Una aproximación regional a la
costa Caribe colombiana
Economía,
política y comunicación
*Medios de comunicación y
desarrollo regional
*Monopolio Vs. comunicación alternativa
*Un reflejo en una región colombiana que puede
palparse en toda Latinoamérica
Anuar
Saad Saad y Jaime de la Hoz Simanca *
La
comunicación, como política que contribuye al
desarrollo de las regiones, países y pueblos
latinoamericanos, hay que analizarla en el
contexto de la economía y la política que rigen
las estructuras de cada Estado. La actual crisis
del capitalismo mundial ha provocado el
replanteamiento de esquemas de desarrollo que, en
el caso de América Latina, y particularmente de
Colombia, asumió la forma de un modelo
específico que ha dado en llamarse
neoliberalismo.
La puesta en
escena del modelo neoliberal
colombiano constituye una prolongación de
procesos anteriores, entre los que se destaca la
concepción del desarrollo económico planteado
por la Comisión Económica para América Latina.
No obstante, las consideraciones de orden social
consignadas en la propuesta de la CEPAL, el
fracaso frente a los objetivos de reducción de
pobreza y desarrollo sostenido, obligó a la
elaboración e impulso de nuevas estrategias que
hoy intentan abrirse paso en medio de unas
condiciones críticas que han facilitado el
estallido de conflictos sociales, violencia
generalizada, represión estatal y
desintegración de sectores de clases cada vez
más azotadas por la crisis.
En el fondo, el
propósito del modelo mencionado apunta
fundamentalmente hacia el logro de un mayor
bienestar social. En ese sentido, el aumento de
la productividad -instancia obligada para la
consecución de dicho bienestar- está ligado
estrechamente al concepto de crecimiento
económico, en contraste con el de desarrollo
"puro" que, desde el punto de vista de
la modernidad, incorpora innumerables variables
entre las que sobresale el aspecto cultural.
Este último
elemento ha facilitado la profundización en el
análisis de nuestra realidad latinoamericana por
parte de reconocidos intelectuales y trabajadores
de la cultura, tal el caso de Mario Vargas Llosa.
El escritor peruano -autor de un prólogo
aleccionador del libro de Hernando de Soto,
"El Otro Sendero"- ha venido pregonando
la necesidad de solidificar o rescatar nuestra
identidad cultural, como condición sine qua non
para el desarrollo. Su programa de gobierno, en
la época de candidato presidencial, y a
diferencia del plan de gobierno de su rival en
ese entonces, Alberto Fujimori, enfatizaba la
necesidad de un desarrollo económico del Perú,
partiendo de la satisfacción y desarrollo de las
necesidades culturales.
Sin embargo, el
modelo económico planteado por Vargas Llosa
-según sus críticos- contradecía sus
propósitos, en tanto que correspondía al
esquema neoliberal que, a nuestro juicio,
constituye uno de los obstáculos más evidentes
para un sólido crecimiento económico. Al fin y
al cabo, el modelo neoliberal genera altos costos
sociales y requiere de un autoritarismo extremo
que se traduce en mayor concentración del poder
del Estado. En ese sentido es claro que, pese a
las reformas impulsadas en las últimas décadas,
aún hoy es imposible hablar de
descentralización política o administrativa,
pues la fuerza de decisión del Ejecutivo
determina el funcionamiento político y
administrativo de la sociedad.
En nuestro
país, los índices son alarmantes: altos niveles
de pobreza, concentración creciente del ingreso,
monopolización de las comunicaciones,
deficiencias en materia de salud, ausencia de una
política educativa que genere estímulos para el
futuro de mediano y largo plazo, y de contera, un
Estado resquebrajado por la corrupción, el
clientelismo y la parálisis institucional.
Globalización
y región
El proceso de
globalización, con sus correspondientes
componentes, -entre ellos la apertura económica-
tiene incidencia directa en fórmulas
implementadas en el terreno político y en
asuntos relacionados con políticas de
regionalización o fortalecimiento de regiones,
al igual que con los mecanismos propios de la
descentralización. En ese sentido, afirma Jorge
Enrique Almario García (1) que "la
descentralización de los años 90 es una de las
dos caras de la moneda que representa la
modernización del Estado de finales del siglo
XX. En la otra cara de esa moneda está la
globalización de la economía, proceso que
tiende cada vez más a horadar las fronteras y
las estructuras rígidas del
Estado-Nación".
La
descentralización, de acuerdo con el espíritu
de la ley que la define internacionalmente,
implica la redistribución de los recursos
públicos y, en el plano estrictamente político,
la democratización de la vida social, es decir,
una irrevocable participación ciudadana
acompañada de una verdadera autonomía de las
regiones que se refleje en autogestión y
autosatisfacción plena para el desarrollo.
Nuestra región
-Costa Caribe colombiana- no escapa a los
fenómenos expuestos anteriormente. Pese a la
lucha por la autonomía y descentralización, nos
hemos mantenido en un atraso que se corresponde
con los altos niveles de pobreza que azotan al
país.
Pese a los
intentos de reforma agraria que en la región
-década del setenta- tuvieron rasgos de lucha
revolucionaria contra la propiedad latifundista,
hoy esa realidad no es más que una elevada
monopolización que tiene su mayor expresión en
los desplazamientos constantes de campesinos
hacia las zonas marginales de las ciudades
costeñas.
Por otro lado,
es necesario registrar el distanciamiento de los
dirigentes políticos frente a los distintos
sectores populares que ven erosionada su
participación en medio de la crisis.
Es un panorama
sombrío, inquietante y agravado por una
violencia que no sólo involucra a las fuerzas
guerrilleras, los paramilitares y las fuerzas
gubernamentales, sino a los mismos ciudadanos que
ven recortadas sus posibilidades de progreso y
protagonismo en la sociedad.
En materia de
analfabetismo, por ejemplo, es alarmante el
índice del 48% que registran las estadísticas
en relación con los siete departamentos que
integran la Costa Atlántica. Analizando el
sector vital de la educación, se puede observar
los escasos logros alcanzados en términos de
cobertura.
Pese a los
cantos de sirena, podemos observar si comparamos
el indicador de tasa bruta de escolaridad lograda
en el período 77-85 (esquema eminentemente
centralista), con las del período 85-95, se
evidencian los escasos resultados obtenidos por
la región en este sector en el último período.
En el período
1977-1985, la región redujo las tasas brutas de
escolaridad en primaria sólo en 7.2% y en
secundaria en 8.3%. Entre 1.985 y 1.995, la Costa
Caribe logró ampliar su cobertura en primaria en
apenas un 61% y en secundaria -datos para alentar
el optimismo- se alcanzó un incremento de más
del 115%. Es esta última información
estadística la que avala un tanto la necesidad
de impulsar la descentralización y políticas
autonómicas regionales o locales que contribuyan
al crecimiento económico de la región.
Sin embargo, pese a que, para efectos del
análisis no se debe tener en cuenta el personal
matriculado en centros educativos sino el
potencial en edad escolar, -y ello sí
permitiría una ampliación en la cobertura del
servicio de manera efectiva y real-, las
mencionadas políticas regionales nos remiten a
un componente importante del desarrollo: la
comunicación.
Comunicación
y desarrollo regional
No obstante la
inexistencia de una política de comunicación,
éste componente ha venido cobrando importancia,
en tanto que constituye un factor determinante
para el desarrollo de las regiones. Según Rosa
María Alfaro Moreno, (2) "la comunicación,
al suponer diálogo y participación, coloca su
aporte en el corazón mismo de la construcción
de la democracia. Asimismo, las acciones de
desarrollo se sustentan en el compromiso y
gestión de los sujetos en ellas mismas, exigen
comunicación".
De acuerdo con
lo anterior, la comunicación requiere de un
impulso y una consideración especiales. Sobre
todo, a partir del creciente proceso de
globalización en el que la comunicación ha
pasado a jugar un papel de reconocida relevancia
y un componente de indudable dinamismo en países
con mayores niveles de desarrollo.
Pero, siguiendo
con Alfaro (3) "cuando hablamos de
comunicación, no nos referimos únicamente a los
medios, aunque reconocemos que éstos son
aparatos culturales y no sólo tecnológicos, muy
importantes y que se articulan a la conformación
e intercambios de culturas, a la organización
económico social y a la construcción de
consensos y disensos políticos en una sociedad.
También rescatamos para la comunicación
aquellas prácticas sociales de acción e
interrelación de los sujetos, especialmente
referidos a los movimientos sociales".
Desde el punto
de vista de la región Caribe, la comunicación
se ve interferida como herramienta para el
desarrollo. Tanto más, cuanto que nuestro
crecimiento -teniendo en cuenta el ingrediente de
la comunicación- requiere de unas condiciones
adecuadas desde el ámbito de la
democratización. Es decir, la existencia de unas
clases sociales sin las distancias abismales con
que en la actualidad se muestran . De allí la
escasa participación ciudadana, las dificultades
de supervivencia de medios de comunicación
estrechamente ligados con el pueblo y la ausencia
de una política referida a la materia que hemos
venido tratando en esta aproximación.
La experiencia
más aleccionadora en cuestiones de comunicación
local o regional lo constituye el experimento
chileno y es, tal vez, uno de los referentes más
ejemplares. En ese sentido, y de acuerdo con
Leandro Sepúlveda, citado por Fernando Ossandón
(4) el desarrollo local sería "algo así
como el conjunto de estrategias desarrolladas por
los diversos actores de un territorio que dan
cuenta de los conflictos concretos existentes en
él y en el marco de un determinado campo
político-económico".
Pero, ¿podría
hablarse de una verdadera comunicación para el
desarrollo en el caso de la región de la Costa
Caribe colombiana, aún con las condiciones
existentes, sobre todo en lo referente a los
medios de comunicación? La respuesta a este
interrogante podría partir de la afirmación que
hace Alfaro Moreno (5) en el sentido de que
"bajo diversas denominaciones, en
Latinoamérica y otros continentes se han venido
realizando proyectos diversos de comunicación,
cuyo signo fundamental ha sido el ser diferentes
y opuestos al medio comercial. Lamentablemente,
casi siempre se partió de una comprensión
fatalista y a la vez positivista de los medios,
donde primó 'ser alternativos' como factor
cuestionante de carácter más ideológico que de
desarrollo, sin una materialidad concreta que le
dé sentido y una estrategia comunicativa que
desarrolle determinado tipo de relaciones
educativas".
¿Cuál es
nuestra realidad? A pesar de los esfuerzos
realizados por el Gobierno Nacional después de
la Constituyente del 91 -durante el mandato
del Presidente César Gaviria- en la que se
cristalizó la descentralización administrativa,
por lo menos en el papel, las regiones se verían
fortalecidas política, económica y socialmente.
Esto traería como consecuencia directa el
desarrollo de la comunicación regional que
siempre ha estado en Colombia manejada por los
monopolios económicos.
Es que el manejo
de la comunicación otorga al individuo un poder
sin límites y éste, en nuestros países
subdesarrollados, se hace cada vez más
apetecido. Sólo así podríamos explicar como en
Colombia muchos presidentes de la República han
sido dueños de medios o, por lo menos, han
ejercido el periodismo. Es el caso de Rafael
Núñez, Eduardo Santos, Carlos Lleras Restrepo,
Alberto Lleras Camargo, Alfonso López Michelsen,
Misael Pastrana Borrero, Belisario Betancur
Cuartas y el mandatario actual, Andrés Pastrana
Arango.
Lo proyectado
después de la reforma del 91 se quedó en buenas
intenciones. Como consecuencia del modelo
neoliberal, la concentración del poder
económico y político en nuestro país y en
muchos otros de Latinoamérica, se centra en un
puñado de familias que gracias al monopolio de
la riqueza se apoderó de facto de los medios de
comunicación. Sólo basta hacer un repaso de los
medios regionales y nacionales: la casa Editorial
El Tiempo es controlada por la familia Santos; El
Espectador fue adquirido recientemente por el
Grupo Santodomingo, dueño también del canal
privado Caracol y de la cadena radial del mismo
nombre; la Organización Ardila Lulle posee el
control del canal privado de televisión RCN y de
la cadena radial; en la región se destaca la
familia Galvis, dueña de "Vanguardia
Liberal" de Bucaramanga, "La
Tarde" de Pereira y "El Universal"
de Cartagena, entre otros.
Con la puesta en
marcha, en 1986, del Canal Regional Telecaribe
-pionero de este modelo de comunicación en
Colombia- se llegó a pensar que sería un
mecanismo adecuado para incrementar la
participación ciudadana en los medios de
comunicación y por ende, convertirlos en el
transmisor propicio para presentar más clara y
directamente la problemática social de nuestros
pueblos y reflejar a través de él sus
falencias, necesidades, costumbres, inquietudes y
logros.
Casi quince
años después quedó demostrado que los
monopolios informativos se fueron fortaleciendo y
que nuestros canales regionales -como en el caso
de Telecaribe- fueron debilitándose, hasta tal
punto, que casi el treinta por ciento de su
programación quedó vacante: los contratistas se
cansaron de perder dinero al no poder competir ni
en tecnología, ni en pauta publicitaria y
comercialización, con los gigantes pulpos que
siguen dominando los medios masivos.
Si analizamos
detenidamente la consecuencia de la
concentración de poder en los medios masivos de
comunicación nos daremos cuenta que las
consecuencias van más allá del paradigma del
monopolio: el problema real, grave y tangible, es
que los medios no muestran las verdaderas
necesidades y sentir de un pueblo asfixiado y
agobiado por la miseria, el analfabetismo, la
violencia en todos sus frentes y la carencia de
empleo. Tampoco asumen el rol de ser transmisores
de educación y propagadores de la cultura. Sólo
emiten aquella información que, sin lugar a
dudas, tenga mucho interés noticioso
(asesinatos, tomas guerrilleras, secuestros,
corrupción, narcotráfico, etc.) y que sirven
para disparar su rating o venta de
ejemplares y no vaya en detrimento de sus propios
intereses.
Comuincación
alternativa
¿Qué hacer
frente a esta cruda realidad? ¿Cómo sembrar la
semilla de una verdadera comunicación en el
ámbito regional que sea capaz de educar, servir
de puente entre la comunidad y sus dirigentes y
mostrar la verdadera problemática social en que
vivimos?.
La experiencia
de los años 70 ha sido base para una
reconsideración del llamado modelo de
comunicación alternativa. Ese antecedente nos
permite retomar el diseño y realizar algunas
propuestas partiendo de las condiciones propias
de nuestra región de la Costa Caribe colombiana.
Esta comunicación, sin dejar de llamarla
"comunicación alternativa" y que se
difunde a través de periódicos, revistas o
folletos sectorizados -de barrios, zonas rurales
o escuelas, en el caso de prensa escrita-, videos
y documentales, en televisión, y propagación de
la llamada "radio popular", ya han
echado raíces en nuestro medio y sólo requiere
consolidarse.
Dentro de ese
modelo alternativo, la comunicación debe ser hoy
más que un proceso meramente productivo
que persiga sólo un beneficio económico.
Para que esta cumpla una labor comunitaria,
social y educativa, debe existir una relación
con los receptores que permita una interacción
con la realidad socio-cultural y política
imperante.
Ya en la región
Caribe se ha puesto en marcha, las llamadas
emisoras comunitarias que hasta el momento han
arrojado moderados resultados. Lo interesante es
que ciudadanos de distintas clases sociales,
edades y políticas se unan en pos de una causa
común: la necesidad de comunicar y ser
escuchados. No por una masa abstracta, sino por
un público más cercano, más sensible y fácil
de llegar. Pequeñas comunidades -muy
específicas- tienen sus radios comunitarias o
radio popular. Es el caso, en el Atlántico, de
la Policía Nacional, el Ejército, grupos
religiosos, a través de la emisora Radio Minuto,
y algunos ciudadanos del común, que poseen
en cabeceras municipales esta modalidad de
comunicación comprometiéndose mucho más con
los sectores populares para su cambio educativo y
social.
En cuanto a la
televisión, el problema es un tanto más
complejo debido a los costos de los equipos
necesarios para desarrollarla. Sin embargo, la
difusión de videos, documentales, crónicas
rurales, reportajes urbanos, exaltación de los
valores a través de espacios especiales
difundidos a través de un Canal Regional -léase
Telecaribe- puede ser una primera piedra para la
solución de este problema en este medio
específico de comunicación.
Rosa María
Alfaro Moreno (6), explica sobre este mismo tema,
que "La televisión es aún un campo
inexplorado, a pesar de su importancia creciente
en la formación de la opinión pública y de las
culturas cotidianas de todos nosotros. Porque no
hay modelos claros nuevos, por lo alto de los
costos y por la falta de una preparación
adecuada. Lo alternativo ha alcanzado sólo al
video, con teleaudiencias cerradas, que siguen la
idea del foro, intentando crear un camino
educativo de la imagen y del contacto con las
mayorías populares."
Las
Organizaciones No Gubernamentales, ONG, han
puesto en marcha -unas con más éxitos que
otras- el desarrollo de la comunicación
alternativa, centrándose, fundamentalmente, en
sectores populares donde es palpable la pobreza,
analfabetismo y mínimas condiciones de vida.
Cartillas, folletos preventivos, cursos de
alfabetización, conciencia ciudadana, incluso,
inducción para micro-empresarios, se
imparten por las distintas formas de
comunicación, aunque a veces muy
"artesanalmente", por la falta de
recursos.
Solamente en
Barranquilla, principal ciudad de la Costa Caribe
colombiana, por poner un ejemplo, hay sectores
marginados como los barrios El Bosque, 7 de
Abril, Las Américas, El Ferry, Las Flores, Me
Quejo, a los que se puede llegar, utilizando la
comunicación alternativa, previa evaluación de
sus necesidades o requerimientos. Sólo entonces
los medios estarían prestando -por fin- el
verdadero servicio social y educativo que ha
quedado relegado por el simple entretenimiento,
la información y la publicidad.
Este sistema de
comunicación es más que una transmisión de
información: es un proyecto de vida; un modelo
que permite mejorar las condiciones sociales, de
educación y seguridad de los ciudadanos menos
favorecidos.
Para garantizar
el progreso y afianzamiento de esta comunicación
más personal, humanizada y lejana de los
monopolios reinantes, se necesita del empeño de
toda la sociedad y, obviamente, del interés del
Estado y de la clase dirigente a través de
auxilios económicos para las Fundaciones y
Organizaciones que tienen como objetivo
transmitir modernidad, educación, desarrollo y
perspectiva de mejores condiciones económicas, a
través de los medios masivos de comunicación.
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Citas
bibliográficas
* Crhis Van der Borgh. Revista
ECA. Estudio Centroamericano. Vol.575. 1996. Pág
776. U. Centroamericana, El Salvador.
(1) Jorge Enrique Almario
García. Estado Regional. Ediciones Unilibre,
seccional Cali. Pág. 17.
(2) Rosa María Alfaro Moreno.
Una comunicación para otro desarrollo. Editorial
Calandria. Lima 1993. Pág. 14
(3) Rosa María Alfaro Moreno.
Ibid. Pág 6
(4) Fernando Ossandón. Revista
Personas y Sociedad. Vol.81. Pág 84, Santiago de
Chile, 1997.
(5) Rosa María Alfaro. Ibid.
Pág 17
(6) Rosa María Alfaro. Ibid,
Pág 18.
*Anuar
Saad Saad es
comunicador social periodista,
especialista en Comunicación para el Desarrollo,
en Barranquilla, Colombia. Director del Centro de
Publicaciones de la Universidad Autónoma del Caribe y Catedrático de Redacción
Periodística de la Facultad de Comunicación
Social. Es colaborador de Sala de Prensa.
*Jaime
de la Hoz Simanca
es Economista, periodista y escritor.
Catedrático de la Universidad Autónoma del Caribe y de la Universidad del Norte. Este trabajo conjunto es su primera
colaboración para Sala de Prensa.
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