LIBRO
La
democratización de los medios
"Creemos en una
escuela que despierte los sueños de nuestra
juventud,
que cultive la solidaridad, la esperanza y el
deseo de aprender, enseñar y transformar el
mundo."
MST (Movimiento de
los Sin Tierra. Brasil)
Manuel
Chaparro *
Nos
estamos acercando irremisiblemente al final de un
milenio, al inicio de un nuevo siglo que estará
marcado, con seguridad, por los mayores progresos
que la ciencia conocerá, fruto de los
extraordinarios desarrollos científicos
realizados, básicamente, en las últimas
décadas. Hemos creado ingenios no tripulados
capaces de navegar y explorar el espacio de
nuestro sistema solar, estamos a punto de
conseguir el mapa genético completo, descubierto
la producción de energías alternativas no
contaminantes, procesar millones de datos en
segundos con equipos miniaturizados, crear
autopistas de información que alcanzan todos los
rincones del planeta... Visto así parecería que
los seres humanos nos acercamos cada día más a
un mundo capaz de ofrecer soluciones para todos y
a todo.
La balanza, sin
embargo, no está ni mucho menos equilibrada.
Todo cuanto hacemos parece estar exclusivamente
orientado a satisfacer ambiciones de mercado, es
decir, a proveer de más riqueza a una minoría
privilegiada y acaparadora. Un hecho que,
incluso, parece estar socialmente aceptado y
relacionado con el propio destino modificable,
sólo, por el azar. Los mensajes propalados por
los medios de comunicación, uniformadores de
valores cada vez más universales y carentes de
cualquier energía vital constructiva,
contribuyen a ello.
Todo el
beneficio que esta sociedad es capaz de generar
sólo sirve, mayoritariamente, para perpetuar
conductas etnocentristas, posiciones dominantes
en las relaciones culturales y económicas. En
definitiva; los aspectos más perversos de los
seres humanos, o debiéramos decir, en este caso,
del hombre como género dominador.
Antes nos
movilizan las imágenes de marcas comerciales,
que los asuntos de conciencia y las expresiones
públicas en pro de la resolución de los
problemas trascendentales que afectan a la
humanidad. De esta forma a las escasas y
minoritarias manifestaciones en demanda de paz
para Kosovo, hemos contemplado coberturas
informativas festivas de los rostros de éxito en
las 625 líneas apoyando, hamburguesa en mano,
acciones como la de la Fundación Ronald
McDonald, sin que ni siquiera se conozcan sus
objetivos, sus fines. La multinacional de la
hamburguesa se da un baño de publicidad gratuita
y sin hacer aportaciones de sus enormes
beneficios recauda fondos sin fines concretos
invitando a consumir sus productos. Nada se dice
acerca de sus intereses ganaderos que han
terminado por deforestar zonas vitales de la
Amazonia. Tenemos una nueva ONG dedicada a paliar
el hambre del mundo vendiendo hamburguesas. No es
un ejemplo único, otras firmas de refrescos y de
la seudoalimentación se dedican también a
explotar las conciencias y mejorar sus ventas con
estas estrategias.
La revolución
científica que debería contribuir a solucionar
los graves problemas a los que se enfrenta una
humanidad cada día con más desiguales, no es
capaz de desequilibrar esta balanza de manera
favorable. Los últimos descubrimientos médicos
de impacto en los medios de comunicación han
destacado más por los costes para sus
potenciales usuarios y los beneficios que rentan
a sus descubridores, que por las soluciones que
aportaban a los problemas de salud. No sólo la
desideologización social cuenta como causa
principal en este fenómeno, también la pérdida
o la inexistencia de una conciencia crítica en
la sociedad.
Es aquí donde
los medios de comunicación debieran jugar un
papel trascendental y, fundamentalmente, los
medios audiovisuales, los de mayor impacto y los
únicos cuya descodificación es universal. Es
necesario defender la democratización de los
medios, de las redes de comunicación, del
espacio radioeléctrico, de los usos
tecnológicos, para que el pensamiento único,
traducido hoy en mero afán de posesión y
consumo, tienda a aprovechar las sinergias de los
desarrollos realizados por la ciencia.
Suscitar esta
conciencia, buscar apoyos firmes para las
políticas democratizadoras de los medios ha sido
el objetivo fundamental del II Congreso de Radios
y Televisiones Públicas, Locales y Alternativas.
Medios de base, comunitarios, de estructuras de
dirección horizontal y potenciadores de la
conjugación entre lo local y lo global. Estos
medios ampliamente reivindicados por la sociedad
civil son auténticos catalizadores sociales
donde están presentes las nuevas corrientes de
pensamiento relacionadas con la participación y
la cogestión de los medios, donde la
configuración de la agenda diaria se rige por
otros intereses ajenos a los poderes que
controlan los grandes multimedias.
El futuro
tecnológico que se dibuja presenta, por un lado,
todos los alicientes necesarios para ser
optimistas: la digitalización de las emisiones
terrestres hará posible una mayor presencia de
canales tanto en radio como en televisión. Pero,
por otro lado, se adivina que la concentración
del mercado difusor se mantendrá, favoreciendo a
los mismos operadores. De esta manera, sin que el
audiovisual español haya resuelto la convivencia
entre los medios alternativos sin ánimo de lucro
y los comerciales, se pretende dar un salto
meramente cuantitativo y cualitativo sólo en sus
aspectos técnicos, sin prever el impacto
regresivo que la exclusividad de los contenidos
comerciales y la ausencia de criterios de
servicio público puedan tener sobre la sociedad.
El debate acerca
de la democratización de las telecomunicaciones
está directamente relacionado con la superación
de un déficit democrático histórico. El fin de
los monopolios públicos en Europa significó un
primer paso para terminar con el control
paternalista de los medios por parte del Estado,
pero ha significado también el abandono de los
fines de servicio público que regían en los
medios audiovisuales. Importa el share, la
cuota de presencia porcentual en los hogares, que
permite el objetivo único de rentabilizar el
servicio, sólo, desde una perspectiva comercial,
mediante la introducción de programas
potenciadores de los denominados instintos vagos.
En países como España donde no se ha creado una
autoridad audiovisual independiente con capacidad
ejecutiva y sancionadora, este problema aún se
acusa más.
Por otra parte,
la ausencia de esta figura elemental e
imprescindible no termina de favorecer un
desarrollo óptimo de los medios locales como
catalizadores del principio básico que da
sentido a nuestra democracia: la participación.
La debilidad de nuestra sociedad civil reside en
el hábito asentado que relaciona;
participación, con el ejercicio de delegar
responsabilidades una vez cada cuatro años.
En todos los
órdenes la participación se convierte en el
activo más importante de una sociedad. Los
medios locales comunitarios, públicos o
asociativos, son imprescindibles para hacer
rentables los valores de progreso que trata de
socializar el sistema educativo en las
generaciones que tendrán que decidir el destino
futuro. Valores que no siempre tienen reflejo en
los comportamientos sociales generales, ni en la
prédica mediática de nuestro sistema
audiovisual. En este sentido, el paisaje actual
de la radio y la televisión no ha terminado, al
menos en España, por hacer compatible la
coexistencia en términos de igualdad entre los
distintos niveles; locales, regionales y
nacionales o estatales, en el que estos dos
sistemas de comunicación de masas deben estar
presentes.
Estas son
algunas de las premisas contenidas en este libro
fruto de la reflexión de expertos cuyas
experiencias vitales constituyen aportaciones de
máximo interés. Es incuestionable que, tarde o
temprano, se pondrán en marcha los resortes que
permitan optimizar socialmente los recursos de la
radio y la televisión, pero igual de
incuestionable es, también, el hecho de que un
mayor retraso conducirá a tener que reparar un
daño mayor, el de un mercado que avanza sin
control hacia la desregulación: el abandono del
concepto del servicio público, la privatización
del espacio radioeléctrico, la
desproporcionalidad entre la oferta y la demanda
reflejada en la abundancia de contenidos
estériles y la imposibilidad de atender
criterios democráticos de representatividad y
participación.
Sólo
reconociendo esta fea realidad, magnificada en
sus aspectos negativos, podemos permitirnos ser
más optimistas a la hora de reivindicar y
afrontar la modificación de las reglas del
juego.
La Séptima
Asamblea Mundial de la Radio Comunitaria, Amarc
7, celebrada en agosto de 1998 en Milán debatió
los problemas de la digitalización de las
frecuencias y la ausencia o exclusión de las
emisoras alternativas de los distintos foros
constituidos en torno al Digital Audio
Broadcasting. Ni siquiera en los países
desarrollados se ofrecen garantías suficientes
que hagan posible la existencia futura de los
medios comunitarios en la banda reservada a las
emisiones digitales.
En muchos
países del mundo, gran parte de América, se
sigue limitando el derecho de acceso; la
condición de emisor, a la capacidad económica
de comprar la licencia facultativa. Es absurdo
hablar de democracia y someter el principio de
igualdad a la disponibilidad económica que
permite la ocupación y privatización de
espacios de dominio público con el sólo objeto
de obtener el beneficio de un sistema que no
habla de iguales.
La hipocresía
de nuestras democracias, del actual sistema de
mercado dominante, de la libre competencia entre
desiguales, no nos deja ver la importancia de
replantear el carácter participativo de la
sociedad civil. El proceso de marginalización
del individuo, fundamentalmente en las sociedades
más desarrolladas, favorecido por su
consideración como instrumento productor de
bienes, empobrece y determina nuestro sistema
democrático.
En el fondo de
todo ello lo que subyace es la monopolización de
la opinión por un sector mediático con
vinculaciones cada vez más estrechas a intereses
empresariales ajenos a la comunicación.
Fenómeno que extermina corrientes de opinión
que exigen no sólo mayor pluralidad, sino mayor
identificación con el espíritu que predican
nuestras constituciones.
La actual
aparición de un mayor número de medios locales,
en casos como el de España, no siempre tiene que
ver con una mayor pluralidad. Ante la falta de
una voluntad reguladora aparecen intereses de
todo tipo en el ámbito de los medios locales,
entre los que, desgraciadamente, vuelven a
dominar los especulativos: medios privados
vinculados a intereses políticos locales, a
grandes grupos de comunicación, e incluso,
aunque en menor medida, instrumentalizados
directamente desde el poder local bajo el
eufemismo de "públicos". Una
parafernalia mediática que en nada contribuye a
un ejercicio de higiene democrática.
En qué sentido
podemos hablar de una sociedad más desarrollada
por contar con mayor número de medios
audiovisuales, locales, regionales o nacionales.
Es que los 238 sistemas emisores de televisión
existentes en Andalucía o los más de 700
existentes en España acercan a este país a
sociedades más asentadas y evolucionadas del
norte de Europa. Desde luego no en los
parámetros en que lo hacen países como, por
ejemplo, Holanda, donde los requisitos de
participación social y ausencia de lucro son
imprescindibles para garantizar el acceso a la
condición de emisor, donde el equilibrio entre
los medios comunitarios locales, presentes en el
90 por ciento del territorio, y los de difusión
estatal, es modélico.
No parece ni
mucho menos que este sea el caso español. La
responsable de las relaciones externas del CSA,
Isabelle Mariani, ponente de este Congreso
calificó el paisaje francés anterior a la
intervención de la Autoridad Audiovisual como de
Far West, un calificativo que ante los
despropósitos del actual gobierno y la debilidad
de la anterior legislatura es complemente
extrapolable a España.
Ningún gobierno
ha tenido la valentía de legislar dando amparo a
los medios asociativos. La Ley de las Emisoras
Municipales aprobada en 1991 no ha garantizado a
los ayuntamientos disponer de la concesión
definitiva para la prestación del servicio. La
Ley de Televisiones Locales por Ondas de 1995 no
se ha desarrollado ante la negativa del gobierno
central a la planificación del espectro y el
mercado ha seguido creciendo sin control. A estas
deudas históricas de nuestro sistema
democrático se añaden las recientes decisiones
orientadas a favorecer aptitudes monopolísticas
en la televisión privada de cobertura estatal al
posibilitar paquetes accionariales de hasta un 49
por ciento, o la supresión de la obligatoriedad
de que las acciones de las empresas radiofónicas
sean nominativas, lo que no ayuda a la
transparencia en la propiedad de los medios.
Medidas, estas últimas tomadas sin debate
previo, ni negociaciones de consenso. El mismo
camino de insensateces parece conducirnos a
próximas regulaciones en torno a la radio y la
televisión digital terrestre. Los intereses
económicos y el control de la opinión pública
han dominado en estas decisiones por encima de
criterios de racionalidad y aprovechamiento de
recursos en beneficio de la ciudadanía.
Los criterios de
reserva del espacio radioeléctrico se proyectan
siempre favoreciendo y respetando a los grandes
grupos multimedias. Actualmente, en países como
Argentina, Uruguay, Paraguay o Brasil, todos
ellos inmersos en amplios procesos
democratizadores, se asiste a la amenaza de
cierre discriminado de los medios comunitarios
asociativos que tanto han venido y vienen
aportando a la modernización de sus sociedades,
a reimplantar la cultura de la participación y
de la utilización de la democracia. Todo ello,
por supuesto, ante el silencio cómplice de los
grupos dominantes que no entienden de esta
necesaria coexistencia situada más allá del
estricto marco de la competitividad especulativa.
Fue enormemente
satisfactorio, en cambio, ver como otro país,
sumido en el caos de las reyertas armadas, ha
legislado muy positivamente en favor de los
medios comunitarios. Las leyes colombianas,
recientemente, amparan la existencia de los
modelos comunitarios de radio y televisión, y
sus autoridades han empezado a considerarlos
herramientas básicas para el desarrollo social
y, fundamentalmente, para rescatar a una tropa de
jóvenes sin ocupación y sin perspectivas,
presas de los cárteles y los grupos armados. Es
gratificante saber que experiencias como las
narradas en el anterior Congreso, celebrado en
Jerez, por la periodista Silvia Posada en torno a
las teledifusoras barriales de Medellín, han
propiciado un activismo social de gran calado y
suscitado motivación entre quienes aspiran a
dejar de vivir en la miseria. ¿Puede en este
progreso residir el miedo de quienes ya poseen lo
que otros también reclaman en justicia?
Por muy
utópicos que a priori puedan parecer los
planteamientos, debates, reflexiones y
conclusiones aquí expresadas, fruto del II
Congreso de Radios y Televisiones Locales
Públicas y Alternativas, es digno de destacar el
grado de aplicaciones prácticas puestas en
marcha por actores locales comprometidos con la
búsqueda de nuevas identidades culturales en
torno a valores de progreso y sus óptimos
resultados, con ello se cumplen dos objetivos
fundamentales de este foro: agitar las
conciencias y promover nuevos diseños
comunicacionales, las ponencias aquí reunidas
son buena muestra de ello.
Este segundo
Congreso consiguió, nuevamente, suscitar el
interés de responsables y trabajadores de medios
locales, de miembros activos de la comunidad
universitaria y la sociedad civil, venidos de
todas las comunidades autónomas. La
satisfacción de una red como EMA-RTV por poder
contribuir al clima de debate y a una mayor
concienciación social lleva implícito el
compromiso de la defensa y divulgación de las
conclusiones del foro. Si el impacto del
audiovisual es hoy incuestionable, lo escrito en
estas páginas goza de la perdurabilidad, de la
capacidad de retener el tiempo y la memoria
colectiva.
*
Manuel Chaparro es
periodista y profesor de la Universidad de Málaga, donde coordina el doctorado Medios
Regionales. Este texto es la introducción del
libro La Democratización de los Medios
(Memoria del III Congreso de la Radiotelevisión
pública local y alternativa),
publicado por la Asociación
de Emisoras Municipales de Andalucía de Radio y
Televisión (EMA-RTV, de la
que también es director) y la Diputación de
Sevilla. Esta es su primera colaboración para Sala de Prensa.
|