Prensa boliviana:
desafíos y virtudes
Raúl
Peñaranda U. *
La
prensa boliviana tiene muchos rasgos positivos,
algunos de los cuales la diferencian del
periodismo de otros países y, en algunos
aspectos, le permiten liderizarlo.
La prensa en
Bolivia es, sin duda, pluralista y respetuosa.
Casi todos los sectores políticos, sociales e
ideológicos tienen cabida en ella. No existen
síntomas de racismo o clasismo en las
publicaciones bolivianas, y los prejuicios
morales o de otro tipo son prácticamente
inexistentes. La sensibilidad social es otra de
sus características.
Por otra parte,
es inusual que en las denuncias no estén
presentes las opiniones de los afectados:
generalmente se cumple con la regla de tener la
visión de parte y contraparte.
Además, es un
periodismo alejado del sensacionalismo. La
intimidad de la gente es respetada y no se ejerce
sobre las conductas privadas ningún tipo de
censura. Un reciente caso, muy sonado, que
involucró a la hija de una ex Alcaldesa, refleja
que los periodistas bolivianos rechazan a quienes
levantan como bandera los falsos moralismos.
Finalmente, los
medios de comunicación en Bolivia juegan un rol
muy importante en tareas de fiscalización de las
acciones del gobierno y otras instituciones. En
un país como Bolivia, con una débil
institucionalidad y un sistema judicial corrupto
e ineficaz, la prensa tiene un papel fundamental
en la defensa de los derechos de las personas y
control del ejercicio de la función pública.
En cuanto a
características más estructurales, la prensa
boliviana tienen mucha relación con las
particularidades del país: economía pequeña,
altos índices de pobreza, mercado interno
reducido y una democracia recién en etapa de
afianzamiento.
Eso da como
resultado que la prensa, salvo excepciones, no
sea un verdadero negocio, sino más bien una
actividad sostenida por empresarios o políticos,
que la subvencionan para beneficiar sus intereses
personales o partidarios.
Otro resultado
de las características del país en la prensa es
el bajo tiraje de los diarios. Una estimación
realizada por el texto "Radiografía de la
prensa boliviana", señala que el tiraje de
todos los diarios bolivianos bordea los 100.000
ejemplares, lo que implica que entre 350.000 y
400.000 personas tienen acceso a éste en el
país. Ello equivale a un 5.5 por ciento de la
población, un índice muy bajo comparado con los
de los otros países de la región. Si calculamos
que en el país hay unos 3.1 millones de adultos,
sólo uno de cada 30 adquiere periódicos
eventualmente. En el área urbana, uno de cada 13
adultos compra periódicos de manera más o menos
habitual.
Los diarios
tienen otras dificultades adicionales para
crecer, como los altos niveles de analfabetismo,
la fuerte población rural (48 por ciento del
total según el censo de 1992), la ausencia de
vías de comunicación y la casi nula tradición
de lectura de Bolivia, un país de fuerte
cultura oral.
Redacciones
pequeñas
El tamaño de
las redacciones es, también, muy pequeño. El
diario con más periodistas en La Paz es La
Razón, con alrededor de 45, contando desde los
directores hasta el último redactor de los
suplementos.
Con ese escaso
número de periodistas -el resto de los diarios
tiene menos redactores aún, sobre un total
estimado de 150 empleados por periódico- el
nivel de la prensa no puede ser de excelencia.
Los periodistas deben redactar hasta cuatro o
cinco notas diarias, lo que imposibilita la
investigación, la interpretación o el
análisis, y obliga a privilegiar el uso de los
géneros más simples, especialmente la llamada
nota periodística.
En los diarios
bolivianos casi no existen los reportajes, las
entrevistas o las crónicas.
Prensa
monogenérica
La prensa
boliviana es monogenérica. Entre los
géneros informativos, la nota tiene una
presencia mayoritaria, con un 70.5 por ciento del
total, según el texto mencionado. El 30 por
ciento restante se divide entre otros 14
géneros.
Como decimos, la
casi total ausencia de géneros como la
entrevista o la crónica se explica por el
tamaño reducido de las redacciones de los
diarios.
Otra
explicación se da en las deficiencias de
formación universitaria de los periodistas, lo
que explicaría por qué no son muchos los
capacitados para redactar materiales con más
elementos de contexto o soltura literaria.
Además, los
periodistas capacitados se ven forzados a
"ascensos rápidos", convirtiéndose en
editores antes de tener una completa madurez. Si
esos editores fueran redactores, probablemente la
calidad de las notas sería superior.
En Bolivia,
además, existe la "tradición"
periodística de cuidar la información de
coyuntura y no explorar en temas atemporales. Por
ejemplo, los diarios no usan el material de las
agencias noticiosas locales para cubrir los
hechos de rutina y destinar a sus redactores en
la redacción de notas especiales. Una marcada
"obsesión" por "tener todo lo que
la competencia tiene" hace que los esfuerzos
de los diarios se concentren en la información
coyuntural. Ningún diario se anima a desarrollar
su propia agenda, con algunas recientes tímidas
excepciones, y todos viven dependientes de los
otros, provocando una homogeneización sin luces
y muchas sombras.
Burguesía
pequeña y débil democracia
Una democracia
en formación como la boliviana -recién 18 años
de sistema democrático- con un pasado y una
tradición de poca transparencia, implica para la
prensa un elemento adicional que dificulta su
crecimiento y expansión.
El sistema
político boliviano no garantiza ni obliga a los
poderes del estado a entregar información.
Muchos temas son tapados y se evita su
conocimiento.
Por otra parte,
la burguesía boliviana es tan pequeña que no
será fácil que una empresa periodística revele
irregularidades que involucren a un grupo
empresarial importante, porque las relaciones
familiares, económicas o políticas se dan en
todos los niveles.
Además, sin una
prensa verdaderamente industrial, las
empresas periodísticas dependen de un grupo
reducido de anunciantes, de los que se vuelven,
en ocasiones, voceros. Lo mismo ocurre con la
dependencia del Estado. Es común que los diarios
más ligados al gobierno de turno lograrán
importante cuotas de publicidad estatal, mientras
los más críticos no obtendrán nada. Y ello
puede provocar que las posturas críticas tiendan
a desaparecer.
* Raúl
Peñaranda U. es
asesor editorial del diario La Razón de Bolivia y profesor universitario. Ha
publicado los textos "Radiografía de la
prensa boliviana", "Objetivo:
residencia japonesa" y "Terremoto, la
noche más larga". Esta es su primera
colaboración para Sala de Prensa.
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