Sala de Prensa


36
Octubre 2001
Año III, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Biblioteca Moderna de Periodismo

La crónica

(Primer capítulo del libro La Crónica, de la colección Biblioteca Moderna de Periodismo, editada por la Universidad Autónoma del Caribe de Barranquilla, Colombia)

Jaime de la Hoz Simanca * y Anuar Saad Saad **

La crisis del periodismo mundial tiene sus causas en una diversidad de fenómenos ya establecidos por los hombres que cultivan las ciencias sociales y económicas; pero, hay una razón que se destaca por encima de todas: la globalización, una inesperada circunstancia que ha venido a subvertir un orden de cosas y a obligar al replanteamiento de las costumbres y de la vida misma.

En el campo de las comunicaciones, y en particular la prensa escrita, la crisis se ha visto agravada por el sacudimiento que ha golpeado a los diversos géneros del periodismo, en especial la noticia. En realidad, la noticia se había tomado a los medios escritos del mundo. Era (¿es?) el recurso que invadía las páginas de los periódicos, desde las secciones locales y nacionales hasta las internacionales, políticas y deportivas.

No obstante, la magnitud de la crisis obligó a una especie de reacomodamiento de la información desde el punto de vista de la manera de expresarla. El primer gran salto lo produce el cambio de rumbo en las ediciones dominicales de los periódicos, antaño ignoradas o maltrechamente producidas, pese a la existencia de un mercado ávido que se cansaba cada vez más del tratamiento de los hechos cotidianos, en los días comunes de semana, y prefería, de manera creciente, otras formas de comunicación a la que respondían perfectamente la radio, la televisión y la Internet.

"Estoy absolutamente convencido de que en la situación en que está hoy el periodismo en el mundo, una gran esperanza de los periódicos escritos contra la fuerza de la televisión y la radio y otros medios informativos, para recuperar el interés de los lectores que sin duda está decayendo todos los días, está en las ediciones del domingo, cuando el lector tiene más tiempo para leer", afirmó el Premio Nobel de literatura, Gabriel García Márquez, periodista de tiempo completo y uno de los más fervientes impulsores de los géneros estrellas del periodismo moderno. (1)

Las ediciones dominicales fueron transformándose gradualmente a partir de la incorporación y recuperación de géneros entre los que la crónica jugó un papel primordial. Fue como el regreso a la semilla o el viaje a los orígenes; pero, con el agregado de una prosa moderna, resultado del gran boom de la literatura latinoamericana, cuyo estallido se podría situar a mediados de la década del sesenta.

A partir de esa fecha, o unos años más allá, la crónica adquiere un nuevo rostro, sobre todo en el terreno del estilo, de la estética, es decir, del transcurrir narrativo a partir de acciones. Es, por supuesto, la influencia de la literatura, cuya irrupción en la década mencionada alcanza un elevado grado de universalización y reconocimiento sin antecedentes históricos conocidos. Muchos de los representantes de ese boom alternaron, en una etapa de sus vidas, el trabajo de cronistas con la febril actividad de escritores en ciernes.

Gabriel García Márquez (el ejemplo que más abunda al hablar del binomio periodismo-literatura), nos dejó como legado el libro Relato de un Náufrago, crónica espectacular que constituyó una serie periodística publicada en el diario El Espectador de Bogotá en los años cincuenta. A partir del recurso de la primera persona, García Márquez lleva de la mano al lector y lo hace recorrer los caminos inverosímiles que transitó el marino Luis Alejandro Velazco, luego del naufragio en mitad del mar.

Mario Vargas Llosa (otro ejemplo clásico, pese a que su obra periodística de la adolescencia no está recogida en textos), escribió innumerables crónicas entre las que se destacan las judiciales, área que dirigió en varios diarios de su natal Lima, años antes de radicarse definitivamente en Europa. Esos trabajos, al igual que las semblanzas -mitad crónicas, mitad entrevistas- que realizó con escritores de su tierra, demuestran el cordón umbilical entre el género periodístico y el literario en mención.

Es importante recalcar que un cronista es un escritor que establece un puente directo entre el lector y el periodista a través de historias, evocaciones, recuerdos, personajes, lugares, hechos o situaciones, trabajados con la acentuación del relato, ese fluir narrativo que desplaza imperceptiblemente las acciones frente a los ojos y la imaginación del ciudadano consciente.

En condición de escritor, el cronista hace uso de las técnicas propias de la literatura, y fundamentalmente, de su prosa exquisita que es, a la larga, lo que permitirá la adicción del lector a aquellos detalles que desfilan como una sucesión de escenas que despiertan los más disímiles sentimientos.

Lo anterior permite afirmar, entonces, que la crónica plantea un mayor grado de exigencia que los demás géneros periodísticos. Ello es así, en tanto que la materialización de la crónica requiere de varios pasos de envergadura, entre ellos, el trabajo de reportería. Incluso, la crónica obliga a un mayor trabajo de reportería que el mismo reportaje.

Crónica es sinónimo de autosuficiencia, en el sentido que debe sostenerse por sí misma. El cronista debe ser lo suficientemente audaz para mantener cautivo al lector y permitir su "liberación" sólo al final del relato, cuando la historia ya ha sido degustada y asimilada a través de la multiplicidad de sus detalles. Y como la expresión concreta de éstos hace de la crónica un género esencialmente informativo -con las correspondientes recreaciones y envolturas estéticas y narrativas- de ahí la necesidad de una labor de reportería que bien podría alcanzar los límites de la "saturación". Es, en otras palabras, el llamado superávit de información: un porcentaje de material obtenido en el trabajo de campo, superior al que va a ser utilizado en la conformación de la crónica.

Para la crónica, a diferencia de la noticia, sólo es válido uno de los seis interrogantes fundamentales: ¿por qué? Pero, no en el sentido propio de la noticia pura, sino visto en la perspectiva del cúmulo de preguntas que se plantea el cronista en su etapa previa de escritura. Digamos que es la disyuntiva del cronista: un por qué de gran tamaño y un tema rigurosamente delimitado nos acerca al tipo ideal de crónica. Con esto último, estaríamos frente al llamado primer plano o aproximación de la cámara hasta los blancos buscados u objetivos perseguidos.

"¿Por qué me fascina?", vendría a ser el primer interrogante del cronista. A partir de allí devienen múltiples por qué más a los cuales se les irá dando respuesta en el transcurso de la crónica, y serán mostrados al lector mediante un desarrollo que hace comparable a la crónica con una obra de teatro donde los personajes cobran vida y se mueven con entera libertad en medio de un eje que permitiría constituir el corazón de la historia. Por ser así, la crónica presenta un carácter de intemporalidad, en el sentido de que el mismo placer gratificante lo otorga su lectura hoy o la que se haga dentro de diez años. Y he aquí otra de las marcadas diferencias con el reportaje. La crónica se perpetúa a través de los años, prevalece y logra salir indemne frente a los estragos del tiempo. Una crónica sobre el humo del tabaco de Luis Tejada puede ser leída, en estos días, con la misma complacencia que cuando fue publicada en sus tiempos ya lejanos.

Ya se ha dicho: no hay temas buenos ni malos, sino buenos o malos cronistas. El sombrero, las sillas Luis XV, el teléfono, el computador, la Internet, las vallas publicitarias, los relojes desechables, una tragedia, un premio de la lotería o una región geográfica podrían ser -y de hecho han sido- material valioso para la elaboración de crónicas. Aún temas marginales no recomendados por su intrascendencia y "agotamiento" -la prostitución, el gaminismo, etc.- cobran vida a partir del trabajo de un buen cronista. Y tal cronista la prolonga en el tiempo con la fuerza de su narrativa y manera peculiar de abordar el tema, el hecho, la circunstancia o el lugar.

Ya hemos anotado que la crónica experimentó su gran transformación a partir del vuelco que se produjo en la literatura latinoamericana a mediados de la década del sesenta. Sin embargo, no fue sólo esa circunstancia la que permitió el cambio de rumbo. Mucho antes -diríamos décadas- la crónica estaba cruzada por los recuerdos, elemento primordial que alcanzaba primeros planos con el agregado de una prosa descriptiva, en ocasiones estática, que, a su vez, facilitaba la aparición de las añoranzas en el lector. Pero faltaban dos ingredientes que, por fortuna, son tenidos en cuenta hoy por los cronistas más representativos de la prensa iberoamericana: la entrevista y la investigación.

La primera -entrevista- hay que verla como el gran apoyo. De hecho, algunos especialistas y escritores-periodistas la asumen como un sustento fundamental de los demás géneros y no como un género en sí mismo. Aparte polémicas, la entrevista es un ingrediente previo e imprescindible para la elaboración de la crónica, hoy concebida a partir del protagonismo visible de personajes que "mueven" la historia.

La investigación constituye un proceso. Viene a ser un trabajo cuidadoso, similar al que realiza un detective en su búsqueda para establecer la verdad. Esta investigación periodística tendrá su gran resultado en el volumen informativo, en la recreación, en la presencia de detalles y en todos los elementos "concretos" que constituirán la base para el desarrollo narrativo.

Hoy, más que nunca, la crónica es una exigencia de la prensa contemporánea. El primer paso se ha dado con el nuevo esquema impuesto en los periódicos dominicales donde es visible la presencia del género.

Crónica y narración: principio y fin

La crónica es el género de mayor antigüedad en Latinoamérica. Su aparición tiene como soporte la literatura; sobre todo las situaciones contadas como relatos y apoyadas en el despliegue de fantasía realizada por los escritores que referían hechos de ficción, y donde el paisaje y las historias constituían la base de la obra escrita.

Los estudiosos y especialistas del género hablan de medio siglo de oro de la crónica en algunos países y lo respaldan con una pléyade de cronistas que alternaron su actividad con la producción de novelas, poesías y cuentos, o con la labor periodística a través de las columnas de opinión. Al respecto, señala Maryluz Vallejo Mejía:

"Muchos (cronistas) oficiaban de poetas; de ahí el aliento poético que subyace en estas breves piezas, y que también trato de rescatar en su estado más puro, cuando ya los cronistas le habían torcido el cuello al lirismo. Otros eran filósofos sin pretenderlo; dejaban caer sus tesis sobre lo divino y lo humano, sin ánimo de pontificar, con la certeza de que esas palabras profundas terminarían en las profundidades del cesto de la basura... De cualquier manera, es de admirar la capacidad de los cronistas para comprimir un paisaje, la catedral del pueblo, un discurso parlamentario o un episodio callejero en una superficie literaria de quince centímetros cuadrados; o de discurrir sobre los más metafísicos, escatológicos o terrenales asuntos en un espacio tan reducido. Valga mencionar el proceso de descomposición de una pierna que narra con crudo hiperrealismo Próspero Morales Pradilla". (2)

Las crónicas de muchos de muchos autores permiten hablar de antecedentes directos del género. Los pioneros se caracterizaron por el soplo poético de sus relatos y la sobriedad narrativa que correspondía a la manera como se expresaba la literatura de la época.

Ya en García Márquez, Cepeda Samudio y Rojas Herazo –caso colombiano-- encontramos un tipo de crónica más acorde con el desarrollo de la literatura que se prolonga, alcanzando formas aún más avanzadas en estructura y técnicas narrativas- quienes aprovechan la sucesión de hechos estremecedores o situaciones curiosas, y el progreso de la literatura latinoamericana con la intención marcada de engrandecer un género que ha venido a cobrar una vigencia inusitada. Y todo ello, sustentado en lo que hemos llamado el arte narrativo.

_____
Citas:

(1) Las declaraciones del Premio Nobel de literatura sirvieron como apertura al Encuentro realizado en Cartagena y programado por la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano. Su intervención aparece recogida en el texto editado en 1999 en la imprenta del periódico La Patria de Manizales, cuyo volumen 1 contiene los talleres de Etica Periodística, El Reportaje y Ediciones Dominicales. García Márquez alterna su participación con directores y editores de diarios de América Latina y Europa.

(2) Uno de los estudios más rigurosos sobre crónica lo adelantó la periodista Maryluz Vallejo Mejía y aparece como prólogo del libro La crónica en Colombia: medio siglo de oro. El texto fue reproducido por la revista Alma Mater de la Universidad de Antioquia, No. 2, Colección Documentos, octubre de 1998.


*Jaime de la Hoz Simanca es periodista especialista en comunicación para el desarrollo regional y catedrático de las universidades Autónoma del Caribe y Del Norte de Barranquilla, Colombia. Es colaborador de Sala de Prensa.
**Anuar Saad Saad es periodista, especializado en comunicación para el desarrollo y catedrático de la Universidad Autónoma del Caribe de Barranquilla, Colombia. Es colaborador de Sala de Prensa.


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