Entrevista a Maxwell McCombs
Hay
que reinventar el concepto de noticia
Paulina
Leyva Muñoz ©
Maxwell
McCombs más parece un estadunidense recién
llegado de la playa que el creador de una de las
pocas teorías de la comunicación que ha sido
probada experimentalmente. O, al menos, sobre la
cual se tienen más certezas. Vistiendo una
multicolor camisa playera, pantalones y
alpargatas grises, balancea sus pequeños pies
mientras habla y ríe por teléfono. Es bajo;
sentado, sus piernas no alcanzan el suelo. La
bronceada cara y la alta luminosidad de su
oficina, acentúan el blanco de su no muy
abundante cabello. Desde el séptimo piso, tres
gigantes ventanales lo confortan con una
privilegiada vista hacia la calle Guadalupe; la
principal vía de la Universidad de Texas, en
Austin. En esa institución ha dado clases en los
departamentos de gobierno y comunicación desde
1985.
-Al parecer la
conferencia en Italia se cancelará -le cuenta a
la persona al otro lado de la línea telefónica.
El viaje a Escocia es más seguro.
A los 58 años,
su aporte a la teoría denominada agenda-setting
ya le ha significado decenas de viajes a través
del mundo. Sobre todo durante los últimos meses,
cuando acaba de publicar su libro Communication
and Democracy: Exploring the Intellectual
Frontiers in Agenda-Setting Theory.
Agenda-setting
y la democracia contemporánea
Hace ya 25 años
Maxwell McCombs y Donald Shaw publicaron el
artículo «The Agenda-Setting Functions of the
Mass Media», en Public Opinion Quarterly, en el
que abordaban la influencia de la agenda de los
medios noticiosos sobre la agenda pública.
Postulaban que los medios de comunicación -al
dar o restar importancia a un tema, al cubrir
más o menos extensamente una noticia-
transmitían la relevancia y la jerarquización
de los problemas que se perciben como
importantes. A través de más de 200 estudios,
aquellas primeras sugerencias se fueron puliendo;
entonces ya se hablaba del «primer nivel de la
agenda-setting». Básicamente, se aclaraba que
existía una transmisión de temas desde la
agenda de los medios hacia la agenda pública. Es
decir, los medios no determinaban qué decir
sobre una cosa, sino sobre qué cosas hablar.
| En los últimos
años, la teoría ha evolucionado
drásticamente. Si bien es cierto que hay
una transmisión de temas u objetos,
éstos tienen numerosos atributos;
aquellas características que completan
el cuadro o la pintura que cada cosa
tiene en nuestras mentes. A la vez, así
como hay temas más relevantes, también
hay atributos con mayor jerarquía.
Cuando los medios de comunicación
describen un acontecimiento, dan más
importancia a ciertos atributos que a
otros o mencionan algunos con más o
menos frecuencia. Precisamente, en eso se
basa el «segundo nivel de la
agenda-setting»; en la transmisión de
esos atributos con jerarquía desde los
medios de comunicación hacia la agenda
pública. Las implicancias de este
segundo nivel se revelan en la
posibilidad de que los medios no sólo
determinen sobre qué pensar, sino
también qué y cómo pensar sobre algo. -Con la
proposición del segundo nivel de la
agenda-setting, se atribuye un enorme
poder a los medios de comunicación sobre
las audiencias. ¿Le asusta la idea de
que se haga un mal uso de este poder?
-Esto
tiene mucho que ver con la ética.
Ciertamente, los medios pueden ser muy
poderosos. Creo que los periodistas no se
dan cuenta del poder que tienen y de la
importancia ética de este hecho. El
problema ocurriría si fuese verdad que
los periodistas no son más que los
relacionadores públicos de la clase
dirigente (establishment). En ese caso
-añade riendo a carcajadas- habría que
despedirlos a todos.
-En el
prólogo de su libro Communication and
Democracy usted escribió: «Entender el
análisis de la teoría de la
agenda-setting es necesario para entender
el análisis de la democracia
contemporánea». ¿Por qué, cuál es la
relación entre agenda-setting y
democracia?
-Para
entender esto debemos hablar de las
funciones de las comunicaciones:
consenso, vigilancia y transmisión de la
herencia social. Tradicionalmente la
teoría de la agenda-setting ha sido
estudiada en términos de la función de
vigilancia: la gente se entera sobre lo
que está ocurriendo en el mundo a
través de los medios de comunicación.
Se informa a través de ellos. Sin
embargo, los nuevos avances en la teoría
hablan sobre su relación con la función
de consenso. Esto significa que los
medios ayudan a la sociedad a llegar a
acuerdos porque hacen que la gente hable
o se preocupe sobre los mismos temas. De
ahí que la agenda-setting responde no
sólo a la función de vigilancia o de
información de la sociedad, sino que
además, a la del consenso necesario en
toda democracia.
|
|
| Maxwell McCombs Obtuvo su
bachiller en la Tulane
University, en 1960. En 1961
realizó el master en la Stanford
University, donde también se
doctoró en 1966. Las siguientes
son unas listas con algunas de
sus actividades profesionales y
académicas, y una selección de
sus publicaciones.
Actividades
académicas y profesionales
- 1985-presente
Jesse H. Jones Centennial
Chair en Comunicaciones y
Profesor de Gobierno y
Comunicaciones de la
Universidad de Texas en
Austin.
- 1994-presente
Profesor visitante
permanente, Universidad
de Navarra.
- 1985-1991
Presidente del
Departamento de
Periodismo, Universidad
de Texas en Austin.
- 1973-1985
Profesor de
Investigación y Director
del Centro de
Investigación de las
Comunicaciones, Syracuse
University.
- 1975-1984
Director de la
Asociación de editores
de diarios americanos
(estadounidenses).
Departamento de
Investigación.
- 1969-1973
Profesor Asociado,
Universidad de North
Carolina.
- 1967-1969
Asistente de Profesor,
Universidad de North
Carolina.
- 1965-1966
Asistente de Profesor.
U.C.L.A.
- 1961-1963
Reportero, New Orleans
Times, Picayune.
Publicaciones
|
|
-Hay algo
que no me queda claro. Por un lado tenemos que
los medios de difusión -al determinar los temas
sobre los que se habla y los atributos de esos
temas- son el punto de encuentro o el suelo
social que permite el consenso necesario en toda
democracia. Sin embargo, también sabemos que
otro aspecto de la agenda-setting dice que unos
pocos, pero poderosos medios periodísticos
influencian al resto de los medios. A la vez,
sabemos que hay una tendencia progresiva a la
concentración de los medios de comunicación.
¿No se contradice esto con la función
pro-democracia de la agenda-setting, en el
sentido de que si hay pocos medios dominantes,
las alternativas de elección disminuyen?
-Es cierto. Sin
embargo hay muchas alternativas. En Estados
Unidos podemos encontrar muchos McDonals, Burger
King, Wenndy's, pero ¿es eso realmente
diversidad? No, sólo son diferentes versiones de
la misma cosa. La competencia ha disminuido la
diversidad.
-Si los medios
periodísticos sólo ofrecen el mismo tipo de
hamburguesa, y a la vez el segundo nivel de la
agenda-setting nos dice que esos medios sí
determinan el aspecto de qué pensar en las
audiencias, no ¿cree que esta tendencia es
peligrosa?
-Sí. El mayor
peligro radica en que la gente se basa en las
noticias. Por un lado, constitucionalmente el
gobierno no puede evitar esa concentración. La
primera enmienda lo prohíbe, la libertad de
prensa está primero. Si a esto agregamos el
hecho de que los periodistas sólo seleccionan un
tipo limitado de eventos como noticiosos, el
problema aumenta. La solución sería reinventar
el concepto de noticia. Nadie ha buscado un nuevo
concepto teórico de lo que es noticia desde que
Henry Luce lo hizo en 1920 [todo hecho que llame
la atención del gobierno]. Pero hoy, las maneras
de enfocar la noticia son totalmente diferentes.
Cambiar
todo el motor
-¿A qué se
refiere con reinventar el concepto de noticia?
-La idea de lo
que es noticia ha evolucionado a través de la
historia. Sin embargo, esa evolución ha
disminuido en los últimos veinte años. Yo
participé en un estudio donde analizamos los
temas cubiertos por los diarios en las últimas
dos décadas y ellos no han cambiado realmente.
Sin embargo, si pensamos en cuánto ha cambiado
el país durante ese mismo período nos damos
cuenta de que las transformaciones son muchas. A
los periodistas les gusta contar historias. Se
supone que se escribe sobre cosas nuevas. Sin
embargo, esto no está ocurriendo. Se escribe
sobre temas irrelevantes para la gente. Por
ejemplo, el caso Whitewater. Los periodistas han
estado cubriendo el tema por años. La gente
llega a bostezar cuando oye acerca de esto. Ni
siquiera estamos seguros de que haya habido algo
malo en ese caso. Es demasiado complicado. En
verdad, a la gente no le interesa Entonces, el
problema principal que enfrenta el periodismo
actual es la selección de temas catalogados como
noticiosos y la manera en que se los cubre. Son
analizados en aspectos muy diferentes a lo que
realmente le interesa a la gente.
-¿Significa
esto que la percepción de la realidad o del
mundo que los periodistas tienen es diferente a
la de las audiencias o a la de la gente común y
corriente?
-Muy diferente.
Cada vez más diferente. Por eso los periodistas
deben entender que periodismo no es sólo
escribir o contar una historia, un reporte. No se
trata sólo de pensar «nuestro trabajo es sólo
producir mensajes y no nos importa lo que pase
con ese mensaje posteriormente». Éticamente ese
pensamiento está errado. Los periodistas deben
darse cuenta de que sus acciones tienen
implicancias éticas. Si no lo hacen,
continuarán perdiendo sus lectores o audiencia.
Hay muchas encuestas y estudios que lo prueban.
-¿Diría usted
que los medios de comunicación están haciendo
algo para revertir esta situación?
-Los cambios son
mínimos. Incluso es chistoso. Es como si el auto
de una persona no funcionara bien y se decidiera
a pintarlo de nuevo, cuando lo que realmente
debería hacer es cambiar todo el motor. Hay
gente que se da cuenta de esto, pero no es
suficiente. Creo que el empuje final será la
inmensa presión económica que sentirán los
medios periodísticos. Si comparamos las ventas
de los periódicos con el crecimiento de la
población [en EE.UU.], nos damos cuenta de que
las primeras han venido disminuyendo desde 1920.
La presión determinante la darán los
auspiciadores porque cada año llegan a menos
consumidores potenciales. En algún momento los
auspiciadores decidirán abandonar estos medios.
-Si usted fuera
elegido el jefe de los editores de un diario como
The New York Times, qué cambios haría para
retener a sus lectores y aumentar las ventas?
-Disminuiría
las noticias políticas. Cubriría ese tipo de
situaciones que impactan a la gente durante un
día común y corriente. Como el tráfico, las
calles, etc. Además, cambiaría el método de
reporteo. No sólo me basaría en la agencias de
gobierno, en conferencias de prensa, utilizaría
más estudios, encuestas, investigación.
También cubriría aspectos normalmente
olvidados, como la religión, por ejemplo. La
religión pública no en términos de política,
sino de instituciones religiosas; cuáles son sus
preocupaciones, sus actividades. Hay temas
fundamentales en esta área que no han sido
cubiertos aún Sin embargo, esto no ocurre en la
realidad. A través de estudios se ha descubierto
que los periodistas escriben de acuerdo con una
parcialidad estructural. Por ejemplo, en
política, no se trata de privilegiar a los
demócratas o a los republicanos, pero los
periodistas dan más importancia a los elementos
conflictivos de una campaña electoral.
-Una especie de
estereotipificación.
-Sí, pero no es
intencional. Tiene que ver más con el proceso de
selección. Se debe a la vieja definición de
noticia como un problema, como aquello que llama
la atención del gobierno, de la policía, etc.
Esto ha determinado que noticia sea sinónimo de
mala noticia y que no-noticia signifique buena
noticia, que nada terrible ha pasado.
La ironía le
causa risa. Una profunda y sonora risa, como
producida con su estómago, con todo su interior.
Luego, cuando asociamos la idea de que el proceso
de selección de lo que es noticia está siendo
distorsionado, con la postura de la
agenda-setting sobre la transmisión de atributos
y temas, la carga ética del problema borra su
sonrisa. Pesa sobre sus párpados. Nuevamente
pone su cara de intelectual grave.
Micro
y macroética
-¿Cuál es la
verdadera importancia de la ética en periodismo
y cuál es la importancia que los periodistas le
dan en la práctica?
-Depende del
punto de vista desde el que se estudia la ética.
Podemos dividirla en macroética y microética.
Ésta tiene que ver con una transgresión cuando,
por ejemplo, un periodista recibe dinero por
escribir un artículo desde un punto de vista
determinado. En este aspecto el periodismo no
está mal porque, con los años, las reglas se
han vuelto más estrictas. Son menos las
violaciones a la microética. Sin embargo, ésta
tiene que ver además con aceptar entradas y
transporte gratis, comidas, etc. Cuando yo
trabajaba en un diario de New Orleans teníamos
una muy buena regla: podías aceptar cualquier
cosa mientras la pudieras consumir en el mismo
sitio. Por ejemplo, podías aceptar una comida,
pero no podías aceptar una caja de carne.
Podías aceptar una botella de vino, pero no todo
un galón.
»Ahora, la
macroética es una área sobre la cual los
periodistas no han hablado mucho. Aquí es donde
está la relación con la agenda-setting: los
periodistas determinan los temas que interesan a
las audiencias, quiéranlo o no. Son decisiones
que se hacen en todos los medios de comunicación
y que implican consecuencias que tienen que ver
con la ética. Se decide si algunos temas son
más importantes que otros. Se declara a algunos
temas como más triviales que otros. La mayoría
de los medios sólo da importancia a la
microética y no a este otro nivel».
-¿Diría usted
que actualmente el periodismo está corrupto?
-No, no creo. Al
menos, no en el sentido en que se acostumbra a
usar la palabra corrupción. No es corrupción,
porque los periodistas actúan según su propio
parecer. Aquí está el problema, ellos
seleccionan su punto de vista del mundo y no le
responden realmente a nadie. Ellos dicen lo que
es o no es noticia y qué aspectos del mundo son
más importantes. Hay muchos temas
controversiales que los periodistas piensan que
interesan a mucha gente, pero en verdad, sólo
representan a una minoría. Suelen mostrar los
temas como una pelea o conflicto entre dos
grupos. Esto es escribir sobre una pequeña parte
de la realidad y de una manera prejuiciosa.
-¿Qué hay
acerca del factor económico, no cree que éste
afecta al momento de escribir un artículo o de
cubrir una noticia, que es una clase de
corrupción?
-Yo diría que
el factor económico no afecta el proceso en un
departamento de prensa debido a las estrictas
reglas que éstos tienen. El mejor ejemplo es el
hecho de que los periodistas están escribiendo
sobre temas que a las audiencias no les
interesan. De ahí que el rating y la cantidad de
lectores siga bajando. Es decir, pareciera que a
los periodistas no les importa en absoluto el
beneficio económico porque continúan
escribiendo sobre temas que alejan a los
lectores. Esto no quiere decir que deberían
escribir sobre noticias superficiales (soft
news), sobre ositos de peluche o sobre niñitos
tiernos. Hay muchos temas duros (hard topics) que
engancharían a la gente.
Periodismo
Público: la solución a todos los problemas
Maxwell McCombs
afirma que «el periodismo actual sólo cubre
temas que interesan a la elite». Sin embargo,
cuando dice que la solución radicaría en
escribir acerca de la gente común, no sólo se
refiere a un cambio temático. Se trata además
de toda una transformación en los métodos de
reporteo. Se trata de aplicar métodos de
observación. Es el periodismo de precisión y es
el periodismo público también.
-Periodismo
Público se refiere al uso de encuestas. Se
analiza el comportamiento de la gente y se
escribe sobre eso. La ventaja es que no sólo se
cubre como noticia lo que la gente hace mal, el
conflicto, sino que se estudia el comportamiento
y tendencias de la sociedad.
-Eso es como
crear una noticia
-Sí, es un modo
de obtener una información más sistemática
acerca de lo que está pasando. Se informa sobre
las actividades de la gente común y corriente.
Cuando los periodistas sobreenfatizan el crimen,
la gente se vuelve más cuidadosa y temerosa a la
vez. Sin embargo, al presentar una información
más sistemática, o un cuadro más sistemático
de lo que está ocurriendo en la realidad, la
gente entenderá que hay crimen, pero que éste
no ocurre en cada esquina de la ciudad, cada diez
minutos.
-¿Sería como
desarrollar un periodismo sin tantos hechos
aislados o sorpresas?
-Exacto. Una
buena forma de entender esto es comparando ambos
tipos de periodismo (el que se hace actualmente
con el periodismo público) con la sección
meteorológica de un periódico o un noticiario.
El periodismo actual sólo informaría sobre
situaciones catastróficas: avisaría sobre un
aluvión, una tormenta, un tornado, etc. Pero el
resto de los días, cuando está parcialmente
nublado o cuando tenemos «otro día caluroso en
Texas» no nos informaría. En cambio, un
periodismo sistemático nos daría el informe
meteorológico día a día, aunque las
variaciones no fuesen muchas.
»Me gustaría
ver una reflexión fundamental acerca de lo que
es el periodismo. Por eso, me entusiasma el
periodismo público, enganchar o comprometer al
público en un diálogo. Es la primera idea nueva
desde hace mucho tiempo».
-¿Cuál es la
relación entre el periodismo público y el de
precisión?
-El periodismo
público es una aplicación del periodismo de
precisión. Es la observación, el análisis de
datos, la utilización de encuestas, de muestras
representativas. Se trata de comparar algo con
otra cosa. Se relaciona con el periodismo de
investigación también, porque se usa la
información de datos más trabajados, no sólo
se entrevistan unas pocas fuentes, sino que
también se compara.
-¿No cree que
el periodismo público quedará en la utopía
debido a la permanente lucha contra el tiempo que
enfrentan los medios periodísticos?
-Es verdad que
hay escasez de tiempo, pero también es verdad
que los medios están perdiendo su público
debido al tipo de periodismo que están haciendo.
Hay que tomarse las cosas más en serio. Yo, por
ejemplo, ya no veo noticias locales porque son
demasiado sensacionalistas. Cada cena era lo
mismo: un incendio o un asesinato. Llegó un
momento en que no aguanté más. Son sólo
imágenes, pero nada de información. Esto no
significa que los periodistas deben perder su
estándar profesional, pero pueden inventar algo
más interesante para la gente.
Las
escuelas de periodismo
-¿Ve que estos
nuevos métodos de observación estén siendo
difundidos en las escuelas de periodismo?
-Creo que la
tendencia de dar más importancia a la
descripción o a la escritura que a la
observación está cambiando sistemáticamente en
las escuelas de periodismo. Sin embargo, ésta es
una carrera muy influenciada por la profesión;
se cree que al trabajar sólo se requerirá
escribir bien. Todo aspirante a periodista
debería ser buen observador, no sólo saber
escribir o saber contar una historia. Hay que
saber observar las historias.
-¿Se nace con
esta habilidad o se aprende con estudios?
-Se puede
aprender a observar. Incluso creo que para
escribir se necesita más talento. Observar
significa aprender a analizar, no es sólo ver
algo. Hay técnicas como el estudio e
interpretación de las encuestas, por ejemplo.
»El mayor
dilema en las escuelas de periodismo es si se
prepara a la gente para los primeros seis días
de trabajo o para los últimos seis años. Si se
enfatiza la escritura, entonces se puede ir a
trabajar inmediatamente, no se necesitan
estudios. En cambio, en los últimos años,
cuando se es editor de un periódico, esa
habilidad para escribir no basta. Entonces, hay
toda una vida de experiencia que ha formado al
periodista.»
-Pero si el
periodismo se aprende en la práctica, con los
años de trabajo, los cuatro o cinco años de
estudio en la universidad resultarían
innecesarios
-Para mucha
gente eso es sólo un negocio. Sin embargo,
alguien tiene que diseñar el edificio. Alguien
tiene que rediseñar el periodismo como una
profesión que provea liderazgo intelectual. Y
eso probablemente pasará si en las universidades
se estudia periodismo apropiadamente.
Actualmente, éstas no ofrecen esa clase de
educación. La verdadera presión es conseguir
trabajo, ésa es la razón por la cual la gente
va a la universidad. Lo que ellos quieren es un
trabajo mejor. Pero ser periodista es mucho más
que escribir y reportear. Todo periodista, con
los años de trabajo, se da cuenta de lo valiosos
que son los cursos de historia del periodismo,
por ejemplo.
-¿Qué otros
cursos consideraría imprescindibles en las
escuelas de periodismo?
-Los cursos de
observación y escritura son importantes Aprender
a determinar una hipótesis al momento de
reportear, una hipótesis que será rechazada o
confirmada, pero que ayudará al periodista a
clarificar sus ideas Los cursos de ética son muy
importantes también. Así como la historia de la
noticia, su concepto. Los periodistas deben
entender esa definición para así evitar la
parcialidad estructural, la arbitrariedad.
Nuevos
Medios: Más alternativas de lo mismo
-¿Cree que las
nuevas tecnologías revolucionarán el modo de
hacer periodismo?
-Es muy difícil
de predecir. Creo que el cambio será lento. La
gran transformación es la tremenda cantidad de
información que se está manejando. Sin embargo,
es difícil establecer el límite. En Internet,
por ejemplo, básicamente se puede publicar
cualquier cosa. Es difícil saber cómo la gente
reaccionará a esto. Ademas, los nuevos medios
todavía son herramientas utilizadas sólo por
una elite: gente con recursos, universidades,
profesores.
-¿Pero piensa
que surgirán nuevas especialidades
periodísticas?
-Actualmente hay
un montón de diarios, pero todos dan el mismo
tipo de información. Similar cosa pasa con el
cable: hay decenas de canales, pero terminamos
viendo lo mismo en la televisión. Las nuevas
tecnologías sólo son más alternativas de la
mismo .
-Hablando de
televisión: se ha escrito sobre el efecto que
sus imágenes tienen en la mente de las personas,
en la forma de percibir el mundo. ¿Diría usted
que, desde su aparición, la televisión ha
contribuido positiva o negativamente a esa
apreciación?
-Probablemente
el balance es un poco más negativo que positivo.
Es cierto que la televisión ha permitido muchas
cosas positivas. No obstante, debido a ella
también, mucha gente tiene una falsa impresión
del mundo, porque así es como lo presentan las
noticias.
-¡Entonces el
impacto de las imágenes es muy grande!
-Eso es cierto.
Hay un ejemplo grandioso: la primera vez que el
equipo de fútbol americano fue a jugar a Japón,
el público, en los primeros minutos del partido,
comenzó a inquietarse, a ponerse muy triste y
desilusionado. Era la primera vez que ellos
veían un juego en directo y no en películas. En
éstas, uno oye música de fondo y sólo se ven
las mejores jugadas y a los entrenadores hablando
a sus jugadores. Incluso se puede oír lo que
dicen. Pero en la realidad este juego es muy
lento. Lo que aparece en las películas es sólo
espectacularidad: saltos, atajadas -se levanta
para imitar la atajada de un balón-. Sin
embargo, lo que los japoneses vieron en ese
partido era superaburrido. Otra historia que
ejemplifica el gran efecto de las imágenes es la
de una señora que está en un parque con su
bebé. Entonces, llega otra mujer y le dice:
«Oh, qué linda guagua». Ante esto, la madre le
contesta: «Sí, y eso que usted todavía no ha
visto sus fotografías». Las imágenes han
llegado a ser más reales que la realidad misma.
La gente tiene una versión del mundo editada,
mucho más espectacular de lo que el mundo es en
realidad.
-Si las
imágenes tienen tal magnitud y la mayor
exportación de imágenes ocurre desde Estados
Unidos, entonces hay una especie de imperialismo
cultural que determina la americanización.
-No realmente.
He participado en estudios que prueban que el
impacto de las exportaciones estadounidenses de
programas de televisión, por ejemplo, no es tan
grande. Además, cada país recibe influencias de
otros países, no sólo de Estados Unidos.
-A lo largo de
esta conversación, da la impresión de que las
audiencias están totalmente indefensas ante el
poder de los medios de comunicación, que son
totalmente pasivas.
-En su mayor
parte sí lo son. Sólo un grupo muy pequeño de
personas son activas; se enteran a de la
información a través de diferentes medios,
confirman los datos. Luego, alrededor de un 20%
pertenece al grupo de los que desean estar muy
informados. No obstante, la mayoría pertenece al
grupo que está informado sólo de una manera
general, no buscan detalles ni confirmaciones. Es
como esa gente que diría «si una represa se
rompió y debo correr para salvar mi vida,
avísenme. Si no, no me molesten». También hay
como un 15% de gente que realmente no le interesa
nada. No lee diarios, ni ve televisión.
-¿Entonces, eso
significa que la mayor parte de las audiencias
son fáciles de engañar o diría que, al final,
notan cuando un periodista miente o se equivoca?
-Es muy difícil
que se den cuenta porque los medios
periodísticos son la única manera que la gente
tiene para enterarse de muchas de las noticias
que ocurren regularmente. Sin embargo, a veces
los medios tienen versiones totalmente
diferentes. El problema es que la mayoría de la
gente suele leer sólo una de ellas.
McCombs trabaja
por estos días en la corrección de un libro que
es una recopilación de estudios de diferentes
autores. Además, le gustaría escribir un libro
acerca del segundo nivel de la agenda-setting.
También escribirá dos capítulos de otro libro.
-A la vez,
están las conferencias y mi cargo como
presidente de la asociación mundial de
investigación de la opinión pública. ¡Ah!, y
por supuesto, seguiré enseñando en la
universidad.
-¡Usted no
descansa!
-Es que disfruto
todo lo que hago -exclama y echa una mirada
traviesa-. Además, aunque la teoría de la
agenda-setting ya tiene 25 años, la proposición
de su segundo nivel me ha hecho estar de acuerdo
con las palabras de uno de sus estudiosos:
«Ahora debemos rehacer todo lo que ya habíamos
investigado durante los últimos 25 años».
©
Paulina Leyva Muñoz. Esta entrevista se divulgó en el No.
12 (1997) de Cuadernos de Comunicación, publicación de la Facultad de
Comunicaciones de la Pontificia Universidad Católica de
Chile. Pese a los años que
ha transcurrido, la pertinencia de los enfoques
se conserva.
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