El poder
político y
el derecho a la información
Benjamín
Fernández Bogado *
La
relación entre la prensa y el poder ha estado
siempre turbada de áreas blancas, negras, pero
más grises. La prensa disfruta de esa metáfora
del cuarto poder, y el poder político trata por
todos los medios de utilizarse para engañar o
mentir. Esta es la apreciación más conocida y
hasta simplista de esta relación, pero no lo
explica todo y menos aun la agota.
La relación
entre el poder político, mirado desde la primera
de las perspectivas, parece indicarnos (como
aquel estratega chino Sun Tzu muy referenciado
por algunos, quien decía que la "guerra se
fundamenta en el engaño"), que muchos
políticos entienden que la mentira o la
manipulación de la prensa constituyen factores
fundamentales a la hora de gobernar exitosamente.
Estos no tienen en cuenta que, sin embargo, ambos
se necesitan para crear una democracia. Thomas
Emerson lo decía muy bien cuando afirmaba que la
"libertad de expresión es un método que
asegura una comunidad estable donde la búsqueda
del consenso se transforma en el elemento
fundamental de la democracia. Emerson explicaba
aún mejor esto diciendo que suprimir la libertad
de expresión implica la imposibilidad de tomar
decisiones racionales sustituyéndola por la
violencia, y esto porque la supresión promueve
la inflexibilidad impidiendo a la sociedad
ajustarse a los cambios o al desarrollo de nuevas
ideas y, lo que es peor, impide que la sociedad
conozca sobre los hechos más trascendentes que
hacen a su vida cotidiana". En cambio una
libertad de expresión responsable hace que la
sociedad esté incluso más dispuesta a
participar en decisiones que vayan en contra de
sus intereses, porque simplemente han tomado
parte de ella. Incluso es bueno para el poder
político porque retiene los resortes de la
administración, promueve la unidad e impide el
uso de la fuerza. Por lo tanto la libertad de
expresión y de prensa provee el marco dentro del
cual los conflictos ocurren sin destruir a la
sociedad. Es un mecanismo esencial para mantener
el adecuado balance entre la estabilidad y el
cambio.
Nada resulta tan
actual como ese concepto en nuestra democracia.
Cómo usar la libertad para promover los cambios
sin caer en la incertidumbre o el resentimiento o
sin destruirnos en el intento de crear un país
libre y democrático. Y es ahí donde la prensa
tiene una gran responsabilidad y donde el poder
político debe comprender que la prensa no es una
enemiga sino una aliada. Ambos se necesitan para
construir con la verdad espacios de desarrollo y
de prosperidad. No son adversarios, sino partes
esenciales de un mismo todo. Es la verdad el
fundamento de la democracia, no el engaño -como
lo sugiere Tzu-, y si en la guerra la primera
víctima es la verdad deberíamos hacer que en la
paz ella sea la única sostenida en el ejercicio
de un gobierno transparente al que la prensa y
los ciudadanos puedan acceder de manera fácil y
directa. Nada enerva más la reacción popular
que una prensa manipulada o al servicio de
intereses particulares, o nada vuelve más
distante a un gobierno que no se somete con
transparencia al conocimiento del pueblo.
Gorvachov creía
que podía ser transparente con la glassnot
soviética, manteniendo la misma estructura de
gobierno. El resultado demostró que la
transparencia y la democracia constituyen una
misma cosa y que esconder las cosas sólo la
vuelve distante y poco apreciada, lo que aumenta
los niveles de nostalgia hacia los regímenes
autoritarios. El valor fundamental de la
democracia queda así en entredicho apurando el
recuerdo de los tiempos del silencio y su falsa
eficiencia, para desgracia de la democracia que
se quiere mantener.
*
Benjamín Fernández Bogado es un periodista y abogado paraguayo,
colaborador de Sala de Prensa, fundador y presidente del Instituto Prensa y
libertad, de Asunción,
organización dedicada a la reflexión del rol de
los medios en democracia. Acaba de terminar un
programa como becario Nieman en la Universidad de Harvard, en Cambridge (USA).
|