Surrealismo
documentado
Gerardo
Reyes *
Un
suplemento dominical de un periódico de Madrid
ha clasificado el libro de García Márquez
"Noticia de un Secuestro" en la
sección de las obras de ficción más vendidas
en los últimos meses. Injusto disparate para un
novelista que se gastó más de tres años de su
vida ahuyentando sus fantasías mientras buscaba
los datos legítimos de una pavorosa realidad que
merecía desde hace mucho tiempo un libro de no
ficción.
"Noticia de
un Secuestro" es la primera obra de García
Márquez escrita con rigor de reportero
investigador. Sus maravillosas crónicas de los
países socialistas, los reportajes de cuando era
feliz e indocumentado y el "Relato de un
Náufrago" forman parte de un género
diferente, que algunos llaman periodismo
literario.
Se trata de esos
artículos del Gabo bohemio, colmados de
hipérboles macondianas que delataban la
incontrolable tentación del escritor de explotar
al máximo y en primera persona los detalles
absurdos, como las ratas muriendo de sed en
Caracas, los contrastes, como el de las checas
dando su vida por unas medias de nailon, y las
grandes injusticias, como la cometida con Vicente
Hernández Marval, taxista venezolano condenado
por un asesinato que no cometió.
En esa época,
en la que se escribía con tinta y aguardiente,
García Márquez afirmaba que en Bogotá llovía
360 días al año ("Colombia: al fin hablan
los votos"). Ahora, en su nuevo libro, el
Gabo investigador prefiere la precisión de
filigrana y cita los archivos del Instituto
Meteorológico para dar una idea exacta de las
condiciones climatológicas en la madrugada en
que Maruja Pachón fue secuestrada.
El nuevo trabajo
del Premio Nobel es un relato de 10 secuestros
ocurridos en 1990 y ejecutados por "Los
Extraditables", organización creada por el
legendario capo de las drogas Pablo Escobar para
forzar al Gobierno a revocar el tratado de
extradición.
La idea del
libro surgió en 1994 a raíz de varias
conversaciones que el escritor sostuvo con Maruja
Pachón cuando era ministra de Educación del
Gobierno colombiano.
Maruja estaba
empeñada en que nunca hablaría de esa tragedia
con nadie, a excepción de su marido.
"Hablar era
como volver a ese hueco", recuerda.
Escribir, sin
embargo, era un proyecto que guardaba para una
fecha indefinida, con la esperanza de dar a
conocer detalles de una historia que los
colombianos habían olvidado por las mismas
razones que ella no quería recordar.
Dice García
Marquez en su introducción que, en principio, la
crónica era sobre el secuestro y el rescate de
Maruja, pero después se dio cuenta de que era
imposible desvincular aquel secuestro de los
otros nueve que ocurrieron al mismo tiempo en el
país.
"En
realidad no eran diez secuestro distintos
como nos pareció a primera vista,
sino un solo secuestro colectivo de diez personas
bien escogidas y ejecutado por una misma empresa
con una misma y única finalidad", escribió
García Márquez.
Además de
Maruja, los rehenes fueron: Diana Turbay
Quintero, hija del expresidente Julio César
Turbay; Azucena Liévano, editora del noticiero
de televisión Cripton; Juan Vitta, redactor;
Richard Becerra y Orlando Acevedo, camarógrafos;
Marina Montoya, hermana del asesor del
expresidente Virgilio Barco, y Francisco Santos,
jefe de redacción de El Tiempo.
Montoya y Turbay
murieron en manos de los secuestradores.
En varios
seminarios de periodismo he escuchado con
frecuencia la pregunta de cuáles son las
ventajas que se pueden combinar del periodismo de
Estados Unidos y las del periodismo
latinoamericano.
Creo que la
respuesta está en el libro de García Márquez
pues allí se funden las virtudes de ambas
escuelas. De la americana tiene el afán de la
precisión en los datos fríos y técnicos, la
obsesión por los detalles, la necesidad de los
testimonios puntuales y entre comillas; de la
latina tiene la cálida exploración del
carácter de los personajes, los ambientes y las
licencias para interpretar sin conjeturas.
"Gabo
estaba obsesionado con los detalles", me
dijo Maruja cuando la entrevisté para El Nuevo
Herald. "Estaba muy interesado en qué
pasaba todos los días del secuestro, quería
corroborar cómo se vestían los sicarios
captores, qué decían y qué hacían",
explicó. "Para mí fue como una terapia
sicológica."
Esa mezcla de
factualidad y surrealismo documentado, la
obsesión por la minucia útil y por esas
situaciones sin aparente importancia que terminan
reflejando el filo más elocuente de la historia,
mantienen vivo al lector ante un drama que, por
ser tan doméstico, a veces tan legalista y tan
político, podría mandarlo a dormir.
Como ocurre en
todas las obras de personajes reales, siempre
quedan reproches al autor por lo que dejó de
decir o por lo que dijo en forma equivocada. Gabo
no se ha librado de esas críticas, especialmente
de sus paisanos, que estuvieron más cerca del
drama.
Unos dicen que
fue insensible con Marina Montoya; otros, que fue
condescendiente con el entonces presidente César
Gaviria, que se mostraba como un mandatario
intransigente con los narcos, pero que terminó
negociando con ellos, y otros extrañaron al
menos una pequeña semblanza de la vocación
asesina de Pablo Escobar.
García Márquez
es consciente de las limitaciones al confesar la
"sensación de insuficiencia" que
compartió al terminar el trabajo con las
personas que sufrieron con él "la
carpintería confidencial del libro", la
periodista Luzángela Arteaga y Margarita
Márquez Caballero, prima del escritor.
Para los
periodistas latinoamericanos humildes que
todavía creen que pueden aprender algo más, la
lectura de "Noticia de un Secuestro"
tiene varias lecciones provechosas. La primera,
que es este un excelente, estimulante para
escribir en profundidad sobre acontecimientos que
en su momento quedaron mal contados.
En este proceso,
cuando ya todos los reporteros se han ido, no hay
cámaras ni micrófonos, y los protagonistas
tienen la mente más despejada, entonces llega el
periodista sin afanes, hace de nuevo las
preguntas elementales, recorre los escenarios de
la historia y descubre todas aquellas cosas
importantes que se dejaron de decir.
La otra lección
es metodológica. La forma como García Márquez
organizó el material es una guía practica para
escribir dramas colectivos.
Pero lo
importante de este trabajo, y por supuesto no
aparece en términos docentes en el libro, es que
se trata de un excelente manual de cómo hacer
entrevistas. Todos esos detalles que describe el
escritor no surgen cuando el periodista se sienta
escribir, sino cuando está frente a su
personaje, y sirven para que su libro no lo
pongan en las librería en los estantes de
ciencia ficción.
* Gerardo Reyes es miembro del equipo de investigación
de The
Miami Herald. Este
texto es reproducidodel número 28 de la revista Pulso del Periodismo, editada por el International Media
Center de la Florida International University,
con la autorización de su editor, John Virtue.
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