La
investigación periodística
computarizada en América Latina
Pedro
Enrique Armendares *
El
Centro de Periodistas de Investigación (PI)
inició sus actividades en 1996, como un proyecto
de la organización Investigative Reporters
and Editors (IRE), con sede en Estados
Unidos. La idea fue la de construir una red de
apoyo y colaboración entre periodistas mexicanos
interesados en la investigación periodística y
en el periodismo asistido por computadora (PAC),
tal como lo ha hecho IRE durante más de veinte
años en Estados Unidos y otros países.
El momento para
lanzar el nuevo proyecto no podía ser más
oportuno. En la última década México ha
experimentado grandes cambios y el país pasa por
una incierta transición política no exenta de
sobresaltos. La transformación económica ha
sido acompañada por constantes disputas
electorales, el ascenso de la oposición de
izquierda y derecha que amenaza el dominio del
gobernante Partido Revolucionario Institucional
(PRI), asesinatos políticos y hasta el
surgimiento de movimientos guerrilleros
campesinos en el sur del país.
Este proceso es
seguido de cerca por una sociedad cada vez más
consciente y participativa y, sobre todo, cada
vez más dispuesta a llamar a cuentas a su clase
política. En este contexto, la situación de los
medios también es muy diferente en un país en
el que la calidad periodística ha enfrentado una
batalla desigual contra los demonios gemelos de
la cooptación y de la censura. El mismo
gobernante que sabía ser sumamente generoso con
los subsidios abiertos o encubiertos podía
convertirse en un enemigo mortal cuando algún
medio publicaba reportajes
"incómodos".
Ahora, si bien
el gobierno sigue ejerciendo una influencia
inapropiada sobre los diarios, muchos de ellos
dependen cada vez más de la preferencia de los
lectores y de los anunciantes y menos de los
subsidios oficiales. La censura oficial, mientras
tanto, ha disminuido a un nivel que asombra a los
más escépticos.
Todo ello es
propicio para el periodismo de investigación el
cual, si bien no es nuevo en México, tampoco se
ha desarrollado al nivel que requiere la opinión
pública. Lo mismo ocurre, aún en mayor medida,
con la investigación periodística
computarizada.
Cuando iniciamos
nuestras actividades en México la respuesta fue
muy positiva y nos llevamos como una sorpresa: a
pesar del marcado centralismo que padece el
país, o quizás por ello mismo, nuestro proyecto
despertó un mayor interés en otras ciudades
distintas a la capital. Más aún, pronto
empezamos a recibir preguntas y solicitudes de
talleres y seminarios en otros países de
América Latina, y pronto PI se convirtió en un
proyecto continental con actividades en Colombia,
Brasil, Argentina, Perú, Panamá, Puerto Rico,
Guatemala y Nicaragua.
Tanto
interés como escepticismo
Nuestra llegada
a las redacciones latinoamericanas por lo general
provocaba una curiosa mezcla de interés y
escepticismo. Los colegas reconocían la
importancia del periodismo de investigación y
algunos lo practicaban ya con resultados
notables, pero pocos habían utilizado las
herramientas como internet, hojas de cálculo y
administradores de bases de datos.
Más aún,
cuando mostrábamos algunos ejemplos de PAC
hechos en Estados Unidos, muchos reaccionaban con
una especie de envidia de la computadora:
los reportajes les parecían excelentes, pero
esgrimían todo tipo de argumentos para explicar
por qué este tipo de periodismo no se puede
practicar en América Latina. Algunos decían que
en nuestros países no existe información en
formato electrónico o que las estadísticas
oficiales no son confiables, mientras que otros
insistían en que pocos reporteros de la región
tienen acceso a computadoras modernas y acceso a
internet.
En lo que todos
coincidían, y por supuesto es un obstáculo
considerable, es que dada la cultura política
tradicional que persiste en América Latina los
políticos y burócratas tienden a considerar la
información pública como un recurso personal y
asumen el derecho de compartirla o no con la
prensa y con la sociedad en general. Este
problema es particularmente serio en países como
México, donde la ley de acceso a la información
es ambigua y casi inútil, y en países con un
pasado autoritario reciente en los que las
restricciones ilegítimas a la investigación
periodística aún se disfrazan como
"consideraciones seguridad nacional".
En estos tres
años, sin embargo, hemos confirmado que la
investigación periodística por medio de
técnicas computarizadas no solo es posible en
América Latina, sino que su uso puede contribuir
a erosionar el monopolio oficial de la
información. Por ejemplo, los reporteros pueden
encontrar en internet fuentes alternativas para
llegar a lo que algunos funcionarios pretenden
ocultar, y después analizar esa información
mediante hojas de cálculo o administradores de
bases de datos y después compararla con los
comunicados de prensa oficiales. Una vez que se
publican los reportajes esos mismos funcionarios
se ven obligados a responder, y en ocasiones el
resultado es la liberación de la información
que antes limitaban. No es un proceso automático
ni demasiado frecuente, pero ocurre.
Al mismo tiempo,
los reporteros latinoamericanos están
constatando que gran parte de la información
oficial que sí está disponible incluyendo
censos, estadísticas de salud y datos
electorales- no solo es confiable sino que
representa un tesoro periodístico que hasta la
fecha no ha sido suficientemente explotado.
También es
curioso comprobar cómo muchas dependencias
gubernamentales, en su afán por aparecer
modernas, mantienen sitios muy completos en
internet en los que puede obtenerse con rapidez
la información que un reportero tardaría días
o semanas conseguir en las oficinas de prensa
tradicionales debido a la mala organización o al
retraso burocrático intencional.
Los reporteros
latinoamericanos también recurren cada vez más
a la información producida en el sector privado,
incluyendo por supuesto la información
financiera y económica. Aquí es más común que
los administradores de la información estén
dispuestos a compartir sus archivos y, además,
que estén disponibles en formato electrónico y
listos para ser analizados.
Algunos
ejemplos, algunos resultados
Nuestros
talleres son bastante interactivos y muchos
colegas que participan en ellos empiezan de
inmediato a aplicar las técnicas que aprenden.
Por ejemplo, durante un taller sobre el programa Access
que impartimos en Brasil utilizamos como
ejemplo datos del Servicio de Inmigración y
Naturalización de Estados Unidos sobre
inmigrantes latinoamericanos a ese país. Pocos
días después uno de los reporteros
participantes en el taller publicó una nota de
primera plana sobre la "fuga" de
ejecutivos brasileños a Estados Unidos,
atraídos por la economía de aquel país. Es
cierto que no era un novicio en el PAC, pero
hemos visto a muchos otros colegas sin
capacitación previa en estas herramientas
quienes aún antes de que termine el taller
empiezan utilizarlas en su trabajo o por lo menos
sacan las empolvadas cajas de recortes para
empezar a modernizar sus archivos.
Algunos colegas
están haciendo trabajos muy interesantes
mediante la creación de bases de datos propias a
partir de información que logran obtener en
formato impreso. Por ejemplo, tanto en México
(diario Público de Guadalajara) como en
Venezuela (Carlos Subero, de El Universal
de Caracas) han aparecido reportajes sobre el
perfil y las historias humanas de las personas
sentenciadas por delitos de narcotráfico.
En ambos casos
los reporteros obtuvieron la información de
fuentes judiciales en Venezuela fue
relativamente fácil, en México fue una
verdadera batalla- para después diseñar su base
de datos, capturar la información y analizarla
mediante la computadora. El reportaje de Público,
por ejemplo, demostró por ejemplo que tan solo
el 5% de los arrestos había sido resultado de la
investigación policiaca. El resto de los
sentenciados cayó en manos de la justicia debido
a cateos al azar, delaciones o incluso accidentes
de tráfico.
Los reporteros
latinoamericanos también están sacando provecho
de aquellos campos en los que está mejorando el
acceso a la información, incluyendo la
información oficial en formato digital. Jose
Roberto Toledo, del diario Folha de Sao
Paulo, ha utilizado información estadística
producida por dependencias del gobierno para
hacer retratos, con frecuencia estremecedores, de
su sociedad. El año pasado usó datos del
Ministerio de Salud para informar a los lectores
de Sao Paulo que en esa ciudad el homicidio es la
causa de muerte entre niños de 10 a 14 años de
edad, y que en un gran número de casos los
asesinos son los padres.
Otro terreno
fértil es el de la cobertura electoral. En
muchos países latinoamericanos existen
abundantes datos electorales, compilados tanto
por el gobierno como por organismos privados, y
que con frecuencia pueden obtenerse en internet.
Tomemos el ejemplo de México: en las
controvertidas elecciones de 1988, los resultados
de algunas casillas rurales tardaron varios días
en llegar a la ciudad de México. Seis años
después, en las elecciones de 1994, las
autoridades electorales empezaron a subir
a internet los conteos iniciales en la noche
misma de las elecciones, y para la madrugada
siguiente los reporteros mexicanos y extranjeros
tenían resultados extraoficiales muy completos.
Hay otra veta
potencial que no hemos explotado plenamente,
quizás porque las leyes al respecto son nuevas
en muchos países: el financiamiento de las
campañas políticas y la relación entre los
intereses privados y el comportamiento de los
funcionarios electos. La información no es tan
abundante como en otras regiones, pero está
mejorando y la que existe en algunos países se
presta ya para seguimientos periodísticos
avanzados.
Mientras tanto,
los periodistas latinoamericanos han encontrado
nuevas formas para burlar los obstáculos al
acceso a la información; una de ellas es buscar
en otros países lo que se trata de ocultar en
los suyos. Para ello internet es particularmente
útil, ya que permite identificar y hacer
contacto con fuentes internacionales
académicas, periodísticas, no
gubernamentales y aún sitios de otros gobiernos-
que ofrecen información relevante para los
países latinoamericanos.
Gerardo Reyes,
reportero del diario The Miami Herald,
narra una anécdota significativa. Durante un
taller de internet para periodistas
centroamericano utilizó como ejemplo el sitio de
la General Accounting Office, una
dependencia que evalúa las actividades del
Congreso de Estados Unidos. De pronto un
participante saltó de su asiento, ya que
navegando al azar había dado con datos sobre la
ayuda militar de Estados Unidos a su país.
Corrió entusiasmado al teléfono para notificar
a su diario del hallazgo porque, según explicó,
a nivel doméstico su gobierno aún oculta esa
información por "razones de seguridad
nacional".
El fin de la
guerra fría también contribuye a abrir nuevas
vetas. La reportera mexicana Claudia Fernández
utilizó internet y mucha paciencia- para
hacer un interesante reportaje sobre el papel de
la KGB en México durante los años cincuentas,
cuando la capital de éste país era una especie
de Viena latinoamericana en la que pululaban
espías estadunidenses, soviéticos y de otros
países de la OTAN y del Pacto de Varsovia.
Claudia
recurrió a la página de National Security
Archives, una ONG estadunidense que obtiene,
clasifica y distribuye documentos desclasificados
por Washington, para consultar centenares de
cables enviados a Moscú por la embajada
soviética en México. Con esa información pudo
describir las actividades, los sobrenombres e
incluso la identidad real de muchos mexicanos
incluyendo militantes, artistas y gente de
la calle- quienes colaboraron con la KGB en esa
época.
Algunos
problemas
Un problema real
es que si bien hay carencias técnicas en muchas
redacciones, cuando los medios hacen esfuerzos
por dotar de equipo moderno a los reporteros es
frecuente que éstos se resistan a capacitarse
para utilizarlos, bien por temor a la tecnología
o bien porque consideran que su tiempo es
demasiado "valioso" para perderlo
aprendiendo a usar las computadoras.
Hemos visto en
demasiadas redacciones computadoras modernas
reducidas a máquinas de escribir electrónicas,
y con frecuencia los reporteros ni siquiera
sospecha los recursos que se esconden en un
directorio de Office que quizás nunca ha
abierto. Consideran que es más fácil acudir al
centro de información de su medio, cuando
existe, o al boletín oficial.
Por su parte
muchas empresas periodísticas tampoco parecen
demasiado interesadas en invertir en la
capacitación de sus reporteros para promover el
uso del PAC. Su leitmotif es la recurrente
crisis económica, pero en realidad muchos medios
de la región aún no están convencidos del
potencial que representan el periodismo de
investigación y el PAC para competir con sus
rivales.
Y también hay
riesgos. Por ejemplo, algunos colegas se
entusiasman con la información obtenida en
internet o con los datos duros propios del
análisis mediante hojas de cálculo y
administradores de bases de datos, y se olvidan
de lo básico, incluyendo la obligación de usar
la información para escribir un reportaje
interesante. Con frecuencia se publican notas que
no son más que diez o doce párrafos áridos
alrededor de varias tablas y gráficas, o
reportajes fallidos que se desfallecen unas
líneas abajo de la entrada.
Esto, confiamos,
es algo que irá desapareciendo a medida que se
termine la novedad para los reporteros y para los
lectores, y en especial cuando los editores que
actualmente están deslumbrados con las
posibilidades del PAC retomen los lápices y
vuelvan a hacer su trabajo.
Un problema
potencialmente surge cuando quienes se inician en
el PAC no tienen también una comprensión
apropiada de los temas que cubren o carecen
incluso de conocimientos básicas de
estadística. Por ello, la creciente facilidad de
uso de los nuevos programas puede provocar que
los reporteros inexpertos manipule los datos de
manera que arrojen conclusiones sesgadas o de
plano incorrectas, mismas que pueden aparecer en
el diario como "noticia". La
computadora permite hacer miles de operaciones
por segundo, pero también se presta a cometer
miles de errores por segundo.
Sin embargo,
éstos y otros problemas tenderán a disminuir a
medida que los reporteros y, por supuesto, los
lectores, sean más refinados y exigentes. A ello
puede contribuir la expansión de una red de
periodistas dedicados al PAC quienes, además de
ampliar sus habilidades, estén dispuestos a
compartirlas con colegas recién llegados a este
campo.
Pero además, el
conocimiento y el uso del PAC en América Latina
puede ayudar a superar el antiguo debate sobre si
el periodismo de investigación es una
especialidad en sí misma o si, como afirma
Gabriel García Márquez, se trata de una
expresión redundante. Es común que muchos
egresados de las escuelas de periodismo tengan
sueños de convertirse en estrellas del
periodismo de investigación, y también es claro
que ese tipo de vacantes son muy escasas. Pero lo
que sí es posible es que todos los jóvenes
periodistas conozcan la metodología del
periodismo de investigación y se capaciten en
las técnicas y herramientas del PAC, y apliquen
esos conocimientos en su trabajo cotidiano. De
esa manera, si bien no tendremos legiones de
periodistas investigadores, sí habrá un
creciente número de reporteros rigurosos y
sofisticados quienes contribuirán a
incrementarán la calidad del periodismo en
general.
* Pedro
enrique Armendares
es un experimentado periodista mexicano que
actualmente dirige el Centro de Periodistas de
Investigación, A.C.
(originalmente, el capítulo México de la
organización estadunidense IRE-México). Este
artículo fue escrito para la revista Chasqui y se reproduce con autorización
expresa de su autor, como su primera aportación
para Sala
de Prensa.
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