La ética en la supercarretera de la información
Emilio
Filippi M. *
En
un enjundioso artículo de tesis el joven
periodista peruano Roberto Nicolás Silva
Rodríguez hizo un paralelo entre la
competitividad existente hasta ahora en los
medios de comunicación considerados
tradicionales (prensa, radio, televisión) y la
irrupción en esa área de las publicaciones
electrónicas en línea. La pugna arraigada,
conocida y aceptada como legítima, ha estado
primordialmente orientada en la búsqueda de
primicias noticiosas, de informaciones mejor
estructuradas e interpretaciones más lúcidas
sobre el acontecer nacional o internacional. (1)
Sin perjuicio de
avalar la rivalidad entusiasta de los
competidores, el analista insiste en un principio
que considera insoslayable: en cualquier caso el
periodista debe observar una conducta ética que
haga prevalecer los valores deontológicos sobre
la utilidad comercial o la nombradía personal.
Estos preceptos exigen tener en cuenta que la
libertad que ejercen los periodistas para buscar,
investigar y dar a conocer los hechos, siempre ha
de realizarse en forma responsable teniendo en
consideración que cuando se dice que el
periodismo está al servicio de la verdad se
está expresando una exigencia indudable: que a
los periodistas les está vedado mentir y que la
mentira puede tener muchas formas que, a veces,
se disimula astutamente. Por ejemplo, omitiendo
información. Presentar una verdad a medias es
una forma de mentir. O, mirado desde otro
ángulo, enfatizando solamente un aspecto de la
información, el que conviene al medio o es del
gusto particular del periodista. (2)
Todos los
autores que abordan la ética periodística
coinciden en otros aspectos que es necesario
acotar. El deber de decir la verdad obliga al
periodista a presentar las informaciones sin
adjetivos calificativos, atribuir exactamente las
expresiones de sus entrevistados, mencionar
siempre las fuentes de información,
identificándolas debidamente. Esto es muy
importante subrayarlo, especialmente en estos
tiempos cuando aumenta la tendencia de algunos a
exagerar el derecho al secreto profesional,
creyendo que éste da vía libre para imaginar
fuentes o hacerse eco de personas que utilizan a
los periodistas para divulgar irresponsablemente
infundios o desinformar para mezquinos
propósitos. Patricia Cruz subraya otra frecuente
falta a la ética periodística, especialmente en
la televisión, aunque también se da en otros
medios: la inducción en las preguntas durante
las entrevistas. Dice la académica: " En
las entrevistas que se realiza a personajes
públicos para dar información sobre algún
acontecimiento o dar a conocer al público
algunas características de ciertos personajes,
en ningún caso el reportero debe apoyar o negar
lo expuesto por el entrevistado y mucho menos
elaborar las preguntas de tal manera que permita
obtener una respuesta esperada". (3)
La autora
también menciona el uso de los planos
televisivos para ensalzar o demeritar la imagen
de algunos actores de hechos noticiosos o hacer
ostensible diferencia en los tiempos asignados
para dar información sobre éstos.
Todos estos
defectos tienden a repetirse también en
Internet, aunque en otras dimensiones. Será
necesario reconocer, sin embargo, que Internet,
como supercarretera de la información, no
solamente es un nuevo medio periodístico de
comunicación, en cuanto difunde noticias,
comentarios y opiniones sobre la actualidad,
sino, además, es un instrumento destinado a
globalizar datos, antecedentes y conocimientos
generales o específicos sobre las más variadas
materias. En este sentido, es más que un diario,
una revista, una radio o un canal de televisión,
ya que el cúmulo de material que entrega es
capaz de cubrir todas las áreas del interés
humano. Además, a través de la red es posible
realizar una " interactividad", que va
desde lo estrictamente personal a lo comercial,
gremial, social o comunitario. El periodismo, en
consecuencia, juega aquí un papel importante,
pero no es el único. No obstante, es un hecho
que los usuarios de la red la ven a ésta como
otro medio de comunicación periodística e,
incluso, los medios tradicionales que en un
comienzo fueron reacios a darle importancia han
terminado por rendirse a la evidencia: quienes
ingresan a Internet buscan múltiples sitios, es
cierto, pero muestran preferencia por las
versiones digitales de los periódicos, de las
radios y de la televisión. Es decir, de una
competencia inicial, peligrosa para abatir la
tradición, ha llegado a constituirse en un
complemento indispensable que algunos consideran
un valor agregado a los medios de origen.
Hay que
considerar, sin embargo, que la producción de
revistas o periódicos digitales, independientes
de alguna matriz, editados en papel es, también,
un hecho nuevo de la causa. Tanto por la
existencia de "portadores" que asilan
en sus sitios iniciativas autónomas, cuanto por
el empuje de pequeños o grandes empresarios que
buscan en la red una forma de construir el futuro
del periodismo electrónico, hay aquí un
fenómeno creciente que requiere una atenta
mirada desde el punto de vista de la ética.
Para Javier
Echeverría, la presencia de Internet como nuevo
medio de comunicación abre espacios en
direcciones múltiples que no existen en los
otros, y que en la red son descentralizados e
interactivos. "En los diarios, revistas y
libros esto apenas existe, dice Echeverría, y otro
tanto cabría decir de la radio y la televisión,
a diferencia del teléfono que sí es
interactivo, pero sólo es bidireccional, al
menos en su formato actual". (4)
Hay también
coincidencia en los estudiosos en dar al
periodismo electrónico una importancia ética
tanto o más grande que la de la que tienen los
medios tradicionales. Y esto, por una razón
fundamental. Internet, como medio de
comunicación, se ha convertido en el que goza de
una verdadera, auténtica e irrestricta libertad.
Los periodistas que incursionan en la
supercarretera no sufren censura de clase alguna,
no hay leyes que impidan decir lo que el
periodista considere importante revelar y el
hecho de que surjan iniciativas particulares que
no requieren grandes inversiones y, por lo tanto,
no dependan de patrocinios empresariales o
supervisiones externas, lo convierten en el lugar
ideal para los profesionales que siempre han
soñado con hacer realidad todas sus aspiraciones
de trabajar sin trabas que obstaculicen su tarea
de satisfacer a plenitud el derecho del público
a ser leal, veraz y oportunamente informado.
Por cierto,
tales ventajas comparativas no podrían jamás
suponer que ello significa que los periodistas de
los medios digitales tienen patente de corso para
hacer de las suyas en el ejercicio de sus tareas
informativas. Al contrario, la irrupción de los
periódicos electrónicos debiera ser un aporte
extraordinario a la expansión de la información
exacta, precisa y honestamente expuesta. La falta
de presiones políticas, económicas o religiosas
es un aliciente mayor para que los periodistas
conviertan su oficio en una forma cabal de
servicio a la comunidad, destinataria final del
derecho a saber que ésta tiene. Ello está
íntimamente relacionado con la acucia en la
búsqueda de la información, la objetividad, que
no es otra cosa que contar la realidad de los
hechos tal como ellos ocurrieron, la
independencia, amplitud de criterio, tolerancia,
y, sobre todo, con lo que se conoce como
transparencia informativa. Ello es lo mismo que
pedir al reportero un alto nivel de honestidad y
de alejamiento de todo interés subjetivo en la
exposición de las noticias. Lo mismo vale para
las opiniones que, desde luego, siempre serán
producto de la íntima percepción de quien las
emite, pero al cual debe exígírsele que, al
exponerlas, no tergiverse, falsee ni modifique
interesadamente los hechos.
Tales normas
éticas, exigibles en cualquier medio de
comunicación, adquieren una especial relevancia
en el periodismo digital, en el cual podría
existir la tentación a divulgar rumores no
confirmados, y por lo tanto absolutamente
irresponsables, a incursionar en la vida íntima
de las personas y agredir el honor o la dignidad
de las mismas.
Las leyes de
prensa que existen en muchos países
responsabilizan a los autores de sus dichos, y
extienden tal responsabilidad a los directores y
propietarios de los medios. Como Internet es una
especie de "intruso en palacio", que no
está sometido a legislación alguna pese a los
intentos que han surgido en muchas partes, todos
ellos fallidos, es posible que se haya
extendiendo la idea de que nada debiera oponerse
a su expansión. Justamente ese punto es el que
podría exponerlo más adelante a enfrentarse con
una reacción negativa en cadena. En cambio, si
al hacer uso de esa mayor liberalidad el
periodismo electrónico se prestigia, por ser
más pluralista, objetivo y creíble, podría
poner en jaque a los medios tradicionales. El
periodista y catedrático colombiano Javier
Darío Restrepo, coautor con María Teresa
Herrán de un libro sobre "Ética para
Periodistas", en una entrevista con el
director de la Agencia Colombiana de Noticias,
Colprensa, afirmó, acerca de la influencia que
Internet podría tener en el futuro de los medios
de comunicación: " Si los medios no se
preocupan de ganar una credibilidad y por prestar
un servicio que pueda competir con la
credibilidad y con el servicio de Internet, muy
fácilmente van a ser reemplazados, al menos en
parte, por la información de Internet. (5)
El mayor
problema que afronta en estos momentos Internet
tiene que ver con los contenidos no propiamente
informativos que presentan muchos de los sitios
de la red. Una encuesta realizada por la CNN en
1999 dio cuenta que un alto porcentaje de los
internautas prefería abrir las páginas de sexo
explícito, las revistas con contenido erótico y
pornográfico, los chismorreos sobre personajes
de la farándula y algunos políticos u hombres
de Estado de moda. Esto, al decir de Javier
Echeverría (6) nos permite dilucidar el tipo de
espacio social generado por la red. Como muestra,
dice, "valga un ejemplo que puede parecer
anecdótico, pero resulta muy significativo. Como
es sabido, uno de los sitios del World Wide Web
más visitados es el de Playboy. Los
directivos de esta revista plantearon en un
momento dado cobrar a cada uno de los internautas
que ojeara sus ficheros. En los días previos a
la adopción de la medida, se produjo una
verdadera avalancha de consultas, con el fin de
archivar el mayor número de imágenes posibles.
Ello dio lugar a que la decisión prevista fuera
reconsiderada. Los directivos de Playboy
decidieron adaptarse a la gratuidad tradicional
de los contenidos de la red, añadiendo a cambio
publicidad a sus imágenes".
La idea de
convertir el periodismo electrónico en un
negocio todavía no tiene resultados positivos,
de acuerdo con balances recientes, por lo menos,
en los sitios independientes de empresas
tradicionales. En los que corresponden a
versiones digitales de diarios, revistas u otros
medios, generalmente son copartícipes de la
publicidad de aquéllos, pero difícilmente
podrán tener un financiamiento propio a través
de anuncios colocados estratégicamente como
banderolas de cabecera (banners).
Este aspecto de
la situación ha hecho que en algunos parlamentos
del mundo, incluyendo Estados Unidos, a pesar de
la vigencia de la primera enmienda
constitucional, que prohibe legislar para limitar
la libertad de expresión en todas sus formas, se
alcen voces destinadas a poner atajo a los
excesos que pudieran cometerse o que se cometen a
través de Internet. Tales iniciativas se fundan
en que, a través de Internet, "pueden
transmitirse datos, documentos, imágenes y
sonidos de diversa naturaleza o contenido, sean
lícitos o ilícitos, morales o inmorales,
permitidos o prohibidos, benignos o
nocivos". (7)
El abogado
Renato Javier Jijena que es profesor de Derecho
Informático y diplomado de la Universidad de
Zaragoza, y es actualmente docente en la
Universidad de Chile, reivindica un concepto que
los profesores de ética periodística hemos
señalado como básico para el sustento de la
más plena libertad de expresión, de
información y de opinión. Esto es, la
autorregulación de los propios periodistas y, en
sentido más amplio, cuando se trate de las otras
áreas que cubre Internet, la autorregulación de
quienes utilizan la red a través de sitios
personales o corporativos. Esto debiera
significar, desde luego, el conocimiento cabal de
aquellos preceptos que nadie debiera jamás
violar para mantener íntegramente vigente el
imperio de los derechos de las personas.
Constitucionalmente,
en Chile existe libertad de emitir opinión y la
de informar, sin censura previa, en cualquier
forma y por cualquier medio, "sin perjuicio
de responder de los delitos y abusos que se
cometan en el ejercicio de estas
libertades". La actual Ley de Abusos de
Publicidad y la futura Ley de Prensa definen
cuáles son los medios a que se refiere la norma
constitucional, y entre ellos no se menciona
explícitamente a Internet, aunque no faltan los
que interpreten que, al hablar de cualquier
medio, se podría incorporar a la red. No
obstante, como la única disposición legal
existente al respecto es la Ley 19113, sobre
delitos informáticos, que se refiere al uso
malicioso desde el punto de vista tecnológico de
los sistemas de tratamiento de información
computacional, destrucción o apropiación
indebida de las bases de datos y uso doloso de
los programas ( software). No hay alusión a la
red ni a la palabra Internet, de modo que, por el
momento, El profesor Jijena subraya que hay un
error conceptual y jurídico en quienes pretenden
definir a Internet como un Medio de Comunicación
Social, y por lo tanto, es equivocado afirmar que
las responsabilidades que en derecho les caben a
los medios de comunicación colisionan con las
características técnicas de Internet, ya que,
por no ser un medio de comunicación social, no
se le pueden exigir responsabilidades. Jijena
dice que lo que ocurre es que Internet forma
parte de los medios de comunicación masiva, lo
que no es lo mismo que los medios de
comunicación social, perfectamente
caracterizados en sus funciones. (8)
Lo dicho por
Jijena tiene relación con una moción presentada
en la Cámara de Diputados durante la discusión
de la Ley de Prensa, que se encuentra en último
trámite constitucional. En la moción se
establece que "el que difunda o propale a
través de los sistemas, redes y procedimientos
de Internet, o de otros servicios de igual
naturaleza, informaciones, contenidos o noticias
contrarias a la moral, el orden público o las
buenas costumbres, será sancionado con una multa
de 15 unidades tributarias mensuales. Igual
sanción se aplicará a quienes usen dolosamente
tales servicios y redes, con el propósito de
incitar al odio y la discriminación contra
grupos de personas en razón de su raza,
nacionalidad, sexo o religión, y a los que
utilicen esos servicios o redes para difundir
pornografía o efectuar la apología de la
violencia".
El profesor
Jijena hace varias objeciones a esta iniciativa.
La primera es que se trata de una ley que sólo
regirá en Chile, y que, por lo tanto, no
pasaría de ser una mera declaración de
principios, fácilmente vulnerables por la
aterritorialidad de Internet. Se trata, en
consecuencia de letra muerta. Pero, además, la
moción recomienda que se estudie en un plazo de
seis meses un procedimiento destinado a encontrar
técnicas idóneas de resguardo contra los
contenidos ilícitos. Esta es una forma de
censura previa que, aunque de difícil
ejecución, revela un afán de coartar este
espacio de libertad que es Internet, pero con
medidas declamatorias. Jijena hace otras
observaciones de carácter procesal, que no viene
al caso repetir aquí, porque nos desviaríamos
del fondo de nuestro trabajo. (9)
En suma, no es a
través de la ley positiva como se podrá
enfrentar los problemas que pudiera crear, o que
ya está creando Internet. Estamos seguros que el
sistema puede ser extraordinariamente útil y
valioso para acentuar la libertad de expresión,
en sus áreas de información, interpretación y
opinión, asegurar la independencia de los
periodistas y su autonomía de gestión.
Naturalmente, insistimos, tales bienes solamente
serán ampliamente positivos para la comunidad si
los periodistas que utilizan la red asumen con
mucho celo sus deberes éticos, que no son
diferentes ni antagónicos con los principios y
valores aplicables a los profesionales de
cualesquier otros medios de comunicación.
Esta
preocupación por la ética periodística en el
más amplio abanico de posibilidades existe
actualmente en el mundo de una manera muy
directa. Incluso en Internet hay sitios
destinados a comentar las situaciones
conflictivas creadas por diarios, revistas,
radios o canales de televisión, señalando, al
respecto la buena doctrina frente a cada falta.
Es el caso de "Observatório Da Imprensa,"
de Brasil, y varios otros de Estados Unidos, que
dan orientaciones acerca de lo que se debe o no
hacer, instando a los periodistas a que
autorregulen su actividad y eviten así que
aparezcan críticos externos promoviendo
legislaciones para establecer censuras previas o
castigos ejemplares. Esta es una tarea que los
periodistas tenemos que abordar con mucha
seriedad y sentido de futuro, para prever
desagradables o irreparables consecuencias el
día de mañana.
_____
Notas:
1 Roberto Silva
Rodríguez, "Competitividad y Ética",
extracto de su tesis en Universidad Mayor de San
Marcos, Lima, publicado en Sala de Prensa ( www.saladeprensa.org), Año I, Vol 2, No.9, julio de 1999.
2 Patricia Cruz, "La práctica de
la ética en los medios de comunicación",
Colección de Derechos Políticos, Academia
Mexicana de Derechos Humanos. (También en Sala de Prensa, Año II, Vol. 2, No.2, febrero de
1999.)
3 Patricia Cruz, Ibidem.
4 Javier Echeverría, "Internet y
el Periodismo Electrónico", Sala de Prensa, Primera Epoca, Vol. 2, 1998.
5 Oscar Domínguez G. "Las
verdades de Javier Darío Restrepo", Revista
"Pulso del Periodismo".
6 Javier Echeverría, ibidem.
7 Renato Javier Jijena Leiva,
"Informe legal sobre la improcedencia de
censurar Internet", Cámara de Diputados de
Chile. (También en Sala de Prensa, Año III, Vol. 2, No.17, marzo de
2000.)
8 Renato Javier Jijena Leiva, ibidem.
9 Renato Javier Jijena Leiva, ibidem.
* Emilio
Filippi M. fue el
director fundador del diario La Epoca, de Santiago de Chile. Este texto fue
publicado en la Revista de Humanidades de la Universidad Nacional
Andrés Bello, agosto del
2000, y fue entregado por su autor para su
reproducción en Sala de Prensa , con lo que se convierte en
colaborador.
|