Imagen,
cuerpo y diferencia
Roxana
Sélum Yabeta *
Hace
un año, las imágenes y los titulares de los
periódicos Gente y Extra daban
cuenta de un debate en el que se ponía en
cuestión la libertad de prensa y otros
elementos, como las imágenes de mujeres
desnudas, la crónica roja, el sensacionalismo y
hasta el costo de los periódicos y el tiraje.
Mucha tinta corrió en las imprentas y fuego en
algunas ciudades. Los debates iban y venían,
periodistas prestigiosos decidieron optar por lo
económico y dejaron de ser coherentes con sus
discursos y se pusieron a dirigir la sangre...
digo, la tinta roja de las imprentas. En estos
debates nunca se llegó a una conclusión, pues
los periódicos hicieron su agosto, septiembre,
octubre.... y siguieron, lo cual es penoso.
Escribir un
artículo a estas alturas del partido parecería
un poco tardío, sin embargo nada es tardío
cuando no se lo intenta.
Estaba
absolutamente segura de mi posición frente a la
muestra que esquivaba lo porno, pero a la vez era
demasiado exhibicionista para decir que se
refería a un erotismo refinado. No me
sorprendió para nada la avalancha de imágenes
sexuales de mujeres pirateadas de revistas
extranjeras, tampoco la audacia que decidía
asumir la publicidad andina al realizar esos
montajes en sus tapas; me parecía más bien de
broma el titular sobre un hecho local o nacional
y la foto de la belleza tan gringa. Confieso,
además, que temía caer en la nadería de
escandalizarme por un desnudo, pues soy firme
defensora del cuerpo, el erotismo y el arte del
desnudo. La situación en este caso era clara. El
cuerpo de la mujer es utilizado (sin permiso)
como un símbolo sexual, diría más bien un mito
sexual, dando lugar a la construcción de
imaginarios y fantasías colectivas equivocadas
de la sexualidad sobre cuyo contenido se va
internalizando en las personas.
Y no es que
quiera satanizar a los medios y olvidarme que en
cierta forma ellos han contribuido grandemente a
la desmitificación de los tabúes y prejuicios
que sobre el sexo se tenían. Sin ir lejos, en
los 90, la Dra. Ochoa, nos encandiló con su
equipo hablando abierta y objetivamente sobre la
sexualidad.
Traté de
organizar mi idea frente al tema; no lo
desconozco, pues durante muchos años lo trabajé
y lo estudié con periodistas y comunicadores de
todo el país, desde un espacio entonces
privilegiado como era la Subsecretaría de
Asuntos de Género.
No estoy de
acuerdo con la exhibición del cuerpo de la mujer
como mercancía para vender noticias, tampoco
estoy de acuerdo en que se confunda la libertad
de expresión con la venta y el tiraje de estos
periódicos. Menos que se tergiverse el rol
social de los medios en el tratamiento de estos
temas. Si bien se argumenta que es debido a la
demanda social, darle al pueblo, a la gente de
escasos recursos, la posibilidad de leer. Pero
cuando se les da la posibilidad de leer a través
de un costo rebajado del producto, ¿qué se les
da?: Crónica roja con imágenes de mujeres que
muestran síntesis parceladas de la realidad, se
muestra el cuerpo que nada tiene que ver con la
noticia (exhibiendo piernas, glúteos, labios,
pechos, torsos, nalgas) como señuelos de venta;
en nombre de la libertad de expresión, se
explotan los cuerpos como una mercancía para
vender un producto.
Si los medios
son socializadores de pautas de conducta para la
vivencia de la sexualidad, definitivamente este
es un modelo para internalizar imágenes
equivocadas de la misma, de crear y recrear
estereotipos sexuales tradicionales, donde el
lenguaje verbal y visual se encarga de asumir
representaciones impuestas que conmina a las
mujeres -en todos sus órdenes- a vivir su
anatomía biológica (su sexo) como destino.
Destino reproductivo el del cuerpo femenino y
como tal pegado a la naturaleza. De ahí que en
el reparto de la sexualidad, se asume a la hembra
humana como terreno de depredación.
La
representación de las mujeres bajo este signo,
básicamente en el plano de la publicidad y el
mercadeo (aunque existe el doble discurso: el de
la complicidad femenina al exponer su cuerpo),
provoca la denuncia reiterada de la falsedad de
los estereotipos sexuales con que congelan su
imagen. Quizás sea más útil ir un poco más
allá de la condena repetida de esa imagen en sí
misma, es decir, de la mala utilización de la
"mujersignosexiprovocadora", para
insistir en el vínculo de esas representaciones
con una situación real de las mujeres en la
sociedad, o para insistir en la deconstrucción
de las normas culturales que subyacen a esas
representaciones.
Cabe señalar
que en este terreno existen esfuerzos de muchas
comunicadoras que desde el análisis, la
crítica, la teoría e incluso la práctica,
intentan desmitificar los viejos conceptos que
organizan el mundo desde una visión patriarcal,
incorporándoles otra visión: la de género, que
no implica sólo a las mujeres, sino que
visualiza a la mujer y atraviesa las clases, las
razas, etnias, religiones e ideologías. Uno de
estos ejemplos está en el libro de Patricia
Flores: La mirada invisible.
Yo me pregunto:
Si colocan la foto de un hombre desnudo
exhibiendo el falo, ¿comprarán más mujeres u
hombres estos periódicos? A los lustrabotas,
choferes, varitas... ¿les interesará comprar un
periódico con el cuerpo de un hombre en primer
plano? Y no es que quiera que se note aquí la
diferencia de roles o espere que coloquen
fotografías de hombres para que se note la
igualdad de género, sino resaltar hasta dónde
han llegado los estereotipos y roles sexuales al
limitar a la mujer, al extremo de que sólo ella
puede aparecer en ese tipo de poses y
fotografías y lamentablemente los medios son los
que crean y recrean este tipo de pautas
culturales.
Pero vamos más
allá: en Bolivia no existen leyes que normen
sobre las fronteras entre lo que debe
representarse y lo que no. Existe un sistema de
poder que de modo implícito autoriza ciertas
representaciones, mientras bloquea e invalida
otras.
Entre los grupos
invalidados están las mujeres. Se publica sobre
mujeres, se habla de mujeres en las noticias, las
mujeres aparecen más que antes en los medios,
pero cuando se publica, ¿qué se dice?, ¿cómo
se dice?, ¿cúando y dónde se lo dice?
Definitivamente, el verdadero avance de la mujer
en la sociedad, sus logros y sus metas, no son
visualizados en su verdadera dimensión.
Excluidas por años de la representación como
sujetos, regresan a ella como figura, como
objeto: las imágenes y figuraciones del cuerpo
femenino por sus excesos, han terminado por
convertirla en la reina del Eros y en un gancho
de la publicidad y el mercadeo.
Los fantasmas
sexualizados que representa la publicidad, spots,
series televisivas o el cine mismo, no son más
que símbolos sexuales, variantes de una única
entidad, la masculina, son el fruto de un
imaginario masculino que debe ponerle límite a
lo ilimitado.
¿Pero qué
dicen las mujeres de esto? Muchas comunicadoras
están trabajando en el tema. ¿Cómo se reciben
esas estrategias femeninas para develar las
falsas cartografías que la cultura trazó sobre
su sexualidad? ¿Qué pasa en el plano de esa
misma cultura con sus intenciones de poner el
acento en la diferencia? Ellas cuentan que por
ahora existe una lógica defensiva y cautelosa
frente al tema. Se dice que se respetan los
derechos de las mujeres, y sin embargo sale a
flote ese viejo respeto por la
"mujermadreabnegadasumisa", pero pocas
personas se animan a sacudir esas percepciones,
esos temas que las mujeres cuestionamos. Quizás
sea por la costumbre, o porque la especificidad
supone complejidad y eso incomoda.
Existe
tolerancia en cambio, cuando las mujeres hablan
desde lo impersonal, desde el lenguaje neutro, de
lo ambiguo... pero ese camino ya fue trazado
antes, en una historia de subordinación. Por eso
insisto en desandar con pasos certeros ese
laberinto urdido por la cultura sobre el cuerpo
de la mujer.
Y para no
quedarme en la mera denuncia, propongo que estos
temas, aun en la crónica roja, aun en el
sensacionalismo y el amarillismo, sean tratados
con otro enfoque: por ejemplo, un tema de abuso
sexual puede ir enriquecido con una noticia que
narre el hecho completando el cuadro con algunas
estadísticas sobre casos como éste, una
entrevista con una experta en violencia
doméstica, un artículo de interés humano sobre
la situación en la que queda esta persona
después de la violación...
O simplemente
los temas de sexualidad pueden ser abordados
desde otro enfoque (no solo desde la genitalidad,
la publicidad y la propaganda del desnudo, la
violencia sexual, mujer-objeto y otros
estereotipos sexuales): que además se informe
sobre la sexualidad y la calidad de vida, el
placer erótico, la ternura en la pareja, las
variantes y las desviaciones de la vida sexual,
las parafilias más comunes, conducta sexual sana
y patológica y tantos otros temas que si se los
muestra objetivamente pueden también ser noticia
y motivo de venta.
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Roxana Sélum Yabeta es narradora y periodista boliviana, y
actualmente cursa una maestría en periodismo
literario. Esta es su primera colaboración para Sala de Prensa.
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