Los
desafíos de la comunicación de género
Sara
Lovera *
En
el siglo XXI se consolidará la gran revolución
que marcó al siglo XX: la de las comunicaciones
y su complejidad.
El panorama es
basto y profundo. La comunicación ha recibido
nuevos y variados epítetos. Del cuarto poder con
que se calificó a la prensa hemos pasado a la
convicción de que entramos en la sociedad
mediática.
Internet y el
correo electrónico se han convertido en
instrumentos básicos de todos los actos de
comunicación en todo el globo terráqueo.
¿Quién los tiene?, ¿cómo se manejan?, ¿a
dónde llegan?, ¿cuál es su influencia real?,
son preguntas que se hacen especialistas en todo
el mundo. Nadie conoce respuestas precisas. Lo
que sí se sabe es que sus mensajes y contenidos
influyen en la construcción de la humanidad.
México no vive
en una isla. Los impactos de esta silenciosa y
profunda revolución son del todo diversos y
desconocidos. Un mensaje hoy puede
"atravesar longitudinalmente todas las
esferas de la vida" y sus impactos serán
imperceptibles al lego en el asunto y pueden -se
dice- determinar perfiles humanos y poner a
debate la cultura; revoluciona ya, en todo el
globo, el proceso de transculturación.
La comunicación
es un todo inmenso, difícil de desenredar y
mirar. En este mundo, el periodismo es una vía
trascendente para conseguir actos de
comunicación. Se puede realizar en cualquiera de
los nuevos ámbitos, desde el portal
postmoderno hasta la todavía la pequeña
radiodifusora con bobinas y una cinta elemental.
Se hace con el impreso producto de maquinarias
sofisticadas y manejadas con sistemas
electrónicos avanzados, hasta en la vieja prensa
plana del diario de una pequeña población
mexicana.
Según Gómis,
el periodismo puede considerarse un método de
interpretación sucesiva de la realidad social.
Quién lo ejerce como profesión u oficio lo
sabe. Es -dicen sus más febriles militantes- una
pasión milenaria y forma parte de la vida. El
periodismo también puede ser uno más de los
espejismos con que se teje la realidad.
Curiosamente, definir qué es periodismo no
genera debates de alcance o ambición
científica. Se da por supuesto que se sabe qué
es periodismo. Se describen sus actividades y,
con frecuencia, sus hábitos.
En la actividad
en sí, en la vida diaria, la ruleta del poder ha
producido diversas clases sociales dentro del
ejercicio profesional: editores, que detentan la
propiedad de los medios, y periodistas, que
llevan a cabo la recopilación de hechos y datos.
Dos puntas de un mismo lazo. Pero también
existen lectores y espectadores, que toman de
éste conocimientos, verdades y expectativas;
quienes buscan entretenimiento y ficción. El
contenido varía, se bifurca y puede tener un
mayor o menor impacto en la vida de cada
individuo.
Se habla de la
opinión pública. ¿Qué es la opinión
pública? No hay lugar alguno donde se halle
dicha definición. Lo cierto es que el periodismo
es el instrumento que crea y recrea la historia
cotidiana, que refleja o distorsiona la realidad
más inmediata, y promueve opinión, puntos de
vista. Al definirse como cuarto poder se le
reconoció su capacidad de influencia sobre el
acontecer cotidiano. Hoy día se habla de que esa
opinión participa directa o indirectamente en el
desarrollo y aplicación de políticas públicas.
Pero, sin duda,
el periodismo es la caja de resonancia de todos
los poderes y de éste se sirven principalmente
los poderosos. Sabemos, también, que puede
convertirse en un instrumento para la
democratización de las sociedades, porque se
trata de un servicio público. En México, el
derecho a la información está inscrito en la
Constitución. O sea, la información y la libre
expresión de las ideas son un derecho humano
intransferible e irrenunciable.
Así, podría
decirse que el periodismo es un fenómeno de
interpretación, un método para interpretar
periódicamente la realidad social del entorno
humano. Esta interpretación no se da de una vez
y para siempre. Es sucesiva: empieza y termina en
cada edición. No puede ser completa y hasta
pretende no serlo. La función principal de la
interpretación (Wright, 1980) es cuidar
consecuencias indeseables de la comunicación
masiva de noticias. Su espacio debiera conducir a
la reflexión.
De esa función
le viene el poder. Hoy día en México, de la
mano de este proceso profundo que se llama
transición a la democracia, el periodismo
(impreso, radiado, televisivo o vitural) vive
momentos de redefinición trasendente.
Según Oscar
Edmundo Palma (revista Equis, julio
1999), la prensa estará cumpliendo 502 años de
existencia. El periodismo, en cambio, nació con
la práctica social de la humanidad. Parece así
consustancial a todo lo humano. El primer
periódico de que se tenga memoria es el mural Acta
Divina, creado durante el imperio romano,
hace 2 mil 60 años y así se forjó la
información social que comenzó a tener un
carácter abierto y concreto al nacer la imprenta
en 1445. Ahora en la era de la alta tecnología
de la información hemos saltando de Gutenberg a
Bill Gates.
El panorama es
riquísimo. En América Latina -según el mismo
autor- se editan más de 900 diarios, con un
tiraje total que no sobrepasa los 10 millones de
ejemplares. En México existen 311 diarios
registrados y nuestro país ocupa el primer lugar
en el subcontinente latinoamericano en número de
diarios. Tenemos la tercera posición mundial en
el mismo sentido. Sólo en el Distrito Federal se
editan 30 periódicos, todos los días. Así, en
pocas palabras, está el panorama.
Hay que
considerar que las noticias corren por todos los
otros medios en forma automática e instantánea.
México tenía en 1998 más de mil 155
radioemisoras y televisoras de servicio público,
según la Cámara Nacional de la Industria de
Radio y Televisión, y el público potencial
puede significar al 70 por ciento de la
población, aproximadamente 71 millones de
personas. Existen cuatro agencias de noticias que
llegan a decenas de diarios y radioemisoras
(Notimex, la agencia de El Universal, Infosel y
Lemus).
Un capítulo a
parte significaría hablar de cómo se ha
popularizado la información horizontal a través
de Internet. Todos los días conocemos de uno
nuevo, una revista, un periódico virtual, una
nueva cadena o red.
Los dueños o
editores son inmensamente variados, existen
fuertes monopolios, al lado de propuestas y
recomposiciones de capital en en línea. Los
productos televisivos ofrecen al teleespectador
todas las opciones y parece claro que el mercado
está dividido entre dos grandes productoras de
televisión y algunas de cable; las repetidoras
de poderosas cadenas mundiales como CNN tienen su
preferencia y son inmensos hoy día los negocios
de la comunicación. La Agencia Latinoamericana
de Información (ALAI) asegura que en este campo
cada 30 días se duplica la inversión y la
ganancia.
Lo que unifica a
los medios hoy día es que tienen uniformada la
interpretación de la realidad. Una abre
cualquier portal y en cada uno haya horóscopos y
noticias de espectáculos, asuntos vanales o
deportivos. Cadía hay más espacios sólo para
comprar y vender. Los dueños están definiendo
el gusto y el traslado de conocimiento a millones
de personas, con frecuencia de distinto origen
cultural. La inmensa mayoría pueden definirse
como correas de transmisión de lo que los
centros del poder y el comercio quieren difundir.
Su estructura globalizada asegura mercados y
respuestas culturales según sus intereses
particulares.
La situación se
es más compleja si consideramos que no existe un
marco legal claro y definido de cómo deben
funcionar los medios de comunicación de masas en
México, lo que da a dueños, editores y
concesionarios de los medios una libertad sin
límite. Es absurdo que existan al menos cuatro
ordenamientos legales, de distintas épocas,
fuera de la realidad y que no responden a las
necesidades y actitudes de la población, que
están fuera del contexto político. El colmo es
que hace 25 años que se discute la
reglamentación del Derecho a la Información, y
nadie está dispuesto a tomar en serio hacerlo.
Ese panorama
puede considerarse legítimamente como uno del
poder patriarcal de todas nuestras sociedades,
donde las nuevas propuestas o pensamientos no
tienen espacio para actuar. Así, los medios en
México van a la zaga de los cambios sociales y
no existe ninguna instancia que los vigile o les
exija responder a la sociedad.
¿Y
las mujeres qué?
El inmenso
panorama de los medios, sus canales noticiosos e
informativos produce -como afirma Regina Festa-
una especie de mareo. Es tan grande el espacio
como pequeño lo que se pueda hacer. Una teoría
que hemos ensayado las mujeres de cara a esta
realidad es desarrollar estrategias que realmente
incidan en el cambio de contenidos del mensaje de
los medios. Dejar de hacer lo alternativo en
espacios marginales, para realmente incidir en
los cambios.
Sin embargo,
podría asegurarse que ninguna empresa
alternativa o marginal podría intentar
contribuir al cambio cultural desde la
perspectiva de las mujeres, considerando que los
medios son poca cosa. Saber que existe este
inmenso espacio, ese mosaico, tendría que
simbrarnos hasta las entrañas si lo que queremos
es ofrecer alternativas de vida, distintas a lo
que culturalmente se ha edificado en los últimos
4 mil años.
La crítica
feminista ha llenado miles de cuartillas
explicando cómo los medios -de la prensa menos
tecnificada al portal más novedoso- ha
distorsionado nuestra imagen, tomando de la
realidad únicamente lo que es funcional a un
sistema edificado por los varones. ¿Como nos
ven? ¿Cómo nos proyectan?
Yo he escrito
que la prensa ha jugado un papel político
concreto, compartiendo el devenir histórico del
país, desde la formación de su estado
independiente. La tarea de la prensa, como
observadora y testigo de los acontecimientos, su
capacidad crítica y su influencia, al entrar en
el juego de intereses de los poderosos, la
convirtió rápidamente en un instrumento de
mediación simbólica entre el Estado y la
sociedad, de ahí el calificativo de cuarto
poder.
He dicho
igualmente que es un instrumento de propaganda,
capaz de manipular, omitir, desformar y al mismo
tiempo orientar a la (difusa y confusa) opinión
pública. Lo cierto es que la prensa interviene,
circula ideas, verdades y puntos de vista sobre
el acontecer social, en forma creciente e
instantánea.
La prensa se
convirtió, al consolidarse el Estado
Revolucionario del siglo XX, en un instrumento de
ese Estado y sus intereses. Se incluyó dentro
del grupo gobernante, como un poder adicional del
sistema. No podemos determinar en qué momento
prensa y poder en México se convirtieron en lo
mismo.
Pero el sistema
fue alterado en los años 60, momento que se
identifica en México como el que marcó un
quiebre político trascendente, que muchos
especialistas consideran como el momento en que
se inició en nuestro país la transición
democrática. Esta situación también impactó a
la prensa, aunque sus cambios han sido mucho más
lentos que los ocurridos en la sociedad.
Aparecieron nuevas prouestas, como es el caso del
diario El Día, que nació en 1964, como
resultado de una conferencia de los comunistas.
No obstante la prensa todavía es una aliada
eficiente y funcional de los intereses y
necesidades del poder gubernamental.
La prensa ha
sido un espacio que puede utilizarse para
distintos fines. Es a un tiempo el soporte del
Estado instituido y una fuente de poder y
presión frente a ese Estado. Su maravillosa
contradicción abre espacios y posibilita, con
una buena estrategia, abrir endiduras para la
expresión de una sociedad cada vez más
consciente de sus derechos. Esto lo han
considerado muy distintos grupos, incluidos los
de la apuesta feminista (no con la permanencia y
hondura suficientes, pero con gran creatividad,
como veremos más adelante).
Los tirajes de
medios impresos, como hemos visto, son
millonarios. Se calculan en casi 5 millones al
año en México. La edición de revistas,
impresos especializados y de análisis político
rebasan toda imaginación. Hay medios de
influencia regional y de circulación variada,
existen pueblerinos y de grupo, especializados y
abiertos.
A ello, como
decía más arriba, se suma la distribución de
informaciones por las agencias de noticias; hay
toda clase de medios y empiezan a ser de la mayor
importancia los productos informativos, a través
de la tecnología de punta. El desafío es cómo
romper el monopolio de enfoque, siempre
distorsionador de la imagen de las mujeres.
En los últimos
30 años la presencia femenina en la factura
informativa ha ido creciendo geométricamente.
Existen diarios, revistas, estaciones de radio
donde las mujeres pueden llegar a constituir
hasta más del 50 por ciento del personal.
Nada de ello,
sin embargo, ha significado todavía un cambio
fundamental en el contenido y enfoque de las
informaciones. Este es el gran reto del siglo
XXI.
Lo
simbólico y lo real
No podemos negar
que en los últimos años han sucedido
importantes cambios en la sociedad mexicana y en
la vida concreta de hombres y mujeres en el
mundo. Estos cambios han originado nuevos
entretejidos en la vida de relación y las
mujeres -como género- hemos ido tomando otros
lugares, haceres y propuestas en la sociedad, que
no son reflejados y con frecuencia son fustigados
por amplios sectores de la sociedad y también
por los medios.
Paralelamente a
estos cambios ocurridos en la vida simbólica y
material de hombres y mujeres existen nuevos
análisis de esta realidad que obligan a
considerar que el desarrollo desigual de las
distintas prácticas sociales constituyen y
construyen otras formas de
subordinación-liberación, frecuentemente
marginalizadas en los medios. Ya no es posible
entonces ver la opresión de las mujeres como una
categoría preconstuida e inamovible o universal.
En el mundo de
las reivindicaciones políticas de las mujeres,
las luchas por la igualdad de los salarios y de
las funciones, por el acceso al poder en las
instituciones sociales a igual título que los
hombres, o bien en la diferencia, son hechos a
considerar en la visión preconcebida de cómo
somos las mujeres. Es urgente reconocer que somos
distintas a lo que éramos a principios de siglo,
aun cuando en importantes segmentos de la
población las mujeres y también los hombres,
mantengan imaginarios culturales tradicionales.
Existe una idea muy generalizada de que millones
de mujeres están rechazando los atributos
tradicionalmente considerados como femeninos o
maternos. Eso no es del todo cierto. Pero el nuevo imaginario
existe, aunque al ser invisibilizado por los
medios los cambios de fondo son lentos y
desiguales.
Para acercarnos
a lo que sucede en los medios es necesario tomar
en cuenta estos cambios ocurridos en muchos
territorios, tanto como la intervención de más
y más mujeres en los procesos de transformación
social, como en aquellas que conscientemente
trabajan para el cambio de su realidad. Entonces
es evidente que urge insertar una nueva
estrategia. En ese sentido la crítica feminista
a los medios empieza a tomar en cuenta diversos
factores: uno importante es, sin duda, que a
pesar de todo, persiste en la sociedad un sistema
sexo/género activo, que debemos destruir. Tanto
como dilusidar sobre el significado del voto
femenino en la elección de Vicente Fox (julio
del 2000), para ubicar con claridad el imaginario
femenino respecto del cambio político y la
alternacia en el poder.
Estudiar el
imaginario, explorar hasta dónde se mantiene
como invariable la estructura donde la femineidad
se ve subordinada a la masculinidad, es otro de
los grandes desafíos y puede dar pautas a un
periodismo moderno, incluyente, con nuevos temas
y motivos de investigación. Reconocer los
cambios en los papeles de los hombres y las
mujeres se convierte así en un referente básico
en la tarea periodística.
También habría
que develar esos cambios y estudiarlos, saber
cuándo y cómo operan en los contenidos y
mensajes de los medios. Una podría afirmar que a
pesar de la reticencia de editores y
concesionarios hay pequeños cambios en el orden
simbólico: un ejemplo es el discurso de las
telenovelas, que ven como común a una mujer
divorciada o emprendedora, pero que siguen
proyectando, y así afirmando, algunas conductas
y actitudes tradicionales. Esto nos hace afirmar
que dichos cambios, algunos trascendentes en la
vida real, no se articulan automáticamente al
discurso de los medios.
Camino
lleno de espinas
Al final del
siglo XX existen algunas certezas: los medios de
comunicación predominantes constituyen un
instrumento para propagar el paradigma del
desarrollo patriarcal, el del poder; son una
herramienta para fortalecer el estado actual de
cosas, así como la estructura controlada desde
las cúpulas decisorias, muchas de ellas fuera de
la realidad y el control nacional.
Los medios -de
la prensa escrita a Internet- podrían ser
también un instrumento para aumentar las
disparidades y convertir a los pueblos y a sus
mujeres en consumidores contumaces tanto de
bienes como de ideologías.
Kamla Bhasin,
socióloga feminsita, al analizar qué significan
los medios para la población del sur del mundo,
afirma que la entrada de las transnacionales
mediáticas consiguió hacer ventas masivas,
sólo al tronar de un clic, y al mismo tiempo
trasladan -sin control nacional- los discursos
internacionales del poder global.
Otra certeza es
que muchas de nosotras pensamos que ya es tiempo
de analizar los medios, desde la crítica
feminista, no sólo como instrumentos de poder y
control, sino como probables instrumentos para el
cambio.
Es claro además
que los cambios en el contenido y mensaje de los
medios está ligado al cambio en los escenarios
económico y políticos globales. Ahí, en ese
análisis, las mujeres estamos obligadas a
encontrar sus contradicciones y usar los caminos
que esas contradicciones ofrecen a nuestros
intereses. Si el extremo peligroso es que se
eternizará el modelo explotador, el libre
mercado y la afirmación de sociedades
excluyentes, el otro es el de la democracia. El
tema es cómo encontrar el hilo conductor a
nuestro favor y eso depende de quién y cómo
intervenga en el proceso de producción de los
medios. De ahí la importancia de insertarnos en
las nuevas tecnologías y el conocimiento del
lenguaje de los medios.
Niestros saberes
están ahí. Es tiempo entonces de elaborar, como
decía antes, una nueva estrategia para nuevos
medios. Tenemos que analizar el significado de la
globalidad, de la manera como operan los
monopolios, de la existencia de acuerdos
internacionales, de la defensa y promoción de
los derechos a la información y la libre
expresión. De la urgencia de incluir con
profundidad temas, análisis, informaciones de
esa realidad social que denota diversidad,
propuestas, agendas de promoción para las
mujeres, y, por supuesto, del uso y manejo de las
nuevas tecnologías. Ello ayudará a despejar el
miedo que paraliza, con la idea de que la
globalización nos subsume.
Hagamos
algo en contrario
Existe una
corriente feminista que también quiere hacer un
uso instrumental de los medios. Una corriente que
se cree con poder, para usar esos instrumentos en
favor de sus ideas o imágenes personales. Lo
grave es que los medios están controlados por
grandes consorcios de nuevo cuño. Un ejemplo lo
son los convenios de la gran empresa de Bill
Gates y las transnacionales telefónicas como
ATT. La justificación es su uso a través del
diálogo con los grandes medios. Lo que hace
falta es saber si esta estrategia podría ser
real.
Lo que aquí
trato de decir es que el panorama, como nunca
antes, se presenta escindido, precisamente por la
gran competencia entre los consorcios
comunicacionales. La revisión de haceres que
plantea Ana Ma. Portugal nos podría dar algunas
claves. ¿Se pueden hacer hoy pactos, alianzas,
discusiones, diálogos, con los dueños de los
grandes medios, a partir de la agenda de las
mujeres?
El desafío es
identificar esas posibilidades. No podemos negar
que existe un halo de esperanza. Los cambios
ocurridos entre las cúpulas controladoras del
poder y de los medios han generado, lentamente,
esta posibilidad.
Es verdad que se
ha producido otra cultura a lo largo de los dos
últimos siglos. Frecuentemente los medios han
captado algunos de estos cambios. La cultura
feminista subyase en muchas de las protestas
ciudadanas, algunas de las cuales hoy traspasan
el umbral de los medios. Hablar de tolerancia, no
violencia, derechos humanos, política
incluyente, es también hablar el lenguaje
aprendido en el movimiento feminista.
La doctora
Marcela Lagarde nos ha hecho reflexionar, por
ejemplo, sobre lo que significó la escritura
para las mujeres. Sin la escritura y sin la
imprenta, jamás hubiéramos conocido el
pensamiento de nuestras ancestras. Tampoco
conoceríamos la historia de sus luchas. Sin el
feminismo investigador tampoco. Entonces ¿qué
hacer?
Frente a este
inmenso entramado y desafío que son los medios,
nuestra esperanza tendrá que fundarse en lo que
tenemos y en cómo en cada época hemos roto el
silencio.
Y
así se rompe el silencio
La
globalización que ofrecen las nuevas
tecnologías de la comunicación abren nuevos
caminos y ofrecen oportunidades para hacer
visible la condición de las mujeres en
dimensiones diferentes. Es posible que haya una
nueva lectura sobre nuestra condición; hemos
puesto bases suficientes. Lo que todavía es
incierto es si el movimiento de mujeres o
feminista lo sabe.
Si bien la
crítica feminista puso un foco rojo ahí donde
se nos ha representado con espejos
distorsionados, ha sido posible,
contradictoriamente, crear una cultura feminista,
realmente existente. Hemos rescatado la
experiencia personal y colectiva de las mujeres
"que han pintado el mundo y sus vidas como
vitrales coloridos". Es decir, esta cultura
se ha desarrollado y difundido; ha sido
construida a través de la escritura y de la
experiencia de las mujeres. Hoy esos pensamientos
surgidos de la reflexión en pequeños grupos,
develados en libros, espacios académicos y
grupos sociales, podría asaltar los medios de
comunicación de masas.
De la misma
manera como tomó la palabra Sor Juana, como lo
hicieron las Violentas del Anahuác, las
feministas de los años 70 decidieron crear sus
propios medios, con resultados alentadores. Pero
eso ya no es suficiente. Al final del siglo, las
periodistas cibernéticas empezaron a hacer su
parte.
En los años 70
balbuceaba la globalización y nos parecía
distante un mundo revolucionado y globalizado de
los medios de comunicación. Nuestros contenidos
subversivos y transgresores, la crítica a las
instituciones patriarcales, dio lugar a la
creación de un lenguaje ideologizado y
altisonante, frecuentemente acompañado de la
diatriba y la descalificación al mundo de los
hombres. Entonces sabíamos que eso era un hecho
mediático. Así impactamos, irrumpimos las
buenas conciencias, nos fotografiaron y
televisaron. Fuimos realmente existentes.
Muy rápido nos
expulsaron de los medios; habíamos dejado de ser
noticia. Hicimos entonces los nuestros. De estas
experiencias, en México surgió Foro de la
Mujer, en Radio UNAM; la Barra de Mujeres en
Canal 13; la Causa de las Mujeres, en Radio
Educación, y la ya legendaria revista Fem.
Creamos cadenas
de comunicación personal, telarañas infinitas.
Difundimos la polémica feminista en la revista Siempre¡ y empezamos a nombrar
los derechos silenciados.
En los primeros
años de la década de los 80 algunas feministas
escribían en los diarios El Universal, Excélsior
y unomásuno. Surgieron iniciativas como
el colectivo Cine Mujer y se empezó a crear una
lengua nueva.
Cientos de
folletos, cuadernos de reflexión, análisis y
testimonios, circularon profusamente. Siguen
circulando. Es decir, habíamos utilizado
ampliamente la escritura y lentamente la imagen.
En esos años ya era una revolución el fax. La
comunicación crecía.
Nuestros medios
llegaron a miles de mujeres. Pero el hoy es más
desafiante. En esa medida, en la que nuestra
palabra fue colectivizándose, surgieron nuevos
grupos de mujeres y múltiples conocimientos.
Nacieron así muchos y variados programas de
radio en emisoras universitarias y culturales.
Mientras tanto
en los periódicos, en las redacciones de
noticiarios y en el manejo tecnológico de los
medios de comunicación de masas, todo era
crecimiento y cambio. Sin que ello fuera
percibido por la sociedad, se reformulaban los
monopolios y se popularizaba o socializaba su
avance tecnológico. Las computadoras invadieron
las redacciones de los diarios, se multiplicaron
los noticiarios radiales, antes inexistentes:
balbuceaba lo que se conoce hoy como radio
hablado y de discusión pública, micrófonos
abiertos e intervención ciudadana. Miles de
mujeres ingresaron como trabajadoras de esos
medios.
A finales de la
década de los 80 apareció la protesta civil.
Muchas mujeres contribuyeron en ello. Pero los
medios, esos, los grandes, estaban otra vez
ausentes del movimiento como tal. Nosotras,
primero expulsadas, nos habíamos marginado, y
durante un largo periodo también estuvimos
desligadas de esos medios.
Así sucedió la
revolución alterna. Frente al control
tradicional de sólo varones en los medios, la
llegada masiva de mujeres a distintos espacios de
los medios alteraba todo el entramado. Ellas,
nosotras, ocupamos todas las actividades, desde
la reporteril y de locución, hasta la de
producción, programación, editorial, de
contenidos y de reflexión. Incluso de
dirección.
Sin embargo en
este tramo no hubo un cambio significativo en los
contenidos de los mensajes mediáticos. Como en
otras esferas del hacer público, las mujeres de
medios repitieron las formas de hacer y
jerarquizar las noticias. En la práctica, los
medios seguían ocultando nuestras propuestas. Se
mantuvo el modo de hacer periodismo con visión
patriarcal. La llegada masiva y creciente de
mujeres a los medios se convirtió en una
quimera. No había -no existe aún- una relación
entre éstas, las mujeres de los medios, y las
otras, las mujeres de nuevo lenguaje y
aprendizaje, las libertarias. Los medios incluso
fueron fuente de crítica negativa a las
propuestas y al trabajo de las mujeres
feministas.
Esta también
fue la época en que surgieron y se masificaron
en la televisión las telenovelas, llegó a un
millón semanal el tiraje de las revistas
femeninas y empezó a aparecer una nueva imagen:
la de la mujer moderna. ¿Quién no recuerda el
éxito de la revista Cosmopolitan y a la Chica
Cosmos? Una idealización consumista de la
doble jornada femenina y el nuevo mandato fue
convertirnos en la mujer perfecta. Esta imagen
sigue congelada en la conciencia de miles de
mujeres.
Algunos
intentos
A pesar de este
inmenso divorcio entre las ideas del naciente
movimiento feminista y el amplio de mujeres y los
medios de comunicación de masas, hubo
importantes experiencias nacionales e
internacionales. En los años 80 la revista Fem,
de información y reflexión feminista, que daba
testimonio del pujante movimiento de las mujeres,
se propuso circular dentro del diario unomásuno
para llegar a ámbitos distintos a los de las
iniciadas o activistas; se produjo en Canal 13 el
programa "A brazo partido", surgió
"La causa de las mujeres" en Radio
Educación, apareció la página de "La
mujer en el mundo" en el diario El Día,
aún vigente.
Los contenidos
de estos espacios comunicacionales intentaban
testimoniar el cambio que operaba en las mujeres,
sus reflexiones, sus propuestas y sus luchas, que
eran muchas; también difundían la reflexión
feminista y daban cuenta de las primeras
iniciativas en la academia; testimoniaron los
deseos y sufrimientos de las mujeres.
En lo
internacional ya funcionaba la agencia de
noticias "Servicio Especial de la Mujer
IPS" y el proyecto de la otra agencia
latinoamericana, "fempress", que
daba cuenta de los sucesos más importantes en la
región con una perspectiva feminista. Eran
agencias especializadas en reflejar a esta otra
mujer que nacía en la sociedad mundial, una que
iba convirtiéndose en sujeto político y
construía una nueva ciudadanía.
Sin embargo,
estas experiencias hasta finales de los años 80
tampoco impactaron en forma importante el
contenido e informaciones de los grandes medios.
En el movimiento
feminista y amplio de mujeres persistía una
postura marginal y contraria a intervenir los
medios.
El
gran cambio
Ana María Amado
da cuenta de cómo la crítica y el hacer
feministas no habían tomado como un aspecto
fundamental para su intervención en la sociedad
a los medios de comunicación de masas, a la gran
prensa. Las periodistas habían hecho lo suyo;
según ella, ya entonces la aparición y
desarrollo de la comunicación alternativa, no
marginal, que había aparecido a partir de los
años 80. Es decir, no obstante el divorcio, en
los 90 se identificaron cientos de mujeres
periodistas en todo el mundo realizando esfuerzos
descomunales pero aislados para difundir
imágenes más realistas y objetivas de la mujer
actual.
En México dos
hechos marcaron este cambio. El primero es la
aparición del suplemento mensual feminista dobleJornada
dentro de la edición normal del diario La
Jornada que nació en marzo de 1987 y murió
en 1998, pero del cuál surgió su segunda época
con Triple Jornada.
Este suplemento
se propuso dar cuenta de la condición social de
las mujeres, con una apuesta periodística
profesional usando las reglas del juego de la
comunicación comercial. Escribir reportajes y
reflexiones para el gran público, cuyas formas
de presentación fueran muy semejantes a los
confeccionados por el poder, pero con contenidos
distintos. Este suplemento pudo competir con la
información periodística nacional y colocarse
durante mas de once años en la preferencia de
muchos lectores y lectoras. Sin embargo su
influencia real fue limitada.
Uno de sus
principales desafíos fue encontrar el equilibrio
entre el lenguaje tradicional y las claves
feministas de la información, los textos
reflexivos y la divulgación feminista. Cómo
informar, qué informar, hasta dónde introducir
el lenguaje críptico de la secrecía feminista o
cómo cambiarlo, fue tema permanente de
preocupación para el grupo editor.
El otro hecho
importante ha sido el proceso de cambio en el
movimiento y las propuestas de los organismos
internacionales -tanto de las fundaciones
privadas como de Naciones Unidas- para intervenir
los grandes medios. Temas como los de derechos de
las humanas; la salud reproductiva; las
experiencias de vida y grupales, así como las
propuestas elaboradas en los terrenos nacional e
internacional, para el avance de la mujer, han
sido detonantes para el futuro. Aunque no han
conseguido suficientes espacios, son palancas
indiscutibles para el cambio.
Existe en estas
preocupaciones y reconocimientos la convicción
de que la mitad de la población sigue
invisibilizada en los medios, que los mandatos
internacionales no han pasado a la discusión de
la opinión pública y hay dificultades para
impulsar políticas públicas en favor del avance
de la mujer.
Algunas nuevas
estrategias se han puesto en boga. En ellas
abreva el movimiento de mujeres y se han generado
experiencias importantes: redes de comunicadoras
y perfeccionamiento de algunas alternativas
comunicacionales están a discusión; existe la
preocupación por ensayar nuevos lenguajes y la
creación de redes computacionales como
herramienta para la circulación horizontal de
las ideas. Todo ello se ha puesto en práctica.
El
gran desafío
Pero estas
experiencias no serán suficientes si las mujeres
no se apropian de las nuevas tecnologías y no
opera en los medios un proceso democratizador.
Una esperanza
adicional en la complejidad del uso, tenencia y
distribución de los mensajes progresistas y
revolucionarios en los medios es sin duda el
control del conocimiento y su divulgación, como
divisas para la transformación social y el logro
de la equidad y la justicia.
Los cambios
culturales parecen urgentes e ingentes. El siglo
XXI ha sido considerado como el siglo de las
mujeres, frase figurativa que implica tomar de
sus creaciones culturales, de sus claves vitales,
de sus propuestas para reformar al mundo y de sus
saberes acumulados como creación cultural
universal en favor del desarrollo humano.
El desarrollo
tecnológico de las comunicaciones ofrece una
herramienta fundamental. Pero no será
suficiente, si no existe la voluntad social e
individual de todos y todas las seres humanas
para transformar este mundo violento, injusto,
inequitativo y desigual.
Desde distintos
foros las mujeres hemos ido elaborando una agenda
para el siglo XXI, hemos recorrido a través de
dos siglos algunas estrategias y propuestas,
hemos develado nuestra historia: "Durante
las dos últimas décadas, los movimientos de
mujeres y la investigación académica feminista
han hecho evidente la posición subordinada de
las mujeres, en la estructura, organización y
programación de las industrias de la
comunicación", lo que incluye el
reconocimiento a la falta de participación y
representación de éstas, de nosotras, en los
medios tradicionales (por ejemplo, la falta de
control de la mujer sobre los canales de
comunicación), la permanencia de la visión
sexista que se tiene sobre la mujer, su ausencia
en los contenidos de la información noticiosa y
su acceso desequilibrado a las nuevas
tecnologías de la comunicación".
A pesar de que
la participación femenina en la hechura de
contenidos y mensajes en los medios alcanza ahora
porcentajes inimiaginables, el cambio sigue
siendo muy lento. El gran reto es encontrar las
mejores vías para que se produzcan
transformaciones profundas, tanto en el
contenido, como en la democratización de los
medios. La lucha es por la inclusión de una
visión de género, incluyente, no sexista y
democrática. La utopía es que estos deseos
dejen de ser una quimera.
Habrá que
elaborar un código de ética en los medios para
que éstos recuperen su papel de servicio
público; habrá que llamar a una nueva alianza a
los trabajadores de los medios con la causa de la
mujer y la suya propia; será necesario
intervenir como sociedad civil, con la armadura
de una nueva ciudadanía para propiciar estos
cambios.
Esta apresurada
e incompleta reflexión sobre los medios y sus
contenido de género de cara al siglo XXI nos
obligó a crear Comunicación e Información de
la Mujer y a impulsar la Red Nacional de
Periodistas.
Creemos que la
alianza entre comunicadoras y comunicadores, con
una propuesta de desarrollo humano y de
revolución genérica, será capaz de acompañar
los cambios que hoy operan en las conciencias de
millones de personas, y será capaz de mediatizar
los efectos más nefastos de la globalización
del capitalismo salvaje, patriarcal y violento.
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Bibliografía
consultada
-Michele Mattelart.
"Mujeres, poder, medios: Aspectos de la
crisis", en Mujer y medios de
comunicación, Centro de la Mujer Peruana
Flora Tristán, Mayo de 1994.
-Kamla Bhsin, socióloga
hindú. Ponencia presentada en la conferencia
Women Empowering Communication, Bankok, febrero
de 1994.
- Marcela Lagarde. Feminismo,
género y desarrollo humano. Ed. Horas y
Horas. Madrid, España 1996.
-Marcela Lagarde. Cuadernos
Feministas (presentación). mimeo. 17 de octubre
de 1997.
-Sara Lovera Mujer, género
y medios de comunicación. mimeo. CIMAC
1990.
- Viviana Erazo y Adriana Santa
Cruz. Compromolitan. Ed. Universidad del
Tercer Mundo, México, D.F., 1978.
-Ana María Amado, corresponsal
de fempress, Argentina. "Estrategias para
entrar a los medios masivos", en Mujer y
comunicación, una alianza posible; Gloria
Bonder, compiladora. Asociación Mundial para la
Comunicación Cristiana (WACC) y Centro de
Estudios de la Mujer (CEM), Buenos Aires,
Argentina, agosto de 1995.
- Pilar Riaño. "Ni
pasivas ni silentes. Por todos los medios:
Comunicación y género", en Ediciones
de la Mujer, No. 23. Isis Internacional.
Santiago de Chile, diciembre de 1996.
- Información basada en
estudios preparados para la División de
Estadísticas de la Secretaría de las Naciones
Unidas. Departamento de Información Pública,
abril de 1995.
* Sara
Lovera es
periodista. Secretaria ejecutiva de Comunicación e
Información de la Mujer, A.C. (CIMAC) y forma parte de la
coordinación colegiada del Foro de Nacional Mujeres
y Políticas de Población;
de la Red
Nacional de Periodistas, y
es asesora en comunicación de organismos
nacionales e internacionales. Esta es su primera
colaboración para Sala de Prensa.
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