Sala de Prensa


33
Julio 2001
Año III, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


La prensa amarillista en México

José Luis Jáquez Balderrama *

Uno de los géneros periodísticos que más llama la atención, tanto de los críticos como de la sociedad, es sin lugar a dudas la nota policiaca o "amarillista" por muchos factores, destacando los siguientes:

  • La especulación en la noticia (explotación del morbo)
  • El uso inadecuado del lenguaje (aculturación)
  • La mala influencia de otros idiomas (inglesismos) motivado por la cercanía con otro país, como lo es México con los Estados Unidos.
  • La actitud cínica de quien escribe (corrupción)
  • La falta de regulación para lo que se escribe (no hay ley que prohiba)
  • La falta de especialización del periodista en las diferentes áreas del periodismo.
  • El acelerado crecimiento de la violencia, entre otros.

Es preciso señalar que no podemos separar de las páginas de los periódicos la nota roja, pero sí hacer una presentación no alarmista, mejorando el lenguaje, la escritura y, por qué no, apoyarse en un código de ética, ante una sociedad más exigente, más crítica y más analista.

En lo personal considero que el factor principal que contribuye a presentar una mala nota roja es la falta de preparación del periodista. Su capacitación es indispensable para él como profesional, para su medio como empresa y necesario para que la sociedad esté bien informada.

Durante muchos años la tarea periodística se practicó de manera empírica y sobre el ensayo y error. Los periodistas eran hombres que se formaban en la práctica cotidiana de su trabajo, en la calle o bien en salas de redacción de los periódicos.

El periodista de hoy no sólo se exige estar más preparado sino que debe ser escrupuloso en el respeto de la verdad. De igual manera debe ser un critico con fundamento y ser vigilante de los valores morales, sobre todo en el manejo de la nota roja, pues hay que recordar que diariamente le toca "juzgar" a los hombres y a sus actos.

La preparación del periodista, fundamentalmente si se apoya en su experiencia, lleva muchas oportunidades de superación, así como cumplir con una responsabilidad social.

La capacidad de investigar, la habilidad de interpretar el uso profesional del lenguaje, son valiosos auxiliares para no caer en el "desorden de la nota policiaca" y constituirse en un orientador, sin perder el enfoque noticioso.

Es importante señalar que el "descuido" en el uso del lenguaje no solamente es culpa del reportero, lo es también de la empresa por lo que contribuye en el "amarillismo" de la noticia.

La empresa tiene la obligación de capacitar a sus reporteros, vigilar para que se respeten las reglas gramaticales, pero también respetar el estilo del periodista para enriquecer la noticia, como lo es la sencillez, la exactitud, concisión, originalidad, claridad y brevedad.

El reportero debe escribir notas policiacas desde un punto de vista desapasionado y objetivo. Los "grandes" incendios y accidentes (tormentas, temblores, desastres de vehículos, ferroviarios) son hechos importantes de los cuales el lector quiere saber, exige la noticia, lo dramático es aquí, cuando el reportero debe tener cuidado, ya que lo dramático debe estar implícito en los hechos, y no explícito en el lenguaje de la noticia.

El vocabulario del reportero tiene que ser cuidadoso, atento en el significado preciso.

Ahora bien el reportero tiene la obligación de presentar una información completa no superficial, que se conozcan los hechos, muchos de los cuales ayudan a proteger a una comunidad, por ejemplo prevención en el caso de una amenaza de un temblor, huracán, erupción de volcán, etc.

La insistencia de que el reportero se capacite debe ser constante, pues es común que el redactor no maneje términos correctos, por ejemplo en la nota policiaca, los aspectos jurídicos son delicados, pues, inclusive, los errores pueden provocar caer en un delito, como difamación.

Antes de escribir, el reportero tiene que saber lo que significa delito, la estructura de las corporaciones policiacas, la normatividad, sus leyes vigentes, su carácter grave etc.

Un estudio sobre derecho penal, sin lugar a dudas, será de auxilio importante, pues en el manejo de los delitos, el reportero debe estar seguro de escribir solamente sobre la base de hechos oficialmente reconocidos por las autoridades, debiendo ser exactos en sus noticias. Si una persona ha sido detenida y acusada de cierto delito, el reportero tiene que escribir precisamente eso. Una persona detenida no es necesariamente culpable del delito que se le imputa; el reportero no puede declarar culpable a esa persona en su información.

En México ha crecido la delincuencia, principalmente en la capital, por lo que la nota roja se ha hecho más presente en los medios periodísticos, pero de manera exagerada e inclusive ha motivado que varios casos policiacos se lleven al cine, a la televisión –vía telenovelas o culebrones- y se hagan los hechos más cotidianos.

No existe regulación de lo que se publica en los medios periodísticos en nuestro país y seguramente no habrá, en virtud de que no hay consenso entre los medios de comunicación y los legisladores de la Cámara de Diputados para elaborar un proyecto de ley de imprenta; ante esto, lo indicado es que se recurra a los códigos de ética.

Cabe señalar algunos aspectos importantes para mejorar la redacción, presentación de la nota policiaca, sobre todo el reportero inicia sus labores en esta profesión.

Guillermina Baena Paz, en su libro "Géneros periodísticos" escribe que existen cuatro formas para aprender periodismo:

  1. Por medio de la práctica.
  2. Por medio de la teoría.
  3. Por medio de una amplia cultura.
  4. Por medio del estudio profesional; esto es, los tres puntos anteriores conjugados.

Esta última es la más indicada, puesto que el periodismo tiene en la actualidad los cinco atributos de toda profesión. A saber: 1) cumple una necesidad básica de la sociedad; 2) sus técnicas especializadas se basan en una amplia gama de conocimientos; 3) tiene un bagaje especializado de información y un acervo literario profesional; 4) posee una ética; 5) tiene medios para hacer cumplir sus normas profesionales, por ejemplo, las asociaciones de periodistas.

Quizá nada califica tanto a un país como sus periodistas, y nadie tiene un poder tan decisivo para impartir moral y educación a un pueblo, como ellos, De ahí que, quien abrace esta profesión deba tener cada vez mayor cultura y estar mejor capacitado, a fin de conocer el fondo y el trasfondo de la noticia.

Añade Baena Paz: "El periodismo es una profesión sin horario, por lo que requiere pasión y entrega. Cumple a la vez una misión social: interrelacionar los hechos y la sociedad en que se producen, mediante la información. Como informador, el periodista tiene una función específica, una responsabilidad social muy grande que desempeñar".

"Es importante señalar que la misma estructura de la sociedad y el desarrollo de la información, ahora masiva más que colectiva, han originado una serie de efectos negativos que es conveniente tomar en cuenta":

  1. Imposibilita la discusión organizada de la información por el desorden y heterogeneidad con que se presenta (se le concede la misma importancia a la independencia de un país, que a la muerte de Elvis Presley).
  2. Agrava la mediocridad del contenido por la reducción de éste a formas comprensibles para una masa cada vez mayor de compradores.
  3. Provoca y agrava la mediocridad de los receptores, pues anula su capacidad selectiva sobre lo que es más o menos importante.
  4. Genera en el perceptor una obsesión morbosa por las novedades, haciéndolo perder sensibilidad por lo realmente importante.
  5. Degrada lo significante por el sensacionalismo y la repetición (cuatrocientos mil muertos en Biafra; nada quieren decir para el lector en nuestros días).

Dentro de sus más valiosas cualidades, que guarda con gran celo, pero que siempre están a la vista de todos, el periodista debe tener:

  1. Honestidad: principio del trabajo científico. En esta profesión no cabe el soborno ni el cohecho. Esta profesión no es para hacerse rico. El periodista honesto mantiene esta línea de conducta en todos sus actos. Cabría recordar el viejo aforismo "No digáis como periodistas lo que no podáis sostener como hombre".
  2. Objetividad: actitud científica, evitar lo subjetivo hasta donde sea posible. En la información no caben los extremos: "No soy imperialista ni soy comunista, soy periodista" (David Alvarado Guerrero, periodista político). El periodista que ejercita al máximo su objetividad es escéptico, no se siente dueño de la verdad; siempre busca los dos ángulos, las dos opiniones.
  3. La responsabilidad: el periodista es un ser consciente del poder que tiene en su pluma y de la importancia de su uso.
  4. El espíritu de lucha: el periodista lucha incesantemente por el bien social, por dignificar la profesión, por transmitir información, orientación, cultura, y entretenimiento a la sociedad que sirve. Y cada vez mayor preparado, el periodista lucha también por convertir su profesión en ciencia.
  5. Modestia: actitud científica. Nuestro periodista en diligente, persuasivo, perspicaz, escrupuloso, minucioso, cauto, firme en sus decisiones y sensible para comprender a sus semejantes, cortés y amable. Y con todo esto, no es ningún semidiós; es el reportero del diario que todos leemos.

El manejo de los medios de comunicación colectiva debe implicar la posesión de una ética profesional y una conciencia de la responsabilidad que se tiene para con la sociedad, de informarle adecuadamente, por el canal correcto, en el momento preciso y cuidando de no afectar a terceros en su libertad (como la reputación de una persona o la seguridad del estado).

La nota roja en México

Existen en México,una serie de libros publicados por Editorial Diana en 1998, en los que los periodistas Myriam Laurini y Rolo Díez nos dan un reflejo del crecimiento de la delincuencia, pero también del manejo que se da a la nota policiaca desde la redacción, la presentación, el uso del lenguaje, el nivel de corrupción, los principales personajes y la situación política del país.

Las características esenciales de un tiempo y un lugar están presentes en el registro de sus hechos criminales. Los motivos por los que se mata, los protagonistas de la violencia, los temas principales del delito, nos hablan de la estructura de un país y de la ideología de una época.

México, DF, debe mirarse como la ciudad centro, el lugar donde se concentran, exasperan y multiplican las tensiones y conflictos que alimentan la violencia.

Nos ocupamos aquí de aquellos casos que por su espectacularidad como hechos criminales recibieron profuso seguimiento de la prensa y ocuparon, en extensión y profundidad, la atención de la población.

El "estrangulador de Coyoacán", la "tamalera descuartizadora", el secuestro del cónsul de Estados Unidos en Guadalajara, el asesinato de Gustavo Soto, el caso de Sicilia Falcón y el homicidio del matrimonio Flores Muñoz.

Junto a ellos se incorporan hechos de menor trascendencia como el de "las momias de Tlatelolco", por ser representativos del estilo tradicionalmente truculento de la nota roja y otros, como el incremento de asaltos a bancos, el crecimiento de delitos de narcotráfico y la desaparición constante de personas, especialmente de niños, porque su notoriedad y ubicación en primer plano en la actualidad, nos permite comparar, darnos cuenta que el secuestro de niños no es una novedad de estos años, sino que hace por lo menos dos décadas que los niños desaparecen diariamente en México, DF.

El "estrangulador de Coyoacán" y la "tamalera descuartizadora" son hechos aislados, cuya referencia a un modelo social remite a los motivos por los que el odio familiar elevado a locura criminal florece en una sociedad determinada.

Otro acto mencionado es la inverosímil conclusión del caso del "estrangulador". Su increíble fuga, su más increíble final, y la sensación de "mano negra", de corrupción y de impunidad policiaca que impregna el caso desde que el estrangulador es detenido.

El caso del secuestro del Cónsul de Estados Unidos en Guadalajara ubica a México en el panorama de los sucesos que por esos años están ocurriendo en Latinoamérica: la aparición de guerrillas y grupos de lucha armada que disputan el poder político con métodos violentos, y el desplazamiento del hecho criminal por el hecho político como tema de atracción en la primera plana de los diarios.

El crimen de Gustavo Soto se revela como uno de los más crudos casos de delincuencia policiaca, así como de manipulación de la información, encubrimiento de los culpables y "fabricación" falsa de confesiones que señalan a otros "culpables", con un clásico final de trágica opereta de cuarto o quinto mundo.

Gilberto Flores Alavez asesina a machetazos a sus abuelos, Gilberto Flores Muñoz y María Asunción Izquierdo, y conmociona al país.

Las víctimas vivían en la avenida de Las Palmas, en Lomas de Chapultepec; Gilberto Flores Muñoz era director de la Comisión Nacional de la Industria Azucarera, se fotografiaba con presidentes y había sido gobernador de Nayarit; el asesino era un joven agradable, estudiante de Derecho, que quizá estuviera loco; el crimen era un horrendo parricidio. Los "mejores" elementos de la nota roja estaban presentes: la ferocidad, la clase alta y los protagonistas de perfil interesante.

Gilberto Flores Alavez resultó tan "atractivo" que, no solo se adueñó de un lugar de privilegio en los periódicos y fue beneficiario de desplegados en la prensa que defendían su inocencia, sino que inspiró, al menos parcialmente, las novelas 'Mitad oscura', de Luis Spota y 'Los cómplices', de Luis Guillermo Piazza y el libro periodístico 'Asesinato', de Vicente Leñero. Y para rematar lo "literario" del caso, el propio Flores Alavez se dedicó a escribir novelas en prisión.

En el libro "La nota roja 80s" se dice que entre las principales características del crimen durante la década que nos ocupa debe mencionarse el incremento de su politización; la confusión entre esferas criminales y de seguridad por el protagonismo delictivo de grandes jefes policiales, como Arturo Durazo Moreno y Sahagún Baca; y la absoluta hegemonía del tráfico de drogas sobre cualquier otro tipo de delitos en la sociedad mexicana.

El caso catapulta a la fama al narcotraficante sinaloense Rafael Caro Quintero. A partir de él se empieza a hablar en otros términos de la droga en México. Ernesto Fonseca, Miguel Angel Félix Gallardo, el cártel de Guadalajara, el de Tijuana, los "ejércitos" de funcionarios políticos y policías que son "amigos" de los capos de la droga o que lisa y llanamente trabajan para ellos, destapan la corrupción que despierta no algo, sino, mucho, y no en Dinamarca, sino en México, "estará podrido" y pudre todo lo que toca.

Junto a estos grandes casos la vieja nota roja, folletinesca, con sangre individual, sin lazos con grandes negocios ni relación con millones de dólares, está presente en la tragedia de Elvira Luz Cruz, recientemente liberada, y en el caso del niño Aldito.

Todo indica que estas terribles pero pequeñas historias tienden a perder importancia en los medios, que el primer negocio del mundo y su capacidad corruptora dominarán el escenario y brillarán como principales estrellas del crimen. Para narcos y antinarcos serán las novelas, los corridos, las películas. Y los lazos entre poderes económicos, políticos y criminales contribuirán a que el mundo se parezca cada vez más a una inmensa novela negra.

Una breve historia del periodismo amarillo

La historia del periodismo amarillo es la historia de la vida periodística de William Randolph Hearst –sí, efectivamente, el abuelo de Patricia Hearst- pero mucho más celebre por haber sido uno de los gigantes del periodismo norteamericano y mundial.

William nació en 1863 y fue hijo único de un pionero que había descubierto unas riquísimas minas de plata en California: George Hearst, quien cansado de los negocios, decidió meterse a la política y con ese fin compró en 1880 el diario San Francisco Examiner.

Al joven Willie le interesó vivamente el periodismo, pero su padre quería otro futuro para él y lo envió a estudiar a Harvard. Sin embargo, no pasó del segundo año, pues lo suspendieron después de haberse autor de unas caricaturas de todos los profesores que aparecieron decorando el interior de ciertos recipientes en los dormitorios de los alumnos.

Para entonces sentía tremenda atracción por las técnicas sensacionalistas que el general Taylor aplicaba en su periódico Boston Globe y por los procedimientos usados por Pulitzer que estaba al frente del The New York World (donde Willie trabajó en sus vacaciones).

Siguió insistiéndole a su padre para que lo pusiera al frente del Examiner, oportunidad que tuvo cuando su padre fue elegido senador por California en 1887.

A los 24 años, con escasa formación intelectual y muchas ideas recogidas de los periódicos de más éxito en el Este, se convierte en director. Desde luego, este tipo de periodismo en el Oeste, hizo que en un año, con menos de 15,000 ejemplares, llegara a los 30,000 y en seis años a los 72,000.

Primero formó un equipo de colaboradores seleccionados de las plantillas de otros periódicos, pagándoles sueldos fabulosos. El "interés humano" cultivado por los redactores del Examiner en sus tristemente fabulosos artículos "de amor y odio" desplazaba a páginas interiores y lugares perdidos a las noticias realmente importantes para dar paso a detallados relatos de toda clase de delitos que muchas veces no habían sido cometidos más que en la imaginación del redactor.

En el plano técnico introdujo reformas revolucionarias: titulares descomunales e ilustraciones generalmente de muy mal gusto, marcaban el tono del periódico en su nueva época.

George Pancoast fue el director técnico de todo esto y con su influencia llegó a modificar la fisonomía del periódico norteamericano.

No todo era malo: Hearst y sus colaboradores realizaron notables descubrimientos en el campo de la tipografía y de la confección del periódico, experimentaban con los tipos en las cabeceras, con los títulos y con los pies. Transformaron radicalmente la primera página. El resultado fue un periódico técnicamente ágil, fácil de leer y atractivo por su esmerada y llamativa confección.

A partir de sus diarias excursiones al mundo de lo inexplorado en el resbaladizo terreno del crimen y del vicio, el periódico ofrecía una nutrida sección de noticias locales, nacionales e internacionales, reseña de los acontecimientos artísticos y culturales, y una página dedicada a la alta sociedad de San Francisco y leída por los estratos sociales y otros entretenimientos de interés general.

Pero Hearst tenía una sola ambición: llegar a la estatura de Pulitzer y para ello se dirigió hasta Nueva York donde compró, con su fortuna y bajo la autorización de su madre, el diario Morning Journal (sin el prefijo Morning) y Hearst empezó a comprar a los colaboradores de Pulitzer. Su jefe de redacción, Morril Goddard, fue el primero en pasarse mientras que el Journal utilizaba todos los resortes del sensacionalismo más morboso para alcanzar al World.

Dentro del World había un personaje muy popular, un niño travieso y desdentado cuyo vestido amarillo le valió el mote de Yellow Kid, su creador, el dibujante Outcanlt, se había pasado al Journal mientras que el World encontró otro dibujante para que siguiera con el personaje.

Las disputas sobre el Yellow Kid como símbolo del sensacionalismo de Hearst y Pulitzer llevaron el nombre de periodismo amarillo.

Su característica el absoluto desprecio a la objetividad. "Había que presentar las noticias en forma que fuesen entendidas y atrajesen la atención de la gente a quien estos periódicos iban dirigidos, por supuesto, no el grupo más culto".

Para dar una idea del tratamiento que se daba a la información, aquí se comenta la técnica de Goddard para confeccionar la primera plana:

"Supongamos que es el cometa Halley. Pues bien: hay que hacer un grabado de media página mostrando el cometa con varias fotos de apariciones previas engatilladas. Si aún queda sitio para una señorita atractiva, tanto mejor. Si no, hay que poner unos cuantos habitantes de Marte viéndolo pasar. Entonces, algo así como un cuarto de página de titulares ruidosos. Después, cuatro pulgadas de artículo escrito en tono vibrante. Y una foto del profesor Halley abajo y otra del profesor Lowell arriba y una caja con orla conteniendo una opinión científica que nadie entenderá, para darle categoría."

"Mientras otros hablan, el Journal actúa." Slogan que se puso de moda entre las clases bajas de quienes Hearst conocía sus bajos deseos y apetencias morbosas, aquí varios titulares: "El misterioso asesino de Besie Little"; "¿Qué hizo de él un ladrón?"; "Cosas extrañas que las mujeres hacen por amor"; "Excitante confesión de un asesino que ruega ser colgado".

Hearst procuraba que sus reporteros, con una agilidad informativa poco corriente en aquella época, estuviesen siempre donde sucedía y podía suceder algo importante. Cuando ello no ocurría, la solución era recurrir a la provocación del suceso o suplir con la fantasía de sus redactores lo que la realidad no proporcionaba.

Así fue como provocó la guerra de Estados Unidos contra España, tergiversando las noticias sobre la insurrección y haciendo uso de las técnicas de moldeamiento de la opinión pública al alcance del periodismo amarillo, atacando la sensibilidad y el sentimiento norteamericano y creando una psicosis de guerra. Si la batalla contra el World había explotado al máximo los recursos del vicio y del crimen, se necesitaba ahora otro aliciente: una guerra.

Hearst mandó a sus "corresponsales", cuyas crónicas se caracterizaban por las exageraciones y nada de objetividad. Efectivamente, en pocos meses crearon los corresponsales una predisposición a la guerra contra España que alcanzó su clímax con el misterioso hundimiento del barco Maine donde murieron 266 marinos norteamericanos. Hearst acusó a España.

Godkin, director del Evening Post, dijo: "Es una vergüenza clamorosa que hubiese hombres tan dispuestos a producir tal descalabro sólo por vender más periódicos". Pero Hearst ya tenía muchos seguidores.

Anunció con grandes titulares "La destrucción del Maine fue obra de un enemigo", asegurando que oficiales de la marina creían que la explosión había sido producida por una mina española. En dos recuadros en primera página anunciaba un concurso para la caza y captura del causante del ultraje ofreciendo un premio de 50,000 dólares.

Otro de los titulares fue "Guerra segura" para el que se tuvo que fabricar un tipo de letra donde las dos palabras cubrieran de uno a otro extremo la primera plana.

Durante los cuatro meses que duró la guerra, Hearst solo obtuvo pérdidas: hubo veces en que sacó 40 ediciones en un solo día y era un gran esfuerzo hacerlas aparecer diferentes.

En cáusticas editoriales abogó por la destrucción del trust, antes de que él hubiese formado el suyo; por la nacionalización de las minas de carbón –pero no así las de plata-, de los ferrocarriles y de las líneas telegráficas de las que no era accionista, y por la formación de unos sindicatos fuertes, pero mucho antes también de que sus propios empleados se declarasen en huelga...

Después de la reelección de Mckinley, el mismo Hearst escribió un editorial en el Journal en el que decía: "Si los malos hombres no pueden ser suprimidos más que por la muerte, la matanza ha de ser hecha". Unos meses más tarde, Mckinley fue asesinado por un anarquista y fueron muchos los que recordaron el insultante cuarteto y los provocadores editoriales del Journal.

Como solución, Hearst consciente de la tormenta que se avecinaba, cambió el nombre del periódico, que desde entonces se convirtió en el American.

De esta forma consiguió crear la confusión y, en 1903, cuando ya las críticas contra sus actividades antipresidenciales habían sido olvidadas, Hearst, que como su padre tenía también ambiciones políticas, presentó su candidatura y fue elegido representante en el Congreso por uno de los distritos de Nueva York.

Hearst nunca dejó las andadas, creó la agencia International News Service después desprestigiada por plagiaria.

Hearst era condenado en público y en privado pero su fuerza radicaba en sus posibilidades económicas. En 1919 muere su madre y Hearst queda con más de 150 millones de dólares que le permiten extender su imperio.

En 10 años contaba con 400 periódicos a su servicio y las agencias INS, Universal Service y el King Features Syndicate.

La crisis de su imperio vino después de la depresión de 1929. Tuvo que cerrar muchos periódicos y para 1950 la cadena contaba solo con 16 diarios, el King Feature y la INS, ocho estaciones de radio y dos noticieros cinematográficos hasta 1951, cuando murió.

Vivía costosísimamente, rodeado de caprichos y placeres. La extensión de su "rancho", como le llamaba, era algo menos que el estado de Rhode Island, tenía tres palacios para invitados y un castillo, un ferrocarril particular y un pequeño aeródromo, dos piscinas, una armería y zoológico, además de una colección artística de extravagancias que le había costado 40 millones de dólares, como momias egipcias, una abadía española, castillo en Gales, sillería de oro.

Después de su muerte sólo el menor de sus cuatro hijos, William Randolph Hearst Jr. Tomó las riendas del imperio que se dividió entre los cuatro hermanos.

John dirige las revistas, David es director de Los Angeles Herald y Express, y el chico se quedó con ocho de los dieciséis que quedaban, cuya política es ahora evitar toda falta de objetividad en la redacción de las noticias.

__________
Bibliografía

- Baena Paz, Guillermina. Géneros periodísticos. Editorial Pax,México, México D.F. 1993.
- Laurini, Myriam y Díez ,Rolo. Nota roja 70’s. Editorial Diana. México D.F. 1993.
- Laurini, Myriam y Díez, Rolo. Nota roja 80’s. Editorial Diana. México D.F. 1993.


© José Luis Jáquez Balderrama es profesor de la Universidad Autónoma de Chihuahua (México) - Doctorando en Ciencias de la Información en la Universidad de La Laguna, España. Este artículo fue publicado originalmente en la Revista Latina de Comunicación Social (La Laguna - Tenerife, febrero, 2001 - año 4º - número 38), y se reproduce con la autorización expresa de su editor, José Manuel de Pablos.


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