados, no es ni responsable ni
apropiado". Resultado, Dan Guthrie también
ha perdido su trabajo, aunque por "razones
personales", según su empleador.
En ninguno de
los dos casos se han podido constar presiones de
las autoridades. Las reacciones, muy vivas, de
los lectores del periódico, parecen haber sido
decisivas en la decisión de sancionar a los dos
periodistas. En cambio, en otro caso ampliamente
comentado por la prensa estadunidense, un
presentador de televisión provocó reacciones
muy vivas en la Casa Blanca. Después del crash
voluntario de los dos aviones en las torres del
World Trade Center, Bill Maher, presentador
estrella del programa "Politically
Incorrect", en ABC, declaró el 17 de
septiembre de 2001: "Hemos sido muy
descuidados enviando misiles de crucero a casi
tres mil kilómetros de aquí; por el contrario,
permanecer en un avión que se sabe que va a
explotar contra un edificio, diga usted lo que
quiera, pero eso no es descuido". Las
palabras provocaron también la cólera de muchos
telespectadores y supusieron la retirada
inmediata de los dos principales patrocinadores
del programa, las compañías Federal Express y
Sears. Muchos canales de televisión afiliados a
la red de ABC, especialmente en Nueva York y
Washington, anularon la difusión del programa de
Bill Mahler, sobre todo después de que Ari
Fleisher, portavoz de la Casa Blanca, calificara
esas declaraciones de
"antipatrióticas". "Los medios de
comunicación y los estadunidenses deben tener
cuidado, en este período, con lo que dicen y lo
que hacen", concluyó, al día siguiente de
la emisión, Ari Fleisher. Los periodistas
presentes cuando se produjo esta declaración en
la Casa Blanca después se dieron cuenta de que
la mención "lo que dicen" no figura en
el texto de la transcripción oficial de la
conferencia.
Otra decisión,
muy comentada, de la administración
estadunidense ha sido el intento de las
autoridades de prohibir, a finales de septiembre,
la difusión de una entrevista con el jefe
supremo de los talibán, el mollá Omar, en la
emisora de radio Voice of America (VOA). Esta
emisora, cuyos programas se reciben en más de 50
países del mundo, está financiada por el
Congreso, con el objetivo "de explicar
América al mundo". Pero disfruta de una
gran libertad editorial. Claude Porsella, jefe
del servicio en lengua francesa de VOA, ha
precisado a RSF, desde la sede de la emisora en
Washington, el contenido de la entrevista que
provocó la ira de las autoridades: "Uno de
mis colegas del servicio en lengua pashtu había
conseguido el scoop de su vida: una entrevista
con el mollá Omar. VOA no pensó nunca en emitir
la totalidad de la entrevista, cuyos extractos
formaban parte de un reportaje más general que
incluía, igualmente, intervenciones de la
administración estadunidense, el análisis de un
experto en el Islam y las posiciones de la
Alianza del Norte. El mollá Omar se declaraba
convencido de que Ben Laden no podía estar
detrás de los atentados". El Departamento
de Estado, que forma parte del consejo de
administración de VOA, pidió a los demás
miembros que no autorizaran la emisión de esta
entrevista, prevista para el 28 de septiembre de
2001. "Voice of America no es la voz del
mollá Omar y no es la voz de los talibán, se
justificó un responsable estadunidense.
Resultaría inapropiado gastar dinero de los
contribuyentes en difundir los comentarios del
jefe del movimiento que protege a los terroristas
responsables de los ataques del 11 de
septiembre".
"Esta
decisión provocó gran consternación entre los
periodistas de VOA, declara Claude Porsella. El
director de información protestó y más de 150
periodistas firmaron una petición. Después de
esta movilización, y ante el alboroto que
provocó el incidente en la prensa, Voice of
America, que en un primer momento renunció a
difundir la entrevista, finalmente decidió
hacerla pública el 25 de septiembre, sin que por
el momento haya sido objeto de sanciones por
parte de la administración estadunidense.
"Hemos ganado una batalla, afirma Claude
Porsella. Pero dudo que la historia termine
aquí. Probablemente, van a rodar cabezas",
teme el periodista.
Con motivo de la
polémica, los periodistas de VOA pudieron
constatar la solidaridad de sus colegas de los
grandes medios estadunidenses, especialmente de
la prensa escrita. Así, desde el principio del
asunto, el influyente diario The Washington Post
puso sus páginas a disposición de los
periodistas de la emisora, antes de tomar
posiciones, en un editorial fechado el 26 de
septiembre: "Este episodio pone de
manifiesto un reflejo de censura que nunca
desaparece en tiempos de guerra o de casi guerra,
un reflejo que es apenas menos nocivo cuando
retrocede prontamente que cuando se
cuestiona". Y concluía: "Pero los
responsables de los medios deben resistirse a ese
instinto de censura y de autocensura, antes de
que se ejerza y no después. A menudo nos dicen
que la mejor manera de ganar frente a los
terroristas es continuar defendiendo las
libertades de este país. Esas libertades
incluyen igualmente el respeto del derecho de los
estadunidenses a escuchar comentarios que pueden
molestar a algunos de ellos, e informaciones que
les permiten conocer mejor al enemigo".
A principios de
octubre, las autoridades estadunidenses
manifestaron una vez más su irritación con los
medios que dan la palabra a los "enemigos de
América". Esta vez, fue el canal árabe de
información continuada, Al-Jazeera, de Qatar, la
que se atrajo las iras de la administración Bush
al emitir, en varias ocasiones, imágenes y
entrevistas de dirigentes talibán y de Ossama
Ben Laden. El canal es conocido especialmente por
su entrevista, realizada en 1998, con el que
denomina "el jefe del movimiento 'Al
Qaida'". Esta entrevista se emitió
íntegramente, en varias ocasiones, tras el 11 de
septiembre. El 2 de octubre, la embajada
estadunidense en Qatar, se dirigió oficialmente
a las autoridades del país para protestar contra
la actitud de la emisora, acusada de dar una
cobertura "sesgada" de los
acontecimientos del 11 de septiembre, así como
"de animar sentimientos
anti-estadunidenses" en el Medio Oriente. El
3 de octubre, después de una entrevista con el
Secretario de Estado, Colin Powell en Washington,
el jeque Hamad bin Khalifa al-Thani, emir de
Qatar y principal accionista del canal, declaró
que los oficiales estadunidenses le habían
pedido que usara su influencia para la cobertura
de los acontecimientos. El jefe del Estado
precisó que no pensaba intervenir en la línea
editorial del canal. La administración
estadunidense se ha quejado una vez más del
canal qatarí, después de la difusión, al día
siguiente de los primeros ataques estadunidenses,
de las declaraciones de Ossma Ben Laden,
prometiendo a Estados Unidos "que nunca va a
sentirse seguro". "Sí a la libertad de
prensa, pero pensamos que es inaceptable ofrecer
una tribuna a ese tipo de ideas violentas.
Estamos preocupados por el hecho de que Ossama
Ben Laden pueda utilizar los medios de
comunicación para extender sus ideas",
declaró un representante del Departamento de
Estado, citado por la agencia Reuters. Al mismo
tiempo, el presidente Bush estaría dispuesto a
aparecer en esa cadena. Al-Jazeera, que dispone
de una oficina permanente en Kabul desde 1998, es
uno de los pocos medios de comunicación que
todavía permanecen en la capital afgana y en
Khandahar. Famosa por la calidad de sus
programas, su profesionalismo y su independencia,
"la CNN del mundo árabe" es la más
vista en aquella región del mundo. Es
regularmente objeto de críticas por los países
árabes que temen la tribuna que representa para
los opositores de todo tipo
Conclusión:
¿La primera enmienda en peligro?
Citado por el
New York Times, el jurista Floyd Abrams,
especialista de la Constitución estadunidense,
estima que la cuestión del patriotismo y de la
libertad de palabra, acostumbra a debatirse en el
país en tiempos de crisis. "La Primera
enmienda se pone a prueba cada vez que se pone a
prueba el país. Cuando nos sentimos amenazados,
cuando nuestra existencia se cuestiona, la
Primera enmienda y sus valores a veces se
subordinan a otras prioridades".
Esta opinión
parece ser compartida por varias organizaciones
estadunidenses de defensa de la libertad de
prensa, que estiman que es todavía demasiado
pronto para alarmarse por los acontecimientos
reseñados en este informe. "Esto no me
preocupa demasiado, ha declarado Lucy Dalglish,
directora del Reporters Committee for Freedom of
the Press. Los medios de comunicación, como el
resto de la sociedad, se han vuelto
hipersensibles después de los atentados. Yo
misma, me doy cuenta de que soy mucho menos
sarcástica o desenvuelta que de costumbre.
Probablemente, todos nos parecemos en tiempos de
crisis". Por otra parte, su organización ha
establecido una relación de las consecuencias
del 11 de septiembre sobre la libertad de prensa,
aunque sin tomar postura sobre los hechos. En una
entrevista concedida a un representante de RSF,
Ann Cooper y Joel Simon, respectivamente
directora y vice-director del Committee to
protect journalists (CPJ), la principal
organización estadunidense de defensa de los
periodistas en el mundo, han estimado que en
otras partes del globo continúan cometiéndose
violaciones mucho más graves contra la libertad
de prensa. En ese aspecto, Ann Cooper comentó la
prohibición a Voice of America de emitir la
entrevista con el mollá Omar: "Las
críticas del Departamento de Estado contra VOA
ponen de manifiesto un reflejo, casi instintivo,
de algunos gobernantes; en tiempos de conflicto,
no difundir las palabras de los adversarios. En
algunos países, ese reflejo tiene fuerza de ley.
En Rusia, los medios que publicaron entrevistas
con los líderes chechenos, han sido denunciados
ante la justicia. En Angola, la policía ha
retenido a periodistas que habían difundido las
declaraciones de un comandante rebelde. La
diferencia -crucial- entre estos casos y el que
os preocupa es que VOA emitió su entrevista a
pesar de la oposición del Departamento de Estado
y, hasta el momento, no ha sido objeto de ninguna
sanción". Ann Cooper subraya que es
"la tolerancia de una prensa libre la que
permitirá seguir viva a nuestra
democracia". Por tanto, no cree que la
libertad de prensa peligre en Estados Unidos:
"Los periodistas estadunidenses no nos
necesitan para defenderse. Tienen a sus medios y
a toda la profesión para apoyarles, en caso de
peligro".
Tina Golstein,
de la Columbia University of Journalism, comparte
igualmente este punto de vista y sigue confiando
en la capacidad de los medios estadunidenses y de
las organizaciones profesionales, para defender
sus intereses. "Patriotismo, independencia,
libertad de palabra: debatimos estas cuestiones
prácticamente todos los días, en los
periódicos o en las aulas de la universidad.
Pero es demasiado pronto para sacar conclusiones
del debate. Los medios de comunicación, que en
su mayoría han hecho un excelente trabajo
cubriendo los atentados, deben ahora lograr
seguir haciéndolo: continuar haciendo su trabajo
pero en tiempos de conflicto".
Sin embargo,
después de esta investigación, realizada desde
París y en Nueva York, la organización
Reporteros Sin Fronteras estima que persisten
algunas razones para estar inquietos:
- En efecto, se han
constatado varios intentos de las
autoridades estadunidenses destinados a
controlar el trabajo de los medios de
comunicación: detenciones de fotógrafos
cerca del World Trade Center, voluntad de
las fuerzas del orden de filtrar las
imágenes tomadas en ese lugar, intento
de prohibir la entrevista del mollá Omar
en VOA y presiones sobre Al-Jazeera, la
televisión de Qatar, para que deje de
emitir imágenes de Ossama Ben Laden.
Todas ellas intervenciones que, sea cual
sea el contexto, no son aceptables.
- La ofensiva contra la
confidencialidad de los mensajes por
Internet, así como un cierto número de
medidas contenidas en la legislación
"antiterrorista" que va a
adoptarse, constituyen una amenaza real
contra las libertades individuales y
colectivas.
- La simbiosis que parece
estarse operando entre el tono de los
principales patrocinadores audiovisuales
y la política oficial de Estados Unidos
puede, al final, minimizar el papel de
perros guardianes de la democracia que,
hasta ahora, tenían la mayoría de los
medios de comunicación.
- Los casos probados de
censura corporativa, como los despidos de
dos periodistas por comentarios juzgados
excesivos, pueden abrir la vía a la
autocensura y a la falta de crítica en
la prensa.
- El establecimiento de los
"pools" de fotógrafos en el
lugar del World Trade Center, y la
complicación de los criterios de
acreditación, son un mal augurio para
una cobertura libre e independiente de
las acciones que emprenda Estados Unidos
en represalia por los ataques terroristas
del 11 de septiembre.
En este momento
difícil para Estados Unidos, en estos días de
emoción, incluso de legítima cólera, RSF ha
podido constatar, sin embargo, la fuerza del
arraigo de los principios de la Primera enmienda
en el país. Entre los numerosos artículos
dedicados al tema, en los principales periódicos
del país, la organización ha notado también la
reacción de ese lector del New York Times al
debate desencadenado por las declaraciones de
Bill Mahler: "Los canales de televisión que
no han retransmitido el programa Politically
Incorrect, y los anunciantes que lo han
boicoteado, son los culpables de falta contra el
patriotismo, y no su presentador. Sería terrible
que una de las primeras víctimas de la guerra
por nuestra libertad fuera nuestro derecho a
debatir con fuerza todas las opiniones, incluso
las más impopulares en el país. Poco importa la
importancia de las declaraciones incriminadas
durante el programa. El derecho de su
presentador, y el de sus invitados, a ejercer la
libertad de expresión no debe escarnecerse"
(Scott Blakeman, Nueva York, 26 de septiembre de
2001).
*
Alexandre Lévy y François
Bugingo son
investigadores de Reporteros sin Fronteras (RSF). Este es el informe de la misión
que realizaron en Nueva York , entre el 26 de
septiembre y el 2 de octubre de 2001.
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