Periodismo iconográfico
La
caricatura: historia y definiciones
Dr.
Carlos Abreu *
La
caricatura es, junto con el dibujo realista, la
modalidad de imagen periodística más antigua
que se conoce. La definición aristotélica dice
que "representa a los hombres peores de lo
que son" (Quirós Corradi, en Torres, 1982:
presentación).
El vocablo
deriva de "caricare" que significa
cargar, acentuar o exagerar los rasgos (Gubern,
1987: 215) y, según algunos autores, fue
acuñado por Aníbal Caracci hacia finales del
siglo XVI. Con el término, caracci designaba a
los trabajos que él y otros artistas hacían
entonces en Bolonia (Torres, 1982: 18).
Un siglo más
tarde, la caricatura se definía como un método
de hacer retratos que tenía como propósito
lograr el máximo parecido del conjunto de una
fisonomía, "pero cambiando todos los
elementos componentes" (Gombrich, 1987: 99).
Pero mucho antes
de estos primeros intentos por definir esta forma
expresiva ya habían sido empleadas imágenes con
rasgos de caricatura. Por ejemplo, se ha dicho
que en la antigüedad se llegaron a utilizar
representaciones gráficas caricaturescas en
pinturas, dibujos y esculturas.
Podríamos
remontar el curso del tiempo hasta los papiros
egipcios, las ánforas griegas o los frescos de
Pompeya, y recordar algunas gárgolas, estatuas o
autorrelieves de iglesias y catedrales
medioevales... (Pérez Vila, 1979: 5)
También se
presume que algunos dibujos precolombinos
podrían tener características de la caricatura.
Algo similar se ha encontrado en Japón, con
muestras que datan del siglo IX. (Martínez de
Sousa, 1992: 73-74). De manera que muchas figuras
de la Antigüedad y de la Edad Media deben
considerarse representaciones caricaturescas,
aunque el propósito de sus autores no haya sido
humorístico o satírico.
De hecho, dentro
de ellas algunos especialistas incluyen, por
ejemplo, la reproducción de dioses con cabezas
de animal tales como Isis (Gato), Horus,
(Gavilán), Set (Asno), y Sekhet (Leona), en el
Antiguo Egipto.
Mientras, en la
Edad Media se mencionan, entre otras, además de
las gárgolas de algunas catedrales, la cabeza
que empleó fray Angélico para representar en la
Academia de Florencia al evangelista San Juan
(Tamayo,1988: 8).De otro lado, es sabido que el
primer cuerpo de caricaturas políticas impresas,
cuyo contenido desconocemos, apareció en
panfletos en Florencia, durante la última
década del siglo XV (Ivins, 1975: 62).
Respecto del
Renacimiento, algunos especialistas ven en
diversos trabajos de Leonardo da Vinci
antecedentes de la caricatura debido a lo
grotescos y deformes que resultaban algunos de
sus dibujos de seres humanos (Feaver, 1981: 23).
En cuanto a los
periódicos, pocos años después de que Carracci
propusiera su definición, el Nieuwe Tijdinghen,
en Amberes, publicó una caricatura en la que se
observa a un pastor protestante haciendo
propaganda político-religiosa mientras el
demonio le insufla ideas con un fuelle (Martín
Aguado, 1978: 155).
A mediados del
siglo XVIII, concretamente en mayo de 1754,
Benjamín Franklin difundió en la Pensylvania
Gazette la imagen de una culebra dividida en ocho
partes, cada una de las cuales llevaba las
iniciales de una de las colonias, formando la
leyenda "Unión o muerte".
Con esta imagen
se buscaba organizar las colonias norteamericanas
contra los indios y los franceses (Varios, 1976:
12). En lugar de una caricatura, algunos
especialistas ven en este trabajo un antecedente
de la infografía (Horn y Monmonier en Serra, sin
data: s.n).
Por esa misma
época, exactamente en 1786, y raíz de un juicio
de "residencia" contra el gobernador de
Caracas, Manuel González Torres de Navarra,
alguien -no se sabe quién- añadió al
expediente una caricatura "muy infantil,
pero reveladora del desprecio del autor hacia el
funcionario en cuestión" (Esteva-Grillet,
1992: 13).
La revolución
francesa y, posteriormente, el imperio
napoleónico, impulsaron las caricaturas, en
especial las de tinte político. Empero, también
a las de intención satírico-moralizante como la
serie "Le Marriage a la moda", del
británico William Hogarth, y "Los
caprichos" de Goya.
Aún así, al
igual que en Norteamérica, las caricaturas
raramente eran publicadas en los periódicos
franceses, ingleses y rusos sino que se vendían
como pan caliente en Londres, París, Moscú, y
otras ciudades europeas, grabadas en hojas
sueltas, en ocasiones coloreadas a mano (Pérez
Vila, 1979: 7-8).
El siglo XIX
traería la consolidación del género,
especialmente en Europa, gracias al desarrollo de
la xilografía y la litografía, y a las
convulsiones políticas que sacudían algunas
naciones del llamado viejo continente. Como
veremos, la temática política ha sido
tradicionalmente caldo de cultivo para la
caricatura.
La difusión de
la educación básica en Europa y los Estados
Unidos desde 1870 en adelante, aunado al sufragio
para hombres adultos crearon un terreno fértil
para el desarrollo de la caricatura política
(Feaver, 1981: 95).
Entre las
publicaciones que, por esos años, hicieron de
esta forma expresiva un hábito, se pueden citar,
entre muchas otras, El Figaro in London, La
Caricature politique, moral et littéraire
-inspiración de la mayoría-, Punch, y Le
Charivari.
Igualmente, no
se puede dejar de mencionar a La Silhouette,
-para Feaver la más importante-,
Kladderadattsch, Le Grelot, Le Chat Noir, Le
Almanach, La Fronde, Vanity Fair, London Figaro,
Krukehler, Fliegende Blutter, y La Via
Parissiene.
Allí brillaron
los caricaturistas Honoré Daumier, Etienne
Carjat, Gaspar Felix Tournachon (Nadar), John
Tenniel, Gustavo Doré, Alfred Le Petit, Felix
Reejamey, Alphone Colomb (Moloch), John Wilson
Berrough, Joseph Keppler y Adriano Cecioni, entre
muchos otros artistas (Feaver, 1981: 74-99).
Estados Unidos
también tuvo lo suyo. Puck, Dramatic News,
Harper´s Weekley, New York Illustrated, News
Moonshine y Grip abrieron las puertas al género,
cuyos principales representantes quizás fueron
Leslie Word y Thomas Nast. Mientras, en América
Latina destacó Caras y Caretas, en la que
colaboraron artistas españoles y americanos
(Martínez de Sousa, 1992: 74).
Variedad
de conceptos
Las definiciones
sobre caricatura no son escasas, como es natural,
ya que, como vimos, ellas datan de tiempos
remotos. Algunos de esos conceptos nos dan una
idea precisa sobre la esencia del género. Otros
son ambiguos y etéreos.
Marta Aguirre
(1990: 42) expresa que la caricatura es una forma
de comunicar opinión sobre un hecho de
actualidad, utilizando el dibujo humorístico,
con o sin palabras, "que explique su
mensaje".
Honorato de
Balzac (En Mogollón y Mosquera, 1983: 14) decía
que la caricatura es un recurso agresivo y
cordial. Enrique Bergson (En Columba, 1959: 20)
indica que el arte del caricaturista radica en
atrapar un rasgo a veces imperceptible y hacerlo
visible a los ojos al agrandarlo.
Francisco
Bautista, "Kiko" (En Durán, 1990:
123), afirma que caricatura es todo aquello que
deforma la realidad. El elemento más importante
de ella, agrega, es que no debe tener ninguna
"caracterización previa", sino que
debe salir de la propia autenticidad de nuestra
inteligencia e imaginación.
Andrés Eloy
Blanco (En Mogollón y Mosquera, 1983: 14)
asegura que un caricaturista es lo único serio
en materia de psicología plástica. Agrega que
el mismo no necesita humor e incluso puede hacer
su trabajo disgustado. Mas aclara que cuando en
su obra hay risa, él es más verdadero, humano,
abnegado y filósofo.
Fraser Bond
(1974: 263) señala que en la caricatura se
expone en forma gráfica el punto de vista del
periódico. Agrega que en esta era, en la que
muchos lectores no creen disponer del tiempo
necesario para leer un editorial, éstos le dan
un vistazo a la caricatura y comprenden el
significado editorial.
Desde hace mucho
tiempo, puntualiza Bond, este género ha
demostrado ser una fuerza muy potente en la
formación de la opinión pública.
Mariano Cebrián
Herreros (1992: 394) asegura que la caricatura es
el retrato de cuerpo entero o sólo del rostro de
una persona -o excepcionalmente de un grupo para
destacar sus relaciones- de la que se exalta o
destaca exageradamente algún rasgo físico
definitorio. Tiene un carácter hiperbólico,
añade, y refleja la visión personal del
dibujante.
Para Cebrián,
la caricatura es una interpretación personal que
lleva "una cierta carga humorística" y
burlona que puede llegar en ocasiones a cumplir
una función "editorializante" respecto
del protagonista.
Ramón Columba
(1959: 8) asegura que la caricatura es la risa
dibujada en el papel. Es un destello, una chispa,
una creación intuida por el humorista -agrega-
que nos da la idea de lo grotesco.
Humberto Cuenca
(1961: 195), entre tanto, señala que en sus
comienzos la caricatura fue considerada como un
híbrido, fruto del arte y la literatura -dibujo
y leyenda-, que apareció en el periodismo desde
el fondo del anonimato, con el fin de burlarse de
los políticos y de la aristocracia.
Ignacio de la
Mota (1994: 219) afirma que es una expresión
gráfica, normalmente de carácter editorial, que
presenta ridícula y grotescamente como
protagonista a una personalidad afectada por el
tema de que se trata.
Además, a su
juicio la caricatura posee una gran fuerza en la
formación de la opinión pública por la
exageración de los rasgos físicos o
profesionales. Más adelante, De la Mota la
define como una ironía consistente en la
exageración burlona de los rasgos de un
personaje.
En los
diccionarios también se consiguen definiciones
sobre la caricatura. El Larousse Ilustrado dice
que ésta es una reproducción grotesca de una
persona o cosa. (De Toro y García-Pelayo, 1964:
200)
El Diccionario
Enciclopédico de las Artes señala (En Mogollón
y Mosquera, 1983: 15) que la caricatura es la
representación exagerada de los rasgos o
actitudes características de una persona para
producir un efecto risible, y que se emplea con
frecuencia como instrumento de crítica social y
política.
El Diccionario
de Información, Comunicación y Periodismo
indica que la caricatura es un dibujo en el que
se deforman, resaltándolos, los rasgos más
peculiares, las facciones y el aspecto de una
persona o cosa. (Martínez de Sousa, 1992: 73)
Para el
Diccionario de la Real Academia Española, el
género en cuestión es una figura ridícula en
que se deforman las facciones y el aspecto de una
persona. Además, la considera una obra de arte
en la que claramente o por medio de emblemas y
alusiones se ridiculiza una persona o cosa.
(DRAE, 1970: 262)
La Enciclopedia
Ilustrada Europea-Americana (En Tamayo, 1988:
7-8) ofrece una extensa definición. Dice que la
caricatura es una representación plástica de
una persona o de una idea, interpretándola
voluntariamente bajo su aspecto ridículo o
grotesco.
Agrega que
"artísticamente" su fuerza estriba en
la preponderancia de los elementos
característicos de la persona o cosa
representada. "Sus medios de expresión son
la escultura, la pintura, y más comúnmente el
dibujo; sus derechos en arte, los mismos que la
sátira y lo burlesco en literatura".
Añade que con
frecuencia la idea del dibujo se aclara con
inscripciones o cortas leyendas que precisan la
intención satírica del artista. Finalmente,
puntualiza que no es necesario que la idea que ha
motivado el dibujo sea la de ridiculizar a una
persona o cosa.
Emil Dovifat
(1960: 82-84) se extiende en su definición del
género que estamos estudiando. Caricatura, en su
opinión, es cargar e insistir, y "es en
sí" la exageración satírica de las
particularidades propias de personas o
circunstancias, señaladas de forma "certera
o impresionante".
Dovifat añade
que como instrumento de lucha política la
caricatura trata de centrar en una persona la
idea u orientación política que quiere
combatir, y al distorsionarla logra su impacto.
Ello con el fin de ser entendida por todo el
mundo.
Lo anterior,
explica, puede hacerse de varias maneras. Por
ejemplo, creando un tipo de persona que simbolice
al burgués, al capitalista o al Tío Sam, que
son representaciones caricaturescas, y erigiendo
en figuras típicas a los políticos y dirigentes
de tendencias enemigas.
A estos últimos
ataca y zahiere "el dibujante
satírico" exagerando todas las
peculiaridades que simbolicen las ideas atacadas.
Las caricaturas destacan en esta exageración
-continúa Dovifat- de manera bien visible y
gráfica las consignas, las acercan al público
más amplio, y a menudo crean tipos
"eternos" y difíciles de olvidar
puesto que "calan muy hondo".
El tratadista
alemán señalaba en 1960 que muchos de los tipos
de caricaturas, creados en las grandes
religiones, seguían utilizándose todavía y que
eran señales e indicios de discordia "en
todos los tiempos agitados y de
transición".
Por último,
explicaba que en épocas tranquilas la
combatividad y "malignidad" de la
caricatura decrecían, pero seguía en pie su
misión de propaganda. "Siempre tendrá
acogida en el periódico por su fuerza, la
eficacia de su sátira... y su capacidad de
realzar un ideal."
Olga Dragnic
(1994: 40) considera que la caricatura es un
dibujo que, mediante trazos exagerados, destaca
ciertos rasgos o características de una persona,
acontecimiento, cosa o animal. Tiene siempre una
intención humorística y a menudo se busca
transmitir alguna crítica.
Para Carlos
Fonseca (En Durán, 1990: 124) la caricatura es
una caja de resonancia que trata de señalar las
injusticias sociales. Añade que es una especie
de colirio que trata de abrirle los ojos a los
gobernantes, "lo que pasa es que ellos
tienen cáncer en los ojos y eso no se
cura".
Carlos Galindo
(Sancho) (En Durán, 1990: 121) dice que la
caricatura debería estar definida dentro del
objetivo fundamental que persigue, vale decir, si
es de humor, tiene que hacer reír; si es una
caricatura de opinión, tiene que poner a meditar
a la gente, y "si logra todas esas cosas al
mismo tiempo, entonces es una excelente
caricatura".
A juicio de Juan
Gargurevich (1982: 192) la caricatura es una
categoría independiente de gran desarrollo en el
periodismo, a la cual hay que ubicar dentro de
los géneros gráficos del periodismo, y que
requiere de especialistas de talento.
Martin Grotjahn
(En Mogollón y Mosquera, 1983: 28) se extiende
en su explicación. Para él, la caricatura es
una variante de lo cómico, cuyo objetivo es el
"desenmascaramiento" y degradación de
una persona investida de autoridad o fama.
Agrega que uno
de los métodos predilectos de este género es el
excesivo énfasis dado a una característica,
haciéndola tan prominente que no pueda pasar
inadvertida.
Asegura Grotjahn
que el caricaturista suele sentir muy agudamente
esa tendencia agresiva. Además de exagerar los
detalles para degradar, explica, intenta adquirir
poder sobre la víctima de su agresión, por
métodos "antiguos, abandonados o
infantiles".
El tratadista
Roman Gubern (1987: 215) considera que la
caricatura es la imagen "connotada por
antonomasia", cuya distorsión expresiva
está ya en las elaboraciones de los sueños y en
los lapsus del lenguaje, como demostró Freud.
Para Earle
Herrera (1997: 131) la caricatura es sinónimo de
opinar y puede ser definida como la expresión
pública de la visión particular que el
caricaturista tiene o se hace de personas y
hechos. Añade que no siempre tiene como fin
ridiculizar.
En opinión de
Eneko las Heras (En Durán, 1990: 122) en vez de
definir a la caricatura, habría que
"desdefinirla" y añade que en este
género lo más importante es la libertad, en el
sentido de no definirla.
Guillermo
Meneses (En Mogollón y Mosquera, 1983: 17)
también es concreto. Dice que una caricatura es
la expresión gráfica de la falta de respeto a
todo y a todos.
Desde su
perspectiva docente, Manuel Isidro Molina (En
Mogollón y Mosquera, 1983: 17) indica que este
género es una expresión humana y un esfuerzo
intelectual que manifiesta la opinión e
ideología del autor.
Humberto Muñoz
(En Mogollón y Mosquera, 1983: 17), con
experiencia práctica en el género, lo define
como una realidad que está escondida dentro de
las personas y las cosas, y solamente a través
de los trazos del caricaturista se puede
apreciar.
A su juicio, la
caricatura puede tener diversidad de divisiones:
personal o retratista, sólo de rasgos;
satírica, política, social, y la caricatura que
llamamos de "humor por humor", que crea
una situación sólo para hacer reír.
A Abilio Padrón
(En Durán, 1990: 123), según vimos, no le gusta
el término caricatura porque se presta a
confusión ya que se emplea para indicar que
"se dibujan caras" pero también para
denominar a los dibujos animados de la
televisión.
Por esa razón,
este caricaturista prefiere el término
"dibujo satírico", que, según él, es
un recurso expresivo que además de utilizar la
sátira y la ironía, puede emplear o no la
caricatura.
Para el
político Paciano Padrón (En Durán, 1990: 124)
tal vez no haya nada más serio que una
caricatura, ya que si bien es la exageración
humorística de un hecho, idea o personaje, lleva
en su esencia a los mismos.
Agrega que las
caricaturas, a pesar de exagerar y "de
alguna manera deformar las realidades", son
un excelente vehículo para describir hechos e
interpretar situaciones.
Joaquín Pardo
(En Durán, 1990: 121) sostiene que una
caricatura es una idea que impacta, bien por el
dibujo o bien por el texto, que debe llegar tanto
al obrero como al intelectual y además hacerlos
reír. "La caricatura -agrega- ayuda al
lector a profundizar en los acontecimientos de
una manera gráfica y veloz".
Pastecca (En
Durán, 1990: 10) asegura que la caricatura es lo
que el dibujante piensa sobre un personaje, es
decir, su opinión sobre éste. Una vez hecho, el
dibujo hace pensar a los demás.
La definición
de Manuel Pérez Vila (1979: 5-6) repite algunas
de las ideas expuestas por otros autores pero
también incorpora elementos nuevos. La
caricatura, dice, es esencialmente una de las
formas de sátira, es decir, una manera de
desenmascarar, criticar o atacar a una persona,
familia, partido, clase social, institución,
gobierno, situación, nación o etnia, destacando
por lo común sus aspectos negativos o
ridículos.
La caricatura,
añade, es una sátira que se expresa
fundamentalmente a través de una representación
gráfica, casi siempre acompañada por una
leyenda escrita o por uno o varios
"globos", "fumetos" o
inscripciones.
A veces -aclara
Pérez Vila-, predomina el elemento gráfico
hasta el punto de no necesitar el complemento de
la palabra para alcanzar su propósito. En su
opinión éstas son las mejores caricaturas y,
por esta razón, piensa que debe resultar
difícil lograrlas, y son más bien escasas.
Régulo Pérez
(En Durán, 1990: 123) considera que para él la
caricatura es un arte, y además su vida, su
conciencia, y su posición ante la vida. "La
concienciamía se refleja en la caricatura y eso
ya es bastante, quizás para los demás eso no
sea nada, porque en este país ya nadie le da
importancia a eso".
Jacinto Octavio
Picón (En Durán, 1990: 7) afirma que la
caricatura es la sátira dibujada, la
sustitución de la frase por la línea, la
pintura de lo defectuoso y lo deforme, que
señala y castiga con el ridículo los crímenes,
las injusticias y hasta las flaquezas de los
hombres.
Añade que la
caricatura es quizás el medio más enérgico de
que dispone lo cómico; el correctivo y censura
más poderosos que más han empleado los
oprimidos contra los opresores y los débiles
contra los fuertes.
José Rivas
Rivas (En Mogollón y Mosquera, 1983: 20)
puntualiza que la caricatura es plástica y
lingüística. A través de estos dos elementos,
agrega, retrata un momento político determinado
o un personaje y, generalmente, debe provocar el
sentimiento del humor o hacer reír.
Mientras, Luis
Rojas (En Mogollón y Mosquera, 1983: 21) asegura
que la caricatura es un modo de burlarse de las
cosas muy serias.
Para Eduardo
Robles Piquer (En Mogollón y Mosquera, 1983:
20), la caricatura tiene dos ramas: la personal y
el dibujo humorístico. La primera, a su juicio,
no es nunca el retrato deformativo y grotesco que
hacen algunos "llamados
caricaturistas", sino la búsqueda de la
expresión característica del hombre y/o la
mujer, y su expresión gráfica con el menor
número de líneas posible. En cuanto al dibujo
humorístico, ubica dentro de él al
"cartón" político, la historieta, la
tira cómica y el chiste ilustrado.
Evora Tamayo
(1988: 27) considera a la caricatura un
"hecho artístico y político", y como
un género más del periodismo, con el mismo
rango y jerarquía que el resto de los géneros
de la prensa.
Para Albert
Sutton (1963: 228), la caricatura es otra clase
de ilustración, que se emplea a veces en la
primera plana y constituye una eficaz
característica editorial para llamar la
atención de los lectores. Asimismo, considera
que contribuye a formar un determinado criterio o
unas opiniones sobre las noticias más
importantes del día.
En opinión de
Ildemaro Torres (1982: 19), más que una
representación grotesca o deformación, la
caricatura es interpretación y en algunos casos
proposición, referida no solamente a personas o
cosas, sino también a hechos, lugares,
instituciones, situaciones, etc.
Además, agrega,
no sólo ni necesariamente implica ridiculizar,
sino que asimismo puede tener carácter de
denuncia o sentido pedagógico. Del mismo modo,
es factible que vaya más allá de una parodia
gráfica de los rostros y constituya en cambio un
ejercicio de percepción, o una expresión de
síntesis del dibujante.
En fin, para
Torres la caricatura representa la
transformación subjetiva de una realidad
observada objetivamente, entendidas esas acciones
de observar y transformar como dos impulsos
artísticos básicos.
Oscar Yánez (En
Durán,1990: 124) dice que la caricatura es un
editorial gráfico cuya arma fundamental es el
chiste. A su parecer, tiene que ser agradable,
tener mensaje y provocar la risa, "si no
deja de ser caricatura".
Finalmente,
cerremos este inventario de definiciones con una
formulada por Pedro León Zapata (En Mogollón y
Mosquera, 1983: 21), uno de los caricaturistas
más famosos de nuestro país. La caricatura,
dice, es la expresión artística como forma de
comunicación; no como algo que se hace para
otros fines.
Aspectos
polémicos
Antes de
proponer y desglosar nuestro concepto sobre
caricatura es conveniente hacer algunas
observaciones sobre aspectos que no compartimos
de las definiciones anteriormente citadas.
Por ejemplo,
consideramos que no es ajustado afirmar que la
caricatura es un sustituto del editorial. Si bien
algunas cumplen una función análoga a la de
éste -especialmente aquellas que se publican en
las páginas editoriales-, muchas otras tienen
propósitos diferentes, explicados ya en algunas
de las definiciones antes reseñadas.
Como ya lo
explicamos en entregas anteriores, preferimos
diferenciar entre los términos dibujo y
caricatura, aunque ésta sea una modalidad de
aquél.
El primero -al
menos en su vertiente realista-, insistimos,
guarda una marcada similitud con el objeto que
representa. En otras palabras, quien lo elabora
trata de que se parezca lo más posible al
aspecto de la realidad que está representando
En cambio, como
lo indican muchas de las definiciones, la
caricatura se caracteriza, grosso modo, por
distorsionar o acentuar -aunque algunos prefieren
los términos interpretación o proposición- las
facciones o aspecto de personas, objetos, etc.,
es decir, es menos icónica que el dibujo, según
se hemos visto en un trabajo anterior1.
Del mismo modo,
tampoco compartimos el criterio según el cual
las historietas, o tiras cómicas son modalidades
de la caricatura2. Aun cuando sus dibujos
son caricaturescos, conforman otro género y,
además, casi siempre forman parte del material
de entretenimiento de los periódicos
En consecuencia,
no suelen tener -salvo en raras ocasiones- un
móvil periodístico. Conviene recordar, empero,
que en algunos países se ha ensayado el uso de
este recurso con dicho fin, mas no es lo habitual3.
De otro lado,
ninguno de los autores citados hace referencia
explícita en sus conceptos a que la caricatura
puede ser -aparte de un instrumento de crítica
social-, un muestrario de tradiciones,
tipologías humanas o patrones culturales, como
ocurre con la caricatura costumbrista (Torres,
1982: 177).
Aunque la mayor
parte de las caricaturas se "centra" en
una persona, muchas hacen referencia a objetos,
situaciones, etc. Del mismo modo, a pesar de que
existen casos de uso de ellas con fines
propagandísticos -en la prensa cubana,
verbigracia- su misión es eminentemente
periodística aun cuando, al igual que la
propaganda, busquen persuadir al lector.
Finalmente,
preferiríamos decir que la caricatura es otra
forma de imagen que de ilustración. Aunque
existe la modalidad "caricatura de
ilustración" las más importantes
manifestaciones del género utilizan la imagen
como soporte fundamental.
Además, la
palabra -la mayoría de las veces en forma de
leyenda, globo o fumeto- suele ser parte
consustancial de la caricatura, y no un texto al
que ésta complementa. Hechas estas aclaratorias,
a partir de la próxima entrega comenzaremos a
desglosar nuestro concepto de caricatura.
_______
NOTAS:
- Valga recordar que en una
entrega anterior vimos que esa
distorsión tiene sus matices que van
desde lo moderado hasta la exageración.
- Otra cosa es que la
caricatura haya sido, según Roman Gubern
(1987: 215), la materia prima de los
comics, hasta 1929 aproximadamente.
- Pero, aun en ese caso,
estamos en presencia de un género
diferente a la caricatura.
_____________
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TORRES, Ildemaro (1982). El
humorismo gráfico en Venezuela. Ediciones
Maraven. Venezuela
VARIOS (1976). El reportaje
fotográfico. Salvat Editores. España.
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Carlos Abreu es
doctor en Ciencias de la Información por la Universidad de La Laguna. Profesor titular de la Universidad Central de
Venezuela. Este texto se
publicó en Revista
Latina de Comunicación Social, número 38, de febrero de 2001, La
Laguna (Tenerife), y se reproduce con la
autorización expresa de su editor, José manuel
de Pablos.
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