Entrevista con Alain Touraine
Latinoamérica:
crisis de representación
Carlos
Santiago *
Para
el profesor Alain Touraine la democracia
representativa está en crisis. También sostiene
que tanto en Europa como en Latinoaméricana la
izquierda tradicional que, estuvo dominada por
ideas revolucionarias y de defensa del rol de
Estado en tanto actor central de la sociedad y,
sobre todo, de la economía, ha quedado
debilitada por la caída del modelo soviético.
El director de
la Escuela de Altos Estudios de Ciencias Sociales
de París, visitó Montevideo con el fin de
dictar una serie de conferencias invitado por el
Departamento de Sociología de la Facultad de
Ciencias Sociales de la Universidad de la
República de Uruguay. De Montevideo, Touraine
viajó a Asunción del Paraguay en donde, junto a
otros peritos nominados por Naciones Unidas,
clasificó los documentos del "Plan
Cóndor"
"En la
derecha agregó Touraine a su reflexión
inicial-, las viejas oligarquías sufrieron
también un fuerte redimensionamiento y los
nacionalistas se encuentran debilitados por la
internacionalización de la economía. Además,
la existencia de desigualdades crecientes y la
exclusión de una parte importante de la
población por parte de la economía activa
redujeron la capacidad de integración social de
los sistemas políticos."
-En este
mundo que vive un proceso globalización
financiera, de acelerado avance tecnológico y de
modernidades, como la definición del genoma
humano: ¿el concepto de izquierda y derecha se
mantiene inalterable?
-Izquierda
y derecha son expresiones de cuño político,
pero concretamente significan tipos de
vinculación entre fuerzas y demandas sociales
con los agentes políticos. Hoy no veo la
necesidad de hablar de derecha e izquierda, pues
esas expresiones presuponen una separación de la
sociedad, desde el punto de vista de clase y la
expresión de distintos grupos de intereses. La
derecha defiende los mecanismos de mercado y a
los grupos de poder existentes. La izquierda se
podría definir, en este caso, por su
vinculación con los asalariados, los grupos de
desposeídos. En muchos países esa separación
ha disminuido mucho, porque los obreros, por su
parte, y los empresarios por la otra, representan
no más del 20 o el 25 por ciento de la
población y no el 80, como antes.
-¿Una
situación que muestra la importancia que tiene
hoy del centro político?
-Claro,
¡entonces qué hacemos con las clases medias,
con los empleados, los técnicos, los profesores,
etc!. Es evidente que en muchos países la
oposición derecha izquierda no significa
mucho. Sin embargo, hay lugares en donde existe
todavía la vieja identidad, como en los EE.UU.,
donde se verifica una diferencia marcada entre
republicanos y demócratas, pero no una gran
homogeneidad ideológica al interior de los
partidos. Allí hay grupos de intereses parecidos
que se colocan de un lado y del otro, jugando su
partida en el lugar en que logran un mayor peso.
La
democracia de opinión
-¿Usted
considera que las palabras izquierda y derecha
han perdido el peso que tenían antes para para
caracterizar hoy a distintos sectores políticos?
-¡Es así! En
el momento actual diría que esas palabras han
perdido mucho de su sentido, porque existe en el
mundo una crisis de representatividad. Nadie
puede decir hoy claramente a quién representa a
quién. Por ello se dice muchas veces que vivimos
la crisis de la desaparición de la democracia
representativa y que ingresamos a un sistema de
democracia de opinión, que tiene una
significación menos estructural. Existen
corrientes de opinión en donde la televisión,
la radio, los diarios, un individuo, un grupo o
un líder carismático tienen más influencia que
un partido político. Sin embargo, la idea de
izquierda y derecha supone una definición social
que en algunos lugares se mantiene: un ejemplo de
ello es que si hablamos de un negro en EE.UU.,
sabemos que es más probable que vote al Partido
Demócrata que al Republicano. En cambio, si lo
hacemos con una vieja familia de Nueva
Inglaterra, es más probable que vaya a votar a
los republicanos. Esas son las definiciones
sociales de las que hablo.
-Parecería
que existe un crecimiento del centro político.
En Chile está hoy gobernando, podríamos
analizar el caso Uruguay, lo que ocurre en otros
países, como Brasil. En Argentina triunfó una
coalición con apariencia de centro ¿Porqué,
entonces, ese fenómeno de achicamiento de las
derechas y de las izquierdas tradicionales?
-Eso no
es cierto solamente en Latinoamérica, en el
mundo europeo también ocurre. Lo que es llamada
hoy "Tercera Vía" es, como dijo
Schoreder en Alemania, "un nuevo
centro". Se puede hablar de gobierno de
centro en Alemania, Inglaterra, Italia y, por
qué no, en España. La diferencia entre las
políticas de José Aznar y Tony Blair es muy
poco visible. Su pregunta, entonces, tiene gran
validez. Yo diría que ese crecimiento del centro
político se verifica por la crisis de
representación que se está viviendo. El mundo
ha cambiado y si usted o yo formamos hoy un
partido obrero, no llegaríamos a nada.
La
tradicional izquierda
-Tampoco
ello ocurriría con un partido que hoy
representara a la burguesía. ¿Es así?
-¡Claro! ¿En
Uruguay, cuantas personas hay que representen a
la burguesía, o en la Argentina, o en México?.
Por supuesto que no las suficientes como para
ganar una elección.
-La
izquierda en Latinoamérica tuvo un modelo
específico, que caracterizó toda una época. No
en vano, el Che Guevara en hoy todo un símbolo.
-El modelo
predominante de la izquierda en Latinoamérica
fue, después de infinidad de discusiones, el de
la búsqueda de la victoria de los radicales.
Esta característica, la más importante de la
izquierda latinoamericana, evidencia que ésta no
tuvo confianza en las fuerzas sociales, ni
siquiera en los partidos políticos. Se siguió
el modelo instaurado por Fidel Castro que tuvo
como elemento distintivo el desvincularse de las
fuerzas sociales y atacar directamente al
eslabón más débil de los países, el poder
político. El ideal latinoamericano fue el de
"matar al rey", o al presidente o al
general. Por eso es muy clara la acción del Che
en Bolivia, típica de esa forma de pensar. El no
tuvo ninguna relación con los campesinos,
tampoco con los mineros, ni con el Partido
Comunista Boliviano y, como decía Regis Debray,
"el foco móvil" que comandó tenía
como objetivo lanzar una flecha para romper el
corazón de representantes del poder central.
Este modelo, no digo que fue el dominante, pero
tuvo una gran importancia y una presencia muy
clara en este continente.
-¿Le parece
que en Uruguay los Tupamaros, eran representantes
de una concepción parecida?
-Sí,
ustedes tuvieron a los "tupas", en
Argentina aparecieron los Montoneros y el ERP, en
Chile el MIR, también en Perú hubo una
guerrilla con la misma concepción. En México,
incluso después del 68, aparecieron
guerrillas de ese tipo y, por supuesto, en
Guatemala, El Salvador, etc. Entonces, y esto lo
creo fehacientemente, la parte más activa de la
izquierda, que no era la mayor, escogió el
modelo de la violencia y rápidamente consideró
a los socialdemócratas como gente de derecha.
El
centro y los extremos
-Pero, ¿eso
comenzó cambiar?
-¡Por supuesto!
Pero déjeme darle otro ejemplo, el de Brasil,
donde no existe un partido de izquierda. El PT no
es un partido sino una coalición de fuerzas,
algunas moderadas, otras más excitadas.
Francamente creo que el PT en el momento actual
no es ni será en el futuro una opción de
gobierno.
- ¿Usted no
cree que esa experiencia que vivió parte de la
izquierda caducó en Latinoamérica? Si es así,
¿cual es su visión sobre el régimen cubano?
-Por supuesto,
le digo que sí a la primera parte de su
pregunta. Sobre el régimen cubano entiendo que
el mismo está caducando por la fuerza de los
hechos. Hoy es un país que ha entrado en el
comercio internacional, al igual que China y
Vietnam, eso lo transformará y quedará la isla
como un lugar de interés turístico en que se
exhibirá el mausoleo de Guevara y, quizá en
otro, las barbas de Castro. En el momento actual
se puede decir que en Cuba existe un control
sobre la población, valoración que no es de
derecha o de izquierda, sino un hecho objetivo
para tener en cuenta y que sirve para valorar la
significación de ese régimen. Sin embargo, esa
situación objetiva no se conoce ni se admite
entre la izquierda del resto del continente.
-¿Cómo
valora usted las alianzas de algunos sectores
políticos con empresas multinacionales?
-En
Latinoamérica siempre han habido sectores de
población o grupos económicos que sirven los
intereses de las empresas multinacionales y otros
grupos de personas que rechazan a todo el sistema
político en nombre de la revolución, o por la
reivindicación de sectores de indígenas o de
campesinos. De esa manera ocurrió que el espacio
político se hizo relativamente limitado. Y
cuando esto ocurre, se tiende a buscar el
equilibrio en el centro. Pero es también cierto
que en el momento actual tanto en Latinoamérica
como en Europa se está transitando por un
período de dominación del centro sobre los
extremos. Han aparecido gobiernos que no quieren
ser totalmente liberales, estar abiertos a la
globalización y que tampoco pretenden mantener
los viejos sistemas.
Uruguay,
un país interesante
-¿Qué
visión tiene sobre Uruguay?
-Uruguay es el
caso de un país muy interesante que se ha
transformado de una manera liberal en el que
subsiste un sector estatal público que sigue
siendo muy fuerte y donde las políticas
públicas, como las de educación y salud, han
progresado. Es parecido a los llamados Países
Bajos, que también tienen grandes empresas,
sumando a ello una política social que va
progresando rápidamente. Holanda es uno de esos
ejemplos.
-Usted en la
conferencia que pronunció en el Paraninfo de la
Universidad expresó sus dudas sobre la vigencia
del MERCOSUR. ¿Cree que existe el peligro de su
caducidad?
-Dije que
el MERCOSUR, que es un proyecto político muy
importante, no puede mantenerse si no tiene una
base económica fuerte. Hoy han aparecido dudas
sobre la capacidad de los países que lo
integran, especialmente luego de la devaluación
brasileña. Sé que Argentina es un país que
exporta relativamente poco, que en materia
productiva tiene una diferencia abismal con
Brasil, especialmente en las industrias con mano
de obra intensiva donde las ventajas de este
último son enormes. Es evidente que si no existe
una disminución de las diferencias entre los dos
países mayores del MERCOSUR, creo que éste
perderá todo su contenido.
-Quizá en
algunos de los países no se entienda o admita la
importancia de esas disparidades. ¿Cómo lo ve
usted?
-Llama la
atención en Argentina que la gente no analice
esa situación de desventaja con Brasil, y que
sostenga, cuando uno la interroga, que no es
imposible descontar las diferencias. Parece una
especie de fatalismo. Por otra parte quieren
mantener la "convertibilidad" a toda
costa alegando que la deuda externa, la que
tienen las empresas y las familias está
expresada en dólares y un cambio de la paridad
sería una catástrofe.
-¿Usted
tiene una opinión sobre todo ello?
-No tengo una
opinión precisa sobre todo ese proceso, pero
advierto objetivamente que el MERCOSUR está
debilitado.
El
proyecto Uruguay
-En este
marco Uruguay, frente a un MERCOSUR debilitado y
junto a dos países tan enormes y que viven sus
profundas crisis, ¿puede tener viabilidad como
proyecto político autónomo? ¿Puede sustentar
proyectos propios de desarrollo?
-Creo que
ningún país puede tener un proyecto totalmente
diferente al predominante en el ambiente
económico internacional. Ni EE.UU., ni Japón,
ni Alemania pueden hacerlo. Pero eso no significa
que cualquiera de estos grandes países que acabo
de mencionar no tengan libertad de iniciativa.
EE.UU. progresaron enormemente porque se han
dedicado a avanzar en nuevas tecnologías,
mientras que los europeos y los japoneses se
atrasaron en las mismas. Siempre un país puede
encontrar posibilidades de iniciativa. Uruguay,
tal vez dentro de cinco años, sea un país en
que su exportación principal sea el software,
donde se multiplique la producción de vinos que
hoy está creciendo y quizás ésta pase a ser
otro elemento fundamental de la economía. Existe
una cantidad de países en el mundo que hay que
analizar con mucho detenimiento. Por ejemplo
Taiwán, cuya industria había sido destruida
durante la guerra y porque luego los capitales se
fueron a China continental ya que allí las
imposiciones eran más bajas. En cinco años
Taiwán reconstruyó su industria (textiles,
zapatos, etc.); hoy es un país que está
creciendo y con ese crecimiento se está
afianzando la democracia. Por otra parte se
mantiene con prudencia el espíritu nacionalista,
tratándose de evitar un conflicto con Pekín. El
de Taiwán es un excelente ejemplo de un país
que se ha transformado. Le pongo otro ejemplo,
Israel también se ha transformado en muy pocos
años.
-¿Y
Uruguay?
-¿Por qué no?
No veo el problema para que Uruguay no sea
competitivo.
-¿Y el
tamaño del país?
-No tiene
nada que ver. ¿Suiza es un país pobre?¿Holanda
es un país pobre?
Los
mecanismos de la globalización
-¿Qué
fronteras ha borrado la llamada globalización?
-Se ha
reducido el peso de algunas fronteras del mundo
anterior. Especialmente las que tienen que ver
con los aranceles, que han bajado en casi todo el
mundo. Ahora hay más comercio y por lo tanto una
mejor retribución de recursos. Es evidente que
en EE.UU o en Francia ya no se pueden producir
zapatos sencillos o camisas ordinarias. Eso sale
mucho más barato en China o Corea. El problema
hoy para un país es tratar de descubrir o
mantener un sector que sea competitivo. Uruguay,
sigo con ese ejemplo, creo que está en proceso
de encontrar sus nichos de mercado, como el de la
informática, o los vinos, o el turismo, o muchas
cosas más.
-¿El mundo
globalizado se homogeneizará en un mismo modelo?
-No veo ninguna
razón para pensar que vamos a una integración
del mundo en un solo sistema económico, pero hay
que tener en cuenta que los grupos dominantes
tienen muchas ventajas, porque pueden distribuir
sus actividades sobra la base del precio.
Producir cosas sencillas en China, algunas cosas
más elaboradas en Israel y otras muy elaboradas
en EE.UU. Pero eso no significa que otro país no
tenga la posibilidad de producir y vender y,
existen ejemplos de ello. Es impresionante el
crecimiento del nordeste de Italia, donde todo se
ha transformado. Era una región más o menos
pobre y hoy produce el ingreso más importante de
Europa. Allí en lugar de proteger las cosas del
pasado, que no habían servido para nada,
trataron de avanzar hacia la modernidad. Hicieron
una selección de metas y supieron encontrar los
nichos de mercado en el mundo para sus
prioridades productivas.
-La última
pregunta, para dejarlo libre. ¿Qué espera
encontrar en Paraguay al analizar los documentos
del "Plan Cóndor"?
-Mi viaje
a Paraguay está destinado a preparar allí una
revisión técnica y sacar copia de todos los
documentos sobre el "Plan Cóndor", que
fue el plan de amistad de los dictadores de los
países del sur, que resolvieron ayudarse matando
a sus adversarios políticos tanto en sus países
como en los de la zona. A mí personalmente me
interesa demostrar que Pinochet, el que siempre
dice que su caso es nacional y que los otros
países nada tienen que ver, también tenía
preocupaciones internacionales. Qué fue el
responsable de la muerte del general Prats en
Argentina, de Letelier en los EE.UU. etc.
O sea, demostrar
que su argumento de que las responsabilidades que
tuvo en la represión interesan solo a los
chilenos, no vale nada.
*
Carlos Santiago es
un periodista uruguayo, editor del suplemento
"Lecturas de los Domingos" del diario La República de Montevideo. Esta es su primera
colaboración para Sala de Prensa.
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