Un nuevo
medio para un nuevo siglo
Jesús
Canga Larequi, César Coca García, Eloi
Martínez Ribera,
María José Cantalapiedra González y Lucía
Martínez Odriozola *
Resumen
La
siguiente comunicación defiende que la actual
denominación de periódico electrónico para
referirse a la información periodística enviada
a través de la red no es correcta. En realidad
se trata de un nuevo medio. Esta tesis vienen
sustentada, entre otras razones, por las
siguientes:
- Comparte
características con los otros tres medios de
información clásicos: la inmediatez de la
radio, el impacto visual de la televisión y un
uso de la escritura similar, que no igual, al del
periódico. Pero la conjunción de todas estas
características no hace que este medio sea
similar a ninguno de los anteriores, sino que,
por el contrario, nos lleva a la conclusión de
estar ante un nuevo medio muy superior en sus
prestaciones conjuntas a cada uno de los
clásicos en sus facetas individuales.
- Cambia la
actitud del receptor ante el medio. No es tan
cómoda ni relajada como ante la radio y la
televisión, ni permite tantas posibilidades en
el momento y lugar de la recepción de los
mensajes como con la prensa clásica. Requiere,
asimismo, del dominio previo de una serie de
habilidades y conocimientos técnicos que no son
exigibles en ninguno de los otros medios.
- Es el único
medio que cuenta con una posibilidad de
distribución totalmente universal. En esta
distribución los costes son similares
independientemente de que se quiera llegar a un
único receptor o a millones de ellos.
- Cambia
aspectos visuales y de contenido que hasta el
momento eran considerados fundamentales. Así,
por ejemplo, la forma de jerarquizar las
informaciones es completamente diferente a la del
periódico tradicional. La única jerarquización
posible en las ediciones electrónicas es la
posición correlativa que en los índices de las
secciones ocupa cada noticia. Puede suponerse que
el orden de las noticias responde a la
importancia de las mismas, pero el lector nunca
tiene la posibilidad de comparar esa importancia
relativa viendo las noticias compuestas dentro de
una misma página. Es decir, la idea de la
página como mosaico de informaciones, con
distinta importancia cada una de ellas,
desaparece.
- Finalmente, es
claro que a un nuevo medio ha de corresponder un
nuevo lenguaje, pero éste no se crea de la noche
a la mañana. Estamos todavía en el proceso
inicial de forma que los denominados diarios
electrónicos han copiado miméticamente el
lenguaje tradicional de los periódicos impresos
en papel. Esto es algo que a buen seguro
comenzará a cambiar en un futuro inmediato.
Introducción
Para el mundo de
los medios de comunicación, el siglo XX no
comenzó el 1 de enero del 1901, sino el día en
que, a finales de 1895, se proyectó la primera
película cinematográfica. En el mismo sentido,
la centuria no terminará cuando indica el
calendario. Más bien ha terminado ya; lo hizo el
día en que apareció en Internet el primer medio
de comunicación que puede entenderse como tal.
De manera que, a nuestro juicio, en materia de
información, de medios de comunicación de
masas, estamos ya plenamente instalados en el
siglo XXI, con todo lo que ello supone.
Ahora bien,
¿estamos ante un periódico que utiliza un
diferente sistema de distribución o ante un
nuevo medio?. A nuestro juicio, no cabe ninguna
duda: el mundo dispone de un nuevo medio de
comunicación, como en su día lo fueron la radio
y la televisión, y antes el cine, que ya hemos
citado.
Porque hay que
hablar de un nuevo medio, dado que éste permite
su lectura como si fuera un periódico
convencional; la inclusión de sonido, al estilo
de la radio; la de imágenes fijas o en
movimiento, a semejanza de la televisión; pero
todo ello a voluntad del receptor, que puede
optar por una lectura sencilla y lineal o por
recibir todos esos otros elementos informativos
(sonidos, imágenes), y que incluso puede
personalizar el medio, al elegir una ruta de
lectura. Esta circunstancia puede no tener nada
que ver con la jerarquización habitual de las
informaciones en los restantes medios, que viene
determinada por una serie de criterios y valores
periodísticos que, aunque diferentes en cada
redacción, tienen muchos elementos en común
entre sí.
En último
término, este nuevo medio es el único que
permite acceder de forma inmediata a la
documentación sobre un hecho o a otras
informaciones relacionadas con nuestro interés,
sin necesidad de buscarla en otras páginas del
diario o esperar ante la radio o el televisor a
que llegue el momento de su difusión.
Dicho de otra
manera, pensamos que los diarios en Internet,
sobre todo a partir del momento en que
desarrollen toda su potencialidad, tendrán
elementos del periódico, de la radio y la
televisión, así como alguna potencialidad
adicional de la que carecen todos ellos. Pero
estrictamente no es ni periódico ni radio ni
televisión. Es un nuevo medio, híbrido si se
quiere, que tiene características propias,
aunque se deriven de otras propias de medios ya
existentes. No debe extrañarnos: también la
radio comparte algunas características con los
diarios -lo hacía sobre todo en sus inicios como
medio-, y a la televisión le pasa lo mismo
respecto de la radio. Ningún medio nace en el
vacío, sino sobre las bases que han sentado los
ya existentes.
Medio
universal
Por lo que
respecta al modo a través de cual llega a los
receptores, el nuevo medio incorpora algunas
novedades. No se trata solamente de que libera a
la empresa editora de la dependencia de la
rotativa y del sistema de distribución. Además,
su alcance es superior incluso al de la radio o
la televisión, es universal: siempre que haya
señal telefónica, puede llegar a cualquier
lugar del planeta.
Al prescindir el
sistema de impresión y las dificultades del
transporte, se reducen a la nada los gastos
dedicados por las empresas convencionales a esas
partidas y, además, se iguala a la televisión y
la radio en inmediatez: el tiempo que transcurre
desde la producción de la información hasta que
llega a sus receptores es menor.
Dicho de otra
forma, el sistema de producción -la elaboración
de las planchas, la obligatoriedad de contar con
instalaciones, la rotativa, las grandes
plantillas, la dependencia del papel, y de una
red de distribución por carretera o por aire-
son eliminadas. El nuevo medio sólo precisa de
un ordenador dotado de los programas
imprescindibles y conectado a una señal
telefónica a través del módem.
Reducidos los
gastos y el tiempo inevitable para su
elaboración, cabe la posibilidad de que los
diarios digitales coloquen en la red toda la
información de que disponen. Los medios de
comunicación se ven continuamente abocados a
elegir los temas sobre los que informan. Los
límites en radio y televisión vienen impuestos
por la duración de los informativos. En el caso
de los diarios impresos, por la paginación. La
red posibilita que se pongan a disposición de
los receptores informaciones que en cualquier
otro medio habrían sido marginadas bien por su
extensión, bien por que la actualidad destierra
temas que aun sin quedar obsoletos no tienen
cabida.
De esta forma,
el nuevo medio se erige en un centro de
información y servicios cuyos límites
únicamente dependen de la imaginación o
creatividad de sus autores. Bases de datos o de
material gráfico, información de utilidad que
no es necesario que sea constantemente
actualizada, multitud de informaciones que sirven
para la redacción de textos más breves,
noticias que no tienen cabida por los límites de
la ediciones, otras que han sido desplazadas por
nuevos acontecimientos, todo lo imaginable puede
ser colocado y mantenido en la red.
Además, frente
a lo que sucede en el caso de los diarios
convencionales, las nuevas ediciones no desplazan
automáticamente a las anteriores: se pueden
mantener en la red, en lugar menos accesible pero
a disposición de quien desee consultarlas o
utilizarlas. Informaciones preparadas meses antes
pueden estar disponibles en todo momento. Para
ello sólo se requiere de un motor que permita la
realización de las búsquedas.
Finalmente, en
la medida de que las ediciones digitales están a
la espera de un receptor interesado, no cabe
-como ya sucede en el caso de la radio o de la
televisión- que se agoten. Pueden acceder a su
lectura tantos internautas como estén
interesados, con los únicos límites de la
cantidad de conexiones simultáneas que permitan
las características técnicas de los diferentes
servidores.
Inmediatez
Además, este
nuevo medio informativo goza de todas las
ventajas de los tres medios tradicionales sin
sufrir sus limitaciones.
Así, puede
competir con la radio en inmediatez ya que es
posible transmitir cualquier información o
acontecimiento prácticamente en el mismo momento
en que se produce, sin que el informador haya de
depender de otras instancias ajenas a él mismo o
al propio medio (agencias, redacciones, horarios
predeterminados de emisión en antena, etc.).
También se
aprovecha del impacto visual de la televisión al
combinar las imágenes fijas (fotografías y
gráficos) con las móviles (videos) y el sonido.
Y, finalmente,
utiliza el vehículo fundamental en la historia
de la comunicación: la escritura. Hasta la
aparición de este nuevo medio, la escritura era
considerada como la herramienta básica de la
prensa clásica. Ahora el nuevo medio no sólo
utiliza la escritura en su provecho sino que,
además, a diferencia de la prensa no paga las
servidumbres propias de ese medio para la
difusión de los contenidos escritos: la
distribución electrónica de los mismos elimina
las limitaciones del soporte papel a la hora de
trasladar a las páginas del periódico los
textos informativos (pasado de planchas,
rotativa, cierre, etc.) con lo que ello supone de
ahorro en tiempo y dinero.
Pero no es sólo
por la suma de todas las ventajas de los medios
tradicionales por lo que mantenemos que a este
nuevo medio no debe denominársele
"periódico electrónico". En rigor,
los periódicos tradicionales hace tiempo que
pueden ser considerados productos electrónicos.
Prácticamente desde la entrada en masa de la
fotocomposición y, más recientemente, con la
puesta en marcha de las denominadas 'redacciones
electrónicas' todo el proceso de producción de
los diarios es electrónico, salvo como ya hemos
señalado la distribución final del producto.
Pero es que
además la voz 'periódico' viene de
periodicidad, lo cual repercute también en el
propio concepto del producto y del medio: sus
tareas de producción y su contenido están
condicionados por un imperativo temporal. Así,
la 'hora de cierre' en las redacciones es algo
sagrado: se necesita tiempo para hacer las
planchas, tirar el periódico y distribuirlo a
los puntos de venta. En cuanto al contenido, el
periódico tradicional debe hacer referencia a
'hechos pasados' ya que no alcanza a dar al
lector lo acaecido antes de su llegada al
quiosco. En este sentido, el nuevo medio también
incumple estos parámetros de temporalidad. Puede
ser modificado constantemente, sin tiempo
definido ni predeterminado; es decir, carece de
periodicidad. Ninguna noticia, al menos
teóricamente, se hace vieja sobre el soporte
electrónico actualizado de forma permanente.
Otra de las
causas por las cuales puede afirmarse que las
ediciones electrónicas de los periódicos son un
nuevo medio y no deben ser considerados como
diarios electrónicos, hace referencia al diseño
periodístico.
En la prensa
tradicional el diseño periodístico cumple unos
objetivos que básicamente pueden resumirse en
cuatro: jerarquizar los contenidos, mejorar la
legibilidad, dar una uniformidad y continuidad
visual al conjunto y hacer el producto más
atractivo. En el diseño de las páginas
electrónicas no se cumple prácticamente ninguna
de estas condiciones.
En primer lugar,
la jerarquización tradicional -que consiste en
dar al lector unas claves sobre la importancia de
la noticia en función de su colocación, si abre
o no la página o la sección, el número de
columnas que ocupa, la utilización o no de
entradilla, etc.- no se da en los diarios
digitales. Al ser las informaciones electrónicas
unidades independientes, módulos autónomos y
cerrados, no hay posibilidad de comparación con
otras informaciones de la misma página, ya que
cada información es en sí misma una página. En
este contexto, la única jerarquización posible
en las ediciones electrónicas es la posición
correlativa que en los índices de las secciones
ocupa cada noticia. Puede suponerse que el orden
de las noticias responde a la importancia de las
mismas, pero el lector nunca tiene la posibilidad
de comparar esa importancia relativa viendo las
noticias compuestas dentro de una misma página.
Es decir, la idea de la página como mosaico de
informaciones, con distinta importancia cada una
de ellas, desaparece.
Tampoco ayuda el
diseño periodístico de las informaciones
electrónicas a mejorar la legibilidad de los
textos: no podemos fragmentarlos en columnas o
paquetes para mejorar el rendimiento de la
lectura. Las noticias electrónicas se componen a
una anchura de composición única (una columna)
ya que al ser, generalmente, más largas que una
pantalla de ordenador no pueden ordenarse por
columnas porque el lector tendría que subir y
bajar la pantalla repetidas veces para poder
realizar una lectura en columnas. Esta acción no
sólo no mejoraría la legibilidad sino que la
empeoraría notablemente.
El tercero de
los objetivos clásicos del diseño periodístico
tampoco se cumple en el caso de este nuevo medio
electrónico. Aunque exista uniformidad a lo
largo de todas las informaciones, de todas las
pantallas, esto no es apreciado por el lector, ya
que al ser todas las unidades informativas
páginas autónomas, la sensación de contraste
que puede darse al utilizar recursos
tipográficos diferentes no se percibe. Así, al
lector le dará igual que un texto de una
información pueda ir compuesto a un cuerpo mayor
o menor que el de otra información, o que se
utilice una familia de letras diferente: al no ir
sobre un mismo espacio gráfico (una página) no
tiene elementos de comparación para percibir esa
discontinuidad en el aspecto visual.
El único
aspecto en el que el diseño periodístico puede
tener un papel similar en una edición
electrónica que en un periódico tradicional es
en el último de los objetivos anteriormente
mencionados: hacer más atractivo el producto. En
este sentido, el diseño de las informaciones
electrónicas no sólo es comparable al de un
periódico sino que, en algún aspecto, es
claramente superior. Esta superioridad es
manifiesta en el uso de uno de los elementos que
más realce han dado a las publicaciones impresas
en la última década: el color. Las
ilustraciones, tanto fotografías como gráficos
o infografías, son explotadas en su vertiente de
color mucho mejor en el soporte digital que en el
papel. Mientras que en una edición electrónica
todos esos elementos van en color, sin que eso
encarezca ni perjudique el proceso de producción
del medio, en la prensa tradicional, si
exceptuamos suplementos y cuadernillos, su uso se
restringe prácticamente a la primera y última
página y, de forma más esporádica, a las
páginas centrales.
Todo
color
Pero, además,
donde el formato electrónico de estas
publicaciones tiene una ventaja clara es en el
uso del color para la tipografía. Es
prácticamente unánime la creencia de que la
tipografía en color al ser utilizada en las
páginas de periódicos de información general,
aunque no suceda lo mismo con las revistas,
genera en el lector una impresión de
sensacionalismo. Este supuesto se confirma cuando
se aprecia que la práctica totalidad de los
periódicos denominados serios aplica el color a
los titulares o textos aunque sí se hace
diariamente, como ya se ha señalado, con
fotografías o gráficos. Esta impresión de
sensacionalismo no se refleja en los textos
electrónicos aunque se utilicen varios colores
para la tipografía de una misma información.
Los usuarios de estos medios están acostumbrados
al cambio de color de determinados textos que
indican una función o acción de interactividad
determinada para el receptor, con lo cual su uso
es asumido por éste como un elemento integrado
dentro de la concepción del nuevo medio.
Otra de las
razones por las cuales sostenemos que se trata de
un nuevo medio es porque los diarios digitales
exigen de sus audiencias otro tipo de actitud.
El periódico
pide al lector una sola cosa: capacidad para
comprender los textos que le ofrece. Los medios
electrónicos le exigen, además, conocimientos,
siquiera mínimos, de informática para acceder a
los textos que le ofrece. Si maneja los
rudimentos básicos para poder conectarse a la
red, habrá de sentarse delante de la pantalla y
pagar la lectura con dinero y atención. Más
dinero y más atención que el que debe a la
prensa.
Una de las
claves del éxito del periódico es que puede
leerse en cualquier momento y lugar. Su
transporte es fácil y se puede desechar una vez
leído, de manera que es habitual encontrar
lectores de periódicos en el parque, en el
monte, en la cola del autobús, en el asiento del
metro, en casi cualquier lugar y circunstancia.
Con el diario electrónico no sucede lo mismo.
Actualmente es inverosímil pensar que alguien se
lleve un ordenador portátil con un teléfono
móvil y un módem al parque para disfrutar de la
lectura de un buen reportaje.
Ciertamente, no
cabe pensar que esta limitación tecnológica
durará siempre. Los ordenadores serán cada vez
menos pesados, podrán llevar incorporado su
propio teléfono móvil y así se reducirá
también el volumen. Pero la pantalla deberá
tener siempre un tamaño suficiente para que la
lectura no sea incómoda y deje de ser, por lo
tanto, algo placentero. Cabe imprimirlo, pero
renunciando entonces al sonido, la imagen en
movimiento y el hipertexto, es decir, renunciando
al medio.
Consumo
individual
Por otro lado,
el diario digital no permite al receptor
compartir los contenidos. Aparece cargado en una
pantalla de ordenador y es poco probable la
estampa de una familia congregada en torno a ella
para ir revisando las noticias. Sin embargo, el
periódico, a medida que ha crecido, se ha
desgajado en cuadernillos, normalmente guiados
por un criterio temático. Este fenómeno es
mucho más perceptible en Estados Unidos, donde
los diarios son muy voluminosos y, además, en
formato sábana. De esta forma, especialmente el
fin de semana, se convierten en lo que se ha dado
en llamar periódico familiar, porque puede
dividirse de manera que mientras el padre o la
madre leen unos cuadernillos, el hijo mayor,
pongamos por ejemplo, revisa el de espectáculos,
el pequeño el de niños, y el abuelo el de
bricolaje.
Otro factor que
altera notablemente la vieja relación es el
coste. De momento, la mayoría de los diarios
electrónicos son gratuitos. Sin embargo, esto no
es estrictamente cierto, porque hay que disponer
de un equipo, dotado de programas y pagar el
tiempo de la conexión. Pero, además, hay un
segundo coste: la atención. Debemos tener en
cuenta que la publicidad en los medios digitales
es muy agresiva. A diferencia de lo que sucede en
los periódicos -en los que la publicidad puede
pasar desapercibida, de manera que el lector se
detiene en ella si lo desea, pero raras veces
molesta si se quiere evitar- en los diarios
electrónicos asalta al receptor: se mueve,
baila, cambia de forma, tamaño o color. Además,
es habitual que se cargue antes que los textos
informativos, de forma que mientras el receptor
espera la aparición de las noticias que busca,
la publicidad está presente, captando
inevitablemente su atención.
Por último, el
lector paga con su tiempo, porque leer el diario
electrónico exige dedicación. Las tareas
iniciales previas -encender el ordenador, cargar
los programas, etc.- se podrían considerar
equivalentes a la compra en kiosco del diario, e
incluso menores. Sin embargo, esa equivalencia no
sirve para países como Alemania, donde
aproximadamente el 80% de los ejemplares diarios
se distribuyen por suscripción.
En cualquier
caso, situados en el punto de partida real, es
decir, el lector tiene ante sí el periódico y
el internauta el diario en pantalla, se deberá
esperar un tiempo para pasar de una página a
otra, o de una noticia a otra, o para regresar a
la portada. Un tiempo que no depende de su
voluntad sino de cuestiones técnicas ajenas a
él.
Construir
el lenguaje
El nuevo medio
carece aún de lenguaje propio. La razón es bien
simple: en su parte informativa, los diarios
electrónicos son básicamente un volcado del
texto que aparece en los periódicos de origen,
sin cambios o con modificaciones no sustanciales.
Incluso en diarios electrónicos que no tienen
versión en papel, como el caso de La Estrella
Digital, el estilo utilizado es idéntico al de
un periódico.
Y, sin embargo,
no cabe ninguna duda de que será preciso un
lenguaje propio, porque el receptor no está en
la misma situación ni actitud frente a un
ordenador que ante un periódico, y no digamos
junto a la radio o frente al televisor. Esta
carencia de lenguaje propio es también normal:
ni la radio ni la televisión lo tenían en sus
inicios. Fueron creándolo a medida que su
implantación y desarrollo técnico lo
permitieron.
Sería una
presunción por nuestra parte intentar describir
cómo será ese lenguaje del nuevo medio. No lo
haremos, pero sí apuntaremos lo que creemos un
par de obviedades a la vista de cómo se está
haciendo hasta el momento: la primera es que las
frases y los párrafos deberán ser más cortos
que en los periódicos, quizá no muy diferentes
en cuanto a sus características de los que se
utilizan en radio y televisión. La segunda es
que deberá hacerse un mayor uso del hipertexto,
una de las grandes ventajas de este nuevo medio,
de la que carecen los restantes.
* Jesús
Canga Larequi,
catedrático de la Universidad del País Vasco; César Coca García, profesor titular de la Universidad del
País Vasco;
Eloi Martínez Ribera,
profesor titular de la Universidad del País
Vasco; María
José Cantalapiedra González, profesora titular de la Universidad
del País Vasco, y Lucía Martínez Odriozola, profesora asociada de la Universidad
del País Vasco. Esta es su primera colaboración
para Sala
de Prensa.
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