La ciudad
que los medios no leen
(Un ensayo sobre la otra cara de la
"luna")
José
Guillermo Anjel R. *
"No
quiero tener una esposa que sea mi ama de llaves,
que cocine, limpie y compre, pero me gustaría
contar con una compañera, alguien con quien
compartir libros, películas y poesías, una
persona con quien hablar por las noches. Incluso
me gustaría tener hijos y criarlos para saber
algo más sobre Michael Jackson".
Ken Follet. EL VALLE DE LOS LEONES.
A
mí el ejemplo aquel del hombre que muerde a un
perro siempre me pareció extraño, porque era
llamativo pero no contundente. Y si bien así era
como se definía el verdadero sentido de la
noticia, que estaba cifrado en la novedad y lo
inusitado, en este caso un hombre rabioso y un
perro asustado, ¿qué sucedería cuando lo
cotidiano fuese hombres mordiendo perros? Porque
lo novedoso, cuando ya es común y se presenta de
manera permanente, deja de ser noticia. Imagino,
entonces, que habría que volver al perro que
mordía hombres.
Esto de la
extrañeza ligada al espíritu de la noticia fue
el método de otros tiempos, los de la guerra por
la novedad. Y de eso sólo quedó el síndrome de
la "chiva", este afán de decirlo
primero que los demás sin soportar lo dicho con
el análisis, la confrontación o la moralidad.
Síndrome que lleva a una carrera desaforada por
el pequeño dato, por la reiteración de lo dicho
y por el teatro. Y por el facilismo, que todos
van por la punta del iceberg pero ninguno
profundiza como es debido. Se dirá que vivimos
días de tiempos cortos y de información
emocional.
Y así, mientras
los medios se pelean un trozo de la noticia,
noticia que es repetitiva y de aires similares,
donde el pan esta compuesto por violencia,
corrupción, frivolidad, héroes de gol y pitts,
declaraciones de guerras y supuestas victorias,
la otra realidad no existe para los periodistas.
Es que los directores de los medios les han
confundido el concepto de actualidad y se las han
definido como aquello que genera miedo o euforia.
Pero, ¿qué acontece con el resto de la
actualidad? Por actualidad entiendo lo que sucede
hoy, bueno y malo, divertido y asustador. Y por
objetividad logro entender el equilibrio entre
las informaciones que recibe un receptor, que
además de sustos también quisiera que le
hablaran de gente como él.
La realidad es
un compuesto de situaciones varias. Y así como
es realidad esto que nos asusta, también es
realidad aquello con lo que nos gustaría
identificarnos. Y en este punto, es donde los
medios no hacen una lectura de la otra ciudad, la
que estudia y trabaja, monta en metro y sale a un
cine. La que vive a la búsqueda de un mañana y
asimila enseñanzas del entorno y la comunidad.
Esta otra ciudad, la no leída, escapa al
miserabilismo y asume posiciones de vida común y
corriente, de clase media, con deseos y logros
pequeños, pero no por eso menos interesantes y
necesarios de ser conocidos por el colectivo.
En el siglo 18.
Jane Austen rompió el esquema de las novelas
truculentas o de argumentos atroces escribiendo
historias domésticas, donde supuestamente no
pasaba nada. Narraba la vida cotidiana, los
pequeños amores, las ansias de la cocina, el
orgullo de haber preparado una buena mesa o la
satisfacción de haber entendido un sermón. No
había morbilidad en sus relatos. Igual pasó con
Hemingway cuando, para escapar de los argumentos
violentos de cacería y guerra, escribió la
novela "Al otro lado del río y entre los
árboles", donde plantea una historia de
amor y una muerte digna, sin hienas rientes.
Claro que esta novela que no fue bien recibida
porque se salía del esquema del escritor que,
como gran periodista, creo, buscó una lectura de
la otra cara. Imagino que "Al romper el
alba", vaya a sufrir de la misma acusación
de no violencia.
Las ciudades no
leídas por los medios son una suma de
microhistorias con ejemplos de valentía, amor
por los demás, satisfacciones personales y gente
sentada en las bancas de un parque soñando. Y
estas microhistorias también son dignas de ser
contadas en calidad de información actual. Es
más, necesarias de ser conocidas porque ellas
generan modelos a seguir y plantean una vida más
fácil y atractiva para vivir, menos dura. Un
periódico como Good News from Colombia, es una
muestra clara de que se puede escribir de la otra
cara de los acontecimientos que hoy nos dan como
noticia. Allí hemos escrito sobre inventores,
músicos, novelistas, estudiantes creativos,
niños avanzados, amas de casa que han hecho de
su hogar un territorio digno para la vida; hemos
escrito sobre fabricantes de novedades, sobre la
belleza de nuestras tierras, sobre los logros de
los técnicos y los pasados amables que
construyen nuestra historia. Se ha leído la otra
cara.
Durante un día
acontecen muchos hechos importantes positivos.
Hechos que oxigenan la negritud de las malas
noticias. Y lo que es más importante, que
producen optimismo y le restan protagonismo a
esto que nos asusta. Ayer, por ejemplo, sucedió
que una maestra inauguró con sus alumnos los
pupitres hechos por ellos. También pasó que una
mujer fue a parir tranquila porque el vecindario
le proporcionó todos los elementos para su
bebé. Y sucedió que un estudiante terminó de
hacer un programa de computador para facilitar
las tareas de sus compañeros y la enseñanza de
su maestro.
La realidad es
mi realidad, decía Schopenhauer, y todo, anotaba
también, es un acto de la voluntad. Vemos lo que
queremos ver y construimos el espacio real que
queremos. La pregunta que me hago, es ¿bajo la
óptica de la realidad de quién estamos viendo
el mundo? ¿La de uno que tiene su realidad
destruida y por eso pregona la destrucción? ¿O
la de otro que tienen una realidad en
construcción y por eso quiere contar que la
palabra imposible no existe?
El mundo se
acaba cuando nos dicen que se acaba. Y se
construye cuando nos dicen que se construye. El
centro de economistas de la universidad Carlos
tercero de Madrid, ha llegado a la conclusión de
que el motor de las economías y las sociedades
es el optimismo y que su destrucción acelerada
es el pesimismo. Creo, el optimismo vendría de
esa cara de la ciudad que no se lee, que ahí
están los ejemplos a seguir, los pequeños
asombros, la reconciliación con los días. Y ese
optimismo, donde el actor es el ciudadano medio,
equilibraría el negativismo de las noticias de
primera plana. Es que los medios deben dar
opciones de realidad y no inclinarse por una sola
y la más fácil, que es la truculenta, aquella
que manipula y no exige análisis ni reflexiones
profundas.
El fin del mundo
está cerca porque nos anuncian la realidad a
través de una gente que tiene el mundo
destruido. Y como dice Kavafis, ya para ellos no
hay salvación, no importa a que lugar se
dirijan. Es que su realidad está podrida. Y es
terrible que esto suceda, porque el mundo es un
conjunto de opuestos donde los bueno y lo malo
existen. Siempre ha sido así. Y siempre, me
atrevo a pensarlo, lo bueno ha superado lo malo.
Es que el hombre inteligente busca vivir en
mejores condiciones cada día. Y en esta
búsqueda corrige errores, planea, prueba y asume
lo posible, es decir, esto que no genera dudas.
La ética es el
derecho que tenemos a ser felices. Y esta ética
la construimos con costumbres que consideramos
buenas porque nos permiten leer lo positivo que
hacemos. Pero todo parece indicar que los medios,
en especial los sonoros y los audiovisuales,
están abiertamente opuestos a esta ética. Y
entonces, como en los mitos escatalógicos y
milenaristas, van oliendo aquello que está
oscuro y sabe mal. Y así legitiman los intereses
de quienes utilizan el caos como ejercicio de
poder. Como acontece en "El Señor de las
Moscas" de Golding, novela que es una
fábula terrible de la forma en cómo nos
aniquilamos a nosotros mismos. Claro que en el
opuesto de esa metáfora de lo horrible, también
hay una metáfora de lo bello, que es el cuento
de "La Isla Desconocida de Saramago",
donde un sueño se alimenta de dos que creen en
él.
En este momento
alguien habrá terminado un buen trabajo, otro
hará proyectos con su mujer, el de más allá
planeará un futuro para sus hijos y ustedes, los
que están aquí en frente, deberían ser noticia
porque ejercen de oyentes para que mañana
tengamos un día mejor, porque en lugar de la
ciudad a oscuras verán la ciudad de los colores,
esa que nos pertenece en calidad de derecho
porque no tenemos otra y nuestra obligación es
hacer de ella un sitio donde vivir sea bueno.
Cierro este
comentario con una cita de Fernando Savater:
Mientras el periodista quiera ser el protagonista
de los hechos y no un informador de ellos, la
truculencia será la noticia. Y acoto: es que es
más fácil y supuestamente atractivo posar de
superhéroe que de persona que aprende de los
hechos que anuncia.
Gracias.
* Ponencia para la Feria del Libro de
Medellín (septiembre 5 de
1999). Escrito en Medellín, ciudad construida
con el trabajo de los que no hacen parte de las
malas noticias.
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