La prensa
amarillista en México
José
Luis Jáquez Balderrama *
Uno
de los géneros periodísticos que más llama la
atención, tanto de los críticos como de la
sociedad, es sin lugar a dudas la nota policiaca
o "amarillista" por muchos factores,
destacando los siguientes:
- La
especulación en la noticia (explotación
del morbo)
- El uso
inadecuado del lenguaje (aculturación)
- La mala
influencia de otros idiomas (inglesismos)
motivado por la cercanía con otro país,
como lo es México con los Estados
Unidos.
- La actitud
cínica de quien escribe (corrupción)
- La falta de
regulación para lo que se escribe (no
hay ley que prohiba)
- La falta de
especialización del periodista en las
diferentes áreas del periodismo.
- El
acelerado crecimiento de la violencia,
entre otros.
Es preciso
señalar que no podemos separar de las páginas
de los periódicos la nota roja, pero sí hacer
una presentación no alarmista, mejorando el
lenguaje, la escritura y, por qué no, apoyarse
en un código de ética, ante una sociedad más
exigente, más crítica y más analista.
En lo personal
considero que el factor principal que contribuye
a presentar una mala nota roja es la falta de
preparación del periodista. Su capacitación es
indispensable para él como profesional, para su
medio como empresa y necesario para que la
sociedad esté bien informada.
Durante muchos
años la tarea periodística se practicó de
manera empírica y sobre el ensayo y error. Los
periodistas eran hombres que se formaban en la
práctica cotidiana de su trabajo, en la calle o
bien en salas de redacción de los periódicos.
El periodista de
hoy no sólo se exige estar más preparado sino
que debe ser escrupuloso en el respeto de la
verdad. De igual manera debe ser un critico con
fundamento y ser vigilante de los valores
morales, sobre todo en el manejo de la nota roja,
pues hay que recordar que diariamente le toca
"juzgar" a los hombres y a sus actos.
La preparación
del periodista, fundamentalmente si se apoya en
su experiencia, lleva muchas oportunidades de
superación, así como cumplir con una
responsabilidad social.
La capacidad de
investigar, la habilidad de interpretar el uso
profesional del lenguaje, son valiosos auxiliares
para no caer en el "desorden de la nota
policiaca" y constituirse en un orientador,
sin perder el enfoque noticioso.
Es importante
señalar que el "descuido" en el uso
del lenguaje no solamente es culpa del reportero,
lo es también de la empresa por lo que
contribuye en el "amarillismo" de la
noticia.
La empresa tiene
la obligación de capacitar a sus reporteros,
vigilar para que se respeten las reglas
gramaticales, pero también respetar el estilo
del periodista para enriquecer la noticia, como
lo es la sencillez, la exactitud, concisión,
originalidad, claridad y brevedad.
El reportero
debe escribir notas policiacas desde un punto de
vista desapasionado y objetivo. Los
"grandes" incendios y accidentes
(tormentas, temblores, desastres de vehículos,
ferroviarios) son hechos importantes de los
cuales el lector quiere saber, exige la noticia,
lo dramático es aquí, cuando el reportero debe
tener cuidado, ya que lo dramático debe estar
implícito en los hechos, y no explícito en el
lenguaje de la noticia.
El vocabulario
del reportero tiene que ser cuidadoso, atento en
el significado preciso.
Ahora bien el
reportero tiene la obligación de presentar una
información completa no superficial, que se
conozcan los hechos, muchos de los cuales ayudan
a proteger a una comunidad, por ejemplo
prevención en el caso de una amenaza de un
temblor, huracán, erupción de volcán, etc.
La insistencia
de que el reportero se capacite debe ser
constante, pues es común que el redactor no
maneje términos correctos, por ejemplo en la
nota policiaca, los aspectos jurídicos son
delicados, pues, inclusive, los errores pueden
provocar caer en un delito, como difamación.
Antes de
escribir, el reportero tiene que saber lo que
significa delito, la estructura de las
corporaciones policiacas, la normatividad, sus
leyes vigentes, su carácter grave etc.
Un estudio sobre
derecho penal, sin lugar a dudas, será de
auxilio importante, pues en el manejo de los
delitos, el reportero debe estar seguro de
escribir solamente sobre la base de hechos
oficialmente reconocidos por las autoridades,
debiendo ser exactos en sus noticias. Si una
persona ha sido detenida y acusada de cierto
delito, el reportero tiene que escribir
precisamente eso. Una persona detenida no es
necesariamente culpable del delito que se le
imputa; el reportero no puede declarar culpable a
esa persona en su información.
En México ha
crecido la delincuencia, principalmente en la
capital, por lo que la nota roja se ha hecho más
presente en los medios periodísticos, pero de
manera exagerada e inclusive ha motivado que
varios casos policiacos se lleven al cine, a la
televisión vía telenovelas o culebrones-
y se hagan los hechos más cotidianos.
No existe
regulación de lo que se publica en los medios
periodísticos en nuestro país y seguramente no
habrá, en virtud de que no hay consenso entre
los medios de comunicación y los legisladores de
la Cámara de Diputados para elaborar un proyecto
de ley de imprenta; ante esto, lo indicado es que
se recurra a los códigos de ética.
Cabe señalar
algunos aspectos importantes para mejorar la
redacción, presentación de la nota policiaca,
sobre todo el reportero inicia sus labores en
esta profesión.
Guillermina
Baena Paz, en su libro "Géneros
periodísticos" escribe que existen cuatro
formas para aprender periodismo:
- Por medio
de la práctica.
- Por medio
de la teoría.
- Por medio
de una amplia cultura.
- Por medio
del estudio profesional; esto es, los
tres puntos anteriores conjugados.
Esta última es
la más indicada, puesto que el periodismo tiene
en la actualidad los cinco atributos de toda
profesión. A saber: 1) cumple una necesidad
básica de la sociedad; 2) sus técnicas
especializadas se basan en una amplia gama de
conocimientos; 3) tiene un bagaje especializado
de información y un acervo literario
profesional; 4) posee una ética; 5) tiene medios
para hacer cumplir sus normas profesionales, por
ejemplo, las asociaciones de periodistas.
Quizá nada
califica tanto a un país como sus periodistas, y
nadie tiene un poder tan decisivo para impartir
moral y educación a un pueblo, como ellos, De
ahí que, quien abrace esta profesión deba tener
cada vez mayor cultura y estar mejor capacitado,
a fin de conocer el fondo y el trasfondo de la
noticia.
Añade Baena
Paz: "El periodismo es una profesión sin
horario, por lo que requiere pasión y entrega.
Cumple a la vez una misión social:
interrelacionar los hechos y la sociedad en que
se producen, mediante la información. Como
informador, el periodista tiene una función
específica, una responsabilidad social muy
grande que desempeñar".
"Es
importante señalar que la misma estructura de la
sociedad y el desarrollo de la información,
ahora masiva más que colectiva, han originado
una serie de efectos negativos que es conveniente
tomar en cuenta":
- Imposibilita
la discusión organizada de la
información por el desorden y
heterogeneidad con que se presenta (se le
concede la misma importancia a la
independencia de un país, que a la
muerte de Elvis Presley).
- Agrava la
mediocridad del contenido por la
reducción de éste a formas
comprensibles para una masa cada vez
mayor de compradores.
- Provoca y
agrava la mediocridad de los receptores,
pues anula su capacidad selectiva sobre
lo que es más o menos importante.
- Genera en
el perceptor una obsesión morbosa por
las novedades, haciéndolo perder
sensibilidad por lo realmente importante.
- Degrada lo
significante por el sensacionalismo y la
repetición (cuatrocientos mil muertos en
Biafra; nada quieren decir para el lector
en nuestros días).
Dentro de sus
más valiosas cualidades, que guarda con gran
celo, pero que siempre están a la vista de
todos, el periodista debe tener:
- Honestidad:
principio del trabajo científico. En
esta profesión no cabe el soborno ni el
cohecho. Esta profesión no es para
hacerse rico. El periodista honesto
mantiene esta línea de conducta en todos
sus actos. Cabría recordar el viejo
aforismo "No digáis como
periodistas lo que no podáis sostener
como hombre".
- Objetividad:
actitud científica, evitar lo subjetivo
hasta donde sea posible. En la
información no caben los extremos:
"No soy imperialista ni soy
comunista, soy periodista" (David
Alvarado Guerrero, periodista político).
El periodista que ejercita al máximo su
objetividad es escéptico, no se siente
dueño de la verdad; siempre busca los
dos ángulos, las dos opiniones.
- La
responsabilidad: el periodista es un ser
consciente del poder que tiene en su
pluma y de la importancia de su uso.
- El
espíritu de lucha: el periodista lucha
incesantemente por el bien social, por
dignificar la profesión, por transmitir
información, orientación, cultura, y
entretenimiento a la sociedad que sirve.
Y cada vez mayor preparado, el periodista
lucha también por convertir su
profesión en ciencia.
- Modestia:
actitud científica. Nuestro periodista
en diligente, persuasivo, perspicaz,
escrupuloso, minucioso, cauto, firme en
sus decisiones y sensible para comprender
a sus semejantes, cortés y amable. Y con
todo esto, no es ningún semidiós; es el
reportero del diario que todos leemos.
El manejo de los
medios de comunicación colectiva debe implicar
la posesión de una ética profesional y una
conciencia de la responsabilidad que se tiene
para con la sociedad, de informarle
adecuadamente, por el canal correcto, en el
momento preciso y cuidando de no afectar a
terceros en su libertad (como la reputación de
una persona o la seguridad del estado).
La
nota roja en México
Existen en
México,una serie de libros publicados por
Editorial Diana en 1998, en los que los
periodistas Myriam Laurini y Rolo Díez nos dan
un reflejo del crecimiento de la delincuencia,
pero también del manejo que se da a la nota
policiaca desde la redacción, la presentación,
el uso del lenguaje, el nivel de corrupción, los
principales personajes y la situación política
del país.
Las
características esenciales de un tiempo y un
lugar están presentes en el registro de sus
hechos criminales. Los motivos por los que se
mata, los protagonistas de la violencia, los
temas principales del delito, nos hablan de la
estructura de un país y de la ideología de una
época.
México, DF,
debe mirarse como la ciudad centro, el lugar
donde se concentran, exasperan y multiplican las
tensiones y conflictos que alimentan la
violencia.
Nos ocupamos
aquí de aquellos casos que por su
espectacularidad como hechos criminales
recibieron profuso seguimiento de la prensa y
ocuparon, en extensión y profundidad, la
atención de la población.
El
"estrangulador de Coyoacán", la
"tamalera descuartizadora", el
secuestro del cónsul de Estados Unidos en
Guadalajara, el asesinato de Gustavo Soto, el
caso de Sicilia Falcón y el homicidio del
matrimonio Flores Muñoz.
Junto a ellos se
incorporan hechos de menor trascendencia como el
de "las momias de Tlatelolco", por ser
representativos del estilo tradicionalmente
truculento de la nota roja y otros, como el
incremento de asaltos a bancos, el crecimiento de
delitos de narcotráfico y la desaparición
constante de personas, especialmente de niños,
porque su notoriedad y ubicación en primer plano
en la actualidad, nos permite comparar, darnos
cuenta que el secuestro de niños no es una
novedad de estos años, sino que hace por lo
menos dos décadas que los niños desaparecen
diariamente en México, DF.
El
"estrangulador de Coyoacán" y la
"tamalera descuartizadora" son hechos
aislados, cuya referencia a un modelo social
remite a los motivos por los que el odio familiar
elevado a locura criminal florece en una sociedad
determinada.
Otro acto
mencionado es la inverosímil conclusión del
caso del "estrangulador". Su increíble
fuga, su más increíble final, y la sensación
de "mano negra", de corrupción y de
impunidad policiaca que impregna el caso desde
que el estrangulador es detenido.
El caso del
secuestro del Cónsul de Estados Unidos en
Guadalajara ubica a México en el panorama de los
sucesos que por esos años están ocurriendo en
Latinoamérica: la aparición de guerrillas y
grupos de lucha armada que disputan el poder
político con métodos violentos, y el
desplazamiento del hecho criminal por el hecho
político como tema de atracción en la primera
plana de los diarios.
El crimen de
Gustavo Soto se revela como uno de los más
crudos casos de delincuencia policiaca, así como
de manipulación de la información,
encubrimiento de los culpables y
"fabricación" falsa de confesiones que
señalan a otros "culpables", con un
clásico final de trágica opereta de cuarto o
quinto mundo.
Gilberto Flores
Alavez asesina a machetazos a sus abuelos,
Gilberto Flores Muñoz y María Asunción
Izquierdo, y conmociona al país.
Las víctimas
vivían en la avenida de Las Palmas, en Lomas de
Chapultepec; Gilberto Flores Muñoz era director
de la Comisión Nacional de la Industria
Azucarera, se fotografiaba con presidentes y
había sido gobernador de Nayarit; el asesino era
un joven agradable, estudiante de Derecho, que
quizá estuviera loco; el crimen era un horrendo
parricidio. Los "mejores" elementos de
la nota roja estaban presentes: la ferocidad, la
clase alta y los protagonistas de perfil
interesante.
Gilberto Flores
Alavez resultó tan "atractivo" que, no
solo se adueñó de un lugar de privilegio en los
periódicos y fue beneficiario de desplegados en
la prensa que defendían su inocencia, sino que
inspiró, al menos parcialmente, las novelas
'Mitad oscura', de Luis Spota y 'Los cómplices',
de Luis Guillermo Piazza y el libro periodístico
'Asesinato', de Vicente Leñero. Y para rematar
lo "literario" del caso, el propio
Flores Alavez se dedicó a escribir novelas en
prisión.
En el libro
"La nota roja 80s" se dice que entre
las principales características del crimen
durante la década que nos ocupa debe mencionarse
el incremento de su politización; la confusión
entre esferas criminales y de seguridad por el
protagonismo delictivo de grandes jefes
policiales, como Arturo Durazo Moreno y Sahagún
Baca; y la absoluta hegemonía del tráfico de
drogas sobre cualquier otro tipo de delitos en la
sociedad mexicana.
El caso
catapulta a la fama al narcotraficante sinaloense
Rafael Caro Quintero. A partir de él se empieza
a hablar en otros términos de la droga en
México. Ernesto Fonseca, Miguel Angel Félix
Gallardo, el cártel de Guadalajara, el de
Tijuana, los "ejércitos" de
funcionarios políticos y policías que son
"amigos" de los capos de la droga o que
lisa y llanamente trabajan para ellos, destapan
la corrupción que despierta no algo, sino,
mucho, y no en Dinamarca, sino en México,
"estará podrido" y pudre todo lo que
toca.
Junto a estos
grandes casos la vieja nota roja, folletinesca,
con sangre individual, sin lazos con grandes
negocios ni relación con millones de dólares,
está presente en la tragedia de Elvira Luz Cruz,
recientemente liberada, y en el caso del niño
Aldito.
Todo indica que
estas terribles pero pequeñas historias tienden
a perder importancia en los medios, que el primer
negocio del mundo y su capacidad corruptora
dominarán el escenario y brillarán como
principales estrellas del crimen. Para narcos y
antinarcos serán las novelas, los corridos, las
películas. Y los lazos entre poderes
económicos, políticos y criminales
contribuirán a que el mundo se parezca cada vez
más a una inmensa novela negra.
Una
breve historia del periodismo amarillo
La historia del
periodismo amarillo es la historia de la vida
periodística de William Randolph Hearst
sí, efectivamente, el abuelo de Patricia
Hearst- pero mucho más celebre por haber sido
uno de los gigantes del periodismo norteamericano
y mundial.
William nació
en 1863 y fue hijo único de un pionero que
había descubierto unas riquísimas minas de
plata en California: George Hearst, quien cansado
de los negocios, decidió meterse a la política
y con ese fin compró en 1880 el diario San
Francisco Examiner.
Al joven Willie
le interesó vivamente el periodismo, pero su
padre quería otro futuro para él y lo envió a
estudiar a Harvard. Sin embargo, no pasó del
segundo año, pues lo suspendieron después de
haberse autor de unas caricaturas de todos los
profesores que aparecieron decorando el interior
de ciertos recipientes en los dormitorios de los
alumnos.
Para entonces
sentía tremenda atracción por las técnicas
sensacionalistas que el general Taylor aplicaba
en su periódico Boston Globe y por los
procedimientos usados por Pulitzer que estaba al
frente del The New York World (donde Willie
trabajó en sus vacaciones).
Siguió
insistiéndole a su padre para que lo pusiera al
frente del Examiner, oportunidad que tuvo cuando
su padre fue elegido senador por California en
1887.
A los 24 años,
con escasa formación intelectual y muchas ideas
recogidas de los periódicos de más éxito en el
Este, se convierte en director. Desde luego, este
tipo de periodismo en el Oeste, hizo que en un
año, con menos de 15,000 ejemplares, llegara a
los 30,000 y en seis años a los 72,000.
Primero formó
un equipo de colaboradores seleccionados de las
plantillas de otros periódicos, pagándoles
sueldos fabulosos. El "interés humano"
cultivado por los redactores del Examiner en sus
tristemente fabulosos artículos "de amor y
odio" desplazaba a páginas interiores y
lugares perdidos a las noticias realmente
importantes para dar paso a detallados relatos de
toda clase de delitos que muchas veces no habían
sido cometidos más que en la imaginación del
redactor.
En el plano
técnico introdujo reformas revolucionarias:
titulares descomunales e ilustraciones
generalmente de muy mal gusto, marcaban el tono
del periódico en su nueva época.
George Pancoast
fue el director técnico de todo esto y con su
influencia llegó a modificar la fisonomía del
periódico norteamericano.
No todo era
malo: Hearst y sus colaboradores realizaron
notables descubrimientos en el campo de la
tipografía y de la confección del periódico,
experimentaban con los tipos en las cabeceras,
con los títulos y con los pies. Transformaron
radicalmente la primera página. El resultado fue
un periódico técnicamente ágil, fácil de leer
y atractivo por su esmerada y llamativa
confección.
A partir de sus
diarias excursiones al mundo de lo inexplorado en
el resbaladizo terreno del crimen y del vicio, el
periódico ofrecía una nutrida sección de
noticias locales, nacionales e internacionales,
reseña de los acontecimientos artísticos y
culturales, y una página dedicada a la alta
sociedad de San Francisco y leída por los
estratos sociales y otros entretenimientos de
interés general.
Pero Hearst
tenía una sola ambición: llegar a la estatura
de Pulitzer y para ello se dirigió hasta Nueva
York donde compró, con su fortuna y bajo la
autorización de su madre, el diario Morning
Journal (sin el prefijo Morning) y Hearst empezó
a comprar a los colaboradores de Pulitzer. Su
jefe de redacción, Morril Goddard, fue el
primero en pasarse mientras que el Journal
utilizaba todos los resortes del sensacionalismo
más morboso para alcanzar al World.
Dentro del World
había un personaje muy popular, un niño
travieso y desdentado cuyo vestido amarillo le
valió el mote de Yellow Kid, su creador, el
dibujante Outcanlt, se había pasado al Journal
mientras que el World encontró otro dibujante
para que siguiera con el personaje.
Las disputas
sobre el Yellow Kid como símbolo del
sensacionalismo de Hearst y Pulitzer llevaron el
nombre de periodismo amarillo.
Su
característica el absoluto desprecio a la
objetividad. "Había que presentar las
noticias en forma que fuesen entendidas y
atrajesen la atención de la gente a quien estos
periódicos iban dirigidos, por supuesto, no el
grupo más culto".
Para dar una
idea del tratamiento que se daba a la
información, aquí se comenta la técnica de
Goddard para confeccionar la primera plana:
"Supongamos
que es el cometa Halley. Pues bien: hay que hacer
un grabado de media página mostrando el cometa
con varias fotos de apariciones previas
engatilladas. Si aún queda sitio para una
señorita atractiva, tanto mejor. Si no, hay que
poner unos cuantos habitantes de Marte viéndolo
pasar. Entonces, algo así como un cuarto de
página de titulares ruidosos. Después, cuatro
pulgadas de artículo escrito en tono vibrante. Y
una foto del profesor Halley abajo y otra del
profesor Lowell arriba y una caja con orla
conteniendo una opinión científica que nadie
entenderá, para darle categoría."
"Mientras
otros hablan, el Journal actúa." Slogan que
se puso de moda entre las clases bajas de quienes
Hearst conocía sus bajos deseos y apetencias
morbosas, aquí varios titulares: "El
misterioso asesino de Besie Little";
"¿Qué hizo de él un ladrón?";
"Cosas extrañas que las mujeres hacen por
amor"; "Excitante confesión de un
asesino que ruega ser colgado".
Hearst procuraba
que sus reporteros, con una agilidad informativa
poco corriente en aquella época, estuviesen
siempre donde sucedía y podía suceder algo
importante. Cuando ello no ocurría, la solución
era recurrir a la provocación del suceso o
suplir con la fantasía de sus redactores lo que
la realidad no proporcionaba.
Así fue como
provocó la guerra de Estados Unidos contra
España, tergiversando las noticias sobre la
insurrección y haciendo uso de las técnicas de
moldeamiento de la opinión pública al alcance
del periodismo amarillo, atacando la sensibilidad
y el sentimiento norteamericano y creando una
psicosis de guerra. Si la batalla contra el World
había explotado al máximo los recursos del
vicio y del crimen, se necesitaba ahora otro
aliciente: una guerra.
Hearst mandó a
sus "corresponsales", cuyas crónicas
se caracterizaban por las exageraciones y nada de
objetividad. Efectivamente, en pocos meses
crearon los corresponsales una predisposición a
la guerra contra España que alcanzó su clímax
con el misterioso hundimiento del barco Maine
donde murieron 266 marinos norteamericanos.
Hearst acusó a España.
Godkin, director
del Evening Post, dijo: "Es una vergüenza
clamorosa que hubiese hombres tan dispuestos a
producir tal descalabro sólo por vender más
periódicos". Pero Hearst ya tenía muchos
seguidores.
Anunció con
grandes titulares "La destrucción del Maine
fue obra de un enemigo", asegurando que
oficiales de la marina creían que la explosión
había sido producida por una mina española. En
dos recuadros en primera página anunciaba un
concurso para la caza y captura del causante del
ultraje ofreciendo un premio de 50,000 dólares.
Otro de los
titulares fue "Guerra segura" para el
que se tuvo que fabricar un tipo de letra donde
las dos palabras cubrieran de uno a otro extremo
la primera plana.
Durante los
cuatro meses que duró la guerra, Hearst solo
obtuvo pérdidas: hubo veces en que sacó 40
ediciones en un solo día y era un gran esfuerzo
hacerlas aparecer diferentes.
En cáusticas
editoriales abogó por la destrucción del trust,
antes de que él hubiese formado el suyo; por la
nacionalización de las minas de carbón
pero no así las de plata-, de los
ferrocarriles y de las líneas telegráficas de
las que no era accionista, y por la formación de
unos sindicatos fuertes, pero mucho antes
también de que sus propios empleados se
declarasen en huelga...
Después de la
reelección de Mckinley, el mismo Hearst
escribió un editorial en el Journal en el que
decía: "Si los malos hombres no pueden ser
suprimidos más que por la muerte, la matanza ha
de ser hecha". Unos meses más tarde,
Mckinley fue asesinado por un anarquista y fueron
muchos los que recordaron el insultante cuarteto
y los provocadores editoriales del Journal.
Como solución,
Hearst consciente de la tormenta que se
avecinaba, cambió el nombre del periódico, que
desde entonces se convirtió en el American.
De esta forma
consiguió crear la confusión y, en 1903, cuando
ya las críticas contra sus actividades
antipresidenciales habían sido olvidadas,
Hearst, que como su padre tenía también
ambiciones políticas, presentó su candidatura y
fue elegido representante en el Congreso por uno
de los distritos de Nueva York.
Hearst nunca
dejó las andadas, creó la agencia International
News Service después desprestigiada por
plagiaria.
Hearst era
condenado en público y en privado pero su fuerza
radicaba en sus posibilidades económicas. En
1919 muere su madre y Hearst queda con más de
150 millones de dólares que le permiten extender
su imperio.
En 10 años
contaba con 400 periódicos a su servicio y las
agencias INS, Universal Service y el King
Features Syndicate.
La crisis de su
imperio vino después de la depresión de 1929.
Tuvo que cerrar muchos periódicos y para 1950 la
cadena contaba solo con 16 diarios, el King
Feature y la INS, ocho estaciones de radio y dos
noticieros cinematográficos hasta 1951, cuando
murió.
Vivía
costosísimamente, rodeado de caprichos y
placeres. La extensión de su "rancho",
como le llamaba, era algo menos que el estado de
Rhode Island, tenía tres palacios para invitados
y un castillo, un ferrocarril particular y un
pequeño aeródromo, dos piscinas, una armería y
zoológico, además de una colección artística
de extravagancias que le había costado 40
millones de dólares, como momias egipcias, una
abadía española, castillo en Gales, sillería
de oro.
Después de su
muerte sólo el menor de sus cuatro hijos,
William Randolph Hearst Jr. Tomó las riendas del
imperio que se dividió entre los cuatro
hermanos.
John dirige las
revistas, David es director de Los Angeles Herald
y Express, y el chico se quedó con ocho de los
dieciséis que quedaban, cuya política es ahora
evitar toda falta de objetividad en la redacción
de las noticias.
__________
Bibliografía
- Baena Paz, Guillermina.
Géneros periodísticos. Editorial Pax,México,
México D.F. 1993.
- Laurini, Myriam y Díez ,Rolo. Nota roja
70s. Editorial Diana. México D.F. 1993.
- Laurini, Myriam y Díez, Rolo. Nota roja
80s. Editorial Diana. México D.F. 1993.
© José
Luis Jáquez Balderrama
es profesor de la Universidad Autónoma de Chihuahua (México) - Doctorando en Ciencias de
la Información en la Universidad de La Laguna, España. Este artículo fue publicado
originalmente en la Revista Latina de
Comunicación Social (La Laguna - Tenerife,
febrero, 2001 - año 4º - número 38), y se
reproduce con la autorización expresa de su
editor, José Manuel de Pablos.
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