El
periodista
en el umbral del siglo XXI
Enrique
de Aguinaga *
Cuando se
está de vuelta de muchas cosas (y yo llevo medio
siglo enredado en la explicación del
periodismo), se vuelve a la sencillez.
Quizá por eso,
de vuelta de la pedantería, del camelo
científico, de la retórica, de la mitomanía y
demás enfermedades del periodismo y de sus
profesores, a mí me gustaría hablarles con
sencillez, al pie de las palabras y sus
significados reales.
Por eso les
digo, para empezar, que el título Retos del
periodismo ante el nuevo milenio me produjo
cierta sensación de grandilocuencia.
¿Periodismo
ante el nuevo milenio?. Es decir,
periodismo ante otro milenio, tras este
milenio, que ahora termina.
O sea, que nos
disponemos a pasar de un milenio de
periodismo (II milenio de la Era Cristiana) a otro
milenio de periodismo (III de la misma Era)
Por lo pronto,
esto sería una exageración, si, por lo que se
refiere al II milenio, partimos de la base de que
el periodismo propiamente dicho es un producto de
la revolución industrial del siglo XIX. Y que
todo lo anterior es, a lo sumo, protoperiodismo,
por mucho que algunos se empeñen en dar el
carné de prensa al mismísimo San Pablo.
Quede sobre la
mesa, el debate de qué sea periodismo o qué se
deba entender como periodismo, en un análisis
actual, en el que, para empezar, no se puede
confundir periodismo con comunicación.
Por supuesto:
todo periodismo es comunicación; pero no toda
comunicación es periodismo.
En la
Universidad hay la obligación de afinar y no se
puede admitir por las buenas que El Gran
Hermano, como asegura Mercedes Milá, sea
periodismo (1). A cualquier cosa
llaman chocolate las patronas (se decía en
mis tiempos de estudiante).
Admitamos, de
momento, que lo que hoy se considera periodismo
es la presentación social de la industria de la
información, que nace, con la empresa
periodística, a finales del siglo pasado.
Nemesio Fernández-Cuesta, presidente de prensa
Española, ha explicado recientemente y con
claridad esta naturaleza de la industria de la
información (2).
Y ¿qué decir
del milenio que viene, del III milenio? ¿Estamos
seguros de que el actual periodismo dure mil
años más, como tal? ¿Estamos seguros de que un
periodismo semejante se haga estas mismas
preguntas en las vísperas del IV milenio?
Abundan los
profetas que barajan todas las hipótesis y
mezclan el avance de la tecnología (3), el cambio de sociedad, la
aceleración histórica y la globalización. Hay
quien, buscando salidas imaginativas, inventa el periodismo
cívico o el periodista contemplativo (4). Y ya está diseñada Ananova, la
periodista virtual de la Red, valorada en 25.000
millones de pesetas (5).
Hace ocho años
(1992), en las Conversaciones de Madrid
referidas a La comunicación de masas en el
tercer milenio, Carlos Soria hizo su
vaticinio: La profesión periodística, tal
como la conocemos, es una especie en vías de
extinción (6), vaticinio no compartido
por Fernández del Moral que, a propósito de las
mismas Conversaciones, escribía:
Nadie
puede poner en duda que la sociedad del siglo
XXI tendrá que contar con más profesionales
de la información y la comunicación,
libres, independientes, rigurosos y
honestos... atrás va quedando la concepción
precientífica de la información y
los modos artesanales van dejando paso a la
configuración de una profesionalidad nueva (7).
Puestos a
afinar, se considera que la denominación de periódico
electrónico (propio del siglo XXI) no es
correcta, porque no se trata de un periódico que
utilice un sistema diferente de distribución,
sino de un nuevo medio, con todas sus
consecuencias, como en su día lo fueron la Radio
o la Televisión (8).
El LIII Congreso
Mundial de Periodismo, que, en el mes pasado,
tuvo por sede Río de Janeiro, situó en el
futuro dos fenómenos emergentes: la redacción
multimedia -radio, televisión, Internet y
prensa- (9) y el periódico
gratuito.
El editor de USA
Today, Thomas Curley, en la hipótesis de la
redacción multimedia, afirma que muy pronto
no habrá diarios, sino solo información (10).
Y, en el cuanto
al periódico gratuito, algún diario de Madrid
nos está dando la razón.
En cualquier
caso, tras la primera desazón, me ha
tranquilizado el hecho de que, a fin de cuentas,
los organizadores del seminario me hayan invitado
a que hable del periodista en el umbral del siglo
XXI.
El
periodista en el umbral del siglo XXI
Esto ya es otra
cosa. Porque, en definitiva, hablar del
periodista en umbral del siglo XXI, es hablar del
periodista en el final del siglo XX, del
periodista de hoy, que es lo mío, que es a lo
que dedico mis cursos de doctorado y de Master,
Tanto en el
curso de doctorado, Libertad de expresión y
profesión periodística, de la Universidad
Complutense, como en el curso de master, Profesión
Periodística, del diario ABC, me
dedico a duchar con agua fría, a veces helada,
la entusiasta ingenuidad de los estudiantes de
periodismo, generalmente desinformados o mal
informados, en este punto, a lo largo de la
licenciatura.
El siglo XX ha
estado recorrido, de cabo a rabo, por el debate
de la profesionalización del ejercicio del
periodismo, debate que todavía no ha llegado a
una conclusión y conclusión que no se avizora,
náufraga en un mar de confusiones.
La profesión
periodística se confunde con el oficio
periodístico, con la empresa
periodística, con la libertad de
expresión e información, con la literatura,
con la política y con el propio periodismo.
Así, al menos, lo explico y documento en mis
cursos.
La llamada profesión
periodística, rodeada de todo género de
ditirambos y dicterios, es consecuencia de la
aparición de la empresa periodística y tan de
este siglo XX, que suele aceptarse, de acuerdo
con Hohenberg, que la profesionalización del
periodismo comienza hacia 1920 en los Estados
Unidos y, en Europa, a lo largo del periodo de
entreguerras (11).
Como se dice en
el discurso científico, por lo menos, tenemos la
ventaja de la reducción del campo. Hablamos del periodista
y sólo del periodista. Pero esto es, al
mismo tiempo, un grave inconveniente, porque
llegamos al siglo XXI sin saber ciertamente
quién es periodista, en qué consiste eso
de ser periodista.
Podría
presentar muchas pruebas de este aserto
desconcertante. Los cartapacios de mis clases las
tienen a rebosar. Pero me voy a concentrar en una
prueba de calidad: la prueba del Congreso de los
Diputados.
Hace seis años
(1994) la Comisión Constitucional del Congreso
de los Diputados llamó a comparecencia a catorce
prohombres del periodismo, de la empresa, de la
enseñanza y del derecho, para formularles la
pregunta que, desde hace muchos años, viene
repitiéndose, con escaso resultado, en foros y
congresos especializados:
"¿Quién
es periodista? ¿Quién es periodista?" (12)
Queden para la
historia los nombres de los catorce prohombres
consultados:
Miguel
Angel Aguilar,
comentarista
de "El País";
José
Luis Gutiérrez,
director de
"Diario 16";
Pedro
José Ramírez,
director de
"El Mundo";
José
María García,
director de
Deportes de la COPE;
Iñaki
Gabilondo,
director del
programa "Hoy por hoy" de la cadena
SER;
Jesús de
la Serna,
presidente
de la Federación de Asociaciones de la
prensa de España (FAPE);
Eugenio
Galdón,
consejero-delegado
de Cadena de Ondas Populares de España
(COPE);
Javier
Fernández del Moral,
decano de
Ciencias de la Información de la Universidad
Complutense;
Marc
Carrillo,
letrado y
miembro de la Junta Electoral Central;
Juan Luis
Cebrián,
consejero-delegado
de PRISA, editora de "El País";
Jesús
Santaella,
decano del
Servicio Jurídico de la Asociación de la
prensa de Madrid;
Josep
Pernau,
decano del
Colegio Profesional de Periodistas de
Cataluña;
Antonio
Petit,
responsable
de la Comisión Deontológica de la FAPE, y
Pascual
Sala,
presidente
del Consejo General del Poder Judicial.
En el Diario
de Sesiones del Congreso de los Diputados, he
leído atentamente las declaraciones de tan
selecto concurso, que, en tres jornadas (13), sumaron quince horas de
parlamento. Y me he quedado como dicen que se
quedó el negro del sermón, con la cabeza
caliente y los pies fríos, ya que, en
conclusión, nada se concluye sobre la
definición de periodista.
Problema
gravísimo, definición muy confusa que ha
quedado en manos de la empresa y que hay que
dejar para más adelante (dijo Miguel Angel
Aguilar).
Cuestión
espinosa en la que no entraré (dijo José
Luis Gutiérrez).
Me parecería
una catástrofe que de esta iniciativa
legislativa se derivase cualquier tipo
definición restrictiva de lo que es un
periodista (dijo Pedro José Ramírez).
Un
profesional (dijo José Maria García).
No lo sé
(dijo Iñaki Gabilondo).
Intentar
definir al periodista en estos momentos me parece
que es absolutamente imposible. Según la
Constitución todos los ciudadanos españoles son
periodistas (dijo Jesús de la Serna).
Todo señor
que escribe en un periódico o que habla por la
radio habitualmente y que hace, más o menos, una
profesión de ello (dijo Eugenio Galdón).
Los debates
sobre la definición profesional del periodismo
están introducidos en dialécticas
decimonónicas (dijo Javier Fernández del
Moral).
Un tema
enormemente complejo (dijo Marc Carrillo).
No tengo una
definición de periodista (dijo Juan Luis
Cebrián).
Para mí, son
periodistas los que obtienen información para
comunicarla por cualquier medio (dijo Jesús
Santaella).
La ley no
tiene por que definir quién es periodista
(dijo Josep Pernau).
No tenemos un
consenso suficiente que resuelva el problema
nunca resuelto de quién es periodista (dijo
Antonio Petit).
Están bien
las definiciones que profesan las dos
proposiciones de ley (dijo Pascual Sala,
refiriéndose a las proposiciones de ley del
secreto profesional y de la cláusula de
conciencia).
En la ultima
sesión, el diputado del grupo socialista Del
Pozo resumió las catorce comparecencias con
estas palabras, que son toda una sentencia:
Acepto lo
que todos los comparecientes casi
unánimemente y los propios compañeros de la
Comisión estamos constatando: que es
imposible e indeseable intentar dar una
definición de periodista.
Repito: La
definición de periodista no solo es imposible,
sino que, además, es indeseable. Imposible e
indeseable.
Y esto como
resumen de la opinión de catorce prohombres y
proclamado en el Congreso de los Diputados,
templo supremo de las leyes.
Se trataba en
efecto no sólo de definir al periodista sino
también de dar con la definición legal para que
el periodista definido, como destinatario de
estos derechos, figurase al frente de las leyes
del secreto profesional y de la cláusula de
conciencia , determinadas por la letra d) del
apartado 1 del artículo 20 de la Constitución.
Se dieron muchos
rodeos y, finalmente, se cortó por lo sano: no
prosperó la ley del secreto y, de la ley de la
cláusula de conciencia, se suprimió el
artículo primero y, con él, la definición del
sujeto del derecho. Es decir, algo así como la
curación del dolor de cabeza mediante la
guillotina.
Por lo tanto, en
el umbral del siglo XXI, seguimos sin definición
legal del periodista, a merced del arbitrio de
todos los definidores espontáneos. Lo que
permite, por ejemplo, que el padre Apeles (14), Cristina Tárrega (15), Carlos Ferrando (16) o Antonio Banderas (17) se atribuyan o reciban este
título en letras de prensa. Menos mal que
Antonio Gala ha explicado con todo detalle que no
se considera periodista (18).
La palabra periodista
es relativamente reciente.
López de Zuazo (19) examina el proceso y, partiendo
de otras denominaciones (papelistas, escritores
periódicos, diaristas, gaceteros,
gacetistas, autores públicos, jornalistas,
mercuristas, etcétera.), ofrece los
siguientes registros: primera aparición del
término periodista, en 1763; segunda aparición,
en 1787; se repite desde 1812 ; se generaliza a
partir de 1820 ; ingresa en la Academia en los
discursos de Eugenio Sellés (1895) y Juan Valera
(1898); se matiza como periodista profesional
en 1928; y ahora impregna los términos de reportero,
informador, redactor, columnista,
comunicador y tantos otros afines.
Treinta
señas para identificar periodistas
Con estos
orígenes, llegamos a la situación actual, que
se puede perfilar con las treinta proposiciones
siguientes, contrastadas por la experiencia y el
análisis. Cada una de ellas, claro está, es
objeto de desarrollo pormenorizado en mis clases
y aquí las expongo como enunciados provocativos:
(1) El
periodista es aquel que es empleado como tal. De
modo que, en definitiva, el periodista es creado
por la empresa. Lo que equivale al supuesto de
que los arquitectos fueran creados por los
constructores.
(2) El
periodista es un profesional de hecho (y,
por lo tanto, maltratable, digo
humorísticamente), en cuya ponderación, a falta
de la definición legal, se ha consagrado una
expresión tan forestal como escasamente
científica: periodista como la copa de un
pino.
(3) El
periodista apenas se ha enterado de que el
Registro Profesional de Periodistas, heredero del
Registro Oficial, ha devenido en un mero censo
privado, propiedad de la F.A.P.E., carente de la
nota legitimadora para el ejercicio profesional,
que tuvo en el pasado (20).
(4) El
periodista no busca la verdad, axioma tan
elemental que no hace falta apoyarlo en Walter
Lippmann. El periodista busca la noticia, que no
es lo mismo, ni mucho menos.
(5) El
periodista, que habla enfáticamente de mi
periódico, a sabiendas de que otro es su
propietario, no pasa de ser un empleado de una
empresa, que, como herramienta, le emplea
mientras que es útil .
(6) El
periodista no comunica información, (derecho
reconocido a todos los ciudadanos en el dichoso
artículo 20 de la Constitución) sino que se
limita a elaborarla para que otro la comunique.
(7) El
periodista, vinculado a la empresa por relación
laboral, no es exactamente el director (provisto
del derecho de veto, a caballo, entre la
redacción y la empresa con la que se identifica
necesariamente), ni el editor ni el empresario,
que son quienes, en definitiva, comunican la
información, porque para eso están directamente
vinculados a la empresa, por relación de
confianza, y la representan, en cuanto industria
que tiene la información como su producto.
(8) El
periodista no ejerce una profesión, sino
una actividad y, mucho menos, ejerce una profesión
titulada y colegiada, de las reconocidas en
el artículo 36 de la Constitución.
(9) El
periodista, a diferencia de los profesionales
titulados y colegiados, no puede invocar el
artículo 403 del Código Penal para defenderse
del intrusismo.
(10) El
periodista no tiene reconocidos los actos
propios de la profesión, que señalan el
área de competencia de todas las profesiones, actos
propios que están legalizados en aquel mismo
artículo 403 del Código Penal.
(11) El
periodista, al que el arbitrismo ha dedicado una
variada y numerosa colección de códigos
deontológicos, carece de un código
deontológico formalizado al que imperativamente
se someta su ejercicio profesional.
(12) El
periodista sigue clamando por un convenio marco,
norma laboral específica de aplicación general
a todas las empresas, acogidas ahora a los
convenios particulares, en cuya discusión el
periodista es una parte minoritaria del personal
empleado.
(13) El
periodista pudo leer la declaración de la
F.A.P.E., el pasado Día Mundial de la
Libertad de prensa, en la que se afirma:
El
deterioro, cada vez mayor, de las condiciones
laborales del periodista en España atenta
directamente contra la libertad de prensa (la
falta de convenios colectivos; la excesiva
precariedad laboral; las diferentes
condiciones de trabajo en prensa, que en
ocasiones sufre la mujer; la búsqueda
exclusiva de la rentabilidad económica por
ciertas empresas con absoluto desprecio de la
calidad de la información; los
"contratos basura" con sus
correspondientes "sueldos basura"
para periodistas jóvenes; el trabajo de
periodistas "en prácticas" y los
"becarios" absolutamente gratuitos
cuando encubren puestos laborales; y el abuso
de la figura del periodista autónomo...).(21)
(14) El
periodista carece de un estatuto profesional
legalizado con carácter general, cuyo vacío, a
veces, solo a veces, se cubre simbólicamente,
solo simbólicamente, con los particulares y
escasos Estatutos de la Redacción de cada medio (22).
(15) El
periodista pertenece a una pretendida profesión,
definida por los propios periodistas como desregulada,
desvertebrada, desprotegida (23) o atomizada (24). Por su autoridad, sobre todos
los juicios peyorativos, sobresale el
razonamiento del gran maestro Walter Lippmann,
ante el I.P.I., areópago de la prensa mundial: El
periodismo es todavía una profesión
subdesarrollada (25).
(16) El
periodista, representado en la II Convención
celebrada en Valladolid, en el mes de mayo, ha
acordado exponer al ministro de Trabajo los
graves problemas laborales y de precariedad en el
trabajo, que afectan a un buen numero de colegas (26).
(17) El
periodista no ha sabido, no ha querido o no ha
podido hacer lo que en alguna ocasión han hecho
todos los demás españoles: ejercer el derecho a
la huelga reconocido en el artículo 28 de la
Constitución.
(18) El
periodista, si no ha estudiado la índole de su
oficio (que es lo corriente), ignora su
condición de ruedecilla de un reloj que cumple
con exactitud sus rotaciones sin saber la hora
que es.
(19) El
periodista, si ha estudiado la índole de su
oficio (cosa que no ocurre necesariamente en las
facultades de periodismo), sabe que tiene la
independencia del pez en la pecera y que darse
con los morros en el vidrio no conduce a nada (27).
(20) El
periodista no puede discrepar de las decisiones
que su empresario, solo o en compañía de
otros (en una finca, a ser posible), adopte
sobre la tendencia del periódico o más
concretamente sobre los apoyos electorales,
mientras que, por encima de la cabeza del
periodista, silban las balas de la llamada guerra
mediática.
(21) El
periodista se entera de que la libertad en
abstracto no existe, porque lo ha dicho
Alfonso de Salas, presidente de la editora de El
Mundo, a propósito del lance de Casimiro
García Abadillo, director adjunto de ese diario,
excluido de Onda Cero por sus
informaciones sobre el presidente de Telefónica (28).
(22) El
periodista, al mismo tiempo, se entera de que los
representantes de los grupos empresariales Correo,
Prensa Española, Recoletos, Telefónica
Media, Unidesa, Efe, Prensa
Ibérica, Prisa y Zeta,
reunidos en Santander, han declarado la
necesidad de mejorar la formación de los
periodistas (29).
(23) El
periodista leerá el editorial de su periódico
como un lector más y apreciará, del mismo modo,
la opinión de los columnistas, que, en su
condición de colaboradores, generalmente no
pertenecen a la plantilla de la redacción.
(24) El
periodista, para no trabajar en balde, tendrá el
cuidado elemental de enterarse, lo antes posible,
de los temas o personas que no son gratos al
periódico que le emplea.
(25) El
periodista, según Menéndez Pelayo, pertenece a
una mala y diabólica ralea; según
Ortega, es una de las clases menos cultas de
la sociedad; y según Herrera Oria, se
inserta en una tradición incivil y bochornosa.
Y, para aceptar con humor estos dicterios, el
periodista ha hecho suyo otro más sarcástico: No
le digas a mi madre que soy periodista. La pobre
se cree que trabajo como pianista en un
prostíbulo.
(26) El
periodista, si es periodista responsable, amará
el periodismo porque no le gusta, en evidente
paráfrasis joseantoniana,
(27) El
periodista, empleado de una empresa, trabajador
por cuenta ajena, sabe que el que paga manda
y que como dice la copla flamenca: Desgraciaito
quien come / el pan por manita ajena / siempre
mirando a la cara / si la pone mala o güena (30).
(28) El
periodista no siempre tiene conciencia de su
función, por encima del éxito o de la eficacia,
y no siempre distingue que no toda prensa, toda
radio o toda televisión es periodismo.
(29) El
periodista ilustrado se sabe mandatario de la
sociedad para el cumplimiento del derecho
fundamental de los ciudadanos a la información,
no sólo, como limitadamente dice la
Constitución (comunicar o recibir), sino,
cabalmente, como el derecho del ciudadano a estar
informado, que no es lo mismo y es mucho más
que lo que reconoce la Constitución.
(30) El
periodista, en su doble dimensión de mandatario
de la sociedad y, a la vez, empleado de una
empresa, sabe que la realidad dominante le reduce
a la condición unidimensional de asalariado.
Esta letanía,
abreviada y realista, es, según mi experiencia y
mi análisis, el apunte del periodista de hoy, en
el umbral del siglo XXI.
¿Que este
apunte es áspero? ¿Que este apunte es ingrato?
A mí me han
preguntado por el periodista en el umbral del
siglo XXI y yo respondo, haciendo, una vez
más, de aguafiestas.
No le cuentes
las desgracias a los amigos suele decirse y
se añade: Que les divierta su madre.
También viene a cuento la definición de
grosería: Lo que se comete cuando te
preguntan: "¿Qué tal?", y contestas
la verdad.
De
la ensoñación a la ciencia, pasando por la
ética
Con todo, el
periodista ha sido considerado como héroe
característico del siglo XX. Así lo ve Ricardo
Sanabre:
Como
profesión (el periodismo) constituye el
horizonte soñado de miles de jóvenes en
universidades de todo el mundo... las
ensoñaciones juveniles, alimentadas, sobre
todo, por ciertas formulas narrativas del
cine norteamericano, proyectan sobre la
figura del periodista el aura de prestigio
que le proporcionan factores como la supuesta
existencia cosmopolita, una vida llena de
emociones y la posibilidad de aclarar
misterios insondables de la sociedad, desde
un turbio asesinato hasta un caso de
corrupción colectiva
Luego --añade
Sanabre--, la realidad de las redacciones
se encarga de disipar las brumas de la
utopía y rebajar muchas ilusiones hasta
dejarlas a ras de tierra. Pero ¿qué más
da? Llegarán otros jóvenes, otras
generaciones igualmente atraídas por el
señuelo de vida brillante, azarosa y
entregada a la lucha por la verdad, y la
historia comenzará de nuevo (31).
Hay, en
términos generales, la tendencia a confundir al
periodista con el sistema industrial que le
emplea y, frecuentemente, se cae en la ingenuidad
de abochornar al conductor del autobús con
reclamaciones a la empresa de transportes. El
conductor, por supuesto, se defiende: Eso no
me lo diga a mí, que soy un simple empleado. Eso
dígaselo usted al señor alcalde, que es el que
manda.
Hay la cruda
realidad de la sociedad capitalista y el sistema
de mercado en que vivimos. Ningún empresario
instala una empresa, de muy altos costes, para
abandonar sus objetivos en manos de sus
empleados, supuestamente independientes. Esta es,
en expresión muy razonable de Guillermo Luca de
Tena, la irrenunciable libertad de todo
empresario de mandar en su casa (32). Esta es, en expresión de
Carrascal, la ley de la propiedad, base del
sistema que nos rige (33).
Hay algo más.
Hay, ciertamente, una dimensión ética y una
dimensión científica, en las que se redimen las
servidumbres del periodista, por encima de las
circunstancias, de las técnicas y de los
condicionamientos, en el plano superior y
permanente de lo esencial.
Hay dos textos
recientes, fechados el 4 de junio, que conviene
repasar: el discurso de Juan Pablo II con
ocasión del jubileo de los periodistas (34) y Ética en las comunicaciones
sociales (35), documento del Consejo
Pontificio de las Comunicaciones Sociales.
Es notable y
significativo el hecho de que mientras el Papa se
dirige a los queridos periodistas y repite
otras tres veces el termino periodista,
esta palabra no aparece ni una sola vez en el
documento del Consejo Pontificio, que refiere a
quienes controlan los medios de comunicación
social y determinan sus estructuras, sus
políticas y sus contenidos: funcionarios
públicos y ejecutivos de empresas, miembros de
consejos de administración, propietarios,
editores y gerentes de emisoras, directores,
jefes de redacción, productores, escritores,
corresponsales y otras personas.
De modo directo
y reiterativo, el Papa insta a los periodistas
para que no se rijan sólo por las fuerzas
económicas, por los beneficios e intereses
partidarios, para que no escriban o trasmitan
sólo en función del índice de audiencia.
En definitiva
(permítaseme esta interpretación docente), el
Papa está predicando la salvación del
periodista unidimensional para que, en expresión
de Lippmann, sea periodista responsable;
es decir, periodista de la importancia por
encima del periodismo de lo interesante;
es decir, periodista del interés publico,
por encima del interés del publico. Lo
cual no deja de ser una invitación al heroísmo.
También los
públicos tienen obligaciones éticas, afirma
el documento del Consejo Pontificio, que centra
la cuestión en la idea de que los medios de
comunicación social no hacen nada por sí
mismos, sino que son instrumentos o herramientas
que se usan de uno u otro modo, que pueden usarse
para el bien y para el mal.
Dejo para el
final, como profesor de la asignatura, un apunte
sobre la dimensión científica del periodismo y,
por ende, de su agente, el periodista.
Aunque algunos
sigan todavía en el periodismo de Larra y
no se hayan enterado, ésta sí que ha sido
efectivamente, sin duda alguna, la gran novedad
periodística del siglo XX, que tendrá que
perfeccionarse en el siglo XXI: la aparición y
desarrollo de la Ciencia de la Información y la
construcción de la Teoría del Periodismo en el
seno de la Universidad.
Todavía falta
para desprenderse definitivamente de los tópicos
del periodismo de filiación literaria y
política, del periodismo decimonónico, y entrar
el periodismo de precisión, propio del siglo
XXI.
Todavía en los
planes de estudios de la Universidad Complutense
figuran la Teoría de la Información, la Teoría
de la Comunicación e, incluso, la Teoría
de la Publicidad y no se ha incorporado, por
incompetencia, la Teoría del Periodismo.
Todavía se
confunden reporterismo, literatura y periodismo,
que es como confundir al arquitecto con el
albañil o al arquitecto con el decorador.
Todavía se postula el periodismo de la
intrepidez y del brillo. Todavía -¡Dios mío!-
se discute la formación específica del
periodista, en cuanto técnico de la
información, y se alaban el periodismo de
inspiración artística , el periodismo de genoma
(36) y el periodista como una
especie de enciclopedista para pobres.
Todavía
seguimos con la vaca sagrada del estilo
periodístico, con las supersticiones de la
redacción periodística, entre el Miranda
Podadera y el lead, sin enterarnos de que
el periodismo esencial es un sistema de
clasificación de la realidad, mediante
operaciones de selección y valoración, por
aplicación de factores de importancia e
interés, que nos proporcionan una
interpretación mundial, una imago mundi,
subjetiva, por supuesto, capaz de crear una nueva
realidad.
Y ya he dado el
telegrama de la Teoría del Periodismo.
Esta es la raya
del paso del siglo, este es el umbral
periodístico del siglo XXI . Este es el
periodismo como periodificación y el
periodista como periodificador, que
alumbra el profesor Beneyto, en 1957, y que he
desarrollado perseverantemente en la Universidad
Complutense, como mi investigación de cátedra.
Este es el
periodismo que no busca la información,
sino el conocimiento por depuración de
las informaciones.
Lo que pasa es
que del sistema periodístico, del periodismo
esencial, de la clasificación de la realidad se
desprenden inmediatamente consecuencias,
resultados, aplicaciones e influencias, con las
que se trafica, al mismo tiempo que provocan, con
todas sus ferocidades, la lucha por el dominio de
la información, que es una forma de la lucha por
el poder, haciéndonos creer que consecuencias,
resultados, aplicaciones e influencias son el
periodismo propiamente dicho.
Las
consecuencias, resultados, aplicaciones e
influencias del periodismo no son el periodismo
mismo, como la hiedra no es el árbol que
envuelve y oculta. La esencia de la aviación no
es la meteorología, el transporte, el bombardeo
o la vigilancia, que son aplicaciones. La esencia
de la aviación es el vuelo.
La búsqueda y
análisis de la esencia del periodismo, oculto
por tanta hiedra, es o debe ser la misión de la
Universidad, que, de otro modo, se quedaría en
Escuela de Artes y Oficios.
Así, se llega a
la figura del periodista como periodificador,
agente de una profesión que, como dice el
artículo primero de la vigente Ley
Universitaria, exige conocimientos y métodos
científicos.
Este periodista
esencial es algo más que el ágil reportero,
algo más que el chico espabilado e intrépido,
que enseguida se hace cargo de todo, algo más
que el mozo suelto de pluma. Este
periodista esencial es el que, a mi modo de ver,
pisa el umbral del siglo XXI y, en el siglo XXI,
debe encontrar, por fin, su definición, depurado
de tantas adherencias y confusiones.
El periodista
esencial, que lo será en cualquier circunstancia
y en cualquier tiempo, al margen de la
tecnología y del estilo, con independencia de
instrumentos y formalidades, es el periodista que
la Universidad tiene la responsabilidad de
perfilar. Este debería ser el periodista del
siglo XXI.
O, me pregunto,
finalmente, ¿vamos a perpetuar el modelo del
periodista unidimensional, sumiso empleado de la
industria de la información?
_____
Notas:
1 JESÚS
LILLO, "Lo que hago sigue siendo
periodismo", en "ABC" (diario),
Madrid, 9 de julio de 2000.
2 NEMESIO
FERNÁNDEZ-CUESTA, en la cena de los premios
"Mariano de Cavia", "Luca de
Tena" y "Mingote", "ABC"
(diario), Madrid, 8 de junio de 2000: "La
información... es hoy una industria, entrelazada
de un modo u otro con los poderes económicos que
ella crea o que en ella intervienen, claro
trampolín de hegemonías políticas y sociales
y, por tanto, objeto de numerosas y fuertes
presiones".
3 UNIVERSIDAD
COMPLUTENSE, "Los desafíos del periodismo
en la era electrónica", encuentro de los
"Cursos de Verano", El Escorial,
septiembre de 2000.
4 CARLOS
FRESNEDA, "El periodismo cívico se
abre un hueco entre la audiencia", en
"El Mundo" (diario), Madrid, 18 de
junio de 2000.
5 ALBERTO
DE LAS FUENTES, "Una periodista de 25.000
millones", en "El Mundo" (diario),
Madrid, 9 de julio de 2000.
6 "DIARIO
16", "Carlos Soria: "Los
periodistas son una especie en vías de
extinción", Madrid, 30 de junio de 1992.
7 JAVIER
FERNANDEZ DEL MORAL, "Los retos de los
medios de comunicación ante el tercer
milenio", en "ABC" (diario),
Madrid, 14 de agosto de 1992.
8 JESÚS
CANGA LAREQUI y otros profesores de la
Universidad del País Vasco, "Un nuevo medio
para un nuevo siglo", en Sala de Prensa, Web
para profesionales de la comunicación
iberoamericanos, núm. 20, junio de 2000.
9 JUAN
ARIAS, "Reporteros multimedia, la ultima
moda", en "El País" (diario),
Madrid, 17 de junio de 2000. FRANCISCO
GIMÉNEZ-ALEMAN, "Internet, ¿y qué
más?", en "ABC" (diario), 31 de
julio de 2000.
10 TERESA
CENDROS, "Muy pronto no habrá diarios, sino
sólo información", en "El País"
(diario), Madrid, 3 de junio de 2000. JUAN J.
GÓMEZ, "El periodista tiene que pensar
siempre en multimedia" (entrevista con
Howard Tyner, director de "Chicago
Tribune"), en "El País" (diario),
Madrid, 25 de julio de 2000.
11
CARLOS SORIA, "La crisis de identidad del
periodista", Mitre, Barcelona, 1989, p. 47.
12 El
25 de mayo de 1996 fue una ocasión más : Mesa
Redonda sobre "La situación actual de la
profesión periodística" de la que, en el
apartado "Profesión periodística",
fue ponente Alejandro Muñoz Alonso, catedrático
de periodismo, dentro del programa de la LV
Asamblea General de la F.A.P.E. celebrada en
Cádiz. La ponencia de Muñoz Alonso se proponía
tres cuestiones: l. El registro de periodistas,
2. ¿Quién es periodista? y 3. Órganos de
representación periodística.
13 1
de junio, 22 de junio y 29 de noviembre de 1994.
14 JORGE
L. SORIA, "Padre Apeles. Periodista y
sacerdote", en "El País"
(diario), Madrid. 21 de julio de 1997.
15
"LA RAZÓN" (diario), "Cristina
Tárrega triunfa con 'Hablemos claro', Madrid, 14
de julio de 2000.
16
"DIARIO 16", "A nuestros
lectores", Madrid, 27 de junio de 1997.
17
GEMMA ORTA, "Antonio Banderas triunfa
también como periodista", en
"Pronto" (revista), Barcelona, 7 de
agosto de 1999.
18
ANTONIO GALA, "Ahora hablaré de mí",
Planeta, Barcelona, 2000, p. 133.
19 ANTONIO
LÓPEZ DE ZUAZO, "Origen y evolución del
término periodista", en "Estudios
sobre el mensaje periodístico" (revista),
núm 2, Servicio de Publicaciones de la
Universidad Complutense, Madrid, 1995.
20
ENRIQUE SÁNCHEZ DE LEÓN, "Informe sobre el
Estatuto Legal de la Profesión
Periodística", Madrid, 4 de abril de 2000.
21 F.A.P.E.,
declaración institucional, Día Mundial de la
Libertad de Prensa, Madrid, 3 de mayo de 2000.
22 II
CONVENCIÓN DE PERIODISTAS DE ESPAÑA,
"Estatuto legal", conclusión: "La
II Convención de Periodistas considera necesario
que se apruebe, con rango de Ley, un Estatuto del
Periodista profesional que proteja y ampare el
ejercicio del periodismo en España. Este
Estatuto deberá incorporar los derechos y
deberes profesionales que garanticen a los
ciudadanos su derecho a la información y a la
libre expresión, así como un mínimo de
derechos laborales de los informadores para que
puedan ejercer sus tareas por encima de las
presiones de todo orden".
23
II CONVENCIÓN DE PERIODISTAS DE ESPAÑA,
conclusión de la ponencia, "Necesidad de un
marco jurídico y laboral para la profesión
periodística", Valladolid, mayo de 2000.
24
JESÚS DE LA SERNA, discurso de apertura de la
LIX Asamblea General de la FAPE, Murcia, 27 de
abril de 2000.
25
WALTER LIPPMANN, "A Free Press why it
is important and how it can be sustained",
discurso a la XIV Asamblea del International
Press Institute, Londres, 27 de mayo de 1965.
26
F. FORJAS, "Apoyo a los medios de
comunicación públicos", en "El
País" (diario), Madrid, 29 de mayo de 2000.
27
ENRIQUE DE AGUINAGA, "La supuesta
independencia del periodista", Congreso
conmemorativo del XXV aniversario de la Facultad
de Ciencias de la Información, Universidad
Complutense, Madrid, 28 de octubre de 1997.
VENACIO-LUIS AGUDO, "Periodistas de todo el
mundo celebran su jubileo con el Papa", en
"Alfa y Omega" (suplemento de
"ABC"), Madrid, 15 de junio de 2000:
"¿Totalmente independiente el pagado por
una empresa que ha invertido cantidades
ingentes... por algo y para algo, aunque sólo
sea por ganar dinero? ¿Totalmente independiente
el periodista, cuya materia prima de trabajo es
la información, que él no posee? Los dueños de
la información son los poderosos, sean del
dinero o del poder político...".
28
ANA S. VALERA, "De Salas defiende a los
grupos multimedia 'fuertes' frente a la
concentración", en "El Mundo"
(diario), Madrid, 14 de julio de 2000.
29
SUSANA PÉREZ DE PABLOS, "Grupos de prensa
instan al gobierno a no competir con medios
privados", en "El País" (diario),
Madrid, 15 de julio de 2000.
30 ENRIQUE
DE AGUINAGA, "La supuesta independencia del
periodista", Congreso conmemorativo del XXV
aniversario de la Facultad de Ciencias de la
Información de la Universidad Complutense,
Madrid, 28 de octubre de 1997.
31
RICARDO SANABRE, "Héroes de nuestros
días", en "La Razón" (diario),
Madrid, 4 de octubre de 1999.
32
GUILLERMO LUCA DE TENA, "La doble cláusula
de conciencia", en "AEDE"
(revista), núm 12,Madrid, II Semestre de 1986.
33
JOSÉ MARÍA CARRASCAL, "Martín
Ferrand", en "ABC", Madrid, 26 de
julio de 1992.
34
JUAN PABLO II, "La sagrada tarea del
periodismo", en "Ecclesia"
(revista), núms.. 3001-02, Madrid, 17 y 24 de
junio de 2000.
35
JOHN P. FOLEY y PIERFRANCO PASTORE, "Ética
en las comunicaciones sociales", en
"Ecclesia" (revista), núms. 3001-02,
Madrid, 17 y 24 de junio de 2000.
36
JESÚS DE LA SERNA, discurso de apertura de LIX
Asamblea General de la FAPE, Murcia, 27 de abril
de 2000: "El periodismo se lleva en la masa
de la sangre; hoy diríamos que forma parte del
mapa genético de determinadas personas".
* Enrique de
Aguinaga es
miembro de la Real Academia de Doctores, catedrático emérito de la Universidad Complutense y profesor extraordinario de la Universidad San
Pablo-CEU. Este texto es su
participación en el Seminario Retos del Periodismo ante el
Nuevo Milenio, dictado en
la Universidad San Pablo-CEU, en Puerto de Santa
María (Cádiz), en julio de 2000, y es su
primera colaboración para Sala de Prensa.
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