Biblioteca Moderna de Periodismo
La
crónica
(Primer capítulo del libro La
Crónica, de la colección Biblioteca Moderna de
Periodismo, editada por la Universidad Autónoma
del Caribe de Barranquilla, Colombia)
Jaime
de la Hoz Simanca * y Anuar Saad Saad **
La crisis
del periodismo mundial tiene sus causas en una
diversidad de fenómenos ya establecidos por los
hombres que cultivan las ciencias sociales y
económicas; pero, hay una razón que se destaca
por encima de todas: la globalización, una
inesperada circunstancia que ha venido a
subvertir un orden de cosas y a obligar al
replanteamiento de las costumbres y de la vida
misma.
En el campo de
las comunicaciones, y en particular la prensa
escrita, la crisis se ha visto agravada por el
sacudimiento que ha golpeado a los diversos
géneros del periodismo, en especial la noticia.
En realidad, la noticia se había tomado a los
medios escritos del mundo. Era (¿es?) el recurso
que invadía las páginas de los periódicos,
desde las secciones locales y nacionales hasta
las internacionales, políticas y deportivas.
No obstante, la
magnitud de la crisis obligó a una especie de
reacomodamiento de la información desde el punto
de vista de la manera de expresarla. El primer
gran salto lo produce el cambio de rumbo en las
ediciones dominicales de los periódicos, antaño
ignoradas o maltrechamente producidas, pese a la
existencia de un mercado ávido que se cansaba
cada vez más del tratamiento de los hechos
cotidianos, en los días comunes de semana, y
prefería, de manera creciente, otras formas de
comunicación a la que respondían perfectamente
la radio, la televisión y la Internet.
"Estoy
absolutamente convencido de que en la situación
en que está hoy el periodismo en el mundo, una
gran esperanza de los periódicos escritos contra
la fuerza de la televisión y la radio y otros
medios informativos, para recuperar el interés
de los lectores que sin duda está decayendo
todos los días, está en las ediciones del
domingo, cuando el lector tiene más tiempo para
leer", afirmó el Premio Nobel de
literatura, Gabriel García Márquez, periodista
de tiempo completo y uno de los más fervientes
impulsores de los géneros estrellas del
periodismo moderno. (1)
Las ediciones
dominicales fueron transformándose gradualmente
a partir de la incorporación y recuperación de
géneros entre los que la crónica jugó un papel
primordial. Fue como el regreso a la semilla o el
viaje a los orígenes; pero, con el agregado de
una prosa moderna, resultado del gran boom de
la literatura latinoamericana, cuyo estallido se
podría situar a mediados de la década del
sesenta.
A partir de esa
fecha, o unos años más allá, la crónica
adquiere un nuevo rostro, sobre todo en el
terreno del estilo, de la estética, es decir,
del transcurrir narrativo a partir de acciones.
Es, por supuesto, la influencia de la literatura,
cuya irrupción en la década mencionada alcanza
un elevado grado de universalización y
reconocimiento sin antecedentes históricos
conocidos. Muchos de los representantes de ese boom
alternaron, en una etapa de sus vidas, el trabajo
de cronistas con la febril actividad de
escritores en ciernes.
Gabriel García
Márquez (el ejemplo que más abunda al hablar
del binomio periodismo-literatura), nos dejó
como legado el libro Relato de un Náufrago,
crónica espectacular que constituyó una serie
periodística publicada en el diario El
Espectador de Bogotá en los años cincuenta. A
partir del recurso de la primera persona, García
Márquez lleva de la mano al lector y lo hace
recorrer los caminos inverosímiles que transitó
el marino Luis Alejandro Velazco, luego del
naufragio en mitad del mar.
Mario Vargas
Llosa (otro ejemplo clásico, pese a que su obra
periodística de la adolescencia no está
recogida en textos), escribió innumerables
crónicas entre las que se destacan las
judiciales, área que dirigió en varios diarios
de su natal Lima, años antes de radicarse
definitivamente en Europa. Esos trabajos, al
igual que las semblanzas -mitad crónicas, mitad
entrevistas- que realizó con escritores de su
tierra, demuestran el cordón umbilical entre el
género periodístico y el literario en mención.
Es importante
recalcar que un cronista es un escritor que
establece un puente directo entre el lector y el
periodista a través de historias, evocaciones,
recuerdos, personajes, lugares, hechos o
situaciones, trabajados con la acentuación del
relato, ese fluir narrativo que desplaza
imperceptiblemente las acciones frente a los ojos
y la imaginación del ciudadano consciente.
En condición de
escritor, el cronista hace uso de las técnicas
propias de la literatura, y fundamentalmente, de
su prosa exquisita que es, a la larga, lo que
permitirá la adicción del lector a aquellos
detalles que desfilan como una sucesión de
escenas que despiertan los más disímiles
sentimientos.
Lo anterior
permite afirmar, entonces, que la crónica
plantea un mayor grado de exigencia que los
demás géneros periodísticos. Ello es así, en
tanto que la materialización de la crónica
requiere de varios pasos de envergadura, entre
ellos, el trabajo de reportería. Incluso, la
crónica obliga a un mayor trabajo de reportería
que el mismo reportaje.
Crónica es
sinónimo de autosuficiencia, en el sentido que
debe sostenerse por sí misma. El cronista debe
ser lo suficientemente audaz para mantener
cautivo al lector y permitir su
"liberación" sólo al final del
relato, cuando la historia ya ha sido degustada y
asimilada a través de la multiplicidad de sus
detalles. Y como la expresión concreta de éstos
hace de la crónica un género esencialmente
informativo -con las correspondientes
recreaciones y envolturas estéticas y
narrativas- de ahí la necesidad de una labor de
reportería que bien podría alcanzar los
límites de la "saturación". Es, en
otras palabras, el llamado superávit de
información: un porcentaje de material obtenido
en el trabajo de campo, superior al que va a ser
utilizado en la conformación de la crónica.
Para la
crónica, a diferencia de la noticia, sólo es
válido uno de los seis interrogantes
fundamentales: ¿por qué? Pero, no en el
sentido propio de la noticia pura, sino visto en
la perspectiva del cúmulo de preguntas que se
plantea el cronista en su etapa previa de
escritura. Digamos que es la disyuntiva del
cronista: un por qué de gran tamaño y un
tema rigurosamente delimitado nos acerca al tipo
ideal de crónica. Con esto último, estaríamos
frente al llamado primer plano o aproximación de
la cámara hasta los blancos buscados u objetivos
perseguidos.
"¿Por
qué me fascina?", vendría a ser el
primer interrogante del cronista. A partir de
allí devienen múltiples por qué más a
los cuales se les irá dando respuesta en el
transcurso de la crónica, y serán mostrados al
lector mediante un desarrollo que hace comparable
a la crónica con una obra de teatro donde los
personajes cobran vida y se mueven con entera
libertad en medio de un eje que permitiría
constituir el corazón de la historia. Por ser
así, la crónica presenta un carácter de
intemporalidad, en el sentido de que el mismo
placer gratificante lo otorga su lectura hoy o la
que se haga dentro de diez años. Y he aquí otra
de las marcadas diferencias con el reportaje. La
crónica se perpetúa a través de los años,
prevalece y logra salir indemne frente a los
estragos del tiempo. Una crónica sobre el humo
del tabaco de Luis Tejada puede ser leída, en
estos días, con la misma complacencia que cuando
fue publicada en sus tiempos ya lejanos.
Ya se ha dicho:
no hay temas buenos ni malos, sino buenos o malos
cronistas. El sombrero, las sillas Luis XV, el
teléfono, el computador, la Internet, las vallas
publicitarias, los relojes desechables, una
tragedia, un premio de la lotería o una región
geográfica podrían ser -y de hecho han sido-
material valioso para la elaboración de
crónicas. Aún temas marginales no recomendados
por su intrascendencia y "agotamiento"
-la prostitución, el gaminismo, etc.- cobran
vida a partir del trabajo de un buen cronista. Y
tal cronista la prolonga en el tiempo con la
fuerza de su narrativa y manera peculiar de
abordar el tema, el hecho, la circunstancia o el
lugar.
Ya hemos anotado
que la crónica experimentó su gran
transformación a partir del vuelco que se
produjo en la literatura latinoamericana a
mediados de la década del sesenta. Sin embargo,
no fue sólo esa circunstancia la que permitió
el cambio de rumbo. Mucho antes -diríamos
décadas- la crónica estaba cruzada por los
recuerdos, elemento primordial que alcanzaba
primeros planos con el agregado de una prosa
descriptiva, en ocasiones estática, que, a su
vez, facilitaba la aparición de las añoranzas
en el lector. Pero faltaban dos ingredientes que,
por fortuna, son tenidos en cuenta hoy por los
cronistas más representativos de la prensa
iberoamericana: la entrevista y la
investigación.
La primera
-entrevista- hay que verla como el gran apoyo. De
hecho, algunos especialistas y
escritores-periodistas la asumen como un sustento
fundamental de los demás géneros y no como un
género en sí mismo. Aparte polémicas, la
entrevista es un ingrediente previo e
imprescindible para la elaboración de la
crónica, hoy concebida a partir del protagonismo
visible de personajes que "mueven" la
historia.
La
investigación constituye un proceso. Viene a ser
un trabajo cuidadoso, similar al que realiza un
detective en su búsqueda para establecer la
verdad. Esta investigación periodística tendrá
su gran resultado en el volumen informativo, en
la recreación, en la presencia de detalles y en
todos los elementos "concretos" que
constituirán la base para el desarrollo
narrativo.
Hoy, más que
nunca, la crónica es una exigencia de la prensa
contemporánea. El primer paso se ha dado con el
nuevo esquema impuesto en los periódicos
dominicales donde es visible la presencia del
género.
Crónica y narración:
principio y fin
La crónica es
el género de mayor antigüedad en
Latinoamérica. Su aparición tiene como soporte
la literatura; sobre todo las situaciones
contadas como relatos y apoyadas en el despliegue
de fantasía realizada por los escritores que
referían hechos de ficción, y donde el paisaje
y las historias constituían la base de la obra
escrita.
Los estudiosos y
especialistas del género hablan de medio siglo
de oro de la crónica en algunos países y lo
respaldan con una pléyade de cronistas que
alternaron su actividad con la producción de
novelas, poesías y cuentos, o con la labor
periodística a través de las columnas de
opinión. Al respecto, señala Maryluz Vallejo
Mejía:
"Muchos
(cronistas) oficiaban de poetas; de ahí el
aliento poético que subyace en estas breves
piezas, y que también trato de rescatar en su
estado más puro, cuando ya los cronistas le
habían torcido el cuello al lirismo. Otros eran
filósofos sin pretenderlo; dejaban caer sus
tesis sobre lo divino y lo humano, sin ánimo de
pontificar, con la certeza de que esas palabras
profundas terminarían en las profundidades del
cesto de la basura... De cualquier manera, es de
admirar la capacidad de los cronistas para
comprimir un paisaje, la catedral del pueblo, un
discurso parlamentario o un episodio callejero en
una superficie literaria de quince centímetros
cuadrados; o de discurrir sobre los más
metafísicos, escatológicos o terrenales asuntos
en un espacio tan reducido. Valga mencionar el
proceso de descomposición de una pierna que
narra con crudo hiperrealismo Próspero Morales
Pradilla". (2)
Las crónicas de
muchos de muchos autores permiten hablar de
antecedentes directos del género. Los pioneros
se caracterizaron por el soplo poético de sus
relatos y la sobriedad narrativa que
correspondía a la manera como se expresaba la
literatura de la época.
Ya en García
Márquez, Cepeda Samudio y Rojas Herazo
caso colombiano-- encontramos un tipo de
crónica más acorde con el desarrollo de la
literatura que se prolonga, alcanzando formas
aún más avanzadas en estructura y técnicas
narrativas- quienes aprovechan la sucesión de
hechos estremecedores o situaciones curiosas, y
el progreso de la literatura latinoamericana con
la intención marcada de engrandecer un género
que ha venido a cobrar una vigencia inusitada. Y
todo ello, sustentado en lo que hemos llamado el
arte narrativo.
_____
Citas:
(1) Las declaraciones del
Premio Nobel de literatura sirvieron como
apertura al Encuentro realizado en Cartagena y
programado por la Fundación para un Nuevo
Periodismo Iberoamericano. Su intervención
aparece recogida en el texto editado en 1999 en
la imprenta del periódico La Patria de
Manizales, cuyo volumen 1 contiene los talleres
de Etica Periodística, El Reportaje y Ediciones
Dominicales. García Márquez alterna su
participación con directores y editores de
diarios de América Latina y Europa.
(2) Uno de los estudios más
rigurosos sobre crónica lo adelantó la
periodista Maryluz Vallejo Mejía y aparece como
prólogo del libro La crónica en Colombia:
medio siglo de oro. El texto fue reproducido
por la revista Alma Mater de la Universidad de
Antioquia, No. 2, Colección Documentos, octubre
de 1998.
*Jaime de la
Hoz Simanca es
periodista especialista en comunicación para el
desarrollo regional y catedrático de las universidades Autónoma
del Caribe y Del Norte de Barranquilla, Colombia. Es colaborador de Sala de Prensa.
**Anuar
Saad Saad es
periodista, especializado en comunicación para
el desarrollo y catedrático de la Universidad Autónoma
del Caribe de Barranquilla,
Colombia. Es colaborador de Sala de Prensa.
|