Nuestro siguiente programa:
¡Oximoron!
La
derecha intelectual y el fascismo liberal
Subcomandante
Marcos *
"En la
figura que se llama oximoron, se aplica a
una palabra un epíteto que parece
contradecirla; así los gnósticos
hablaron de una luz oscura; los
alquimistas, de un sol negro."
Jorge Luis Borges
Advertencia, introducción y
promesa
Ojo: Si usted no
ha leído el epígrafe, más vale que lo haga
ahora porque si no, no va a entender algunas
cosas.
Un hecho
irrefutable: la globalización está aquí. No la
califico (todavía), simplemente señalo una
realidad. Pero, puesto que oximoron, hay que
señalar que se trata de una globalización
fragmentada.
La
globalización ha sido posible, entre otras
cosas, por dos revoluciones: la tecnológica y la
informática. Y ha sido y es dirigida por el
poder financiero. De la mano, la tecnología y la
informática (y con ellas el capital financiero)
han desaparecido las distancias y han roto las
fronteras. Hoy es posible tener información
sobre cualquier parte del mundo, en cualquier
momento y en forma simultánea. Pero también el
dinero tiene ahora el don de la ubicuidad, va y
viene en forma vertiginosa, como si estuviera en
todas partes al mismo tiempo. Y más, el dinero
le da una nueva forma al mundo, la forma de un
mercado, de un mega-mercado.
Sin embargo, a
pesar de la "mundialización" del
planeta, o más bien precisamente por ella, la
homogeneidad está muy lejos de ser la
característica de este cambio de siglo y de
milenio. El mundo es un archipiélago, un
rompecabezas cuyas piezas se convierten en otros
rompecabezas y lo único realmente globalizado es
la proliferación de lo heterogéneo.
Si la
tecnología y la informática han unido al mundo,
el poder financiero que las usa lo ha roto
usándolas como armas, como armas en una guerra.
Antes hemos dicho (el texto se llama "7
Piezas Sueltas del Rompecabezas Mundial",
EZLN, 1997) que en la globalización se lleva a
cabo una guerra mundial, la cuarta, y que se
desarrolla un proceso de
destrucción/despoblamiento y
reconstrucción/reordenamiento (estoy tratando de
resumir apretadamente, sed benévolos) en todo el
planeta. Para la construcción del "nuevo
orden mundial" (Planetario, Permanente,
Inmediato e Inmaterial, siguiendo a Ignacio
Ramonet), el poder financiero conquista
territorios y derriba fronteras, y lo consigue
haciendo la guerra, una nueva guerra. Una de las
bajas de esta guerra es el mercado nacional, base
fundamental del Estado-Nación. Éste último
está en vías de extinción, o cuando menos, lo
está el Estado-Nación tradicional o clásico.
En su lugar, surgen mercados integrados o, mejor
aún, tiendas departamentales del gran
"mall" mundial, el mercado globalizado.
Las
consecuencias políticas y sociales de esta
globalización son una figura de Oximoron
reiterada y compleja: menos personas con más
riquezas, producidas con la explotación de más
personas con menos riquezas, "la pobreza
de nuestro siglo es incomparable con ninguna
otra. No es, como lo fuera alguna vez, el
resultado natural de la escasez, sino de un
conjunto de prioridades impuestas por los ricos
al resto del mundo" (John Berger.
"Cada vez que decimos adiós".
Ediciones de la flor. Argentina, 1997. P.
278-279.); para unos cuantos poderosos el planeta
se abrió de par en par, para millones de
personas el mundo no tiene lugar y vagan errantes
de uno a otro lado; el crimen organizado forma la
columna vertebral de los sistemas judiciales y de
los gobiernos (los ilegales hacen las leyes y
"guardan el orden público"); y la
"integración" mundial multiplica las
fronteras.
Así que, si
resaltáramos algunas de las principales
características de la época actual, diríamos:
supremacía del poder financiero, revolución
tecnológica e informática, guerra,
destrucción/despoblamiento y
reconstrucción/reordenamiento, ataques a los
Estados-Nación, la consiguiente redefinición
del poder y de la política, el mercado como
figura hegemónica que permea todos los aspectos
de la vida humana en todas partes, mayor
concentración de la riqueza en pocas manos,
mayor distribución de la pobreza, aumento de la
explotación y del desempleo, millones de
personas al destierro, delincuentes que son
gobierno, desintegración de territorios. En
resumen: globalización fragmentada.
Bien, según
este planteamiento, en el caso de los
intelectuales (puesto que tienen que ver con la
sociedad, el poder y el Estado) cabría
preguntarse: ¿han padecido el mismo proceso de
destrucción/despoblamiento y
reconstrucción/reordenamiento? ; ¿qué
papel les asigna el poder financiero?; ¿cómo
usan (o son usados por) los avances tecnológicos
e informáticos?; ¿qué posición tienen en esta
guerra?; ¿cómo se relacionan con esos golpeados
Estados-Nación?; ¿cuál es su vínculo con ese
poder y en esa política redefinidos?, ¿qué
lugar tienen en el mercado?, y ¿qué posición
toman frente a las consecuencias políticas y
sociales de la globalización? En suma: ¿cómo
es que se insertan en esa globalización
fragmentada?
El mundo habría
cambiado por y para esta guerra. Si así fuera,
los intelectuales "clásicos" no
existirían más, ni sus antiguas funciones. En
su lugar, una nueva generación de "cabezas
pensantes" (para usar un término acuñado
por el comandante zapatista Tacho) habría
emergido (o está por emerger) y tendrían nuevas
funciones en su quehacer intelectual.
Aunque aquí nos
trataremos de limitar a los intelectuales de
derecha, serán evidentes algunos señalamientos
sobre los intelectuales en general y sobre su
relación con el poder. Como el propósito de
este texto es participar y alentar la polémica
entre intelectuales de derecha e izquierda, queda
una reflexión más profunda (sobre los
intelectuales y el poder, y sobre los
intelectuales y la transformación) para futuros
e improbables escritos.
Vale. Salud y
tenga a la mano su control remoto. En un momento
comenzamos...
I.-
LA MUNDIALIZACIÓN: PAY PER VIEW
En la bisagra
del calendario, el dos mil se balancea aún entre
los siglos XX y XXI, y entre el segundo y tercer
milenio. No sé qué tan importante sea esta
cuenta del tiempo, pero me parece que es,
también, un momento adecuado para que por todos
lados surja OXIMORON. Para no ir muy lejos, se
puede decir que esta época es el principio del
fin o el fin del principio de "algo".
"Algo", irresponsable forma de eludir
un problema. Pero ya se sabe que nuestra
especialidad no es la solución de problemas,
sino su creación. ¿"Su creación"?
No, es muy presuntuoso, mejor su proposición.
Sí, nuestra especialidad es proponer problemas.
Allá arriba
todo parece haber ocurrido ya antes, como si una
vieja película se repitiera con otras imágenes,
otros recursos cinematográficos, incluso actores
diferentes, pero el mismo argumento. Como si la
"modernidad" (o "post
modernidad", dejo la precisión para quien
se tome la molestia) de la globalización se
vistiera con su OXIMORON y se nos presentara como
una modernidad arcaica, rancia, antigua.
Si esto que digo
les parece una mera apreciación subjetiva,
póngalo a cargo de nuestro estar en la montaña,
resistiendo y en rebeldía, pero concédanos el
privilegio de la lectura y vea si se trata en
efecto de un síntoma más del "mal de
montaña", o usted comparte esta sensación
de "dejà vu" que fluye por el
hipercinema que es el mundo globalizado.
El mundo no es
cuadrado, cuando menos esto es lo que se enseña
en la escuela. Pero, en el filo cortante de la
unión de dos milenios, el mundo tampoco es
redondo. Ignoro cuál sea la figura geométrica
adecuada para representar la forma actual del
mundo, pero, puesto que estamos en la época de
la comunicación digital audiovisual, podríamos
intentar definirla como una gigantesca pantalla.
Usted puede agregar "una pantalla de
televisión", aunque yo optaría por
"una pantalla de cine". No sólo porque
prefiero al cinematógrafo, también (y sobre
todo) porque me parece que hay frente a nosotros
una película, una vieja película, modernamente
vieja (para seguir con oximoron).
Es, además, una
de esas pantallas donde se pueden programar la
presentación simultánea de varias imágenes
("Picture In Picture" la llaman). En el
caso del mundo globalizado, de imágenes que se
suceden en cualquier rincón del planeta. No son
todas las imágenes. Y no se debe a que falte
espacio en la pantalla, sino a que
"alguien" ha seleccionado esas
imágenes y no otras. Es decir, estamos viendo
una pantalla con diversos recuadros que presentan
imágenes simultáneas de diferentes partes del
mundo, es cierto, pero no todo el mundo está
ahí.
Al llegar a este
punto, uno se pregunta, inevitablemente, ¿quién
tiene el control remoto de esta pantalla
audiovisual? y ¿quién hace la
programación?". Buenas preguntas, pero
aquí no encontrará usted las respuestas. Y no
sólo porque no las sabemos a ciencia cierta,
sino también porque no son el tema de este
escrito.
Puesto que no
podemos cambiar de canal o de cinema, veamos
algunos de los diferentes recuadros que nos
ofrece la mega pantalla de la globalización.
Vayamos al
Continente Americano. Ahí tiene usted, en aquel
rincón, la imagen de la Universidad Nacional
Autónoma de México (UNAM) ocupada por un grupo
paramilitar del gobierno: la llamada Policía
Federal Preventiva. No parece que estén
estudiando esos hombres uniformados de gris. Más
allá, enmarcada por las montañas del sureste
mexicano, una columna de grises tanquetas
blindadas cruza una comunidad indígena
chiapaneca. En el otro lado, la imagen gris
presenta a un policía norteamericano que
detiene, con lujo de violencia, a un joven en un
lugar que puede ser Seattle o Washington.
En el recuadro
europeo proliferan también los grises. En
Austria es Joer Heider y su fervor pro-nazi. En
Italia, con la ayuda desinteresada de D´Alema,
Silvio Berlusconi se arregla la corbata. En el
Estado Español, Felipe González le maquilla la
cara a José María Aznar. En Francia es Le Pen
quien nos sonríe.
Asia, África y
Oceanía presentan el mismo color repitiéndose
en sus respectivos rincones.
Mmh... Tantos
grises... Mmh... Podemos protestar... Después de
todo, nos prometieron un programa a todo color...
Cuando menos subamos el volumen y tratemos de
entender así de qué se trata...
II.-
UN OLVIDO MEMORABLE
Al igual que la
globalización fragmentada, los intelectuales
están ahí, son una realidad de la sociedad
moderna. Y su "estar ahí" no se limita
a la época actual, se remonta a los primeros
pasos de la sociedad humana. Pero la arqueología
de los intelectuales escapa a nuestros
conocimientos y posibilidades, así que partimos
del hecho de que "están ahí". En todo
caso, lo que tratamos de descubrir es la forma
que adquiere ahora su "estar ahí".
"Los
intelectuales como categoría son algo muy vago,
ya se sabe. Diferente es, en cambio, definir la
"función intelectual". La función
intelectual consiste en determinar críticamente
lo que se considera una aproximación
satisfactoria al propio concepto de verdad; y
puede desarrollarla quien sea, incluso un
marginado que reflexione sobre su propia
condición y de alguna manera la exprese,
mientras que puede traicionarla un escritor que
reaccione ante los acontecimientos con
apasionamiento, sin imponerse la criba de la
reflexión." (Umberto Eco. "Cinco
escritos morales". Ed. Lumen. Traducción
Helena Lozano Miralles. p. 14-15). Si esto es
así, entonces el quehacer intelectual es,
fundamentalmente, analítico y crítico. Frente a
un hecho social (por limitarnos a un universo),
el intelectual analiza lo evidente, lo afirmativo
y lo negativo, buscando lo ambiguo, lo que no es
ni una cosa ni otra (aunque así se presente), y
exhibe (comunica, devela, denuncia) lo que no
sólo no es lo evidente, sino incluso contradice
a lo evidente.
Es de suponer
que las sociedades humanas tengan personas que se
dediquen profesionalmente a este análisis
crítico y a comunicar su resultado (en palabras
de Norberto Bobbio: "Los intelectuales
son todos aquellos para los cuales transmitir
mensajes es la ocupación habitual y conciente
(...) y para decirlo en un modo que puede parecer
brutal, casi siempre representa también el modo
de ganarse el pan"). Quedémonos con
esta aproximación al intelectual, al profesional
del análisis crítico y la comunicación.
Ya hemos sido
advertidos de que el intelectual no siempre
ejerce la función intelectual. "La
función intelectual se ejerce siempre con
adelanto (sobre lo que podría suceder) o con
retraso (sobre lo que ha sucedido); raramente
sobre lo que está sucediendo, por razones de
ritmo, porque los acontecimientos son siempre
más rápidos y acuciantes que la reflexión
sobre los acontecimientos" (Umberto Eco.
Op. Cit. P. 29).
Por su función
intelectual, este profesional del análisis
crítico y su comunicación sería una especie de
conciencia incómoda e impertinente de la
sociedad (en esta época, de la sociedad
globalizada) en su conjunto y de sus partes. Un
inconforme con todo, con las fuerzas políticas y
sociales, con el Estado, con el gobierno, con los
medios de comunicación, con la cultura, con las
artes, con la religión, con el etcétera que el
lector agregue. Si el actor social dice
"¡ya está!", el intelectual murmura
con escepticismo: "le falta, le sobra".
Tendríamos
entonces que el intelectual en su papel es un
crítico de la inmovilidad, un promotor del
cambio, un progresista. Sin embargo, este
comunicador de ideas críticas está inserto en
una sociedad polarizada, enfrentada entre sí de
muchas formas y con variados argumentos, pero
dividida en lo fundamental entre quienes usan el
poder para que las cosas no cambien y entre
quienes luchan por el cambio. "El
intelectual debe, por un elemental sentido del
ridículo, comprender que no se le otorga un
papel de brujo del espíritu en torno al cual va
a girar el ser o no ser de lo histórico, pero
que evidentemente él tiene saberes (...) que lo
pueden alinear en un sentido o en otro de lo
histórico. Lo pueden alinear en la búsqueda de
la clarificación de las injusticias presentes en
el mundo actual o en la complicidad con la
paralización e instalación en el Limbo." (Manuel
Vázquez Montalbán. "Panfleto desde el
planeta de los simios". Ed. Drakontos.
Barcelona 1995. p. 48)
Y es aquí donde
el intelectual opta, elige, escoge entre su
función intelectual y la función que le
proponen los actores sociales. Aparece así la
división (y la lucha) entre intelectuales
progresistas y reaccionarios. Unos y otros siguen
trabajando con la comunicación de análisis
críticos pero, mientras los progresistas siguen
en la crítica a la inmovilidad, a la
permanencia, a la hegemonía y a lo homogéneo;
los reaccionarios enarbolan la crítica al
cambio, al movimiento, a la rebelión y a la
diversidad. El intelectual reaccionario
"olvida" su función intelectual,
renuncia a la reflexión crítica, y su memoria
se recorta de modo que no hay pasado ni futuro,
el presente y lo inmediato es lo único asible y,
por ende, incuestionable.
Al decir
"intelectuales progresistas y
reaccionarios", nos referimos a los
intelectuales "de izquierda y de
derecha". Aquí conviene agregar que el
intelectual de izquierda ejerce su función
intelectual, es decir, su análisis crítico,
también frente a la izquierda (social,
partidaria, ideológica), pero en la época
actual su crítica es fundamentalmente frente al
poder hegemónico: el de los señores del dinero
y quienes los representan en el campo de la
política y de las ideas.
Dejemos ahora a
los intelectuales progresistas y de izquierda, y
vayamos a los intelectuales reaccionarios, la
derecha intelectual.
III.-
EL PRAGMATISMO INTELECTUAL
En el principio,
los gigantes intelectuales de derecha fueron
progresistas. Y hablo de los grandes
intelectuales de derecha, los "think
tanks" de la reacción, no de los enanos que
fueron ingresando a sus clubes
"pensantes". Octavio Paz, excelente
poeta y ensayista, el más grande intelectual de
derecha de los últimos años en México,
declaró: "Vengo del pensamiento llamado
de izquierda. Fue algo muy importante en mi
formación. No sé ahora... lo único que sé es
que mi diálogo a veces mi discusión- es
con ellos (los intelectuales de izquierda).
No tengo mucho que hablar con los otros"
(Braulio Peralta "El poeta en su tierra.
Diálogos con Octavio Paz". Ed. Grijalbo.
México 1996. p. 45). Y casos como el de Paz se
repiten en la mega pantalla global.
El intelectual
progresista, en tanto que comunicador de
análisis críticos, se convierte en objeto y
objetivo para el poder dominante. Objeto a
comprar y objetivo a destruir. Multitud de
recursos se ponen en juego para una y otra cosa.
El intelectual progresista "nace" en
medio de este ambiente de seducción
persecutoria. Algunos se resisten y defienden
(casi siempre en solitario, la solidaridad
intergremial no parece ser la característica del
intelectual progresista), pero otros, tal vez
fatigados, buscan entre su bagaje de ideas y
sacan aquellas que sean a la vez coartada y
razón para legitimar al poder. Lo nuevo exige
mucho, lo viejo ahí está, así que basta
enarbolar el argumento de "lo
inevitable" para que el sistema le ofrezca
un cómodo sillón (a veces en forma de beca,
puesto, premio, espacio) a la vera del Príncipe
ayer tan criticado.
"Lo
inevitable" tiene nombre hoy: globalización
fragmentada, pensamiento único (es decir,
"la traducción en términos ideológicos
y con pretensión universal de los intereses de
un conjunto de fuerzas económicas, en particular
las del capital internacional" (Ignacio
Ramonet. "Un mundo sin rumbo. Crisis de fin
de siglo". Editorial Debate. Madrid.), fin
de la historia, omnipresencia y omnipotencia del
dinero, reemplazo de la política por la
policía, el presente como único futuro posible,
racionalización de la desigualdad social,
justificación de la sobreexplotación de seres
humanos y recursos naturales, racismo,
intolerancia, guerra.
En una época
marcada por dos nuevos paradigmas, comunicación
y mercado, el intelectual de derecha (y ex de
izquierda) entiende que ser "moderno"
significa cumplir la consigna: ¡adaptaos o
perded vuestros privilegiados lugares!
Ni siquiera
tiene que ser original, el intelectual de derecha
ya tiene la cantera de la que habrá que picar
las piedras que adornen la globalización
fragmentada: el pensamiento único. La
asepsia no importa mucho, el pensamiento único
tiene sus principales "fuentes" en el
Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional,
la Organización para el Comercio y el Desarrollo
Económico, la Organización Mundial de Comercio,
la Comisión Europea, el Bundesbank, el Banco de
Francia "que, mediante su financiamiento,
enrolan al servicio de sus ideas a través de
todo el planeta a numerosos centros de
investigación, universidades y fundaciones, los
cuales, a su vez, perfilan y difunden la buena
nueva" (Ignacio Ramonet. Op. Cit. P.
111).
Con tal
abundancia de recursos, es fácil que florezcan
élites que, "desde hace años, se
emplean a fondo en hacer los elogios del
"pensamiento único"; que ejercen un
auténtico chantaje contra toda reflexión
crítica en nombre de la
"modernización", del
"realismo", de la
"responsabilidad" y de la
"razón"; que afirman el
"carácter ineluctable" de la
evolución actual de las cosas; que predican la
capitulación intelectual, y arrojan a las
tinieblas de lo irracional a todos los que se
niegan a aceptar que "el estado natural de
la sociedad es el mercado" (Ibíd. P.
114).
Lejos de la
reflexión, del pensamiento crítico, los
intelectuales de derecha se convierten en los
pragmáticos por excelencia, destierran la
función intelectual y se transforman en ecos,
más o menos estilizados, de los spots
publicitarios que inundan el mega mercado de la
globalización fragmentada.
Refuncionalizados
en la globalización fragmentada, los
intelectuales de derecha modifican su ser y
adquieren nuevas "virtudes" (entre
ellas reaparece oximoron): una audaz cobardía y
una profunda banalidad. Ambas brillan en sus
"análisis" del presente globalizado y
sus contradicciones, sus revisitaciones al pasado
histórico, sus clarividencias. Se pueden dar el
lujo de la audaz cobardía y de la profunda
banalidad, puesto que la hegemonía universal
casi absoluta del dinero los protege con torres
de cristal blindado. Por esto, la derecha
intelectual es particularmente sectaria y tiene,
además, el respaldo de no pocos medios de
comunicación y gobiernos. El ingreso a esas
altas torres intelectuales no es fácil, hay que
renunciar a la imaginación crítica y
autocrítica, a la inteligencia, a la
argumentación, a la reflexión, y optar por la
nueva teología, la teología neoliberal.
Puesto que la
globalización se vende como el mejor de los
mundos posibles, pero carece de ejemplos
concretos de sus ventajas para la humanidad, se
debe recurrir a la teología y suplir con dogmas
y fe neoliberales la falta de argumentos. El
papel de los teólogos neoliberales incluye el
señalar y perseguir a los "herejes", a
los "mensajeros del mal", es decir, a
los intelectuales de izquierda. Y qué mejor
forma de combatir a los críticos que acusarlos
de "mesianismo".
Frente al
intelectual de izquierda, el de derecha impone la
etiqueta lapidaria de "mesianismo
trasnochado". ¿Quién puede cuestionar un
presente pleno de libertades, donde cualquiera
puede decidir qué compra, sean artículos de
primera necesidad, ideologías, propuestas
políticas y conductas para toda ocasión?
Pero paradoja no
perdona. Si en algún lado hay mesianismo, es en
la derecha intelectual. "El Gran Circo de
Intelectuales Neoliberales Químicamente Puros o
Ex Marxistas Arrepentidos o la Trilateral pueden
ser mesiánicos cuando prefiguran la fatalidad de
un universo basado en la verdad única, el
mercado único y el ejército gendarme único
vigilando el fogonazo de flash que acompaña la
foto final de la Historia, pulsado ante los
mejores paisajes de las mejores sociedades
abiertas." (Manuel Vázquez Montalbán.
Op. Cit. p. 47).
La foto final. O
la escena culminante del filme de la
globalización fragmentada.
IV.-
LOS CLARIVIDENTES CIEGOS
Parafraseando a
Régis Debray ("Croire, Voir, Faire".
Ed. Odile Jacob. París 1999), el problema aquí
no es por qué o cómo la globalización es
irremediable, sino por qué o cómo todo el
mundo, o casi, está de acuerdo en que es
irremediable. Una posible respuesta: "La
tecnología del hacer-creer (...). El poder de la
información... Inf-formar: dar forma, formatear.
Con-formar: dar conformidad. Trans-formar:
modificar una situación" (Ibíd. P.
193).
Con la
globalización de la economía se globaliza
también la cultura. Y la información. De ahí
que las grandes empresas de la comunicación
"tiendan" sobre el mundo entero su red
electrónica sin que nada ni nadie se los impida.
"Ni Ted Turner, de la CNN; ni Rupert
Murdoch, de News Corporation Limited; ni Bill
Gates, de Microsoft; ni Jeffrey Vinik, de
Fidelity Investments; ni Larry Rong, de China
Trust and International Investment; ni Robert
Allen, de ATT, al igual que George Soros o
decenas de otros nuevos amos del mundo, han
sometido jamás sus proyectos al sufragio
universal" (Ignacio Ramonet. Op. Cit. p.
109).
En la
globalización fragmentada, las sociedades son
fundamentalmente sociedades mediáticas. Los
media son el gran espejo, no de lo que una
sociedad es, sino de lo que debe aparentar ser.
Plena de tautologías y evidencias, la sociedad
mediática es avara en razones y argumentos.
Aquí, repetir es demostrar.
Y lo que se
repite son las imágenes, como ésas grises que
ahora nos presenta la pantalla globalizada.
Debray nos dice: "La ecuación de la era
visual es algo así como: lo visible = lo real =
lo verdadero. He aquí la idolatría revistada (y
sin duda redefinida)" (Régis Debray.
Op. Cit. P. 200). Y los intelectuales de derecha
han aprendido bien la lección. Y más, es uno de
los dogmas de su teología.
¿Dónde se dio
el salto que iguala lo visible con lo verdadero?
Trucos de la pantalla globalizada.
El mundo entero,
mejor aún, el conocimiento entero está ahora a
la mano de cualquiera con una televisión o una
computadora portátil. Sí, pero no cualquier
mundo y no cualquier conocimiento. Debray explica
que el centro de gravedad de las informaciones se
ha desplazado de lo escrito a lo visual, de lo
diferido a lo directo, del signo a la imagen. Las
ventajas para los intelectuales de derecha (y las
desventajas para los progresistas) son obvias.
Analizando el
comportamiento de la información en Francia
durante la Guerra del Golfo Pérsico, se devela
el poder de los media: al inicio del conflicto el
70% de los franceses se mostraban hostiles a la
guerra, al final el mismo porcentaje la apoyaba.
Bajo el golpeteo de los media, la opinión
pública francesa se "volteó" y el
gobierno obtuvo el beneplácito por su
participación bélica.
Estamos en la
"era visual". Así las informaciones se
nos presentan en la evidencia de su inmediatez,
por tanto es real lo que se nos muestra, por
tanto es verdadero lo que vemos. No hay lugar
para la reflexión intelectual crítica, a lo
más hay espacio para comentaristas que
"completen" la lectura de la imagen. Lo
visual no está hecho, en esta era, para ser
visto, sino para dar "conocimiento". El
mundo ha devenido en una mera representación
multimedia, que suprime al mundo exterior, capaz
de ser conocida en la misma medida en que es
vista. Sí, inicios del tercer milenio, siglo
XXI, y la filosofía boyante en nuestro mundo
"moderno" es el idealismo absoluto.
Se pueden sacar
ya algunas conclusiones: el nuevo intelectual de
derecha tiene que desempeñar su función
legitimadora en la era visual; optar por lo
directo e inmediato; pasar del signo a la imagen
y de la reflexión al comentario televisivo. Ni
siquiera tiene que esforzarse por legitimar un
sistema totalitario, brutal, genocida, racista,
intolerante y excluyente. El mundo que es el
objeto de su "función intelectual" es
el que ofrecen los media: una representación
virtual. Si en el hipermercado de la
globalización el Estado-Nación se redefine como
una empresa más, los gobernantes como gerentes
de ventas y los ejércitos y policías como
cuerpos de vigilancia, entonces a la derecha
intelectual le toca el área de Relaciones
Públicas.
En otras
palabras, en la globalización, los intelectuales
de derecha son "multiusos":
sepultureros del análisis crítico y la
reflexión, malabaristas con las ruedas de molino
de la teología neoliberal, apuntadores de
gobiernos que olvidan el "script",
comentaristas de lo evidente, porristas de
soldados y policías, jueces gnoseológicos que
reparten etiquetas de "verdadero" o
"falso" a conveniencia, guardaespaldas
teóricos del Príncipe, y locutores de la
"nueva historia".
V.-
EL FUTURO PASADO
"Quemar
libros y erigir fortificaciones es tarea común
de los príncipes", dice Jorge Luis Borges.
Y añade que todo Príncipe quiere que la
historia comience desde él. En la era de la
globalización fragmentada no se queman los
libros (aunque sí se erigen fortificaciones),
sino que se les substituye. Aún así, más que
suprimir la historia previa a la globalización,
el Príncipe neoliberal instruye a sus
intelectuales para que la rehagan de modo que el
presente sea la culminación de los tiempos.
"Los
Maquillistas de la historia", así
tituló Luis Hernández Navarro un artículo
dedicado al debate con los intelectuales de
derecha en México ("Ojarasca", en La
Jornada, 10 abril 00). Además de provocar el
presente texto (escrito con el ánimo de darle
seguimiento a sus planteamientos), Hernández
Navarro advierte sobre una nueva ofensiva: la
nueva derecha intelectual dirige sus baterías
contra figuras representativas de la
intelectualidad progresista mexicana.
"Rentista tardía de la bonanza planetaria
del "pensamiento único", renegada de
su identidad, heredera con escrituras de la
caída del muro de Berlín, socia y émula del
circuito cultural conservador estadounidense,
esta derecha está convencida de que la crítica
cultural otorga credenciales suficientes para
emitir, sin argumentación, juicios sumarios a
sus adversarios en el terreno político"
(Ibidem).
Las razones
no-ideológicas de este ataque deben buscarse en
la disputa por el espacio de credibilidad. En
México los intelectuales de izquierda tienen
gran influencia en la cultura y la academia.
Estorban, ése es su delito.
No, más bien
ése es uno de sus delitos. Otro es el apoyo de
estos intelectuales progresistas a la lucha
zapatista por una paz justa y digna, por el
reconocimiento de los derechos de los pueblos
indios, y por el fin de la guerra contra los
indígenas del país. Este "pecado" no
es menor. "El levantamiento zapatista
inaugura una nueva etapa, la de la irrupción de
movimientos indígenas como actores de la
oposición a la globalización neoliberal"
(Ivon Le Bot. "Los indígenas contra el
neoliberalismo", en "La Jornada",
6 marzo 00). No somos los mejores ni los únicos:
ahí están los indígenas de Ecuador y de Chile,
las protestas de Seattle y Washington (y las que
sigan en tiempo, no en importancia). Pero somos
una de las imágenes que distorsionan la mega
pantalla de la globalización fragmentada, y,
como fenómeno social e histórico, demandamos
reflexión y análisis crítico.
Y la reflexión
y el análisis crítico no están en el
"arsenal" de la derecha intelectual.
¿Cómo cantar las glorias del nuevo orden
mundial (y su imposición en México) si un grupo
de indígenas "premodernos" no sólo
desafiaban al poder, sino que lograban la
simpatía de una importante franja de
intelectuales? En consecuencia el Príncipe
dictó sus órdenes: atacad a unos y a otros,
yo pongo al ejército y los medios de
comunicación, ustedes pongan las ideas. Así
que la nueva derecha intelectual dedicó burlas y
calumnias a su par de izquierda. A los indígenas
rebeldes zapatistas nos dedicó... una nueva
historia.
Y, en tanto que
el zapatismo tuvo impacto internacional, la
derecha intelectual en varias partes del mundo
(no sólo en México) se dedicó a esta tarea.
Los intelectuales de derecha no sólo maquillan
la historia, la rehacen, la rescriben a
conveniencia del Príncipe y a modo con su
función intelectual.
Pero volvamos a
México. "A lo largo de este siglo los
intelectuales en México han desempeñado
funciones diversas: cortesanos de lujo del poder
en turno, decoración estatal, voces disidentes
(a las que se llama, para institucionalizarlas,
"Conciencias Críticas"), intérpretes
privilegiados de la historia y de la sociedad,
espectáculos en sí mismos"·(Carlos
Monsiváis. "Intelectuales Mexicanos de fin
de siglo" "Viento del Sur" 8.
1996. P. 43).
El último gran
intelectual de derecha en México, Octavio Paz,
cumplió a cabalidad la labor encomendada por el
Príncipe. No escatimó palabras para
desprestigiar a los zapatistas y a quienes
mostraron simpatía por su causa (ojo: no por su
forma de lucha). Una de las mejores muestras del
Paz al servicio del Príncipe está en sus
escritos y declaraciones en los inicios de 1994.
Ahí Octavio Paz definía, no al EZLN, sino los
argumentos sobre los que deberían ahondar sus
"soldados" intelectuales: maoísmo,
mesianismo, fundamentalismo, y algunos
"ismos" más que ahora escapan a mi
memoria. Frente a los intelectuales progresistas,
Paz no escatimó acusaciones: ellos eran
responsables del "clima de violencia"
que marcó el año de 1994 (y todos los años del
México moderno, pero la derecha intelectual
nunca ha brillado por su memoria histórica), en
concreto, del asesinato del candidato oficial a
la presidencia de la República, Colosio. Años
después, antes de morir, Paz rectificaría y
señalaría que el sistema estaba en crisis y
que, aún sin el alzamiento zapatista, esos
hechos ocurrirían de todas formas (véase:
Braulio Peralta. Op. Cit.)
Ninguno de los
actuales herederos de Paz tiene su estatura,
aunque no les faltan ambiciones para ocupar su
lugar. No como intelectual, pues les faltan
inteligencia y brillo, sino por el lugar
privilegiado que ocupó al lado de Príncipe. Sin
embargo, su lucha hacen. Y siguen en su empeño
de confeccionarle al zapatismo una historia que
les sea cómoda, no sólo para atacarlo, sino,
sobre todo, para eludir el análisis crítico y
la reflexión serios y responsables.
Pero no sólo la
historia del zapatismo y de los pueblos indios
rescriben los intelectuales de derecha. La
historia entera de México se está rehaciendo
para demostrar que estamos, ya, en el mejor de
los Méxicos posibles. Así que los enanos de la
derecha intelectual revisitan el pasado y nos
venden una nueva imagen de Porfirio Díaz, de
Santa Ana, de Calleja, de Cárdenas.
Y este afán de
remodelar la historia no es exclusivo de México.
En la pantalla de la globalización ya se nos
oferta una nueva versión en donde el Holocausto
nazi en contra de los judíos fue una especie de
Disneylandia selectiva, Adolfo Hitler es una
especie de alegre Mickey Mouse ario, y, más acá
en el tiempo, las guerras del Golfo Pérsico y de
Kosovo fueron "humanitarias". En el
futuro pasado que nos prepara la derecha
intelectual, la globalización es el "deux
ex machina" que trabaja sobre el mundo para
preparar su propio advenimiento.
Pero, esas
imágenes grises que nos presenta ahora la mega
pantalla de la globalización, ¿qué llegada
anuncian?
VI.-
EL LIBERAL FASCISTA
Yo digo que esta
película ya la vimos antes, y si no la
recordamos es porque la historia no es un
artículo atractivo en el mercado globalizado.
Esos grises pueden significar algo: la
reaparición del fascismo.
¿Paranoia?
Umberto Eco, en un texto llamado "El
fascismo eterno" (Op. Cit.), da algunas
claves para entender que el fascismo sigue
latente en la sociedad moderna, y que, aunque
parece poco probable que se repitan los campos de
exterminio nazis, en uno y otro lado del planeta
acecha lo que él llama el "Ur
Fascismo". Luego de advertirnos que el
fascismo era un totalitarismo "fuzzy",
es decir, disperso, difuso en el todo social,
propone algunas de sus características: rechazo
al avance del saber, irracionalismo, la cultura
es sospechosa de fomentar actitudes críticas, el
desacuerdo con lo hegemónico es una traición,
miedo a la diferencia y racismo, surge de la
frustración individual o social, xenofobia, los
enemigos son simultáneamente demasiado fuertes y
demasiado débiles, la vida es una guerra
permanente, elitismo aristocrático, sacrificio
individual para el beneficio de la causa,
machismo, populismo cualitativo difundido por
televisión, "neo lengua" (de léxico
pobre y sintaxis elemental).
Todas estas
características pueden ser encontradas en los
valores que defienden y difunden los media y los
intelectuales de derecha en la era visual, en la
era de la globalización fragmentada. "¿Acaso,
hoy casi como ayer, no se está utilizando el
cansancio democrático, la náusea ante la nada,
el desconcierto ante el desorden como aval de una
nueva situación histórica de excepción que
requiere un nuevo autoritarismo persuasivo,
unificador de la ciudadanía en clientes y
consumidores de un sistema, un mercado, una
represión centralizada?" (M. Vázquez
Montalbán. Op. Cit. P. 76).
Mire usted la
mega pantalla, todos esos grises son la respuesta
al desorden, es lo que se necesita para enfrentar
a quienes se niegan a disfrutar el mundo virtual
de la globalización y se resisten. Y, sin
embargo, parece que el número de inconformes
crece. Uno de los enanos mexicanos que aspiran a
ocupar la silla vacía de Octavio Paz,
constataba, aterrado, que en una encuesta en
México del Instituto de Investigaciones Sociales
de la UNAM, en 1994, el 29% de los entrevistados
respondía que las leyes no deben obedecerse si
son injustas. En noviembre de 1999, en la revista
"Educación 2001", era el 49% el que a
la pregunta "¿Puede el pueblo desobedecer
las leyes si le parece que son injustas?",
respondió "sí". Después de reconocer
que es necesario resolver problemas de
crecimiento económico, educación, empleo y
salud, señalaba: "todas esas cosas sólo
pueden alcanzarse si la sociedad está parada en
un piso más básico que es de la seguridad
pública y el cumplimiento de la ley. Ese piso
está lleno de agujeros en México y tiende a
empeorar." (Héctor Aguilar Camín.
"Leyes y Crímenes". En
"Esquina". Proceso 1225/23 abril 00).
El razonamiento es sintomático: a falta de
legitimidad y consenso, policías.
El clamor de la
derecha intelectual demandando "orden y
legalidad" no es exclusivo de México. En
Francia, el fascista Le Pen está dispuesto a
responder al llamado. En Austria el neonazi
Heider ya está listo, lo mismo que el franquista
Aznar en el Estado Español. En Italia,
Berlusconi (alias el "Duce Multimedia")
y Gianfranco Fini se arreglan para el momento.
¿Europa asomada
de nuevo al balcón del fascismo? Suena duro... y
lejano. Pero ahí están las imágenes de la mega
pantalla. Esos "skin heads" que asoman
sus garrotes en aquella esquina, ¿están en
Alemania, en Inglaterra, en Holanda? "Son
grupos minoritarios y bajo control", nos
tranquiliza el audio de la mega pantalla. Pero
parece que el fascismo renovado no siempre trae
la cabeza rapada ni se adorna el cuerpo con
suásticas tatuadas, y aún así no deja de ser
una siniestra derecha.
Si digo
"siniestra derecha" le parecerá a
usted que juego con las palabras y sólo recurro
de nuevo a oximoron, pero trato de llamar su
atención sobre algo. Después de la caída del
muro de Berlín, el espectro político europeo,
en su mayoría, corrió atropelladamente hacia el
centro. Esto es evidente en la izquierda europea
tradicional, pero también ocurrió con los
partidos derechistas (véanse: Emiliano Fruta,
"La nueva derecha europea", y Hernán
R. Moheno, "Más allá de la vieja izquierda
y la nueva derecha.", en "Urbi et
Orbi". ITAM. Abril 2000). Con una
careta moderna, la derecha fascista empieza a
conquistar espacios que ya rebasan con mucho los
de las notas policíacas en los media. Ha sido
posible porque se han esforzado en construirse
una nueva imagen, alejada del pasado violento y
autoritario.
También porque
se han apropiado de la teología neoliberal con
una facilidad asombrosa (por algo será), y
porque en sus campañas electorales han insistido
mucho en los temas de seguridad pública y empleo
(alertando contra la "amenaza" de los
inmigrantes). ¿Alguna diferencia con las
propuestas de la social democracia o de la
izquierda tradicional?
Detrás de la
"tercera vía" europea acecha el
fascismo, y también de la izquierda que no se
define (en teoría y práctica) contra el
neoliberalismo. En veces, la derecha se puede
vestir con andrajos de izquierda. En México, en
el reciente debate televisivo entre los 6
candidatos a la presidencia de la República, el
candidato que obtuvo el beneplácito de la
derecha intelectual fue Gilberto Rincón
Gallardo, del Partido Democracia Social, de
izquierda aparente. Acaso la televisión no
mostró que algunos de los militantes y
candidatos del PDS en Chiapas son cabezas de
varios grupos paramilitares, responsables, entre
otras cosas, de la masacre de Acteal.
Que la derecha
fascista y la nueva derecha intelectual estén
listas para mostrarle sus "habilidades"
a los señores del dinero no sorprende. Lo que
desconcierta es que, algunas veces, son la
socialdemocracia o la izquierda institucional
quienes les preparan el camino.
Si en el Estado
Español, Felipe González (ese político tan
aplaudido por la derecha intelectual) trabajó
para el triunfo del derechista Partido Popular de
José María Aznar, en Italia, la autopista por
la que la derecha se dirige al poder se llama
Massimo D´Alema. Antes de renunciar, D´Alema
hizo todo lo necesario para hacer naufragar a la
izquierda. "D´Alema y los suyos
financiaron con el dinero de todos la educación
religiosa y prepararon la privatización de la (educación)
pública, participaron plenamente en la aventura
de la OTAN contra Yugoslavia y en la ocupación
virtual de Albania, privatizaron lo que pudieron,
atentaron contra los jubilados, reprimieron a los
inmigrantes, se sometieron a Washington,
"reflotaron" a los corruptos y al mismo
Bettino Craxi, por cuya residencia en el exilio,
como prófugo de la justicia, desfilaron para
pedirle ayuda, hicieron una ley sobre los
carabineros dictada por el comando golpista de
los mismos..." (Guillermo Almeyra.
"La izquierda de la derecha" En
"La Jornada". 23 abril 00).
¿Resultado? Buena parte del electorado de
izquierda se abstuvo de votar.
En la complicada
geometría política europea, la llamada
"tercera vía" no sólo ha resultado
letal para la izquierda, también ha sido la
rampa de despegue del neofascismo.
Tal vez estoy
exagerando, pero "la memoria es una
facultad extraña. Cuanto más agudo y más
aislado es el estímulo que recibe la memoria,
más se recuerda; cuanto más abarcador, se
recuerda con menor intensidad." (John
Berger. Op. Cit. P.234), y sospecho que ese alud
de imágenes grises en la pantalla es para que
recordemos con menor intensidad, con pereza, con
ganas de olvidar.
Y si los libros
no mienten, fue el fascismo italiano el que
resultó atractivo para muchos líderes liberales
europeos porque consideraban que estaba llevando
a cabo interesantes reformas sociales, y podría
ser una alternativa a la "amenaza
comunista" (Véase: U. Eco. Op. Cit.).
En agosto de
1997, Fausto Bertinotti (secretario del italiano
Partido de Refundación Comunista) escribía en
una carta al EZLN: "Se ha abierto, en
Europa, una verdadera crisis de civilización. Se
podrían, desgraciadamente, narrar cientos y
miles de episodios de barbarie cotidiana, de
violencia gratuita, de agresión a las personas,
al cuerpo, de tráfico de personas, de cuerpos,
de órganos, sin ningún sentido. Y encima de
todo una gruesa capa de indiferencia, como si la
vida hubiera perdido el sentido. Le podría
contar de cosas que ocurren en la periferia
urbana, realidad y metáfora de la tragedia
humana en la que se ha convertido este nuevo
ciclo del desarrollo capitalista."
Frente a esta
vida sin sentido, el liberal fascista ofrece su
cara amable y argumenta, haciendo hincapié en
sus bondades, el recurso de la violencia
legalizada, institucional.
El horizonte
anuncia tormenta, y la derecha intelectual nos
trata de tranquilizar presentándola como un
chubasco sin importancia. Todo sea por asegurar
el pan, la sal... y el lugar junto al Príncipe.
¡Protegedlo! No importa que su camisa sea gris y
en su cálido seno se cultive el huevo de la
serpiente.
"El huevo
de la serpiente". Si mal no recuerdo, es el
título de una película de Bergman que
describía el ambiente en el que se gestó el
fascismo. ¿Y qué hacemos? ¿Seguimos sentados
hasta que termine la película? ¿Sí? ¿No? ¡Un
momento! ¡Vea usted hacia los otros
espectadores! ¡Muchos se han levantado de sus
asientos y hacen corrillos! ¡Los murmullos
crecen! ¡Algunos lanzan objetos contra la
pantalla y abuchean! ¡Y mire esos otros! ¡En
lugar de dirigirse a la pantalla van hacia
arriba! ¡Como que buscan al que proyecta la
película! ¡Parece que lo encontraron porque
señalan insistentemente hacia un rincón allá
arriba! ¿Quiénes son esas personas y con qué
derecho interrumpen la proyección? Uno de ellos
levanta una pancarta que reza: "Tomemos
entonces, nosotros, ciudadanos comunes, la
palabra y la iniciativa. Con la misma vehemencia
y la misma fuerza con que reivindicamos nuestros
derechos, reivindiquemos también el deber de
nuestros deberes." (Saramago, José.
"Discursos de Estocolmo". Ed.
Alfaguara). ¿El deber de nuestros deberes? ¡Que
alguien explique porque no entendemos nada!
¡Silencio! Alguien toma la palabra...
VII.-
LA ESCÉPTICA ESPERANZA
Los
intelectuales progresistas. Los de la escéptica
esperanza. El sociólogo francés Alain Touraine
propone una clasificación de ellos
("Comment sortir du libéralisme?" Ed.
Fayard. París, 1999): la más clásica la del
intelectual denunciador, donde toda la atención
se concentra sobre la crítica al sistema
dominante; el segundo tipo de intelectuales se
identifican con tal lucha o tal fuerza de
oposición y se convierten en sus intelectuales
orgánicos; la tercera cree en la existencia, la
conciencia y la eficacia de los actores, al mismo
tiempo que conocen sus límites; la cuarta son
los utopistas, se identifican con las nuevas
tendencias culturales, de la sociedad o de la
existencia personal. Todos ellos (y ellas, porque
ser intelectual no es privilegio masculino)
empeñan sus esfuerzos en entender,
críticamente, la sociedad, su historia y su
presente, y tratan de desentrañar la incógnita
de su futuro.
Nada fácil la
tienen los pensadores progresistas. En su
función intelectual se han dado cuenta de qué
va todo y, nobleza obliga, deben develarlo,
exhibirlo, denunciarlo, comunicarlo. Pero para
hacerlo deben enfrentarse a la teología
neoliberal de la derecha intelectual, y detrás
de ésta están los media, los bancos, las
grandes corporaciones, los Estados (o lo que
queda de ellos), los gobiernos, los ejércitos,
las policías.
Y deben hacerlo,
además, en la era visual. Aquí están en franca
desventaja, pues hay que tener en cuenta las
grandes dificultades que implica enfrentarse al
poder de la imagen con único recurso de la
palabra. Pero su escepticismo frente a lo
evidente les ha permitido ya descubrir la trampa.
Y con el mismo escepticismo arman sus análisis
críticos para desmontar, conceptualmente, la
maquina de las bellezas virtuales y las miserias
reales. ¿Hay esperanza?
Hacer de la
palabra bisturí y megáfono es ya un desafío
descomunal. Y no sólo porque en esta época la
reina es la imagen. También porque el despotismo
de la era visual arrincona a la palabra en los
burdeles y en las tiendas de trucos y bromas. "Aun
así, sólo podemos confesar nuestra confusión y
nuestra impotencia, nuestra ira y nuestras
opiniones, con palabras. Con palabras nombramos
aun nuestras pérdidas y nuestra resistencia
porque no tenemos otro recurso, porque los
hombres están indefectiblemente abiertos a la
palabra y porque poco a poco son ellas las que
moldean nuestro juicio. Nuestro juicio, temido a
menudo por quienes detentan el poder, se moldea
lentamente, como el cauce de un río, por medio
de corrientes de palabras. Pero las palabras
sólo producen corrientes cuando resultan
profundamente creíbles" (John Berger.
Op. Cit. P. 255).
Credibilidad.
Algo de lo que carece la derecha intelectual y
que, afortunadamente, abunda entre los
intelectuales progresistas. Sus palabras han
producido, y producen, en muchos la sorpresa
primero, la inquietud después. Para que esa
inquietud no sea aplastada por el conformismo que
receta la era visual, hacen falta más cosas que
escapan al ámbito del quehacer intelectual.
Pero aún cuando
la palabra se ha hecho raudal, la función
intelectual no termina. Los movimientos sociales
de resistencia o de protesta frente al poder (en
este caso frente a la globalización y el
neoliberalismo) todavía deben recorrer un largo
camino, no digamos ya para conseguir sus fines,
sino para consolidarse como alternativa
organizativa para otros. "Finalmente, hay
que reconocer la responsabilidad particular de
los intelectuales. Depende de ellos, más que de
cualquier otra categoría, que la protesta se
desgaste en denuncia sin perspectiva o, por el
contrario, que ella conduzca a la formación de
nuevos actores sociales e, indirectamente, a
nuevas políticas económicas y sociales."
(Alain Touraine. Op. Cit. P. 15).
El intelectual
progresista está debatiéndose continuamente
entre Narciso y Prometeo. En veces la imagen en
el espejo lo atrapa y empieza su inexorable
camino de trasmutación en un empleado más del
mega mercado neoliberal. Pero en veces rompe el
espejo y descubre no sólo la realidad que está
detrás del reflejo, también a otros que no son
como él pero que, como él, han roto sus
respectivos espejos.
La
transformación de una realidad no es tarea de un
solo actor, por más fuerte, inteligente,
creativo y visionario que sea. Ni solos los
actores políticos y sociales, ni solos los
intelectuales pueden llevar a buen término esa
transformación. Es un trabajo colectivo. Y no
sólo en el accionar, también en los análisis
de esa realidad, y en las decisiones sobre los
rumbos y énfasis del movimiento de
transformación.
Cuentan que
Miguel Ángel Buonarroti realizó su
"David" con serias limitaciones
materiales. "El pedazo de mármol sobre
el que trabajó Miguel Ángel era uno que ya
había sido empezado a trabajar por alguien más
y tenía ya perforaciones, el talento del
escultor consistió en hacer una figura que se
ajustara a esos límites infranqueables y tan
restringidos, de ahí la postura, la
inclinación, de la pieza final" (Pablo
Fernández Christlieb. "La afectividad
colectiva". Ed. Taurus. P. 164-165).
De la misma
forma, el mundo que queremos transformar ya ha
sido trabajado antes por la historia y tiene
muchas horadaciones Debemos encontrar el talento
necesario para, con esos límites, transformarlo
y hacer una figura simple y sencilla: un mundo
nuevo.
Vale de nuez.
Salud y no olvidéis que la idea es también un
cincel.
Desde
las montañas del Sureste Mexicano
SUBCOMANDANTE INSURGENTE
MARCOS
México,
Abril del 2000
P.D. ¿Alguien
tiene un martillo a la mano?
* Subcomandante
Marcos (su
nombre real sólo le interesa a la policía, pero
sus cuates le llaman El Sub) es
el único guerrillero premoderno con e-mail.
Está enrolado en el Ejército Zapatista de Liberación
Nacional (EZLN), y en sus ratos libres se dedica a
cuestionar el futuro desde el oráculo de la
selva lacandona, en Chiapas, territorio que
muchos creíamos que era mexicano, hasta que nos
enteramos, apenas en 1994, que todavía quedaban
indios que lo reclamaban como suyo. Desde
entonces, no ha permitido que volvamos a
olvidarlos. Este texto fue publicado
originalmente en La Hojarasca (mayo de 2000, México) y luego en Le Monde
Diplomatique (agosto
de 2000, París), y se reproduce sin
pedirle permiso a nadie (por primera vez en la
historia de SdP), asumiendo que todos los
derechos de autor de Marcos también son
para todos.
P.D. ¿El nuevo gobierno
mexicano sí va a cumplir con los Acuerdos de San
Andrés?
|