Etica
periodística contemporánea
en Nicaragua
"Ya
la misión del periodista no se ve, como
antaño, ardua y gloriosa. Los que aman
su carrera y su pluma, los que se
consagran con decisión a ese oficio, que
es un sacerdocio, tienen que ver con
vergüenza cómo se convierte la tinta en
lodo y la pluma en puñal, cómo hay
quienes no ven lo alto de su misión y
sean fáciles al halagoal
interés...", débiles al engaño,
ruines
Rubén Darío
|
|
Guillermo Cortés Domínguez
*
Es
asombrosa la actualidad de este párrafo de
Rubén Darío acerca del ejercicio del periodismo
de comienzos de siglo, y más todavía, la
vigencia de sus implicaciones éticas. Por
cierto, Darío fue el primer periodista
nicaragüense en el exterior que se ganó la vida
ejerciendo esta profesión u oficio,
desempeñándose como redactor en varias
publicaciones, sobre todo en El Mercurio y La
Epoca (Chile, 1886); La Prensa Libre y El Heraldo
(Costa Rica, 1891); La Nación, La Tribuna y El
Tiempo (Argentina, 1893); y las revistas Mundial
y Elegancias (Francia, 1911). Desde 1886 hasta
1913 escribió para diarios argentinos y
chilenos.
Darío hoy está
particularmente muy fresco en la memoria de los
nicaragüenses, pues hace apenas unos meses un
certamen de la radioemisora BBC de Londres
através de la internet, concluyó con la
elección por mayoría, de Rubén Darío, como el
personaje del siglo de América Latina. El
concurso de la BBC londinense tuvo tal
repercusión en Nicaragua, a veinte mil
kilómetros al otro lado del océano, que fue
tomado por los nicaragüenses como un asunto de
orgullo nacional que incluso provocó que el
Instituto Nicaragüense de Cultura (INC),
convocara en particular al estudiantado de
primaria y secundaria, y en general a toda la
población, a tomarse la red mundial de
computadoras para saturarla de votos a favor del
Príncipe de Las Letras Castellanas, logrando
darle alcance al libertador Simón Bolívar --que
había despegado como un corcel desbocado y
llevaba la delantera--, y luego dejarlo rezagado
y perderlo de vista por una enorme diferencia.
Fue un acto de honor, de consecuencia con lo
mejor que ha producido Nicaragua, junto al
patriota Augusto C. Sandino. Era un imperativo
moral que Darío no quedara atrás.
Precisamente la
ética periodística parte de la autoconciencia,
de principios morales firmes y coherentes, que
autogobiernan el quehacer profesional, y que
dictan al periodista lo que es bueno y lo que es
malo, tanto en el proceso de recolección de la
información, como en el de elaboración del
producto final que llegará a los usuarios de los
medios masivos de comunicación. De la ética
dependerá si el periodista es un mercenario o un
profesional. El imperativo moral guía al
pensamiento y a la mano que escribe. Al aceptar
la conducta moral como obligación, los
periodistas y propietarios de medios de
comunicación social contraen una responsabilidad
consigo mismos y sobre todo, con la sociedad.
La actitud
ética del INC --ajustada a una conciencia
nacional alrededor de la importancia de Darío
como personalidad literaria mundial renovadora de
las letras hispanas--, marca, no obstante, un
gran contraste con la actitud del gobierno, y en
particular del Presidente de la República,
licenciado en Derecho Arnoldo Alemán, de
permanente hostilidad hacia los periodistas y los
medios de comunicación social independientes de
Nicaragua.
La
barrida de los divulgadores y uso político de la
publicidad estatal
Desde antes de
tomar posesión en febrero de 1997, tras ganar
las elecciones cuatro meses atrás, ya los nuevos
gobernantes habían decidido barrer con todos los
periodistas divulgadores estatales y sustituirlos
por afines al Partido Liberal Constitucionalista
(PLC), triunfador de los comicios nacionales. El
profesionalismo quedó pisoteado en favor de la
militancia política, y nuevamente la verdad
perdió, por un momento, frente a necesidades de
propaganda de una bandera partidaria. Fue una
transgresión a la ética periodística, en cuya
base se encuentra precisamente la principal
misión del periodista: decir la verdad, que es
el principio básico de una concepción
deontológica de la ética periodística. La
veracidad informativa es el cimiento de la ética
profesional del periodista.
Con la barrida
de los divulgadores el nuevo gobierno priorizó
la lealtad política en contra del ejercicio
profesional, es decir, optó por el control de la
información y su comunicación a la sociedad
únicamente desde el punto vista oficial
partidario. ¿Para qué continuar con los
servicios de experimentados periodistas
profesionales, si lo que querían era aduladores
del partido gobernante? Y aunque el trabajo de
divulgación estatal tiene un alto contenido de
relaciones públicas, también esta disciplina se
basa en la verdad al establecer vínculos con los
diversos usuarios de una institución.
Sólo unas
semanas después de haber asumido el gobierno, la
administración liberal constitucionalista, sin
mediar licitación pública ni privada,
favoreció a sus amigos y concedió la pauta
publicitaria estatal a cinco agencias,
concentrándola en tres de ellas, iniciando así
el uso de la publicidad del estado como arma
política. Uno de los socios de una de las
agencias beneficiadas, era Jerónimo Gadea, en
ese momento novio oficial de la Primera Dama,
María Dolores, la hija del Presidente viudo, que
asumía gallardamente el papel que le hubiera
correspondido a su difunta madre. Fue una
flagrante violación a la ética para controlar a
los medios y a los periodistas, pues las empresas
de información periodística se financian
fundamentalmente con la publicidad. En ese
momento, en una economía apenas estabilizándose
tras una guerra que postró al país, la pauta
publicitaria estatal era casi imprescindible,
ante un sector privado todavía débil y
balbuceante.
Una lista de
medios y periodistas "enemigos", a
excluir de la pauta publicitaria gubernamental,
fue entregada a los nuevos divulgadores,
comisarios políticos del gobierno. Así, por
ejemplo, aunque un alto funcionario de la estatal
empresa eléctrica ENEL ordenara pautar un
anuncio en la Revista Medios y Mensajes, de la
cual soy su editor, el divulgador Juan Velásquez
Molieri se negó a hacerlo, aduciendo que yo
estaba en la "lista negra".
La
áspera respuesta a Gustavo Ortega
El Presidente de
la República encierra una extraña paradoja:
ante grupos de pobladores con quienes tiene
contacto personal, es un excelente comunicador,
bromea, abraza a las personas, cuenta chistes, es
campechano, utiliza un lenguaje coloquial, y
rápidamente logra establecer una atmósfera
cercana y hasta íntima. Sin embargo, con los
periodistas y los medios de comunicación social,
es lo contrario: tiene una extraordinaria
capacidad para pelearse con los hombres y mujeres
de prensa, es hostil, malcriado, grosero, pedante
y maleducado. Desde el inicio de su gobierno
comenzó a chocar públicamente con los
profesionales de la información, con quienes se
molesta e irrita con suma facilidad. Al parecer,
su espíritu verticalista y autoritario, le
impide tolerar la naturaleza inquisitiva de los
periodistas, quienes lo trastornan y le hacen
perder la cabeza.
El ejercicio del
periodismo implica una responsabilidad social, de
manera que los periodistas están comprometidos
con la población a servirle la verdad, es decir,
lo que realmente ocurre. Y como son seres
humanos, con una subjetividad, con un filtro
formado por su educación, su experiencia, su
técnica, su cultura, etcétera, ese apego a los
hechos no es mecánico ni automático, sino que
pasa por una interpretación, y es desde esta
perspectiva que los expertos comunicólogos
consignan que los medios crean la realidad, y no
que la reflejan, ni que los periodistas fuéramos
inmóviles espejos sin cerebro ni sentimientos. Y
en ese filtro que observa, procesa, analiza,
descodifica, codifica y emite información, juega
un papel determinante la ética, para que haya un
balance y un apego a los valores morales
socialmente aceptados: fidelidad a los hechos,
honestidad, respeto, solidaridad, lealtad,
responsabilidad, y todo cuanto contribuya a una
comunicación balanceada y de servicio.
Han pasado tres
años desde que Arnoldo Alemán asumió la
Presidencia de la República, pero nada, ningún
milagro, ni siquiera la urgente necesidad de
mejorar su imagen y la del gobierno en su
conjunto, ha conseguido que él deje de ofender y
molestar a la prensa independiente. Con motivo de
la reunión de donantes en Estocolmo, convocada
en 1998 para cooperar con la reconstrucción de
Centroamérica, sobre todo con Honduras y
Nicaragua, tras el desastre causado por el
huracán Mitch, el Jefe de Estado y varios
periodistas nicas, se encontraron en la capital
sueca.
Días antes, la
entonces novia del Presidente, María Fernanda
Flores Lovo, recibió permiso para ir a Miami en
busca de cura a problemas de salud, según
justificó públicamente su jefe, el entonces
ministro de Educación, José Antonio Alvarado.
Pero la enfermita apareció radiante comprando
alegremente en una de las calles céntricas de
establecimientos lujosos de Estocolmo, y cuando
el periodista del diario La Prensa, Gustavo
Ortega, le preguntó al Mandatario qué hacía su
novia ahí, éste le respondió ásperamente,
"yo no me meto con tu mujer ni con tu
hermana...". Es la ética del gobierno. La
respuesta del Primer Ciudadano apareció en
primera plana en los diarios locales.
Terrorismo
fiscal y amenaza a televisoras
Pareciera que el
presidente Alemán no tolera la libertad de
expresión, y que la opinión pública, es decir,
el clima nacional de opinión prevaleciente,
actúa como un poderoso valladar que le impide
modificar el marco legal de libertad de
expresión heredado de los Acuerdos de Esquipulas
de 1987, que pusieron fin a la guerra, y que
devolvieron las libertades individuales y
sociales a Nicaragua. Este ambiente de
irrestricto respeto a la libertad de expresión
fue impulsado de manera especial durante el
gobierno de doña Violeta Barrios viuda de
Chamorro, quien en lealtad a su esposo, el
Mártir de las Libertades Públicas, Pedro
Joaquín Chamorro Cardenal, premiado con el
María Moore Cabot, de la SIP, en 1977, propició
un entorno sin precedentes a favor de los
periodistas y los medios de comunicación, aunque
en su administración durante un tiempo se
hostigó, negándole anuncios, al naciente diario
La Tribuna. Fue la época de oro del periodismo
nacional, dicen algunos colegas.
Impedido de
modificar las leyes que aseguran la libertad de
expresión, el gobierno ha intentado otros
medios, por ejemplo, el terrorismo fiscal,
también enderezado contra empresarios críticos
de la administración liberal. Grupos de
auditores de la temida Dirección General de
Ingresos (DGI), se sumergieron con excesivo
interés en los estados de resultados y balances
financieros del diario La Prensa, después que
éste modificara su línea editorial e
informativa progubernamental, y retomara la
política de fiscalización de la gestión
pública con la que fue consecuente hasta su
asesinato, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.
Es más, la
empresa periodística La Prensa inició en 1998
una integración empresarial horizontal,
incursionando en la industria de artes gráficas
mediante una inversión estimada en más de 700
mil dólares, para imprimir toda clase de
publicaciones incluyendo libros y guías
telefónicas. La Prensa cumplió con los
requisitos, precalificó como competidora en una
licitación de la guía telefónica nacional, y
presentó la mejor oferta, pero le fue
escamoteada la victoria, ante un competidor
colombiano, Publicar, que ha elaborado los
directorios de los últimos años. El estira y
encoge causó que en este año 2000 Nicaragua no
tenga un directorio telefónico.
Entre pleito y
pleito con periodistas, el gobierno amenazó a
las estaciones de televisión con retirarles la
frecuencia de transmisión, si no expandían su
cobertura a todo el territorio nacional. Los
dueños de canales de televisión reaccionaron
preocupados y molestos, pues ello requiere
cuantiosas inversiones no previstas a corto
plazo, mucho menos a lo inmediato. Luego el
gobierno suavizó su posición, pero ya la herida
estaba abierta. Durante una visita oficial a
México, el Presidente Alemán exploró la
posibilidad de utilizar a bajo costo los
servicios de un satélite azteca, para que las
televisoras locales puedan bañar todo el país.
Transgresiones
comunes a la ética
Y no es que los
periodistas nicaragüenses seamos unos virtuosos
y ejemplares practicantes de la ética
periodística, pues casi a diario vemos en los
diarios y estaciones de televisión rostros de
jóvenes acusados, pero aún no condenados por
ningún tribunal de justicia, y su nombre queda
manchado para siempre aunque después el juez
dicte sobreseimiento definitivo. Aparecen las
iniciales de los nombres y apellidos de jóvenes
violadas, junto al nombre del barrio, y los
nombres de sus padres o parientes, sin que
prácticamente nada falte para reconocer a la
víctima. Escenas sangrientas son comunes en
primeras planas y páginas de sucesos, así como
titulares interesados, que no se ajustan al
contenido de la información.
Con frecuencia
observamos en los noticieros de televisión
entrevistas de prensa del Presidente Alemán,
donde periodistas preguntan como si estuvieran
acusando, y se ponen en evidencia ante las
cámaras cuando no obtienen la respuesta que
quieren. Hay que admitir que al Mandatario le ha
tocado lidiar con un grupo de mujeres y hombres
de prensa sumamente hostigosos, que muchas veces
formulan preguntas de una manera agresiva y
hostil, y a veces, desde plataformas partidarias.
Supuestamente esta es la razón por la cual el
periodista Mario Mairena, de El Nuevo Diario, fue
descalificado por la Presidencia de la
República, para atender las conferencias de
prensa del Presidente. El secretario de
Comunicación Social, Gilberto Wong, informó
oficialmente la decisión, y cuando Mario
intentó entrar a una conferencia del titular del
Ejecutivo, fue impedido por la fuerza pública.
Lo acusaron de comportamiento no ético, de estar
sesgado y comprometido con una actitud política
antigubernamental, en otro penoso capítulo de
agresión a la libertad de expresión.
Los periodistas
y los medios estamos lejos de cualquier
perfección, hay muchas deficiencias, pero es mil
veces preferible una prensa libre, aunque débil
profesionalmente, que una libertad de expresión
amordazada, bajo el control gubernamental. El
único control que no afecta a la libertad de
expresión, y que más bien la enriquece, es el
autocontrol mediante un código de ética
profesional del periodismo, es decir, la
autoregulación que parte de la voluntariedad de
someterse a la conducta moral. De todos modos, la
irresponsabilidad en el ejercicio de la
profesión, puede ser sancionada a posteriori
mediante la legislación sobre injurias y
calumnias, de acuerdo al Código Penal vigente.
También en este aspecto el gobierno quiso meter
sus narices, al intentar una modificación al
articulado sobre injurias y calumnias, para
penalizar, de manera particular, a los
periodistas. La iniciativa no prosperó.
En la Revista
Medios y Mensajes, que edito desde hace más de
siete años, publicamos a principios de los años
noventa una serie de reveladoras fotografías de
una periodista del diario prosandinista
Barricada, Elisa Maturana, con un jefe de un
grupo de excontras llamado "El Chacal",
que se rearmó durante el gobierno de doña
Violeta Chamorro. El caso no fue explicado en la
revista, lo que hubiera resultado aleccionador,
más bien sólo expuesto --y no de la mejor
manera--, un aspecto o detalle probablemente
privado, de un complejo fenómeno, digno de
estudio, que incluso llegó a dividir a la
redacción central y a los corresponsales de este
desaparecido diario, que fue tema de discusión y
fricciones en su consejo editorial, y que
concluyó con la terminación del contrato de la
periodista. En este caso, la revista, en ese
entonces llamada Periodistas, y que pretendía
estimular el desarrollo del periodismo
profesional, faltó a la ética al exponer. En
cuanto al caso, en el corazón del mismo se
encuentra un conflicto ético entre el deber
moral con el diario al que se trabaja y con los
compañeros de trabajo, y un interés personal.
Denigrar
a los colegas
Durante esos
primeros años de la década de los 90, una
periodista, Ada Luz Monterrey, propietaria de El
Atabal, un programa radial dominical de noticias,
entrevistas y comentarios, se caracterizó por
denigrar abiertamente, sin ninguna reserva, con
los peores epítetos, de la manera más agria y
cruel, a sus propios colegas periodistas. La
feminista Sofía Montenegro y la dirigenta de la
UPN, Olga Moraga, fueron dos de sus víctimas. En
varios códigos de ética de organizaciones
nacionales e internacionales de periodistas, este
tipo de acciones se tipifican como de las peores
faltas a la ética que un periodista puede
cometer, al igual que el plagio.
Este caso no es
único, varios dueños de medios suelen
despotricar desde sus micrófonos, entre ellos el
siempre polémico Carlos Guadamuz, de Radio Ya,
una emisora que casi desde su fundación, se
convirtió en la del primer lugar en cuanta
encuesta de opinión se realizara. El propietario
de esta radio, quien "no tiene pelos en la
lengua", atacó virulentamente, sin ningún
límite, con cuanto epíteto e insulto se le
ocurriera, la honra de personas como el Cardenal
Miguel Obando y Bravo, Sergio Ramírez Mercado,
Dora María Téllez, y cuanto individuo o
institución estuviera en su mira, como la
Policía Nacional.. El escritor de
"Margarita, está linda la mar",
respondió a Guadamuz calificando a su
radioemisora como un "albañal
radiofónico".
El destino le
jugó una mala pasada al propietario de Radio Ya,
veterano militante sandinista, antiguo amigo del
alma del expresidente Daniel Ortega, con el que
estuvo prisionero durante más de cinco años en
las cárceles somocistas. Durante las elecciones
de 1996, Guadamuz se postuló como candidato a
alcalde de Managua y contó con el apoyo del
FSLN, sólo que a última hora, el Frente
Sandinista orientó a su militancia a votar por
otro candidato sandinista, Herty Lewites.
Guadamuz quedó resentido con Ortega, con quien
rompió relaciones a fines de 1999 cuando éste
pactó con su archienemigo Arnoldo Alemán,
reformas a la Constitución Política y la Ley
Electoral.
Desde Radio Ya,
Carlos Guadamuz criticó sin tapujos el pacto
PLC-FSLN, y en particular a Daniel Ortega y a su
hermano Humberto, a quienes acusó de múltiples
delitos. Días después, en cuestión de horas,
su nueva postulación como precandidato del FSLN
para los comicios municipales de noviembre
próximo, fue rechazada por el aparato
partidario, luego expulsado del partido, y
cerrada su emisora mediante tres intempestivos
embargos en los que se coludieron con una
efectividad inusual, funcionarios judiciales y
autoridades policiales. La mano larga del pacto
FSLN-PLC --severamente criticado por los medios
de comunicación social más importantes--, dejó
a Guadamuz sin Beatriz y sin retrato, en lo que
constituye el más peligroso ataque contra la
libertad de expresión ocurrido en los últimos
años.
Desde su
bancarrota, Guadamuz comenzó a ofrecer
patéticas disculpas a cuantos había ofendido
con sus encendidas bravatas de todos los días
desde Radio Ya. Lo más lamentable de este triste
episodio para la libertad de prensa, es que la
radioemisora clausurada, fuera de los terribles
excesos de su propietario, se caracterizaba por
su servicio a la comunidad: durante todo el día,
como en una caravana interminable, la gente más
pobre llegaba al local de la radio o llamaba por
teléfono, señalando problemas, denunciando
injusticias, solicitando ayuda: una caja para un
niño muerto, comida para una familia hambrienta,
dinero para cubrir exámenes médicos o una
intervención quirúrgica urgente. Su eslogan,
"la del indiscutible primer lugar", se
correspondía absolutamente con la realidad.
Conflictos
de interés
No hace dos
años, el noticiero de televisión 100% Noticias
escandalizó a la opinión pública cuando
transmitió un video como prueba para incriminar
de tráfico de drogas a una empresa distribuidora
de gas butano que recién se estaba instalando en
el país. El caso fue presentado como periodismo
investigativo por el director del noticiero,
Miguel Mora. Uno de los más leales y de los
principales anunciantes del noticiero, Tropigás,
era precisamente la compañía que monopolizaba
la distribución del gas para cocinar en el
mercado nicaragüense. Más aún: el video
transmitido fue distribuido discretamente a los
medios por la misma empresa Tropigás, a través
de su divulgador, el periodista Luis Mora
Sánchez. Era un video efectivamente sobre
narcotráfico, pero de hacía varios años, y del
cual los socios mexicanos de la incipiente
empresa Zeta Gas que pretendía abirse mercado en
Managua, fueron absueltos en los Estados Unidos.
El noticiero de
televisión, al tener como anunciante a
Tropigás, estaba inhibido de participar en una
acción que podría dañar la imagen de la nueva
competencia en ciernes para la compañía
monopolista, y en beneficio de ésta. Era muy
obvio que el noticiero caía en la posición de
atacar al competidor de uno de sus principales
anunciantes. Además, el caso ya había sido
ventilado en los Estados Unidos, y absueltos los
procesados, por lo que el video no probaba
ningún delito de los socios de Zeta Gas. Por lo
demás, el pretendido periodismo investigativo no
había descubierto o desentrañado nada por lo
cual inculpar a Zeta Gas.
En el periódico
más popular de Nicaragua, El Nuevo Diario, es
frecuente encontrar en las notas informativas una
mezcolanza entre información y opinión del
periodista, en contravención con una norma
ética que manda a una clara diferenciación, de
manera que si el periodista quiere expresar su
punto de vista, lo haga en la página o sección
de opinión del medio.
También ocurre
en algunos medios una grave falta a la ética
profesional, como es presentar publicidad como si
fuera información o parte del contenido del
medio. La ética periodística es clarísima: hay
que diferenciar de manera inconfundible la
publicidad, de la información periodística,
para que los usuarios no reciban gato por liebre.
Si algo es pagado, entonces es publicidad, y debe
rotularse como tal, de manera visible, que sea
rápidamente percibida por los lectores, para que
esté prevenido de que ese material, al ser
pagado por alguien, es una nota interesada,
unilateral, sesgada desde el punto de vista de
quien la paga, y, ¡claro está!, diferente de
una nota informativa, que se debe únicamente a
la verdad, a los hechos, y por tanto debe
presentar todos los puntos de vista relevantes
sobre el asunto.
La relacionista
pública del Instituto Nicaragüense de Energía
(INE), Juliana Hernández, me comentó hace unos
dos años, que varios periodistas radiales le
ofrecieron cubrir todas las conferencias de
prensa y otras actividades informativas de esta
institución, a cambio de un pago. Grave desapego
a la ética. Los periodistas deben informar todo
aquello de trascendencia de las instituciones
estatales, sin ser voceros oficiales, como parte
de su función social, y no porque les paguen por
ello. Se violenta la ética porque eso ya no es
periodismo, ni siquiera publicidad, pues se
realiza como periodistas, en nombre del
periodismo, presentando la información como
contenido y ocultando que hay un pago de por
medio.
El
aleccionador "Caso Ramón Parrales"
Un ruidoso
oleaje de violaciones a la ética periodística
sepultó de un plumazo, en un abrir y cerrar de
ojos, a Danilo Lacayo, el presentador de Buenos
Días, el programa de opinión estrella de la
televisión de Nicaragua. Danilo se había
convertido en el acompañante de todas las
mañanas de amplios sectores de los
nicaragüenses, hasta que el gobierno
"descubrió" que estaba recibiendo
subrepticiamente grandes cantidades de dinero de
parte de la Contraloría General de la
República, escondido bajo una identidad que no
era la suya: Ramón Parrales.
Apartemos el
contenido político de "El Caso del
Fantasma". El dilema ético, desde la
perspectiva del periodismo, no es por esconder su
identidad, y usar otra, sino por recibir dinero
por investigaciones privadas que realizaba
enmascarándose bajo su condición de periodista.
El conseguía información, no para las
audiencias de su programa, sino para la
Contraloría, pero valiéndose de las facilidades
que le daba ser el famoso y bien relacionado
conductor de Buenos Días. Imaginen la
inseguridad de un entrevistado, quien no atinará
a saber si Danilo le preguntará como periodista,
o como trabajador a sueldo de la institución
fiscalizadora del uso de los bienes públicos,
como bien lo planteó Francisco Chamorro, el
editor de El Nuevo Diario.
Otro legajo de
transgresiones a la ética se evidenció cuando
Danilo Lacayo intentó defenderse de las
acusaciones del gobierno de recibir dinero a
escondidas, con un nombre falso. En sus dos
últimos programas, Lacayo dijo que efectivamente
había recibido dinero para realizar
investigaciones periodísticas para la
Contraloría, y que, además, no le quedaba
ningún billete a él, pues la plata se
distribuía entre las personas que le daban
información. Por un lado, admite que sobornaba
para que le suministraran información, lo cual
es inaceptable éticamente; y por otro,
pretendió hacer aparecer como periodismo
investigativo, lo que era investigación privada.
Habría otro dilema ético en este caso
sensacional que aún está abierto, si los pagos
incluyeran la frecuente presentación del
contralor Agustín Jarquín Anaya, en el programa
Buenos Días, de modo que la comparecencia de
personajes en el programa de entrevistas y
comentarios, ya no dependería del interés
noticioso que representaran, de su trascendencia
social como personajes, sino de quién paga, con
lo cual se violaría flagrantemente el concepto
ético del periodismo como función social.
¿Es
lo mismo la noticia y el negocio?
En una
entrevista en la Revista Medios y Mensajes
edición No. 9, de enero de 1994, un conocido y
polémico periodista ya desaparecido, Emigdio
Suárez, confiesa desenfadadamente que "para
mí, lo mismo es la noticia que el negocio".
Su viuda y sus hijos han adoptado y llevado esta
máxima hasta los extremos. ¿Y cuál es el
problema?, dicen, si la empresa no es rentable,
no hay noticia. Hay un hilo fino, pero firme y
contundente, que sirve de línea divisoria entre
el periodismo profesional y el mercantilismo de
la información. Precisamente esta es una de las
razones de la ética, porque sólo ella, desde la
conducta moral, puede establecer los límites
correctos.
La ética
periodística no cuenta con la simpatía de todos
los colegas. En 1995, un grupo de periodistas
integrado por Rodolfo Tapia Molina, Darwing
Juárez, Ofelia Morales, Mario Fulvio Espinoza,
Olga Moraga, José Torres, Xiomara Chamorro,
William Briones y este servidor, elaboró una
propuesta de Código de Etica Profesional de los
Periodistas de Nicaragua.
Fue imposible
que las dos asociaciones de periodistas, la UPN y
la APN, discutieran conjuntamente la propuesta
para aprobar un instrumento que sirviera de
referencia para la autoregulación del ejercicio
profesional. Enfrentadas por la guerra de los
años ochenta, una con el gobierno sandinista y
otra con la contra, los directivos de ambos
organismos tenían dificultades hasta para
platicar entre ellos, pues se miraban como
enemigos irreconciliables. Las trincheras y
barricadas de la guerra, continuaban levantadas.
Así, el proyecto no progresó.
Tres años
después, el grupo de periodistas que ganó las
elecciones para dirigir por dos años a la UPN,
intentó en su congreso de toma de posesión, en
febrero o marzo de 1998, discutir y aprobar este
proyecto de Código de Etica. El artículo 1, que
dice: "El periodista asume el principio de
que la información es un bien social y no una
mercancía", de inmediato fue cuestionado
por el periodista Pompilio Baca, yerno del
desaparecido Emigio Suárez, y fue tal la
controversia, que hasta hoy no se ha vuelto a
hablar del asunto.
La
ética: contención a la política y el mercado
Hace unos tres
meses, sometí a debate entre un grupo de
estudiantes de II Año de la Facultad de Ciencias
de la Comunicación de la Universidad
Centroamericana (UCA), el tema de la ética
periodística, y me llamó poderosamente la
atención --también reconozco que me causó
cierto malestar-- que varios de los alumnos, y
especialmente uno de ellos, despreciara de
entrada la conducta moral, señalando que es algo
irreal, utópico y fantasioso, porque los
periodistas están gobernados por la política y
el mercado. No deja de tener cierta razón el
estudiante, sin embargo, entre más poderosas
sean las fuerzas que tratan de influenciar al
periodismo, más necesidad hay de una ética
profesional.
Tras la firma de
un tratado marítimo entre Honduras y Colombia,
que cercena a Nicaragua 130 mil kilómetros
cuadrados de su privilegiada plataforma
continental, el diario progubernamental La
Noticia publicó, el 30 de noviembre pasado, una
primera plana con titulares que fabricaban un
escenario de guerra. Uno de los cintillos dice:
"Presidente Alemán Insinúa Defensa Armada
de Nuestra Soberanía". La palabra
"Insinúa" no logra atenuar el
contenido belicista. Por si fuera poco, el otro
titular es: "Altos Jefes Militares
Reunidos", como si estuvieran diseñando la
campaña militar a desarrollar en el teatro de
operaciones, y completa el cuadro guerrerista,
"Honduras Pretende Robarnos". Además,
el titular del Editorial, también en primera
página, es: "Otra Vez nos Rodean los Lobos
Hambrientos". Otro cintillo expresa muy
sugestivamente: "Asamblea Acuerda
Contraataque", y cierra con el título,
"Honduras Intenta Despojarnos en Beneficio
de Colombia".
En nombre de la
patria y de la defensa de la soberanía nacional,
¿es ético propiciar un clima de guerra? Dos de
los países más pobres del continente americano
enfrascados en una guerra..., sería terrible
para ambos pueblos. ¿Es bueno aconsejar la
guerra, es conveniente, es humano? No puede ser
un periodismo ético semejante acto de
irresponsabilidad, rayana en lo criminal. Y ese
mismo espíritu guerrerista continuó por varios
días.
A fines de 1999
el diario La Prensa adoptó una drástica
decisión que trajo a debate otro gran dilema
ético: el de los regalos a los periodistas. En
víspera de Navidad, ocasión en que los
funcionarios gubernamentales suelen hacer
obsequios a los comunicadores sociales, La Prensa
los prohibió, para evitar conflictos de
interés, reorientándolos hacia acciones de
beneficencia. Uno de los editores del diario,
Fabián Medina, públicamente escribió a favor,
pero algunos periodistas de base, en privado
expresaron su desencanto, porque no cae mal una
canasta de alimentos o una botella de whisky en
época de festejos. En un Editorial, el
progubernamental diario La Noticia aprovechó
para censurar acremente la decisión de La
Prensa, y acusó a los dueños de este periódico
de obtener pingües beneficios empresariales,
mientras restringía el acceso a los regalos a
periodistas que tienen muchas necesidades.
El dilema ético
que plantean los regalos estuvo presente también
cuando un grupo de periodistas intentó que el
gobierno de doña Violeta Barrios de Chamorro,
condonara las deudas en la Colonia del
Periodista, proyecto habitacional construido por
una institución gubernamental en terrenos
donados a las mujeres y hombres de prensa por la
administración de Daniel Ortega. La iniciativa
no prosperó y hubo periodistas que se levantaron
en contra de semejante petición, argumentando
que debían pagar su casa, como cualquier otro
ciudadano.
Los
privilegios que ahora ofrece a los periodistas el
Presidente Alemán
El mismo
cuestionamiento ético tiene el sorpresivo
ofrecimiento del Presidente Alemán de una Ley de
Protección, Dignificación y Estímulo del
Ejercicio del Periodismo, que concede a los
periodistas salario mínimo, pensión de vejez y
exoneración de impuestos de introducción para
importación de vehículos. Con una historia de
enfrentamiento permanente, ¿por qué este
repentino amor? ¿Hay que aceptar estos
privilegios? Sólo la ética puede resolver este
dilema. Por un lado, los periodistas no tenemos
ninguna corona para ser tratados bajo un régimen
especial, diferente del resto de la población.
Los maestros y los médicos de servicio público
devengan salarios miserables, ¿porqué no
también un salario mínimo y otros beneficios
para ellos?
Por otro lado, y
en la lógica del dicho popular de que "no
hay almuerzo gratis", por alguna razón el
gobierno quiere congraciarse con los periodistas.
¿Será acaso por el período electoral que ya se
abrió?, o porque ha llegado a la conclusión de
que urge mejorar las maltrechas relaciones con
este gremio. El Presidente Alemán querrá algo a
cambio de estos privilegios para los periodistas,
querrá influenciar el contenido de sus notas,
modificar la orientación crítica y
fiscalizadora de las mujeres y hombres de prensa.
Si se aceptan regalos conscientes de que ello
implica abrir un espacio a una influencia externa
a nuestra condición profesional, implicaría una
transgresión a la ética. Si estos ofrecimientos
del gobierno constituyen privilegios en relación
con otros profesionales, entonces no deben ser
aceptados, lo cual no significa que los
sindicatos y asociaciones no deban continuar
luchando por mejorar las condiciones de trabajo y
de vida de sus agremiados.
La
crítica es una obligación ética
Me pregunto si
es ético hacer estas consideraciones sobre
nuestro ejercicio profesional, si es ético dar
nombres y apellidos en cada caso analizado, si es
conveniente, constructivo y oportuno. Y respondo
que sí, absolutamente, aunque ello implique
ganar animadversiones y hostilidades. No me
caracterizo por ser polémico, mis artículos no
levantan polvaredas, quizás soy cuidadoso en el
uso de las palabras y en la construcción de la
argumentación, tampoco soy estridente, y
además, también puede ser falta de
"punch", lo que es una deficiencia,
pero preferiría mil veces que alguien me refute
con argumentos, a la molestia escondida o, más
bien, agazapada y rencorosa, que espera la
ocasión para dar un golpe.
Recientemente
solicité a Miguel Mora que incluyera en su
segmento de noticias económicas una nota
informativa sobre una importante adquisición
tecnológica que hicimos en Editarte la
empresa de la cual soy socio, bajo la cual se
publica la revista Medios y Mensajes--, y me dijo
que sí, pero no lo hizo, insistí, y tampoco. No
pude evitar asociar su comportamiento a un
artículo que publiqué recientemente sobre
periodismo investigativo, en el que señalé el
conflicto de interés en que cayó su noticiero
con el caso Zeta-Gas explicado en este
ensayo--. Lo encontré una vez en la UCA y aunque
me habló, estaba notoriamente contrariado. Me
dijo que José Abraham Sánchez, que había
realizado la "investigación", estaba
molesto por lo que escribí, entonces lo invité
a que diera su punto de vista, lo cual reiteré
después, por escrito, pero ninguno de los dos
escribió una línea.
Sí es
totalmente ético abordar estos problemas
nuestros, de nuestro periodismo, cuando se hace
desde una perspectiva técnica, sin ningún
ánimo de ofender, con hechos, evidencias y todo
aquello que constituya un soporte para los
enunciados. Si no nos examinamos críticamente,
no podremos avanzar, además, no es bueno para la
profesión, ni para la libertad de expresión en
general, que los atropellos que nosotros mismos
cometemos no sean señalados y censurados,
porque, en vez de propiciar un ejercicio
profesional del periodismo, se estimulan
prácticas antiprofesionales que no sólo
demeritan al gremio, sino que perjudican a toda
la sociedad, al país en su conjunto. No podemos
ser fiscalizadores de la gestión pública,
eximiéndonos de ser fiscalizados. La crítica es
una obligación ética.
Desde hace unos
ocho años cargo una espinita, como una cruz,
luego de una mala cobertura periodística que
hice para el diario Barricada de una conferencia
de prensa de la entonces directora de la pequeña
y mediana industria, María Hurtado de Vijil, y
no es que no haya tenido otros errores, pero en
particular este caso mi conciencia me lo señala.
No recuerdo los detalles, pero en la nota
informativa indebidamente introduje un comentario
haciendo una asociación sin sentido entre lo
informado por la funcionaria y los intereses
políticos de su hermano Carlos Hurtado. Recuerdo
que fue un impulso repentino, como un relámpago
durante el misterioso y fascinante proceso de
escritura. Y lo puse. Entregué la nota y se
publicó. Al día siguiente me reclamó el
Director del periódico y yo no tuve más que
aceptar mi error. Creo que la funcionaria
protestó personalmente a Carlos Fernando
Chamorro, pero no envió una nota escrita, y
quizás por eso el periódico no publicó una
aclaración, o yo lo he olvidado por salud
mental.
Posteriormente,
Cristiana Chamorro me contó que el periodista de
La Prensa que cubrió esa misma actividad, Denis
García Salinas --con quien estudiamos y
trabajamos juntos-- también incurrió en no sé
qué problemas durante esa cobertura. En esos
días, a principios de los noventa, Denis y yo
gozábamos de una reputación de excelentes
periodistas de prensa escrita, pero nuestro
desempeño en este caso, al parecer fue
deficiente.
Esa experiencia
me ha quedado como un morado en el ojo. El año
pasado, investigando sobre la competitividad de
los empresarios, solicité una entrevista con la
directora del Centro Nicaragüense de
Exportaciones e Importaciones (CEI), que es
precisamente la víctima de mi error. La
posibilidad de estar cara a cara con María
Hurtado reabrió inmediatamente mi herida, no
obstante, me propuse aprovechar esta
circunstancia para cauterizarla hablando del tema
con ella durante la entrevista, pero no me dio la
cita. Espero que acepte mis tardías disculpas.
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Guillermo Cortés Domínguez es director de la revista sobre
comunicaciones, Medios y Mensajes, que se edita en Managua, Nicaragua. Es
colaborador de Sala de Prensa.
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