El papel
del periodismo de investigación
en la sociedad democrática
(II)
Darío
Klein *
4.
UNA VISION SISTÉMICA
Si
bien la democracia necesita al periodismo de
investigación, éste, a su vez, necesita a la
democracia.
El periodismo de
investigación colabora con la democratización
de una sociedad, pero, al mismo tiempo, requiere
que esa sociedad esté suficientemente
democratizada como para permitir la existencia de
periodismo de investigación.
Cuánto más
democratizada esté la sociedad, más
posibilidades existirán de desarrollar
correctamente esta misión periodística, y
cuánto más periodismo de investigación
realicen los medios masivos, más incentivarán
la democratización de la sociedad lo que, a la
vez, puede permitir desarrollar un mejor, más
eficiente y más libre periodismo de
investigación.
El periodista de
investigación sólo puede desarrollar su
actividad hasta el final en una democracia. Pero
aún en este sistema debe enfrentar importantes
trabas y limitaciones que él mismo, con su
tarea, puede ayudar a sortear y a solucionar.
No es necesario
trasladarnos al escenario de una dictadura que,
evidentemente, atenta contra la libertad de
prensa y, por lo tanto, prácticamente
imposibilita el periodismo de investigación (una
práctica que dañaría la estabilidad del
sistema dictatorial).
Pero en una
democracia, los grados de libertad de prensa
varían, al igual que los grados de transparencia
oficial. Y, junto a ellos, también varía la
profundidad y la facilidad o dificultad para
realizar periodismo de investigación.
4.1.
Condiciones para el desarrollo del periodismo de
investigación.
De manera
prescriptiva podemos decir que, para que el
periodismo de investigación sea posible en un
país democrático, es deseable la existencia de
varias condiciones.
Que las empresas
periodísticas:
- estén
dispuestas y en condiciones de apoyar
empresarialmente esta actividad
- destinen
los recursos y le cedan el tiempo
necesario a los reporteros
- gocen de la
suficiente independencia política y
económica como para permitir una
práctica periodística lo más libre
posible
Y también que
la ley y la puesta en práctica de la ley
garanticen:
- el libre
acceso a registros públicos
- protección
a la práctica periodística y a la
libertad de expresión
- la
protección al secreto profesional
Cuantos más
elementos de estos estén presentes, más
garantías y facilidades tendrá la práctica de
investigación en los medios masivos y más cerca
del grado de democratización ideal se
encontrará el sistema.
Pero existe una
diferencia sustancial entre lo deseable y lo
posible, y es difícil encontrar todos esos
elementos en estado puro.
4.2.
Limitaciones para el desarrollo del periodismo de
investigación
Uno de los
principales obstáculos para que las condiciones
ideales para el desarrollo del periodismo de
investigación, y por tanto de la democracia,
estén dadas, es el factor económico.
Como indica la
profesora Quesada:
"la
inmensa mayoría de los periódicos del mundo
carecen de una independencia económica real
que les permita librarse de todas las
ataduras y compromisos" (Quesada, 1986,
p. 90).
Esto implica, en
primer lugar, que determinados grupos económicos
o determinadas áreas de la sociedad (incluidas
las empresas públicas que distribuyen publicidad
oficial) puedan quedar fuera de la mirada
inquisitiva del periodismo de investigación.
En estos casos,
el medio reconoce que no puede prescindir de la
publicidad de determinadas empresas y, por tanto,
que no es capaz de llevar a cabo un proyecto que
lo enfrente a esa fuente de ingresos y que
represente un riesgo de perderla.
Refiriéndose al
caso español, Rodríguez argumenta:
"hoy,
pasados los fogosos momentos de la
transición de los años setenta, ninguna
empresa coherente osa publicar
investigaciones sobre los grupos financieros
de los que depende o de las empresas que se
anuncian en sus medios" (Rodríguez,
1994, p. 37).
En segundo
lugar, puede implicar que, sin considerar los
beneficios económicos que puede producir el
periodismo de investigación, el medio no esté
dispuesto a invertir los recursos necesarios para
desarrollarlo.
Sobre todo, que
no esté dispuesto a apoyar el trabajo sin
presiones y cierres diarios, a mediano o largo
plazo, que requiere por definición el periodismo
de investigación.
Otro de los
obstáculos habituales para el correcto
desarrollo del periodismo de investigación es la
falta de transparencia en cuanto a los documentos
o registros públicos.
En teoría, como
dice Philip Meyer:
"la
información sobre lo público ha de ser
accesible de modo igualitario para todos los
miembros del público" (Meyer, 1993, p.
292)
Esto, en Estados
Unidos, "es sencillo de hacer con archivos
de papel ante los que cualquiera puede
presentarse a solicitarlos e
inspeccionarlos" (ibid., p. 292).
"En
1989 un investigador contabilizó alrededor
de 4,250 bases de datos disponibles en
Estados Unidos, que eran accesible a través
de 500 empresas de suministro de acceso
simultáneo a diversas redes" (Meyer,
1993, p. 233).
Sin embargo, la
transparencia pública que ofrece el sistema
democrático estadounidense es tan paradigmática
como poco común. En la mayoría de los países
todavía persiste un celo excesivo por parte de
las autoridades con respecto a la información,
la documentación, las estadísticas, las bases
de datos, la información sobre el financiamiento
de las campañas políticas y los registros
públicos en general.
En Estados
Unidos existe una legislación favorable a la
transparencia pública de toda documentación o
estadística custodiada o elaborada por la
administración. Además, este país cuenta con
un llamado "Freedom of Information
Act" (FOIA), una legislación que le
garantiza específicamente a los periodistas
acceso a todos los documentos del Estado que no
estén clasificados como secretos. Y en el caso
de documentos secretos, permite la posibilidad de
solicitar acceso a ellos.
Esta es una
instancia de apelación con la que cuentan los
periodistas de muy pocos otros países.
Por otra parte,
varios países latinoamericanos presentan otro
inconveniente a la hora de permitir un correcto
periodismo de investigación.
Son países que
heredaron el viejo sistema de prensa partidaria y
que, por lo tanto, no permiten la independencia
política necesaria para realizarlo.
En primer lugar,
porque el medio no puede investigar asuntos que
impliquen a su partido. Y en segundo lugar
porque, en el caso de hacerlo o de investigar a
cualquier otro sector de la sociedad o a
funcionarios de cualquier otro partido, carece de
la credibilidad necesaria para legitimizar el
trabajo.
4.3.
Grados de democratización periodística
Retomando la
visión sistémica que implica que el periodismo
de investigación cumple un papel trascendente en
la democratización, y que, a la vez, requiere de
un grado creciente de democratización para
desarrollar su tarea, podemos identificar cinco
estadios de una sociedad, según su grado de
democratización y según la calidad del
periodismo que se practique.
- La primera
etapa, la básica, es que el sistema
garantice la libertad de prensa más
elemental. La que permite publicar y
emitir sin censura previa de ninguna
autoridad estatal. Esto a pesar de que
los medios y los periodistas puedan ser
sometidos a distintos tipos de presión
física, política y/o económica que
impiden la existencia de investigación
periodística.
- La segunda,
es la que permite que los mass media
comiencen a investigar, fundamentalmente
casos de corrupción, aunque aún con
ciertas limitaciones como, por ejemplo,
el no investigar directamente al gobierno
o determinados grupos económicos o
sociales poderosos. Esta etapa suele
asegurar a los medios protección
judicial de su secreto profesional, una
limitada independencia económica, e
independencia política, para llevar a
cabo el trabajo periodístico. Pero
implica, normalmente, que las autoridades
gubernamentales aún gozan de cierto
control implícito, no regulado, que
logran mediante la intimidación o
mecanismos económicos como el aumento de
la carga impositiva o la distribución
desigual de la publicidad oficial.
- La tercera
es la que permite que la prensa logre
autonomía financiera y política con
respecto al gobierno y sea capaz de
investigarlo libremente. Supone que el
sistema y las autoridades de los tres
poderes democráticos ofrezcan la
libertad suficiente como para ser
sometidos al escrutinio de la prensa, sin
tener forma implícita o explícita de
controlarla, más allá de las habituales
estrategias de defensa pública que
incluyen las denuncias de difamación y
de parcialidad del medio. Sin embargo, en
esta etapa, todavía existen determinados
grupos o sectores que, por su poder,
fundamentalmente económico, logran
escapar a la lupa periodística.
- La cuarta
es ya un estadio superior de la prensa.
Es cuando ésta es capaz de llevar a cabo
investigaciones que vayan más allá de
lo político y que involucren a todos los
estratos y sectores sociales, incluyendo
a los propios medios de comunicación. En
este caso, los mass media cuentan con una
independencia financiera y económica,
además de política, que le permite no
ser leal a ningún o a casi ningún
sector social y/o económico.
- La quinta y
última es cuando todos los estadios
anteriores están garantizados y ahora,
además, la sociedad y la burocracia
pública alcanzan niveles óptimos de
transparencia, permitiendo el acceso
público a la mayor cantidad de
documentación e información oficial.
Muy pocos
países han logrado llegar a este estadio ideal
de la democracia prescriptiva, a esa etapa
avanzada de la relación entre medios de masas y
sistema democrático. Estados Unidos puede ser un
ejemplo, aunque no siempre.
4.3.1.
Repercusiones deseables del periodismo de
investigación
Otra
circunstancia que sirve para medir el grado de
democratización de un sistema, es el tipo de
repercusiones políticas o judiciales que se
producen cuando el resultado de una
investigación toma estado público.
Como anticipamos
en el capítulo II, aunque es tomado por los
periodistas como un éxito cuando ocurre, no es
ni debe ser la meta de ninguna investigación las
consecuencias políticas o judiciales que esta
pueda tener.
La consecuencia
buscada por el periodismo de investigación es
poner los temas en el debate público,
enriquecerlo, mejorar la calidad de la democracia
y de la comunicación, vender periódicos y
publicidad, mejorar los ratings, derrotar
a la competencia... Pero nunca juzgar. Esta tarea
corresponde a la Justicia, al Parlamento o a la
opinión pública.
Creemos, como el
profesor Martínez Albertos, que:
"es la
misma sociedad -y no un cuerpo elitista de
profesionales del periodismo- la que
verdaderamente actúa como perro guardián de
los valores y las instituciones, aunque
parezca hacia fuera que quienes muerden son
los susodichos periodistas" (Martínez
Albertos, 1994, p. 22).
Y también
coincidimos con Montserrat Quesada, quien
considera que después de haber realizado una
correcta investigación:
"el
periodista ya puede escribir su artículo y
publicarlo con la certeza absoluta de que su
trabajo habrá sido bien realizado; tal vez
no conseguirá ningún resultado
compensatorio de su esfuerzo, no logrará que
las autoridades en cuestión pongan remedio
al tema que denuncia o, en el peor de los
casos ni siquiera sus lectores podrán acabar
de creer el relato que se les cuenta, pero
él habrá puesto su granito de arena para
contribuir a otorgar a los medios de
comunicación la responsabilidad social que
deben asumir como empresas que son de marcado
interés público: la responsabilidad de
velar por que las instituciones democráticas
funcionen correctamente y que nadie cometa
excesos en contra de los intereses de los
ciudadanos amparándose en los privilegios
que indudablemente otorga el ejercicio de
cualquier tipo de poder" (Quesada, p.
86, 1987).
Habla bien de
una democracia que el sistema reaccione
rápidamente a una investigación y ponga en
marcha los mecanismos de control judicial o
parlamentario. Eso indica el grado de madurez
institucional, y el estadio democrático en el
que se encuentra.
Pero eso no
pueden garantizarlo ni proponérselo como meta
los medios, aunque sí puedan exigirlo en
editoriales o columnas de opinión.
En palabras de
Bolch y Miller:
"Los
periodistas sólo pueden indicar lo que
necesita ser cambiado. El cuarto poder no
promulga leyes, no hace cambios en las
normativas ni prende al culpable por el
pescuezo y lo ingresa a la cárcel"
(Bolch y Miller, 1978, p. 11).
Reflexionando
sobre el caso argentino, el periodista Horacio
Verbitsky, anota:
"Desde
hace un cuarto de siglo se señala como
paradigmática la investigación
periodística del caso Watergate.
(...) A diferencia de lo que ocurrió y aún
ocurre en la Argentina -donde el periodismo
puede hacer oír su voz pero no hay respuesta
institucional que corrija los hechos que
señala- en los Estados Unidos los
periodistas dieron el alerta temprano, pero
las instituciones se encargaron de completar
la investigación. La Corte Suprema de
Justicia y no el Washington Post reclamó
al presidente Nixon la documentación que el
Poder Ejecutivo se negaba a entregar alegando
un privilegio constitucional. Esto sugiere
que la diferencia con Estados Unidos no está
en el periodismo sino en la calidad
institucional" (Verbitsky, 1997, p. 16).
De todos modos
-y regresando a la visión sistémica ya
planteada- el periodismo de investigación, por
el mero hecho de existir y por su influencia en
la opinión pública, puede presionar a las
instituciones para que sean transparentes, y para
que se saneen a sí mismas, en el peor de los
casos, en los comicios generales y mediante el
voto popular.
Obviamente es
lícito que, sin forzarlo, el medio espere que el
trabajo no caiga en saco roto. También es
lícito que los periodistas se sientan frustrados
cuando ven que nada cambia.
Pero esas son
las reglas del juego democrático. Y lo cierto es
que la mayoría de las veces, aunque no renuncie
ningún implicado en la investigación, el
trabajo tiene sus consecuencias, menos
impactantes a corto plazo, pero más duraderas a
largo plazo.
Por ejemplo, el
crecimiento del periodismo de investigación como
actividad de los mass media, la erosión a las
defensas de aquellos que se ocupan de que nada
cambie y, sobre todo, el enriquecimiento del
debate público democrático.
5.
EL EFECTO PERVERSO
A pesar de
nuestra defensa del periodismo de investigación,
como una tarea que tiende al enriquecimiento de
los procesos de democratización, debemos dejar
aquí anotados los riesgos que entraña este
papel y, en palabras de Hirschman, el
"efecto perverso" (Hirschman, 1991) que
puede llegar a cumplir el periodismo en una
sociedad democrática y, en especial, el
"efecto perverso" que puede entrañar
el periodismo de investigación.
Si bien la
prensa y el periodismo de investigación tienden
a enriquecer la democracia, su práctica
irresponsable, puede no hacer más que dañarla.
Por práctica
irresponsable entendemos varios de los puntos ya
desarrollados:
- que los
medios asuman el papel de jueces
- que los
medios impulsen campañas para cumplir un
determinado objetivo político más allá
de la simple difusión de hechos
- que los
medios no respeten las normas básicas de
corroboración de la veracidad y de
realización de un correcto reportaje de
investigación.
A estas
circunstancias que pervierten la esencia misma
del trabajo periodístico, algunos autores
añaden otra: que los mass media se tornen
demasiado poderosos.
Martínez
Albertos lo ilustra así:
"El
perro guardián es útil siempre que no sea
más poderoso que sus dueños y no acabe
tiranizándolos (...) Una prensa tan
prepotente, tan cohesionada ideológicamente
como es la de nuestro tiempo, en lugar de
actuar como perro guardián acaba ella misma
convirtiéndose en un verdadero poder
fáctico" (Martínez Albertos, 1994, p.
17).
Citando al
profesor Manuel Jiménez de Parga, Martínez
Albertos agrega:
"La
principal tentación del periodista (es) que
en lugar de ser un regulador, un instrumento
para la regulación política, se convierta
en regidor. En este caso el periodista no se
limita a describir y analizar los hechos sino
a regirlos. Y regir, según el diccionario,
equivale a dirigir, gobernar o mandar"
(Martínez Albertos, 1994, p. 19).
Alain Minc, por
su parte, planteaba de esta manera lo que para
él era una constatación de lo que ocurre en
Francia:
"En el
imaginario colectivo, los hombres de los
medios reemplazaron a los banqueros como
símbolos de la pujanza clandestina y de la
influencia invisible, del poder
insaciable" (Minc, 1993, p. 7).
5.1.
Los medios: sujeto y objeto del periodismo de
investigación
En un artículo
crítico respecto al papel de la prensa, titulado
alegóricamente "La mordedura del perro
guardián", Ted Smith argumenta que:
"la
prensa es la única institución
norteamericana que no se somete jamás al
pleno rigor autocrítico del periodismo de
investigación" (Smith, 1991, p. 24).
Y esa, creemos,
es la clave: toda institución -hasta la prensa-
si se la deja hacer sin control alguno, puede
terminar por pervertir su tarea, por abusar de
ella, por tiranizar o por corromperse.
Y el hecho de
que la tarea periodística sea esencial en las
democracias representativas modernas -como
también lo son, por ejemplo, los tres poderes
establecidos-, no le entrega a los periodistas
licencia de impunidad.
Por eso, aunque
estamos personalmente en contra de todo tipo de
regulación del periodismo, consideramos
importante que la mirada con lupa del periodismo
de investigación también incluya a los propios
mass media.
Si no quiere ser
fiscalizada y restringida desde fuera, la prensa
debe adoptar mecanismos para sanearse a sí misma
autocontrolándose y estrechando sus propios
códigos éticos.
Los medios
masivos de comunicación son una institución
democrática más y, como tal, deben someterse al
escrutinio de las mismas instituciones que el
resto de los ciudadanos, incluido el control de
la prensa y del periodismo de investigación.
Creemos que, en
este caso, es necesario que los periodistas dejen
definitivamente de lado el corporativismo.
Consideramos que si bien la lucha por la libertad
de prensa es una lucha justa, como dice José
Luis Dader, el corporativismo es uno de los
"pecados capitales del periodista en su
construcción de lo público" (Dader, 1992,
p. 159-160).
Si bien es
necesario que los periodistas y el resto del
sistema velen por garantizar el libre ejercicio
periodístico, también es importante encontrar
mecanismos para, en palabras de Popper, evitar
que éste produzca un daño excesivo. Y en este
sentido, un periodismo de investigación no
corporativista puede ser una respuesta.
Otro de los
pecados capitales anotados por el profesor Dader
es "el secretismo" (ibid., p. 161-162).
Este es otro
efecto perverso que puede cumplir el periodismo
en general y el periodismo de investigación en
particular: que lo que es necesario ocultar para
obtener información sobre un hecho sea más y
más importante que lo que el medio va a revelar.
Es decir, que el
medio pervierta su función y en lugar de servir
para difundir sirva para esconder.
Otra crítica
habitual contra el periodismo de investigación,
que suele provenir de los políticos, es que en
ocasiones trabaja coordinadamente con la
Justicia.
Esto es cierto
sólo en parte. Ha ocurrido que antes de publicar
una historia, el medio entregue la información
al juez o al fiscal para protegerse del ataque
posterior o para proteger a las fuentes.
Además, muchas
veces, periodistas y jueces, fiscales o
funcionarios judiciales se retroalimentan en
investigaciones determinadas, compartiendo o
intercambiando información.
Sin embargo,
siempre que la meta final de lo antedicho sea
revelar y no ocultar, no lo consideramos una
desviación ni una perversión, sino parte de la
tarea y de las reglas de juego democráticas.
No se trata de
una complicidad delictiva, sino todo lo
contrario, una complicidad en busca de la verdad,
una complicidad para proteger a los que cumplen
esta tarea, una complicidad para que el público
conozca y para lograr que lo que difunda el medio
esté totalmente corroborado y sea lo más
completo posible.
A la hora de
defenderse de una investigación periodística,
los poderosos suelen apelar a todo tipo de
recursos, que muchas veces buscan inducir temor
en la opinión pública.
Así aparecen
las acusaciones de falta de patriotismo y, sobre
todo, en las democracias nacientes, las
acusaciones de que esta forma periodística
termina por debilitar al sistema democrático y a
sus instituciones, porque logra que los
ciudadanos le retiren su confianza a los
gobernantes.
Consideramos que
este argumento es un buen intento de defensa por
parte de la clase dirigente, pero nada más.
La desconfianza
y la apatía hacia la política y los políticos
nunca es consecuencia de la labor de la prensa.
El culpable no
es el mensajero, sino el mensaje. La culpa no es
del que investiga y publica honestamente sino del
que pervierte su función, roba o desempeña una
tarea en forma errática.
La solución
para evitar el descrédito de los gobernantes no
es dejar de investigar sino, todo lo contrario,
investigar más, controlar más, para identificar
los problemas a corregir antes de que sea
demasiado tarde.
Como dice Philip
Meyer:
"una
democracia que intenta proteger de la
información a sus votantes porque dicha
información podría utilizarse
irracionalmente, deja de ser una
democracia" (Meyer, 1993, 305).
*
Darío Klein,
periodista uruguayo, es miembro del Consejo
Editorial de Sala de Prensa. Actualmente trabaja en la cadena de
televisión estadunidense CNN,
en Atlanta, como editor periodístico y
periodista de investigación. Es doctor en
periodismo, por la Universidad Complutense de Madrid, con una tesis realizada sobre
Periodismo de Investigación, de la cual
reproducimos ésta que la segunda parte del
capítulo V.
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