Descubrimientos
y encubrimientos del periodismo de investigación
La
ratonera
Carlos
A. Sortino *
Cualquiera
sea su fundamento ideológico, el periodismo de
investigación se define instrumentalmente por
sus tres características básicas: que sea un
trabajo propio del periodista, que ese trabajo
descubra algo que esté oculto y que ese algo sea
de interés público. Nada nuevo bajo el sol.
O sí: porque
estoy separando el fundamento ideológico de la
praxis periodística de sus características
instrumentales. Y esto es lo que no se hace
habitualmente, por lo que esas características
meramente instrumentales se transforman en
soporte ideológico (1) al ser presentadas como
único fundamento del periodismo de
investigación.
Así gana peso
específico la leyenda urbana del perro guardián
(watchdog). Leyenda urbana perfecta desde la
concepción instrumental del periodismo de
investigación: el perro guardián es entrenado
para defender la propiedad de su amo ante la
presencia de cualquier intruso que la ponga en
riesgo, alertando con sus ladridos o atacando con
sus colmillos. Pero, ¿quién es el amo? Esa es
la cuestión ideológica y de eso no se habla.
Así también se
alimenta esa otra leyenda urbana que proclama la
independencia como aparente fundamento
ideológico de nuestra praxis periodística.
Leyenda urbana que me coloca frente a una de las
tantas paradojas de la vida: me creo un
periodista independiente al mismo tiempo que me
creo un perro guardián. Nada más dependiente
que un perro guardián. Sólo que el perro no lo
sabe.
Apologías y rechazos
Acaso
encontremos un ejemplo muy claro de aquella
primera leyenda urbana entre los fundamentos del
curso de periodismo investigativo para países
latinoamericanos que impulsa el Instituto del
Banco Mundial:(2)
El
programa de las Estrategias de Comunicaciones
del Instituto del Banco Mundial (WBIs)
está diseñado para ayudar a periodistas y a
comunicadores del gobierno a desarrollar las
habilidades que necesitan para funcionar en
una sociedad democrática y dentro de una
economía de mercado.
El presentador
de este curso es el periodista argentino Silvio
Waisbord, radicado en Estados Unidos y autor del
libro "Noticias, rendición de cuentas y
democracia: Periodismo de perro guardián en
Sudamérica" y también autor del artículo
"Por qué la democracia necesita del
periodismo investigador", publicado
originalmente en el número de mayo de 2001 del
periódico electrónico "Cuestiones
Mundiales", de la Oficina de Programas de
Información Internacional del Departamento de
Estado de Estados Unidos.(3)
Banco Mundial.
Departamento de Estado. Democracia, pero dentro
de una economía de mercado. Claras y precisas
referencias ideológicas, cuyas producciones son
tomadas y socializadas sin crítica alguna y por
ello funcionan como paradigmas intachables.
Caramba, qué coincidencia: es la manera de
promoción del llamado "pensamiento
único".
Dejó escrito
Waisbord en su trabajo para el Departamento de
Estado:
El
desempeño de la prensa durante el caso
Watergate se consideró el espejo que refleja
lo mejor que el periodismo puede ofrecer a la
democracia: hacer que el poder rinda cuentas.
El paradigma tan
famoso habla sólo de un caso de abuso de poder
político, divorciado en su tratamiento
periodístico de los poderes económicos que
siempre hay detrás. Más ejemplar, si seguimos
hablando de Estados Unidos, fue la falta de
protagonismo de esa misma prensa en el caso
COINTELPRO,(4) contemporáneo al
Watergate, y en el caso de la empresa de aviones
Lockheed,(5) apenas un par de años
después.
Pero en
Argentina existió, solitario y mucho antes, un
periodismo de investigación que desnudó, sin
moralinas ni lecciones de ética ciudadana, al
sistema político dominante: fue el trabajo de
Rodolfo Walsh,(6) que Waisbord no
desconoce, pero que sabe que en términos de
marketing (lo que incluye su abordaje
ideológico) es mucho menos efectivo que el caso
Watergate.
El valor
principal del periodismo investigador para
las democracias latinoamericanas es su
contribución a una creciente responsabilidad
política. Esto es especialmente importante,
ya que se considera que la debilidad de los
mecanismos de rendición de cuentas es uno de
los problemas más graves a que se enfrentan
las democracias de la región.
Esta
proposición no sólo reduce nuestra
responsabilidad política al mero control del
dinero que, en concepto de impuestos, invertimos
en el Estado -y que nos transforma de ciudadanos
en contribuyentes-, sino que concuerda a la
perfección con la política anticorrupción
impulsada por Washington y con las recetas de los
organismos multilaterales para lograr el
"déficit cero" en las cuentas
públicas nacionales (de los países
subdesarrollados... perdón, de las
"economías emergentes").
Esto no tendría
nada de malo, si no fuera porque encubre un
sistema de explotación de las mayorías por las
minorías, en el segundo caso, y porque calla, en
el primer caso, el verdadero motivo de sus
discursos y acciones sobre ética y probidad:
cumplido ya su ciclo como herramienta política
eficaz del sistema capitalista, la corrupción se
ha convertido en un costo improductivo para ese
mismo sistema.(7)
La
corrupción gubernamental ha sido el enfoque
central de las investigaciones de la prensa
en las democracias latinoamericanas. Otros
temas (por ejemplo la corruptibilidad y
prácticas laborales ilícitas de las
corporaciones) han atraído atención
considerablemente menor. El hecho de que
numerosas encuestas indican que la
corrupción figura constantemente entre las
tres preocupaciones mayores de la población
en toda la región, puede ser un indicio de
la influencia del periodismo investigador en
hacer de las fechorías gubernamentales una
preocupación principal.
¿Cuál es la
lógica que indica que la corrupción
gubernamental es más importante que la
corruptibilidad y prácticas ilícitas de las
corporaciones, como para que estas últimas
ocupen un espacio insignificante en los medios?
Lo responde el mismo Waisbord: luego de que las
fechorías gubernamentales son amplificadas por
los medios, las encuestas rescatan la percepción
social de su importancia, mientras que la
corruptibilidad y las prácticas ilícitas de las
corporaciones (medios incluídos) pasan
desapercibidas, como en las páginas de los
diarios.
Si el
periodismo se compromete a la responsabilidad
democrática la interrogante que queda por
formularse es si el público se beneficia
como resultado de los reportajes de
investigación. ¿Qué intereses promueve el
periodismo investigador al publicar un
determinado artículo? ¿Cumple la prensa con
su responsabilidad social al revelar la
fechoría? ¿Qué intereses se afectan?
¿Qué derechos se violan? ¿El asunto en
cuestión es de legítimo interés público?
¿Se invade el derecho a la intimidad cuando
no se trata de un asunto de vital interés
público?
Estas preguntas
son correctas (y faltarían algunas más). Sólo
que su campo de respuestas queda acotado al
paradigma ideológico que presenta Waisbord.
Aparato por aparato
Pero no sólo
desde el campo ideológico al que podríamos
calificar de "derecha" o de corte
liberal se "baja línea" solapadamente.
También se trabaja en el mismo sentido desde el
campo ideológico al que podríamos calificar de
"izquierda" o de corte progresista.
Claro ejemplo es la Fundación para un Nuevo
Periodismo Iberoamericano, que preside Gabriel
García Márquez y que financia el Banco
Interamericano de Desarrollo.
En junio de
2000, en Cartagena de Indias, realizó su VII
Taller sobre Formación de Periodistas
Latinoamericanos en Temas de Política y Gestión
Social. La propuesta fue: "Un nuevo
periodismo para un nuevo orden social: de la
denuncia a la investigación de soluciones".(8)
No advierto que
haya "un nuevo orden social" más que
aquel que se desprende de la famosa
"globalización". De ello deduzco,
entonces, que resulta necesario un salto
cualitativo de la denuncia (estéril por
incompatible con la ausencia de horizontes
alternativos) hacia la investigación de
soluciones (dentro del nuevo orden).
Dejaron escrito
allí:
Los
distintos indicadores de medición de los
cambios sociales en Latinoamérica en las
últimas décadas sugieren que el gasto
social no guarda relación con los resultados
que se obtienen en cada una de sus áreas.
Más allá de responder o no a valores
recomendados internacionalmente, los gastos
parecen obtener pocos resultados y lo que
sucede en el camino es lo que debe motivar a
los medios de comunicación e información a
investigar quienes o qué falla en el sistema
y en las asignaciones de recursos.
En estas
palabras queda expresado el fundamento del
sistema mismo (de ese "nuevo orden
social"): un proceso de años que permanece
igual no responde a otra intención más que a
esa (permanecer igual). "Lo que sucede en el
camino" es sólo una consecuencia
-concedamos algo: quizás no deseada- de lo que
ocurre en el punto de partida (un punto de
partida -de políticas públicas estamos
hablando- que financia y, por lo tanto, controla,
el Banco Interamericano de Desarrollo, entre
otros actores, como el Banco Mundial, por
ejemplo). Investigar "quienes o qué falla
en el sistema" es simplemente legitimar ese
sistema, a condición de sacarse de encima a los
actores indeseables (o, más bien,
improductivos).
Al
confrontar los problemas sociales con las
acciones presentadas o probadamente
reconocidas como soluciones para los mismos
problemas, la Investigación de Soluciones
denuncia eventuales omisiones de los poderes
políticos, públicos y privados y de los
ciudadanos, organizados o no.
Solamente
"omisiones". Ni una palabra acerca de
las "comisiones". Ni nombrar siquiera
al poder económico. Acaso las
"omisiones" del poder político guarden
alguna correspondencia con las
"comisiones" del poder económico y eso
deba ser ocultado, deducción que me asalta al
observar la claridad ideológica que proyectan
las propuestas citadas: el "gasto
social" es necesario porque los
"problemas sociales" también son
necesarios. No hay que indagar fuera de eso. No
hay que preguntarse, por ejemplo, cuál es el
origen de esos problemas sociales.
Siendo
estos temas los de mayor interés de la
población, su buen cubrimiento asegura
prestigio y credibilidad, con nítidos
reflejos en los aspectos comerciales de venta
directa y de anuncios. Además deben mirar a
los lectores o audiencia no solamente como
clientes sino como personas o grupos de
personas con los cuales están tejiendo un
universo de sentidos y significados para la
construcción del presente y del futuro.
Clara
exposición: la investigación de soluciones a
los problemas sociales no sólo vende -recordemos
que, en definitiva, los medios de comunicación
no son otra cosa más que empresas con fines de
lucro-, sino que también -y fundamentalmente- es
una valiosa herramienta para la construcción de
un aparato ideológico de mercado, cumplido ya el
eficaz ciclo del antiguo aparato ideológico de
Estado.
Lo que en
realidad molesta (al menos, a mí me molesta) no
es la adhesión a tal o cual campo ideológico,
sino su ignorancia u ocultamiento. Aunque es
justo escuchar también al sociólogo francés
Alain Accardo:
Hay un
reproche que no puede hacerse a los
periodistas, salvo casos particulares, por
supuesto: el de no hacer su trabajo de buena
fe. Por haber interiorizado tan bien la
lógica del sistema, adhieren libremente a lo
que ella les ordena creer. Actúan de común
acuerdo sin necesidad de ponerse de acuerdo.
Su comunidad de inspiración hace innecesaria
la conspiración.(9)
El pecado original
Aún no he
logrado comprender a qué se refieren exactamente
quienes hablan de "periodismo
independiente", otra leyenda urbana que
encubre (al menos, en Argentina) una praxis del
todo reñida con ese mote. Dos razones puedo
exponer para refutar su existencia:
- El
periodismo es utilizado como herramienta
política de ese aparato ideológico de
mercado que componen los medios de
comunicación, piezas tácticas del poder
económico dominante. Lo que no es otra
cosa más que la ratificación de su
origen: el periodismo nació como
herramienta política de la burguesía
cuando la burguesía ya era un poder
económico dominante, pero aún no
lograba controlar la administración
política de sus intereses y necesitaba
proyectar una cultura favorable a sus
pretensiones de sujeto revolucionario. La
única diferencia es que entonces no
ocultaba su verdadero rostro (aunque sí
sus verdaderas intenciones).
- El
periodismo que se auto proclama
independiente de ese poder económico
dominante por no responder a sus
intereses es igualmente utilizado como
herramienta política de aquello que, a
primera vista, podría ser llamado el
contra-poder: organizaciones políticas
de cualquier tipo que se oponen al poder
establecido (en Argentina, es esperable
que generalmente florezcan desde la
izquierda; en Cuba, es esperable que
generalmente florezcan desde la derecha),
más allá o más acá de cuál sea la
valoración que hagamos acerca de sus
resultados.
Si bien esta
ratonera pareciera conducirnos hacia la
desesperación, sólo se trata de comprender las
reglas de juego, para saber cómo utilizarlas, en
función de qué objetivos y qué reales
intereses defendemos y atacamos cuando ejercemos
nuestro oficio de periodistas.
Comprender, por
ejemplo, que, en sus más bajos fondos, el
periodismo de investigación puede actuar como un
buen negocio (económico y/o político), por la
vía de la extorsión secreta o por la vía del
escándalo público.
Comprender, por
ejemplo, que, ya en aceptables niveles de
preocupación ética y responsabilidad política,
el periodismo de investigación puede actuar como
válvula de escape del sistema capitalista, en
tanto no muestre el funcionamiento del poder
económico, sino el de su administración
política, acentuando el carácter inmoral del
actor corrupto en sí mismo, pero sin preocuparse
por explicar su trama ni los efectos sociales que
provoca.
Comprender, por
ejemplo, que, en niveles superiores de
preocupación ética y responsabilidad política,
el periodismo de investigación puede actuar como
un factor políticamente "reformista"
cuando investiga y analiza los efectos sociales
de las políticas públicas dominantes y busca
las políticas públicas alternativas que tienden
a resolver los conflictos detectados.
Comprender, por
ejemplo, que, en otro nivel (ni mejor ni peor,
simplemente otro) de preocupación ética y
responsabilidad política, el periodismo de
investigación puede actuar como un factor
ideológicamente revolucionario cuando investiga
y analiza el funcionamiento del poder económico,
su relación con la administración política y
los efectos sociales que derivan de esa
combinación.
Insisto: lo que
en realidad molesta (al menos, a mí me molesta)
no es la adhesión a tal o cual campo
ideológico, sino su ignorancia u ocultamiento. Y
para no incurrir en la misma praxis que estoy
socavando, debo decir que adhiero abiertamente a
la propuesta del periodista chileno Juan Jorge
Faundes:
El
sistema piramidal globalizado de explotación
de las mayorías para beneficio de las
minorías, escondido bajo el mítico e
inocentado discurso neoliberal hoy
predominante, debiera ser una de las grandes
líneas éticas de acción del periodismo de
investigación en todo el planeta.(10)
El caso y la trama
El caso no puede
explicarse a sí mismo. La trama explica el caso.
Esa es la tesis. Por ejemplo:
En la
política económica de ese gobierno debe
buscarse no sólo la explicación de sus
crímenes sino una atrocidad mayor que
castiga a millones de seres humanos con la
miseria planificada.
Tras detallar
minuciosamente la cantidad y calidad de los
crímenes cometidos por la dictadura cívico
militar argentina durante su primer año de mando
(1976-1977), Rodolfo Walsh, en su "Carta
Abierta de un escritor a la Junta Militar", (11) coloca esa proposición
como bisagra entre el caso (los crímenes) y la
trama (el sistema que los explica).
Dictada
por el Fondo Monetario Internacional según
una receta que se aplica indistintamente al
Zaire o a Chile, a Uruguay o Indonesia, la
política económica de esa Junta sólo
reconoce como beneficiarios a la vieja
oligarquía ganadera, la nueva oligarquía
especuladora y un grupo selecto de monopolios
internacionales encabezados por la ITT, la
Esso, las automotrices, la U.S. Steel, la
Siemens, al que están ligados personalmente
el ministro Martínez de Hoz y todos los
miembros de su gabinete.
Desnacionalizando
bancos se ponen el ahorro y el crédito
nacional en manos de la banca extranjera,
indemnizando a la ITT y a la Siemens se
premia a empresas que estafaron al Estado,
devolviendo las bocas de expendio se aumentan
las ganancias de la Shell y la Esso,
rebajando los aranceles aduaneros se crean
empleos en Hong Kong o Singapur y
desocupación en la Argentina. Frente al
conjunto de esos hechos cabe preguntarse
quiénes son los apátridas de los
comunicados oficiales, dónde están los
mercenarios al servicio de intereses
foráneos, cuál es la ideología que amenaza
al ser nacional.
Sólo dos
párrafos de aquella "carta" sirven
para comprender por qué fue necesario en aquel
momento histórico el exterminio de 30.000
personas, Walsh incluido. Ni el informe de la
Comisión Interamericana de Derechos Humanos
publicado tres años después, ni el famoso
"juicio a las juntas" realizado en
1985, se metieron con la trama: sólo juzgaron el
caso y condenaron a sus máximos responsables.
Proyectaron sobre la sociedad la idea de que
sólo se trataba de una banda de criminales y
así lo transmitió la prensa, que no ignoraba la
trama. Sencillamente, la ocultaba.
Ocultaba que
desde el 4 de abril de 1982 se procesaba la
denuncia del ciudadano argentino Alejandro Olmos
contra el ex ministro de Economía de la
dictadura cívico militar, José Alfredo Antonio
Martínez de Hoz, y que esa denuncia decía
textualmente (y, además, lo probaba):
El plan
económico concebido y ejecutado por el
Ministro de Economía de la Nación en el
período 1976/1981 se realizó con miras a
producir un incalificable endeudamiento
externo; que el ingreso de divisas fue con el
objeto de negociar con las tasas de interés,
produciendo quiebras y cierres de empresas y
dificultades en la capacidad exportadora y de
producción y crecimiento del país.
No fue distinto
el comportamiento de la prensa cuando esa causa,
más de 18 años después, el 13 de julio de
2000, tuvo sentencia. El juez federal Jorge
Ballestero se ocupó de explicar la trama sin
eufemismos:
Ha
quedado evidenciado en el trasuntar de la
causa la manifiesta arbitrariedad con que se
conducían los máximos responsables
políticos y económicos de la Nación en
aquellos períodos analizados. Así también
se comportaron directivos y gerentes de
determinadas empresas y organismos públicos
y privados; no se tuvo reparos en incumplir
la Carta Orgánica del Banco Central de la
República Argentina; se facilitó y
promulgó la modificación de instrumentos
legales a fin de prorrogar a favor de jueces
extranjeros la jurisdicción de los
tribunales nacionales; inexistentes
resultaban los registros contables de la
deuda externa; las empresas públicas, con el
objeto de sostener una política económica,
eran obligadas a endeudarse para obtener
divisas que quedaban en el Banco Central,
para luego ser volcadas al mercado de
cambios; se ha advertido también la falta de
control sobre la deuda contraída con avales
del Estado por las empresas del Estado. Todo
ello se advirtió en no menos de
cuatrocientos setenta y siete oportunidades.
La deuda
externa de la nación ha resultado
groseramente incrementada a partir del año
1976 mediante la instrumentación de una
política económica vulgar y agraviante que
puso de rodillas el país a través de los
diversos métodos utilizados, que ya fueran
explicados a lo largo de esta resolución, y
que tendían, entre otras cosas, a beneficiar
y sostener empresas y negocios privados
-nacionales y extranjeros- en desmedro de
sociedades y empresas del Estado que, a
través de una política dirigida, se fueron
empobreciendo día a día, todo lo cual,
inclusive, se vio reflejado en los valores
obtenidos al momento de iniciarse las
privatizaciones de las mismas.
El país
fue puesto desde el año 1976 bajo la
voluntad de acreedores externos y en aquellas
negociaciones participaron activamente
funcionarios del Fondo Monetario
Internacional, con lo cual aparecería de
buen grado una nueva asistencia que mejorara
sustancialmente la actual posición
económica que luce el país, dando así
razón a su controvertida existencia.
¿Cómo que esta
trama económica no explica aquel caso criminal?(12)
La sentencia
sobreseyó al acusado por prescripción de la
acción penal, pero afirmó que la deuda externa
era ilegítima y que los organismos acreedores
habían sido cómplices de esa ilegitimidad.
El juez -a quien
nadie en su sano juicio podría caracterizar como
marxista- envió la causa al Congreso de la
Nación para que tome las medidas políticas que
considere convenientes, ya que, según la
Constitución Nacional, las cuestiones
relacionadas con el endeudamiento externo son de
su exclusiva incumbencia. Un razonamiento lógico
desde el punto de visto jurídico, aunque muy
apartado de la realidad: la deuda externa la
maneja el Poder Ejecutivo a través de su
ministro de Economía y ningún legislador se
desgarra las vestiduras por ello.
La cuestión es
que los medios no le dedicaron ningún despliegue
ni seguimiento y titularon (aunque no en tapa)
con el sobreseimiento de Martínez de Hoz,
dedicándole sólo algunos párrafos interiores
al asunto de la legitimidad. Luego de eso, ni una
palabra acerca de la inacción del Congreso sobre
el extenso fallo del juez federal. Claro como el
agua.
Tan claro como
este fragmento de la carta que Rodolfo Walsh le
envió a su hija María Victoria en 1965, con
motivo del estreno de su obra teatral "La
granada":
Aquí hay
todo un sector de la cultura
"oficial", del periodismo
"serio", que nunca me va a perdonar
que haya escrito "Operación
Masacre" y "El caso
Satanowsky" y que haya estado en Cuba.
Confío en que, con el tiempo, comprenderán
que las cosas contra las que yo lucho son
cosas vergonzosas, y que los que luchamos
contra ellas somos pocos.
_____
Notas:
1 La ideología puede ser entendida como
una concepción del mundo que parte de uno mismo
o como un falseamiento de la realidad que parte
del otro. Creo que ambas definiciones, antes que
antagónicas, son complementarias, pero que la
primera es más sincera que la segunda. La
primera es un modus cogitandi, una manera de
organizar la realidad para hacerla comprensible
al pensamiento, una manera que no excluye el
modus cogitandi del otro porque lo considera una
fuente de crecimiento, de superación del propio
error. La segunda es un modus operandi, una
acción autoritaria que le anula al otro su
posibilidad de pensar por sí mismo, so pretexto
de que está falseando, con su ideología, la
realidad. Y si digo que son complementarias es
porque ninguna de estas tendencias está ausente
en cada uno de nosotros. La cuestión es dónde
ponemos el acento.
2 La información sobre este curso me
llegó en marzo de 2001 desde la organización
Periodistas Frente a la Corrupción, cuya
dirección de página web es: www.cipe.org/pfc
3 http:/www.usinfo.state.gov/journals/jourspa.htm
4 Las noticias del caso Watergate
ocurrieron al mismo tiempo que otro conjunto de
noticias, no propias de la prensa, que fueron las
noticias del caso COINTELPRO. Todos conocemos el
caso Watergate, pero pocos saben qué significa
COINTELPRO. Es la sigla de Counter-Intelligence
Programs, una serie de operativos secretos
iniciada por el FBI en 1956 y continuada por
todos los gobiernos, republicanos o demócratas.
Esta política de infiltración y espionaje
interno del gobierno norteamericano estuvo
dirigida en un principio contra el movimiento
comunista, pero luego se extendió a toda
expresión política de izquierda, al movimiento
feminista, al movimiento negro y al movimiento
independentista de Puerto Rico. La oposición
Watergate-COINTELPRO es interpretada por Noam
Chomsky de esta manera: "En el caso
Watergate, Richard Nixon fue contra la mitad del
poder privado en Estados Unidos, es decir, el
Partido Demócrata, y el poder puede defenderse.
Por lo tanto, fue un escándalo. Ahora bien, si
realmente había una cuestión de principios
involucrada, puede comprobarse fácilmente en
este caso: una minúscula parte del programa
COINTELPRO era mucho más significativa, en
cuanto a principios, que todo el Watergate"
(entrevista con el periodista británico Andrew
Marr, emitida por la BBC en febrero de 1996 y
reproducida por la revista Z Net en español en
julio de 1999, www.zmag.org/Spanish).
5 La compañía de aviación Lockheed fue
citada, en el mismo Congreso de Estados Unidos,
como un caso emblemático de corrupción
internacional: sobornó para concretar negocios a
altos funcionarios de Irán, Filipinas,
Indonesia, Holanda, Italia y Japón. Se dijo en
el Congreso, a propósito del debate que
precedió a la sanción, en 1977, de la Ley de
Prácticas Corruptas en el Extranjero (Foreign
Corrupt Practices Act, FCPA): "En 1976 el
escándalo de la Lockheed sacudió al gobierno
japonés y le dio a los opositores a estrechar
lazos entre EE.UU. y Japón un arma para meter
una cuña entre las dos naciones. En otra
instancia, el príncipe Bernhardt de Holanda fue
forzado a renunciar a su posición oficial como
resultado de una investigación relativa a
denuncias de que había recibido un millón de la
Lockheed. En Italia, supuestos pagos de Lockheed,
Exxon, Mobil Oil y otras empresas a agentes del
gobierno italiano erosionaron el consenso para
dicho gobierno y pusieron en peligro la política
exterior de los Estados Unidos no sólo con
respecto a Italia y el área mediterránea, sino
con respecto a la alianza atlántica". Pero
no sólo se mencionó un caso de corrupción en
ese debate, sino que los congresistas
describieron el mismo proceso corruptor de los
empresarios norteamericanos: "Más de 400
empresas admitieron hacer pagos cuestionables o
ilegales. Las compañías, en su mayoría
voluntariamente, han reportado pagos de 300
millones de dólares a agentes de gobiernos
extranjeros, políticos y partidos políticos.
Entre dichas corporaciones se incluyen algunas de
las más grandes y reconocidas en los Estados
Unidos y 117 de ellas están ubicadas en el top
fortune de las 500 empresas. Los abusos revelados
abarcan desde el soborno a altos agentes
extranjeros con la finalidad de asegurar algún
tipo de acción favorable hasta los así llamados
pagos de facilitamiento, hechos, según se
alega, para asegurar que los funcionarios
gubernamentales cumplan con sus deberes". La
preocupación excedía el plano de la ética y la
legalidad para los congresistas norteamericanos:
"El soborno empresario también crea severos
problemas de política exterior para Estados
Unidos. La revelación de pagos impropios,
invariablemente, tiende a avergonzar a los
gobiernos amigos, baja la estima por los Estados
Unidos entre los ciudadanos extranjeros y da
pábulo a las sospechas urdidas por oponentes
foráneos acerca de que las empresas americanas
ejercen una influencia corruptora en los procesos
políticos de sus naciones". Así como el
caso Watergate derivó en la renuncia de Richard
Nixon, el caso Lockheed derivó en la Foreign
Corrupt Practices Act (FCPA).
6 Periodista asesinado y desaparecido en
marzo de 1977 por la última dictadura cívico
militar que usurpó el gobierno en Argentina. Sus
investigaciones reunidas en libro
-"Operación Masacre" (1957),
"¿Quién mató a Rosendo?" (1968) y
"Caso Satanowsky" (1973)- son
fundamentales para comprender la historia
argentina de los últimos 50 años. El asesinato
se produjo al día siguiente de haber escrito la
"Carta abierta de un escritor a la Junta
Militar", fechada el 24 de marzo de 1977 y
enviada por correo a los diarios argentinos (que
nunca la publicaron) y a los corresponsales
extranjeros en Buenos Aires (por lo que, poco a
poco, fuera del país, se fue conociendo como su
escrito póstumo). Fue uno de los fundadores de
la agencia Prensa Latina en Cuba (allí logró
descifrar un cable noticioso, dirigido al
gobierno de Estados Unidos, en el que agentes de
la CIA en Guatemala rebelaban detalles de lo que
luego fuera el desembarco a Playa Girón) y de la
Agencia de Noticias Clandestina (ANCLA) en
Argentina. Una sucinta biografía y algunos
relatos de Walsh (entre ellos, la "Carta
abierta...") pueden encontrarse en www.literatura.org/walsh
7 Un relato pormenorizado de la
corrupción como herramienta política histórica
del sistema capitalista puede hallarse en
"Soborno: la trama pública", Revista
Probidad Nro. 11, noviembre-diciembre de 2000, en
www.probidad.org.sv
8 Publicado en el sitio de la Fundación
para un Nuevo Periodismo Iberoamericano, www.fnpi.org
9 "La libertad de hacer lo que se
debe: Los periodistas frente a los mecanismos de
cooptación", en "Le Monde
Diplomatique", edición Cono Sur, Buenos
Aires, Argentina, año II, número 16, octubre de
2000.
10 "Etica y contexto del periodismo
de investigación", Revista Probidad Nro. 7,
marzo-abril de 2000, en www.probidad.org.sv
11 Ver la "Carta..." completa en
www.literatura.org/walsh
12 Hay una teoría que esgrimen, "off
the record", muchos periodistas: la
sucesión de casos de corrupción, aunque
despojados de la trama, llevará a la sociedad a
encontrar por sí misma esa trama, a tomar
conciencia sin paternalismos sobre cuál es el
verdadero conflicto. Los hechos indican otra
cosa: la sucesión de casos de corrupción
despojados de la trama que los explica sólo ha
conducido al descrédito de la actividad
política. Esa sucesión de casos ha
criminalizado la política, la condujo a integrar
el concepto jurídico de asociación ilícita. El
poder económico se mantiene indemne, porque,
después de todo y no sin cierta lógica, la
sociedad sostiene que sus abusos son consecuencia
de la corrupción política. Lo que le falta a
esa lógica es la identificación del agente
corruptor (que sólo podría explicar si supongo
una excelente estrategia de marketing). Pero no
estoy hablando únicamente de Argentina. Dejó
escrito Gilles Lipovetsky en su libro "El
crepúsculo del deber", publicado en 1992:
"Todos podridos, todos corrompidos: ese
juicio poco agradable hacia los hombres
políticos está de moda en Francia. Lo notable
es que no está acompañado por un despertar de
la conciencia cívica, es más bien lo que
permite legitimar sin problemas la desafección
colectiva hacia la cosa pública".
*
Carlos A. Sortino
es periodista de la revista En Marcha (La
Plata, Argentina), docente de la cátedra
Periodismo de Investigación en la Facultad de
Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de
La Plata y miembro fundador
de la asociación civil sin fines de lucro Justicia sin Fronteras. Es colaborador de Sala de Prensa.
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