¿Ocaso del
periodismo de investigación
en Chile y América Latina?
Juan
Jorge Faundes Merino *
Chile
es hoy uno de los parientes pobres en América
Latina en materia de periodismo de
investigación, y no porque en el resto de los
países esté precisamente en su apogeo.
Por
"periodismo de investigación" (o
"investigativo") se entiende (tal como
se ha definido por organizaciones periodísticas
y académicas) la búsqueda y difusión de
sucesos con valor periodístico que determinadas
personas, grupos, instituciones públicas o
privadas, poderes fácticos, etc., mantienen
ocultos y procuran impedir que sean conocidos en
un ámbito social mayor que el circuito cerrado
de los que están enterados. Su objeto es la
información de interés social, pero que está
oculta, reservada, secreta. Su método, la
obtención de datos recurriendo a fuentes
abiertas y cerradas, la inferencia a partir de
presunciones, la convicción, a partir de
pruebas. Su paradigma es el caso Watergate, la
hazaña de Carl Bernstein y Bob Woodward, del The
Washington Post, al provocar la caída de Richard
Nixon con sus revelaciones.
No es periodismo
de investigación (PI) la mera denuncia originada
en la investigación de otros (policías,
políticos, organismos). Ni la sola
interpretación (contextualizar y buscar el
sentido de los sucesos particulares). Ni el
periodismo en profundidad (investigar a fondo en
fuentes abiertas). Ni el periodismo de precisión
(que usa el método científico y las técnicas
de la ciencia). Ni el nuevo periodismo (el uso de
las técnicas de la ficción, particularmente de
la narrativa y la novela). Pero el PI engloba
todo ello, usa datos de investigaciones ajenas
debidamente citadas; investiga en profundidad,
con precisión, interpreta, denuncia y, muchas
veces, usa recursos literarios. Su diferencia,
como dijimos, está en buscar y difundir lo que
otros se esfuerzan porque permanezca oculto.
El
respaldo de los medios
Paradójicamente,
la edad de oro del periodismo investigativo en
Chile se vivió durante la dictadura
pinochetista. En aquellos años hubo medios
hoy inexistentes que se
especializaron en su práctica. Y lo hicieron en
las peores condiciones para ello. Los dueños,
directores, editores y reporteros de revistas
como Cauce, Análisis, Apsi, y de diarios como el
Fortín Mapocho, cuyo móvil era la lucha
periodística contra la dictadura, no se
amedrentaron con la cárcel, las amenazas, los
seguimientos, los golpes, la prohibición de
publicar fotografías, las clausuras de sus
publicaciones, con tal de cumplir con lo que
entonces consideraban un deber ético-político.
Y fue así como
contribuyeron al proceso libertario con
reportajes como el que reveló detalles de la
millonaria casa que Pinochet se construía en Lo
Curro. Gracias a la valiente y oportuna denuncia
de Cauce, y al repudio de la ciudadanía, el
dictador decidió no habitarla y designarla como
futura Casa de Los Presidentes de Chile. Pero esa
condición fue rechazada también al iniciarse la
transición democrática. La "casita en la
pradera", como la bautizó Cauce, terminó
en lo que es hoy: Club Militar. Otros reportajes
revelaron los integrantes y miembros del
siniestro Comando Conjunto, los negocios de los
familiares del dictador, el fusilamiento y no
muerte en combate de varios de los guerrilleros
de Neltume, etc.
Estas revistas
murieron cuando, al aproximarse o iniciada la
transición a la democracia, sus propietarios
perdieron la motivación original (desprestigiar
y derrocar la dictadura) y dejaron de invertir en
ellas. El respaldo financiero que los dueños
conseguían y hasta sacaban de sus propios
bolsillos, cesó cuando ellos mismos accedieron a
posiciones políticas de poder en el nuevo
establecimiento. Y ocurrió así porque estas
revistas siempre fueron discriminadas por el
mercado publicitario y salvo momentos
excepcionalesjamás lograron financiarse
con la venta (lo que prácticamente ningún medio
consigue).
La muerte de los
medios que hicieron oposición durante la
dictadura, marcó el punto donde comienza el
ocaso del periodismo de investigación en Chile.
La señalada
experiencia es indicadora de un hecho que
confirmó una encuesta realizada por este autor,
a fines del año pasado, en Guatemala en un
seminario de periodismo de investigación al que
asistieron periodistas latinoamericanos que
cultivan este género: el apoyo de los medios (y
obviamente de sus dueños) es una condición
necesaria para el desarrollo de este tipo de
periodismo. Fue lo que ocurrió con el caso
Watergate. Bernstein y Woodward, tuvieron todo el
apoyo de Katharine Graham, la dueña del diario,
y de Benjamín C. Bradlee, el director.
Es una
perogrullada: ¿qué puede hacer un reportero
investigador si el medio no lo respalda con
tiempo (una investigación requiere semanas de
trabajo, en las cuáles el producto no se ve)?
¿Qué puede hacer un reportero investigador si
el medio no lo respalda con recursos (durante una
investigación un periodista incurre en gastos de
desplazamiento, alojamiento, alimentación,
fotocopias, llamadas telefónicas, acceso a
bancos de datos, fotografías, videos, etc.)?
¿Qué puede hacer si el medio no lo respalda con
su prestigio (hay fuentes que sólo se abren por
el prestigio del medio al que pertenece el
investigador)? ¿Con su poder (hay represalias
que no se tomarán contra el reportero sólo por
temor a la reacción pública del medio)? ¿Con
sus abogados (las querellas por injurias y
calumnias suelen ir asociadas con cualquier
investigación, por rigurosa que sea).
El respaldo del
medio es muy difícil de conseguir cuando las
empresas periodísticas sólo tienen como
objetivo fabricar una mercancía de bajo costo y
que rinda utilidad monetaria inmediata. La
experiencia en dictadura demostró que las
empresas invierten en la investigación
periodística cuando ésta es funcional a los
propósitos ideológicos o ético-políticos de
sus dueños. Es decir, cuando buscan una
rentabilidad no monetaria, sino política.
Alternativamente,
los periodistas investigadores chilenos han
encontrado respaldo en empresas editoras, como
Planeta, Grijalbo y LOM, particularmente en la
última década, pero las editoriales sólo
cumplen con financiar la publicación del libro,
no la investigación misma. ¿Cómo vive el
periodista y su familia mientras dura el largo
proceso de investigación primero, y de
redacción después? Ello alarga extremadamente
el proceso investigativo, pues el reportero, por
lo general free-lancer, debe dedicarse primero a
los "pitutos" que le proveen del dinero
inmediato, y dejar su investigación poco menos
que como un hobby, en segunda o tercera
prioridad, y luego quitarle horas a la noche y a
la madrugada en la etapa de la redacción. La
retribución de la editorial es, por lo general,
el escuálido diez por ciento de derechos de
autor que suele liquidarse semestralmente sobre
el precio neto de las ventas del libro. Dado los
bajos tirajes de edición de las editoras
nacionales (que a veces parten con quinientos
ejemplares en la primera edición y que pueden
llegar a tres mil en casos excepcionales), el
derecho de autor se transforma en una suerte de
amor al arte, o a la causa.
Sin el apoyo
empresarial (cuando la producción de medios y la
publicación de libros son considerados un
negocio más que una causa ética, y cuando la
investigación periodística puede meter las
narices demasiado cerca de las empresas y
relaciones comerciales o políticas de los
dueños), y si a pesar de todo todavía le quedan
ganas de investigar, el periodista muy seriamente
se pregunta por las consecuencias jurídicas de
su ya temeraria decisión. ¿Y si se querellan?
¿Y si me meten preso? ¿Habrá alguien que me
pague Capuchinos? ¿Cómo pago el abogado?
Lo corriente, en
todo caso, como en el reciente de Alejandra Matus
(autora del prohibido Libro Negro de la Justicia
Chilena, exiliada en Estados Unidos), es que la
editorial aporte el apoyo jurídico. Pero igual
es una molestia no menor tener que exiliarse para
no estar preso. Y pasar días o semanas en
prisión (no precisamente en una mansión
londinense), también suele ser incómodo. Sobre
la incomodidad de la cárcel, aunque sea
Capuchinos, pueden dar testimonio los propios
gerente y editor de Planeta Chile, además del
director de PF, y la larga lista de periodistas,
incluido el autor de este artículo, que durante
la dictadura y/o la transición democrática han
tenido que sufrir trato de delincuentes.
Francisco Martorell (autor de su todavía
prohibido libro Impunidad Diplomática), debió
autoexiliarse en Argentina durante tres años
para eludir las rejas.
Acceso
a la información
Una
investigación realizada por alumnos del
seminario de periodismo investigativo realizada
en la Escuela de Periodismo de la USACH y
dirigida por el autor, en la que se entrevistó a
tres periodistas chilenos que han cultivado este
género, dio como resultado que los principales
obstáculos que enfrentaron, fueron: los editores
de sus medios (que no dan luz verde al tema
propuesto); censura de los jefes (disfrazada de
"edición"); terror de los testigos (a
represalias); miedo de las fuentes (a
represalias); amenazas de muerte (durante la
investigación); fuentes que sólo dan
trascendidos (no constituyen pruebas, a lo sumo
pistas); ocultamiento de información (dificultad
de acceder a las pruebas documentales); miedo del
medio a confrontarse con el poder (tanto
político económico); querellas (posteriores a
la publicación); presiones desde el poder
(militar, político,económico), y falta de
tiempo (en los medios).
Nancy Guzmán,
periodista investigadora free-lancer, que
publicó "Un grito desde el silencio"
(LOM, 1998), y que entrevistó al torturador
Osvaldo Romo para una cadena estadounidense de
televisión (1997), consultada para este
artículo sobre los principales obstáculos
encontrados en su trabajo, dijo que, en Chile, el
primero es el acceso a la información, el
segundo, la plata (porque una investigación es
cara), y el tercero, lograr que una editorial
publique el libro tal como ella lo escribió, es
decir, sin censura.
El tema de la
amenazas lo deja en último lugar, porque, si
bien las ha recibido, en el Chile de la
transición no se materializan (al menos hasta
ahora), este es "un país legalista".
Opina que durante la dictadura los represores,
torturadores y asesinos tenían un respaldo
institucional, y se sentían amparados para su
tarea disuasiva y punitiva. En cambio ahora, sin
el respaldo del estado o de sus instituciones, se
limitan a amenazar.
Así y todo, el
concurso de investigación periodística
convocado por Planeta Chile, cuyo plazo de
recepción de obras se cierra en mayo próximo,
es un incentivo que suponemos debe de estar
rindiendo sus frutos. Pero, como dice la
sabiduría popular: "una golondrina no hace
verano".
Periodismo
de investigación en América Latina
El análisis
resumido de la encuesta realizada por el autor en
el citado seminario realizado en Antigua,
Guatemala, entrega un panorama en cifras de los
principales obstáculos y aliados del PI en
América Latina, según la percepción de los
periodistas que practican este género.
El objetivo de
la encuesta, aprovechando la presencia de un
número importante de periodistas investigadores,
fue averiguar su percepción, principalmente en
lo que se refiere a obstáculos y fuerzas de
apoyo, para desarrollar este género de
periodismo. De los 29 asistentes y expositores,
15 respondieron la encuesta. Eran de 11 países
distintos y la mayoría periodistas de diarios.
El perfil de
quienes contestaron fue el siguiente:
País:
México (3), Guatemala (2), Panamá, Puerto Rico,
Venezuela, El Salvador, Costa Rica, Nicaragua,
Argentina, Honduras, Bolivia. No indicó país
(1).
Tipo de Medio:
Diario (11), Radio (2), TV (2), Internet (1). No
indicó medio (1). Indicaron más de un medio
simultáneamente (2), que fueron Diario-TV y
Radio-TV.
Para el
análisis se optó por el modelo actancial de A.
J. Greimas, que facilita visualizar el objeto de
estudio en términos dramáticos, o
estratégicos. Así, se observa al periodista
investigador como un "sujeto" que
pretende conseguir un determinado
"objeto", frente a lo cual encuentra un
conjunto de "oponentes" y un conjunto
de aliados ("adyuvantes", en el argot
de Greimas),. Además de una fuerza
"destinadora" de su misión y un
conjunto de "destinatarios" del
resultado.
En las líneas
siguientes, se presenta el modelo actancial
predominante en el grupo que respondió la
encuesta: SUJETO (el periodista investigador);
DESTINADOR (su convicción ética); DESTINATARIO
(la sociedad); OPONENTES (las restricciones que
impone el medio de comunicación [36,8%]; las
dificultades de acceso a la información [30,3%];
falta de capacitación [15,8%]; ADYUVANTES: un
medio de comunicación con recursos [22,2%]; la
actitud personal del periodista [16,7%]; los
conocimientos que maneje el periodista [16,7%]).
En la categoría
"restricciones de los medios", las
respuestas específicas más frecuentes fueron:
la falta de tiempo para investigar (21% de los 42
obstáculos internos señalados); la carencia de
recursos económicos (9,5% de los 42
obstáculos internos), y el sometimiento de los
medios a la publicidad (5,9% de los
obstáculos externos). Los vínculos entre
dueños o jefatura de los medios y los personajes
investigados (5,3% de obstáculos internos y
externos sumados).
Al contrario, un
medio con recursos aparece como el principal
aliado para el trabajo del periodista
investigador. Si la categoría "medio con
poder" se suma a la de "medio con
recursos", obtenemos un 31,4% de las
frecuencias. Entre los principales recursos del
medio se destaca la credibilidad (16,8% de
los adyuvantes internos y externos sumados), la
infraestructura material de la empresa (7,7%) y
su independencia económica (5,6%, suma de la
frecuencia en ambos ámbitos).
Esto permite
inferir que para incentivar la práctica del
periodismo de investigación en América Latina
una de las soluciones, pasa obligatoriamente por
el compromiso de los dueños y jefaturas de los
medios informativos, en el sentido de tener la
voluntad de destinar recursos humanos, materiales
y económicos al desarrollo del género. Y,
también, que, si este género está de capa
caída, es por responsabilidad de los mismos.
* Juan
Jorge Faundes Merino es periodista y escritor chileno,
colaborador de Sala de Prensa. Actualmente es académico de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Artes y Ciencias Sociales (Arcis), coordinador de Comunicación y
Difusión de la Corporación Acción Jurídica para la
Acción (Forja),
profesional del capítulo chileno de Transparencia
Internacional (TI), para el
que coordina el Proyecto de Periodismo de
Investigación; es corresponsal en Santiago del
diario El
Espectador, de
Bogotá, y del semanario Tiempo, de Madrid. Autor de 10 libros de
ensayo, poesía y novela histórica; coautor,
compilador o antologado en otros 11. Este texto
fue publicado también en revista Punto Final,
Santiago de Chile, marzo 2000.
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