La crisis
de la prensa brasileña
Carlos
Castilho *
Las
grandes empresas periodísticas brasileñas
comenzaron en los años 90 una carrera para
ocupar espacios después que la innovación
tecnológica, la miniaturización del Estado y
los ajustes en el modelo de desarrollo
capitalista enredaron el cuadro tradicional donde
cuatro grandes grupos familiares controlaban el
mercado de la comunicación en el país.
En la búsqueda
de espacios, los sectores más capitalizados de
la prensa brasileña invirtieron primero en
diversificación, ampliando sus negocios hacia
otros segmentos de la comunicación como los
audiovisuales, las telecomunicaciones y más
recientemente Internet. Otra área de expansión
de las inversiones fue la automatización
industrial, generando un periodismo industrial
tipo línea de montaje.
En este proceso,
los diarios Folha de Sao Paulo y O Globo
crecieron, el Estado de Sao Paulo se estancó y
el Jornal do Brasil entró en una decadencia cada
vez más rápida. Folha invirtió mucho en
Internet, asociándose a la editora Abril en el
proyecto Universo Online (UOL), el mayor
proveedor de acceso a la web en Brasil. En
compensación, O Globo invirtió primero en la
creación de una revista semanal de información
(Epoca) para competir con la revista Veja (de la
editora Abril), posteriormente en el periodismo
económico y más recientemente invirtió más de
50 millones de dólares en un proyecto de
Internet, el Globo.com.
El imperio Globo
es el mayor conglomerado de medios e información
de Brasil y América Latina, autoproclamándose
el cuarto mayor grupo privado de comunicación
del mundo. Actúa en la prensa diaria con dos
publicaciones de alcance nacional, controla la
mayor red radiofónica del país, la mayor red de
TV, la mayor empresa de TV por suscripción,
editoras de revistas y libros, productora de cine
y videos educativos. Las organizaciones Globo
tardaron mucho en entrar en Internet y en el
seguimiento de las revistas de información, pero
desde 1999 compiten fuertemente con Veja y UOL.
En el segmento
de la prensa diaria, la esperada confrontación
directa entre Folha de Sao Paulo y O Globo nunca
sucedió porque los dos grupos empresariales se
aliaron en el lanzamiento del diario económico
Valor, para intentar terminar con la larga
hegemonía de Gazeta Mercantil y de la revista
Exámen (Editorial Abril) en el segmento de la
información financiera y empresarial.
Del antiguo
grupo de los cuatro grandes diarios brasileños,
solamente dos (Folha de Sao Paulo y O Globo)
todavía tienen condiciones reales para tener una
presencia nacional. El Jornal do Brasil está en
una agonía terminal, mientras el Estado de Sao
Paulo no tendrá otra alternativa sino
contentarse con el próspero mercado regional de
Sao Paulo, el estado más rico del país.
Folha y Globo
aumentaron su hegemonía porque fueron los que
más rápidamente cortaron la dependencia de los
financiamientos y favores estatales para buscar
recursos en el mercado.
Empresarialmente
sólidos, los dos mayores diarios brasileños,
sin embargo, se hunden cada vez más en la trampa
del periodismo pasteurizado, de la información
descontextualizada y de la noticia producida en
serie. El periodismo pasó a ser una actividad
casi industrial, según afirma el profesor de
periodismo Alberto Dines, responsable por el
proyecto Observatorio de Prensa, un sitio en la
web (http://www.observatoriodaimprensa.com.br) y un programa de
televisión en el canal educativo (TVE) de Sao
Paulo.
Crisis
del modelo periodístico
Si por un lado
el mercado de los periódicos diarios se volvió
aún más concentrado, por otro, las innovaciones
tecnológicas como la informática e Internet, la
avalancha informativa y la segmentación del
mercado de lectores abrieron nuevas oportunidades
para nuevos emprendimientos periodísticos
basados en la regionalización y la
especialización.
El grupo de
comunicación Red Brasil Sur (RBS) fue el primero
en explorar intensamente el filón regional,
siendo actualmente hegemónico en los estados
meriodionales de Río Grande del Sur y Santa
Catalina. En otras regiones brasileñas están
surgiendo periódicos locales razonablemente
sólidos desde el punto de vista financiero, como
el Correio Braziliense (región centro oeste) y O
Dia (Río de Janeiro).
Surgieron
también en los últimos dos años decenas de
revistas y periódicos orientados hacia tipos
específicos de público. El de los
intelectuales, por ejemplo, es atendido hoy por
revistas como Caros Amigos y República. El
sector económico tiene además de Exámen, Isto
E Dinheiro y Carta Capital, sin hablar de
publicaciones especializadas en el mercado
financiero, rural y cibernético. El segmento que
más creció fue el de las revistas femeninas y
de Internet.
Los cambios
registrados en el formato periodístico surgieron
paralelamente a alteraciones bastante radicales
en el contenido de la prensa. La principal es el
uso del sensacionalismo (amarillismo) y las
columnas firmadas por personalidades o periodismo
"de grifa", principalmente atletas
famosos, artistas de televisión o nombres de la
alta sociedad (pitucos).
A partir del
momento en que la política perdió el lugar de
honor en el noticiero diario, las denuncias de
corrupción y el noticiero alarmista sobre el
aumento de la violencia pasaron a monopolizar las
primeras páginas con titulares de prensa.
Prácticamente todos los vehículos de
comunicación se unieron a esta estrategia, a
pesar de que el sensacionalismo es reconocido
como un cuchillo de dos filos: a cortísimo plazo
atrae más lectores pero a plazo medio provoca la
caída de la credibilidad y la confiabilidad,
así como interminables disputas judiciales y
secuelas humanas de difícil solución.
Irónicamente,
el periodismo policial o local (sobre el cual los
diarios pasaron a apoyar sus esfuerzos para
aumentar la venta) en realidad son los menos
valorizados en la redacción y donde predominan
los profesionales sin experiencia y en inicio de
carrera. El resultado son errores periodísticos
cada vez más frecuentes y devastadores en
términos humanos y la situación únicamente no
llega a ser calamitosa porque crece el hábito de
las personas que, víctimas del sensacionalismo,
recurren a la justicia pidiendo reparación
financiera por daño moral.
En esta carrera
por lectores, los diarios, especialmente los
grandes, olvidaron las necesidades reales de sus
lectores. Investigaciones de opinión revelaron
que los temas que más interesan a los
compradores de diarios son desempleo, salud,
educación y seguridad. Pero el enfoque dado por
los vehículos de comunicación generalmente es
oficialista o puramente sensacionalista, mientras
que los lectores quieren información para poder
tomar decisiones.
La Internet
incorporó un nuevo elemento a la crisis de los
modelos de información periodísticos.
Tradicionalmente
la agenda de temas ofrecidos a los lectores era
fijada por los diarios. Eran ellos los que
determinaban la pauta de medios de comunicación
como la televisión, radio y revistas semanales.
Hoy, la rapidez con que los medios audiovisuales
trasmiten las últimas noticias (primicias) fue
consolidada por Internet, obligando a los diarios
a revisar sus estrategias editoriales. La
salvación de los diarios está en la
contextualización y en la prestación de
servicios informativos según las necesidades
específicas de su público lector. Esto implica
un cambio de actitud de los diarios y los
periodistas que en vez de adoptar una actitud de
dueños de la verdad están siendo presionados a
volverse cada vez más servidores de la comunidad
de lectores.
La estructura de
los diarios todavía se mantiene en su función
tradicional de producir noticias producidas por
fuentes oficialistas, por grupos económicos
privados o generadas por sucesos sensacionalistas
y tragedias naturales. La prestación de
servicios todavía es considerada una actividad
accesoria.
Crisis
del sistema de información
A la crisis en
los grandes imperios de la comunicación y en los
modelos periodísticos se suma otra crisis de
naturaleza estructural cuyo alcance y
consecuencias todavía son poco claras para los
periodistas y los lectores. La información pasó
a ser una materia prima de enorme importancia por
causa de las innovaciones tecnológicas
registradas en los últimos quince años. La
información y la materia prima de comienzos del
siglo XXI de la misma forma que el petróleo, los
granos y los metales marcaron el escenario
económico de los últimos dos siglos.
Este incremento
de la información como materia prima está
cambiando radicalmente la forma en que la prensa
se relaciona con la materia prima de su negocio.
Las transformaciones tecnológicas como la
automatización, la interactividad y la
comunicación en tiempo real alteraron
drásticamente la rutina de los diarios, pero
principalmente están comenzando a producir una
nueva cultura informativa.
Las bolsas de
valores y de mercaderías son hoy verdaderos
barómetros de la actividad económica. El
negocio no son papeles sino informaciones sobre
las cuales los inversionistas toman decisiones de
compra y venta. El mercado bursátil es el más
sofisticado laboratorio de la información en la
llamada Nueva Economía, según la opinión de la
revista Columbia Journalism Review (http://www.cjr.org).
Los editores y
reporteros de economía son los más afectados
por la enorme importancia adquirida por la
información económica, según muestra un
artículo publicado en agosto de 1998 por la
Columbia Journalism Review, bajo el título
"Cómo la presión por el lucro está
pervirtiendo el periodismo".
Los editores y
reporteros pasaron a ser bombardeados por
material informativo producido por grupos de
presión, públicos y privados, interesados en
obtener visibilidad en los medios de
comunicación. Hoy un reportero medio recibe de
cinco a diez veces más informes de prensa que
hace dos años, según una investigación hecha
por editores del Jornal do Brasil en junio de
2000.
El número de
personas y entidades interesadas en obtener
visibilidad pública tiende a crecer sin parar.
Es cada vez mayor el número de personalidades y
organizaciones que "fabrican" noticias
para atraer la cobertura de la prensa a través
de una práctica llamada cabildeo. Esto complica
enormemente la tarea de investigación de
periodistas y editores, que tienen la tarea de
decidir hasta dónde va la noticia y dónde
comienza la propaganda. En el apuro para cumplir
con los plazos industriales, terminan casi
siempre cediendo a la urgencia en perjuicio de la
contextualización.
Otro factor que
perjudica la calidad informativa de los diarios
es la inexperiencia de sus profesionales. La edad
media de los periodistas y editores empleados por
los diarios brasileños cayó prácticamente a la
mitad, según datos del Instituto Guttenberg (http://www.igutenberg.org.br), una organización no
gubernamental especializada en investigaciones
periodísticas. Las empresas pasaron a contratar
recién egresados pagando salarios más bajos.
Las redacciones se llenaron de reporteros con
poca experiencia justamente en un momento en que
la responsabilidad por la selección de noticias,
chequeo de datos e información y la
identificación de intereses se volvió
muchísimo más compleja.
Crisis
de los lectores
Los problemas
que mencionamos arriba están relacionados a la
industria de los diarios, pero los lectores viven
también una crisis provocada básicamente por la
falta de relación entre la información que
reciben y el tipo de material noticioso que
necesitan para tomar decisiones que afectan su
modo de vida.
Las actitudes
rutinarias como hacer compras en el supermercado,
elegir el sistema de salud o jubilación,
descubrir la herramienta financiera más rentable
para la economía familiar, son decisiones
tomadas básicamente a partir de informaciones.
El tipo de información determina la decisión.
El acceso a la
información dejó de ser un lujo, privilegio
político o arma ideológica. Nunca antes en la
historia de la humanidad tantas personas
necesitaron tanta información para garantizar su
sobrevivencia.
En Brasil no
existen investigaciones tan detalladas como las
realizadas en Estados Unidos por el Centro para
la Gente y la Prensa (http://www.people-press.org) sobre las reacciones de
los lectores al noticiero corriente de los
periódicos, pero la conducta de los
estadunidenses puede ayudar a entender mejor el
fenómeno del creciente distanciamiento entre
lectores y diarios. Estudios de este Centro
mostraron que a pesar de tener la más poderosa y
moderna prensa del mundo, el 74% de los
estadunidenses considera que no recibe
información suficiente y recurre a sus amigos o
parientes a la hora de tomar decisiones, incluso
para el voto.
En realidad, el
lector contemporáneo no tiene falta de
información. La avalancha informativa es una
realidad. Lo que le falta al comprador de diarios
son medios para contextualizar la información.
En otras palabras necesita más información
sobre la información. El lector se siente
incapaz de avalar la importancia y las
consecuencias de las noticias que recibe.
En estas
condiciones el concepto de libertad de
información gana un nuevo sentido. Para
distinguir lo falso de lo verdadero, lo útil de
lo inútil, el lector necesita aprender a
trabajar la información, no como un bien de
consumo sino como una materia prima para
decisiones individuales o colectivas.
Si los diarios y
los periodistas toman conciencia de esta nueva
perspectiva, las personas podrán restablecer su
confianza en los medios de comunicación, que
ahora más que nunca dependen de su público. En
caso contrario, el rechazo de los lectores
equivaldrá a una sentencia de muerte al
vehículo de comunicación sin importar su
tendencia política o ideológica.
* Carlos
Castilho es
periodista, consultor de comunicación y
productor de contenidos para Internet. Tiene 30
años de experiencia en diarios, revistas,
televisión y agencias de noticias. Trabajó en
Chile, Inglaterra y Costa Rica. Actualmente es
free lance y especialista en Inteligencia
Corporativa en Internet. Esta es su primera
colaboración para Sala de Prensa.
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