Vista panorámica de las
américas
Ataques
a la prensa en 1999
Marylene
Smeets / CPJ *
Los
gobiernos de varios países latinoamericanos
tomaron medidas para poner sus leyes de prensa a
la altura de las normas internacionales. Pero
mientras la prensa latinoamericana continuaba
denunciando fechorías, su propia fuerza la
expuso a una nueva modalidad de hostigamiento:
las campañas de difamación.
Los reporteros
latinoamericanos se han vuelto sumamente diestros
para exponer los actos delictivos, pero por otro
lado no cuentan con los juzgados y tribunales que
investiguen, entablen acciones y castiguen a
quienes denuncian. En la mayoría de los países,
el sistema judicial es notoriamente débil;
muchas veces no puede, o no está dispuesto a
investigar los casos que se le presentan. El
resultado es que los periodistas que denuncian la
corrupción se vuelven blanco seguro. Dado que
los reportajes negativos en la prensa constituyen
una de las pocas sanciones efectivas contra el
comportamiento criminal en Latinoamérica,
desacreditar a la prensa es una táctica
excelente para quienes deseen escabullirse sin
tener que rendir cuentas.
A este hecho se
atribuye el auge de una forma nueva de ataque
contra los periodistas latinoamericanos, que se
disfraza de periodismo para difamar, o hasta
hacer peligrar, a los reporteros. El caso más
dramático se dio en Perú, donde se lanzó un
alud de tabloides auspiciados por el gobierno y
llenos de artículos difamatorios sobre los
principales periodistas del país, con la
singular intención de socavar la confianza del
público en los medios de comunicación. En
Guatemala, los periodistas fueron blancos de una
campaña de difamación transmitida a través de
un programa radial misterioso (Ver reportaje
especial en la página XX). Y un grupo de
panameños poderosos desató una campaña de
difamación contra el principal medio de
comunicación del país, La Prensa, y su editor
Gustavo Gorriti, luego que el periódico
publicara reportajes que vinculaban al fiscal de
la República al narcotráfico.
En estos tres
países, los periodistas han ripostado utilizando
su pericia investigativa para sacar a luz
pública los orígenes de las campañas
difamatorias. Los peruanos presentaron evidencias
contundentes de que los tenebrosos servicios de
inteligencia del país estaban detrás de la
campaña de difamación. Los guatemaltecos
documentaron el hecho de que el programa radial
había sido capitalizado por un asesor
presidencial. Y los panameños respondieron con
la expansión y aceleración de sus
investigaciones de los personajes turbios a cargo
de la campaña contra Gorriti y La Prensa.
En todos estos
países, las campañas de difamación anti-prensa
florecieron porque los sistemas judiciales
locales eran débiles, y porque no se ha
elaborado un marco legal que rija las relaciones
entre sociedad y medios de comunicación. No
obstante, algunos países tomaron medidas para
remediar estas deficiencias, con la asistencia y
el apoyo particular de la Comisión
Interamericana para los Derechos Humanos (IAHCR).
Históricamente,
la Comisión Interamericana para los Derechos
Humanos y la Corte Interamericana para los
Derechos Humanos han servido de foro
independiente para los periodistas que no han
podido obtener justicia en sus propios países.
Este año la Comisión ayudó a resolver varios
casos en Argentina, y presionó para que se borre
del sistema legal argentino la difamación como
ofensa criminal. También refirió un caso
peruano y un caso chileno a la Corte
Interamericana en Costa Rica. A finales de año,
la Comisión seguía estudiando otros casos
relacionados a los medios de comunicación,
incluido un caso peruano de intervención
telefónica. Y con la prohibición de El libro
negro de la justicia chilena, supuestamente por
amenazar a la seguridad del estado, un
representante del gobierno chileno se presentó
ante la comisión y reconoció la necesidad de
reformar la anacrónica Ley de Seguridad del
Estado de Chile.
Quizá la
reforma legal más dramática de 1999 fue la
derogación parcial de las infames «leyes
mordaza» panameñas, que durante mucho tiempo
habían obstaculizado las labores de la prensa en
ese país. La presidente Mireya Moscoso se
comprometió a derogar las leyes mordaza
restantes para el verano del 2000.
Mas si por un
lado algunos países liberalizaron sus leyes de
prensa, otros tomaron medidas para cerrarle el
cerco a los periodistas. En Jamaica, una
propuesta de ley dificultaría a los periodistas
reportar sobre la corrupción dentro del
gobierno. En Brasil, se aprobó una ley que
castiga a aquellas autoridades que dan
información a la prensa. En Cuba, donde el
gobierno ya tenía a disposición un arsenal de
medidas legales para suprimir los reportajes
independientes, cobró vigencia en marzo una ley
nueva que prácticamente prohibe la libre
expresión. La Ley para la Protección de la
Independencia y la Economía Nacional de Cuba
dispone condenas de hasta 20 años de cárcel por
una gama de ofensas relacionadas a los medios de
comunicación.
La violencia
también sigue siendo motivo de preocupación,
particularmente en Colombia, donde cinco
periodistas fueron asesinados en el desempeño de
sus labores en 1999. Sin embargo, reportar sobre
el tráfico de drogas, y la protección oficial
que le permite prosperar, es igual de arriesgado
en otros países. Muchos periodistas publican
este tipo de reportaje sin firma, y aquellos
medios que reportan sobre el mercado de drogas
han sido hostigados por asunto de impuestos, o
amenazas o intimidación.
Para los
periodistas latinoamericanos, el próximo
desafío será ponerse a la altura de criterios
profesionales más elevados. La creciente
conciencia sobre la desesperada necesidad que
tiene el público de recibir reportajes
verídicos y equilibrados, ha llevado a los
periodistas de muchos países a emitir un llamado
para establecer un código de ética profesional.
Detrás de todo
hay una maraña de asuntos complejos, como
descubrieron algunos periodistas colombianos
recientemente cuando trataron de
des-sensacionalizar la violencia y decidieron
colectivamente publicar toda imagen violenta en
blanco y negro. El plan se abandonó
rápidamente, debido, según informes, a las
bajas en las cifras de circulación.
Las experiencias
de los periodistas en Latinoamérica demuestran
que los medios se guían cada día más por
factores de mercado, después de décadas de
subsidios estatales. El resultado es que los
medios han llegado a valerse cada día más de
los contenidos sensacionales. Al mismo tiempo,
aquellos dueños de medios de comunicación que
se tornaron holgazanes bajo auspicios
gubernamentales, se han visto obligados a hacer
más eficientes y profesionales sus
publicaciones. Muchos han contratado a
prominentes reporteros jóvenes, y se han
distanciado de los gobiernos locales.
Desde el punto
de vista de la libertad de prensa, la experiencia
latinoamericana con la Internet ha sido tanto
maldición como bendición. En Perú y Panamá,
los enemigos del periodismo independiente han
hecho uso extenso de la Internet para librar
campañas de difamación contra medios de
comunicación. De igual forma, la Internet
también se ha utilizado para esquivar la
censura. Los reportajes de periodistas cubanos
independientes se distribuyen mayormente en la
Internet, y el tomo prohibido El libro negro de
la justicia chilena registró 20.000 visitas su
primer día en la Red.
* Marylene Smeets es una abogada
holandesa que ha trabajado para la Organización de las
Naciones Unidas.
Actualmente es coordinadora del Programa de las
Américas del Comité para la
Protección de los Periodistas, en Nueva York. Este reporte fue
elaborado para el CPJ y se reproduce
en SdP con autorización expresa de su autora.
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