Reseña
¿Qué
es la brecha digital?
Jesús Cortés Vera
FLORES SIMENTAL,
RAÚL. ¿Qué es la brecha
digital?: una introducción al
nuevo rostro de la desigualdad. Ciudad
Juárez, Chih: Universidad
Autónoma de Ciudad Juárez,
2008. 129 p.
Antes
de referirnos al contenido y cualidades de este
libro es importante mencionar algunas razones por
las que su aparición es una buena noticia: hay
muy pocos libros sobre este tema en español; una
búsqueda realizada en WorldCat, la base
de datos bibliográfica más grande del mundo,
arrojó únicamente 24 registros, dos de ellos
correspondientes a tesis. Una cantidad bastante
pobre si se compara con los 1,192 registros que
se pueden encontrar en la misma base de datos si
se hace la búsqueda usando el término en
inglés "Digital divide".1
Por otra parte, la
mayoría de los libros publicados han surgido en
editoriales de las grandes metrópolis como
Madrid, Buenos Aires, Santiago y la Ciudad de
México, y la participación interdisciplinaria
parece ser escasa al predominar visiones
tecnológicas, económicas o bibliotecológicas,
así que una visión que más bien parta desde
las ciencias sociales y de la comunicación es a
la vez enriquecedora y refrescante.
El
documento consta de siete capítulos, además de
una introducción, un apartado de
"e-conclusiones" y la bibliografía;
tiene una extensión, que se agradece, de
solamente 129 páginas, incluyendo las
referencias bibliográficas. La redacción
también se agradece por la claridad y por un
estilo que se siente cercano y amable, en el que
se percibe experiencia del autor en trabajos
periodísticos.
Desde
la Introducción el lector seguramente
encontrará respuestas a preguntas fundamentales:
la definición adoptada de brecha digital es muy
sencilla: la distancia social que separa a
quienes tienen acceso a las tecnologías de la
información y la comunicación (TIC) de aquellos
que no lo tienen. El propósito de la
investigación consistió en "Redefinir los
términos del debate en torno a la brecha
digital". El autor está consciente de que
en este tema los cambios pueden darse
vertiginósamente, por lo que "renuncia a
conclusiones terminantes en un campo tan
volátil, donde los números y las condiciones de
conexión -y consecuentemente de las inequidades-
cambian día tras día.
Desde
ese apartado, el autor adelanta algunas
posiciones que mantendrá a lo largo del
documento: "las desigualdades son inherentes
a todo sistema social". "Las
tecnologías, viejas o nuevas, no garantizan
cambios sociales, y por tanto no deben ser objeto
de falsas esperanzas"; "las nuevas
tecnologías son herramientas y no modifican por
sí mismas las relaciones de poder" y
"sólo estamos en presencia de la nueva cara
del viejo problema de la desigualdad".
En
el capítulo 1, de los Antecedentes, el
autor plantea las preguntas que guiaron su
investigación, entre otras: ¿Son las nuevas
tecnologías de la información y comunicación
una forma de mejorar las condiciones de vida
humana? ¿Mejoran la comunicación y la
educación? ¿Conducen por sí mismas a un
desarrollo de la sociedad? ¿Son verdaderamente
la esperada revolución que facilitará el
trabajo y volverá más cómoda la vida de los
trabajadores?.
Cuando
se hable de TIC, considera Flores Simental, hay
que incluir también a la electricidad, que
aunque no es una nueva tecnología, sí es
condición necesaria para aprovechar las otras.
El surgimiento de Internet detona la discusión
sobre la brecha digital, aunque desde antes
existían otras TIC, como la computación y las
telecomunicaciones.
El
análisis de esta temática será abordado por el
autor con una dicotomía muy simple: lo que han
dicho los optimistas (en otras partes los
llamará utópicos) y lo que han venido
aseverando los pesimistas, o antiutópicos,
acerca del significado de las nuevas tecnologías
en la sociedad actual.
En
pocos años, dice Flores Simental, el acceso a
las TIC se convierte en un problema de las
ciencias sociales, pues finalmente, se dirá más
adelante, la tecnología es la forma en que la
sociedad hace uso de la ciencia, por lo que el
estudio de las TIC y de su desarrollo cae más
bien en territorio de las ciencias sociales que
de la tecnología. Este reto pone a prueba la
capacidad de estas ciencias para establecer
metodologías y lazos de comunicación con
científicos de otras disciplinas.
El
capítulo 2 aborda Los inicios del debate. En
él se plantean las principales posiciones de los
optimistas y los pesimistas, aun antes de que el
término de Brecha digital fuera acuñado.
Para los optimistas, las TIC serán el elemento
principal para transitar hacia una nueva sociedad
que dejará atrás la sociedad industrial y
producirá un nuevo estadio donde todos tendrán
acceso a la información y sus consecuentes
beneficios; en la historia de la humanidad no se
habría producido un avance tecnológico tan
bondadoso. Pero los antiutopistas ven las cosas
en forma diferente: las TIC de punta solamente
estarán accesibles para unos pocos
privilegiados; los usuarios de estas tecnologías
sólo podrán ser consumidores y no influirán en
la dirección de una industria manejada por unos
cuantos; las tecnologías no brindarán acceso a
toda la información disponible y no hay que
perder de vista que tener acceso a la
información no garantiza poder convertirla en
conocimientos. En el aspecto educativo, los
optimistas resaltan las muchas posibilidades que
la tecnología ofrece para las nuevas modalidades
de aprendizaje, mientras que los pesimistas
culpan incluso a las TIC del deterioro de
habilidades fundamentales que la enseñanza
tradicional cultivaba, como el manejo correcto
del lenguaje y el pensamiento crítico.
Este
apartado presenta una visión retrospectiva sobre
lo que reconocidos pensadores sociales como Alvin
Toeffler y su Tercera ola, han expresado
acerca de la promesa que pueden ofrecer todas las
tecnologías y en particular las TIC para afectar
positivamente el desarrollo de la humanidad, en
aspectos tales como el trabajo y el ocio, las
relaciones interpersonales, la seguridad, el
gobierno y la educación. Algunos pensadores
consideran que las tecnologías por sí mismas
tienen una limitada capacidad de impacto y
requieren de ser tomadas como instrumento por
movimientos sociales más amplios y robustos;
otros dirán, sin embargo, que las TIC no son
cualquier tecnología, sino la "tecnología
madre".
La
sociedad informática: ¿un mito?, es el
título asignado al capítulo 3, en el que el
autor busca identificar cuáles aspectos de las
argumentaciones que se manejan sobre la
importancia de la Sociedad de la información son
realmente objetivos y cuáles en realidad
corresponden a mitos. Hablamos de un mito, nos
explica el autor, cuando se presentan visiones
del mundo que van más allá de brindar una
descripción e incluyen dimensiones normativas.
Se habla por ejemplo de que la información será
el factor más importante para la transición
hacia sociedades más democráticas e
incluyentes; sin embargo, en la práctica se
están presentando situaciones contrarias: la
información se vuelve cada vez más
especializada, los programas de cómputo para
manejarla se encarecen; contar con información
no es suficiente, pues es necesario comprenderla
y emplearla, además de que los adelantos
tecnológicos siguen estando controlados por
quienes detentan el poder.
El
autor, citando a Hamelink, menciona algo que
deberíamos tomar muy en cuenta acerca del afán
que existe por anunciar el advenimiento de una
nueva etapa de la humanidad: regularmente -dice
Flores Simental- no se habla de medievalistas
porque existió una Edad Media, sino que hablamos
de un periodo llamado Edad Media, porque
existieron los medievalistas. Creemos que lo
mismo debe suceder con la etapa histórica que
estamos anticipando: cuando la mayor parte de la
población tenga acceso a la información,
podremos hablar de una Sociedad de la
información y cuando esta misma población tenga
la capacidad de transformar esa información en
conocimientos, será oportuno entonces asignarle
el nombre de Sociedad del conocimiento.
Con
apoyo de Postman, el autor muestra cómo estamos
evolucionando hacia una tecnópolis, entendida
como el estado de la cultura en el que la
tecnología es idolatrada, y donde se presenta la
paradoja de que nuestra sociedad trata de emplear
la tecnología como una herramienta para manejar
y encontrarle sentido a la aplastante cantidad de
información que la propia tecnología ha
propiciado.
A
lo largo del libro el autor busca apegarse a su
propósito de encontrar las explicaciones
fundamentales acerca de lo que es la brecha
digital, en lugar de abundar, como lo han hecho
otros autores, en describir la forma en que esta
brecha se manifiesta. En el capítulo 4, llamado ¿Un
nuevo capitalismo? el autor trata de
dimensionar el impacto que las TIC tendrán en el
sistema económico mundial. Introduce así en la
discusión otro concepto necesario aunque
polémico: el de la globalización, fenómeno que
ha tenido seguramente un proceso histórico que
va más allá de las últimas décadas, pero que
sin duda se ha nutrido de la tecnología digital
para alcanzar el vertiginoso desarrollo actual.
Flores
Simental hace una selección de autores para
discutir cómo el sistema capitalista actual
podrá ser transformado por las nuevas
tecnologías. Mattelart expresa su opinión, al
igual que Castells, y éste último es
confrontado con Rifkin. Un tema que presenta
diferentes opiniones es la forma en que las TIC
afectarán al empleo y a los trabajadores. En lo
que parece haber acuerdo, es en que las TIC
favorecerán más directamente el desarrollo
cultural (entendiendo cultura en su concepto más
amplio) y en menor medida las actividades
productivas, lo cual puede observarse desde
ahora, pues las empresas trasnacionales más
exitosas no se dedican a producir bienes
materiales, como es el caso de Google y Microsoft.
Lo que suceda con el impacto de las TIC en la
vida de los países dependerá en gran medida de
las políticas públicas planteadas y esto es
algo en lo que se insistirá en otras partes del
documento; sin embargo, al menos para el caso de
América Latina parece no haber mucha conciencia
de ello.
El
autor también consideró necesario dedicar un
capítulo para analizar las implicaciones y
potencialidades que las TIC traerán para otra de
las actividades fundamentales de la humanidad: la
educación. El capítulo 5 discute el tema de Las
TIC en la educación: el "e-learning".
Aunque no se especifica el alcance del término
"e-learning" el autor parece referirse
a programas educativos completamente apoyados por
las TIC y concebidos para impartir-se a
distancia; con la aclaración de que esto va más
allá de la incorporación de nuevas tecnologías
e implica una visión nueva de lo que debe ser la
educación. Al respecto, consideramos importante
mencionar que las TIC efectivamente están
impactando los procesos de enseñanza y
aprendizaje, independientemente de si hablamos de
programas presenciales o a distancia.
Sobre
la conveniencia de incorporar las TIC en los
procesos educativos el autor cita a Cuadra:
las personas que creen que la
tecnología reemplazará totalmente a los
grandes profesores en el salón de clases,
con aprendices altamente motivados, están
tan mal aconsejados como aquellos que creen
que el internet es una moda pasajera.
Pero
hay obstáculos para el "e-learning"
que deben ser considerados; uno sobre el que es
necesario insistir bastante y habría sido
conveniente que el libro lo hiciera: tener acceso
a la información no significa saber utilizarla;
de hecho, parece ser que, al menos para los
estudiantes, el proceso de aprender a manejar las
TIC significa menos dificultades que aprender a
evaluar y aprovechar la información para apoyar
una decisión o para algún proyecto académico.
Otro aspecto a considerar serán las diferencias
en las formas de pensar y de actuar de cada
institución educativa. Más que los aspectos
técnicos, el autor considera que el principal
obstáculo que habrá que superar consistirá en
adaptar las estructuras y los procedimientos de
las organizaciones a las nuevas modalidades para
llegar a crear sistemas educativos incluyentes y
motivadores.
¿Dentro
o fuera de las puertas electrónicas? es el
título del capítulo 6, que parece estar
inspirado por la figura propuesta por Rifkin,
quien sostiene que la humanidad tiende a ubicarse
en dos bandos distintos: los que están dentro y
los que han quedado fuera de las puertas
electrónicas del ciberespacio; es decir, en cada
uno de los lados de la brecha digital. Existen
varios factores que agravan esta brecha y obligan
a redefinirla, pues ya no es solamente cuestión
de tener acceso a las TIC, sino de tenerlo en las
mejores condiciones, para lo cual se requiere
considerar aspectos técnicos, como el ancho de
banda, pero también la presencia o ausencia de
políticas públicas, el pago de rentas por
transferencia de tecnología y por la propiedad
intelectual y hasta el manejo del idioma inglés.
La brecha digital puede ser analizada desde tres
dimensiones, propuestas por Servon: la primera es
efectivamente el acceso a las TIC, la segunda es
referida como las habilidades necesarias para el
uso de las tecnologías -aunque ya dijimos que
una cosa es saber utilizar la tecnología y otra
más compleja es saber manejar y aprovechar la
información-; la tercera dimensión -poco
mencionada en este texto- tiene que ver con los
contenidos, sin los cuales de poco sirve reunir
los otros dos factores.
De
nuevo se hace la reflexión sobre qué es lo que
pueden y deben hacer las ciencias sociales para
estudiar mejor el problema de la exclusión
digital -otro concepto cada vez más usado-
cuando no se tienen aún las herramientas
metodológicas, ni la experiencia necesarias para
enfrentar este reto y ni siquiera se ha
desarrollado un lenguaje pertinente para
referirse a los nuevos escenarios. Todo esto a
pesar de que estas desigualdades no son nuevas,
pues son manifestaciones de pobrezas e
inequidades que han existido siempre.
El
último de los capítulos lleva el nombre de Las
dimensiones de la brecha: ¿quiénes están y de
qué lado? Es lo más parecido a otros
documentos sobre el tema de la brecha digital,
pues se nutre de estadísticas provenientes de
diferentes fuentes para tratar de sopesar el
tamaño de la brecha y distinguir a quiénes
afecta. Estadísticas que, el autor lo advirtió
desde el principio, solamente retratan una
realidad efímera porque tienen el agravante de
que se basan en indicadores aún incompletos y
difíciles de cuantificar, la mayoría de ellos
referidos a la conectividad, cuando más
importante que estar conectado es poder
aprovechar esa conexión.
Por
primera vez el autor busca centrarse en la
realidad de México y de América Latina, en
donde los gobiernos parecen estar buscando un
equilibrio entre invertir para abatir la brecha
digital y continuar atendiendo otras apremiantes
necesidades sociales; a final de cuentas, el tema
de las brechas y las desigualdades no es ninguna
novedad en esta región del mundo. En el caso de
México predomina un panorama de desatención al
tema por parte de los gobiernos y la
desarticulación de esfuerzos; el proyecto
e-México aparece como el único proyecto más o
menos coherente, aunque -esto no lo dice el
autor- pareciera que prevalece la idea de que fue
todo un fiasco, pues ni siquiera se han intentado
hacer evaluaciones acerca de sus resultados.
En
las e-Conclusiones el autor hace una buena
recapitulación de las principales ideas y
aspectos discutidos en el libro, pero también
introduce una duda inquietante, apoyada por
Castells, y que tal vez debió discutirse más en
los capítulos previos: "¿Hasta qué punto
la conexión equivale a mayores oportunidades e
igualdades?", cuando finalmente la conexión
puede significar también una dependencia
tecnológica y cultural, contraria a la búsqueda
de las identidades propias y de los caminos de
bienestar.
Creemos
que este libro cumple sus propósitos y
proporciona bases sólidas para analizar el
problema de la brecha digital y continuar
observando la evolución de la humanidad hacia la
sociedad del conocimiento. Como lo reconoce el
autor, es un tema en constante cambio: cuando
esta investigación fue terminada no había sido
publicada la obra de la UNESCO, Hacia las
sociedades del conocimiento,2 en
la que por cierto el término de brecha digital
no es considerado como adecuado, considerando que
hace alusión solamente a uno de los problemas
relacionados con la falta de acceso y el
aprovechamiento de la información: el aspecto
tecnológico, pero deja fuera otros obstáculos
de tipo cultural, político, ético, educativo,
etcétera, y propone como alternativa el término
de brecha cognitiva.
Otro
aspecto en el que hubo nuevos descubrimientos en
estos últimos años tiene que ver con el uso que
se hace de Internet. Ahora sabemos que el
principal uso que se hace de la macrored no tiene
que ver con la recuperación de información,
sino con la integración de redes sociales.
Para
terminar agregaremos solamente que la lectura de
este libro nos parece muy recomendable, así como
cualquier investigación o proyecto que allane el
camino hacia la Sociedad del conocimiento. Sin
duda, como dice al final Flores Simental, la
brecha digital constituye el problema
sociocultural más importante en la actualidad de
los países en desarrollo.
_____
Notas
1 Búsqueda
realizada el 29 de abril de 2009, en
http://www.worldcat.org/ la consulta en español
se realizó con la frase "Brecha
digital".
2 UNESCO, Hacia las sociedades del
conocimiento. París: UNESCO, 2005, 244 p.,
disponible en texto completo en: http://unesdoc.
*
Jesús Cortés Vera es profesor del Programa de Ciencias
Sociales de la Universidad Autónoma de Ciudad
Juárez, Chihuahua. Es candidato a doctor en el
Programa de Bibliotecología y Estudios de la
Información de la UNAM.
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