CPJ: Ataques a la prensa en 2010
El
retorno de la censura en América Latina
Carlos
Lauría *
Conocido
como el clan político preeminente del estado
nororiental de Maranhão durante más de 40
años, la familia Sarney está habituada a
salirse con la suya en la vida cívica de Brasil.
De modo que cuando uno de los principales diarios
nacionales, O Estado de S. Paulo, publicó
en junio de 2009 acusaciones que vinculaban a
José Sarney, titular del Senado y ex presidente
de la nación, con un escándalo de nepotismo y
corrupción, su familia no se quedó con los
brazos cruzados. Los Sarney recurrieron a un juez
en Brasilia y obtuvieron una orden judicial que
impidió a O Estado publicar cualquier
informe sobre dichas acusaciones. Dieciocho meses
después, a fines de 2010, la prohibición
seguía en vigencia a pesar de las protestas
locales e internacionales.

Los informes
publicados en federal- acusaban a O Estado
-basados en parte en transcripciones que se
filtraron de conversaciones telefónicas
interceptadas en el transcurso de una
investigación Sarney de usar su posición en el
Senado para conceder empleos y otorgar aumentos
salariales a amigos y familiares. El fallo del
juez, una orden de amparo dictada sin escuchar
los argumentos esgrimidos por el diario, se
convirtió en la más notoria entre numerosas
instancias recientes en las que tribunales
brasileños usaron mecanismos de censura.
La constitución
brasileña garantiza la libertad de expresión y
prohíbe la censura, a pesar de lo cual cientos
de demandas han engrosado los expedientes
judiciales en los últimos años, presentadas por
empresarios, políticos y funcionarios públicos
que aducen haber sido ofendidos en su honor o
invadidos en su privacidad por periodistas
críticos, según revela la investigación del
CPJ. En estos casos, los demandantes buscan, en
general, fallos que prohíban a los acusados
publicar más información o bien los obliguen a
retirar material ofensivo publicado en la
Internet.
| La censura resultante fue
ilustrada en un informe global elaborado
por Google en 2010, donde se afirmó que
las autoridades brasileñas habían
exigido quitar contenidos de los
servidores de la compañía en 398
ocasiones durante los primeros seis meses
del año, duplicando el número de Libia,
el siguiente país en la lista. La
mayoría de los pedidos brasileños
fueron fallos judiciales, afirmó Google.
En las semanas previas a las elecciones
presidenciales del 3 de octubre, el
Centro Knight para el Periodismo en las
Américas de la Universidad de Texas
reveló que los jueces brasileños
emitieron órdenes de censura en al menos
21 casos. El análisis elaborado por el
centro señaló que medios de prensa en
todo Brasil fueron multados, se les
ordenó la remoción de contenidos, o se
les prohibió publicar o transmitir
información específica. "Es
abiertamente inconstitucional en primer
lugar. Y en el caso de O Estado,
la demora en revocar el fallo es
indefendible", afirmó Ricardo
Pedreira, director ejecutivo de la
Asociación Nacional de Periódicos de
Brasil (ANJ, por sus siglas en
portugués) en una nota del diario.
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ATAQUES A LA
PRENSA EN EL 2010
Informes por país
Argentina
Brasil
Colombia
Cuba
Ecuador
Honduras
México
Haiti
Estados
Unidos
Venezuela
En un Vistazo
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Brasil figura
entre varios países latinoamericanos donde la
censura está creciendo, según revela el
análisis del CPJ. En Venezuela, un tribunal
prohibió que los medios locales publicaran
imágenes de crímenes violentos en vísperas de
las elecciones legislativas de septiembre. La
decisión se produjo tras años de fallos
regulatorios politizados que sacaron del aire a
emisoras venezolanas de radio y televisión
críticas del gobierno. En Ecuador, cuando una
rebelión policial en septiembre generó
agitación política, el gobierno del Presidente
Rafael Correa ordenó que las estaciones de radio
y de televisión detuvieran su programación para
transmitir exclusivamente la señal de los
canales estatales. Al mando de Correa, quien ha
calificado a los medios como
"provocadores" y
"mentirosos", el gobierno también
censuró, en otras ocasiones, a Teleamazonas, la
emisora ecuatoriana más crítica del gobierno.
En vastas áreas
de México y Honduras, que están fuera del
control de las autoridades, los periodistas
están ejerciendo autocensura sobre temas
esenciales como el crimen y la corrupción por
temor a convertirse en blanco de represalias. La
prensa se ve impedida de informar sobre delitos
que comprenden desde tiroteos en las calles hasta
corrupción municipal.
La censura en
América Latina alcanzó uno de sus puntos más
altos desde el proceso de democratización
regional 30 años atrás, revela el análisis del
CPJ. Aunque la censura no llega a los niveles
alcanzados en la era de las dictaduras militares,
cuando numerosos periodistas eran
"desaparecidos" y las fuerzas armadas
dictaban qué podía informarse, su resurgimiento
es sumamente preocupante.
"Como
testigo de los efectos de la censura en los años
'70 y '80, tan flagrante como pavorosa, tengo la
sensación de que la censura de hoy es mucho más
insidiosa", indicó June Carolyn Erlick, ex
corresponsal en América Latina y actual
directora de publicaciones en el Centro David
Rockefeller de Estudios Latinoamericanos de la
Universidad de Harvard. "Uno nunca sabe de
dónde proviene la censura, si a través de
amenazas, ataques en las calles, nuevas leyes, o
falta de acceso a la información. Las amenazas
siempre están allí y a veces conducen a la
autocensura inclusive antes de que la censura
comience".
Como
parte de una investigación llamada
"Operação Faktor", la policía
federal brasileña registró cientos de horas de
conversaciones telefónicas en las cuales
Fernando Sarney, hijo del presidente del Senado,
discutía cuestiones legislativas y de negocios. O
Estado publicó artículos basándose en las
transcripciones filtradas de más de 300 horas de
conversaciones que involucraban al joven Sarney,
el foco de una investigación federal en marcha.
"La investigación reveló que un senador y
familiares cercanos a él negociaban puestos de
trabajo y beneficios como si el Senado fuese una
empresa privada", comentó Marcelo Beraba,
editor de O Estado. Y el diario recién
comenzaba con esta investigación.
Pero el 31 de
julio de 2009, los Sarney convencieron al Juez
Dácio Vieira para que emitiera una orden
judicial prohibiéndole al diario informar sobre
cualquier aspecto de la investigación. Vieira
sostuvo que el periódico sería penalizado con
una multa de 150 mil reales (88 mil dólares
estadounidenses) por cada nota publicada sobre el
caso, y amplió la prohibición a todo otro medio
que volviera a publicar los artículos de O
Estado. El juez dictó la resolución un día
después de que los Sarney presentaran su
petición sin ofrecer audiencia. A diferencia de
la mayoría de los asuntos civiles, no había
ningún juicio subyacente, como por ejemplo una
demanda penal por difamación; los Sarney sólo
buscaban la prohibición de la publicación. El
periódico ha apelado el fallo ante el Supremo
Tribunal Federal, el máximo tribunal de
justicia, y ha seguido informando sobre el caso
Sarney con la esperanza de poder publicar sus
hallazgos algún día. No se espera una
resolución del tribunal hasta mediados de 2011.
La prohibición
generó una amplia cobertura en la prensa
brasileña e internacional, que tal vez haya
reducido la censura. "Creo que Fernando
Sarney no presentó ninguna otra acción en la
justicia contra otros medios debido al impacto
extremadamente negativo que tuvo la prohibición
contra O Estado en la opinión
pública", indicó al CPJ Mariana Uemura
Sampaio, asesora jurídica del diario. El caso
desató un enérgico debate sobre la censura
judicial en Brasil, la necesidad de realizar
informes investigativos sobre la corrupción
política y la ética en la filtración de
material de investigación a la prensa.
En Venezuela, la
ola de violencia figuraba entre las
preocupaciones principales del público en las
semanas previas a las elecciones parlamentarias
de septiembre. Ante la ausencia de estadísticas
oficiales, organismos de control estiman que unas
16 mil personas son asesinadas cada año. El 13
de agosto, el diario El Nacional de
Caracas tocó la sensibilidad de los preocupados
lectores al publicar una foto de archivo
mostrando cadáveres apilados en una morgue local
para ilustrar el creciente nivel de violencia en
un informe de primera página. También irritó
al gobierno del Presidente Hugo Chávez.
Chávez
calificó a la fotografía como
"pornográfica"--los cadáveres, por
supuesto, se hallaban sin ropas--, y un tribunal
que habitualmente trata asuntos juveniles de
pronto resolvió que El Nacional no podía
publicar "imágenes, informaciones y
publicidad de cualquier tipo con contenido de
sangre, armas, mensajes de terror, agresiones
físicas". La resolución del tribunal
alegó que dicho material podría ser perjudicial
para los niños. En una muestra de solidaridad,
el diario crítico Tal Cual volvió a
publicar la fotografía de la morgue el 16 de
agosto, generando un segundo y más amplio fallo
por parte del tribunal juvenil. Esta vez el
tribunal prohibió a todos los medios gráficos
venezolanos publicar imágenes de violencia
durante un mes.
La protesta
pública limitó los daños, según Ewald
Scharfenberg, director ejecutivo del grupo de
libertad de prensa IPYS Venezuela. Al enfrentar
la condena local e internacional --incluyendo
objeciones de la Organización de Estados
Americanos y de las Naciones Unidas-- el tribunal
levantó la prohibición contra todos los medios
dos días después y permitió que El Nacional
reanudara la cobertura informativa escrita sobre
la violencia. Sin embargo las prohibiciones en
relación a las fotografías seguían en pie
contra El Nacional y Tal Cual hacia
fines de año. Tal Cual hizo alusión a
fotografías que no podía publicar para
acompañar ciertas notas informativas, en tanto
que El Nacional rediseñó su logo de
tapa, reemplazando la "o" en su nombre
con un rostro cuya boca se muestra vendada. En
todo caso, comentó Scharfenberg, el episodio
produjo mayor cobertura informativa sobre crimen
e intensificó la atención pública sobre este
problema.
La censura
también puso de relieve la campaña sistemática
del gobierno de Chávez para reprimir el disenso.
Las autoridades hicieron uso de sus atribuciones
regulatorias sobre el espacio radioeléctrico
para cerrar decenas de emisoras radiales
críticas en 2009 y, dos años antes, para
quitarle la licencia a RCTV, la televisora más
antigua del país y una de las más críticas de
Chávez. Las autoridades venezolanas fracasaron,
de modo sistemático, en su intento de realizar
revisiones imparciales y transparentes de las
licencias de radiodifusión, reveló la
investigación del CPJ, a menudo adoptando
decisiones predeterminadas y motivadas
políticamente. En diciembre de 2010, la Asamblea
Nacional adoptó medidas que permiten a los entes
reguladores tener aún más libertad de acción
para revocar licencias, al tiempo que les permite
prohibir contenidos que "falten el respeto a
las autoridades".
"El
gobierno ha logrado silenciar gradualmente las
voces críticas a través de una campaña de
intimidación selectiva, el uso discriminatorio
de recursos del estado y el cierre de emisoras
independientes", afirmó Phil Gunson,
veterano corresponsal de la revista The
Economist y el diario The Miami Herald.
"Las implicancias para la democracia
venezolana son perturbadoras ya que mucha gente
tiene acceso sumamente limitado a cualquier voz
que no sea la del gobierno".
En Ecuador, la
administración del Presidente Correa intentó
reemplazar las voces independientes con la del
propio gobierno. El 30 de septiembre, cuando
cientos de policías protagonizaron violentas
protestas a nivel nacional debido a planes para
reducir el pago de beneficios salariales, la
Secretaría de Comunicaciones ordenó a las
emisoras de radio y televisión que
interrumpieran sus programas para transmitir
programación de la emisora estatal Ecuador TV.
Las redes nacionales Ecuavisa, Teleamazonas y
Canal Uno interrumpieron sus emisiones cerca de
las 2 p.m. y comenzaron a transmitir la
programación del canal gubernamental. Ecuador TV
realizó una cobertura periodística desde el
punto de vista del gobierno, mostrando
entrevistas con una serie de altos funcionarios,
según informaron periodistas locales. Seis horas
después, la secretaría levantó la orden y las
emisoras retornaron a su programación habitual.
La orden
pareció violar la ley ecuatoriana. Durante el
estado de emergencia, declarado por la
administración, el presidente y los integrantes
del gobierno están autorizados para interrumpir
la programación con el fin de transmitir
mensajes oficiales. Pero ni Correa ni el gobierno
transmitieron ningún mensaje, afirmaron los
periodistas. En su lugar, el decreto interrumpió
la cobertura informativa de los medios
independientes que fue reemplazada con
información aprobada por el gobierno, privando a
los ecuatorianos de contar con fuentes diversas
en un momento crucial. (Las protestas fueron tan
caóticas que, en determinado momento, los
policías rebeldes mantuvieron a Correa cercado y
sin poder salir de un hospital durante 12 horas).
En octubre, la
oficina de comunicaciones del presidente ordenó
a Teleamazonas a emitir una cadena del gobierno
en medio de un programa de entrevistas conducido
por la analista crítica María Josefa Coronel,
según informes de noticias. Teleamazonas, una
cadena televisiva privada de Quito conocida por
su dura oposición a las políticas de Correa, se
vio obligada a salir del aire durante tres días
a fines de 2009 luego de que el ente regulador
hallara que la emisora había "incitado al
desorden público" con una nota sobre el
efecto que la exploración de gas natural cerca
de las costas de la sureña isla de Puná
tendría en la industria pesquera local.
César Ricaurte,
director ejecutivo de Fundamedios, un grupo local
defensor de la libertad de prensa, afirmó que la
intolerancia del gobierno de Correa ante la
crítica estaba creando una atmósfera de
intimidación y autocensura. "En el actual
clima, se ha vuelto muy difícil para los
periodistas trabajar libremente sin interferencia
del gobierno", indicó. "Existe mucho
mayor acoso oficial contra la prensa crítica y
los periodistas están recurriendo a la
autocensura".
La
censura fue un pilar fundamental de las
dictaduras y los gobiernos autocráticos que
dominaron la región durante 30 o más años. Las
fuerzas armadas asesinaron e hicieron desaparecer
a periodistas en Argentina, creando un clima de
temor que silenció a la prensa. La dictadura de
Pinochet en Chile encarceló, torturó e hizo
desaparecer a periodistas mientras imponía la
censura en la cobertura informativa. Oficiales
del ejército brasileño dictaban lo que editores
de medios gráficos y ejecutivos de emisoras
podían escribir o transmitir. En Paraguay,
Uruguay, Panamá y Haití las reglas eran
sencillas. No se permitía ningún tipo de prensa
independiente y todos los periódicos estaban
sujetos a confiscaciones.
Mientras el
resto de la región registró profundos cambios
en las últimas tres décadas, el gobierno cubano
conservó su estricto régimen de censura. La
constitución del país otorga al Partido
Comunista el derecho a controlar la prensa;
reconoce la libertad de expresión y de prensa
"conforme a los fines de la sociedad
socialista". Todos los medios funcionan bajo
la supervisión del Departamento de Orientación
Revolucionaria del Partido Comunista, que
desarrolla y coordina estrategias de propaganda.
Los periodistas independientes son hostigados,
detenidos, encarcelados o se les prohíbe viajar
al exterior. Durante gran parte de la última
década, Cuba ha figurado entre los países con
mayor número de periodistas encarcelados en el
mundo. Mientras las políticas cubanas son una
reliquia del pasado, la represión en otras zonas
de la región plantea un mal presagio para el
futuro.
La reciente
escalada en casos de censura en la región está
vinculada con el abuso gubernamental de recursos
legales y regulatorios, según Silvio Waisbord,
profesor asociado y director de programas de la
Escuela de Medios y Asuntos Públicos en la
Universidad George Washington. A medida que las
tácticas han evolucionado, Waisbord observa un
paralelo entre la censura actual y la que se
ejercía en época de las dictaduras. Igual que
en el pasado, comentó Waisbord, "el
resultado es un efecto inhibidor en los medios
que a menudo limita la cobertura informativa
sobre cuestiones de interés público".
Otra forma de
censura, por temor a la violencia, se afianzó en
la región, mientras el crimen organizado, la
corrupción y la falta de orden público se
extienden en áreas de México y América
Central. Una autocensura generalizada ha sido la
devastadora consecuencia de la violencia letal
ejercida por los carteles de la droga y por los
grupos criminales. Decenas de asesinatos y
desapariciones, ataques con bombas y múltiples
amenazas han llevado a periodistas y medios de
prensa mexicanos a abandonar no sólo el
periodismo de investigación, sino también la
cobertura informativa básica sobre el crimen. En
zonas donde grupos de narcotraficantes rivales se
disputan territorio, los periodistas se han visto
obligados a escribir lo que los criminales
ordenan o simplemente han dejado de informar.
"Se ha acuñado una nueva palabra en el
léxico de la guerra contra el narcotráfico en
México: la narcocensura", señaló el
diario Los Angeles Times en un artículo
publicado en agosto.
No hubo lugar
donde esta situación se reflejara con más
evidencia que en la ciudad fronteriza de Reynosa,
estado de Tamaulipas, donde el cartel del Golfo
ordena qué se puede informar y qué no, según
reveló el CPJ en un informe especial publicado
en septiembre y titulado "Silencio o
muerte en la prensa mexicana". La
sangrienta guerra entre narcotraficantes siguió
durante meses, pero los medios ignoraron los
hechos por temor. El cartel controló casi todos
los aspectos del gobierno de la ciudad,
señalaron periodistas al CPJ, pero los
periódicos no pudieron informar sobre esto a sus
lectores.
"En
México, la censura producto de la violencia
está generando un efecto similar a lo que
ocurrió en Colombia", agregó Waisbord.
"El gobierno no logra garantizar el estado
de derecho". La autocensura ha sido
dominante durante el conflicto civil de cinco
décadas en Colombia; periodistas y editores
temían represalias de todos los actores armados.
Al inicio de los años '80, durante el auge de
los carteles de la droga colombianos, los medios
locales unieron fuerzas para investigar y
denunciar la violencia criminal de los capos del
narcotráfico. Tanto la violencia como la
autocensura han retrocedido en Colombia en la
última década, aunque sigue siendo uno de los
países del mundo más peligrosos para la prensa.
Organizaciones
criminales y la impunidad han obligado a la
prensa a silenciarse también en otros países de
América Central. Una ola de violencia letal que
produjo la muerte de nueve reporteros en
Honduras, al menos tres de ellos en represalia
por su labor informativa, ha promovido una
autocensura generalizada en los medios locales.
Las autoridades hondureñas han minimizado los
crímenes y se han mostrado negligentes en la
persecución de sus autores. En julio, un informe
especial del CPJ reveló que el gobierno del
Presidente Porfirio Lobo estaba fomentando un
clima de intimidación y censura, al permitir a
los criminales asesinar con impunidad.
Tres
décadas de democratización en América
Latina no promovieron las reformas judiciales y
legales necesarias para proteger la libertad de
prensa. A medida que la ilegalidad se extiende en
vastas áreas del hemisferio, sistemas judiciales
disfuncionales no han logrado enjuiciar a los
responsables de ataques contra la prensa, creando
un clima de impunidad que perpetúa el ciclo de
violencia. Algunos líderes elegidos
democráticamente, al mismo tiempo, han mostrado
un marcado desprecio por las instituciones
democráticas al abusar de los recursos estatales
para reprimir el disenso y silenciar a los
críticos. En ciertos casos, prominentes figuras
hicieron uso de una justicia politizada para
invalidar garantías constitucionales de libertad
de expresión.
El consiguiente
aumento en el nivel de censura -ya sea producto
de la represión gubernamental, la interferencia
judicial, o bien por la intimidación de grupos
criminales- está socavando la capacidad de la
prensa latinoamericana para cumplir con su labor
informativa. A medida que el número de voces
críticas y el periodismo de investigación se
reducen, los temas de importancia internacional
como el narcotráfico, la corrupción y los
abusos a los derechos humanos están recibiendo
poca cobertura o ni siquiera son cubiertos por la
prensa.
Como un primer
paso imprescindible para combatir estos
problemas, la prensa puede dejar atrás sus
diferencias y unirse para crear un frente común.
"Los periodistas pueden luchar contra la
censura uniéndose tanto en grupos nacionales
como a través de las fronteras", sostuvo
Erlick, la ex corresponsal actualmente en
Harvard. En Venezuela, por ejemplo, indicó
Scharfenberg, la prensa todavía debe reaccionar
en forma unida cuando los periodistas críticos
son excluidos de las conferencias de prensa,
edificios gubernamentales y eventos oficiales.
"Estas decisiones discriminatorias y
arbitrarias sólo pueden terminar si se produce
una fuerte reacción de una prensa unida",
afirmó.
Cuando los
grupos de crimen organizado amordazan a la prensa
en regiones de México, los medios nacionales
pueden tomar la iniciativa expresando su total
respaldo a sus colegas. Los periodistas de
grandes centros urbanos pueden identificar y dar
amplia publicidad a los problemas que afectan a
la prensa regional. Este tipo de cobertura
informativa de alto perfil atraerá la atención
internacional y ejercerá presión sobre el
gobierno federal para garantizar el derecho
constitucional a la libre expresión. Y en todo
el territorio de América Latina, los periodistas
pueden aprovechar la tecnología nueva y la
tradicional para generar conciencia pública de
que la censura no sólo perjudica a la prensa,
sino que priva a toda la sociedad del derecho a
la información y a la libertad de expresión.
* Carlos Lauría
es coordinador senior del
programa de las Américas del CPJ, es co-autor
del informe especial del CPJ "Silencio o
muerte en la prensa mexicana", publicado
en 2010.
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