México
El
Ejército habría comprado a periodistas
To2
/ Área de Reportajes Especiales *
Ciudad de
México.- Durante varios años y particularmente
en aquellos en que el movimiento guerrillero
zapatista estaba posicionado en la opinión
pública a través de la prensa, el gobierno
mexicano y sus fuerzas armadas se dedicaron a
vigilar estrechamente a los periodistas de todos
los medios de comunicación, especialmente de
aquellos considerados como contrarios a los
intereses del Ejército.
Entre 1994 y
1996, la Secretaría de la Defensa Nacional (SDN)
no sólo creó una Dirección General de
Comunicación Social para difundir su propia
información sobre el conflicto armado en el
estado de Chiapas, sino también para dar
seguimiento puntual a periodistas y medios que
brindaban cobertura desde la capital de la
República.
Análisis
minuciosos de los contenidos de periódicos como La
Jornada, El Universal y Reforma,
así como del semanario Proceso, fueron
parte de la estrategia comunicacional de los
militares, para alertar al alto mando sobre las
tendencias informativas de estos medios.
| Adicional a esto,
realizaron acciones de inteligencia para
crear fichas técnicas de los periodistas
y reporteros más influyentes. Fichas que
contenían los antecedentes y tendencias
de los informadores respecto al Ejército
Zapatista de Liberación Nacional (EZLN),
el gobierno federal y las fuerzas
armadas. |
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La
estrategia incluyó también la
"contratación" de algunos reporteros,
quienes recibieron rango militar para el simple
efecto de cobrar en la nómina y así poder
servir a los intereses militares, de lo
contrario, serían dados de baja inmediatamente,
además de que no contaban con plenos derechos de
soldado, por tratarse de civiles.
De esta forma,
el gobierno mexicano actuó con plena libertad
para controlar a los medios de comunicación a
través de este espionaje a medios y periodistas,
espionaje que probablemente continúe.
Muestra del
espionaje en México, son las fichas de los
periodistas mexicanos vigilados por el Ejército
y un documento de la Secretaría de Defensa donde
se desarrolla la estrategia de incluir a
reporteros en sus nóminas con rango militar.
Un
proceso de transición muy intenso
La evolución ha
sido lenta y ha tenido que sortear los
obstáculos propios de una "dictadura
perfecta", como calificara a México, el
escritor Mario Vargas Llosa. Amordazados a menudo
por los excesos propios de un partido hasta ahora
todopoderoso -con más 70 años en el poder- a
los medios de comunicación del país nos les ha
resultado fácil salir del letargo en el que se
hallaban sumidos no sólo por las presiones y
censura oficial, sino en buena medida por la
autocensura.
"Ciertamente,
la relación prensa-gobierno ha variado
substancialmente en los últimos 10 años",
comenta Angélica Pineda del Centro Nacional
de Comunicación Social (Cencos), quien
explica que se redujo el control económico
derivado de la dotación de papel para los medios
impresos -que son los que finalmente imponen la
línea de opinión en este país"- con la
entrada en vigor del TLC y la libre importación.
Se ha visto
reducido también, según Pineda, una práctica
antiguamente extendedida: la "compra"
de periodistas. "Ya no es tan grosero que
los periodistas estén en las nóminas de las
dependencias y que se les de su chayote, su
chayo, su sobre chico, como se conocen en el
argot periodístico. No digo que no exista pero
ya es un poco más difícil o se tiene que hacer
de una manera más sutil".
Jorge Zepeda
Patterson, subdirector del diario El Universal,
señala, por su parte, que "la prensa
mexicana ha vivido un proceso de transición muy
intenso, desde el cliché de una prensa maniatada
con excepciones- por la publicidad oficial,
el control del papel, el enorme peso del Estado y
por el carácter discrecional de las leyes que
rigen los medios impresos, que datan del año
1917".
Zepeda, quien
forma parte de la Sociedad de Periodistas,
sitúa el punto de inflexión "en el
transcurso de los ochentas y afirma que hoy en
día ya se puede hablar de una prensa
independiente. "Más que por mérito de la
propia prensa o por una graciosa concesión del
Estado mexicano, lo atribuiría a la demanda de
la propia opinión pública, a la demanda del
mercado".
La Red de Protección a
Periodistas, de la que es miembro Angélica
Pineda, documenta los actos que pueden implicar
inhibiciones a la libertad de expresión. Apuntan
que en el actual sexenio han disminuido los
asesinatos de periodistas y las amenazas de
muerte en comparación con el pasado gobierno de
Carlos Salinas, pero "están repuntando los
citatorios a reporteros para que revelen sus
fuentes e información relativa a las
investigaciones que realizan".
Prensa
escrita vs. TV
En México, es
prácticamente imposible obviar la distancia que
separa a los diarios de la televisión. La
independencia de criterio exhibida de manera
general por la prensa escrita puede llegar a ser
en momentos tan notable como la visión
institucional de los noticieros de las dos
principales televisoras del país: Televisa
y TV Azteca.
Tal desbalance
se origina, según Zepeda, en la naturaleza misma
de los medios de comunicación y en las leyes que
los rigen. "Uno puede organizar con cierta
facilidad mientras que los medios electrónicos
dependen de concesiones, vinculadas a la
Secretaría de Gobernación. Se ha usado, por
supuesto, estas atribuciones de vez en vez,
suficientes para pasar la señal al concesionario
de cuidar los contenidos".
Aunque rezagada
en el proceso de apertura, la televisión muestra
sin embargo ciertos avances significativos,
debido al enorme impacto que tiene, "hay una
presencia de la oposición impensable hace 6 o 7
años", resalta Zepeda.
La apertura es
un proceso "que se está dando y que parece
irreversible por lo menos en lo esencial",
concluye, "pero no terminará de cuajar por
completo hasta que no sea revisado este asunto de
las concesiones y, de alguna manera, en prensa el
tema de las leyes contra la difamación".
Según la Red
de Protección a Periodistas, "han
aumentado notablemente las acusaciones por
difamación por parte de funcionarios públicos y
las acusaciones por calumnia". Pineda estima
que "el hecho de que el secreto profesional
no esté garantizado legalmente implica un serio
riesgo para los periodistas. Aparte de lo que
implica meterte a investigar información que
puede ser muy espinosa narco, corrupción-
todavía tienes que enfrentar la posibilidad de
que una procuraduría te llame para que
desprotejas a tus fuentes".
Resalta que los
periodistas deben enfrentarse además a absurdos
derivados de la Ley de Imprenta, "tan
obsoleta que incluso fue reglamentada antes de la
Constitución de 1917", y que estipula
entre otras cosas- que "un periodista
puede ser acusado por difamación por un hecho
que haya revelado, sea cierto o falso, siempre
que se compruebe que actuó con dolo, es decir,
que difundiste la información con ánimo de
perjudicar a esa persona". Y aunque está
planteado un nuevo proyecto de ley ante el
Congreso, no hay mayores esperanzas de que sea
aprobado durante el actual gobierno.
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Reproducción en SdP con la autorización expresa de Hilda
García, directora de contenidos de To2.com.
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