Repensar la
prensa en las
democracias latinoamericanas
Silvio
Waisbord *
Resulta
dificil, o quizás imposible, entender aspectos
claves de la política latinoamericana
contemporánea sin entender la prensa y su
vinculación con distintas fuerzas políticas. La
creciente importancia de los medios introduce
nuevas reglas que modifican la actividad
política. ¿Cómo entender la sucesión de
escándalos políticos en la región durante la
última década sin analizar el papel de los
periódicos? ¿Cómo explicar el surgimiento y
consolidación de figuras políticas y
movimientos sociales sin considerar la
centralidad de los medios como mediadores
políticos? ¿Cómo comprender el decline de
viejas formas y el significado de nuevas formas
de participación política sin pensar la
influencia de la estructura y funcionamiento de
los periódicos?
Irónicamente,
la creciente centralidad de la prensa escrita en
la política latinoamericana ocurre en una época
donde los periódicos enfrentan importantes
problemas de supervivencia. La notable y
acelerada disminución del número de lectores,
un fenómeno mundial que no esta limitado a la
prensa de la región, adopta características
especiales en países con altos niveles de
pobreza y de analfabetismo. La exclusión social
de millones de ciudadanos ocurre simultáneamente
con una prensa que obligada por el perfil
socio-económico de sus lectores y los intereses
de los anunciantes fundamentalmente circula en un
sector limitado de la sociedad. La prensa
popular, que solía vender miles de ejemplares en
el pasado, entró en crisis precisamente por las
dificultades económicas de su masa de lectores,
su principal fuente de ingresos.
Lo interesante
es que la misma prensa que recientemente
adquirió un notable rol en mediatizar
conflictos, generar debates políticos y sentar
la agenda pública, optó por recetas no
periodísticas para detener la hemorragia de
lectores. Estrategias ampliamente utilizadas en
otros países como el rediseño de la gráfica
segun modelos prestados de magazines e
influenciados por la impronta de la cultura
visual, el acortamiento de artículos, la
introducción de color, y el agregado de
secciones cargadas de publicidad, se volvieron
comunes. Casi invariablemente la mayoría de los
diarios de la región se lanzaron a ganar nuevos
lectores (o prevenir que se fueran a otros
medios) a través de la oferta de una variedad de
productos adjuntos con las ediciones diarias. Asi
fue que los diarios se transformaron en
supermercados culturales que ofrecen
diccionarios, enciclopedias, video cassettes, y
discos compactos entre otros bienes, con la
esperanza de competir por mercados de lectores
cada vez mas reducidos. El continuo uso de tal
fórmula no fue resultado de pura obstinación
empresarial sino fue alimentado por los
resultados: las ediciones con
"obsequios" invariablemente
incrementaron las ventas. Para los gerentes de
las empresas los resultados fueron positivos ya
que si bien no han podido revertir la tendencia
en baja, han servido para atraer mayormente a un
público joven reacio a consumir diarios y
mantener niveles "artificialmente"
inflados de lectores.
La opción por
recetas mercadológicas para sostener ventas que
poco tienen que ver con el espíritu que anima
los tratados clásicos sobre la misión del
periodismo en una democracia plantean un numero
de dilemas. Si la prensa debe cumplir funciones
politicas imprescindibles en un orden
democrático, ¿como compatibilizar esta
necesidad con el hecho que la prensa es una
institución guiada por principios comerciales?
Si la libertad de prensa es una condicion sine
qua non para la existencia de una prensa que
efectivamente contribuya a la democracia, ¿como
es posible en contextos políticos con débiles
fundaciones constitucionales y largas
trayectorias y legados autoritarios? Si la prensa
mantiene relaciones complejas con las mismas
instituciones que segun el canon de la democracia
liberal debe monitorear, ¿como entender sus
fortalezas y debilidades en relación a las
necesidades de un sistema de controles que tienen
las democracias?
La vuelta de la
democracia en América Latina en las últimas dos
décadas renovó las esperanzas para el
reestablecimiento de la libertad de prensa. La
ausencia de regímenes constitucionales excluía
la existencia de un marco legal básico que
pudiera establecer el respeto de mínimas
libertades para una prensa democrática. La
elección de gobiernos civiles en el Cono Sur, el
proceso de pacificación en América Central, y
la gradual abertura del sistema político en
Mexico insufló nuevos aires a la idea de
libertad de prensa. El retorno de regimenes
constitucionales y la estabilidad del juego
democrático fueron vistos como abracadabra
mágicos que abrirían las puertas para que
emergieran y se consolidaran libertades vitales
para la prensa.
Durante los
regímenes autoritarios, la presencia de censores
en las redacciones, las presiones oficiales sobre
las economías de las empresas periodísticas, y
el continuo "gerenciamiento de
noticias" sobre editores y periodistas en
una atmósfera de terror, fueron las formas
habituales para garantizar una prensa domesticada
(1). Mas allá del férreo control de
la cobertura diaria, la autocensura fue menos
visible pero igualmente efectiva en anular la
publicación de noticias que pudieran causar la
ira del poder de turno. La persecución de medios
y de reporteros que se negaron a ajustarse a los
designios oficiales, expuesta mas dramáticamente
en la desaparición y muerte de cientos de
periodistas, mostró los riesgos que corría
cualquier crítica a distintos intereses
oficiales.
El
modelo liberal de prensa
El diagnóstico
que pregonaba que la libertad de prensa sufría
de intervención estatal, que sus problemas
estaban enraizados en el hecho que los gobiernos
autoritarios habían capturado y maniatado a la
prensa, fue aceptado por diversas fuerzas dentro
del amplio abanico político que caracteriza a
las sociedades latinoamericanas. El dogma
clásico de la democracia liberal, cristalizado
notablemente en la constitución norteamericana y
en la Primera Enmienda, se volvió la hoja de
ruta para entender las dificultades que enfrenta
la prensa latinoamericana. El modelo de prensa
democrática definido en el liberalismo clásico
considera cualquier tipo de intromisión
gubernamental como antitética para la existencia
de una prensa libre. Esta sólo es posible cuando
actua de forma independiente del poder estatal y
existe a distancia del poder político. La
libertad de prensa es entendida en sentido
negativo, para usar la conocida distinción de
Isaiah Berlin, la ausencia de restricciones para
el ejercicio del periodismo, no como recurso que
posibilita el logro de una vida democratica. Mas
aun, al ser consagrada como Cuarto Poder, tal
paradigma ofrece una visión de la prensa situada
en oposición a la política. La política se
identifica con el sectarismo que preocupaba a los
"padres fundadores" de la república
norteamericana y frente al cual la prensa debe
ejercer el rol de árbitro imparcial, que existe
de forma equidistante de los poderes existentes.
La verdad, no la política, se vuelve el norte de
la prensa. Cualquier tipo de conexión con la
política oscurece, imposibilita la relación
transparente entre el periodismo y la verdad,
precisamente porque la política persigue
convicciones sectarias mas que la verdad pura, el
bien particular mas que el bien común.
En un contexto
donde los autoritarismos militares
sistematicamente violaron los derechos humanos y
libertades civiles consagrados por legislaciones
internacional y nacional, no fue sorprendente que
el modelo de libertad de prensa acuñada en el
contexto de las democracias anglosajonas se
volvió dominante. A pesar que el periodismo
latinoamericano estuvo historicamente
influenciado por modelos contradictorios de
periodismo, el paradigma liberal se volvio
gravitante (2). Desde la época de la
independencia en el siglo diecinueve, la prensa
de la región tendió a mirarse en el espejo del
periodismo partidario y de opinión de cuño
europeo como modelo a emular. El periodismo fue
entendido como una forma de hacer política por
medios escritos, usualmente alienada con partidos
políticos, sindicatos y otras organizaciones
sociales o como expresión de intereses
económicos. La prensa gradualmente comenzó a
absorber influencias norteamericanas (el modelo
de prensa nopartidaria, la neutralidad y la
facticidad como principios rectores de la
reportería, la prensa como negocio mas que como
expresión de posiciones ideológicas) a medida
que Estados Unidos acentuó su dominio en el
hemisferio, notablemente a partir del periodo de
posguerra, y debido a cambios domésticos en la
economía y la política (3). Con el retorno de la
democracia en las décadas de los ochenta y los
noventa, la ascendencia del modelo norteamericano
se volvió mas pronunciada, no tanto como forma
de concebir al periodismo desde un punto de vista
comercial o gerencial, sino como modo de entender
la articulación entre prensa y política.
Lo remarcable es
que recientemente la idea liberal de la prensa
fue abrazada tanto por los dueños de grandes
periódicos nucleados en organizaciones
nacionales y en la Sociedad Interamericana de
Prensa como por sindicatos de periodistas y
columnistas simpatizantes con ideas
izquierdistas, para dibujar de modo simplificado
los contornos ideológicos de viejas disputas
alrededor de la prensa en América Latina. Unos y
otros reconcieron y acordaron implícitamente que
el Estado es la fuente de los principales
problemas que sufre la libertad de prensa. Para
los empresarios, muchos de los cuales habían
apoyado abierta o silenciosamente los regimenes
de facto en décadas anteriores, el Estado mina
las bases para una prensa libre no sólo a
través de la censura política sino también de
la imposición de trabas económicas tal como la
aplicación de impuestos o altas tarifas para la
importación de insumos. Aqui el liberalismo
politico y el liberalismo económico confluyen en
posiciones empresariales tanto de aquellos que en
algun momento se opusieron frontalmente al
autoritarismo y otros que acompañaron, mas que
lideraron, la transición hacia la democracia (4). Pero el antiestatismo
esgrimido por los dueños de periódicos
usualmente olvida que históricamente no hubo una
tajante oposición entre prensa y Estado sino
relaciones incestuosas, no porque el Estado haya
unilateralmente invadido las libertades
constitucionales y del libre mercado sino, por el
contrario, porque hubo una relación estrecha de
ventajas mutuas fundada en intereses políticos y
económicos. Mas allá que la gran prensa haya
abrazado retoricamente el modelo liberal, las
conexiones entre periódicos y Estado fueron
cercanas y si hubo enfrentamientos fue
precisamente porque el poder de turno optó por
marginar a influyentes medios. En épocas cuando
el Estado controlaba grandes sectores de la
economía en países con bajas inversiones
publicitarias, los gobiernos han sido los
principales anunciantes. Esto sumado al control
estatal de recursos básicos para el
funcionamiento de los diarios (permisos para la
importación de papel y otros insumos,
tecnología) alimentó la proximidad entre estado
y prensa que no encajaba en el modelo de prensa
liberal.
Por otra parte,
quienes tradicionalmente desconfiaron del
liberalismo pregonado por los magnates
periodisticos bajo sospecha que solo perseguían
beneficios económicos mas que una auténtica
democracia, coincidieron en la etapa
post-autoritaria en ver al Estado, en su
encarnación represora e inquisidora de los
autoritarismos, como responsable por la ausencia
de una prensa democrática. Estos críticos,
incluidos prestigiosos columnistas e
intelectuales, apuntan no tanto a desmantelar los
obstáculos impositivos que segun el discurso
empresarial asfixia la "prensa
democrática", sino a desarticular la
censura, la persecución, y el clima de
intolerancia existente en los autoritarismos y
que continúa actualmente en gobiernos civiles
impacientes con la una prensa crítica. Si una de
las contribuciones mas importantes de la prensa
para un orden democrático es proveer y facilitar
la circulación de ideas, el paradigma liberal es
atractivo tanto como instrumento analítico como
ideal normativo para entender los problemas de la
prensa en America Latina contemporánea. Las
esperanzas depositadas en la afirmacion de una
prensa democrática tambien reflejan la idea que
la refundación del orden democrático requiere
la reconstitución de derechos ciudadanos
básicos.
Viejos
y nuevos desafíos
Es indudable que
la situación ha mejorado sensiblemente incluso
en países como Mexico y Paraguay donde las
restricciones sobre las acciones de la prensa
fueron férreamente impuestas durante décadas (5). Sin embargo, continúa
la preocupación sobre el estado de la libertad
de prensa en relación a la continua violencia
contra reporteros instigada por organismos de
inteligencia y grupos paramilitares y los
intentos de gobiernos civiles de amordazar a la
prensa por medios legales. Ambos casos
constituyen intentos para regular la expresion
pública, y como tales son condenables desde una
óptica liberal que reivindica el respeto a los
derechos humanos y el derecho a la libre
expresión como requisitos básicos de un orden
democrático. Tanto en uno como en otro caso, el
Estado es considerado como el enemigo de la
prensa libre ya sea porque es directamente
responsable de hechos de violencia (o es incapaz
de garantizar libertades públicas) o porque
apunta a controlar a medios que se atreven a
cruzar la línea de lo permitido y lo prohibido
en materia de la cobertura de corrupción
oficial.
La violencia
contra la prensa continua a pesar de la
estabilidad democrática, particularmente en
Colombia, Mexico y Peru y en zonas del interior
en varios países donde los periodistas que
critican a autoridades locales estan mas
expuestos a la impunidad de ataques que sus
colegas en las grandes ciudades (6). La mezcla de la
violencia instigada por caciques locales, grupos
paramilitares, y narcotraficantes ha sido letal
para periodistas. Esto ha generado un incipiente
movimiento de redes de periodistas destinadas a
monitorear y denunciar hechos de violencia. Otro
desarrollo que ha preocupado al periodismo es la
decision de varios gobiernos (por ejemplo, las
administraciones Menem en Argentina, Perez
Balladares en Panama, y Fujimori en Peru) de
enviar proyectos de ley destinados a imponer
sanciones draconianas contra medios críticos,
proyectos que fueron revertidos solo después de
sonadas protestas nacionales, regionales e
internacionales.
La preocupación
respecto a la violencia anti-prensa y los
intentos legales de silenciar intentos de
monitorear acciones oficiales estan ampliamente
justificados si consideramos la debilidad
histórica del liberalismo y la persistencia de
una concepción anti-liberal que considera a la
prensa crítica como una molestia a ser eliminada
por intimidación o por la fuerza expuesta en
gobiernos civiles con claros rasgos autoritarios
como la administración Fujimori en Perú que han
violado principios constitucionales en pos de
asegurarse una prensa dócil (7). Cualquier modelo de
democracia, mas alla de adjetivos, requiere el
respeto de derechos mínimos y la existencia de
mecanismos de fiscalización de las acciones de
quienes detentan poder, que la prensa puede
ejercitar junto a otras instituciones. Es aquí
donde el paradigma liberal es necesario y útil
para comprender las dificultades que la prensa
latinoamericana actualmente enfrenta en países
donde sus fundamentos han sido ignorados
sistemáticamente.
El riesgo es
ignorar que las dificultades que la prensa
latinoamericana sufre para efectivamente
funcionar como vehículo de ideas e información
en la creación y sustento de una ciudadanía
democrática escapan los límites del
diagnóstico liberal. Si tomamos a éste como la
horma a la que la prensa debe calzar, perdemos de
vista que el periodismo latinoamericano jamas se
ajustó al modelo liberal debido a abismales
diferencias enraizadas en factores
político-económicos y culturales. Esto no
implica que la alternativa sea concluir que la
prensa liberal es irreproducible en diferentes
contextos sino acercarse críticamente a sus
fortalezas y debilidades para pensar la relación
prensa y democracia.
Los problemas
que rodean a la prensa no estan circunscritos al
peligro de un Estado autoritario o que falla en
garantizar libertades constitucionales. La
continua influencia de intereses económicos, ya
sea por parte de avisadores o del grupo
empresarial al que pertenece un periódico, no
encuentra cabida dentro de un marco que sataniza
al estado mientras romantiza o ignora los
obstáculos que resultan del mercado. Esta
ausencia es particularmente notable teniendo en
cuenta que en la última década la mayoría de
los tradicionales diarios en los países
latinoamericanos se han convertido en parte de
poderosos grupos multimedios. El fenómeno de la
concentración de multimedios a nivel mundial se
agudizó en América Latina donde un puñado de
compañias se han expandido notablemente tanto a
nivel horizontal como vertical nacional y
regionalmente (8). Este proceso introduce el
cruzamiento de diversos intereses que contradice
la idea de la "prensa independiente".
Ademas de intereses editoriales vinculados a
intereses económicos, es necesario considerar
como el cotidiano gerenciamiento de noticias por
parte de distintas oficinas gubernamentales y
encumbrados individuos limita la presunta
libertad de la prensa en democracia. El acceso
desigual que existe a los medios por parte de
funcionarios gubernamentales dentro de una
cultura periodística enamorada con hechos e
intrigas oficiales inclina la balanza en favor de
los poderosos. Mas allá de las maniobras
económicas y políticas que estos últimos
ensayen para mantener a la prensa a corta
distancia, existe una dinámica y cultura en la
producción de noticias que privilegia a aquellos
que detentan poder.
Diferentes
periodismos
Apuntar tales
cuestiones no implica asumir que la libertad de
prensa o la prensa democrática (conceptos que
usualmente son asimilados pero oscurecen
importantes diferencias) sean posibles o que
existe una marcha continua hacia un estadio en el
cual tales ideales sean reales. Por el contrario,
la intención es indicar que el concepto clásico
de libertad de prensa es insuficiente para
comprender la variedad de obstáculos que existen
para afianzar una prensa democrática. La falta
de rigurosidad y la estrechez del bagaje teórico
que cargan las ideas de "libertad de
prensa" y de "prensa
independiente", hacen que estas no sean
extremadamente adecuadas para entender las
contribuciones del periodismo a la vida
democrática. ¿Existe realmente una prensa
libre, independiente de cualquier tipo de
influencia? El complejo tramado de relaciones que
articulan las estructuras y las operaciones de la
prensa hace que esta sea interdependiente de
múltiples factores e intereses. Mas aún, si
reconocemos la multiplicidad de intereses que
afectan el funcionamiento de los periódicos,
sumado a los distintos estilos y lineas
editoriales que existen, hablar de prensa (y de
la libertad de prensa) en singular es imposible.
No hay prensa unificada aun cuando aparentemente
haya un consenso emergente sobre la importancia
de las libertades constitucionales entre
distintos medios y organizaciones.
El fenómeno del
periodismo investigativo en la última década
muestra que la prensa no actuó como bloque en
denunciar casos de corrupción y de violación de
derechos humanos (9). Algunos periódicos en
diferentes países han publicado investigaciones
y denuncias sobre temas en su mayoría vinculados
a acciones oficiales. No ha habido una oposición
frontal, homogénea de "la prensa"
contra "el gobierno" sino
enfrentamientos circunstanciales entre algunos
medios y algunos individuos y oficinas
gubernamentales, facilitados por enfrentamientos
internos que azuzaron el interes en destapar
hechos de corrupcion. Periodicos como Página/12
y Clarín de Argentina, La República
de Peru, El Espectador de Colombia, Zeta
y Reforma de Mexico han denunciado abusos
de derechos humanos. Otros como La Nación
de Argentina, Folha de São Paulo y Jornal
do Brasil, El Comercio de Peru, La
Prensa de Panama, El Tiempo de
Colombia han investigado casos de corrupción
administrativa. Varios de estos diarios tambien
denunciaron el funcionamiento del narcotráfico,
su insercion en estructuras económicas y
políticas y la magnitud de su influencia. La
decisión de inspeccionar las actividades de los
narcotraficantes hizo que varios periodistas y
medios se convirtieran en blanco predilecto de la
violencia desatada por los carteles.
Tales
desarrollos ofrecen, sin duda, señales
auspiciosas de un periodismo que contribuye a una
sociedad democrática. Al descorrer el velo de
secretos oficiales, la prensa cumple un papel
fundamental para la consolidación de mecanismos
de fiscalización. Es imposible incrementar la
transparencia de lo público en democracias
anémicas de organismos que vigilen la función
pública sin una prensa que publicite
información que permita a los ciudadanos conocer
mejor las acciones de los gobernantes y ensanchar
la agenda de prioridades.
Preguntas
pendientes
Es necesario
indicar, sin embargo, limitaciones importantes
que disminuyen el potencial democrático de la
prensa. El periodismo investigativo solo
esporádicamente dedicó atencion a episodios de
fraude y corrupción que involucraron a grandes
compañías o denunció abusos sociales que
afectan a millones de ciudadanos que viven en
extrema pobreza. Salvo escasas excepciones, las
privatizaciones de la última década que, junto
a la reforma del estado, han cambiado
sustancialmente las economías de la región, no
han sido objeto de minuciosas inspecciones
periodisticas. Poner la atención sobre ministros
y secretarios que reciben coimas y participan en
varias actividades delictivas es extremadamente
importante en sociedades donde no solo la
corrupción esta extendida y vertebra la acción
púublica y privada sino que ademas carecen de
mecanismos eficientes para controlar y juzgar
abusos. El énfasis en estos temas, sin embargo,
no es suficiente para comprender la complejidad
de las dificultades que socavan la calidad de las
democracias latinoamericanas contemporáneas. Si
la prensa sólo denuncia ilegalidades
gubernamentales, ignora la codicia privada, o no
traza conexiones entre la corrupción oficial y
los problemas cotidianos que aquejan a la
ciudadanía, se obtiene una imagen que, como los
espejos en los parques de diversiones,
desdibujan, distorsionan la realidad. No son
mentirosos sino que presenta una realidad
parcializada.
Otro factor a
considerar es que las denuncias periodisticas han
principalmente servido para ventilar disputas
internas dentro del poder político mas que para
representar diversos sectores o abrir debates
sobre temas de interes ciudadano. Quizás esto no
sea sorprendente dado que la prensa
latinoamericana historicamente nació y existió
dentro del poder y estuvo permanentemente
afectada por vaivenes dentro del Estado. La
presunta independencia de la prensa no se condice
con el hecho que ésta frecuentemente actúa como
conducto para que intereses oficiales enfrentados
filtren informacion y sostengan peleas que, por
lo general, ocurren en mundos distantes de la
mayoría de los ciudadanos. No hay un
"periodismo árbitro" que
imparcialmente recoge información para llegar a
la verdad, sino agendas editoriales que en
determinados momentos deciden dar a luz hechos de
corrupción y, mas o menos abiertamente, toman
partido por determinados intereses en pugna. Mas
alla de los posibles beneficios que tal cobertura
puede reportar a la vida democrática, hay
importantes limitaciones que surgen cuando los
periódicos "ofrecen" espacios para que
disputas en altas esferas del poder sean libradas
sin necesidad de identificar intereses, que se
refugian en la tendencia a usar fuentes
anónimas. La transparencia de la acción
pública que resulta de las denuncias
periodísticas es la contracara de la omisión de
información, producto del uso de varios filtros
que deciden que es noticia. La prensa tiene su
talón de Aquiles no solo en los temas que
reporta y la perspectiva limitada que suele
adoptar sino en no reportar información ya sea
porque atenta contra distintos intereses o porque
ocurre en mundos sociales lejos de círculos
oficiales.
Bajo la bandera
de la "prensa independiente", rara vez
se reconoce que los periódicos son parte de un
entramado de relaciones. Este desconocimeinto se
manifesta en la celebración frecuente de la
prensa como actor que solitariamente combate la
corrupción y hostiga a otros poderes. No
injustificadamente, la prensa latinoamericana
recientemente se ha vanagloriado de su
protagonismo en medio del páramo institucional
en relación a resonantes escándalos políticos
que derribaron o sacudieron varias
administraciones en la región. La prensa es
usualmente felicitada y se auto-felicita por su
actuación como "fiscal de papel"
frente a la inoperancia de instituciones
democráticas como la justicia y el parlamento
que aunque destinados a monitorear la acción
pública son ineficaces y/o cómplices con
funcionarios sospechados de ilegalidades.
Presumiblemente, la actitud descollante del
periodismo en exponer delitos oficiales alimenta
el alto grado de legitimidad que los periódicos
tienen en encuestas de opinión pública. Si la
prensa en democracias estables sufre de falta de
credibilidad, por el contrario, la prensa
latinoamericana goza de lata estima. Hay razones
suficientes para justificar tal percepción y
exaltación de la tarea de la prensa,
particularmente teniendo en cuenta las continuas
dificultades mencionadas anteriormente que el
periodismo confronta cuando decide poner bajo la
lupa las acciones oficiales. No obstante tales
logros, especialmente en el contexto histórico
de una prensa cautelosa con poderes oficiales, es
preciso indicar debilidades y problemas.
Si algunos
medios proveen elementos para un mayor optimismo
sobre la contribución del periodismo en una
democracia, la actitud de otros ofrece evidencia
contraria. La decision de periódicos de defender
a rajatabla administraciones civiles, ignorando
ilegalidades o actuando como megáfonos de
acciones oficiales, dificilmente cuadran con el
discurso que festeja el "nuevo"
periodismo. En Peru, por ejemplo, mientras que
algunos medios se han arriesgado a ahondar en el
lado oscuro del gobierno de Alberto Fujimori, una
administración extremadamente intolerante con la
crítica, otros periódicos, incluidos la llamada
prensa "chicha" alimentada por
información oficial, han servido como conductos
para deslegitimar y agredir a periodistas. La
gran prensa brasilera, que festejo su rol de
fiscal durante el escándalo que tumbó a la
administración de Fernando Collor de Mello en
1992, optó por una defensa entre solapada y
explícita del gobierno de Fernando Henrique
Cardoso.
Viejos vicios
del periodismo persisten. La tendencia a
priorizar un acercamiento sensacionalista con el
objeto de generar impacto rápido desvirtua el
carácter de distintas noticias. La inclinación
a individualizar hechos elude aspectos
estructurales y sociales que perduran mas alla de
sucesos particulares. El hábito del periodismo
de publicar información sin suficientes chequeos
resultó en varias oportunidades en la
publicación de informaciones equivocadas. La
atención espasmódica a diversos temas que
mágicamente aparecen y desaparecen del radar
periodístico mitiga las chances de mantener
discusiones prolongadas sobre cuestiones de
interes público.
El desinterés
de la mayoría de los medios en dedicar recursos
para cubrir noticias reduce las posibilidades que
la prensa escrita ayude a esclarecer un número
de problemas. La opción frecuentemente ha sido
optar por producción de noticias sin asignar
mayores energias. Esto resulta en tratamientos
superficiales de cuestiones extremadamente
complejas, síntoma de una prensa que interesada
solamente por aumentar beneficios económicos
genera una reportería basada en un par de
llamadas telefónicas con un número reducido de
fuentes. Frecuentemente la actitud es maximizar
los recursos existentes para ofrecer una
cobertura de vuelo de pájaro.
Esto puede ser
observado en la ingeniería de las ediciones
electronicas. Mas de un centenar de periódicos
actualmente ofrecen ediciones en el ciberespacio.
La intención de lanzar tales ediciones no fue
solo expandir actividades a traves de otra
tecnología sino capturar lectores, especialmente
jovenes reacios a consumir noticias en papel. La
mayoría de los diarios, sin embargo, no han
realizado grandes esfuerzos en producir noticias
diferentes u ofrecer un tratamiento periodistico
distinto que aproveche las posibilidades que
ofrecen las tecnologías digitales. Lo habitual
es "palear" informacion de las
ediciones de papel a las electrónicas sin
mayores cambios. Solo algunos medios actualizan
las noticias en el transcurso del dia o
construyen noticias utilizando hipertexto,
sonido, video y otras novedades tecnologícas que
redefinen la labor de la reportería. En países
con baja penetración de teléfonos y
computadoras, el consumo de noticias electronicas
tiene un potencial limitado. Esto explica porque
los periódicos tipicamente ofrecen ediciones
electrónicas sin dedicar recursos que
permitirían explotar las posibilidades y
desafíos que plantean las nuevas tecnologías.
Etica
periodistica, juridificacion y democracia
En las
cuestiones mencionadas subyacen un sinnumero de
preguntas éticas que el periodismo
latinoamericano solo recientemente ha comenzado a
prestar mayor atención. ¿Puede la prensa servir
al bien público siendo una institución anclada
en el mercado y que por lo tanto persigue
beneficios privados? ¿Es cualquier método de
reportería aceptable para alcanzar la verdad
que, según el periodismo, define la tarea de la
prensa? ¿Cómo discutir las sospechas sobre la
corrupción del periodismo en momentos en que la
prensa se presenta como adalid en la lucha contra
la corrupción oficial? ¿Cómo justificar los
medios que la prensa frecuentemente utiliza para
obtener noticias que violan la privacidad? Estas
preguntas no solo apuntan a cuestiones
fundamentales que competen al rol de la prensa en
una democracia sino que son relevantes en las
tareas cotidianas de cualquier redacción.
La relevancia de
preguntas sobre la ética periodistica es
inseparable de la emergente preocupación
respecto a cuestiones legales en la prensa y en
las sociedades latinoamericanas en general.
Aunque lo ético y lo jurídico en el periodismo
tienden a confundirse ("lo legal es ético,
lo ilegal no es ético"), es preciso
reconocer que la creciente importancia de temas
éticos en la prensa ocurre en un momento en el
que temas jurídicos se volvieron centrales en la
región simultaneamente con el vigor de un
abanico de movimientos que pugna por la
constitucionalización de lo político (10). No es casualidad que en
sociedades caracterizadas por demandas recientes
por el reconocimiento de otorgar autonomía a lo
jurídico desligado de intereses particulares,
discursos legales comenzaron a impregnar mas
fuertemente la concepción y el trabajo
periodístico. Con el retorno de las democracias,
las constituciones se convirtieron en piedras
fundamentales que subyacen la labor del
periodismo. Las empresas periodisticas se vieron
obligadas a tomar seriamente lo juridico como
marco referencial a medida que se estabilizaron
los regímenes constitucionales. Esto se
manifiesta claramente en casos en los que
organizaciones periodísticas han tenido que
lidiar con el peligro de juicios millonarios,
iniciados por funcionarios que se sintieron
ofendidos ya sea por la intromisión de la prensa
en sus vidas privadas o por la publicación de
injurias. La cuestión no es tanto la validez
jurídica de los cargos sino la creciente
importancia de estas cuestiones a medida que lo
legal adquirió centralidad como mecanismo
regulador en la vida política de las nuevas
democracias. La sombra permanente de las posibles
repercusiones legales obligó a poner un mayor
cuidado en la reportería, hasta el punto que
criterios legales se convirtieron en principios
rectores en la construcción de la noticia. Lo
legal se convirtió en el tamiz para decidir la
publicación de información sobre sucesos
delicados que afecta la reputación de
individuos, particularmente en denuncias de
corrupción. Concepciones jurídicas de la
constitución de evidencia, por ejemplo, se
volvieron dominantes en la definición de hechos
periodísticos.
Esta cuestión
demuestra la importancia y vigencia del modelo
liberal de la prensa, no obstante las
limitaciones anteriormente analizadas, como marco
normativo para entender la necesaria separación
entre Estado y prensa en un orden democrático.
Por disonante que parezca desde una perspectiva
que asume la estabilidad de derechos civiles en
contextos de democracias estables, el déficit
histórico de las democracias latinoamericanas en
este sentido refuerza la necesidad de pensar en
una prensa, no utópicamente libre o
independiente, sino que pueda establecer
márgenes de autonomía respecto a otras
instituciones, respaldada en lo jurídico como
mecanismo regulador de la tarea periodística.
Si la tendencia
del mercado es crecientemente a eliminar la
presunta autonomía de la prensa, la
preocupación con cuestiones éticas y jurídicas
en el periodismo indica un sentimiento opuesto,
de una prensa que progresivamente, aunque con
límites, reconoce la necesidad de establecer
distancia respecto al Estado. El record
histórico de relaciones incestuosas entre
Estado-prensa sumado a la codicia mercantil y los
intentos obstinados de gobiernos contemporáneos
de someter a la prensa y asfixiar cualquier
amague de autonomía no ofrece un panorama
demasiado alentador. Es entre estas tensiones que
la prensa latinoamericana continúa
debatiéndose.
____
Notas
(1) Anne-Marie Smith, A
Forced Agreement: Press Acquiescense to
Censorship in Brazil. Pittsburgh: University
of Pittsburgh Press, 1997.
(2) Silvio Waisbord,
"Investigative Journalism and political
accountability in South American
democracies" Critical Studies in Mass
Communication 13, 4: 343-363.
(3) Carlos Eduardo Lins da
Silva, O Adiantado da Hora: A Influencia
Americana sobre o Jornalismo Brasileiro. São
Paulo: Summus, 1990.
(4) Gisela Tachner, Folhas
ao Vento. Rio de Janeiro, Paz e Terra, 1992.
(5) William Orme, A Culture
of Collision: An Inside Look at the Mexican Press.
Miami, North-South Center Press, 1996.
(6) Silvio Waisbord, "Bad
news: Violence against the press in Latin
America" trabajo presentado en el congreso
de la Association of Education in Journalism and
Mass Communication, Baltimore Marylando, Agosto
de 1998.
(7) Catherine Conaghan,
"Fear, loathing and collusion: Press and
state in Fujimoris Peru," trabajo
presentado en el congreso de la Latin American
Studies Association, Chicago, septiembre de 1998.
(8) Emilio Juan Ruiz, Cuarto
Poder: Como el Poder Económico se Inserta en los
Medios de Comunicación Colombianos. Bogotá:
Rotativa, 1996.
(9) Gustavo Gorriti,
"Verdades tacticas y estratégicas", Pulso
del Periodismo, www.fiu.edu/~imc/gorriti.htm
(10) Enrique Peruzzotti,
"Modernization and juridification in Latin
America: Towards a critical theory of the Latin
American developmental path", manuscrito.
*
Silvio Waisbord
enseña en el Departamento de Periodismo y Medios
en Rutgers
University, New Jersey. Es
autor de Watchdog
journalism in South America: News and
accountability
(Columbia University Press, 2000). Doctorado en
Sociología por la Universidad de California, San Diego, fue becario residente en
Kellogg Institute (University of Notre Dame), Annenberg School for Communication (University of
Pennsylvania), y el Media Studies Center -
Freedom Forum. Es
colaborador de Sala de Prensa.
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