Efectos de
las tecnologías digitales en el
periodismo de América Latina y el Caribe
¿Qué ha cambiado hasta ahora y qué
transformaciones vienen?
Guillermo Franco *
El
efecto de las tecnologías digitales en el
periodismo se manifiesta, principalmente, en tres
vertientes: la dinámica de la construcción de
la noticia o información; el ejercicio
profesional, que remite al tema de las
habilidades necesarias para sobrevivir y
prosperar en el nuevo entorno (la capacitación),
y la situación de los medios tradicionales.
"En materia de la relación
de las nuevas tecnologías con el periodismo,
¿qué es lo nuevo? Básicamente, lo nuevo es que
los medios tradicionales se pusieron online,
hay más flujo de información, pero no hay un
cambio en la forma de hacer periodismo",
dice el periodista nicaragüense Carlos Fernando
Chamorro.
Los grandes
beneficiados son, según Chamorro, quienes viven
en el exterior, que, en el caso de Nicaragua,
representan el 20 por ciento de la población,
que "ahora está mejor informada y que se
siente más integrada a su país porque tiene la
posibilidad no sólo de informarse, sino además
de opinar, de participar en el momento final del
proceso. Es decir, la gente comenta los
artículos, participa en los debates de la radio,
puede ver mi programa de televisión en Suecia,
Australia o Estados Unidos. Pero no incide en el
proceso de cómo se forma la noticia. Es una
incidencia a posteriori, que le sirve al
periodismo en cuanto a retroalimentación.
Insisto: es la utilización de medios
tradicionales de un nuevo canal de diseminación
y hay muy pocos ejemplos realmente de
participación de las audiencias en lo que
respecta a la construcción de las noticias y el
proceso del periodismo".
Sin embargo,
para Mabel Rehnfeldt, del Foro de Periodistas
Paraguayos (Fopep), esa incidencia a
posteriori es un paso significativo, que la
lleva a pensar que en su país sí se está
"asistiendo a una nueva construcción de la
noticia".
"Hay mayor
velocidad, instantaneidad, atemporalidad,
transparencia para países tan cautivos como los
nuestros, con dictaduras tan rígidas, y está
desapareciendo ese modelo vertical, donde
nosotros (medios y periodistas) teníamos la
razón y nadie podía discutir. Estamos
construyendo con nuestras comunidades; aparecen
lectores, oyentes y televidentes cada vez más
críticos... Incuestionablemente, del otro lado
de la historia tenemos que hay gente que ha
recuperado voz", comenta Rehnfeldt, quien
cree que esto tiene más valor en países que han
tenido regímenes totalitarios, en comparación
con otros que siempre han vivido en democracia,
como Estados Unidos.
Las
aproximaciones al concepto de construcción de la
noticia, expuestas por Chamorro y Rehnfeldt,
remiten al de periodismo participativo, que
incluye, además de la participación a
posteriori, un amplio espectro de expresiones:
desde casos en que los usuarios o ciudadanos
aportan al proceso de reportería de periodistas
profesionales, hasta aquellos en que construyen
el medio casi por completo (OhmyNews, de Corea,
por ejemplo), pero cuyos ejemplos son escasos en
América Latina.
"Yo descreo
profundamente del periodismo ciudadano. Creo que
incluso hay una confusión: en inglés se habla
de citizen media; cuando se llevó al
español se empezó a hablar de periodismo
ciudadano, y se les exigió a los ciudadanos que
hicieran periodismo, y eso puede ser cruel, puede
ser injusto -dice Luis Carlos Díaz, de
gentedeapie, de Venezuela, quien reitera que la
gente quiere simplemente contar lo que está
pasando-. Que venga yo desde la academia, desde
la colegiatura, a decirles no: eso no es
objetivo, imparcial o veraz, no es justo."
En su proyecto
de formación, gentedeapie enseña en Venezuela a
los ciudadanos a manejar las herramientas
digitales para que se expresen por sí mismos,
sin inducir sesgo ideológico o político de
alguna clase. Su promotor está trabajando con
tres tipos de público que le interesan:
estudiantes de periodismo y periodistas recién
graduados; personas que trabajen en
organizaciones no gubernamentales (ONG) en el
área comunicacional, preferiblemente, y
activistas de derechos humanos.
"Son
personas que, creo, necesitan manejar con
urgencia herramientas digitales. Los estamos
mezclando. Y, al mezclar ciudadanos con
estudiantes de periodismo, estamos también
haciéndoles entender a los jóvenes periodistas
que quienes están de aquel lado no son
competidores, no son personas que les van a
quitar el trabajo, sino que son fuentes
informativas. También les enseñamos a las
personas a tener una mayor relación con la
prensa", sostiene Luis Carlos Díaz, de
gentedeapie.
La
formación digital
Pero no son
sólo los ciudadanos los que necesitan
capacitación para desenvolverse en el nuevo
entorno digital: también los periodistas.
Una
investigación hecha en América Latina,
presentada por la Fundación Nuevo Periodismo
Iberoamericano (FNPI), encontró que, para los
creadores de contenido Web en la región, la
mayor necesidad en términos de formación
-aunque puede haber diferencias por país- es
aprender a contar historias en video y otras
formas complejas (esto contrasta con el hecho de
que la narrativa Web en América Latina está
dominada por el texto, seguido por la
fotografía).
A pesar de que
identifican como su mayor problema la generación
de ingresos para financiar el sitio o medio en
Internet, paradójicamente tienen muchísimo
menor interés en aprender sobre modelos de
negocios o venta de publicidad.
La crítica a
los programas de pregrado de periodismo, por no
suministrar la formación necesaria para
desempeñarse en el entorno digital, es una
constante en América Latina.
"¿Qué
están haciendo las escuelas de comunicación en
este planeta en este momento? ¿Qué enseñan?
(...) A veces da la impresión de que nada. Eso
es muy grave porque tampoco los cursos pequeños,
por más intensos que sean, pueden cubrir
rápidamente los huecos estructurales de la
educación básica, y esa es una realidad para
nuestros países. En la Facultad de Ciencias
Políticas de la Universidad Nacional cambiaron
hace tres años el programa de estudios de
comunicación y lo dejaron prácticamente igual.
Casi cero enfoque en tecnologías digitales, cero
enfoque en periodismo de precisión, no
profesionalización", dice Francisco Vidal,
del Centro de Periodismo y Ética Pública
(Cepet), de México.
"Las
escuelas de comunicación hablan del oficio, pero
no hacen el oficio. Lo diagnosticó García
Márquez hace años. Además vienen con un cuerpo
acostumbrado a los medios analógicos y, por
tanto, no pueden hacer la transición sin oficio
en los medios digitales. Ahí hay un agujero
negro que no se va a resolver", sostiene
Carlos Cortés, del Radio Netherlands Training
Center (Centro de Entrenamiento de Radio
Nederland), quien, para dramatizar la situación,
invitó a revisar el programa del último
encuentro de la Federación Latinoamericana de
Facultades de Comunicación Social (Felafacs),
donde estos temas fueron absolutamente
tangenciales.
Los propietarios
de los grandes medios también fueron
responsabilizados del problema de capacitación.
"Aunque
usted no lo crea, los propietarios de los medios
son los menos interesados en entrenar a la gente.
Lamento decir esto; espero que el señor Ricardo
Trotti lleve la preocupación (a la SIP). Por
poco tenemos que arrodillarnos a pedirles que nos
dejen enseñar a la gente. Tenemos que recorrer
los medios entrenando", comenta Mabel
Rehnfeldt, del Foro de Periodistas Paraguayos
(Fopep).
"En las
facultades de comunicación social, en general,
no hay preparación para manejo de Web, manejo
multimedia, y los medios no están interesados en
capacitar a sus periodistas... Salvo una que otra
excepción, son vistas casi como cosas
innecesarias. No hay una inversión seria, no hay
una capacitación...", dice Gabriel Michi,
de Fopea, de Argentina.
Juanita León,
del sitio lasillavacia.com, de Colombia, se
mostró escéptica sobre la capacitación de
periodistas. "Siento que siempre llegamos
tarde. Deberíamos invertir la plata en
laboratorios para crear el futuro y dejar de
capacitarnos en el presente porque eso ya es
pasado para la audiencia", anota.
La
amenaza digital
¿Son las
tecnologías digitales una amenaza real para los
medios tradicionales de América Latina?
La respuesta es
simple: no lo han sido, ni lo son en este
momento; pero las percepciones sobre el tema
difieren de acuerdo con el país y su nivel de
conectividad.
En aquellos
lugares en los que hay una relativa alta
conectividad, los medios establecidos han visto a
Internet como un canal de diseminación de sus
contenidos y una forma de potenciar su marca.
"(En
México) ya el segundo medio de acceso a la
información noticiosa es Internet. Por supuesto,
el más importante es el programa de noticias de
la noche, el noticiario con Joaquín López
Dóriga, que tiene una audiencia de 2,5 millones
de personas. Pero en segundo lugar está el sitio
de Internet del periódico El Universal,
que tiene medio millón de visitas diarias,
visitantes únicos diarios", dice Vidal, del
Centro de Periodismo y Ética Pública, de
México.
Los medios
impresos mexicanos -según Vidal- están viendo
que Internet, que los caminos digitales tienen
futuro, al menos para una sociedad que se está
digitalizando rápidamente.
"El
gobierno mexicano estima que en el 2012 vamos a
ser 20 millones de usuarios de banda ancha. En
tres años se van a duplicar los usuarios. Las
posibilidades de diseminar información y de
hacer negocio con cualquier modelo que ustedes
quieran, más o menos balanceado hacia el mundo
digital, son bastante interesantes en México.
Los periódicos creo que lo están entendiendo y
lo están haciendo", dice Vidal.
En contraste, en
Nicaragua, un país con baja conectividad, como
es la norma en Centroamérica, Internet es visto
como un fenómeno marginal.
"Me parece
que no hay negocio de Internet, no hay amenaza
para los medios tradicionales de ingresos que se
hayan ido ya a esos medios. Por el contrario, la
publicidad de Internet sigue siendo como un bono
que piden los anunciantes cuando ponen un anuncio
en periódicos y televisión, pero no tiene un
valor propio porque el tráfico todavía es
relativamente pequeño", dice el periodista
nicaragüense Carlos Fernando Chamorro.
Gabriel Michi,
de Fopea, Argentina (de pie). De izquierda a
derecha (sentados y en primer plano), Laura
Mottaz, CIMA, Estados Unidos; Fernando Alonso,
FNPI, Colombia; Luz Maria Helguero, Red
Periodistas de Provincia, Peru; Carlos Dada,
ElFaro.net, El Salvador; Gotson Pierre,
Alterpresse.org, Haití.
Anticipando
interrogantes que nos traerá la revolución
digital
El semestre
terminado el 30 de septiembre del 2009 fue uno de
los peores de la historia de los periódicos de
Estados Unidos: su circulación diaria cayó 10,6
por ciento y la dominical, 7,5 por ciento.
Si bien es
incontrovertible el peso de la crisis económica
en esos resultados, no es menos cierto que estos
son el último capítulo de una caída libre que
viene desde 1987 (cuando Internet no era nada) y
que adquirió ribetes dramáticos en el 2009.
Los cierres de
periódicos y la reducción de sus nóminas o de
los días de circulación están a la orden del
día.
El 27 de febrero
de este año, el Rocky Mountain News (de
Denver), un periódico con 150 años de historia,
publicó su última edición, luego de que sus
pérdidas se hicieran insostenibles. El Christian
Science Monitor (con 100 años de historia),
que circulaba diariamente, también migró a la
Web por las mismas razones y dejó sólo una
edición impresa de fin de semana. En agosto, The
New York Times confirmó que The Boston
Globe, de su propiedad, estaba a la venta.
El Globe fue uno de los periódicos que
registraron mayores pérdidas de circulación
diaria (18,5 por ciento), junto con el San
Francisco Chronicle (25,8 por ciento) y el
The Star-Ledger (Newark, N. J., 22,2 por
ciento), en el semestre que terminó el 30 de
septiembre. The New York Times declaró
en marzo que reduciría su nómina un cinco por
ciento. La lista de casos se hace interminable.
La pregunta
válida es: ¿está blindada América Latina para
un fenómeno de estas características?
A juzgar por las
declaraciones de los propietarios y por
estadísticas anuales de la Asociación Mundial
de Periódicos (WAN, por su sigla en inglés),
que muestran pequeños crecimientos porcentuales
o mínimos retrocesos, la respuesta es sí, sí
está blindada.
Al analizar el
fenómeno de Estados Unidos, sin embargo, una de
las principales razones invocadas para explicar
la crisis de los periódicos, si no la principal,
es la migración de lectores del impreso a la
Web, lo que convierte los índices de
penetración de Internet en un predictor de ella.
En Estados Unidos, la conectividad supera el 76,2
por ciento (más de 60 por ciento en banda ancha,
según Internet World Stats, mayo 2010, con
información a diciembre 2009).
A medida que
aumente la conectividad en América Latina
seguramente irá desapareciendo el sentimiento de
invulnerabilidad de los medios tradicionales,
entre ellos los periódicos, pero esto puede
tardar muchos años. Así, es claro que estamos
en una etapa diferente, más atrasada, de un
mismo proceso.
Philip Meyer,
profesor de periodismo de la Universidad de
Carolina del Norte (Chapel Hill), se hizo famoso
al pronunciar la frase "el último lector de
periódico diario desaparecerá en septiembre del
año 2043".
La declaración
la hizo en el año 2003; aunque en 2008, luego de
casi cinco de ser citado en esos términos, dijo
que era una interpretación equivocada (para
responder a The Economist, el último
que lo había hecho). Sin embargo, reconoció
que, al hacer el ejercicio (estadístico) de
extrapolación del descenso de circulación de
los periódicos, esa fecha era correcta.
Pero hay
planteamientos de Meyer más trascendentales que
simplemente predecir la fecha exacta de la muerte
de los periódicos.
Hubo una época
en la que se daba por sentado que a medida que la
gente envejecía era más probable que leyera
periódicos. Pero lo que encontraron las
investigaciones de Meyer en 1983 fue que los
hábitos de consumo de medios que la gente
desarrolla en su juventud son los que conserva el
resto de su vida.
Cabe preguntar:
¿cuánta gente en sus 20 está leyendo
periódicos en América Latina? Como en el resto
del mundo, cada vez menos.
¿Dónde están
todas esas personas en sus 20? Seguramente, una
de las respuestas es "en Internet",
pero no necesariamente en sitios de medios
tradicionales. En países de la región en los
que ha habido un crecimiento explosivo de la red
(por ejemplo, Colombia, que pasó del 2,1 en el
2000 al 45,3 en el 2009) no ha habido un
crecimiento paralelo proporcional del tráfico de
los sitios Web de los periódicos.
No hay certeza
de dónde están aquellos en sus 20, pero cuando
se escucha el dato de que el 35 por ciento de los
usuarios de Facebook está en América Latina,
una respuesta tentativa es: muchos,
probablemente, en las redes sociales.
No se trata de
clamar y pregonar la muerte de los periódicos.
No. Simplemente, se trata de enunciar los
interrogantes que se están planteando en los
lugares en donde los periódicos están en
crisis: ¿son fundamentales los periódicos para
la democracia? ¿Cómo se puede financiar el buen
periodismo si los periódicos desaparecen?
¿Existe un modelo diferente del publicitario
para financiar el buen periodismo? ¿Es viable el
cobro de contenido? Curiosamente, muchos de estos
interrogantes son los mismos que se formulan
quienes crean nuevos sitios Web en América
Latina.
Un hecho
indiscutible es que, al tiempo con la migración
de lectores del papel a la Web, no ha ocurrido
una de publicidad. El caso más emblemático es
el de The New York Times, cuya mayoría
de lectores viene vía online, pero el 90 por
ciento de sus ingresos aún proceden del papel.
Como decía ya en el año 2005 John Battelle,
cofundador de la revista Wired: "El
negocio que parece justificar el gasto de
producir periodismo de calidad es el que no está
creciendo (suficiente), y el que está creciendo
-Internet- no está produciendo suficientes
ingresos para hacer periodismo de la misma
calidad".
El documento The
State of the New Media, del proyecto para la
Excelencia del Periodismo, afiliado a la Escuela
de Periodismo de Columbia, hacía en el 2004 una
advertencia que aún está vigente: "Aunque
el periodismo online parece representar
oportunidad para los viejos medios en vez de
sólo canibalización, el tema más grande puede
ser financiero. Si el online prueba ser un medio
menos útil para las suscripciones y la
publicidad, ¿dará una base económica fuerte
para el periodismo, tal como la televisión y los
periódicos? Si no, el movimiento a la Web
podría conducir a una declinación general en el
alcance y calidad del periodismo... No porque el
medio no sea adecuado para las noticias, sino
porque no es adecuado para la clase de ganancias
que aseguran el periodismo".
De estas citas
sale una verdad de a puño, tanto para medios
tradicionales como para aquellos nuevos que
están incursionando en la Web: hacer buen
periodismo, buen contenido, vale. Pero,
probablemente, la discusión de cuánto vale
hacerlo está distorsionada, en un extremo, por
los propietarios de los medios tradicionales,
quienes aspiran a obtener en la Web los grandes
márgenes de rentabilidad a los que estaban
acostumbrados en el papel; y en el otro, por
muchos impulsores de nuevos proyectos, para
quienes basta con imaginación y perseverancia.
Como se dice en
algunos lugares de América Latina: "Ni
tanto que queme al santo, ni tan poco que no lo
alumbre". Vale la pena arriesgar la
siguiente hipótesis de trabajo: la mayoría de
operaciones de sitios Web de periódicos de
América Latina, como del mundo, son o pueden ser
lo suficientemente rentables como para costear el
buen periodismo. Pero sus propietarios se quejan
porque esos márgenes de rentabilidad no son tan
grandes como los del impreso, lo que los ha
llevado a sugerir la creación de barreras de
cobro por el contenido, entre otras alternativas.
Y, en el otro extremo, si bien crear proyectos de
contenido ya no requiere la compra de una
rotativa de 10 millones de dólares, sí un
capital mínimo para hacer periodismo de calidad.
Ese es el
desafío de los nuevos proyectos periodísticos
Web en América Latina y el mundo: conseguir esos
recursos mínimos para garantizar el buen
periodismo.
La gran
contradicción, por lo menos en la región,
radica en que hacer ese buen periodismo puede
significar, como lo demuestran múltiples
experiencias (aquí descritas), el bloqueo de
ingresos, pues esos proyectos cuestionan, la
mayoría de las veces, el statu quo.
Esto parece condenarlos a depender de los fondos
de fundaciones y de donaciones, entre otras
opciones.
Si los
periódicos, por otra parte, quieren seguir
siendo relevantes en sus sociedades, tendrán que
reducir las expectativas de ganancias en el nuevo
entorno Web y entender, sobre todo, que su
visión de la sociedad y la realidad ya no es la
única que existe.
Cualquiera sea
la respuesta sobre la financiación, lo
importante es tener claro que no son los
periódicos sino el buen periodismo lo esencial
para la democracia (y ese no siempre está
asociado a los periódicos), que es una tesis
sostenida por muchos autores.
"La
insistencia en asociar el periodismo que hacen
los periódicos a la democracia me irrita, no
sólo porque exagera la calidad y la necesidad
urgente de la mayoría del trabajo hecho por
aquellos (afirmación especialmente válida en
América Latina), sino porque infla su capacidad
para hacer de nosotros mejores ciudadanos,
votantes más inteligentes y contribuyentes más
iluminados. (...) Todas estas expresiones
románticas sobre cuán esenciales son los
periódicos para la vida cívica y el proceso
político me hacen dar nostalgia de los días, no
hace mucho, en que todos los odiaban", dice
Jack Shafer, editor de la revista Slate,
en una edición del 2009.
Clay Shirky, un
reconocido analista y observador de Internet y
quien coincide con este planteamiento, remataba
en una de sus columnas ('Periódicos y pensando
lo impensable'), con un llamado a la acción:
"¡Olvidémonos de salvar a los periódicos!
¡Experimentemos con nuevas formas de hacer
periodismo en la era digital!".
En América
Latina no tenemos que esperar a que llegue la
crisis de los periódicos para hacerlo.
Desarrollo
de nuevas habilidades de los periodistas, la
clave para la supervivencia en el entorno digital
Las facultades
de comunicación y periodismo de América Latina
son protagonistas de primera línea de la que
podría ser la revolución digital en la región,
pero por estar de espaldas a ella.
A la lluvia de
críticas en diferentes escenarios, de los que el
Foro de Austin no fue la excepción, ahora se
adjuntan cifras que deberían llamarlas a la
reflexión:
Sólo el 7,5 por
ciento de quienes respondieron este año (5 de
junio a 20 de julio) el sondeo de la Fundación
Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) sobre
necesidades de formación de medios digitales
dijo haber obtenido en la universidad (en los
pregrados) los conocimientos necesarios para
desempeñarse en la operación online en la que
trabaja. La mayoría (65,4 por ciento) los
adquirió por cuenta propia (autodidactas).
El sondeo online
fue respondido por 588 personas de los países de
la región, que representaban sitios de medios
tradicionales, blogs en plataformas públicas o
en medios online, individuales, colectivos,
medianos, grandes, gubernamentales, vinculados a
organizaciones sociales (ONG, sindicatos,
partidos políticos), empresariales y
universitarios, y centros de investigación.
El bajo
porcentaje de quienes dijeron haber obtenido en
la universidad los conocimientos necesarios para
desempeñarse en la operación online adquiere
más relevancia si se toma en cuenta que, a pesar
de que el sondeo fue abierto a cualquiera que
generara contenido para la Web, el 94 por ciento
de quienes respondieron dijo tener formación en
periodismo.
A riesgo de no
reconocer esfuerzos puntuales exitosos, se puede
decir que las universidades de América Latina
tienen dos estrategias (erradas) para abordar el
tema digital: crear una asignatura marginal con
el nombre de periodismo digital en
cualquiera de los semestres, y, sobre todo, por
razones de rentabilidad, crear diplomados,
especializaciones o postgrados con nombres
rimbombantes, que la mayoría de veces ocultan su
baja calidad.
En pocas
oportunidades, por no decir en ninguna, sin
embargo, se han propuesto replantear la totalidad
del programa a la luz de la nueva realidad. Un
programa reformado debería tener tres ejes: uno
periodístico, uno digital y, finalmente, uno
emprendedor.
Si bien los dos
primeros ejes no necesitan explicación o
justificación adicional, hay que decir que el
tercero representaría una oportunidad para los
egresados, a quienes las universidades les venden
la ilusión de que conseguirán empleo, en el
caso del periodismo en un medio tradicional,
cuando saben que este campo no sólo es limitado
sino que está en franca contracción.
Internet
representa la opción laboral de miles de
egresados que salen cada año en la región, pero
que no han sido acostumbrados a crear empresa
sino a llenar hojas de vida.
La clave del
éxito de estos egresados, tanto en el entorno de
los nuevos medios como en organizaciones
tradicionales (incluyendo medios), son las nuevas
habilidades, para las que no están formando las
universidades.
¿Qué
habilidades o conocimientos? La Fundación Nuevo
Periodismo Iberoamericano inventarió al menos
33, que cubrían ocho categorías: narrativa,
negocio, Web 2.0, creación y diseño de sitios,
construcción de audiencia, administración de
sitios, reportería y habilidades básicas, y
contexto.
Narrativa
- Cómo
contar historias con video / Cómo
capturarlo / editarlo / producirlo /
publicarlo
- Cómo
contar historias con audio / Cómo
capturarlo / editarlo / producirlo /
publicarlo
- Cómo
contar historias con fotos (individuales
o galerías, con audio o sin él) / cómo
capturarlas, editarlas / Cómo
producirlas / publicarlas
- Cómo
escribir para la web
- Cómo
utilizar bases de datos para contar
historias. (Por ejemplo, que cada usuario
pueda ver en un mapa cómo afecta la
criminalidad el barrio en que vive).
- Cómo crear
formas alternativas de historias: trivias
(cuestionarios), encuestas,
funcionalidades interactivas, juegos
(Gaming)..
- Cómo crear
productos multimedia, infografías
animadas, etc.
- Cómo
desarrollar contenidos para dispositivos
móviles.
Negocio
- Cómo
diseñar y evaluar modelos de negocio
(estructura de costos, sostenibilidad,
rentabilidad).
- Cómo crear
y comercializar publicidad web.
- Cómo rigen
los derechos de autor y propiedad
intelectual en Internet. Qué se puede y
qué no se puede hacer con contenido de
terceros.
- Cómo crear
operaciones de comercio electrónico en
sitios Web.
Web 2.0
- Cómo
promover y administrar el contenido
generado por los usuarios y su
participación en sitios online.
- Cómo
crear, promover y mantener proyectos de
periodismo participativo en la Web.
Creación y
diseño de sitios
- Cómo
diseñar y crear sitios de Internet
fáciles de usar. Cómo mejorar la
experiencia del usuario.
- Cómo
organizar la información en un sitio Web
/ arquitectura de información.
- Cómo usar
sistemas de administración de contenido.
- Qué
software libre puedo usar en mi sitio
Web.
- Cómo
diseñar y administrar bases de datos
(para crear guías de ciudad y
entretenimiento, por ejemplo).
Construcción
de audiencia
- Cómo
mejorar la posición de un sitio o
contenido en motores de búsqueda / Search
Engine Optimization (SEO).
- Cómo
analizar las mediciones de tráfico de un
sitio (pageviews, usuarios únicos, etc.)
para tomar decisiones sobre contenido
(Métrica).
- Cómo
publicar, mantener y atraer audiencia
hacia los blogs.
- Cómo
utilizar las redes sociales para promover
sitio y contenido, hacer campañas de
mercadeo y/o publicidad.
Administración
de sitios
- Cómo
organizar la operación online.
- Cómo
entrenar y enseñar a otros miembros del
equipo en nuevas habilidades o conceptos
(transferencia de conocimiento).
- Cómo
entender y administrar las relaciones con
el área de tecnología/ingeniería en la
operación online. (Esto incluye el lugar
en el que se aloja la página, desarrollo
de proyectos de contenido,
funcionalidades, etc.)
- Cómo
integrar operaciones/redacciones de
papel, TV, radio, Internet /
convergencia.
Reportería
y habilidades básicas
- Cómo hacer
reportería e investigación.
- Cómo
mejorar gramática y estilo en la
escritura (puntuación, tildes,
sintaxis).
- Cómo
identificar conflictos éticos en la Web.
- Reportería
Asistida por Computador.
- Uso de
telefonía móvil para reportear eventos
noticiosos con texto, audio y video.
Parafraseando
apartes del prólogo de la edición española del
libro Periodismo 2.0, de Mark Briggs
(del cual soy autor), es un error pensar que
estas habilidades son sólo una nueva exigencia
de los medios (y organizaciones) tradicionales
para sobrevivir. Se ha vuelto un lugar común
decir que con Internet cualquiera puede ser un
editor, que no se requiere una rotativa de 10
millones de dólares para producir y distribuir
contenido. También se ha vuelto un lugar común
decir que cada vez más el periodismo se está
produciendo fuera de los medios tradicionales.
Esos lugares comunes (que no por comunes son
falsos) sirven para demostrar que es el entorno
tecnológico y no los medios el que está
redefiniendo el perfil y las habilidades de los
periodistas, y de cualquiera que quiera generar
contenido en la Web.
"Es un
error pensar que el periodismo digital en el
contexto de Estados Unidos es muy diferente del
de América Latina y que, por lo tanto, nuestras
necesidades en términos de desarrollo de
habilidades son también diferentes. Quienes
sostienen esta tesis se basan -fundamentalmente-
en el bajo nivel de conectividad en la región y
por eso, por ejemplo, no ven que Internet sea una
amenaza para la circulación de los periódicos.
No, definitivamente, no es así. Nuestro contexto
no es tan diferente del de los países
desarrollados. Ellos están en una etapa más
avanzada de un mismo proceso. Difícilmente hay
otras actividades en las que la palabra globalización
tenga tanto significado como en los medios y el
periodismo digital, gracias a Internet. Incluso,
el argumento de la baja conectividad es
fácilmente controvertible: sólo hay que mirar
la acelerada penetración de la telefonía
celular en el continente. Seguramente, ocurrirá
lo mismo con la penetración de Internet",
dice el prólogo.
*
Guillermo Franco
es autor del estudio El Impacto de las
Tecnologías Digitales en el Periodismo y la
Democracia en América Latina y el Caribe,
producto del 7th Austin Forum on Journalism in
the Americas realizado en la University of Texas
en Austin, el 11 y 12 de septiembre de 2009. El
libro fue editado por el Knight Center for
Journalism in the Americas Open Society
Foundations Media Program, del que extraemos este
capítulo.
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