Estrategias
de investigación
Leonarda
Reyes *
Para
quienes hemos pasado años en las redacciones, el
reportaje de investigación puede significar dos
cosas. La primera, una reiteración innecesaria
porque yo siempre investigo, la segunda: ¿investigar?,
sí cómo no, cuando termine las cuatro o cinco
notas de hoy, los dos boletines y las dos
llamadas para afinar detalles antes del cierre.
Ah, y tengo qué decir a mi jefe qué traigo
para mañana.
Quienes pueden
dar la primera respuesta trabajan en medios que
han alentado una tradición de independencia y
crítica periodística, o pertenecen a equipos de
investigación que en muchas organizaciones
todavía son un lujo. La segunda respuesta es
más común y refleja una dinámica en la que
muchos nos sentimos atrapados.
Hoy es posible
profundizar en temas antes vedados e investigar
asuntos impensables hace diez años pero nos
"come" el tiempo. Con frecuencia
sabemos que detrás de lo que publicamos hoy hay
mucho más y nos decimos que si tan sólo
tuviéramos tiempo suficiente para hacerlo
nuestro trabajo periodístico sería realmente
significativo.
La situación
puede llegar a ser tan frustrante que nos
preguntamos si lo que hacemos a diario es en
realidad periodismo, si para ello fuimos a la
universidad, comemos a deshoras, tenemos pocos
amigos y un desencanto quincenal acorde a la
cantidad del sueldo. Entonces es cuando pensamos
si no sería mejor dedicarnos a algo más
redituable, por ejemplo la publicidad.
Como editor
puedo decir que el mejor reportaje de
investigación es el que no requiere ningún
presupuesto, que está listo en poco tiempo y es
tan impactante que irá en portada o será la
mejor información en el noticiero de la noche.
La expresión de un editor no es de felicidad
cuando el reportero viene a proponerle una
investigación que requiere, ¿cuánto?, ¿una
semana?, ¿y quién va a llenar las páginas?
¿Cómo
investigar en poco tiempo, con escasos recursos,
y sin haber sido beatificados?
Veamos un
segundo caso que podemos llamar frustración
sofisticada porque el reportaje que llamamos de
investigación, para el que tuvimos tiempo y
recursos, pero nos dejó igualmente insatisfechos
porque no encontramos lo que queríamos, ninguna
revelación que convulsione a la opinión
pública, nuestro reportaje no cambiará nada y
sabemos que había más, tiene que haber más,
pero ya utilizamos tanto tiempo que el editor nos
urge a terminar. "Estirarlo" más no
deja claro, de todos modos, hacia dónde
iríamos. En el mejor de los casos entregamos
reportajes impecables que en algún lugar
perdieron la "chispa" periodística que
tratamos recuperar a través de un lenguaje
colorido.
Revisemos el
proceso: yo reportero vengo con una excelente
idea al editor, logro entusiasmarlo, el tema es
sexy, de esos que suenan a escándalo seguro y
que a los periodistas nos encantan: narcotráfo,
tráfico de órganos, tráfico de niños,
corrupción militar, política, corrupción de
cualquier tipo, prostitución infantil...
Cuando
conseguimos el sí del editor el primer
impulso es correr al teléfono, hacer cita con
los personajes más visibles, con quien pueda
darnos cifras, y ya veremos después de éstas
entrevistas con quién más debemos hablar.
Un momento. Si
queremos realmente investigar, falta planeación.
¿Planear? A los
periodistas no nos gusta la palabra. Planean los
ingenieros, los arquitectos, nosotros tenemos
instinto, olfato, y otros ingredientes como
inspiración y corazonadas. Llamemos entonces al
proceso de otra manera, ¿qué tal maquinar,
fraguar, el reportaje? La más elemental
pregunta, al inicio de este maquinar es: ¿exactamente
qué quiero probar?
Por más vuelta
que le demos sólo hay tres tipos de
investigaciones, a instituciones, a individuos
y asuntos, y las tres se entrecruzan
más tarde o más temprano. Por ejemplo, cuando
investigamos el transporte de desechos peligrosos
a través de la frontera, al seguir la pista muy
frecuentemente instituciones e individuos
estarán involucrados.
¿Exactamente
qué quiero probar?, puede ser evidente en
ocasiones, otras veces la respuesta será no
sé, porque después de todo los periodistas
no tenemos que ser expertos en nada y al
principio del reportaje puede no ser tan claro,
pero hay técnicas para acercarnos a una
respuesta desde el comienzo. Saberlo nos ayudará
a mantener el objetivo, permitirá ir más allá
del reportaje de recopilación y hasta nos
dirá cuándo darlo por terminado, porque una
investigación criminal, por ejemplo, concluye al
encontrar al culpable, una investigación
científica acaba cuando la hipótesis queda
comprobada; la investigación periodística debe
termina cuando probamos el móvil del
reportaje, que también puede ser llamado
hipótesis, objetivo, idea.
Hay estrategias
que los periodistas aplicamos a diario y
funcionan, pero a la hora de un reportaje no las
hacemos extensivas, por ejemplo lo que llamo Estrategia
del oponente, una manera de cercar, copar, a
una fuente clave para un reportaje, renuente a
cualquier entrevista porque su interés es
conservar todo en la obscuridad. Sobre todo
cuando hay dinero de por medio, hay enemigos,
competidores, excontadores, exclientes y
posiblemente hasta demandas: ellos son los
oponentes, aquellos interesados en exhibir al
investigado porque han sido agraviados de alguna
manera.
Estrategias de
investigación es lo que requerimos a diario para
dejar atrás el periodismo de transcripción;
formas para investigar al gobierno, a individuos
y organizaciones que están minando a la
sociedad, requerimos de técnicas que conduzcan a
hallazgos y no a simples resúmenes interesantes
para ver asuntos en perspectiva, poco eficaces
para contribuir a una mejor sociedad.
¿Y el tiempo?
Podemos pensar en investigaciones progresivas,
una manera que no pondrá de mal humor a nuestro
jefe y aportará a las páginas de hoy.
Desde luego, las
estrategias funcionan también si tenemos todo el
tiempo en nuestras manos.
*
Leonarda Reyes es una experimentada reportera
mexicana, radicada en Canadá. Este texto es una
síntesis de su participación en el Diplomado en Periodismo
de Investigación que
imparte el semanario Proceso
en la Universidad
Iberoamericana, en la
Ciudad de México. Esta es su primera
colaboración para Sala de Prensa.
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