Cibercomunidades, medios
virtuales, hipertextos, portales y otras...
Promesas
de la era digital
Dr.
José Luis Orihuela *
Indice
Introducción
- Actitudes ante el
proceso de innovación
tecnológica
- Entender la
revolución digital para
liderar el cambio
- Contribución de los
medios al proceso de
integración regional y a la
preservación de la paz
Conclusiones
Referencias Bibliográficas
Sitios Web
Introducción
La
era digital ha llegado para quedarse, y como cada
revolución tecnológica suscita miedos, alienta
esperanzas y genera nuevas palabras. El desafío
de pensar en la contribución de los modernos
sistemas de comunicación al proceso de paz y a
la integración regional exige examinar
críticamente las promesas con las que llega la
era digital.
En lo que sigue,
a) me propongo revisar las actitudes más comunes
ante el proceso de innovación tecnológica, b)
planteo la exigencia de entender la revolución
digital como condición necesaria para liderar el
cambio y c) sugiero algunas vías para la
efectiva contribución de los medios de
comunicación al proceso de integración regional
y a la preservación de la paz.
A modo de
premisas, propongo las siguientes
consideraciones:
- Para que la
revolución digital deje de ser una
promesa hay que conocer críticamente y
aplicar creativamente las nuevas
tecnologías.
- Las nuevas
tecnologías pueden contribuir de modo
decisivo a la integración regional, a la
paz, a la defensa de nuestra lengua
común y a extender el acceso a los
bienes culturales, en la medida en que
las condiciones de su diseño y
utilización no se dejen libradas a la
propia inercia del proceso de innovación
tecnológica.
- Hay que
apropiarse de la tecnología con
prudencia y sobriedad, superando tanto la
tecnofobia recalcitrante como el
fetichismo tecnológico. Hay que hacer
una vasta pedagogía social del uso y de
la producción de nuevos medios.
1.
Actitudes ante el proceso de innovación
tecnológica
Una de las
manifestaciones más evidentes de la cultura
digital es la transformación del lenguaje
cotidiano. Ya se han instalado en nuestras
prácticas discursivas decenas de términos que
utilizamos como coraza protectora, como arma
arrojadiza, como palabras mágicas, y a veces,
hasta correctamente: Internet, correo
electrónico, páginas web, módem, formatos de
archivo, velocidad de conexión, servidor, webcam,
interfaz, escáner, compresión, listas de
distribución, proveedores de acceso, operadores
booleanos, puerto de impresora, foros de
discusión, chats, y por supuesto,
cibercomunidades, medios virtuales, hipertextos y
portales.
Los iniciados
pueden llegar a ser bastante más crípticos, de
modo que si consiguieron entender la lista de
palabras anterior, pueden probar suerte con estos
acrónimos: TCP/IP, DNS, IRC, WAIS, BBS, FTP,
MIME, GIF, JPEG o HTTP.
La necesidad de
acercar al lenguaje del usuario no experto la
compleja terminología técnica ha desembocado en
el uso generalizado de metáforas, que aportan
algo de transparencia y familiaridad. Hablamos
con toda naturalidad de ventana, escritorio,
navegador, página, menú, ancla, carpeta y
papelera, como si se tratara de objetos reales.
El uso correcto
o incorrecto, el abuso o el desprecio de este
nuevo repertorio terminológico suele ser
indicativo de la otra manifestación evidente de
la cultura digital constituida por las actitudes
públicas hacia la nuevas tecnologías. Siguiendo
la metáfora alcohólica propuesta por Umberto
Eco, cabrían tres caracterizaciones: el
borracho, el abstemio y el catador.
El borracho es
el usuario no profesional que padece del
síndrome de fetichismo tecnológico, alguien que
ha desarrollado tal relación de dependencia con
los instrumentos digitales que ya no concibe la
vida fuera de la red: cuando sale al mundo
exterior es para visitar un cibercafé, con sus
amigos se encuentra en las salas de un chat, vive
pendiente del correo electrónico, pasa la mitad
del día navegando y la otra mitad rediseñando
su home page.
El abstemio no
es usuario (todavía), el temor que le produce
una tecnología que desconoce y que amenaza su
perfil profesional le hace refugiarse en su
confortable tecnofobia, que en ocasiones
enmascara ideológicamente, pero que no es más
que la perplejidad timorata de quien no sabe
resituarse en el presente y prefiere la apacible
parálisis del pasado.
El catador es el
usuario que no ha sucumbido al vértigo provocado
por la velocidad del cambio, que ha superado la
fascinación y que no se ha estancado en la
perplejidad. Utiliza los nuevos medios en
función de sus necesidades reales, con sobriedad
y con prudencia. Sabe escoger y es consciente de
que no puede probarlo todo.
A partir de este
diagnóstico de las manifestaciones culturales de
la era digital centrado en el uso del lenguaje y
en las actitudes hacia el cambio tecnológico, se
examinan las claves del nuevo entorno mediático
emergente.
2. Entender la
revolución digital para liderar el cambio
El desafío
profesional al que nos enfrentamos en el terreno
de la comunicación, no consiste simplemente en
"adaptarse al cambio", como si de una
moda se tratase, y tampoco se limita a utilizar
con naturalidad un nuevo lenguaje. Lo que se
plantea como exigencia es mucho más radical y
pasa por comprender y controlar las nuevas
características de los medios y de la
comunicación pública. De lo que se trata es de
ser protagonistas, no espectadores, de la
revolución tecnológica, para poder convertir en
realidades las promesas de la era digital.
Señalaré a
continuación una serie de convergencias y
transiciones que constituyen las notas dominantes
del nuevo paisaje mediático:
- La clave de
la comunicación se ha desplazado desde
la transmisión de información,
característica de la era analógica,
hacia la producción de contenidos,
propia de la era digital.
- El público
sedentario de los medios tradicionales se
ha reconvertido en usuario activo, que no
se limita al consumo de medios
interactivos, sino que también participa
en la producción de contenidos. Son los
"prosumidores".
- La
distinción entre medios personales (como
el teléfono o el correo) y medios
colectivos (como la televisión o la
prensa) se diluye en un entorno de
confluencia ya bautizado como
"conectivo", una forma
personalizada de la colectividad (De
Kerckhove, 1999).
- Las
cibercomunidades y los portales surgen
precisamente como ámbitos de confluencia
entre los servicios de información
personalizada y los medios de
información pública.
- La
confluencia de la escritura con los
medios digitales da lugar a un nuevo modo
de estructurar y acceder a la
información denominado hipertexto, así
como a nuevas modalidades narrativas como
la información y la ficción
interactiva.
- Internet ha
provocado la disolución de las fronteras
que separaban a los medios en función de
su soporte y de los formatos de
información. Los medios virtuales o
sólo digitales, así como las versiones
electrónicas de los medios
convencionales constituyen nuevas
realidades mediáticas que ya no se
explican mediante el recurso a los viejos
paradigmas matemáticos o ideológicos de
la comunicación.
- La Web
tiende cada vez de modo más evidente
hacia la confluencia entre PC y TV, y el
lenguaje audiovisual pomposamente
rebautizado multimedia se impone como una
suerte de lingua franca de la
cultura digital.
- El
teléfono (es decir las redes de
telecomunicaciones) se fusiona con la
radio y la televisión (broadcasting)
y emerge el pointcasting, un
sistema de difusión audiovisual a la vez
universal y personalizado.
- Fuera de
las redes (de momento) lo audiovisual y
lo táctil se encuentran en la realidad
virtual, que lejos de ser materia
excluyente de la ciencia ficción, es ya
un nuevo modo de conocimiento de la
realidad que involucra de modo inmersivo
al usuario.
- Finalmente,
la comunicación pública y la autoridad
editorial se han separado. El papel
tradicional de los editores como filtro o
gatekeepers, así como la función
clásica de agenda-setting propia de los
medios aparece hoy cuanto menos
cuestionada y desde luego compartida. La
Red permite el acceso directo del
público a las fuentes de información si
la mediación profesional de los
comunicadores, y ofrece por primera vez
en la historia de la comunicación acceso
universal a un sistema mundial de
publicación que funciona, igualmente, al
margen de los editores profesionales.
Estos cambios
plantean dos urgencias: redefinir el perfil y las
exigencias profesionales de los comunicadores, y
redefinir los contenidos y los procedimientos de
su formación académica.
Pero la presunta
omnipotencia de la era digital contrasta con la
fragilidad de la paz, las convulsiones naturales
de nuestro pequeño planeta y las dificultades
culturales, políticas y económicas que frenan
la integración entre los pueblos. Aún así,
vislumbramos nuevas oportunidades gracias a la
existencia de poderosas herramientas de
comunicación.
3.
Contribución de los medios al proceso de
integración regional y a la preservación de la
paz
Aquí, la
pregunta correcta no es cómo pueden contribuir las
nuevas tecnologías de la comunicación al
proceso de integración regional y a la
preservación de la paz, sino qué tenemos que
hacer nosotros para conseguirlo.
Las
transformaciones que hemos examinado revelan que
los medios ya no son el soporte, sino el
contenido, y en consecuencia, que los
comunicadores ya no se definen por el medio en el
que trabajan, sino por los asuntos acerca de los
que saben.
El poder, en la
era digital, ya no es el control del espacio sino
del conocimiento. Las guerras hoy se libran con
armas controladas por los mismos ordenadores que
se utilizan para hacer Toy Story, Titanic
o La amenza fantasma.
Si se trata de
hablar de los medios y de la paz, habrá que
recordar el carácter instrumental de la
tecnología y en consecuencia la urgente
necesidad de educar a los usuarios.
Es de vital
importancia que nos planteemos la necesidad de
extender y democratizar el acceso a Internet en
hispanoamérica, de incorporar nuestros
contenidos culturales y nuestra lengua a la Red.
La lengua es uno
de los factores estratégicos de mayor
importancia en proyecto de unión entre América
Latina y la Red.
Hay señales
positivas en esta dirección, ya que la comunidad
hispanohablante es el grupo con mayor crecimiento
en Internet. Aún así, se requieren políticas
nacionales y regionales audaces para propiciar un
desarrollo intenso y organizado de la Red, tal
como se ha hecho en Estados Unidos y en Europa
(Infosociedad, 1998).
Finalmente, los
medios masivos de la región pueden impulsar
iniciativas conjuntas como el intercambio de
profesionales, el desarrollo de programas de
prácticas para estudiantes, y la producción
conjunta de materiales (suplementos, programas o
servicios de información).
En esta línea
resulta especialmente significativa la
experiencia de REDIPAZ, Red de Diarios de
América Latina para una Cultura de la Paz
auspiciada por la UNESCO (en la que participan
los diarios El Comercio y Hoy de
Ecuador) que busca fomentar la cultura de la paz,
la tolerancia, el entendimiento y la integración
entre las sociedades y naciones de la región.
Conclusiones
Cada nueva
tecnología crea una nueva cultura. Los cambios
que nos promete la era digital no se producirán
tan rápido como se nos anticipa, pero sus
efectos serán mucho mayores de lo que se
pronostica.
La comunicación
pública y sus paradigmas de sustento han de ser
repensados a la luz de los medios que nos trae la
era digital, hay que aventurarse a hacer la
comunicación que queremos, sin complejos ni
fanatismos, porque hay una nueva oportunidad para
los medios, para los comunicadores, y también
para la paz.
_____________________
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www.apc.org
Ecuatorianos. La comunidad
virtual #1 de Ecuador
www.ecuatorianos.com
Federación Latinoamericana
de Facultades de Comunicación Social - FELAFACS
www.felafacs.org
Intercom Nodo Ecuanex
www.ecuanex.apc.org
Latin American Network
Information Center - LANIC
lanic.utexas.edu
Programa de Graduados
Latinoamericanos PGLA
www.unav.es/pgla
Recursos en Internet para
Comunicación
www.unav.es/digilab/ric
Red de Diarios de América
Latina para una Cultura de la Paz REDIPAZ
redipaz.ucol.mx
Starmedia
www.starmedia.com
UNESCO WebWorld
www.unesco.org/webworld
World Media Network
www.worldmedia.fr/network
* Dr. José
Luis Orihuela Colliva
es profesor adjunto del Departamento de Cultura y
Comunicación Audiovisual, director del Programa
para América, y subdirector del Laboratorio de
Comunicación Multimedia de la Facultad de
Comunicación en la Universidad de Navarra. Esta ponencia fue presentada en el Encuentro Internacional
"Comunicación e Integración", en la Pontificia Universidad
del Ecuador, en Quito, en
octubre de 1999. Esta es su primera colaboración
para Sala
de Prensa.
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