Poder mediático:
la fascinación de la imagen
Jorge
Enrique Oviedo *
Imaginen
ustedes la siguiente situación:
Dos policías
dialogan en una comisaría, mientras en la
ventana y la puerta numerosas personas se agolpan
para entrar.
Imaginen ustedes
la conversación:
--Esto de
televisar en directo los asaltos con rehenes trae
sus problemas, comisario. Pedimos testigos
oculares del hecho, y ya se presentaron 350.700
personas.
Quien imaginó
esto, y lo hizo imagen humorística, fue Roberto
Fontanarrosa, en la revista "Viva" del
diario "Clarín", hace algunos meses.
Como vemos, el humorismo se anticipa muchas veces
a cualquier definición y es más sensible a los
fenómenos populares que cualquier estudio.
Lo que hizo
Fontanarrosa, más allá del risueño impacto,
fue interpretar la percepción de una realidad y
sugerirnos que él, ustedes, yo, nos hemos
transformado en permanentes testigos, en voyeurs
o, mejor dicho, en términos más vulgares, en
mirones subrepticios y cada vez más indiferentes
del espectáculo que se nos ofrece en todo
momento.
El humorista
satiriza la imagen televisiva desde otra imagen,
la del dibujo, y ahora sí podemos ya navegar por
el terreno del concepto de imagen. No vamos a
entrar en disquisiciones filosóficas sobre todos
sus significados y posibilidades sino apenas
mencionar que no sólo vivimos en la era de la
globalización, de la economía de mercado, sino
que vivimos hace ya tiempo- en la era de la
imagen, a tal punto que podemos hablar de una
cultura visual. Y hasta de su desarrollo hipertrófico.
La imagen nos
envuelve, nos atrapa, nos seduce o repele. Todo
está pensado para llamar la atención de la
pupila e introducirse sibilinamente en el cerebro:
la publicidad, los colores, las letras, las
marcas, los envases, los rostros, los espasmódicos
videos, las fotografías, los diseños, la ropa,
los autos, los electrodomésticos
La imagen llega
a convertirse en un ente especial, autosuficiente.
Cuando es realmente efectiva, no necesita idiomas.
Uno puede "ver" un huracán, un
terremoto. E intuir algo. Casi no necesita "leer".
La imagen según
la Real Academia: "figura, representación,
semejanza y apariencia de una cosa"
no es sólo algo predominantemente visual sino
también, valga la paradoja, textual. Sólo basta
con que prestemos atención a los diarios,
revistas, telediarios, o declaraciones públicas
de gobernantes, funcionarios, deportistas,
empresarios o los mismos periodistas, para que
advirtamos la recurrente frecuencia con que usan
la palabra imagen.
En este caso nos
estamos refiriendo a lo que denominamos "imagen
pública", es decir, el conjunto de rasgos
que caracterizan ante la sociedad a una persona o
una entidad. Así entendida, la imagen es un
producto, un ser multiuso, polifuncional, como
les gusta decir ahora a los gerentes cuando
quieren que sus empleados sepan hacer veinte
cosas más de las cien con las que ya los han
recargado habitualmente.
Con la imagen pública
se puede hacer hoy cualquier cosa: desde crearla
(para eso hay consultoras) hasta destruirla (también
para eso hay consultoras, o "servicios"
especializados).
Veamos algunos
de los usos más frecuentes, con ejemplos extraídos
de los diarios y revistas:
- "Lo
respaldó porque en los últimos tiempos
su imagen quedó 'esmerilada'"
de un legislador nacional mendocino,
citando con este término "técnico"
a los entendidos en teorías
comunicacionales que se refieren a una
imagen desgastada.
- "La
imagen se encuesta", popular
ansiedad de políticos y funcionarios
para saber qué opina la gente de ellos,
síndrome particularmente virulento en épocas
preelectorales.
- La imagen
también se opera, como lo demuestra este
párrafo de una noticia: "Temen que
cualquier crisis, que derive en la
suspensión de prestaciones del PAMI,
afecte la principal operación de la
imagen del organismo".
- La imagen
se gerencia. Ejemplo: la dirigencia de
River recibió una oferta del grupo
estadunidense Hicks, Muse, Tate &
Furts para manejar los derechos de imagen
del club a cambio de 330 millones de dólares
por diez años.
- La imagen
se debe mantener, aún a costa de una
pretendida y diseñada humildad. Los CEO
de las compañías estadunidenses Ford y
United Airlines decidieron encargarse
ellos mismos de recuperar la imagen de
sus empresas haciendo sus "mea culpa"
en comerciales publicitarios. ¿Las
causas? Pedir perdón por los atrasos aéreos
y por los problemas en neumáticos de las
Explorer.
- La contra
imagen. Bill Gates, en pleno juicio, no
pidió perdón sino que hizo un comercial
para comentar directamente a los
televidentes que las tecnologías
desarrolladas por su compañía habían
beneficiado notablemente a la economía
de Estados Unidos y especialmente a cada
una de las personas que las usaban.
- La imagen
se desecha (y cambia por otra). Cuando Al
Gore vio que las encuestas le daban mal,
anunció que dejaría la campaña de
imagen que le habían diseñado las
consultoras y que se dedicaría a
difundir sinceramente sus promesas.
- Y
finalmente, para no ser exhaustivos, la
imagen se lava. Febril actividad de los
últimos días en nuestro país, aunque
la efectividad de los detergentes no
puede contra la profundidad de las
manchas.
Cuando nos
referimos al subtítulo de la convocatoria de
este panel, "La fascinación de la imagen",
creo que nadie deja de esperar que hablemos de la
televisión y de su impacto en nuestras vidas y
en la sociedad.
Si hay un objeto
cuya incorporación ha sido capaz de modificar la
estructura de organización interna de un hogar,
ese ha sido el televisor. En torno de él se ha
transformado la disposición de los muebles de
esa habitación pensada para la convivencia que
es el living y se ha transformado gran parte de
las reglas de juego mismas de una relación
familiar, con lo que la conversación ha sido
abrumadoramente sustituida por la contemplación
muda de la programación.
El impacto de
ese aparato supera la condición de electrodoméstico
y alcanza prácticamente la dimensión de un
tabernáculo.
Su pantalla
representa una ventana sobre la realidad y la
ficción por donde brota la fuente de información
visual más poderosa de la civilización
desarrollada, hasta el punto de constituir, por sí
misma, todo un universo visual.
Giovanni Sartori
es el que más ha reflexionado sobre este
universo, y sus palabras no son nada halagüeñas.
Desde el título y subtítulo de su obra más
famosa, Homo Videns. La sociedad teledirigida
(1) está marcando una visión
crítica que arranca de la primera línea: "La
televisión modifica radicalmente y empobrece el
aparato cognoscitivo del homo sapiens". (2)
Tras recordar
que las civilizaciones se desarrollan con la
escritura, Sartori menciona que hasta la invención
de la imprenta la cultura de toda sociedad se
fundamenta en la transmisión oral. El salto
tecnológico de Gutenberg hace que la cultura se
convierta en algo potencialmente accesible a
todos.
Ese proceso de
reproducción impresa culmina con la llegada del
periódico, el diario que se imprime todos los días.
Con la invención
del teléfono y la radio desaparecen las
distancias y empieza la era de las comunicaciones
inmediatas. Sostiene Sartori en este punto que
como la radio "habla", difunde siempre
cosas dichas con palabras. De modo que libros,
periódicos, teléfono, radio, son todos
elementos portadores de comunicación lingüística.
La ruptura se
produce con la televisión, que significa "ver
desde lejos", es decir, llevar ante los ojos
de un público de espectadores cosas que puedan
ver en cualquier sitio, desde cualquier lugar y
distancia. Y en la televisión cito a
Sartori el hecho de "ver"
prevalece sobre el hecho de hablar, en el sentido
de que la voz del medio, o de un hablante, es
secundaria, está en función de la "imagen",
comenta la imagen. Y, como consecuencia, el
telespectador es más un animal "vidente"
que un animal simbólico". (3)
No quisiera
agotar la paciencia de quienes seguramente han
hecho de Homo Videns un libro de cabecera,
de confrontación o, por lo menos de reflexión
sobre este fenómeno. Pero hay un punto que roza
la temática de otro panel de este encuentro: el
entretenimiento. Sartori dice, cuando
comienza a hablar de la video-política, que la
televisión se caracteriza por una cosa:
entretiene, relaja y divierte.
Particularmente,
a mí me preocupa mucho el término "entretenimiento",
porque se lo maneja de una forma diría que
liviana. Suele decirse de los diarios que
informan y orientan, y de la televisión que
entretiene e informa. Los defensores de la
televisión remarcan el concepto de
entretenimiento, que relacionan estrechamente con
el espectáculo, y no por nada el panel que habrá
en este encuentro abordará la llamada "Industria
del entretenimiento".
Si ustedes
reparan en la presentación de las películas de
grandes o pequeños estudios, en las series de
televisión, encontrarán que han desaparecido la
denominación, por ejemplo, de RKO Pictures y ha
sido cambiada por RKO Entertenmaint. Es decir,
hay ya una incorporación a nuestro
subsconsciente de que todo es "entretenimiento",
llámese películas, series de televisión,
programas, videojuegos, ciertos programas de
computación, y hasta la gran red, Internet,
tiene un gran componente de entretenimiento.
Ahora bien, ¿qué
es entretenimiento? Yo tenía la idea difusa,
esas percepciones que manejamos en nuestra vida
cotidiana sin siquiera contrastarlas, de que era
diversión, pasatiempo, y me encuentro con la
gran sorpresa de que esa acepción, la de la
diversión, recrear el ánimo, para la Real
Academia sólo está en tercer lugar.
Entretenimiento es la acción de entretener, y de
esta, la primera definición de la Real Academia
es "Distraer a alguien impidiéndole
hacer algo".
¿Podría llegar
a creer que con tanto entretenimiento me
están distrayendo para impedirme
pensar,
por ejemplo?
Hay otros
aspectos que me inquietan. Si coincidimos con los
defensores a ultranza de la televisión en que
"el espectáculo, lo espectacular" está
ínsito en el género, algunas deformaciones son
preocupantes.
Ya antes de la
CNN un editor estadunidense, David Brinckley, señalaba
que "la única función que los noticieros
televisivos cumplen muy bien es que cuando no hay
noticias te las dan exactamente con el mismo énfasis
que si las hubiera" (4). Después que Ted Turner inventó
la CNN, noticias las 24 horas, el comentario
anterior se ha potenciado de una manera alarmante.
De ese modo, el planeta vivió la Guerra del
Golfo como un videojuego sin sangre ni dolor. Es
más: la distorsión televisiva llevó al filósofo
Baudrillard a opinar que la Guerra del Golfo no
existió. (5)
En este nuevo
concepto de la información, dos nuevos elementos
fueron apareciendo hasta marcar un antes y un
después: la inmediatez y la dramatización de la
vida cotidiana.
Todo se quiere
saber ya, en este mismo momento, ahora.
Gilbert Cesbron
decía que "la televisión nos proporciona
temas sobre los que pensar, pero no nos deja
tiempo para hacerlo". En una palabra, obra
por un efecto acumulativo inmediato. El retornar
a Brinckley, y el énfasis que se pone en la
televisión haya o no haya noticias, nos conduce
a que cuando colocamos un canal de noticias de 24
horas, cuando aparece el fondo rojo, cuando
irrumpen la trepidante marcha estadunidense y las
letras blancas, no sabemos ya expectantes,
temerosos si nos van a anunciar el fin del
mundo, un nuevo escándalo de corrupción, un
choque en una esquina y la versión de alguien
que pasaba por ahí, o el dramático caso de un
gatito que no puede salir de la alcantarilla.
Todo es igual de
dramático, pero está ocurriendo ya. Y eso es lo
importante.
"Todo es
inmediato", titula un trabajo el escritor
español Vicente Verdú (6), íntimamente relacionado con el
tema que nos ocupa, aunque traza un paralelismo
con la informática. Verdú afirma que "ahora
la velocidad está convertida en una condición
inseparable de la modernidad y lo moroso es
incluso insoportable. Desde la alimentación a la
diversión, desde el aprendizaje de un idioma a
la curación de un dolor, los procesos tienden a
abreviarse, y la creciente impaciencia del sujeto
juzga sobre la eficiencia o la incompetencia de
la función de acuerdo con sus ritmos. De la
comida rápida al videoclip, de los intertextos a
las imágenes del zapping, desde la demanda de
psicodrogas a los energizantes para no detener la
acción, el discurrir de la existencia se ha
transfigurado en un destino acelerado que alcanza
su punto paroxístico en la conducta instantánea
que define el proceder de la actual computadora.
La informática, en suma, ha enseñado que
cualquier deseo expuesto ante el teclado debe
obtener su satisfacción al momento".
Agrega Verdú
que "la informática contribuye hoy a
provocar la sensación de que todo se encuentra
ya realizado y preparado en supertexto, presto en
la reserva del interfase. De esta manera, el
futuro ha dejado de ser simbólicamente un
producto todavía por construir y aparece, en
cambio, como un imaginario terminado, listo para
ser convocado en cualquier momento y de una vez".
Decía que la
dramatización de la vida cotidiana es otra
deformación de la televisión que inquieta, como
así también la banalización de la vida
cotidiana. En el primer caso, por la insistencia
en ir aumentando el grado de impacto en la
sensibilidad del espectador, por la eliminación
de los límites del buen gusto, el recato y el
derecho a la privacidad de las personas. Sangre,
dolor, llantos, histerias colectivas, desastres,
accidentes, todo sirve a los efectos "dramáticos"
para despertar la sensibilidad del teleespectador,
ayudado por una estética televisiva que
privilegia la crispación espasmódica, los
planos que van y vienen en pulsaciones nerviosas,
los encuadres desestructurados y un ritmo
permanentemente trepidante.
Del otro lado,
la banalización de la vida cotidiana discurre
por el empeño en sacralizar lo más
insignificante, con pretensiones de presentar
como verdadero lo que con frecuencia no es más
que una opinión. Como señala el italiano
Telesio Malaspina (7), "a la televisión
le encanta dar la palabra a la gente de la calle,
con lo que las corrientes más facciosas o necias
adquieren la densidad de una corriente de
pensamiento". Y agrega: "El uso y abuso
de la gente en directo hace creer que ahora ya
puede tomarse cualquier decisión en un momento
por aclamación popular".
En síntesis, en
estos supuestos de la dramatización y banalización
de la vida cotidiana, en el mismo exacerbado énfasis
que se da a cualquier acontecimiento, está el
germen de la creciente indiferencia o
insensibilidad del teleespectador, con lo que la
saturación crea condiciones opuestas a las
buscadas.
El caso de la
CNN es emblemático: en agosto se anunció que
busca una nueva estrategia para recuperar su
audiencia, que está en caída libre. La
televisora, consagrada durante la Guerra del
Golfo, sufre para mantener el primer puesto en
audiencia, porque reparemos en esto la
actualidad no ofrece suficiente atractivo.
"La CNN opina un especialista en
medios de Estados Unidos necesita
permanentemente un escándalo a lo Mónica
Lewiski o de un accidente aéreo para tener
audiencia". (8)
El famoso
presentador estadunidense de televisión, Walter
Cronkite, se ufanaba al afirmar: "La imagen
no miente". Realmente lo decía convencido,
porque entendía que la imagen es la que es y
habla por sí misma. Si fotografiamos algo, dice
Sartori, ese algo existe y es como es. "No
hay duda afirma a continuación de
que los noticieros de la televisión ofrecen al
espectador la sensación de que lo que ve es
verdad, que los hechos vistos por él suceden tal
y como él los ve. Y, sin embargo, no es así. La
televisión puede mentir y falsear la verdad,
exactamente igual como cualquier otro instrumento
de comunicación. La diferencia es que la 'fuerza
de la veracidad' inherente a la imagen hace la
mentira más eficaz, y por tanto, más peligrosa".
(9)
Sobre la
pretendida inocencia, o asepsia, de la imagen,
hay muchos ejemplos para derribarla. Antes de la
Segunda Guerra Mundial, la compra y venta de títulos
de la Bolsa de París se realizaba al aire libre,
bajo los pórticos. Un día, la fotógrafa Gisele
Feunda se dedicó a tomar una serie de instantáneas
y centralizó sus imágenes en un agente de
cambio, que sonreía, pero en ocasiones, con
expresión de angustia, exhortaba a la gente con
marcados ademanes. La fotógrafa vendió ese
material a algunas publicaciones bajo la
denominación "Instantáneas en la Bolsa de
París". A los pocos días, un periódico
belga publicó la foto del agente de cambio
sonriente con un título que decía: "Alza
en la Bolsa de París, algunas acciones alcanzan
un pico fabuloso". La foto del agente de
cambio con expresión de angustia salió en un
diario alemán bajo este título: "Pánico
en la Bolsa de París., se desmoronan fortunas,
miles de personas arruinadas". (10)
En diciembre de
1956, el semanario LExpress publicó una
doble serie de fotos tomadas en el transcurso del
alzamiento húngaro. La idea era demostrar cómo
las distintas televisoras habían podido emplear
las mismas imágenes para dar visiones totalmente
contradictorias de los acontecimientos, aunque
aparentemente verdades, con el propósito de
poner en guardia al público contra posibles
manipulaciones.
Se determinó así
que en una televisora la imagen que mostraba a un
tanque soviético entrando a la capital de Hungría
era presentada así: "Despreciando el
derecho de los pueblos a disponer de sí mismos,
el gobierno soviético ha enviado varias
divisiones blindadas a Budapest para reprimir el
alzamiento".
En otra
televisora, obviamente oficial, la imagen era
mostrada con este comentario: "El pueblo húngaro
ha solicitado la ayuda del pueblo soviético. Han
llegado varios tanques soviéticos para proteger
a los trabajadores y restablecer el orden". (11)
El tratamiento
digital de las imágenes ha acentuado el peligro
de las manipulaciones, a tal punto que se ha
establecido una especie de código deontológico
de la fotografía para poner freno a los arreglos.
En el caso de la televisión, lo que antes era
costoso y técnicamente complicado se ha vuelto
barato y fácil. Así, por ejemplo, un país que
organice una gran carrera ciclística para
promocionar el turismo en esa zona, podría
resolver rápidamente la dificultad de que el día
de la carrera le saliera nublado: una pequeña
modificación y la retransmisión a una cadena le
permitirá mostrar un día soleado y cálido. (12)
Eso en cuanto a
lo técnico. Ni hablar siquiera de la manipulación
de corresponsales que muestran por televisión
matanzas que no existieron, tumbas donde los cadáveres
eran del otro bando, o falsos reportajes, sin
siquiera mencionar el caso paradigmático de la
televisación de la Guerra del Golfo. Cómo no
recordar, por ejemplo, el caso de un periodista
de la televisión, alemán de 38 años,
reconocido culpable por la justicia de haber
falsificado total o parcialmente una veintena de
reportajes, o la condena de casi 3 millones de dólares
que impuso la Comisión Independiente de Televisión
a una empresa por las falsedades incluidas en un
film documental, que fue pasado en 14 países y
hasta recibió el premio al "mejor reportaje
rodado en condiciones arriesgadas", otorgado
por la cadena española de TV3. (13)
La teatralización
de los reportajes televisados, destinados a
atrapar al gran público con ingredientes de
ficción, ya han empezado a despertar muchas críticas,
en Europa, sobre todo centradas en periodistas
que transforman la información en espectáculo o
la presentan como una ficción.
Son apenas
ejemplos aislados, podrían ser muchos más, pero
que llevan al crítico francés Phillipe Quéau a
formular una advertencia: "Cuando más
inmersos estamos en el mundo de las imágenes,
mayor será la necesidad de tomar distancias
respecto de sus apariencias, a sus verdaderos y
falsos aspectos, y más necesidad habrá de
evitar dejarse engañar por las pseudoevidencias
de los sentidos". (14)
Ignacio Ramonet,
director de Le Monde Diplomatique, se
ocupa extensamente de la veracidad o no de las imágenes
en sus libros La tiranía de la comunicación
y La golosina visual (15). Y puntualiza que "informar
ahora es enseñar la historia sobre la marcha o,
en otras palabras, hacer asistir (si es posible
en directo) al acontecimiento. Se trata enfatiza
Ramonet de una revolución copernicana, de
la cual aún no se han terminado de calibrar las
consecuencias y supone que la imagen del
acontecimiento (o su descripción) es suficiente
para darle todo su significado".
Para Ramonet,
"llevado este planteamiento hasta sus últimas
consecuencias, en este cara a cara teleespectador-historia
sobra hasta el propio periodista. El objetivo
prioritario para el teleespectador es su
satisfacción, no tanto comprender la importancia
de un acontecimiento como verlo con sus propios
ojos
Y así se establece, poco a poco, la engañosa
ilusión de que ver es comprender, y que
cualquier acontecimiento, por abstracto que sea,
debe tener forzosamente una parte visible,
mostrable, televisable". (16)
Unas palabras
ahora para hablar del tema convocante de este
panel: El poder mediático. También podríamos
hablar de la sociedad mediática, de los
funcionarios sólo mediáticos (que se
arreglan la corbata apenas se enciende una luz),
de la justicia mediática. En fin, que el
término se nos ha venido encima y ya lo hemos
adoptado, sin pensar siquiera el origen.
El traductor de
Ramonet lo reconoce: "El anglicismo media,
incorporado ya a diversas lenguas como denominación
abreviada de "medios de comunicación de
masas" (mass-media), se usará a lo largo de
todo el libro ante la ausencia de una expresión
adecuada en español que incluya, en una sola
palabra, prensa, radio, televisión, cine
(17)
Es cierto: en el
español no hay nada, todavía, y lo más cercano
a mediático en la Real Academia es mediatizar,
que por supuesto no se le aproxima. Pero si no
está en el diccionario mayor de nuestro idioma,
el término mediático sí está en el
pensamiento de un académico, Fernando Lázaro
Carreter, que en las chispeantes y eruditas notas
sobre el idioma reunidas en su libro El dardo
en la palabra se ocupa de él con tanto
gracejo que me permitirán ustedes leerla aquí:
"La palabra
es aún niña en Francia, tiernamente adolescente
como mucho: sólo han pasado doce o trece años
desde su invención allí. "Médiatique"
se emplea para calificar lo concerniente a los
medios de comunicación, o a lo transmitido por
ellos. Y con tan escasa edad, ya se pasea con
disfraz hispano y pisando fuerte por nuestras
prosas habladas y escritas, confiriéndole un
alto grado de distinción. Así, se dice, se oye,
que vivimos en una sociedad mediática,
queriendo significar con centelleante concentración
la importancia, constitutiva casi, que en la
sociedad contemporánea poseen los "media"
o medios por antonomasia. Es evidente que ciertas
corrupciones hubieran permanecido ignoradas sin
la acción "mediática", y
fuentes "mediáticas" de toda
solvencia aseguran que el gobierno está resuelto
a aplicar el programa de su partido si gana las
próximas elecciones."
(Una acotación:
recuerden que estos últimos conceptos están
referidos a España
y no tienen nada que
ver con nuestro país.)
Agrega Lázaro
Carreter: "El vocablo se ha puesto de moda y
nadie que se precie en ese mundo, y en el político,
hermano suyo en echarle rumbo al lenguaje, perderá
la ocasión de usarlo y de abrillantarse con él.
Mediático se ha formado, resulta obvio,
partiendo del segundo componente del inglés mass
media, un latinismo crudo (plural de medium)
al que se le ha pegado el fecundo sufijo del
mismo origen (-ático. Los italianos, que
también gozan metiéndole espuela a su fastuosa
lengua, han creado massmediatico, que
tiene más cuerpo y aún menos alma, pero está aún
sin descubrir por nuestros oteadores. Ojalá se
les escape: ya nos basta con este nuevo inmigrado,
tan patéticamente pedante. Sin poder remediarlo,
se me asocia con el otro medium, el de los
espíritus, y tiene una faz tan redicha que
parece inventado para albergar un concepto esotérico
en compañía de voces tan arcanas para los
profanos como iniciático, melismático,
entinemático
Pues no: sirve sólo
para darse postín". (18)
Ahora estamos
asociando mediático con poder, ese modo
de acción sobre las acciones de los otros. Y lo
asocio con aquel ya viejo concepto de cuarto
poder, denominación que se daba a la prensa
en realidad a la información en su
concepto global, en oposición a los tres
poderes tradicionales, ya que se entendía que la
prensa tenía la misión republicana de juzgar el
funcionamientos de los otros tres (Ejecutivo,
Legislativo y Judicial).
Algunos autores,
como Ramonet, sostienen que "si se quisiera
clasificar los poderes, como se hacía en los años
20 o 30, se vería que los media han
ascendido, han ganado posiciones y que hoy se sitúan,
como instrumento de influencia por encima de un
buen número de poderes formales (19). Claro que
si bien ha subido posiciones en el ranking de
poderes, podríamos ubicar al poder mediático en
el segundo, detrás por supuesto del primero de
todos, el poder económico.
Si prestamos
atención a la terminología, antes hablábamos
de cuarto poder, que lo referenciaba a la prensa
en particular, y ahora nos estamos refiriendo a
poder mediático, es decir, el conjunto
multimedia y con particular énfasis en lo
audiovisual.
Los avances
tecnológicos, por una parte, y la globalización,
por otra, han impulsado la profunda transformación
de la industria de la comunicación, con una
marcada e inquietante tendencia a la concentración
de medios.
A este
vertiginoso proceso, en el que no podemos olvidar
dos deformaciones como la superbundancia de
información y la deportitis, se suma la
exaltación virtual que es Internet, otro terreno
donde la imagen, el clip permanente, el shock
emocional, se asocian con toda la información
que pueda imaginarse.
¿Información
dije? ¿No era que solamente los periodistas
manejaban la información? Ya no, todo el mundo
está poniendo información en Internet, y a tal
punto se desfigura el rol del profesional de la
comunicación que ya no se habla de "información"
en Internet, o en los multimedia, sino de "contenidos",
o el "producto", como lo denominan los
adoradores del nuevo dios, el marketing.
Quizá sería
interesante, para otra ocasión, hablar del nuevo
papel del periodista en este veloz proceso, de su
difícil adaptación a escribir o hablar a veces
simultáneamente dentro de un multimedia
en términos de diario, radio, televisión o
Internet; de su transformación en periodista
digital, de la desconfianza crítica que está
generando en muchos sectores de la sociedad más
próximos a ver que comprender.
Mucho ha
cambiado en la vida periodística. Y si bien
tenemos presente la denuncia de Joaquín Morales
Solá, recordamos con nostalgia los tiempos en
que el periodismo escrito podía derribar al
presidente Nixon.
Y más atrás aún,
recordar que hasta Superman fue periodista.
_______
Referencias
- SARTORI,
GIOVANNI: "Homo videns . La sociedad
teledirigida", Taaurus, España,
1998
- SARTORI,
ib, pag. 17
- SARTORI ,ib.
Pag. 26
- Citado por
DOVAL, GREGORIO: "Florilegio de
frases envenenadas", Ediciones del
Prado, Madrid, pag. 294
- BAUDRILLARD,
PIERRE: "La Guerra del Golfo no
existió", Ed. Anagrama, España
- VERDU,
VICENTE: "Todo es inmediato",
diario El País, Madrid, 7 de setiembre
de 2000.
- MALASPINA,
TELESIO: "Difendiamoci dalla
televisione", LExpresso, 10 de
diciembre, 1995.
- Agencia
AFP, 31 de agosto de 2000.
- SARTORI,
ib. Pag.99
- ABREU,
CARLOS: "La importancia del entorno
periodístico" (Sala de Prensa 2000,
http://www.saladeprensa.org.
- ABREU, ib.
http://www.saladeprensa.org.
- GRIJELMO,
ALEX: "El estilo del periodista",
Taurus ediciones, Madrid, 1998
- RAMONET,
IGNACIO: "La golosina visual",
Debate, España 1999.
- QUEAU,
PHILLIPE: "Alerte, leurres virtuels",
"Le Monde Diplomatique, febrero
19994.
- RAMONET,
IGNACIO: "La tiranía de la
comunicación", Debate 1999. "La
golosina visual", Debate, 2000.
- RAMONET,
ib.pag 25
- "La
tiranía de la comunicación", pag.
9
- LAZARO
CARRETER, FERNANDO: "El dardo en la
palabra", Círculo de Lectores, 1998,
pag.720.
* Jorge
Enrique Oviedo es
director periodístico del diario Los Andes de (Mendoza, Argentina) fundado en 1882.
Exprofesor en la Escuela Superior de Periodismo, ha ganado premios nacionales de
periodismo en certámenes organizados por Círculo de la Prensa y Asociación
de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA) y la Feria Internacional del
Libro. Poeta y escritor, su
novela El Viejo obtuvo el premio nacional
del Fondo Nacional de las Artes. Esta ponencia
fue leída en las Jornadas de Pensamiento Contemporáneo organizadas por la Universidad de Ciencias
Empresariales y Sociales de
Buenos Aires, y es su primera colaboración para Sala de Prensa.
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