La prensa
latinoamericana en Internet
Juan
Luis Font*
Quien
visita la página de Clarín Digital, la
versión en Internet del diario Clarín,
de Argentina, puede encontrarse en Oslo, en Tokio
o en Sidney, que igual se enterará de si llueve
o ha escampado en Buenos Aires. Una cámara
actualiza una imagen de la ciudad cada cuarenta
segundos y le ofrece la gráfica al instante. El
visitante puede escuchar las dos emisiones
diarias del noticiero de Radio Mitre o entrar
virtualmente en una de las ocho imágenes de
sitios turísticos del país y hacer girar 360
grados las cámaras para ver a su alrededor, como
si se encontrara en medio de la fotografía.
Puede asistir a conferencias interactivas -como
la ofrecida por Adolfo Bioy Casares- y plantear
preguntas a los editores del diario que se
someten al interrogatorio durante una hora cada
día. También puede participar en una encuesta.
La primera que se llevó a cabo, después del
lanzamiento del diario electrónico el 14 de
marzo, preguntaba quién era mejor futbolista
entre Pelé y Maradona. El 84 por ciento de los
encuestados votó por el argentino.
A diferencia de
la mayoría de los más de 800 periódicos con
ediciones en Internet, Clarín Digital
aprovecha la red de computadoras para transmitir
imagen, sonido y texto. Esto hace de su versión
electrónica la más moderna entre los diarios en
castellano y una de las más atractivas de la
red.
No lejos de la
dirección electrónica del diario argentino, las
ediciones on line de El Norte, de
Monterrey, y Reforma, de Ciudad de
México, ofrecen a sus lectores &ndashademás
del contenido del diario impreso&ndash las
noticias frescas que un equipo de 300 reporteros
de cada diario actualiza a lo largo del
día.
La edición en
el Web de La Nación, de Costa Rica,
recibe cartas y mensajes dirigidos a oficinas y a
particulares en ese estado centroamericano desde
los 163 países con acceso a la red, los canaliza
hasta su planta telefónica en San José y desde
ahí los envía por fax sin cobrar nada a sus
usuarios.
Antes que el New
York Times se decidiera a lanzar su versión
en el Web, y con mucha menos cautela que El
País o El Mundo, de España,
diarios como Hoy, de Ecuador, El
Tiempo, de Bogotá y la revista Caretas,
de Perú, habían inaugurado ya sus páginas
electrónicas. En el curso de los últimos doce
meses, diarios y revistas de casi todos los
países de la región se les han unido. La
computadora, convertida en un gran estanco de
noticias, sirve para leer el Diario de Hoy,
de El Salvador, La Jornada, de México, El
País, de Uruguay o La Nación, de
Argentina. Prensa Libre, de Guatemala, El
Nacional, de Venezuela, COPESA, de
Chile y muchos nuevos medios se suman a Internet
constantemente.
Los periódicos
latinoamericanos coinciden en la red mundial de
computadoras con 175 diarios estadounidenses y
más de 600 de otras regiones del mundo. Juntos
exploran las nuevas tecnologías llamadas a
revolucionar la forma como se ofrece y se busca
la información y comparten la incertidumbre
sobre lo que depara esta red.
Maromas
para llegar
Lo extraño
habría sido que los diarios latinoamericanos no
lanzaran ediciones en Internet. La falta de
obstáculos para el acceso a la red, el bajo
costo de crear y operar una página en el Web y
la proliferación del uso de computadoras
personales en todo el mundo han llevado a cientos
de medios a iniciar su publicación.
La experiencia
ha sido, en palabras de Germán Sopeña,
secretario de redacción de La Nación,
de Argentina, "abrir una ventana al mundo,
una posibilidad de llegar al exterior y una forma
de fortalecer nuestra imagen de diario moderno
". O, como lo asegura Enrique Payarés, del
diario Hoy, de Ecuador, "una buena
oportunidad para explorar las nuevas
tecnologías".
Para Juan
Antonio Gallont, responsable de las ediciones on
line de Reforma y El Norte, de
México "es estratégico estar en la red
mundial. Existe todavía gran potencial en el
diario impreso pero hay muchísimo potencial en
Internet, y, si nuestra misión es llevar
información, el papel no es el único medio para
cumplir con ella".
Hacia principios
de 1995, al menos cuatro diarios en Ecuador,
México y Costa Rica estudiaban el lenguaje de
computadora HTML, por el cual se transmite en el
World Wide Web, y ensayaban sus propias ediciones
electrónicas. El San Jose Mercury, de
California, pionero en las nuevas tecnologías,
sirvió de modelo para los
exploradores.
En un inicio,
los diarios latinoamericanos en Internet
aparecieron como una copia idéntica del diario
impreso. Sin embargo, han envolucionado hasta
llegar a ediciones tan sofisticadas como la de Clarín
Digital o como la de El Tiempo, de
Colombia &ndashquizá la más fácilmente
navegable entre todas las versiones eletrónicas
de diarios de América
Latina&ndash.
Un cálculo
realizado por los responsables del lanzamiento de
La Nación, de Costa Rica, en el Web,
estima que un diario necesita $25.000 para abrir
su página. Según Armando Mayorga, editor de la
versión electrónica de La Nación, el
diario tuvo que realizar una conexión de fibra
óptica desde sus oficinas hasta el proveedor de
Internet en ese país, adquirir un computador con
un disco duro de dos gigas y 64 megas de memoria
Ram que contuviera la información completa del
diario y sus archivos, así como dos computadoras
para interpretar el tráfico digital y dos
terminales con 20 megas de memoria cada una. Ese
diario contrató dos periodistas con
conocimientos en computación y asignó un editor
para hacerse cargo de la versión en línea. El
costo de mantenerse conectado a Internet las 24
horas del día asciende a $1.000 mensuales para
este diario costarricense.
La Nación
tomó además la iniciativa de enviar su
dirección electrónica a la mayoría de los
mecanismos de búsqueda disponibles en la red.
Así, cuando un lector interesado en información
sobre Costa Rica solicita ayuda, es referido
rápidamente a este diario. No sucede lo mismo
con otros periódicos latinoamericanos. Ni Prensa
Libre, de Guatemala, ni El Diario de Hoy,
de El Salvador, son fácilmente localizables si
el interesado no cuenta con la dirección precisa
del medio.
Negocio
cuadrado
Hasta hoy,
ningún diario ha reportado ganancias de su
participación en Internet, pero casi todos
persiguen ese propósito. Los medios impresos
estadounidenses han ensayado tres maneras
distintas de hacerlo: la venta del acceso al
servicio electrónico, la venta de publicidad y
la utilización de la edición interactiva como
un gancho para conseguir nuevos suscriptores para
su versión impresa.
El diario San
Jose Mercury, que inició su publicación en
Internet en enero de 1995, ha puesto en práctica
todas las opciones conocidas hasta ahora para
obtener ingresos por una edición en línea. El
Mercury ofrece una combinación de áreas
gratuitas y áreas accesibles mediante el pago de
$4.95 mensuales. Sus visitantes pueden leer, sin
pagar un centavo, los titulares del día,
pequeños sumarios de las notas principales y
recorrer los anuncios clasificados. Quienes pagan
la mensualidad obtienen a cambio el texto
completo de las historias del día, acceso a las
noticias que se agregan cada hora, servicios
especiales provenientes de agencias noticiosas y
de cables, cómics y notas de opinión. Este
diario ha intentado además hacer de su versión
electrónica un valor agregado a su versión
impresa. Un suscriptor del diario en papel solo
necesita pagar un dólar más al mes para obtener
acceso a todas las áreas de ese sitio en el Web.
El USA Today, en cambio, solo ofrece una
pequeña porción de sus notas gratuitamente, y
las utiliza para atraer suscriptores, a los que
cobra $12.95 mensuales. Sin embargo, dos son los
grandes problemas para los diarios que cobran por
el acceso a sus páginas: Primero, casi todo
dentro de la Net es gratuito, y los sitios a los
que se paga por ingresar son mucho menos
visitados. Segundo, los mecanismos para realizar
cobros en la red aún no se encuentran
suficientemente desarrollados para asegurar a los
diarios que recibirán el importe de sus
suscripciones de forma rápida y
segura.
Diez años
atrás, la televisión por satélite se
encontraba en un momento semejante al que hoy
viven los diarios en Internet. Cualquiera que
pudiera captar la señal del satélite podía ver
su programación sin pagar un centavo. Pero, en
menos de una década, la aparición de
decodificadores obligó a las empresas de
televisión por cable y a los dueños de antenas
parabólicas a pagar para acceder a los canales.
"Nuestros críticos nos acusan de regalar en
el Web la información por la que cobramos en
nuestra versión impresa", asegura Gallont
de El Norte y Reforma, en
México, "pero nos encontramos en mitad de
un proceso. Estoy seguro que en un tiempo
cobraremos por el acceso a nuestra versión
electrónica, pero ahora Internet apenas empieza
a popularizarse."
En un
experimento, una empresa perteneciente al mismo
grupo, que se dedica a la venta de acceso a
Internet, ofreció una suscripción gratuita a
sus clientes. Los resultados no pudieron ser más
beneficiosos. Reforma adaquirió 45.000
nuevos suscriptores, y El Norte, 40.000,
cifras apetecibles a la hora de ofrecer su
producto a las agencias de
publicidad.
Anunciar
o no anunciar
Como la gran
mayoría de diarios en Internet, los diarios
latinoamericanos intentan vender publicidad para
agenciarse ingresos. La Nación, de
Costa Rica, El Norte y Reforma,
de México, y Hoy, de Ecuador han
abierto departamentos dedicados a la venta de
publicidad en sus versiones electrónicas y al
diseño de los sitios en donde se ubica el
mensaje de los anunciantes. Han encontrado
clientes tan variados como fabricantes de
vehículos, fundaciones no lucrativas de
desarrollo o tiendas de conveniencia. Contratar
una página de publicidad en La Nación,
de Costa Rica, cuesta entre $200 y $400
mensuales, y el diseño del sitio, $200 más. Las
cifras de este diario señalan que 1.200 personas
visitan su edición interactiva cada día. Hoy,
de Ecuador, en cambio, que sólo vende publicidad
para la versión electrónica accesible a los 500
suscriptores locales, cobra $1.200 anuales por
una publicación que ofrece hasta cinco páginas
distintas (conocidas en inglés como links) para
un mismo anunciante. El Norte y Reforma
cobran tarifas más elevadas ($3.000 por el
diseño y una mensualidad de $1.000), pero
ofrecen una audiencia mayor, entre 40.000 y
50.000 mil visitantes cada día.
Datos de El
Norte y Reforma revelan que cerca
del 60 por ciento de las 45.000 visitas diarias
que reciben son realizadas por personas que se
encuentran fuera de México. Esto hace suponer
que existe un mercado potencial significativo
para los medios de países con grandes números
de personas radicadas en el exterior. Medios de
Colombia, México, Venezuela o El Salvador, por
ejemplo, podrían encontrar un mercado apetecible
de connacionales con poder adquisitivo radicados
en Estados Unidos.
Los
costarricenses esperan que para 1997 el diario
electrónico sea ya autofinanciable. Por su
parte, los diarios mexicanos consiguieron
recientemente un valioso contrato con la cadena
de tiendas 7 Eleven para anunciarse durante la
fase final del campeonato mexicano de fútbol.
Sin embargo, estas alentadoras noticias no
opacan el escepticismo que todavía muestran
muchos anunciantes. Porque, sin excepción, los
responsables de las ediciones on line se quejan
de la desconfianza de los publicistas. Para
empezar, a las agencias publicitarias les
gustaría contar con un detallado perfil del
visitante cotidiano de los diarios electrónicos.
"En este momento es imposible tener
información exacta acerca de los lectores",
afirma Roberto Alonso, gerente comercial de
NetInc, de La Nación, de Costa Rica.
"Si se sabe que para tener acceso al diario
electrónico es necesaria una línea telefónica,
una computadora y el poder financiero para pagar
al proveedor de Internet, tenemos un breve perfil
del usuario", añade. A esto Gallont agrega:
"En nuestro país, quien posee una
computadora y está conectado a Internet procede
invariablemente de la clase media alta y alta, un
sector con poder adquisitivo, que es lo que los
publicistas buscan." Pero los anunciantes
querrían contar con mayores
certezas.
El mecanismo
más socorrido para resolver esta deficiencia es
utilizado por el New York Times, por Clarín
Digital, y ha sido ensayado por El Norte
y Reforma. Consiste en solicitar al
visitante que se registre antes de ingresar al
diario, resolviendo un cuestionario sobre el
lugar en donde vive, su edad, sus principales
intereses y otros datos generales. Otro método
es el que consiste en medir el número de veces
(hits, por su nombre en inglés) que es visitada
una página electrónica para determinar cuáles
son los sitios más convenientes para colocar
anuncios. Sin embargo, ninguno de estos
mecanismos satisface a los publicistas, que
insisten en estudios más detallados.
El problema
también lo enfrentan los diarios estadounidenses
en la red. La empresa Audit Bureau of Circulation
(ABC) inició en octubre de 1995 un ambicioso
proyecto para medir la audiencia en 47 grandes
medios estadounidenses que se transmiten por
medio de servicios on line. Entre ellos se
encuentran las versiones electrónicas de diarios
como el San Jose Mercury, el Saint
Petersburg Times y el Chicago Tribune.
Aunque hasta el momento no se conocen resultados
de este estudio, los reportes serán ofrecidos en
el sitio de ABC en el Web a partir del 1
de junio próximo.
Un informe dado
a conocer en febrero de 1996, de la organización
Electronic Market Place Report, dedicada a la
investigación del mercado de Internet, sostiene
que los ingresos totales por ventas de publicidad
en el World Wide Web durante enero se redujeron
en un 4.2 por ciento con respecto a diciembre del
95. En enero, asegura Electronic Market Place, se
vendieron $4.5 millones en publicidad, mientras
que en diciembre se habían vendido $4.7
millones. El informe concluye que los anunciantes
muestran escepticismo ante los resultados de la
publicidad en el Web.
Pequeños
mercados
El temor de que
las versiones electrónicas de los diarios acaben
con el ejemplar impreso parece poco sensato en
países desarrollados &ndashdonde el uso de
las computadoras personales se ha generalizado-,
pero es aún bastante más remoto en América
Latina. James Gleick, pionero de las
investigaciones en la red mundial duda que los
medios publicados en Internet puedan desplazar a
los diarios escritos, siquiera en el mediano
plazo, en una región como América Latina.
"Aún en Estados Unidos pasará mucho tiempo
antes de que suficientes personas posean
computadoras para sustituir a los periódicos
impresos", asegura.
Gleick, quien
escribe una columna de tecnología en el New
York Times Magazine, moderó recientemente
un foro entre lectores de la versión interactiva
del New York Times sobre el futuro de
los diarios. "Tomará tiempo, pero el uso de
las nuevas tecnologías se generaliza con
sorprendente rapidez, y todos los países, aun
los menos desarrollados, terminarán
incorporándose a la red por medio de
computadoras conectadas desde oficinas postales,
escuelas o bibliotecas públicas",
asegura.
La Asociación
Americana de Diarios (NAA por sus siglas en
inglés) anunció en enero que durante 1995 se
triplicó el número de periódicos
estadounidenses que se publican en Internet. La
cifra aumentó a 175. Pero, aun así, la prensa
de Estados Unidos confía en que la circulación
de los diarios impresos no se reducirá en el
corto o mediano plazo. Sólo en 1995, según NAA,
los periódicos de ese país invirtieron $1.200
millones en la renovación de sus imprentas. John
Sturm, el presidente del grupo, sostuvo, durante
la Superconferencia de Operaciones de Diarios,
celebrada en Miami Beach en febrero pasado, que
la aparición de más y más diarios en el Web no
representa una amenaza, sino más bien nuevas
oportunidades para los periódicos. "Los
diarios impresos no van a dejar de existir porque
resultan baratos, fáciles de llevar encima,
fáciles de leer, cómodos y constituyen para el
lector un vínculo con su comunidad",
dijo.
El limitado uso
de computadoras personales en América Latina
hace todavía menos probable que los diarios
electrónicos desplacen a los diarios impresos
como medios de comunicación. Los diarios
latinoamericanos en Internet cuentan hasta ahora
con pocos datos sobre el tamaño del mercado al
que llegan. Sopeña de La Nación, de
Buenos Aires, asegura que en promedio, acceden a
su edición electrónica 7.000 veces al día,
mientras que a El Norte y Reforma,
de México, acceden en cerca de 45.000 ocasiones
diarias. Pero estas cifras resultan poco precisas
debido a que las programas contabilizan las veces
que se abre una página (hit) sin discriminar si
se trata de un mismo usuario que regresa al punto
en repetidas ocasiones o de un nuevo visitante.
Según Alberto Amato, editor de Clarín
Digital, cifras estimadas por compañías
telefónicas de Argentina señalan que el número
de usuarios de Internet en su país no rebasa los
20.000. En otros países, como Ecuador, donde la
empresa Servidatos suministra el acceso a la Net
a 500 usuarios, o Costa Rica, donde la versión
de La Nación en Internet es visitada
por 1.200 personas al día, mientras el tiraje
diario es de 110.000, la idea de la sustitución
de un medio por el otro suena descabellada. Más
aún, en México la posibilidad de que el uso de
computadoras personales llegue a generalizarse se
ha visto frenado por la crisis económica. Las
ventas de computadoras cayeron en un 45 por
ciento entre 1994 y 1995.
Predicciones
de los futurólogos
Para expertos
como Esther Dyson, directora de la Fundación de
la Frontera Electrónica, Internet y los medios
en línea serán más provechosos para quienes
aprendan a utilizar sus posibilidades de
transmitir imagen y sonido al mismo tiempo que
texto. Algo parecido a lo que Clarín Digital
ha hecho al añadir a sus textos los noticieros
de Radio Mitre y las cámaras en Buenos
Aires que, durante algún evento especial
&ndashel día de elecciones generales, una
manifestación importante&ndash, pueden
transmitir la imagen del sitio junto con la
abundante información de un medio escrito.
Alberto Amato, editor de Clarín Digital,
sostiene: "Planificamos durante mucho tiempo
nuestra edición, quisimos poner el acento en los
recuros que ofrece Internet y no simplemente en
reproducir el ejemplar impreso." El
resultado es un diario que, además del sonido y
las imágenes, utiliza la capacidad de
interactuar entre el lector y el medio. Se ponen
en práctica con regularidad conferencias y foros
de discusión, en los que el lector puede hacer
preguntas y obtener una respuesta en el momento.
Y, a juicio de Dyson, los medios más exitosos en
Internet funcionarán como especies de "talk
shows" con una gran dosis de participación
del público y una inevitable pérdida de poder
del control de calidad de parte de los editores,
debido a las transmisiones en vivo.
El magnate de
las computadoras y presidente de Microsoft, Bill
Gates, sostiene una teoría semejante. La visión
de Gates de lo que serán los medios de
comunicación en el futuro, debido al desarrollo
de Internet, se inclina también por conjugar
imagen de fotografías y vídeo, sonido y texto
para transmitir las noticias. En diciembre de
1995 fue anunciado un acuerdo entre Microsoft y
la cadena de televisión NBC para
explorar juntos las posibilidades de aprovechar
la televisión por cable y los servicios en
línea para proporcionar noticias y
entretenimiento.
Si a esto se
suma el reciente anuncio de la cadena de
televisión NBC de encontrarse a punto
de lanzar la tecnología que permita al usuario
recibir imagen de vídeo y sonido, por medio de
la red de computadoras, en tiempo real, esto es,
sin tener que esperar a que la computadora reciba
las imágenes y el sonido, las cargue en su disco
duro y luego las proyecte, es fácil augurar un
sorpredente desarrollo en los medios de
comunicación.
Según los
informes de NBC, el usuario podrá
elegir, a su gusto, entre un variado menú, las
películas, los espectáculos, las entrevistas y
reportajes que le interesen y escucharlos y
verlos en el momento que mejor le
convenga.
Estos avances
vendrán necesariamente a transformar la
concepción que hoy se tiene de los diarios como
vehículos de información escrita. Sin duda, al
conjugar otros elementos como sonido e imagen,
sobre todo si esto se produce en tiempo real y en
vivo, se estará a las puertas de un nuevo medio
de comunicación y no de un diario como se conoce
hoy en día.
Es difícil
aventurar sobre lo que pueda esperarse de la
evolución de Internet y del desarrollo de las
nuevas tecnologías. Es difícil prever cómo
sobrevendrá el éxito económico para quienes
experimentan con los nuevos medios, o si dejarán
de ser útiles las actuales versiones de diarios
electrónicos por la aparición de grandes grupos
de multimedios transmitidos por Internet. El
proceso de desarrollo de los medios en la red
apenas ha comenzado.
* Juan
Luis Font,
periodista guatemalteco.
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