Sala de Prensa


26
Diciembre 2000
Año III, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Estrategias de investigación

Leonarda Reyes *

Para quienes hemos pasado años en las redacciones, el reportaje de investigación puede significar dos cosas. La primera, una reiteración innecesaria porque yo siempre investigo, la segunda: ¿investigar?, sí cómo no, cuando termine las cuatro o cinco notas de hoy, los dos boletines y las dos llamadas para afinar detalles antes del cierre. Ah, y tengo qué decir a mi jefe qué traigo para mañana.

Quienes pueden dar la primera respuesta trabajan en medios que han alentado una tradición de independencia y crítica periodística, o pertenecen a equipos de investigación que en muchas organizaciones todavía son un lujo. La segunda respuesta es más común y refleja una dinámica en la que muchos nos sentimos atrapados.

Hoy es posible profundizar en temas antes vedados e investigar asuntos impensables hace diez años pero nos "come" el tiempo. Con frecuencia sabemos que detrás de lo que publicamos hoy hay mucho más y nos decimos que si tan sólo tuviéramos tiempo suficiente para hacerlo nuestro trabajo periodístico sería realmente significativo.

La situación puede llegar a ser tan frustrante que nos preguntamos si lo que hacemos a diario es en realidad periodismo, si para ello fuimos a la universidad, comemos a deshoras, tenemos pocos amigos y un desencanto quincenal acorde a la cantidad del sueldo. Entonces es cuando pensamos si no sería mejor dedicarnos a algo más redituable, por ejemplo la publicidad.

Como editor puedo decir que el mejor reportaje de investigación es el que no requiere ningún presupuesto, que está listo en poco tiempo y es tan impactante que irá en portada o será la mejor información en el noticiero de la noche. La expresión de un editor no es de felicidad cuando el reportero viene a proponerle una investigación que requiere, ¿cuánto?, ¿una semana?, ¿y quién va a llenar las páginas?

¿Cómo investigar en poco tiempo, con escasos recursos, y sin haber sido beatificados?

Veamos un segundo caso que podemos llamar frustración sofisticada porque el reportaje que llamamos de investigación, para el que tuvimos tiempo y recursos, pero nos dejó igualmente insatisfechos porque no encontramos lo que queríamos, ninguna revelación que convulsione a la opinión pública, nuestro reportaje no cambiará nada y sabemos que había más, tiene que haber más, pero ya utilizamos tanto tiempo que el editor nos urge a terminar. "Estirarlo" más no deja claro, de todos modos, hacia dónde iríamos. En el mejor de los casos entregamos reportajes impecables que en algún lugar perdieron la "chispa" periodística que tratamos recuperar a través de un lenguaje colorido.

Revisemos el proceso: yo reportero vengo con una excelente idea al editor, logro entusiasmarlo, el tema es sexy, de esos que suenan a escándalo seguro y que a los periodistas nos encantan: narcotráfo, tráfico de órganos, tráfico de niños, corrupción militar, política, corrupción de cualquier tipo, prostitución infantil...

Cuando conseguimos el del editor el primer impulso es correr al teléfono, hacer cita con los personajes más visibles, con quien pueda darnos cifras, y ya veremos después de éstas entrevistas con quién más debemos hablar.

Un momento. Si queremos realmente investigar, falta planeación.

¿Planear? A los periodistas no nos gusta la palabra. Planean los ingenieros, los arquitectos, nosotros tenemos instinto, olfato, y otros ingredientes como inspiración y corazonadas. Llamemos entonces al proceso de otra manera, ¿qué tal maquinar, fraguar, el reportaje? La más elemental pregunta, al inicio de este maquinar es: ¿exactamente qué quiero probar?

Por más vuelta que le demos sólo hay tres tipos de investigaciones, a instituciones, a individuos y asuntos, y las tres se entrecruzan más tarde o más temprano. Por ejemplo, cuando investigamos el transporte de desechos peligrosos a través de la frontera, al seguir la pista muy frecuentemente instituciones e individuos estarán involucrados.

¿Exactamente qué quiero probar?, puede ser evidente en ocasiones, otras veces la respuesta será no sé, porque después de todo los periodistas no tenemos que ser expertos en nada y al principio del reportaje puede no ser tan claro, pero hay técnicas para acercarnos a una respuesta desde el comienzo. Saberlo nos ayudará a mantener el objetivo, permitirá ir más allá del reportaje de recopilación y hasta nos dirá cuándo darlo por terminado, porque una investigación criminal, por ejemplo, concluye al encontrar al culpable, una investigación científica acaba cuando la hipótesis queda comprobada; la investigación periodística debe termina cuando probamos el móvil del reportaje, que también puede ser llamado hipótesis, objetivo, idea.

Hay estrategias que los periodistas aplicamos a diario y funcionan, pero a la hora de un reportaje no las hacemos extensivas, por ejemplo lo que llamo Estrategia del oponente, una manera de cercar, copar, a una fuente clave para un reportaje, renuente a cualquier entrevista porque su interés es conservar todo en la obscuridad. Sobre todo cuando hay dinero de por medio, hay enemigos, competidores, excontadores, exclientes y posiblemente hasta demandas: ellos son los oponentes, aquellos interesados en exhibir al investigado porque han sido agraviados de alguna manera.

Estrategias de investigación es lo que requerimos a diario para dejar atrás el periodismo de transcripción; formas para investigar al gobierno, a individuos y organizaciones que están minando a la sociedad, requerimos de técnicas que conduzcan a hallazgos y no a simples resúmenes interesantes para ver asuntos en perspectiva, poco eficaces para contribuir a una mejor sociedad.

¿Y el tiempo? Podemos pensar en investigaciones progresivas, una manera que no pondrá de mal humor a nuestro jefe y aportará a las páginas de hoy.

Desde luego, las estrategias funcionan también si tenemos todo el tiempo en nuestras manos.


* Leonarda Reyes es una experimentada reportera mexicana, radicada en Canadá. Este texto es una síntesis de su participación en el Diplomado en Periodismo de Investigación que imparte el semanario Proceso en la Universidad Iberoamericana, en la Ciudad de México. Esta es su primera colaboración para Sala de Prensa.


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