Reporteros
encubiertos
Charles
Green *
Un
nuevo caso judicial (pendiente de sentencia al
escribir estas líneas) pone en el tapete un tema
de ética que los periodistas vienen debatiendo
desde que el primer hombre en la edad de las
cavernas fue de cueva en cueva a poner al día a
sus residentes de cuál era el último precio de
cotización de los filetes de mastodonte.
¿Hasta dónde
debe profundizar un reportero en una
información? ¿Es correcto mentir o actuar como
si uno no fuera periodista cuando la historia
trae consigo algo que perjudica el bienestar
público?
La cadena
estadounidense de televisión ABC, envió a un
equipo de su programa "Prime Time Live"
para que consiguieran empleo en un supermercado
Food Lion e investigaran cómo se manipulaban los
alimentos en el lugar. Los reporteros utilizaron
cámaras ocultas para documentar un trabajo
periodístico en el que se acusaba a la cadena de
vender queso mordido por ratas y reempacar carne
echada a perder de manera que pareciera fresca.
La cadena de
supermercados pidió una compensación de $2,500
millones por daños causados por el programa, que
se transmitió en 1992. La compañía no
desmintió las acusaciones que se le hicieron ni
reclamó haber sido víctima de una nota
infamatoria. En su lugar, presentó una demanda
por fraude y transgresión de sus predios. Según
afirmaron, el programa "Prime Time
Live" utilizó métodos ilegales para hacer
su trabajo de manera encubierta en tiendas de dos
estados. La compañía alegó, además, que las
cintas grabadas le pertenecen, puesto que fueron
tomadas por reporteros que formaban parte de su
plantilla y que filmaron durante su horario de
trabajo.
Un jurado
determinó que la cadena Food Lion debe recibir
una compensación de $5,5 millones por daños
punitivos. El veredicto en este caso se dio a
conocer la misma semana en que una corte federal
de la Florida ordenó que la cadena ABC y uno de
sus productores paguen la suma de $10 millones a
un banquero de Fort Lauderdale llamado Alan
Levan, quien presentó una demanda judicial por
publicación de libelo.
Algunas personas
argumentan que los reporteros nunca deben actuar
de manera encubierta y ninguna historia justifica
que el periodista mienta. El que un periodista
actúe como si fuera otro conduce a la pérdida
de credibilidad y, sin credibilidad, ningún
reportero u organización periodística puede
servir a su público. Otros manifiestan que los
reporteros tienen una obligación mucho mayor con
su público y que, por lo tanto, no puede estar
en ningún y tipo de sensibilería. Si para
conseguir una historia que pondrá al descubierto
un gran error o que protegerá al público de
cualquier perjuicio, es necesario valerse de un
subterfugio, entonces vale la pena.
Quienes están a
favor de esta línea de pensamiento señalan que,
a menudo, las organizaciones que se encargan del
cumplimiento de la ley recurren a subterfugios
para apresar a delincuentes. Un policía puede
actuar como un narcotraficante, un ladrón o
incluso un asesino, para poner en prisión a
quienes transgreden la justicia. Según sus
puntos de vista, la obligación de los
periodistas de permitir que el público conozca
lo que ocurre es tan importante como la que tiene
la policía de proteger la vida y las propiedades
de los ciudadanos. Por tanto, afirman, es
correcto que un reportero actúe de manera
encubierta para realizar una investigación
periodística.
En 1995, una
corte federal de apelaciones, en Estados Unidos,
falló a favor "Prime Time Live" en
otro caso en que los reporteros fingieron ser
pacientes para filmar sus visitas a varios
oftalmólogos. La corte estableció que la cadena
no era responsable de transgresión de propiedad,
invasión de privacidad y de instalar mecanismos
electrónicos de grabación, como alegaban la
clínica y dos de sus médicos.
Decidir si un
reportero debe actuar de manera encubierta o no,
es el tipo decisión que pone a prueba de fuego a
los editores. Cosas como esta son las que hacen
difícil caminar por la cuerda floja. El
resultado del juico entre la cadena de
supermercados Food Lion y la ABC podría tener un
fuerte efecto en la manera en que trabajan los
reporteros investigativos en los Estados Unidos.
En otro orden de
cosas, y para mantenernos al tanto de los
últimos acontecimientos que plantean
cuestionamientos éticos: Richard Jewell, el
guardia de seguridad que fue identificado por
algunas organizaciones periodísticas como
sospechoso de la explosión en las Olimpiadas y a
quien más tarde el FBI declaró libre de
sospechas, presentó una demanda judicial contra
la cadena de televisión NBC por los comentarios
hechos por su presentador Tom Brokaw acerca del
incidente.
El abogado de
Jewell dijo que su representado recibirá una
compensación monetaria de la cadena, pero se
negó a revelar otros detalles del acuerdo aunque
dijo que la NBC no se retractaría públicamente.
La cadena afirmó que prefirió llegar a un
acuerdo fuera de corte para proteger a sus
fuentes confidenciales.
Los abogados de
Jewell Jewell's attorneys alegaban que Brokaw
había insinuado al aire que Jewell era el
responsable de la explosión del 27 de julio, en
la que una mujer murió y otras 100 personas
resultaron heridas.
El 26 de
octubre, Jewell fue declarado fuera de sospecha
por el gobierno. Sus abogados le han pedido al Atlanta
Journal-Constitution el primer
periódico que publicó que Jewell era
sospechoso que se retracten de la historia.
No obstante, el diario ha mantenido que su
cobertura fue correcta. Según dijo su abogado,
Jewell iniciará una demanda por difamación
contra el periódico.
* Charles Green es director del Centro de
Prensa Internacional, de la Universidad
Internacional de la Florida,
en Miami. Durante 25 años fue corresponsal y
ejecutivo de The Associated Press. Este texto se reproduce de la revista Pulso del Periodismo, con autorización de su editor.
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