M É X I C O
Hacia
un régimen distinto
en las relaciones prensa-Estado
Rogelio
Hernández López *
Desde
la elección presidencial, en julio del 2000,
México respira vientos de cambio. Al iniciarse
mayo se cumplieron 150 días de un Poder
Ejecutivo federal de distinto origen político.
Pero el proceso de la transición democrática
parece demasiado lento y quedarse en un proyecto
de alternancia. En el ambiente político lo que
más impera son las buenas intenciones y el
activismo de Vicente Fox y sus nuevos mandones.
En materia de
comunicación social también predomina la misma
etapa de chapoleo, es decir de desbrozar caminos
sin que arraiguen los cambios profundos que la
sociedad movilizada ha exigido durante décadas.
Sin embargo, es
en este terreno, en el sistema nervioso de la
sociedad mexicana, donde se perciben más
claramente los indicios de cambio en las
voluntades de los interlocutores para modificar
el estado de cosas que el PRI-gobierno y los
empresarios de los medios de difusión masiva
construyeron para su conveniencia.
El motivo mayor
para estos cambios de actitud es la posible nueva
legislación.
Desde hace 23
años, cada que se habla de reglamentar el
artículo 6° constitucional ("el Derecho a
la Información será garantizado por el
Estado") el tema, que implica regular a los
medios de prensa, ha provocado climas de tensión
entre estos y el poder público formal.
Durante ese
tiempo, los periodistas o más específicamente,
los propietarios de los medios más poderosos y
sus informadores afines, han impuesto su
oposición a que existan normas jurídicas a su
ejercicio y además han impedido que fluya
públicamente el debate y que afloren la
críticas al comportamiento y la responsabilidad
del periodismo.
Pero, desde la
elección de un gobierno diferente aparecieron
aires de cambio en este territorio. Para los
observadores escrupulosos los datos aparecen
cotidianamente. Pero a los escépticos hay que
ofrecer dos microclimas (como fotografías) que
lo prueban.
El primero fue
entre agosto y septiembre del 2000, cuando
resurgió abiertamente el viejo tema de legislar,
por las escaramuzas que sostuvieron los
principales medios de prensa con varios actores
políticos simultáneamente, en especial contra
el equipo de Vicente Fox, ya entonces presidente
electo.
El segundo fue
entre febrero y marzo del 2001, cuando estas
escaramuzas ya no fueron de los políticos contra
los periodistas en general sino de los
empresarios de la radio y la televisión y los de
la prensa escrita, sin aparente coordinación,
que virtualmente doblegaron las intenciones del
gobierno foxista de tomar las primeras decisiones
de Estado en materia de comunicación social.
Ambos
microclimas dejaron varias estelas novedosas e
interesantes:
- En
septiembre se creó un clima público de
escrutinio a la prensa como no se había
visto en décadas.
- La
observación a los medios desde distintas
esferas no produjo confrontaciones
atroces --- por ejemplo, campañas de
mentiras desde los medios para
descalificar a los críticos-- como en
otras ocasiones.
- El clima de
septiembre hizo que el debate se abriera
un poco más y se reflejara en varios
medios importantes. Y para abril, la
observación y crítica a los medios,
desde los propios medios, parecía ya una
tendencia hacia la consolidación.
- En
septiembre sólo entre algunos medios
impresos se acudió a los viejos
prejuicios de que cualquier norma
legislativa implica afectar negativamente
la libertad de empresa. Es decir no hubo
campaña en contra.
- En cambio,
asomó una nueva disposición de la
poderosa Cámara Nacional de la Industria
de la Radio y la Televisión (CIRT) y
desde septiembre comenzó, incluso a
pedir pide que se legislara en la
materia.
- Desde
septiembre los dos grupos más
organizados de empresarios de la prensa
escrita también abandonaron su actitud
contraria a cualquier legislación y para
marzo, el de los 17 diarios mexicanos
vinculados a la Sociedad Interamericana
de Prensa (SIP) hasta propuso cuatro
leyes específicas en la materia.
- Resaltó
nuevamente la ausencia en el debate, de
uno o varios interlocutores de
periodistas organizados a pesar de que en
el país existen casi 200 organizaciones
gremiales o profesionales, pero ninguna
de alcance nacional o con influencia
notable en el gremio. Es el eslabón más
débil y con más retrasos de la cadena
productiva de la información de interés
público.
- Igualmente,
se mostraron también las debilidades del
poder público respecto de este tema:
- Que
en el gobierno de Ernesto Zedillo
Ponce de León, nunca hubo
interés, ni órganos de gobierno
con funcionarios capacitados,
para diseñar políticas
públicas que garantizaran el
libre flujo de la información
para la comunicación social y
mucho menos intenciones de
legislar. Fue así, porque
prevaleció su visión neoliberal
de suponer que este también es
un mercado que se autorregularía
y no previeron las graves
distorsiones en el régimen de
propiedad y en el virtual
secuestro y mal manejo de la
información por el
comercialismo.
- Que
esa debilidad amagaba con
ampliarse en el nuevo régimen,
porque en los primeros meses
después de la elección
presidencial, el equipo encargado
por Vicente Fox para los asuntos
de comunicación social tuvo
yerros muy notables en el flujo
de su información, además de
las carencias operativas que
enemistaron a muchos reporteros.
Eso y
otras cosas mostraron severas
limitaciones de gente capacitada y, en
consecuencia, de conceptos y políticas
de Estado también en esta materia. En el
fondo quedó la sensación de que en el
presidente electo y su equipo cercano
padecían de aislamiento en esta materia
y de una honda incomprensión sobre la
etapa, la fenomenología del periodismo y
de los medios de difusión masiva en el
México de fin de siglo.
Para
abril, algunas de las percepciones del
gobierno foxista en materia de
comunicación social se confirmaron,
especialmente de la carencia de personas
capacitadas y experimentadas en el ramo.
Donde hubo modificaciones y avances fue
en la visión y diseño de criterios para
una posible política de largo alcance
que han ido mostrando paulatinamente con
acciones, un tanto dispersas pero bien
asesoradas, para montar estructuras de
Estado y crear legislaciones pertinentes
y con suficiente consenso de los
interlocutores.
- Todo lo
anterior permitió además de visualizar
un escenario diferente para la
recomposición de las relaciones entre
los medios y el Estado, de otra ganancia
positiva; alimentar la escasa
epistemología del comportamiento de la
prensa porque:
- Se
sintetizaron los cambios más
recientes de la presencia,
composición e influencia de los
medios de difusión masiva donde
se incluyen los de prensa.
- Se
pudo evaluar mejor su ejercicio
periodístico
- Se
ajustaron algunos conceptos y
categorías para entender y
describir a los medios de prensa
y al sistema de información
masiva en México.
- Afloraron
los elementos del déficit que,
en materia del derecho a la
información, tiene la sociedad
mexicana.
- Y,
se pudieron identificar los
primeros mínimos legales que
muchos medios y profesionales
aceptarían para normar su
ejercicio.
Pero entre todas
las lecciones de septiembre y marzo, sobresalen
dos:
La visión y
acciones que mostraron el presidente electo y su
equipo, sobre el poder real de la prensa y de los
medios en particular, de la excesiva importancia
que tienen para que, sin importar el tipo de
régimen político que se establezca, los
vínculos y relaciones de los nuevos pactos
políticos estarán más permeados que nunca por
el factor más moderno e ineludible de la
democracias occidentales, la mediación poderosa
y casi irrebatible de la prensa. Hay autores que
definen a este nuevo rasgo como la democracia
mediática. Para ese poder, por lo menos lo
intuyen en el gobierno, se requieren también
reglas nuevas y relaciones diferentes, es decir
transparentes.
Por otro lado,
si bien ha sido muy importante, por novedosa, la
disposición de los empresarios para discutir la
posible reglamentación, mantienen su oposición
real a que ninguna de las nuevas normas acoten
sus espacios de obtención de utilidades
económicas y en cambio si demandan,
especialmente los de medios electrónicos que se
cambie la Ley Federal de Radio y Televisión para
que se desregule y liberarice más aún a esa
industria, que se deroguen aspectos que, según
ellos, les perjudican como el impuesto del 12.5
por ciento que pagan en especie y los avisos de
advertencia de anuncios y programas. Los de la
prensa escrita también demandaron leyes, para
imponer obligaciones al Estado y a los gobiernos
y protección a ciertos aspectos del ejercicio
periodístico y también rechazaron cualquier
nueva norma para sus obligaciones como empresas
de medios o para protección de sus públicos y
sus trabajadores. En suma, la nueva actitud de
los empresarios parecía la de aceptar nuevas
normas, pero que estas se apliquen, como diría
don Teofilito, en los bueyes de mi compadre.
Primera
crónica de escaramuzas saludables
Desde fines de
julio los periodistas comenzaron a ser tema
noticioso y de polémica en el ambiente político
mexicano.
Los primeros
agarrones fueron contra el equipo foxista y no
parecían más que hechos aislados. Surgieron
después de la gira de Vicente Fox, como presiden
electo hacia América del Norte. Uno de los dos
responsables de asuntos exteriores de entonces,
Jorge Castañeda, en su artículo de la revista
Proceso se refirió negativamente a los
reporteros que los acompañaron e implicó que no
eran los más preparados para abordar este tipo
de asuntos tan importantes.
Los comentarios
del intelectual de origen de izquierda molestaron
a muchos periodistas y comenzaron a responderle
en todos los foros y géneros, tanto en serio
como en una campaña de ironías donde se mofaban
de las recomendaciones de "El güerito"
de que deberían saber inglés y leer el New York
Times. En especial varios columnistas sacaron
parte de su historial profesional y le criticaron
acre y desmesuradamente porque asumieron un
fuerte menosprecio a la profesión.
Pero no paró
allí. Casi paralelamente a la campaña contra
Castañeda, algunos de los periodistas que se
sintieron "agraviados" comenzaron a
divulgar lo que su visión crítica confirmaba
todos los días en el equipo foxista, pero
especialmente en las oficinas de Reforma 607,
donde despachaban los personajes cercanos y que
después estarían en el gabinete de trabajo.
Los reporteros
refregaron en crónicas y reportajes las
contradicciones y fricciones entre los distintos
equipos del presidente electo, resaltaron la
desorganización, su falta de recursos, acusaron
que había excesos de control y de cerrazón en
materia informativa y hasta se pitorrearon de la
carpa de plástico blanco, con dos o tres
máquinas de escribir destartaladas, sin
teléfonos y con un par de letrinas como la
"gran sala de prensa" que instalaron
para ellos, como muestra, decían, del respeto y
la dignidad que ofrece el gobierno del cambio a
los informadores.
Entre
periodistas sabíamos que la apreciación de
Castañeda es objetiva, en muchos sentidos. A
buena parte de los empleadores no les preocupa la
capacitación permanente de quienes les sirven
todos los días. No obstante, nos sumamos a la
protesta, no sólo por gremialismo, sino porque
el asesor especial, debía entender y aceptar que
su rol personal como intelectual independiente y
libre en sus opiniones ya había cambiado y como
parte del equipo que gobernaría, sus criticas
deben acompañarse del contexto y de las
propuestas de remedio. Y no lo hizo. Uno de los
costos políticos de su desubicación, fue la
decisión de Fox y él mismo de "bajar su
perfil público" para no exponerlo. Esa
escaramuza, la ganaron los periodistas.
Una lección que
dejó tal escaramuza, fue de algo que tenemos
claro en el medio periodístico pero que muchos
políticos no entienden todavía, incluidos los
foxistas: estos agarrones seguirán porque son
permanentes. Son parte inevitable de la relación
entre periodistas y políticos. A ningún
reportero o columnista profesional le gusta que
lo traten como empleado. Y eso no sólo es por
dignidad sino porque el comportamiento
profesional de los periodistas debe ser
necesariamente autónomo y eso nos ubica casi
como adversarios. Los políticos, de cualquier
partido, tienen que profesionalizar también sus
criterios, conceptos y estilos de trabajo en
relación con la prensa pero en especial con la
comunicación social.
Los
climas de "histeria"
Posteriormente,
por las características actuales del trabajo que
se realiza en la prensa mexicana, singularmente
en la escrita, permitieron la divulgación de
varios asuntos de impacto que fueron detonantes
en la aparición de un clima de escrutinio
paralelo a los que esta crea, pero ahora contra
el propio ejercicio periodístico.
Primero fue la
revelación de las reporteras del diario Reforma,
Guadalupe Mercado y Mireya Olivas sobre el asunto
Cavallo, el argentino acusado de torturador que
fungía en México como Director General del
Registro Nacional de Vehículos.
Tal noticia
cobró espectacularidad porque el Renave ya
tenía su propio ambiente noticioso en la prensa,
es decir era un asunto de interés y de
trascendencia. Había ya, de por medio, un
conflicto político y social sin visos de
solución porque se cuestionaba el haberlo
entregado a particulares y al cobro elevado que
se imponía. Era un asunto nacional que crecía,
entre otras razones porque se oponían a él
varios gobernadores de oposición y del PRI y por
la jefa perredista del gobierno del Distrito
Federal. Cuando apareció la nota, el desenlace
del conflicto se hizo inminente y amagaba con el
descrédito a sus diseñadores y operadores.
Otras lección
de esos días sobre el clima político contrario
al Renave y a quienes estaban ligados, es que
indudablemente sí fue sobreestimulado por la
prensa por tratarlo casi todos los días, desde
distintos ángulos informativos y de comentarios
que aparecían en los sitios más sobresalientes.
Y esa sobreestimulación de los conflictos o de
los temas difíciles de la política mexicana es
inevitable en las condiciones actuales de la
prensa que opera con mucha autonomía, busca y
acepta filtraciones de todo tipo, investiga, que
realiza un escrutinio casi feroz de la cosa
pública.
No será el
primer asunto que derive en esos resultados,
porque si es noticia dura y trascendente, es una
mercancía vendedora que se aprovecha hasta el
infinito, y si así actúa la mayoría de los
medios de prensa. Y cualquier asunto así
tratado, por su cuantía y persistencia cotidiana
es sujeto potencial de climas adversos como el
que envolvía al Renave.
Otro
clima pero en espejo cóncavo
Después
ocurrió el suicidio, insuficientemente aclarado,
del subsecretario de Comercio, responsable
directo de la autorización del Renave, Raúl
Ramos Tercero quien, entre sus cartas póstumas
asentó que le pesaba demasiado "el clima de
histeria que se ha generado", que no estaba
dispuesto a enfrentar el futuro descrédito. Y
claramente inducía que una parte de las causas
de su fin corporal era el comportamiento
irresponsable de la prensa: "¿Y ustedes
ante quien responden?... mi sueño sería que los
medios sean responsables ante la ley como somos
todos".
Entonces, el
escrutador comenzó a ser escrutado como nunca en
México. Se levantó un clima similar a los que
fomentan los periodistas pero en forma de espejo,
en el que se miraron según la objetividad de
cada cual.
El sacudimiento
fue general. Ramos Tercero había escrito otra
carta para Javier Corral Jurado, que como
diputado del Partido Acción Nacional en la
anterior legislatura, había encabezado el
intento más serio de reglamentación del Derecho
a la Información y que fue obligado a retirarse
del tema por la campaña basada en mentiras de
los medios principales, que así demostraron su
poderío de entonces.
Asomó
la autocrítica
Con la misiva al
ahora senador, entre los periodistas menudearon,
primero las muestras de rechazo a los reproches,
más por instinto, pero luego comenzó a
mostrarse una actitud autocrítica. En el fondo,
comenzó a reinstalarse el viejo temor a que se
trataran de imponer controles en el nuevo
gobierno.
Las posiciones
fueron tan diversas como opiniones pueden tener
los medios y sus columnistas. Los editoriales de
la mayoría de los diarios capitalinos fueron
totalmente defensivos. El de El Universal
el diario político con mayor circulación
nacional-- fue el prototipo. Por otro lado, Jorge
Fernández Menéndez, en el novedoso nuevo diario
Milenio, interpretó que el reclamo a los medios
era a futuro "por los ataque que le irían a
hacer". José Fonseca del conservador El
Heraldo de México aceptó que los medios si
están obligados a "realizar un profundo
examen de conciencia". Miguel Ángel
Granados Chapa en el influyente diario Reforma
aseveró que la interpelación de Ramos Tercero
"nos remite a una cuestión de fondo la de
lograr el equilibrio dinámico entre el
escrutinio penetrante y el respeto a las
personas" porque, argumentó el columnista
"ciertamente es vitanda la costumbre
periodística de poner en jaque o destruir
reputaciones o de exagerar hasta la nausea lo que
es reprobable". En el diario centro
izquierdista La Jornada, Julio Hernández López,
uno de los columnistas más leídos quien ha
mostrado simpatías abiertas porque se
reglamenten las obligaciones de la prensa ese
día, reactivamente desestimó las acusaciones
del fallecido subsecretario porque en la tarea
periodística del caso Renave "no puede
haber pecado o culpa alguna". Carlos
Ramírez en El Universal coincidió con
Fernández Menéndez porque "en las cartas
se advierte un temor por el acercamiento de los
medios a problemas mayores de licitación. Sergio
Sarmiento en Reforma asumió que el caso de Ramos
Tercero "nos obliga a los periodistas a una
reflexión ética, pero defendió la labor
desarrollada porque "un periodista que
atiende a las repercusiones para decidir si va a
publicar una nota se convierte en un
propagandista". Ernesto Villanueva,
académico especializado en legislación de
medios, escribió en La Jornada que el deceso
"no debería ser ocasión para satanizar la
importante contribución de los medios, conminó
a la reflexión profunda sin posturas
fundamentalistas y propuso reflexionar sobre los
mínimos que se pueden reglamentar ahora.
A pesar de los
contrastes de todas estas opiniones, predominó
la actitud defensiva. Pero también asomó otra
muy necesaria.
Caso especial de
las reacciones en los medios fue el de apertura
ejemplificante que tuvo Milenio diario ante el
hecho. El mismo 8 de septiembre, publicó
reacciones diversas a las cartas acusatorias de
Ramos Tercero; una nota específica de los
comentarios que hizo el Senador Javier Corral,
destacando su reflexión de que es "urgente
contar con un ombusdman de los medios"; la
columna de Fernández Menéndez sobre el tema; la
colaboración semanal del muy oido periodista
radiofónico, José Cárdenas donde defendió que
no de debe "replantear el papel, los medios
tienen que responder ante los públicos y a sí
mismos"; una crónica que firmó Laura
Martínez desde New York refiriendo el caso del
almirante estadounidense, Jeremy Borda que se
suicidó porque la prensa le investigaba sobre el
origen dudoso de una condecoración que había
recibido. Y además de todo ello, el diario
publicó una aportación académica de Raymundo
Riva Palacio, su director, sobre el tema de lo
público y lo privado entre los periodistas con
un código de prácticas que él propone para el
gremio.
El deceso y las
cartas de Ramos Tercero, desataron con mayor
fuerza ese otro clima de escrutinio, pero ahora
al propio periodismo. Las rencillas de Fox y su
equipo con los periodistas se sumaron al
ambiente. Julio Hernández López y Carlos
Ramírez, sin decirlo con precisión
interpretaron en sus siguientes columnas que se
levantó tal clima porque el terreno o la
atmósfera general de incredulidad que vive el
país contra los políticos también alcanza a la
prensa cuando se crean estos climas. Una de las
críticas más punzantes a la prensa fue la del
intelectual Héctor Aguilar Camín en la revista
Proceso, donde refería una nota supuestamente
mentirosa en Bucareli 8 de El Universal que le
afectaba y que la hacía concluir que
efectivamente hay un comportamiento sin reglas ni
normas "entre los buenos (periodistas)
están los desalmados. Si hay impunidad. Nada
acota a ese poder. Los códigos de ética no se
aplicarán. Es una anomalía predemocrática,
escribió el intelectual.
En tres días el
clima creció. Las reacciones de los periodistas
se fueron diferenciando todavía más. Todos
percibían bien el medio ambiente. Unos aceptaban
la improfesionalidad, el mercantilismo en la
información, el poderío excesivo de los medios,
otros advertían que se trataba de una
confrontación violenta.
Muestras de
ambas posiciones fueron las columnas Astillero de
Julio Hernández López en la Jornada y
Estrictamente Personal de Raymundo Riva Palacio
en Milenio diario.
El tema
escribió Julio corrigiendo su posición de
tres días antes-- merece reflexión profunda,
más allá de los incidentes sangrientos
relacionados con las ráfagas epistolares de
Ramos Tercero, de la impericia y tozudez del
equipo de Fox y de las desidias de fin de sexenio
de Zedillo (quien, por cierto, se tomó libre el
fin de semana en Nueva York mientras que su
equipo de prensa hizo todo lo posible para no
ayudar a los periodistas). En el marco de la
transición democrática mexicana (sea esto lo
que sea, vaya en el grado que vaya), es
totalmente imprescindible la modernización de la
actividad de los medios y su sujeción a leyes
claras y justas.
La voracidad
mediática subtituló su siguiente
párrafo-- En efecto, la sociedad mexicana está
inerme ante algunos de los abusos y excesos del
poder de los medios. Suelen darse casos en los
que fama, honra y dignidad de los ciudadanos son
avasalladas por la voracidad mediática. Dada la
premura con la que se realiza en lo cotidiano la
labor periodística, y los naturales márgenes de
error que toda actividad tiene, podría
entenderse la comisión de errores e injusticias.
Pero no es ese el punto grave, sino la reticencia
empedernida de medios y periodistas a reconocer
tales equívocos, y la vocación autoritaria de
zarandear aún más a quienes llegan a quejarse o
protestar, para que con ese ejemplo zaherido no
haya más muestras de insubordinación ciudadana
ante la prensa.
Responsables
¿ante quién o quiénes? ---preguntó para
responderse--- Bajo tales condiciones de
minusvalía, los mexicanos han aprendido a
retraer sus derechos en relación con los medios.
Todo político o funcionario sabe que resulta
más costoso, en términos de imagen pública,
entablar un litigio con un periodista o un medio
que, en todo caso, dejar pasar el agravio o la
falsedad. Lástima que Ramos Tercero lo haya
escrito (por sí o por inducción) y por tanto le
haya inoculado el virus del desprestigio, pero
ciertamente, ¿ante quién respondemos los medios
y los periodistas por nuestros errores?, ¿cuál
es nuestra responsabilidad? ¿Ante qué autoridad
respetable e imparcial se puede recurrir cuando
se es víctima de un abuso periodístico?
En contraste,
Riva Palacio interpretó el clima un tanto
diferente en su columna que tituló "El
Choque viene".
La carta
póstuma que dejó el subsecretario de Comercio
Raúl Ramos Tercero a Alejandro Junco,
propietario de Reforma , --juzgó Riva Palacio--
no podía haber llegado en el mejor momento. Con
el terrible contexto de su muerte y
responsabilizando de ella, en primera instancia a
Reforma, y después a los medios de comunicación
en general, la exacerbación creciente con la
prensa se ha convertido en una confrontación
violenta. Las partes están polarizadas. Medios y
poderes públicos están enconadamente
enfrentados y los dos tienen su parte de razón,
aunque parafraseando a George Orwell, unos más
que otros.
Tratar ahora de
aprovechar la lamentable muerte del subsecretario
para darle un sentido práctico al suicidio, es
querer matar al mensajero. Los medios no son
agentes políticos sino intermediarios que han
estado actuando crecientemente en la política al
asumir su papel de vigilantes en un régimen que
se ha ido abriendo al escrutinio público, en el
tránsito del autoritarismo a la democracia. Su
influyente papel obedece, sobretodo, a la crisis
de las instituciones y a la pérdida de
credibilidad en el discurso político, llevando
precisamente a los políticos a utilizar los
medios como vehículos de comunicación y
trasladar a ellos la esfera pública del debate.
Los medios han crecido en la medida en que la
política, actores e instituciones se han ido
achicando. Si los pilares del Estado tuvieran una
biografía como poderes independientes del
Ejecutivo y hubieran jugado el papel que les
corresponde en el Estado, los medios no estarían
por encima de ellos, como a veces parece que
sucede, sino se limitaría a ser su vaso
comunicante, donde el protagonismo nunca
recaería en los medios.
Riva Palacio,
notablemente exaltado se excedió en su
valoración y en la defensa del poder de los
medios y su actuación, sin embargo aceptó que
deberían revisarse. Dijo: Naturalmente que la
distancia crítica que han asumido los medios
sobre la política y los políticos, no ha
gustado. Todavía se quiere a una prensa abyecta
y subordinada, aunque quien lo exija haya
cambiado de color o de partido. Eso no puede ni
debe ser. Si bien los medios tienen todavía un
largo camino hacia la autorregulación y a
terminar de aprender a manejarse en un sistema
democrático, también sus interlocutores tienen
que detenerse en su carrera a reflexionar sobre
su papel y comportamiento, donde quizás se
darían cuenta que aquello que más critican en
los medios, es de donde principalmente cojean.
Más
temperatura al clima
Paralelo al
debate que comenzaba a abrirse, los periodistas
parecieron poner más enjundia en tu actitud de
escudriñar a los focos de poder. Ninguno de los
medios que impulsan la investigación dejó de
publicar temas difíciles tanto en los estados
como en la llamada prensa nacional. Hubo
materiales demasiado memorables o punzantes para
ciertos focos de la política. Carlos Marín en
Milenio diario abrió otro flanco con una amplia
investigación sobre el ejército y sus
afectaciones por el narcotráfico; Daniel Moreno
de Reforma exhibió que el equipo foxista cobraba
salarios equivalentes a los que se pagan en la
administración pública a pesar de que todavía
no se habían instalado en el nuevo gobierno;
Miguel Badillo, en El Universal, divulgó que
Vicente Fox era espiado telefónicamente desde la
campaña electoral y lo probó con la
trascripción de varias conversaciones del
presidente electo que éste aceptó como
verdaderas.
La
riña con Fox ya estaba desatada
En ese ambiente,
los periodistas investigadores y sus medios
siguieron siendo tema de conversación en los
corrillos políticos, pero la prensa en general
comenzó a ser analizada y criticada desde
distintos flancos: en la academia, en las
cámaras, en las fuerzas armadas, en el clero.
Gran parte de ello se reflejó en la prensa misma
como muestra de su actitud abierta y
autocrítica. Pero con Fox, se inició la segunda
bronca.
Desde el punto
más importante, en el del siguiente gobierno
sexenal, Vicente Fox, primero en conferencia de
prensa, trató de encubrir su molestia por los
temas de los salarios y el espionaje, pero
remilgó contra los diarios y sus reporteros, les
pidió dar sus fuentes; días después desde su
"descanso dominical en Guanajuato volvió a
recriminarles por un programa de radio de
"hacer una tormenta en un vaso de agua"
con el asunto de los salarios de sus
colaboradores, mientras que a algunos columnistas
y analistas los criticó por buscar "poner
piedritas en el camino y buscar
desacreditar" a la próxima administración.
Reporteros,
columnistas, conductores de noticieros en radio y
eventualmente los de televisión en mil formas
defendían su derecho y obligación de escrutar
al poder público sin que por ello tengan que ser
sancionados.
Pero el clima
crecía. Los señalamientos a los
"excesos" de la prensa mejor
organizados abiertos y críticos fueron de los
académicos en el Instituto de Investigaciones
Jurídicas de la UNAM y del episcopado mexicano.
El
debate en la academia
Del 18 al 22 de
septiembre se realizó un encuentro académico
que, pesar de estar preparado con mucha
anticipación, se dedicó como interlocutor para
el debate, el Coloquio Internacional, Derecho a
la Información y Derechos Humanos. La
participación de los investigadores académicos
se extendió a la Universidad Iberoamericana
hasta el día 23.
Este sector, el
académico, en lo general ha sido apoyador de la
reglamentación del derecho a la información y
de imponer ciertos controles a los excesos que
cometen los medios.
Allí el jurista
Diego Valadés acusó que los medios de prensa
cuentan con instrumentos altamente intrusivos de
la vida privada de las personas.
Francisco
Bastida, constitucionalista de la Universidad de
Oviedo, España ubicó que la Liberalización de
la información, en realidad significó la
privatización, con la formación de oligopolios
en los medios y que ese es el nuevo obstáculo de
la información que impide la formación libre de
opinión pública y el desarrollo de otros medios
alternativos.
Javier Corral
ahora Senador, y José Carreño Carlón ex
coordinador de Comunicación Social de Carlos
Salinas de Gortari-- reiteraron en complemento
que la democracia es ficción cuando se incauta
ese derecho para la sociedad y no se le concede
garantías.
Jorge Carpizo,
ex rector de la UNAM, ex presidente de la
Comisión de Derechos Humanos, ex Secretario de
Gobernación y esxProcurador, junto al periodista
Julián Andrade y el especialista Marc Carrillo
de la Universidad de Barcelona España, remataron
en el último día del coloquio que los medios
deben gozar de amplias garantías pero deben
tener limites y a cambio defendieron los derechos
de los periodistas del secreto profesional y de
cláusula de conciencia.
Un día después
de ese coloquio, durante su conferencia en la
UIA, Marcelo Dascal, catedrático de la
Universidad de Tel Aviv interpretó bien que la
prensa se mueve entre dos imágenes de sí misma:
Una, de objetividad, de reflejar y no influir en
la realidad y la otra, en la que tienen e imponen
su propia agenda y "construyen su
realidad".
Precisó que,
según experiencias de otros países, la
legislación para los medios debe ser mínima:
procurar la libertad de la información, impedir
la existencia de monopolios en los medios e
imponer fuertes sanciones a la difamación.
Las exposiciones
de los académicos, fueron desplegadas en
Excélsior y en la Crónica de Hoy pero los otros
diarios no les hicieron el vacío total, como
solían cuando se enjuiciaba su comportamiento.
La radio y la televisión, para no variar,
estuvieron prácticamente ausentes porque
paulatinamente van perdiendo la iniciativa
periodística y sólo siguen y agrandan los temas
que les gustan y venden originados en la prensa
escrita.
El
episcopado
El 23 de
septiembre, durante el Jubileo de los
Comunicadores, realizado en la diócesis de
Ecatepec, el obispo Onésimo Zepeda indicó
de acuerdo con la nota de Crónica-- que se
deben de adecuar a los autores de los medios, ya
que existe una crisis de amarillismo en la
información. "No hace falta una ley
mordaza, pero sí se debe informar con la verdad,
al informar mal, se perjudica con la mentira y la
mentira divide y solamente se puede cambiar en la
medida de que ustedes,-los medios de
comunicación-participen".
El prelado
manifestó que en los medios de comunicación se
debe crear un código ético con el fin de que no
se viole la vida privada de las personas
públicas, ya que se cae en un libertinaje de la
información. Onésimo Cepeda pidió a los
comunicadores que no se vendieran ni rentaran su
libertad por conservar su empleo, ya que al
aceptar el dinero por parte de alguna dependencia
o funcionario se pierde la libertad de decir la
verdad.
El
"cambio" de la CIRT
El clima siguió
estimulándose por otras participaciones y
además comenzó a corregir antiguas posiciones.
Eso se percibió
con precisión el 27 de septiembre, cuando la
Cámara de la Industria de la Radió y la
Televisión, anuncio que aceptaba que se
reglamente y que participaría en la discusión
formal que organizara el Congreso de la Unión.
El razonamiento
y la táctica de los empresarios de los medios
electrónicos fueron clarísimos. Advirtieron que
las condiciones políticas del país han
cambiado, que la atmósfera general de
incredulidad ha disminuido poco y está afectando
al mercado de la información, que está
creciendo el clima de debate sobre las
obligaciones deontológicas para el manejo de la
información. En ese marco decidieron entonces
cambiar su papel de opositor franco a la posible
reglamentación pero calculando que sumándose a
la discusión, con todo su peso, que es el mayor
en la comunicación social, sacarán ventajas
importantes aunque éstas se opongan al bienestar
social. Una de las notas periodísticas que
reflejaron su decisión, no tiene desperdicio.
Hay que leerla con extremo cuidado. Se publicó
en la primera plana de Excélsior.
Acepta
la CIRT que se Legisle Sobre Derecho a la
Información
Garantizar
el Desarrollo, Pide
ALBERTO
NAVARRETE
Los
concesionarios de radio y televisión
aceptaron la propuesta panista de legislar en
materia de derecho a la información, siempre
que la iniciativa se dirija a garantizar el
desarrollo de los medios de comunicación y
coadyuve a derribar obstáculos.
De la
administración de Vicente Fox los
propietarios de medios electrónicos esperan
políticas promotoras y, en particular,
adelantaron que negociarán la disminución
de los tiempos oficiales gratuitos
(actualmente de 12.5%) que por ley otorgan al
gobierno.
Además,
desean que se supriman las "leyendas
precautorias" -aquellas impuestas por la
Secretaría de Salud en los anuncios de
tabaco y bebidas alcohólicas,
principalmente- que atentan contra el
patrimonio de los anunciantes, indicaron
Eugenio Bernal, presidente de la Asociación
de Radiodifusores del Valle de México, y
Eduardo Sánchez, asesor de la presidencia de
la CIRT.
Al
presentar el programa de trabajos de la
Semana Nacional de la Radio y Televisión,
que incluirá la participación tanto del
Presidente Ernesto Zedillo y funcionarios de
su gabinete, como de miembros del equipo de
transición del Presidente Electo, Eduardo
Sánchez planteó que, ahora que nuevamente
se pone sobre la mesa el proyecto para
reglamentar la información, "queremos
entrar al debate".
Y en ese
sentido, mencionó que las modificaciones
deben abarcar incluso otras normas, como la
que desde hace 40 años establece a los
concesionarios de radio y televisión la
obligación de ceder al gobierno 12.5% de sus
tiempos de programación, prerrogativa que
Eduardo Sánchez calificó como un
"impuesto confiscatorio".
Bernal,
quien además encabeza a la división radio
de Televisa -la misma que hace apenas unos
días anunció su fusión con Grupo ACIR-,
rechazó la aparente concentración de
concesiones de radio y televisión en pocas
manos, al señalar que hay en el primer caso
más de 1,400 concesionarios en todo el
país.
Por lo
mismo, consideró que nada hay de malo en los
procesos de fusión o alianzas entre grupos;
por el contrario, representa el signo de los
tiempos a nivel mundial, como una de las
estrategias corporativas para hacer frente a
los retos de la globalización.
Eduardo
Sánchez asistió a la rueda de prensa en
representación del presidente de la Cámara
Nacional de la Industria de Radio y
Televisión (CIRT), Adrián Vargas Guajardo,
quien -se señaló- no pudo asistir por
enfermedad.
Segunda
crónica: tres activistas en campaña
A principios de
marzo del 2001 eran percibidas con mucha
claridad, tres campañas político-mediáticas de
largo alcance. Luego de las prolongadas campañas
electorales por la Presidencia de la República y
de los primeros cien días del gobierno que
acabó con el régimen anterior, ya nadie duda en
México que el escenario mediático se ha
consolidado en México como el territorio
privilegiado de las contiendas políticas.
Vicente Fox ganador de las elecciones federal
gracias a lo que algunos llaman la mediocracia,
ya como presidente se convirtió en el activista
más singular del país, que no quiere menguar su
alta presencia en el escenario de los medios.
Marcos y el EZLN, gracias a ese activismo
presidencial y a los vacíos que generó la
lentitud del aparato político de la alternancia,
decidieron realizar su campaña
político-militar-mediática más exitosa desde
1994. Y, los empresarios de los medios de
comunicación, desde dos flancos, desataron su
capacidad de activismo, que antes sólo había
asomado, para realizar una campaña definitoria
de leyes que les redituó en una victoria
temporal.
Esos tres
actores se trocaron en guerreros, en el sentido
más filosófico del termino. Los clásicos
impusieron la tesis de que la guerra es la
prolongación violenta de la confrontación
política. Y el arte de la guerra ha permeado a
generaciones de políticos así como a las
categorías y adjetivaciones de la acción
política pacífica. Así, por ejemplo, las
campañas en política o bélicas significan
ofensivas guerreras sean militares o políticas.
Y sus estrategias tienen como objetivo principal,
aprovechar un escenario o terreno específico,
para vencer al adversario y, para vencerlo hay
muchas formas: convencerlo, anularlo, desarmarlo
o matarlo. Algunas campañas, son defensivas para
impedir que el adversario avance y se imponga.
Esas tres
campañas, dentro del tierno nuevo régimen de
México, sacudieron casi diariamente al país
durante el 20001. Fueron las muestras, acaso más
significativas, del cambio que ocurre en la
política mexicana y sus formas de hacerla que
desbordaron los métodos avejentados de analizar
y rebasan al conservadurismo de muchos
observadores "científicos" que se
suponen de avanzada. El lenguaje, los estilos y
los cálculos de los tiempos para la acción
cambian aceleradamente en la política mexicana,
y aunque por sí no anuncian transformaciones
profundas, si son como el preludio de
modificaciones sensibles a la infraestructura de
relaciones entre todos los actores nacionales.
La
marcha del EZLN
Durante febrero
y marzo del 2001, el tema que más espacios y
tiempo ocupó en los medios fue el de la marcha
zapatista. Por su trascendencia y, por supuesto,
el carácter vendedor, atrajo a todos los medios
y como ganancia adicional esa cobertura
extraordinaria permitió observar y analizar su
comportamiento general y sus posiciones
políticas. Hubo medios periodísticos no
especializados, como Milenio y Crónica que
dedicaron parte de sus espacios al análisis de
los otros medios.
Es decir para
estos meses, la actitud de escrutinio a la prensa
pareció conformarse en una tendencia
autocrítica permanente. Para que esto pudiera
ocurrir debe señalarse que desde mucho antes ya
se habían desplegado varios esfuerzos en ese
sentido de publicaciones especializadas como
Media Comunicación, Etcétera, Zócalo, Revista
Mexicana de la Comunicación y en los trabajos
eventuales que insertan publicaciones políticas
como Proceso, La Crónica de Hoy y Milenio
Diario, más destacadamente.
De la cobertura
a la marcha zapatista hubo demostraciones de
algunos cambios que se registran en los medios de
prensa. Sin duda, más notables fueron los
contrastes del profesionalismo en el tamaño de
los medios, los mayores de la prensa escrita
comisionaron a más personas y equipos y,
obviamente lucieron más. Pero todos dejaron ver
su posición política respecto de la marcha y
sus contenidos. La Jornada siguen siendo el
recipiendario mayor y favorable de las causas del
EZLN. En Televisión destacaron la cobertura y
tratamiento profesional de MVS, Canal 40 y la
inserción en temas político de Canal 22, con
Pepe Cárdenas. Los tres son de señal
restringida. En las televisoras comerciales
fueron muy señalados "el oportunismo"
de promover un festival por la paz y el
achicamiento del tema en sus noticiarios hasta
que se produjo la presencia de los comandantes
indígenas en el salón de sesiones de la Cámara
de Diputados.
La
de Vicente Fox (Comunicar es gobernar)
Una de las
premisas que acuñó temprano Vicente Fox
Quesada, el político-ranchero-mediático, fue
que "gobernar es comunicar" (y usar a
los medios para ganar, aunque no lo declaré
formalmente).
En sus primeros
cien días como Presidente que quiere ser
diferente, se confirmó como un activista febril,
con un amplio y moderno concepto de la
comunicación moderna.
A ese Fox,
Presidente activista, no le gusta esperar la
institucionalización de sus decisiones, se
adelanta, corre, se tropieza, se desboca y deja
atrás hasta a sus equipos más cercanos.
Pero en
comunicación social si tiene claridad y decidió
permanecer en campaña y "jalar" a sus
equipos de trabajo.
También por
ellos, al concluir la campaña zapatista en la
tribuna de la Cámara de Diputados, en lo general
hubo aceptación y apoyo tácitos a la actitud
del Presidente Fox de dar todas las garantías a
la marcha y justificar sus razones de fondo. Al
final se concluyó que esa batalla mediática la
había ganado Fox "arriesgando hasta mi
puesto", aunque no se hubiera reunido en ese
ciclo con los insurgentes. Igualmente hubo
convergencia en reflejar el crecimiento de apoyo
social que ha ido consiguiendo el grupo de los 24
mandones del movimiento indígena y en especial
las habilidades comunicativas del subcomandante
Marcos.
Con la marcha,
por si hiciera falta se reconfirmó la
importancia que tiene, para el quehacer político
nacional, el escenario mediático y cómo
aprendió a estar en él e influirlo Vicente Fox
desde candidato hasta presidente. José Luis
Reyna, el investigador del colegio de México, en
una colaboración periodística de esos días
sostuvo que "los mensajes de fondo y forma,
de los interlocutores, expuestos tan abiertamente
están provocando profundos reacomodos en las
relaciones políticas y las instituciones como el
sistema de partidos".
Centralizar
y atrofiar
Para marzo ya
eran claras las concepciones del gobierno foxista
en materia de medios.
Lo primero era
hacer sentir a través de la imagen, la palabra y
el activismo foxista bien reflejado en los
medios, que se estaba frente a un gobierno
diferente. Se cambiaron logotipos, estilos,
esquemas. Al principio daban la impresión que
sólo les preocupaba la forma. Percepción que se
agrandó, en los hechos, con la división de las
tareas de comunicación social y sus responsables
en tres focos: el manejo cotidiano de los asuntos
de prensa y la relación con los medios se dejó
a cargo de un equipo superior a las 200 personas
al mando de Martha Sahagún en la presidencia de
la República. Los asuntos de imagen, opinión
pública e instrumentación de campañas
institucionales de gobierno en Guillermo Ortiz,
también en la Presidencia. La tercera oficina,
con un perfil de imagen prensa más bajo, poco a
poco mostró que en el gobierno foxista si había
más claridad en los asuntos de comunicación
social, como necesidades de la transición
democrática, fue en la Secretaría de
Gobernación y directamente en su Subsecretaría
de Comunicación Social al mando de José Luis
Durán Reveles.
Y al cumplirse
los cien días de gobierno, contra lo opinión de
algunos observadores serios quedó claro que el
gobierno Fox ha definido bien su estrategia de
incidir en esos dos niveles, con dos planes
paralelos y con tiempos bien identificados: para
los cotidiano, realizar simultáneamente
comunicación directa e indirecta (en medios)
desde la presidencia, y para el mediano plazo ir
transformando paulatinamente el régimen legal
del sistema de la información de interés
público desde la Secretaría de Gobernación.
Su visión e
instrucciones para la comunicación directa es
que ésta debe ser permanente, personalizada, de
mano, en reuniones cerradas o actos masivos como
él lo acostumbra desde candidato y así instruye
que lo hagan sus secretarios y auxiliares más
cercanos, aunque de estos muy pocos demostraron
poder hacerlo en los primeros meses de gobierno y
la información oficial padeció muchas atrofias.
Para lo
cotidiano, estableció dos medidas en el estilo
de gobierno y los instrumentos básicos para
realizarlos: diferenciar la imagen mediática del
nuevo gobierno con respecto al anterior e
informar, a los medios lo más profusamente. Todo
para no disminuir la popularidad ganada en su
tránsito de candidato a presidente. Ese móvil
personal, que explica su activismo, tiene su
traducción en esas dos medidas de gobierno.
El instrumento
operativo para lo cotidiano como se sabe--
fue fijado en una vocería en la Presidencia,
instancia gubernamental que ha intentado marcar
las pautas y tiempos para el resto del aparato
presidencial mediante oficios, instructivos,
prohibiciones y concentrando la información
principal de las dependencias en la oficina de la
vocería. Mas, para lograr la efectividad de ese
instrumento no fueron suficientes cien días y en
cambio fueron muy criticados los trompicones y
pifias propias de la novatez de concepciones y
equipos para esta operación.
Lo más
criticable del diseño centralizador desde la
presidencia es que el gobierno de Vicente Fox
demostró que no pudo eludir la tentación
centralizadora de la información de interés
público. Sus técnicas, tácticas y estilos
hasta abril eran muy parecidos a los gobierno del
PRI excepto en la figura del vocero presidencial.
Incluso se armaron calendarios para reuniones
sistemáticas con los "líderes de opinión
pública" (columnistas, conductores
estelares de noticiarios y directivos de medios
por separado) para lograr impactos mayores que
otros supuestamente seguirían.
Pero esa
centralización tendrá que ser cambiada, porque
los primeros resultados negativos que produjo
fueron atrofias en la circulación de la
información gubernamental, un tanto porque en
las oficinas de prensa de la secretarías y
dependencias predominaban inexpertos pero
principalmente porque casi se les prohibía
emitir informaciones que no fueran autorizadas.
Lo que derivó en embotellamientos y saturación
de asuntos en Los Pinos y enojo de periodistas y
medios que antes habían conseguido otras
informaciones en distintos puntos
gubernamentales.
Las
intenciones legisladoras
Para las
políticas de largo alcance, Vicente Fox Quesada,
contra lo que algunos aseguran, si ha definido
modificar, a fondo, el asiento jurídico de los
medios masivos de información, incluidos los del
Estado, calculando que ésta es una tarea para el
mediano y largo plazos. Sobre el sentido que
tendrán estos cambios se ha producido mucho
nerviosismo e incluso activismo entre algunos
actores de la comunicación social.
Para ello
también eligió un instrumento que ya existía
dentro de la Secretaría de Gobernación, pero lo
circunscribió a lo normativo y a la negociación
política de fondo.
Santiago Creel y
José Luis Durán Reveles fueron armando una
agenda con decisiones y temas vinculados a la
reforma de los medios del gobierno y a la
definición paulatina de políticas e
instrumentos de Estado:
El responsable
de esta agenda, José Luis Durán Reveles,
subsecretario de Comunicación social, comenzó
rápidamente su labor trasladando el dominio del
Instituto Mexicano de la Radio a la Secretaría
de Educación Pública, como estaba Radio
Educación. Luego decidieron casi refrendar las
reglas del gasto en publicidad que había
heredado del gobierno anterior, un poco porque
les ganaban las fechas para hacerlo y un mucho
para medir las reacciones de los beneficiados o
afectados, su plan es hacer una ley con mayor
alcance en ese tipo de gasto gubernamental; ellos
decidieron aplicar encuestas que indicaran los
temas maduros para legislarse, se arrimaron
asesores expertos en los temas, hicieron una
primera ronda de platicas con los interlocutores
más notables y conformaron que había
"cierta madurez para legislar",
aplicaron la táctica de apoyarse en el Congreso
de la Unión, con ayuda del senador Javier
Corral, para que el Senado recomendara la
aplicación de la ley en el caso de la rebeldía
de las televisoras comerciales para retirar de
los horarios estelares los llamados Talk Shows,
mandaron hacer estudios de prospectiva en casos
de temas conflictivos como dar garantías a la
prensa escrita en materia de información
pública y protección a alguno de sus derechos,
pero obligándolos a la autorregulación o como
reformar las concesiones en materia de radio y
televisión y, entre otras cosas, decidieron
también crear el primer órgano de Estado en la
materia: el consejo de Radio, Televisión y
Cinematografía, como órgano tripartiita con un
consejo asesor de expertos para regular las
actividades en estas ramas.
Pero los
interlocutores principales, o sea los empresarios
de la prensa escrita y los medios electrónicos,
se enteraron y se produjo otra escaramuza y otro
miniclima de debate del que Proceso hizo una
amplia crónica que remató con opiniones de
expertos.
Un
paso atrás
"Cuando la
mañana del miércoles 7 de febrero el secretario
de Gobernación, Santiago Creel, anunció que el
lunes siguiente (12 también) se instalaría el
Consejo Nacional de Radio y Televisión, en una
ceremonia prevista en la residencia presidencial
de Los Pinos, se anticipó que por fin se daría
vigencia plena a la ley en esa materia. Pero tras
una comida de los concesionarios de radio y
televisión con el presidente Vicente Fox, la
tarde de ese mismo día en Los Pinos, la
decisión del gobierno federal cambió. Y la ley
sigue sin cumplirse.
"En vez de
la instalación de ese Consejo, órgano rector
del Estado
el gobierno federal,
"felicitó" la creación del Consejo de
Autorregulación de la Cámara de la Industria de
la Radio y la Televisión (CIRT)
De los análisis
presentados en esa misma revista, Beatriz Solís
y Ernesto Villanueva coincidieron en la tesis que
la deontología no sustituye a la ley, cuando
mucho permite más credibilidad, pero no
garantiza la responsabilidad social. Además de
ellos, otros analistas dieron la victoria a la
CIRT. Con igual o peor contundencia, Miguel
Ángel Granados Chapa,("Plaza
Pública", Ref. 15:) comentó Fox prefirió
el punto de vista de Joaquín Vargas que el de su
Secretario de Gobernación.
Otro
adelante
La CIRT, con su
reticencia a que se formara el Consejo Nacional y
al anunciar el suyo de autorregulación,
demostró su poder y exhibió exceso de
tolerancia o debilidad del gobierno federal.
Por su parte, la
SIP amparada en México en 17 diarios mexicanos,
encabezados por El Universal, por esos días
realizó un seminario abierto sobre el derecho a
la información y sirvió para que ratificara que
se oponen a cualquier reglamentación a sus
responsabilidades sociales. Pero, mostró
también un buen augurio al aceptar que se
legisle. Estos diarios fueron los mismos que han
desatado campañas contra cualquier tipo de
reglamentación en tiempos recientes. Al final
hicieron cuatro propuestas que fueron bien
recibidas directamente por Vicente Fox al
recibirlos en los Pinos.
Propuestas que
seguramente tendrán el apoyo de la comunidad
periodística y que parecen crear mayor consenso
a las intenciones de legislar de la la Segob.
- Ley de
acceso a la información oficial (ya la
tienen ganada, incluso en la Secretaría
de la Contraloría ya existe un proyecto
que ha sido confirmado públicamente
varias veces por el Presidente )
- Ley de
transparencia publicitaria (La Segob ya
tiene las intenciones de legislar en la
materia y avanza en un proyecto que
incluye subsidios a los medios que no
puedan competir con los grandes
corporativos).
- Ley sobre
el secreto profesional del periodista
- Ley de
organización de medios públicos.
El
quinto mínimo
Así,
paulatinamente se ha ido venciendo la gran
resistencia a legislar en materia de
comunicación social. Hay ya, por lo menos cuatro
puntos para normar que son aceptables por la
mayoría y un quinto parece estarse procesando.
El 8 de marzo,
Julio Chávez Sánchez colaborador de Etcétera,
en su línea de internet, informó que
"luego de ser instalado el Consejo de
Autorregulación por parte de empresarios de la
radio y la televisión, el diputado panista
Lionel Funes comentó que en breve se instalará
una mesa en el Congreso para la revisión
integral de la ley que regula los medios
electrónicos". Incluso añadió que
"legisladores panistas vinculados con el
tema, establecieron que antes de revisar la Ley
Federal de Radio y Televisión que data de 1961,
debe hacerse un registro público para conocer
quiénes y cuántos son los concesionarios y
permisionarios de los medios electrónicos y bajo
qué condiciones les fueron entregados los
respectivos permisos".
Lo cierto es que
la Segob promovió una mesa de diálogo y
concertación donde participan legisladores y
empresarios, particularmente los de los medios
electrónicos y donde presumiblemente se armen
los consensos principales para legislar.
Un asunto que
evidentemente falta en la agenda legislativa es
el necesario estatuto jurídico para los
periodistas, que reconozca quien es, como se
forma y que hace un periodista, sus necesidades
de capacitación, de especialización, de
salario, de organización, de cláusula de
conciencia de secreto profesional. Existen varias
encuestas entre reporteros que lo demandan. Pero,
los periodistas, como tal, no son interlocutores
en el debate por la legislación, carecen de
organizaciones nacionales, incluso de la mínima
unidad más allá de responder ante agresiones o
asesinatos.
Con todo, lo que
va madurando son ciertos consensos. No el tipo de
ley que habrá. Falta todavía la intervención
de los partidos en el Congreso de la Unión, que
han demostrado un altísimo margen de autonomía
y en esta materia podrían confirmarlo, sobre
todo cuando no es tiempo de elecciones que es
cuando suelen plegarse a este poder sin
restricciones todavía.
El debate mayor
viene. Seguramente tendrá su mayor desarrollo en
el siguiente periodo ordinario de sesiones
legislativas y será cuando se decida por los
mínimos o hacer una sola reglamentación del
artículo sexto constitucional que obligue a
todos los actores de la comunicación y no sólo
al gobierno. Habrá otras sorpresas, porque entre
otras cosas, el debate todavía es muy incompleto
y tendrá que ventilarse la regulación de
propiedad y concentración de medios.
Por lo pronto
siguen soplando los vientos de cambio por el
nuevo gobierno y podrían construirse algunas
decisiones de Estado que la transición
democrática necesita. Los medios están ya en el
ojo del huracán. Pero existe también el riesgo
de que la legislación que se negocie se aplique,
como dirían los grandes empresarios, en los
"bueyes de mi compadre".
* Rogelio
Hernández López es
periodista desde 1977. Ha sido reportero, editor,
jefe de información, director, articulista en
diversos medios mexicanos, entre otros Excélsior,
El Universal, CNI-Canal 40, Grupo ACIR.
Actualmente escribe artículos o ensayos en
diarios y revistas, es responsable de prensa de
la Comisión
Ciudadana de Estudios Contra la Discriminación
y profesor universitario. Ha producido cinco
libros. El más reciente es Sólo para periodistas
(Editorial Grijalbo, México,1999). Esta es su
primera colaboración para Sala de Prensa.
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