Entrevista con Alejandra Matus
"Sentí
esos miedos"
Sandra
Guijarro Vilela *
Santiago
de Chile.- El libro negro de la justicia chilena
es una investigación de seis años de la
periodista Alejandra Matus, que revela al gran
público el comportamiento de quienes formaban -o
forman aún- parte de la Corte Suprema de
Justicia chilena.
En palabras de
la autora, "no he pretendido escribir 'todo'
acerca de la justicia chilena, sino narrar sólo
lo necesario para explicar y entender lo que ha
sido su itinerario, el ejercicio de sus funciones
en tanto 'Poder' del Estado".
A pesar de que
el libro aborda temas conocidos en sectores de
gobierno, políticos, periodísticos y de gente
que ha tenido que lidiar con la justicia, como
son los niveles de corrupción, la falta de
trasparencia, la parcialidad de algunos jueces,
entre otros; el logro de la investigación de
Matus, que le costó el asilarse en E.U., es dar
a conocer al gran público los secretos de los
fríos corredores del Palacio de Tribunales.
Además de las
consultas bibliográficas y de la prensa
nacional, la periodista realizó 80 entrevistas a
gente vinculada al tema, cuyo nombre se mantiene
en reserva en el texto. Tanta cautela puede
parecer excesiva, pues Chile vive en democracia
desde 1990. Pero días antes del lanzamiento, la
autora sintió miedo. "Es absurdo y quizás
si hasta ridículo, tener que admitir que sentí
esos miedos, y que en alguna medida todavía los
vivo, cuando en Chile han transcurrido ya casi
una década de haberse recuperado la
democracia".
También
revivió "las aprensiones por los riesgos
que corremos (la casa editorial y la autora) por
el solo acto de difundir hechos que, aunque
fundamentados y comprobados, van a resultar
ciertamente incómodos para sus
protagonistas".
No se equivocó;
la tormenta estaba anunciada, porque en ese
momento Matus estaba consciente que la Ley de
Seguridad del Estado en Chile protege a las
autoridades políticas y administrativas, como
altos mandos de las Fuerzas Armadas, a los
ministros de la corte Suprema y hasta a los
obispos, sancionando a quienes los "difamen,
calumnien o injurien".
"¡Cuántas
veces fui censurada -recuerda Matus- porque el
artículo se ocupaba de algunos de estos
intocables!"
Matus afirma en
su libro que "no ha existido en la historia
de Chile un Poder Judicial que se entienda y
conduzca como tal; lo que hemos tenido -salvo,
reitero, las actuaciones aisladas de jueces tan
brillantes y valientes como escasos- ha sido un
'servicio' judicial, no más moderno, ético ni
independiente que cualquier otro de la
administración pública".
El libro narra,
por ejemplo, el gusto por las adolescentes del
fiscal Marcial García Pica. "Las niñas lo
esperaban revoloteando en el tercer piso hasta
que él las hacía pasar a su oficina".
Entre 1993 y
1994, cuando Matus reporteaba para su libro,
algunos de los oficiales de sala que trabajaban
con los fiscales y otros de la Corte Marcial le
contaron que "'todos los días llegan
diferentes niñas preguntando por el 'tío'
Marcial. Todas son sus sobrinas. Él les hace de
todo. Las toquetea, las desviste, les toma
fotografías que luego destruye y echa en el
papelero. Muchas veces vimos esos pedacitos de
foto al sacar la basura".
También relata
que García Pica era un "pedigüeño",
"pedía a los jueces de primera instancia
que fulanito de tal no fuera condenado en un
juicio criminal, a los ministros de Corte que
acogieran una apelación o que le dieran la
libertad bajo fianza a otro".
Pero el libro
también cuenta excepcionales casos de probidad
en jueces como Carlos Cerda, doctor especial por
la Universidad de Lovaina, Bélgica, y doctor en
Filosofía del Derecho por una universidad
parisina.
En 1983, Cerda
tomó a su cargo la investigación de la
desaparición en 1976 de 13 dirigentes
comunistas. El caso estuvo en primera instancia,
pero el juez Guastavino dio crédito al informe
gubernamental que aseguraba que los dirigentes
habían salido hacia Argentina.
Luego de
investigar el caso, el juez "descubrió que
eran falsos todos los informes sobre la salida
del país de las víctimas, que, en realidad,
habían sido secuestrados por un grupo especial
que dirigía la Fuerza Aérea, conocido luego
como el Comando Conjunto, en competencia con la
Dina (servicio de inteligencia del régimen
militar) por el control de la 'inteligencia
antisubversiva'."
Luego de tres
años en el caso, el juez Cerda "dictó el
auto de procesamiento de 40 personas, entre ellas
38 miembros de las Fuerzas Armadas y de Orden,
incluyendo al ex Comandante en Jefe de la Fuerza
Aérea, Gustavo Leigh".
Inmediatamente
se produjo un terremoto en el gobierno y en las
FF.AA. El 6 de octubre de 1986, con los votos de
4 magistrados de la segunda sala, "se dejó
sin efecto las encargatorias de reo y ordenó a
Cerda sobreseer definitivamente el caso por
aplicación de la Ley de Amnistía".
De forma
inédita, el juez Carlos Cerda informó que no
cumpliría con la orden porque "en mi
modesto concepto, sobreseer en este momento en
razón de la Ley de Amnistía es a todas luces
contraria a derecho (...) por eso suspendo la
orden que me han dado mis superiores".
Si se aplicaba o
no la Amnistía -en concepto del ministro Cerda-
debía ser cuando se diera sentencia definitiva y
no mientras durara la investigación.
Tres días
después, la Corte Suprema dispuso dos meses de
suspensión al juez Cerda bajo el cargo de
'alzarse y discutir resoluciones judiciales' y de
'desconocer absolutamente sus obligaciones y
faltar gravemente a la disciplina judicial. En
ausencia de Cerda, Manuel Silva Ibáñez, debió
dictar el sobreseimiento definitivo al
caso".
El libro
también aborda cuando se publicó el Informe
Rettig. Como se sabe, el
periodo presidencial de Patricio Aylwin estuvo
muy marcado por el esclarecimiento de las
violaciones a los derechos humanos durante la
dictadura militar. Existía un el compromiso
simbólico de que cualquier gobierno que
reiniciara la democracia, tenía la
responsabilidad de generar alguna respuesta sobre
lo que pasó. En 1990, se creó la Comisión
Nacional de Verdad y Reconciliación, que debía
informar de lo que aconteció en el régimen
militar. Un año mas tarde, el 4 de marzo de
1991, se publicó el Informe Rettig, conocido
así por el abogado Raúl Rettig Guissen que
presidió la Comisión, en el que se oficializó
que durante el régimen militar sí hubo
detenidos desaparecidos y se consignaron 1.250
casos.
En El Libro negro de la justicia chilena se
consigna que el Informe Rettig marcó un hito en
la ya tensa relación entre el Ejecutivo y el
Poder Judicial.
El Informe
Rettig dice respecto del comportamiento del Poder
Judicial durante los 17 años de la dictadura de
Augusto Pinochet. "Durante el período que
nos ocupa, el Poder Judicial no reaccionó con la
suficiente energía frente a las violaciones a
los derechos humanos".
También señala
el Informe que "la actitud adoptada durante
el régimen militar por el Poder Judicial
produjo, en alguna e importante e involuntaria
media, un agravamiento del proceso de violaciones
sistemáticas a los derechos humanos, tanto en lo
inmediato, al no brindar la protección de las
personas detenidas en los casos denunciados, como
porque otorgó a los agentes represivos una
creciente certeza de impunidad por sus
actuaciones delictuales".
Para Matus,
"la palabra 'involuntaria' (en el Informe
Rettig) no fue suficiente para suavizar la
gravedad de la conclusión, que era refrendada
más adelante con la afirmación de que muchas
vidas se hubieran salvado si la magistratura
hubiera actuado con firmeza en vez de
debilidad".
En el último
capítulo del libro, la periodista Alejandra
Matus opina que aunque se han realizado algunas
reformas al Poder Judicial chileno en los
últimos años, todavía falta un largo camino
para llegar a un verdadero Poder Judicial, pues
las injusticias continúan e ilustra con varios
ejemplos actuales.
El libro negro
de la justicia chilena finaliza en sus más de
300 páginas, con una cita del magistrado Rubén
Galecio. "Si el concepto de juez es una
idea-símbolo, también es una idea-fuerza, es un
motor de la paz social en la lucha contra la
arbitrariedad, la delincuencia y el abuso. Si la
sociedad actual aprovecha esa fuerza
encuasándola con inteligencia y buen sentido,
ella puede contribuir caudalosamente a lo que es
más imprescindible para una Democracia: la fe
del pueblo en el Derecho".
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García, directora de contenidos de To2.com.
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