El último
saludo
Mónica
Palm *
Gustavo
Gorriti ha pasado no solo por su natal Perú,
sino también por Boston (donde fue Nieman Fellow
y CFIA Fellow en Harvard), Washington (fue Senior
Associate del Carnegie Endowment) y Miami (Senior
Research Associate del North South Center en la
Universidad de Miami). Su última escala fue
Panamá. Aquí llegó en febrero de 1996, primero
como director asociado de La Prensa y, más
adelante, como director afiliado. En el ínterin,
publicó un libro (Sendero: Historia de la Guerra
Milenaria en el Perú) y escribió frecuentemente
para el New York Times, el L.A.Times y el New
Republic. Es colaborador permanente de las
revistas Gatopardo y Caretas, donde, por cierto,
dio sus primeros pasos como periodista, en 1981.
Esta es una de las últimas entrevistas que da en
Panamá.
¿En
qué circunstancia se da su salida de La Prensa?
Salgo de La Prensa cuando el grupo encabezado por
Ricardo Alberto Arias, el ex canciller y
colaborador de Pérez Balladares, logra una
mayoría coyuntural en la reunión de la junta
directiva del 15 de febrero y decide separarme.
Aunque la maniobra estaba plagada de deficiencias
de forma y de fondo, yo ya había tomado la
determinación de no impedirla sino de
canalizarla. Puede que él y sus acólitos hayan
pensado que fue una exitosa acción de
oportunidad, pero para mí fue cualquier cosa
menos una sorpresa.
"Estaba
cantada, se veía venir, y decidí que me
brindaba la forma precisa de hacer un último
servicio a La Prensa, antes de regresar a mi
Patria: conseguir que el ex canciller Arias (hay
tanto Arias en esta historia que de alguna manera
tengo que diferenciarlo sin entrar en la
caricatura) y Federico Humbert Arias, el otro
caballo de Troya del PRD, enseñaran sus cartas
con el tiempo suficiente como para darles a los
accionistas de La Prensa la oportunidad de
despertar ante el peligro y de prevenir la toma
del diario el próximo 22 de marzo."
¿Por
qué no pudieron sacarlo de La Prensa en 1997 y
ahora, en medio de unas circunstancias
aparentemente más benignas, Pérez Balladares ha
logrado lo que quería?
Porque en 1997 decidí resistir y confrontar a un
adversario al que perdió su arrogancia y
desconocimiento de los términos que iban a
actuar en dicha confrontación. Pérez Balladares
y sus sicofantes (entre los cuales uno que hoy
pretende ser presidente de La Prensa) se lanzaron
alegremente a la ofensiva, pensando que iba a
tratarse de un paseo de Fidanque a Toledano y se
encontraron de repente atascados en un terreno en
el que, hicieran lo que hicieran, perdían. El
caso se convirtió en una batalla internacional
por la libertad de prensa y de confrontación a
las represalias de gobernantes corruptos.
Permitió establecer nuevos y mejores niveles de
coordinación entre las organizaciones defensoras
de la libertad de prensa y de derechos humanos,
con instancias que tenían capacidad de presión
mucho más tangible. Al final, se logró una
victoria que permitió mejorar sustantivamente
-junto con otras medidas que se dieron poco
después (la Relatoría por la libertad de
prensa, las redes de respuesta rápida)- la
situación del periodismo libre en el continente.
"Hubo,
además, otro factor sumamente importante en
1997. La junta directiva de La Prensa y, muy en
especial, su presidente Juan Arias Zubieta,
comprometieron todo el apoyo de La Prensa en la
resistencia contra la arbitrariedad. Es cierto
que hubo algunas instancias de colusión y de
sabotaje dentro de la empresa (esa es la pequeña
historia patética que no merece siquiera ser
detallada), pero La Prensa se irguió altivamente
y enfrentó, como en sus mejores tiempos, a las
criaturas de la dictadura. Y, como entonces,
venció. El papel de Juan Arias en esa ocasión
fue de una gran integridad y valentía. Puede
haber cometido errores después, y de hecho los
cometió. Pero su conducta durante esos meses
largos de lucha fue honorable, valerosa y digna
del respeto que en buena ley ganó.
"En
esta ocasión, en el 2001, la situación era por
completo diferente. Me encontraba a punto de
completar cinco años en Panamá, tiempo
suficiente como para redondear un ciclo y meditar
sobre los siguientes pasos. Mi Patria había sido
liberada de la cleptocracia mafiosa que la
gobernó. A mí me cupo participar activamente en
la parte final de la lucha contra la dictadura
gangsteril, y me encontré pasando cada vez más
tiempo en el Perú y dedicándole cada vez más
pensamientos, sueños, vigilias, proyectos. Todo
me indicaba y me indica que llegaba la hora de
despedirse de Panamá y de retornar a mi suelo.
"Un
tercer factor, el menos importante quizá, fue
constatar la maniobra de takeover que preparaba
el otro Arias, Ricardo Alberto. Puedo decir, al
respecto, que previne a quien tenía que prevenir
apenas empezó dicha maniobra, con la recolecta
de proxies. Que, gracias a las fuentes cultivadas
en sectores diversos, pude describir con
exactitud cuál era el proyecto, quiénes
apoyaban a Ricardo Alberto Arias, cómo lo
hacían, y aconsejé lo que se debía hacer. No
hablo de dos o de tres meses, sino de hace por lo
menos medio año. No fui, además, el único en
advertirlo. Cuando menos otra persona, una de las
mejor informadas en Panamá, consideró su deber
proporcionar la misma información. Pese a ello,
no se hizo nada. Hubo negligencia, poca claridad,
fatiga y hasta dilemas familiares que
determinaron esa actitud inerte. El hecho es que
Ricardo Alberto Arias pudo dedicarse a recolectar
proxies sin enfrentar ninguna oposición. Al
constatar lo que se venía, llegué a la
conclusión de que no tenía sentido alguno
intentar permanecer en la empresa. Había llegado
el momento de partir, y lo único que me restaba
era contribuir, mediante las circunstancias de mi
salida, a generar la debida alarma entre los
accionistas. Ello creo que se podrá lograr y me
permitirá partir con el alma tranquila. Lo que
pase de aquí en adelante ya concierne a los
accionistas de La Prensa."
¿Qué aprendió de Panamá a través de las
investigaciones realizadas?
Hay un epigrama famoso, que se atribuye a John Le
Carré, que define a Panamá como
"Casablanca sin héroes". Yo sé que
eso no es así. Hay mucho de Casablanca en
Panamá, pero también hay héroes. No se los
encontrará, salvo por vía de excepción, en la
clase pudiente: ni entre aquellos que cifran su
orgullo y hasta su identidad en la albura de su
retaguardia y en su vocación por la endogamia,
ni entre las fortunas comerciales de data
reciente. Pero los hay, y bien que los hay, entre
la clase media, entre los intelectuales y en el
pueblo. El panameño sencillo, de a pie, tiene
muchas de las mejores virtudes latinoamericanas.
Es trabajador, sí señor, muy trabajador,
acogedor, cordial. La camaradería sin dobleces
que he vivido con, por ejemplo, la gente con la
que he practicado judo -y ahí había una
combinación muy interesante de personas- no la
cambio.
"Panamá
tiene también héroes cívicos de gran estatura.
Personas que destacarían, y en más de un caso,
ya destacan ejemplarmente en cualquier nación
latinoamericana. A Guillermo Sánchez Borbón,
por ejemplo, no se me ocurre describirlo de otra
manera que como un espejo de virtudes,
intelectuales, cívicas y espirituales. Si solo
tuviera un poco más de ambición... He tratado
poco a Rómulo Emiliani, pero lo admiro mucho.
Miguel Antonio Bernal, Italo Antinori, Brittmarie
Janson son tres panameños que han realizado,
cada uno a su manera, un inmenso aporte
intelectual, cívico y moral para construir el
Panamá que debe ser. Curiosamente, hay cínicos
que tildan a los tres de locos. Y yo digo que si
hubiera cien locos como ellos, Panamá tendría
hoy un desarrollo comparable al de Singapur, pero
en democracia. Contágiense de esa locura,
panameños.
"Tengo,
como ya se sabe, una larga amistad con Roberto
Eisenmann. Discrepo en muchas cosas con él, la
última respecto a su papel de consejero al que
no le hacen caso. También pienso que se ha ido
demasiado rápido al pitagorismo tropical de
pensarium y hamaca, aun entendidos como
metáfora. Creo que la trinchera lo necesita a
él y que él necesita a la
trinchera.Discrepancias aparte, Roberto es un
visionario con capacidad ejecutiva y es un hombre
noble. En suma, una gran persona.
"Podría
mencionar a muchas otras personas de gran
mérito, pero la lista se haría de a verdad
larga. Espero se sientan bien representados en
quienes he mencionado. Me parece necesario, sin
embargo, nombrar a una persona joven: Rafael
Pérez Jaramillo, un excelente periodista, cuya
diligencia fue decisiva para avanzar lo que se ha
progresado en ubicar las tumbas clandestinas de
los Pumas e iniciar el desentierro y las
investigaciones.Pérez Jaramillo escribió una
nota para su periódico, el Panamá América,
reseñando la reunión del 15 de febrero en la
que se me separó. Su periódico no la publicó.
El la envió entonces a una publicación de
internet, de donde la bajó El Siglo, que la
imprimió. Como resultado de ello, Pérez
Jaramillo está siendo despedido de El Panamá
América. ¿Quieren ver el futuro? Ahí lo
tienen. El precio que le están haciendo pagar en
nada ha doblegado a este periodista. Y después
dicen que no hay héroes en Casablanca.
"Panamá
es un país hermoso, lleno de oportunidades,
merecedor de un mejor destino. Soporta, como
sucede con otras naciones, el peso muerto de
elites incompetentes, corruptas y parásitas.
Cuando se logre combatir eficazmente la
corrupción y se le dé al pueblo, a la gente,
los medios y herramientas para crecer, este país
podrá lograr uno de los mejores niveles de vida
del continente. Tienen todo lo que se necesita
para lograrlo."
¿Cuál fue el reportaje que le planteó más
retos? ¿Y el que más disfrutó?
El último reportaje es siempre el más difícil.
Teniendo eso en cuenta, los reportajes sobre
Banaico y sobre la organización de Marc Harris
estuvieron entre los más complejos desde el
punto de vista del acopio de información. Ese
desafío hizo que se lograra más datos sobre
ellos que sobre ningún otro. La habilidad de
Rolando Rodríguez, Julio César Aizprúa y, por
un período corto, Aristides Cajar, en el caso
Banaico; y de Miren Gutiérrez, Mónica Palm y,
otra vez, Rolando Rodríguez, en el caso Harris,
hizo posible que se alcanzaran resultados
hazañosos en cuanto a la precisión
periodística.
"Los
casos de Castrillón Henao -con sus múltiples
ramificaciones- y el de las visas a los
inmigrantes chinos, ordenadas por Pérez
Balladares, fueron difíciles porque se
desarrollaron confrontando la activa resistencia
de organismos poderosos, que utilizan los
recursos de los contribuyentes para vigilarte,
intervenir tu teléfono, acosarte judicialmente.
Aún así, se consiguió información decisiva.
"Para
dar una idea de las circunstancias en que se ha
trabajado, le cuento las del último reportaje.
Viajé en enero a Washington, invitado a una
conferencia por el InterAmerican Dialogue.
Busqué aprovechar mi estadía para tratar de
obtener confirmación sobre la revocatoria de la
visa de Pérez Balladares. Llevaba un tiempo
coordinando esto con Betty Brannan -por teléfono
y email- y no lográbamos confirmación
on-the-record; que, dada la importancia del caso,
era indispensable.
"En
Washington, ensayé una línea de encuesta que,
conjugada con el trabajo de Betty, produjo al fin
la confirmación. Mientras lo hacía, Ricardo
Alberto Arias vino a La Prensa para preguntarle a
la presidenta del diario, Anabella Rubinoff,
sobre qué estaba yo haciendo en Washington, que
cuál era la naturaleza de mi viaje. Le mostró
un email desde Washington en el que se reportaba
mi presencia y se manifestaba inquietud sobre mis
pesquisas. Que un miembro de la junta directiva
estuviera marcando los pasos funcionales del
director afiliado del diario hubiera sido antes
inconcebible. Pero, claro, aquella era la época
del Arias (Juan) que se enfrentó al gobernante
que quiso avasallar la libertad de prensa. Y esta
la época del Arias (Ricardo Alberto) que
secundó entonces a dicho gobernante. De
Washington viajé a Miami, donde realicé una
batería de entrevistas sobre varios temas
correlacionados. También me entrevisté con
Alejandro Toledo, dentro de su habitación en el
hotel del aeropuerto, y con apenas la presencia
de su esposa, de Alvaro Vargas Llosa y de una
persona más. Fue una entrevista coordinada por
teléfono desde aquí, que no era reservada, pero
que no comenté con nadie en Panamá. Hace pocos
días, Federico Humbert Arias le preguntó
retóricamente a otra persona de la junta
directiva si sabía que yo me había entrevistado
en Miami con Toledo. Ya se imaginarán cómo lo
supo.
"Menciono
ambos incidentes, porque en ningún caso se me
pidió guardar reserva, y porque creo que no
viene mal un poco de aquello que predicaba un
gran peruano que se llamó Manuel González
Prada: "Romper el pacto infame de hablar a
media voz."
¿Qué casos deja pendientes?
Más de uno: el más importante me parece que es
el caso del consulado en Manila. Ya sacamos una
nota, en colaboración con Rafael Pérez, que,
aunque importante por sí misma, solo revela la
punta de algo mucho mayor. Por lo que sé, el
escarbar a fondo en ese asunto permitirá revelar
un caso masivo, largo, continuado, complejo y
metapartidario de corrupción.
"Las
desapariciones y entierros clandestinos es otro
caso importantísimo. ¿Quiénes participaron,
quiénes supieron y nada hicieron? Me imagino que
cuando se logre desclasificar los documentos
estadounidenses de inteligencia de ese período,
emergerán varias sorpresas.
"Puedo
seguir con la lista. Hay casos no culminados del
todo, otros por empezar. Pero al final los casos
tienden a juntarse y cuando tiramos de un cabo,
encontramos una red. Quedan muchos, muchos casos
pendientes. Yo ya no podré hacerlos. Pero quedan
también periodistas capacitados para llevarlos a
cabo. Ellos precisan, sin embargo, de
independencia editorial, de apoyo editorial, de
libertad de prensa para hacerlo."
¿En qué han contribuido las investigaciones
publicadas?
A mostrar la realidad tal cual es. Todo lo que se
logra es que la verdad de los hechos, liberados
de cosmética y encubrimiento, salga a la luz. En
una sociedad con instituciones normales, se
supone que corresponde a las autoridades fiscales
y judiciales proseguir con las investigaciones
que los hechos expuestos ameriten. Pero aquí,
donde el procurador Sossa se convirtió en uno de
los más activos perseguidores del periodismo, y,
en los hechos, en un encubridor; y donde, pese a
sus quejas, resulta disfrutando de total
impunidad ante la impotencia o la colusión de
los otros órganos del Estado, la única
esperanza es que la sociedad civil haga oír su
voz.
"Mientras
tanto, los periodistas de investigación y no los
bribones, seguirán siendo encausados por cada
nota certera, por cada delito descubierto."
¿Hay algo de lo que se arrepienta?
De muchas cosas. De no haber sido más selectivo
en mi trabajo. De no haberme dedicado con más
intensidad al reportaje en general y al reportaje
de investigación en particular. De haber pasado
demasiado tiempo en los menesteres burocráticos
del diario, a veces necesarios pero otras muchas
estériles. De no haber trabajado con un mayor
número de periodistas en La Prensa en proyectos
específicos.
"De
no haber sido más persuasivo con aquellos
miembros de la Junta Directiva genuinamente
comprometidos con la independencia periodística
respecto a los peligros que se cernían sobre
ella.
"De
no haber sido más intenso y exigente en mi
trabajo, conmigo mismo y con los demás.
"De
no tener mejor genio. Pero, de otro lado,
¿quién quiere un periodista sacarinoso?
"De
no escribir mejor."
* Mónica
Palm es
reportera de La Prensa
de Panamá. Eesta entrevista fue publicada en ese
diario, y se reproduce con autorización expresa
de Miren
Gutiérrez, editora de
Negocios.
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