¿Depredación o florecimiento?
Estrategias
corporativas para
la información en la era de Internet
Naief Yehya *
La
prensa lleva un lustro tratando de encontrar su
lugar en la industria de la información digital.
A mitad de la década de los 90 todo el mundo en
los medios informativos, o por lo menos aquellos
con suficiente visión para entender que internet
no era una moda más ni un juguete electrónico
incapaz de tener usos serios, se preguntaban para
qué podían servirles la red, cómo podían
beneficiarse de ese canal electrónico y quién
estaría del otro lado del monitor. Numerosos
intentos por fraccionar la red y explotarla
fracasaron, innumerables publicaciones en línea
se evaporaron por mostrarse impacientes y querer
aplicar sus métodos comerciales en este
territorio virtual donde no se cumplen ni las
leyes de la gravedad ni las de la oferta y la
demanda. Hubo quienes sólo trataron de usar la
red para interesar a posibles lectores, otros que
por el contrario se abrieron por completo a la
red y optaron por ofrecer todo su
"producto" de manera gratuita y unos
más que prefirieron un término medio,
ofreciendo parte de sus ediciones sin cargo en
versión electrónica. Así los viejos medio se
encontraron de pronto inmersos en una batalla
contra medios creados específicamente para el
ciberespacio. Ahora bien la gran libertad y
flexibilidad que ofrece Internet está hoy en
serio riesgo de ser aniquilada por el creciente
control corporativo de todo aquello que pueda
tener un valor mercantil en el espacio digital.
Hay en la
actualidad una peligrosa tendencia de percibir a
Internet como una entidad ahistórica, como un
extraño engendro semimístico capaz por sí
mismo de generar el bien para sus usuarios. A
fuerza de desconocer su funcionamiento y por el
bombardeo incesante de propaganda internet se ha
vuelto en la imaginación popular un lugar
mágico y un espacio de debate planetario, un
depósito de sabiduría y una herramienta
infalible. Si bien algo hay de cierto en estas
percepciones, Internet no es y muy probablemente
nunca será una especie de consciencia
planetaria. Al atribuirle características
sobrenaturales a la red tendemos a perder de
vista algunos objetivos que deberíamos tener
claros para las comunicaciones digitales, como
por ejemplo que debería de ser un servicio de
acceso universal y no restringido a ciertas
clases privilegiadas, que debería ser un medio
abierto e igualitario que contribuyera a la
educación, la organización de la sociedad
civil, la defensa de los derechos humanos y la
democracia. Debido al inmenso poder de Internet
debemos aspirar y exigir que sirva como un
verdadero servicio público y no únicamente como
un centro comercial virtual. Para que esto
tuviera lugar, sería indispensable en la red
tanto el activismo político como el periodismo
imparcial y de análisis. Lamentablemente en el
ciberespacio estas dos cosas están en vías de
ser marginadas.
Historia
relámpago
Durante la
crisis que desató el Sputnik en 1957 el
presidente Eisenhower creó la Agencia de
Proyectos de Investigación Avanzada (ARPA) cuyo
objetivo sería lanzar satélites de vigilancia y
comunicaciones, crear sistemas de intercepción
de misiles, diseñar y poner en funcionamiento
armas orbitales estratégicas, estaciones
espaciales y una flamante base en la luna. Para
mala suerte de esa agencia el año siguiente fue
creada la NASA y todos sus ambiciosos proyectos
espaciales (junto con un enorme presupuesto)
pasaron a manos de esa nueva institución.
Mientras tanto ARPA se tuvo que conformar con una
tarea menos glamorosa y aparentemente menos
importante: las computadoras y las
telecomunicaciones. Los científicos de esta
agencia crearon la red de comunicaciones
digitales Arpanet, la cual evolucionó para
convertirse en Internet. La red tenía la
intención de enlazar a ciertos científicos y
laboratorios de investigación involucrados en
proyectos del Departamento de la defensa de los
Estados Unidos. Hoy es bastante obvio cual de las
dos agencias tuvo más influencia en la vida de
cientos de millones de personas y en la cultura
del fin de siglo.
Es importante
recordar el origen de Internet debido a que
tendemos a olvidar que la red tiene historia, que
no es algo que súbitamente apareció de la nada.
La red fue el resultado de más de treinta años
de investigación y experimentación subsidiados
con fondos públicos. Difícilmente una empresa
privada se hubiera embarcado en una aventura
semejante debido a su alto costo, a la
incertidumbre que representaba y a que hubiera
tardado demasiado tiempo en rendir resultados y
producir utilidades. No obstante la red fue
entregada a la iniciativa privada a manera de
ofrenda neoliberal. Al hacer esto el gobierno se
lavaba las manos de la responsabilidad de
mantener a la red y regularla además de que
complacía en grande a ciertos grupos de poder.
Contrariamente a lo que pregonaba el discurso
oficial, el control de la red no quedó en manos
de grupos ciudadanos, ni de pequeños empresarios
sino en el poder de enormes corporaciones.
Los primeros dos
nodos de la red Arpanet se conectaron en 1969
entre Cambridge y California. A finales de 1970
ya había 15 nodos. En 72 se estableció la
primera correspondencia entre dos computadoras y
para 73 la red crecía a ritmo de un nodo al mes.
En 1979 surgió la idea de crear una red abierta
a la investigación científica en la academia,
la industria y el gobierno. Una vez que se
multiplicó el número de nodos en la incipiente
red muchas personas de diferentes medios
profesionales, sociales y económicos comenzaron
a usar este medio para fines personales, como
comunicarse con amigos, participar en juegos en
línea y diseminar toda clase de información,
opiniones, rumores, sospechas y comentarios
subversivos. Entonces este era un espacio de
información restringida, elitista y
privilegiada. Pero cuando aparece el World Wide
Web, que fue inventado por Tim Berners-Lee en
1990, se simplificó notablemente el uso de la
red. El medio comienza a popularizarse
verdaderamente a partir de la mitad de la década
de los 90 cuando miles de individuos y
organizaciones llegan al espacio virtual. El
correo electrónico se torna una necesidad y un
gran número de comercios e industrias comienzan
a ofrecer sus productos y servicios en línea.
Hasta 1995 Internet era considerado una
curiosidad tecnológica exótica, pero a partir
de ese año el ciberespacio se volvió un lugar
de encuentro que atraía por igual a anarquistas
que a ejecutivos, a adolescentes raperos que a
cincuentones calenturientos, a coleccionistas de
memorabilia fílmica que a políticos
desempleados, a inversionistas sin brújula que a
paranoicos patológicos. Este es un espacio
caótico en el que paradójicamente es posible
clasificar a los cibernautas de acuerdo con sus
gustos, intereses, depravaciones y obsesiones. El
hecho de que en la red todo lo que hacemos y
vemos deja huella, puede ser registrado y
almacenado despertó el interés de comerciantes,
policías, agentes de marketing y de toda clase
de voyeurs. Lo que parecía un hobbie ocioso se
volvió entonces una herramienta sumamente
valiosa para invadir la privacía de los demás.
Prensa
y red
Hace apenas unos
cuantos años ninguna empresa dedicada al
periodismo serio tenía idea de qué hacer con la
red e incluso la mayoría temían que de alguna
manera al entrar al ciberespacio se les asociara
con los numerosos sitios y servicios amateurs que
infestaban la red con información de naturaleza
dudosa. Pero a pesar de los temores y la
confusión los medios sabían que la red se
volvería un espacio importante entre los
lectores gracias a publicaciones en línea como
Slate y Salon por lo que no tenían otra
alternativa más que plantar su bandera
virtual ya que a riesgo de no hacerlo podrían
perder el proverbial Carro de la
historia por no hablar de las fortuna que
prometía el ciberespacio. La promesa de la red
era inmensa: este era un medio de difusión con
alcance global a un costo bajísimo sin
precedente histórico que era a la vez revista,
televisión, cine, radio y más, un medio.
No cabe duda que
internet ofrecía una oportunidad excepcional de
fortalecer la democracia, de crear redes civiles
nacionales e internacionales a través de las
cuales pudiera circular todo tipo de información
con el potencial de ser no objeto de ninguna
clase de censura. Este era un medio horizontal
que podría ser un foro de debate y discusión
mundial que eventualmente hiciera obsoletas a las
viejas instituciones gubernamentales. Estas
características hacían que la red pareciera
idónea para ser un medio informativo
alternativo, popular, implacable y sobre todo
independiente de intereses gubernamentales y
corporativos. Los tecnoentusiastas soñaban que
Internet le asestaría un golpe mortal a los
monopolios que controlan la información y el
entretenimiento; imaginaban que, por paradójico
que suene, la red nos haría libres. No obstante
los gigantes de los medios no decidieron esperar
sentados a que un puñado de individuos armados
de módems los desmantelaran por lo que lanzaron
una rabiosa defensa de sus intereses. Para las
corporaciones la red en cierta forma era
considerada como una república bananera que
había que arrancar de puñados de hackers
anarcos, rebeldes desorganizados, tecnohippies,
góticos con piercings y descontentos de todos
los colores, para transformarla en una
herramienta comercial estable y segura en la que
pudieran confiar las empresas y los consumidores.
La
era de los oligopolios
La promesa
libertaria de la red llegaba en un tiempo en que
particularmente hacía falta ya que el control de
los medios de comunicación del planeta
súbitamente se encontraban en manos de unas
cuantas corporaciones. Esto era en parte un
efecto de la teoría política dominante en el
mundo de la posguerra fría: el neoliberalismo,
un sistema que aboga por maximizar el papel de
los mercados y por minimizar el papel de las
instituciones no comerciales como la educación,
la cultura, la seguridad social y la salud. En el
neoliberalismo los gobiernos deben estorbar lo
menos posible a los mercados y deben permitir que
las corporaciones puedan crecer, expandirse y
enriquecerse sin límites. Una de las
consecuencias de este sistema ha sido la fiebre
de megafusiones de empresas y corporaciones que
ha llevado a un resurgimiento de gigantescos
oligopolios en la industria petrolera (Exxon y
Mobil), automotriz (Chrysler, Daimler), bancaria
(Citibank) y por supuesto de los medios
(Time-Warner-America On Line). Incluso industrias
culturales como la del libro (Bertelsmann y
Random House) han sido sacudidas por esta
epidemia de fusiones, adquisiciones y conquistas
sangrientas
Las empresas que
se dedican a los medios están atravesando por un
tiempo de bonanza pero a la vez de incertidumbre
y de cambios vertiginosos e impredecibles, por lo
que los gigantes corporativos optan por
expandirse, fusionarse y diversificarse para
sobrevivir a nuevas y amenazantes revoluciones
tecnológicas y a lo inesperado. Time-Warner,
Disney, Viacom, Seagram, News Corporation y Sony
son los principales gigantes de los medios y se
cuentan entre las empresas más grandes del
mundo, además de que en los últimos años han
tenido una tasa de crecimiento impresionante. Por
ejemplo Disney pasó de ganar 2.9 mil millones de
dólares anuales en 1988 a tener ingresos de
alrededor de 25 mil millones en 1998. En 1988
Time era una editorial de 4.2 mil millones y
Warner Communications un conglomerado de 3.4 mil
millones, en 1998 Time-Warner generó ingresos
por $28 mil millones.
A principios de
la década de los ochenta 50 compañías
controlaban prácticamente todos los medios
estadounidenses, hoy en día ese control está en
manos de tan sólo 6 empresas. La producción y
distribución fílmica estadounidense es
controlada por seis estudios desde la década de
los 30 a pesar de la tremenda expansión del
medio cinematográfico. Los periódicos son una
industria en manos de seis cadenas. Siete
corporaciones controlan la industria del libro y
el 80% de los libros vendidos en los Estados
Unidos salen de los estantes de las grandes
cadenas como Barnes & Noble y Borders. Cinco
disqueras controlan el 87% de la industria del
disco. 17% de los estadounidenses más ricos de
la lista Forbes 400 generaron sus fortunas en los
medios, el entretenimiento y el software. Las
corporaciones de los medios están entre los
principales beneficiarios de la economía
capitalista globalizada ya que aprovechan la
liberalización de los aranceles y las reformas a
las leyes internacionales de la era de la OMC
para expandirse especialmente en países del
exbloque socialista los cuales eran territorio
virgen para sus conquistas. La industria de los
medios está creciendo mucho más rápido que la
economía en general.
No hay ninguna
duda de que el sistema globalizado que está
emergiendo en la actualidad es una extensión del
sistema hipercomercial oligopólico
estadounidense, un sistema que está en contra de
todo tipo de barreras nacionales de orden
económico y cultural. Por tanto las
corporaciones gigantes tienen la oportunidad de
enfrentar y muy a menudo aplastar cualquier
competencia local, a menudo manteniendo que es
una posición retrógrada oponerse a la
disolución de las fronteras aún cuando la
cultura y la identidad de las naciones se vean en
peligro. Aunque la demografía cambia velozmente
en la red en 1997 correspondía a las empresas
estadounidenses en Internet el 90% de todo el
e-comercio, el 70% de las páginas comerciales de
la red y el 93% de los ingresos generados por el
web. No es demasiado alarmista considerar que
Internet es en cierto sentido un caballo de Troya
que la humanidad ha recibido como un maravilloso
regalo sin imaginar que está abriendo las
puertas a una invasión cultural silenciosa e
irreversible.
El problema
obviamente no es que las megacompañías que se
dedican a la información y el entretenimiento
sean muy grandes o ricas sino que tienen
demasiado poder político y por tanto se han
vuelto invulnerables al poder de los gobiernos.
Por supuesto que el hecho de que un medio
informativo sea pequeño no es garantía de su
compromiso con la verdad ni de su ética, así
como tampoco se puede negar que el gran poder
económico de algunos medios les permite llevar a
cabo tareas que los medios pequeños no pueden
llevar a cabo (difícilmente el Sol de
Tinguindín puede mandar una corresponsal a
Kosovo). Pero no hay que ser demasiado suspicaz
para imaginar que una empresa capaz de controlar
todas las vertientes del entretenimiento y la
información es por fuerza una amenaza. Como
señaló Gerald Levin, el director de Time-Warner
(y próximamente de AOL) en una entrevista en CNN
durante los primeros días del año 2000:
Los medios se están volviendo rápidamente el
negocio predominante del siglo XXI y nos
encontramos en una nueva era en la que podemos
asumir que los medios se volverán más
importantes que los gobiernos, más importantes
que las instituciones educativas y que las
empresas sin fines lucrativos. La
estrategia de estas empresas ha sido diversificar
sus posesiones de manera en que por ejemplo
Viacom posee Paramount, Simon & Schuster, la
productora Spelling Entertainment, los canales de
cable MTV, VH1, Nickelodeon, TVLand, Showtime, y
tan sólo hace dos semanas adquirieron BET; 18
estaciones de televisión la cadena UPN, la
empresa Blockbuster, cinco parques de
atracciones, miles de salas de cine en el mundo
entero. Gracias a esta diversidad las empresas de
los media no tratan de vender programas,
películas o artistas, sino marcas, entidades
comercializables tanto en las pantallas como en
las cajas de cereal, juguetes, revistas y miles
de objetos de culto desechables. En 1997 Disney
vendió 25 mil millones de dólares en mercancía
relacionada con sus cintas, programas y
personajes. Como escribió Robert W. McChesney en
su libro Rich Media Poor Democracy, una
concentración semejante en tan pocas manos de
tanto poder económico, cultural y político es
por cualquier teoría conocida de la
democracia es absurdo e inaceptable.
En particular en
lo que respecta al terreno de la información y
el periodismo este tipo de monopolios implican
obviamente una amenaza contra de la esencia misma
de la profesión y por extensión de la
democracia, debido a que inevitablemente la
concentración de medios en unas cuantas manos
causará siempre conflictos de intereses, dará
lugar a censura y las fronteras entre la
publicidad y el editorial se borrarán. El ideal
del periodismo contemporáneo que surgió a
principios de la década de los 20 y que ha
dominado desde los años cincuenta contaba con
que el proceso editorial estuviera desligado de
los intereses de los propietarios, anunciantes y
toda persona que tuviera otro interés que no
fuera informar. Es decir que se trataba de
mantener independencia y equilibrio entre la
libertad de expresión y la necesidad de vender.
El periodismo surge entonces como un servicio
público, una tarea que no generaba ingresos pero
que podía aportar prestigio. Los recientes
cambios en la industria han hecho que las
divisiones de noticias de las empresas de
telecomunicación, entretenimiento e información
hayan dejado de estar condenada a perder dinero
para generar ingresos. De hecho el canal de cable
CNN ha demostrado en las últimas décadas que es
posible la supervivencia en el entorno altamente
competitivo de la televisión por cable con una
programación dedicada exclusivamente a las
noticias. La división de noticias de NBC, que
durante años perdía dinero, en la actualidad
genera alrededor de 100 millones de dólares
anuales en anunciantes. Esto por supuesto ha
implicado un costo editorial ya que los criterios
de selección de las noticias, el contenido de
los reportajes e incluso la presentación de los
mismos ha sido afectado para complacer a quienes
pagan los anuncios. En el caso de NBC esto es
evidente en su política de no criticar a su
empresa madre General Electric.
Las
megacorporaciones quieren hacer del periodismo un
negocio productivo y para eso suelen recurrir a
tres recursos bien conocidos:
1. Despedir a
casi todos los periodistas y mantener una planta
mínima de personal dedicados a una gran variedad
de tareas.
2. Concentrarse
en hacer reportajes que no cuesten caro y sean
fáciles de cubrir como artículos sobre la
realeza y/o las estrellas de Hollywood, así como
a todo tipo de escándalos de tribunales, choques
de aviones y crímenes violentos.
3. Explotar el
concepto de las noticias que se puede
usar, enfatizar las noticias locales y
olvidar al resto del mundo a menos de que se
trata de noticias que quepan en el inciso 2.
Resulta
impactante que a pesar de que vivimos una era de
franca globalización los noticieros cubren cada
día menos noticias internacionales. De esta
manera es paradójico que en la era dominada por
el primer medio verdaderamente global nuestra
información es cada día más provinciana.
A pesar de que
en la red han aparecido cientos de páginas y
sitios periodísticos extraordinarios que de no
ser por la naturaleza misma de este medio no
podrían existir, como Sala de Prensa, Middle
East Realities o Znet, entre muchos otros,
existen muy pocas razones para creer que el
periodismo en línea pueda traer consigo un
renacimiento de la profesión dado a que en la
red los sitios informativos más visitados son
aquellos que pertenecen a grandes corporaciones,
además de que en el espacio virtual se están
replicando y en ocasiones exacerbando los
mecanismos de financiamiento que han corrompido a
los medios tradicionales. De hecho el prestigiado
grupo Forrester sugiere en su reporte de 1998 que
para ser exitosos en el www los medios deben
retirar las barreras tradicionales entre el
editorial, la venta de publicidad y el personal
técnico.
Es cierto
que en la red cualquier puede lanzar una cruzada
o construirse una tribuna para exponer ideas,
lamentablemente en muchas ocasiones esto es
equivalente a predicar en el desierto. No
únicamente es muy difícil general tráfico y
mantenerlo para un sitio independiente sin la
ayuda de grandes y costosas campañas
promocionales, sino que también el hecho de que
haya diez mil personas embarcadas en cruzadas
equivalentes diluyen las posibilidades de
comunicar y trivializan el mensaje. Es cierto que
en la red podemos encontrar disidencia, aún
incluso en sitios de ABC, NBC, CNN o GE, pero no
hay que confundir la inocua herejía corporativa,
que consiste en relajar la disciplina de la
empresa y dar una imagen jovial, con auténtica
subversión que podría amenazar aún
mínimamente los intereses de las corporaciones.
Alcanzar
la madurez
Desde hace casi
una década se adivinaba que la red podía
volverse un medio informativo serio pero
definitivamente muy pocos lectores y televidentes
estaban dispuestos a cambiar la familiaridad
habitual del periódico y los noticieros
televisivos y radiales por los supuestos
beneficios de la ciberinformación. El cambio tan
sólo podría llegar en forma de un evento que
lograra redefinir la percepción popular del
medio. Hagamos un breve recuento de algunos de
los momentos que han marcado la mayoría de edad
de los medios y han determinado su relación de
la sociedad.
En halloween de
1938 Orson Welles realizó la histórica
transmisión radiofónica de La guerra de los
mundos de H.G. Wells en la cual narraba una
invasión extraterrestre en forma de boletines
informativos de última hora. Welles logró
desatar el pánico en muchas ciudades
estadounidenses y transformó para siempre la
manera en que la gente se relacionaba con la
radio. Este evento no liquidó la credibilidad de
la radio, sino que dio un atisbo del verdadero
potencial de ese medio, de su flexibilidad, de su
capacidad para manipular la percepción de la
realidad y a la vez del impacto sicológico que
podía tener en su público. Veinticinco años
más tarde otro medio doméstico que comenzaba a
popularizarse en grande sufrió una
transformación y dejó de ser un ostentoso
juguete para convertirse en los ojos de las
sociedades modernas. El asesinato de John F.
Kennedy fue el evento que marcó la mayoría de
edad de la televisión como medio informativo.
Nadie capturó mejor la tragedia del magnicidio y
la convirtió en una especie de folletín por
entregas en la pantalla casera. De ahí en
adelante todo lo realmente importante para una
sociedad pasa por la televisión.
Durante muchos
años la televisión por cable fue conquistando
espectadores en todo el planeta al ofrecer una
gran variedad de opciones y canales
especializados. No obstante la tele por cable no
era considerada por las masas como una fuente
necesaria de información, a pesar de contar con
canales dedicados exclusivamente a dar noticias
las 24 horas del día (los cuales debían
conformarse con dirigirse a un público elitista
y limitado). La tele por cable dio un salto para
conquistar a las grandes audiencias durante la
guerra del Golfo en 1991 En uno de los ejercicios
propagandísticos mejor orquestados de la
historia de la información CNN operó en
coordinación con las fuerzas armadas para hacer
de la guerra un espectáculo televisivo con su
propio tema musical, logotipo y diseño de
producción que logró mantener a millones de
personas ancladas frente al televisor viendo una
y otra vez las mismas secuencias. CNN perdió a
ese público al término de la guerra y se
encuentra ahora en el punto más bajo de su
historia (con los ratings por el piso, tan sólo
en este año sus ratings cayeron en un 30%) y
ante la perspectiva de volverse un peón más de
un megaimperio), pero esa transmisión cambió
para siempre la forma en que se informaría no
solamente al respecto de los conflictos bélicos
sino de cualquier noticia importante, crisis,
desastre natural o simple escándalo. La
experiencia de la guerra del golfo dejó claro
que toda noticia podía convertirse en
entretenimiento serial.
Internet por su
parte también ha tenido sus momentos de
definición y de gloria, esos puntos de
transición que han moldeando al medio y la
percepción que tiene el público del mismo.
Consideremos cuatro de estos casos que han
ayudado a definir a la red:
1. Durante las
elecciones presidenciales de EU de 1994, internet
tuvo su primer triunfo como medio informativo ya
que se adelantó a todos los otros medios, en
especial a la tele, para anunciar al ganador del
proceso electoral. La historia se repitió en las
elecciones estadounidenses de 1996 por lo que en
las elecciones presidenciales del 7 de noviembre
pasado los noticieros televisivos quisieron ganar
a internet y se lanzaron atropelladamente a
anunciar datos estimados como si fueran
definitivos y de esa manera cometieron uno de los
errores más graves de la historia de ese medio.
Casi al unísono todas las cadenas y canales de
tele por cable dieron resultados equivocados
particularmente en el caso de Florida y al
hacerlo no únicamente dañaron su credibilidad
sino que posiblemente influenciaron a los
votantes de la costa oeste, donde aún no se
cerraban las casillas..
2. El 17 de
julio de 1996 a las 8:31 de la noche el vuelo TWA
800 cayó al océano envuelto en fuego minutos
después de haber despegado del aeropuerto JFK de
Nueva York. Antes que los noticieros televisivos
lograran salir de la sorpresa, en internet ya
había boletines y hasta páginas dedicadas a la
tragedia aérea. La red reaccionó de manera
vital y pronta. Al no tener que cumplir con los
requerimientos jerárquicos y éticos del resto
de los medios, los informadores de internet
podían darse el privilegio de publicar noticias,
especulaciones de las causas, testimonios no
verificados y datos de dudosa procedencia.
3. Casi un año
después, el 4 de julio de 1997, la red volvió a
ganarle a los otros medios con su cobertura de la
expedición del Pathfinder en Marte. Decenas de
páginas ofrecían todo tipo de información,
imágenes, video, conferencias, reportajes y
detalles de todo tipo. La aventura del carrito a
control remoto que se movía de centímetro en
centímetro por la superficie marciana logró
revivir el interés en la exploración espacial,
un tema que había pasado de moda veinte años
atrás. Se asegura que alrededor de 50 millones
de personas visitaron las páginas de la NASA y
demás agencias que informaban acerca del evento.
No obstante la euforia duró sólo unos cuantos
días, la gente perdió el interés en Marte y el
asunto pasó al olvido.
4. El mayor
escándalo del gobierno de Clinton se desató en
la red antes que en cualquier otro medio. El
improvisado ciberreportero Matt Drudge se
apropió y publicó en su página de
internet, el Drudge Report, una historia en la
que estaba trabajando Michael Isikoff para el
Newsweek y que no había sido publicada porque
los editores de la revista habían decidido
aguantarla hasta confirmar los datos. La historia
era nada menos que el presidente de los Estados
Unidos había tenido relaciones sexuales con la
hoy célebre, Mónica Lewinsky. Drudge se ganó a
pulso la fama de no ser una fuente confiable
debido a que sus informes eran a menudo
equivocados, no obstante eso inicialmente no le
restó popularidad, sino que por el contrario su
osadía e impertinencia lo hicieron muy famoso.
Gracias a este caso Drudge se volvió una figura
central entre los grupos de derecha que luchaban
contra Clinton, al grado en que la cadena Fox le
dio su propio programa en su canal de noticias de
cable. Resulta muy revelador que en cuanto se
diluyó la histeria desatada por la crisis en la
Casa Blanca, los ratings del programa de Drudge
se fueron en caída libre y la cadena canceló el
show. Hoy Drudge sigue esperando otra bomba que
lo rescate de la oscuridad pero su legado, el
caso Lewinsky, se ha convertido en un símbolo
del poder latente de la red como medio de
noticioso.
5. Otras
tragedias se han convertido en eventos de
internet como el asesinato del primer ministro
israelí Yiztak Rabin, el accidente en que murió
Diana y su amigo Dodi Al Fayed y el suicidio
colectivo de la secta Heavens Gate (cuyos
miembros paradójicamente se ganaban la vida
ofreciendo servicios en internet). Estos eventos
atroces junto con otros espectáculos frívolos
que han sido objeto de webcasts como los desfiles
de modas de Victoria Secret han atraído a
millones de curiosos en busca de la información
cruda, alarmista y sin censura, es decir aquella
que no se vea influenciada por criterios éticos
y morales.
La
era de los portales
Hoy parece que
la forma más eficiente y productiva para generar
ingresos del tráfico de la red es mediante los
portales, es decir los acceso a la red que
ofrecen correo electrónico, buscadores,
calendario personalizado, centros comerciales en
línea e información que el usuario puede elegir
de acuerdo con sus gustos e intereses. El portal
en muchos sentidos es una versión flexible de lo
que hace algunos años Nicholas Negroponte
denominó El Daily Me o el Diario yo, un
periódico que cada individuo puede diseñar. Los
portales tienen la misión de dar estructura y
orden a la cibernavegación, eliminan el riesgo
de encontrarse con material reprobable y en lo
que se refiere a compras encauzan la búsqueda de
productos de acuerdo con los intereses de los
patrocinadores del portal. A la larga el objetivo
de todo portal es volverse el destino final de
toda excursión en la red. No es del todo
descabellado imaginar un futuro en que los
periódicos sean sustituidos por estos recursos
interactivos ombliguistas. Quien controla la
puerta de entrada a la red controla las ganancias
generadas por el comercio y la publicidad.
America On Line
(AOL) la empresa proveedora de servicios de
internet más grande del mundo podría ser
considerada como la madre de todos los portales,
ya que sus 25 millones de subscriptores,
representan el 40% de todo el tráfico de
Internet y el 60% de todos los que acceden a la
red desde su casa. De estos tan sólo el 20% se
aventuran más allá de los seguros márgenes de
los sitios de AOL. Es claro que Steven Case, el
creador y director de AOL, no es dueño de todo
Internet pero sin duda su territorio parece a
millones de usuarios inexpertos como el único
sencillo de entender y seguro de navegar. De
acuerdo con el mismo Case, AOL ha hecho la red
accesible a las masas incapaces de programar una
videocasetera. Siendo realistas la mayoría de
este público no buscan estímulos intelectuales
ni ser provocados emocionalmente ni ver sus
certezas cuestionadas en el nuevo medio sino que
quieren entretenimiento de fácil digestión y
comodidad para el consumo. Entre menos cosas haya
que saber mejor y toda innovación que reduzca
hasta el esfuerzo de cambiar canales es
bienvenida. A inicios del año 2000 AOL compró
por la asombrosa suma de 1,605 millones de
dólares a Time Warner (TW), el imperio de la
información y el entretenimiento que entre sus
propiedades cuenta con los canales por cable CNN,
HBO, TBS y Cartoon Network entre otros; los
estudios de cine Warner Brothers, la productora
Fine Line, las disqueras WB, Atlantic, Sire y
Elektra; el canal de televisión del mismo
nombre, Bugs Bunny, las revistas Time, Sports
Illustrated, Money y People entre otras.
Hace un par de
años, Steven Case anunció que quería convertir
su empresa en una compañía creadora de
contenido, es decir que deseaba competir
contra las televisoras y otras formas de
entretenimiento con su propia
programación. Hoy Case, piensa que
la misión de AOL es construir un medio global
tan central en la vida de la gente como el
teléfono y la televisión y para ello ha
comenzado a expandir su domino más allá del
espacio virtual para tratar de imponer su
hegemonía sobre la mediósfera.
El hecho de que
una compañía de internet haya podido comprar a
una gran empresa tradicional de los medios pone
en evidencia una nueva relación entre el mundo
de los negocios en la red y fuera de ella. Así
mismo marca el comienzo de una nueva era de
fusiones multimillonarias que de entrada amenazan
la diversidad de internet así como la
supervivencia de muchos proveedores
independientes de servicios y de diversos foros
alternativos de expresión.
Internet ha
dejado de ser percibida como la super
autopista de la información o como un
vasto océano digital de conocimiento para ser
concebida como un gigantesco botín. Debido a la
sobre inflación de todo aquello que tenga que
ver con internet en la bolsa de Wall Street,
centenares de empresarios se han vuelto
multimillonarios de la noche a la mañana al
crear para vender productos y servicios en el
World Wide Web y al invertir en empresas de
internet. La paradoja es que la gran mayoría de
estas ciberempresas son incapaces de producir un
peso de ganancias. Incluso el gigantesco
Amazon.com tan solo en 1999 registró pérdidas
por 350 millones de dólares. A pesar de llevar
15 años en el negocio y de generar ganancias,
AOL no es la excepción, sus acciones se
encuentran actualmente infladas hasta el delirio
(la empresa vale alrededor de 10 millones de
dólares por cada uno de sus 12,100 empleados) y
esa descomunal (e invisible) riqueza le permitió
adquirir a TW, una empresa mucho más valiosa en
casi cualquier sentido. Al comprar una empresa
menos valiosa pero más sólida, lo que en
realidad está haciendo AOL es prepararse para la
inevitable convergencia digital del futuro y para
la impredecible pero inminente explosión de la
burbuja económica.
Aparentemente la
dirección de TW estaba frustrada por que sus
estrategias en internet no habían tenido los
resultados esperados a pesar de haber invertido
muchos millones para crearse una presencia
relevante en la red. Tras varias experiencias
negativas el presidente ejecutivo del
conglomerado, Gerald M. Levin, decidió
sacrificar su autonomía y aceptar la oferta de
aliarse con la empresa más poderosa del
ciberespacio para asegurar su supervivencia en el
nuevo milenio. Con esta estrategia TW espera
aventajar en el terreno digital a sus principales
rivales: Viacom y News Corp. Por su parte AOL
buscaba desesperadamente dos cosas: conseguir
acceso antes que sus rivales (Microsoft y Yahoo
entre otros) a una gran red de banda amplia y
alta velocidad como la usada para la
distribución de tele por cable de Time Warner; y
procurarse un proveedor de contenido. Case había
recibido varias ofertas de la telefónica
AT&T pero las rechazó ya que esta empresa
tan sólo satisfacía la mitad de sus
necesidades.
Según Case y
Gerald Levin la fusión será inmensamente
provechosa para los consumidores, en particular
los 22 millones de suscriptores de AOL y los 70
millones de suscriptores de TW (es el segundo
servicio de cable más grande de los Estados
Unidos). En decenas de entrevistas Case y Levin
prometieron que en el futuro cercano podremos
interactuar rápida y eficientemente con los
medios, podremos ver la tele en nuestra
computadora y hacer búsquedas de web sites en la
tele, podremos ver el noticiero de las 5 a las 10
de la noche así como congelar y regresar la
imagen de un evento en vivo. Francamente estas
fabulosas posibilidades decepcionan y
tan sólo ponen en evidencia que a estas alturas
nadie, ni siquiera los grandes gurús de los
medios, tiene una idea clara de lo que se puede
hacer con la dichosa convergencia digital.
Una de las
desventajas principales de esta fusión es que
internet quedará supeditado a los viejos medios
(televisión, radio, prensa escrita) y relegado a
la función de simple distribuidor alternativo de
contenido. El material que TW promociona y va
seguir promocionando en esta nueva era será por
fuerza frívolo, complaciente, de interés
general y altamente comercial. Todo material
cuestionable que no sirva para aumentar ratings
será desechado, todo aquello que critique los
intereses del conglomerado correrá con la misma
suerte. Es ingenuo pensar que AOL-TW no
favorecerá el contenido producido por sus
subsidiarias o que no dará tratamiento
preferencial a sus clientes especiales
(corporativos y gubernamentales) tanto en sus
promociones como en sus servicios de noticias.
Debido al poder masivo de la nueva empresa esta
fórmula se impondrá como la norma a imitar, con
lo que la red eventualmente sufrirá un destino
semejante al de la televisión.
Quizás el punto
negativo más obvio de la compra de Time Warner
(TW) por America On Line (AOL) es que
invariablemente resulta promiscuo fusionar
empresas tentaculares con intereses lucrativos
con organizaciones noticiosas. Independientemente
de los casos de censura conocidos y rumorados es
imposible saber cuantos reporteros han descartado
historias por temor a represalias. Además tanto
TW como AOL han aplicado en diversas ocasiones la
censura, la primera al eliminar reportajes y
reprimir reporteros, y la segunda al prohibir
tocar algunos temas en sus foros y al expulsar
miembros por comentarios hechos en chat rooms.
Por otra parte más que beneficios tangibles para
el consumidor, la fusión de estos servicios lo
convertirán en objeto de un insidioso bombardeo
de promocionales y de comerciales
estratégicamente dirigidos y
empujados a sectores específicos del
mercado. No debemos olvidar que la nueva
megaempresa contará con una monstruosa base de
datos con la preciada información económica y
social así como los gustos y hábitos de consumo
de sus clientes. Como escribió Jon Katz, nunca
antes en la historia una nación ha tenido tanta
información acerca de sus habitantes como la que
tiene AOL-TW de sus usuarios.
Debido a estas
dos características esta megafusión comienza a
parecerse peligrosamente a un órgano de control
dictatorial, con la diferencia de que aquí el
estado ha sido sustituido por un oligopolio capaz
de lanzar enloquecedoras campañas
propagandísticas para promover películas,
series televisivas, candidatos presidenciales,
fármacos o restaurantes de comida chatarra. El
usuario podrá interactuar con los medios todo lo
que quiera a través de su computadora y de la
televisión pero eso no cambiará en nada el
hecho de que el verdadero poder estará cada vez
más centralizado y que sus opiniones serán
procesadas y archivada por un programa, para ser
empleadas en estadísticas y estudios de mercado.
Un sistema político en el que la economía, la
política y los medios de comunicación son
controlados por unas cuantas manos es tan sólo
democrático en el discurso independientemente de
que se diga capitalista o comunista. En el
neoliberalismo unos cuantos conglomerados manejan
todos los aspectos de los gobiernos y las
naciones, en este sistema en vez de que internet
sea un foro libre e igualitario tenemos que es un
mercado digital hipercomercial, libre de
impuestos, dirigido y autoregulado por las mismas
empresas voraces que lo explotan.
El mundo feliz
de la convergencia digital se parece notablemente
al mundo de la novela 1984 en la que George
Orwell describía un mundo globalizado en el que
las fronteras habían desaparecido casi del todo
y tan sólo quedaban tres naciones. La sociedad
vivía hiperconectada mediante gigantescos
monitores que transmitían desinformación día y
noche. El lenguaje dominante era el newspeak el
cual a pesar de ser limitado es infinitamente
más rico y expresivo que la ciberjerga que se
teclea en los chats de la red y que los inefables
emoticons, En la novela 1984 reinaba la fantasía
de que todo mundo era igual a pesar de que los
proletarios carecían de todo. Las masas de la
era de internet por su parte son regidas por una
cultura apolítica de consumo en la cual las
diferencias de clases sociales se acentúan
dramáticamente y en donde los desposeídos no
sólo son marginados sino que simplemente
desaparecen por carecer de tarjetas de crédito,
computadoras, líneas telefónicas y
conocimientos del idioma inglés. En la novela la
sociedad completa dedica cinco minutos diarios al
odio contra el enemigo del pueblo, Samuel
Goldstein, de manera semejante los noticieros
estadounidenses de la actualidad tienen en el
millonario saudita Osama Bin Laden al perfecto
enemigo del pueblo. Y finalmente, el pueblo de
Oceania en la novela ha entregado su libertad al
hermano mayor, de manera semejante en la
actualidad las grandes corporaciones como si
fueran hermanos mayores controlan los hilos de la
economía, la política y la cultura de los
ciudadanos de la república de internet y zonas
aledañas.
* Naief
Yehya es miembro
del Consejo Editorial de Sala de Prensa. Actualmente radica en Nueva York,
desde donde envía su columna bimestral sobre los
efectos sociales de las nuevas tecnologías para
el suplemento La Jornada Semanal, de la Ciudad de México. Esta ponencia
fue presentada durante el II Congreso Americano de
Periodismo en Internet,
organizado por el ITESM-CEM y Sala de Prensa, noviembre de 2000.
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