Venezuela
En
busca de una nueva
cobertura electoral
Ana
Marisol Angarita B.*
Hablar
sobre el por qué el hoy presidente Hugo Chávez
ganó las elecciones amerita un extenso análisis
en donde confluyen factores políticos,
económicos, sociales y comunicacionales. No
hablaré sobre la causa de su triunfo pero sí lo
haré sobre el hilo conductor que siguieron los
medios y los periodistas.
Para nadie está
oculto que los medios de comunicación social y
algunos periodistas, se parcializaron con un
candidato presidencial que no fue el ganador, que
hubo exceso en el bombardeo informativo y
sobresaturación, pero más allá de pensar que
los medios han comenzado a perder poder debemos
reflexionar pues, si bien es cierto que la
credibilidad de los partidos ha decaído -y de
allí que se hayan estrechado los lazos entre
estos sectores y los medios de comunicación-,
éstos al parcializarse contribuyen a la pérdida
de su propia credibilidad ante la población, y
quizás la gente en el caso venezolano, fue
tomando conciencia de ello a pesar de no estar
educados frente a la manipulación.
Tampoco podemos
obviar que el candidato ganador, al protagonizar
un golpe de Estado el 4 de febrero de 1992 contra
el entonces presidente Carlos Andrés Pérez, fue
exaltado consciente o inconscientemente por los
medios como héroe o como villano, uniendo los
extremos de un liderazgo vanagloriado y odiado al
mismo tiempo. En ese momento Chávez, quien era
presentado como el valiente, contó con menos de
15 minutos de fama para conquistar futuros votos
una vez derrotado en la intentona golpista.
Durante la
campaña electoral y muy a pesar de la difícil
situación política, en los periódicos,
televisoras y estaciones de radio del país, las
informaciones se basaban en las encuestas sobre
quién iba dominando la carrera hacia la
Presidencia, la confrontación entre candidatos.
Los buenos contra los malos, los golpistas y los
demócratas, los dimes y diretes, la guerra sucia
-incluso por Internet-, los ataques y
contraataques, las traiciones y los pactos,
constituían el plato fuerte de los días por lo
que abundaban en los noticieros, al igual que la
asistencia a los mitines, las fotos para primera
página con un niño o una anciana, y muy al
final las promesas.
Las propuestas y
planes concretos no figuraban en un plan básico
entre los requerimientos para ser presidente, ni
tampoco en los esquemas informativos esenciales
del reportero. Pudiera ser que la propuesta
cuando la había- estuviera en la coletilla
de la noticia, expuesta a "amputación"
por carencias de espacio.
Si algún
candidato se negaba a hablar de un tópico
como por ejemplo el económico-,
sencillamente el periodista excluía el asunto
cuando escribía o difundía su nota, porque lo
importante era perseguir al candidato y
"pegarle el micrófono". Pero sobre
todo hacerle la primera pregunta, por superficial
que fuera, creyendo que los televidentes
cambiarían de canal de acuerdo a quién
formulara la pregunta.
No se le
exigieron responsabilidades a los políticos en
cuanto a los planes serios que debe tener un
aspirante para ocupar un cargo público de tanta
importancia, pero los periodistas también
optaron por la vía más fácil.
¿Y
dónde están los periodistas?
El
prácticamente nulo análisis de los periodistas
se vio aderezado con el hecho de que se
evidenció entonces, que el poder que ostentan
los periodistas sucumbe en este caso ante
presiones derivadas de las políticas
informativas de los propios medios, y de los
candidatos y partidos que participaron en la
campaña electoral presidencial 1998.
Se observaron
ciertos patrones que se traducen en desviaciones
en lo que es el ejercicio periodístico y la
función de los medios de comunicación. Los
periodistas de audiovisual perciben el
"tubazo" o primicia de una forma
diferente a los reporteros de impreso, e incluso
la concepción de lo que fue noticia durante la
campaña electoral careció de explicación por
parte de algunos jefes ante la imposibilidad de
poderla definir.
El periodista
tiene muy buena imagen de sí mismo, se considera
"objetivo" en su práctica profesional
y valora mucho el esfuerzo realizado, entendido
como perseguir al candidato y esperar largas
horas, para que luego el aspirante se limitara a
dar respuestas inconsistentes, lanzar un ataque a
otro de los candidatos o quizás incluso llamar a
los medios de comunicación para sólo posar para
una foto, porque no le apetecía declarar. Lo
importante era ganar, y cómo hacerlo de la
manera más fácil sin pensar mucho en lo que se
tenía en las manos, en los problemas que se
debían enfrentar y en las soluciones a aportar.
Los periodistas
consideraron que esa cobertura estuvo muy bien
trabajada tomando en cuenta que el esfuerzo fue
mucho más físico que mental pues no se
prepararon para cubrir la campaña electoral y se
careció del análisis requerido, mucho más si
anexamos la coyuntura política del momento; pero
aún así insistieron en que ellos y los medios
para quienes trabajan difundieron la mejor
información.
Todo esto en
contraste con lo que afirmaron reporteros y jefes
de información política pues, destacaron que la
cobertura estuvo llena de parcializaciones,
manipulaciones y que en síntesis fue
superficial.
Periodistas y
medios le siguieron el juego a los políticos en
lo frívolo e insubstancial de la campaña
electoral, en el vacío de propuestas, programas
y respuestas concretas a las necesidades del
país. El diálogo pareció desenvolverse entre
políticos y medios, -tomando estos últimos un
rol pasivo y complaciente-, los cuales se veían
unos a otros sin incluir a los ciudadanos y las
respuestas verdaderamente necesarias para salir
de la crisis que se atraviesa.
Periodistas y
medios, también le siguieron la dinámica a la
cobertura "carrera de caballos". Los
dimes y diretes y las encuestas pasaron por
encima de los temas y con ello, por encima del
público a quienes subestimaron pues sin siquiera
preguntarle, sentenciaron que al ciudadano no le
interesa nada más allá de una encuesta e
insultos de parte y parte.
La pregunta es
si realmente lo que tenemos por noticia y por
población "ignorante", no es producto
entre otros factores, de periodistas y jefes que
tampoco se han esforzado mucho por acoplarse a
los nuevos tiempos, cayendo vencidos ante la
dinámica económica del negocio de las noticias.
Periodistas y jefes que no han entendido su
misión y su función de servicio público, o
quizás la olvidaron con los años, y que aún no
han tomado conciencia del poder ciudadano que
tienen el rol de representar, y que está
perdiendo credibilidad.
Los jefes son en
gran medida conformistas, que reconocen las
fallas pero esperan sentados por un cambio
milagroso, de no se sabe quién, quizás de los
dueños, pero a pesar de ello se sienten muy
contentos porque al fin y al cabo se estuvo
allí, sin importar si el candidato dijo algo
relevante, y cuidando delicadamente los intereses
de la empresa.
Incluso la
misión de servicio público pareció olvidada o
relegada a un segundo plano en la campaña
electoral presidencial pasada pues los logros de
los medios según sus jefes, estaban concentrados
en los aspectos mercantiles del rating o en las
ventas.
Los que alguna
vez fueron reporteros y que hoy están en
posiciones jefaturales, admiten que el periodista
debe actualizarse constantemente pero parecen
hacer muy poco para hacerle entender a los
dueños de los medios que el continuo aprendizaje
de la plantilla reporteril hace la diferencia en
calidad informativa, más aún cuando las
reuniones colectivas útiles para la
planificación del trabajo y el aprendizaje
colectivo de reporteros y jefes no es muy
habitual, el diálogo no está funcionando ni
siquiera dentro de las redacciones caso aún más
acentuado si se habla de la radio.
En general, -a
excepción de los principales medios-, las nuevas
herramientas tecnológicas tales como el uso de
correo electrónico y de la Internet como
herramienta investigativa, tampoco es empleada
por los periodistas de forma regular en sus
sitios de trabajo tanto para actualizarse como
para recibir feedback del público.
El gremio
reconoce que algo anda mal pero aún no ha
internalizado en qué radica exactamente lo malo
ni mucho menos cómo combatirlo, pues las
desviaciones y vicios en el ejercicio profesional
se entrelazan con el poder que los enviste. Hay
una mezcla de conceptos, de disconformidades y de
auto-percepciones que en la práctica se
contradicen. Todo esto se externaliza y ha sido
objeto de crítica de algunos observadores, así
como muchos otros ciudadanos, quienes se han dado
cuenta de fallas y carencias que exponen los que
buscan las noticias.
Es entonces un
círculo vicioso que no conduce a buenos
resultados y que se refleja en la superficialidad
de preguntas por parte de los reporteros e
incluso de ingenuidad cuando detrás lo que se
esconde es desconocimiento, "huecos"
aprovechados hábilmente por los políticos, y
que contribuyen a que el público se desencante
no sólo de los políticos y la política sino
también de los periodistas.
Se busca
entonces una cobertura diferente, en donde el
periodista sea un representante con credibilidad
para ejercer la defensa de los intereses
colectivos y no se olvide que la campaña
electoral debe girar en torno a los ciudadanos y
en la marcada importancia que tiene este lapso
para el futuro de la nación.
Un periodista
que asuma su profesión investida con un rol
social que le confiere privilegios pero también
responsabilidad social , y la comprensión de que
somos catalizadores para el cambio.
El periodismo
cívico o público trata de buscar la mayor
conexión posible entre periodistas, media,
políticos y ciudadanos; en pro de un diálogo
productivo, estimulando la participación
ciudadana y la focalización de los temas de
verdadera importancia e interés a través del
énfasis que se le da a la búsqueda de
respuestas concretas por parte de los candidatos.
Si el periodismo
cívico no es nada nuevo sino sólo hacer
"buen periodismo", hay que tener
voluntad y constancia en practicarlo. Si el
periodismo cívico es o no la solución total a
los problemas tampoco se sabe pues aún es una
corriente experimental y una buena práctica
periodística requiere tener conciencia del rol
que se tiene en la sociedad, de los principios
éticos, del constante estudio y actualización
necesarios para dirigirnos a un público con
mayor información, aunque la calidad hasta ahora
ha estado al margen.
El periodista se
enfrenta a un mundo mucho más exigente y como
servidor público no se puede quedar estancado en
las viejas formas de hacer política y cubrir las
noticias. Es importante tomar conciencia de lo
que está sucediendo y tratar de luchar por un
cambio que debe comenzar a gestarse.
Tampoco es una
práctica que cambiará la cobertura de un día
para otro ni aniquilará las encuestas y todo
aquello que contienen las campañas electorales
porque se debe respetar el derecho a la
información, pero sí buscar cambiar el
"estamos bien pero vamos mal" de una
manera progresiva con la necesaria introspección
que requiere el periodista y con el buen olfato
que requiere para saber que no quiere despertar
en un mañana demasiado tarde y violento.
*Ana Marisol
Angarita B. es
Lic. en Comunicación Social de la Universidad
Central de Venezuela, en la cual ha sido
conferencista sobre el Periodismo Público. Ha
sido periodista de los diarios: El Globo, Abril y El
Diario de Caracas en
las fuentes genérica y política. Ha cubierto
varios procesos electorales venezolanos. El
artículo se basa en un trabajo realizado por la
autora para la UCV. Esta es su primera
colaboración para Sala de Prensa.
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