Derechos
ciudadanos en la era
de Internet: una propuesta tentativa
Susana Finquelievich *
¿Qué
son los ciudadanos, hoy? ¿Cómo
se definen los ciudadanos en el fin del milenio?
Un hecho es cierto: ya no se definen por su
derecho a habitar, producir, reproducir la polis,
lo que implica también una actitud política
activa, sino por su capacidad o incapacidad para
consumir. Como plantea García Canclini, en una
frase que ya es un clásico, ya no se trata de
ciudadanos, sino de consumidores. ¿Qué rol
pueden jugar las tecnologías de información y
comunicación (TIC) en este proceso, para ayudar
a que los ciudadanos recuperen sus derechos como
tales? ¿Y cuáles son los derechos de los
ciudadanos en la Sociedad de la Información?
Este trabajo tratará de responder a estos
interrogantes.
Hasta
el presente, las aplicaciones de las TICs han
tenido su mayor mercado en la industria, el
comercio, los servicios financieros y sociales,
la administración del sector público y
fundamentalmente, en el ámbito militar. La
tecnología se ha desarrollado sobre la base de
estos mercados. El comercio y la industria han
patrocinado el desarrollo de la tecnología hacia
sus propias aplicaciones. Sin embargo, hasta el
presente no se ha contado con un patrocinio
semejante para desarrollar la tecnología hacia
aplicaciones humanas y sociales. Al mismo tiempo,
sólo recientemente la tecnología ha llegado a
un punto de suficiente adelanto y bajo costo como
para que sea económicamente factible su
utilización a gran escala en el sector social.
En consecuencia, la mayor parte de la población
mundial ha tenido poco o ningún contacto con la
tecnología informática, ni se ha beneficiado
directamente de ella hasta la fecha.
Afortunadamente,
esto está cambiando, y con mayor velocidad que
la que se supone. Muchos programas sociales
alrededor del mundo han mostrado cómo las
tecnologías digitales pueden ser utilizadas no
sólo en los medios urbanos carenciados, sino
también en el ámbito rural, y por gente
analfabeta totalmente carente de conocimientos
acerca de la tecnología informática. Existen
miles de ejemplos; los siguientes nos dan una
breve idea de sus potencialidades:
Una
serie de municipios argentinos comparte sus
experiencias e intercambia información mediante
una red electrónica. Los pacientes de un centro
de salud mental se relacionan en un foro
electrónico para "ensayar" las
relaciones sociales antes de practicarlas en el
"mundo real". Una asociación destinada
a cambiar las formas tradicionales de mercado
mediante el trueque de bienes y servicios entre
sus socios se presenta en el ciberespacio por
medio de una página web. Una red de
profesionales europeos de salud mental aspira a
la creación de la "Sociedad de la
Inspiración", como versión humanizada de
la Sociedad de la Información. La comunidad
judía de Buenos Aires mantiene su cohesión,
conforma su vida social y cultural, dispara
debates políticos y se comunica con las de otros
países mediante redes electrónicas. ¿Qué
tienen en común estas experiencias? La respuesta
más obvia parecería ser: el uso de
comunicación mediatizada por computadoras. Pero
la verdadera respuesta va más allá: todos estos
grupos están incrementando sus potencialidades
mediante la CMC. Pueden extraer la información
que necesitan de las redes informáticas, darse a
conocer, informar a la comunidad en general sobre
sus objetivos y formas de trabajo, ganar respaldo
y sobre todo, reposicionarse en las estructuras
de poder locales. En cierta forma, lo que tienen
en común es su actuación en redes horizontales,
en una suerte de recuperación de las formas
tradicionales de la democracia directa y de la
vida comunitaria.
Las
tecnologías de información y comunicación
(TIC) y la comunicación mediatizada por
computadoras (CMC) ¿poseen un alto potencial de
democratización y de refuerzo de la vida
comunitaria, como argumentan sus defensores, o
son una trampa más tendida por los sectores en
el poder para distraer al sector más
cuestionador (o al más ingenuo) de la
población, como denuncian sus detractores? Lo
que planteo en este trabajo, además de un breve
análisis de las comunidades virtuales en su
forma actual, particularmente en su relación con
las ciudades, es que, como toda herramienta de
comunicación desde el comienzo de la humanidad,
las TIC y la CMC están investidas de ambos
poderes: informar y desinformar, hacer circular
esta información, deformarla o bloquearla,
facilitar la organización comunitaria o
desarmarla volviéndola inofensiva. Según Robert
Markley (1996), autor de "Realidades
virtuales y sus descontentos", el
ciberespacio no puede separarse nunca de las
políticas de representación, precisamente
porque es la proyección de los conflictos de
clase, género y raza a los que la tecnología a
la vez engloba y busca borrar. La tecnología no
escapa a la política, así como tampoco lo hacen
las nuevas formas de comunicación derivadas de
ella.
Por
el momento, un número creciente de
organizaciones comunitarias argentinas está
utilizando la tecnología informática para
reforzar y extender los alcances de sus acciones,
erigirse en interlocutores válidos frente al
gobierno local, asociarse con otras
organizaciones en el ámbito regional, nacional
y/o internacional, dar a conocer sus acciones,
acceder a fuentes internacionales de
financiación, y adquirir una fuerza que antes no
tenían.
Los
derechos ciudadanos en la Sociedad de la
Información 1
¿Cómo
pueden implementarse las aplicaciones sociales de
las TIC en u país como el nuestro, en el que la
penetración de Internet no supera el 1% de
promedio en el continente, en el que siete de
cada diez personas e nivel socioeconómico D y E
(56% de la población) no tienen teléfono, en el
que nueve de cada diez no tienen computadora
personal? (Zlotogwiazda, 1999). Evidentemente, la
difusión del acceso a las TIC dependerá en gran
medida del estado, y de sus articulaciones con el
sector privado y el sector asociativo para
implementar políticas en esta dirección. Sin
embargo, esto no está aún contemplado por los
políticos que se disputan las elecciones
presidenciales de octubre de 1999. La plataforma
presentada por el radical Fernando de la Rúa
sólo menciona dos veces la palabra Internet,
pero su propuesta en este sentido se limita a
"Promover el acceso a Internet a tarifas
telefónicas planas con el fin de incrementar su
uso, por considerarlo un instrumento fundamental
para promover el acceso al conocimiento". El
candidato Justicialista, Eduardo Duhalde, no ha
dado a conocer plataforma alguna (Zlotogwiazda,
1999).
Sin
embargo Internet está comenzando a ocupar un
mínimo lugar en las discusiones políticas, como
las que sostuvieron el Presidente Menem y el
candidato a Vicepresidente por la Alianza,
"Chacho" Álvarez, en la tercera semana
de julio de este año, en la que el segundo le
reprochaba al primero su falta de interés por
facilitar la difusión de Internet,
atribuyéndola a "miedo a la
transparencia". Tímidamente, el uso y
difusión de las TIC está apareciendo como tema
en el juego político.
En
este panorama, ¿Cuáles son los posibles
derechos de los ciudadanos en la emergente
Sociedad de la Información? Desde esta reunión
pueden formularse algunas propuestas:
1. Derecho a ser respetado
como un ser individual, participante de una
colectividad denominada Sociedad de
Informacion. El derecho a la vida misma está
basado en el respeto del otro, en sus
peculiaridades. El derecho a la vida no
implica volver a todos iguales, sino
respetarlos en sus caracteristicas
particulares.
2. Derecho a participar de la
Sociedad de la Información, por medio de la
implementación de políticas dirigidas a la
eliminación de la exclusión y del
aprendizaje de nuevos saberes y técnicas que
facilitarán su vida laboral, así como su
vida de relación, y que evitarán su
exclusión del mundo globalizado.
3. Derecho a disponer de
medios de aprendizaje de las nuevas técnicas
y saberes tecnológicos y organizacionales
asociados a la informática, ya sea por medio
de la educación formal, como por cursos de
formación continua facilitados a los
ciudadanos por el sector público, o por
articulaciones entre éste, el sector privado
y el asociativo. Esta formación continua en
el uso de herramientas tecnológicas le
facilitará la inclusión en el mundo
laboral.
4. Derecho a que el Estado
utilice las TIC como factores de creación de
nuevos empleos y fuentes de trabajo. Entre
otras estrategias posibles, el Estado deberá
promocionar el Teletrabajo, como herramienta
de aumento del empleo y de incorporación al
mercado de trabajo de grupos de población
con inconvenientes de movilidad, como
disminuidos fisicos, madres con hijos
pequeños, etc.
5. Derecho a participar
comunitariamente en el uso de las
herramientas tecnológicas. Esto implica
dejar de lado el concepto de uso individual
de las TIC (una computadora, teléfono y
conexión a Internet en cada hogar) y alentar
el acceso comunitario por medio de terminales
instaladas en lugares publicos y
semipublicos.
6. Derecho a conectarse a
Internet y a los servicios informáticos y
telemáticos fundamentales, por medio de
políticas de abaratamiento de precios de
conexión (o de exención de ese costo), para
organizaciones comunitarias y para los
sectores económicamente desfavorecidos, así
como de políticas de tarifas telefónicas
planas y otros elementos fundamentales, como
centros públicos y/o semipúblicos de acceso
a Internet, para los mismos sectores.
7. Derecho a establecer redes
electrónicas comunitarias que complementen,
extiendan las existentes redes comunitarias,
o contribuyan a crear nuevas formas de
asociación. Esto conlleva el derecho a
asociarse con redes comunitarias locales,
regionales, nacionales e internacionales,
aprovechando las facilidades tecnológicas de
la Sociedad de la Información.
8. Derecho al acceso a la
información pública, y en particular, a ser
informados por los gobiernos locales,
provinciales y nacionales, de las decisiones
y planes que conciernen a la ciudad y a la
calidad de vida de sus habitantes, por medios
electrónicos y tradicionales.
9. Derecho a ser consultados,
por los gobiernos locales, provinciales y
nacionales, sobre las decisiones y planes que
conciernen a la ciudad y la calidad de vida
de sus habitantes, por medios electrónicos y
tradicionales, lo que conlleva el derecho a
participar en los procesos de toma de
decisión por medios electrónicos.
10. Derecho a que se incluya
la educación en las nuevas herramientas
informáticas desde las etapas más tempranas
de la educación, de modo que los niños
puedan internalizar el uso de las TIC como
instrumentos de información y participación
ciudadana.
11. Derecho a la utilización
de Internet como un espacio público, lo que
conlleva el derecho a la creación de redes
electrónicas públicas y gratuitas. Esto es
posible a través de la implementación de
computadoras conectadas a Internet que pueden
ser utilizadas en CGPs, escuelas,
bibliotecas, cabinas especiales, clubes
barriales, ONGs, etc.
12. Derecho a exigir
estrategias del Estado para ayudar a proveer
equipamientos informáticos y conexiones a
Internet a las organizaciones ciudadanas y a
los sectores desfavorecidos, a través de
créditos blandos de Bancos estatales,
convenios entre el Estado, las empresas
electrónicas, las empresas de comunicación,
otras.
13. Derecho a la formación y
a la asistencia de equipos técnicos para la
investigación y la formación continua del
uso comunitario de herramientas
informáticas, para ayudar a las
organizaciones ciudadanas, orientándolas en
los diferentes usos de las TICs para
satisfacer las necesidades específicas de
cada sector social.
14. Derecho a la privacidad,
es decir, a que sus intercambios
electrónicos, ya sea que se efectúen desde
computadoras personales, desde organizaciones
o cabinas publicas o semipúblicas, no sean
controlados, vigilados ni leídos por
personas o instituciones ajenas. La
privacidad en Internet tiene por lo menos
tres vertientes: la confidencialidad, la
proteción de los datos personales, y la
seguridad de estas mismas bases de datos.
Esto incluye el derecho de los ciudadanos a
utilizar las técnicas de protección de esta
privacidad que considere convenientes, como
la criptografía.
15. Derecho a la libertad de
expresión e información, no sólo frente a
la censura gubernamental, sino también a la
"censura privatizada" que viene de
la mano de la puesta en práctica de sistemas
de filtrado y bloqueo de determinado tipo de
contenidos.
16. Derecho a la no-invasión
en sus comunicaciones, a que sus correos
electrónicos no sean invadidos por
publicidad ni por tipos de comunicación no
solicitada.
17. Derecho a la propiedad
intelectual, que no sólo está reservada a
artistas, científicos y demás
profesionales, junto a empresas productoras
de bienes y servicios cultiurales, sino a los
ciudadanos en general. Esto plantea el
derecho de todo individuo la protección de
materiales de su autoría puestos en Internet
o en cualquier tipo de redes electrónicas,
así como a realizar copias privadas de todo
contenido adquirido legalmente
Las
TIC, por sí mismas, no generan un incremento de
al participación ciudadana, ni alientan la
superación de barreras sociales o económicas.
Las TIC no son intrínsecamente democráticas.
Son (¿sólo?) herramientas para comunicarse,
establecer lazos y relaciones, y servir como
soporte a las masas de información en las que se
basa el actual sistema económico-político. Pero
el acceso a las TIC es la condición sine qua
non, un paso indispensable para cualquier
proyectos social que busque promover esos
valores.
La
flexibilidad de las TICs
La
revolución de la información está haciendo
posible cosas que difícilmente hubiéramos
podido imaginar hace apenas cinco años (basta
considerar que Internet se implementó en
Argentina sólo en 1995), y apenas hemos visto el
comienzo, un trocito infinitesimal de la punta
del iceberg de lo que la tecnología tiene para
ofrecer. Sin embargo, la revolución que se está
llevando a cabo ante nuestros ojos entraña más
que sólo la tecnología y las maravillas
físicas que ésta puede realizar. Este nuevo
medio de comunicación permite la estructuración
de un nuevo pensamiento y de nuevos enfoques para
abordar toda la dimensión humana/social del
desarrollo. Las TICs le dan un nuevo significado
a los términos "desarrollo / capacitación
de los recursos humanos" y "formación
de capital humano".
Los
gobiernos, las ONGs, los programas sociales
auspiciados por la industria y otras fuentes de
financiamiento pueden cubrir los costos de la
tecnología mientras los usuarios reciben los
beneficios derivados de ella. Las tecnologías
interactivas, conectadas en red en el ámbito
local, nacional y mundial, permitirán
posibilidades a todos estos usuarios en formas
hasta ahora imposibles. En contraste, gran parte
de las nuevas inversiones en servicios
burocráticos gubernamentales es absorbida por su
mismo funcionamiento, generalmente rindiendo más
a los servicios que a los supuestos
beneficiarios.
Esto
abre las puertas de lo que podría llegar a ser
el mayor mercado para la tecnología: sus
aplicaciones en todo el sector humano/social del
desarrollo (a saber, el aprendizaje interactivo,
la formación continua, la participación
comunitaria, la comunicación, la planificación,
la administración, la creación de empresas de
cualquier tamaño, la generación de puestos de
trabajo, el crédito y el ahorro y el desarrollo
de las personas, grupos y comunidades para que
alcancen su desarrollo sostenible. Y, sobre todo, para
extender y defender los derechos de los
ciudadanos en la Sociedad de la Información en
al que ya vivimos. Conforme
más personas vayan entendiendo y aceptando esto,
se irá generando una nueva percepción acerca
del papel y del potencial de la información y la
comunicación en el proceso de desarrollo. Sólo
entonces podrán convencerse de que lo que mata
no es la velocidad, sino la incapacidad de
apropiarse de tecnologías flexibles y
posibilitadoras de lo que hoy, todavía,
consideramos como imposible.
__________
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1999.
________
1
Estos "Derechos..." han sido elaborados
con la ayuda de los participantes del debate en
el foro electrónico Enmedi@, quienes aportaron
valiosas contribuciones y críticas.
*
Susana Finquelievich es parte del CONICET / Instituto de
Investigaciones Gino Germani, de la Facultad de
Ciencias Sociales en la Universidad de Buenos
Aires. Este texto fue publicado en Infópolis, y se reproduce con autorización
expresa de su autora.
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