Libertad de
expresión y de prensa: ¿hacia dónde caminar?
Centro Nacional de
Comunicación Social
El
secuestro y la posterior liberación de cuatro
periodistas en el estado de Durango (norte), en
el marco de una cobertura periodística, ha
llevado al centro del debate público el contexto
en el que se ejerce el periodismo en México.
Televisa y Multimedios, dos medios de alcance
nacional, se vieron en la tesitura de responder a
las exigencias de los secuestradores,
supuestamente miembros del crimen organizado, que
influyeron en su línea editorial antes de
liberar con vida a los periodistas. Si bien es
cierto que las agresiones contra periodistas y
medios de comunicación han ido en aumento, no
estamos ante una situación novedosa.
El Centro Nacional de
Comunicación Social (Cencos) fue la primera
organización de denuncia a las agresiones contra
periodistas en México, iniciando esta actividad
a mediados de los años setenta; busca promover
la libertad de expresión y en específico la
libertad de prensa como un derecho individual de
los y las periodistas y como derecho colectivo de
la sociedad de recibir información.
Desde 2000, al menos 57
periodistas han muerto y 10 permanecen
desaparecidos. Sólo entre 2009 y lo que se lleva
de 2010 se contabilizan, al menos, 17 asesinados
y dos desapariciones. En un 60% de estos casos
una de las hipótesis principales vincula las
agresiones con el trabajo periodístico que
desarrollaban las víctimas, que daban cobertura
a temas relacionados con el narcotráfico y la
corrupción política. Destaca también que se
trata de muertes y desapariciones de periodistas
de ámbito local.
Este caso de Durango, como lo
sucedido en Tamaulipas en marzo, pone en
evidencia un fenómeno nuevo: no está siendo
posible obtener información detallada y completa
de los casos. Persisten varios vacíos de
información. Sin duda esto está condicionando
el trabajo de las organizaciones civiles
dedicadas a documentar las agresiones en contra
de la libertad de expresión debido, entre otras
cosas,a la desconfianza e incertidumbre que vive
el gremio periodístico. Esto no sólo impide una
denuncia pública motivada sino también
establecer cuales son los mecanismos apropiados
para asistir a las víctimas y sus familiares y
proveerles de la seguridad necesaria frente a
nuevas agresiones.
Crimen
organizado: el actor incómodo
El contexto de violencia actual se
debe, entre otras cosas, a las políticas de
seguridad implementadas por el gobierno de Felipe
Calderón en su lucha contra el
narcotráfico. Los intereses de los grupos
del crimen organizado, que se enfrentan por el
control territorial, están afectando también la
cobertura informativa y condicionando los
contenidos difundidos por los medios de
comunicación.
Sin embargo, el análisis
detallado de algunos casos ha permitido concluir
que no es posible considerar a los grupos del
crimen organizado como actores fuera de la
responsabilidad del Estado. Entre otras cosas
porque estos grupos han infiltrado las
estructuras del Estado en los diferentes niveles
de gobierno y actúan amparados o en colusión
con los poderes públicos.
El secuestro de los cuatro
periodistas el pasado 26 de julio se produjo cuando estos
venían de cubrir las protestas de los internos
del Centro de Readaptación Social número 2 de
Gómez Palacio, Durango, que demandaban la
reinstalación la directora del penal, acusada de
permitir que narcotraficantes salieran de la
prisión armados y en vehículos oficiales para
asesinar a miembros de grupos rivales. Su
liberación estuvo condicionada a la publicación
de una serie de videos que pretendían denunciar
la corrupción de funcionarios locales con un
grupo del crimen organizado rival.
¿Qué
políticas de Estado existen y faltan?
La respuesta del Estado está
siendo insuficiente, a pesar del crecimiento del
número de agresiones, de su gravedad, de las
recomendaciones de organismos internacionales de
derechos humanos y de las denuncias de
periodistas y organizaciones de la sociedad
civil. No existen mecanismos para prevenir nuevos
ataques ni proteger a periodistas y medios de
comunicación en situación de riesgo; no existen
tampoco acciones que garanticen la justicia.
La actuación de la Comisión
Nacional de Derechos Humanos (CNDH) fue
ampliamente cuestionada por no aplicar los
protocolos de actuación que requieren los casos
de secuestro o desaparición forzada. Este
organismo autónomo, no jurisdiccional, emitió un comunicado a las pocas horas del
secuestro sin considerar que podía poner en
riesgo la vida de los periodistas. Este es un
ejemplo de como la CNDH por medio del Programa de
Agravios a Periodistas y Defensores Civiles de
Derechos Humanos, que fue creado desde 1991, no
ha logrado entender la magnitud y evolución de
la problemática.
Desde la Secretaría de
Gobernación (Segob), el recién instalado
secretario Francisco Blake Mora insistió en la tesis
gubernamental de que el crimen organizado
es la mayor amenaza para los derechos
humanos en el país y también para los
periodistas. Con estas afirmaciones el gobierno
no está asumiendo que es responsabilidad de
Estado mexicano la investigación y sanción de
los responsables de las agresiones, también
cuando están implicados grupos del crimen
organizado, y que esto debe hacerse acorde con
los instrumentos internacionales como la Convención
de Palermo.
Existe una Fiscalía Especializada
en la Procuraduría General de la República
(PGR) encargada de investigar las agresiones en
contra de la libertad de expresión. El
desempeño de la FEADLE ha sido criticado por la
falta de resultados, a pesar de que fue reformada
recientemente. No hubo en este caso claridad
sobre cual fue su participación en las
investigaciones. La liberación de los dos
últimos periodistas el 31 de agosto estuvo a
cargo de la Policía Federal. El Secretario de
Seguridad Pública federal, Genaro García Luna, apareció públicamente en una rueda de prensa
con los periodistas e informó de que al parecer
los captores habrían logrado escapar.
Es claro que lo ocurrido se
vincula al ejercicio de la libertad de
expresión, sin embargo dentro del marco
institucional de la PGR, corresponde a la
Subprocuraduría de Investigaciones
Especializadas en Delincuencia Organizada
investigar por ser supuesto responsable el crimen
organizado. Así nos preguntamos ¿Qué tipos de
casos puede atender la Fiscalía? Es de
conocimiento público que los casos son
turnados a otras dependencias por ser
enviados a la SIEDO o por ser del militar, o no
aceptados por no tener ámbito de competencia por
ser del fuero común.
La
incertidumbre de medios y periodistas
En este caso, fueron los medios de
comunicación de cobertura nacional los que
tuvieron que enfrentar una situación que, aunque
no lo parezca, no es novedosa para muchos medios
locales. Denise Maerker suspendió su programa
semanal Punto
de partida en Televisa el jueves 29 por la
noche, porque no estamos dispuestos a
fingir que no está pasando nada, y Ciro
Gomez Leyva, director editorial adjunto del Grupo
Editorial Milenio, denunció que no le corresponde a un
medio negociar el rescate de un secuestro.
El debate entre periodistas sobre
si era o no oportuno informar del caso se hizo
visible en redes como Twitter y Facebook durante
la semana. Se apeló a la solidaridad y las
acciones conjuntas del gremio y de los medios.
Varias iniciativas se empezaron a impulsar para
prevenir y contener la violencia y, también,
exigir una respuesta de estado. Destaca el llamado a una
manifestación amplia e incluyente bajo el lema
Los queremos vivos: Por tu derecho a saber
y mi derecho a informar el próximo 7 de
agosto en la Ciudad de México.
¿Hacia
dónde caminar?
Pero
¿Cómo prevenir las
agresiones y proteger a periodistas y medios?
¿Cómo acabar con la impunidad? ¿Cómo
garantizar que la ciudadanía tenga información
diversa, objetiva, plural, oportuna y veraz sobre
lo que sucede? ¿Cómo contribuir, finalmente, a
que los y las ciudadanas puedan tomar decisiones
informadas, derecho fundamental en toda sociedad
que se quiera democrática?
Desde la mirada de Cencos, como
observador y analista del fenómeno y de los
actores implicados, las respuestas tienen que
venir desde varios frentes. Diversas iniciativas
ya han intentado conjugar esfuerzos a lo largo de
estos años, con mayor o menor éxito, pero
convencidas de que la solución no vendrá de un
solo actor. Ante la complejidad del problema la
respuesta tiene que ser conjunta.
¿Será este caso el que rompa el
silencio, el punto de inflexión esperado para
revertir este fenómeno? ¿O tan solo formará
parte del recuento de agravios y, tal vez, se
convertirá en el inicio de las agresiones en
contra de periodistas de fuente nacional?
Estado: Prevenir y proteger,
investigar y sancionar.
El Estado debe de tener mecanismos
eficientes para prevenir las agresiones y
proteger a periodistas y medios de comunicación.
¿Cómo hacer para que el Programa de Agravios a
Periodistas y Defensores Civiles de Derechos
Humanos de la CNDH sea realmente eficaz?
¿Cuánto muertos más necesita el ejecutivo para
impulsar, con la voluntad política que se
requiere, un mecanismo ad hoc que proteja a
periodistas y medios de comunicación en
situación de riesgo?
¿Es la Fiscalía Especial el
órgano adecuado para investigar los asesinatos,
desapariciones, amenazas y demás agravios por el
ejercicio de la libertad de expresión y de
prensa? ¿Cuántas recomendaciones más de
organismos internacionales de derechos humanos
necesita el Estado para actuar? Esto tomando en
cuenta la visita oficial de las relatorías sobre
libertad de expresión de la Organización de
Estados Americanos (OEA) y de la Organización de
las Naciones Unidas (ONU) del 9 al 24 de agosto.
El poder legislativo debe formar
parte de la solución. ¿Piensa que se puede
atajar el problema sin generar el marco legal
adecuado? ¿Cuánto tiempo más se debe esperar
para que federalice las agresiones contra la
libertad de expresión, dote de recursos
económicos al Ejecutivo para generar mecanismos
de protección o legisle de manera integral sobre
medios de comunicación y telecomunicaciones?
Y el olvidado poder judicial,
¿por qué no se asegura de que jueces y juezas
apliquen en la impartición de justicia
jurisprudencia internacional con los más altos
estándares de protección a los derechos humanos
y, en particular, a la libertad de expresión y
prensa?
Periodistas: Solidaridad
El ejercicio de la libertad de
expresión no es privativo de los periodistas.
Pero son periodistas y comunicadores y
comunicadoras en general quienes utilizan este
derecho cotidianamente en sus tareas de
investigar, recopilar y difundir informaciones
necesarias para la sociedad. ¿Cómo hacer para
que sean las y los periodistas quienes
reaccionen, visibilicen y denuncien las
agresiones que sufren? ¿Cómo deben cobijarse
mutuamente y capacitarse para reaccionar en
contextos cada vez más adversos? ¿Cómo
reaccionar ante las agresiones que sufren las y
los periodistas de los medios locales? Cabe
mencionar que ante el posible secuestro de un
periodista en el estado de Zacatecas (norte) en
días anteriores, no ha existido una reacción al
mismo nivel.
Pero también surgen otros temas
vinculados a los contenidos: ¿Cómo dar
cobertura a los temas de violencia, narcotráfico
y corrupción política? ¿Cómo retomar los
temas de cada compañera o compañero agredido
para que no se rompa la cadena informativa? Cómo
hacer, en definitiva, un periodismo cada vez más
responsable socialmente, de manera que la
ciudadanía en su conjunto se sienta identificada
con el gremio y se solidarice con él exigiendo
su derecho a estar informada.
Dueños de los medios de
comunicación: Condiciones para sus trabajadores
y trabajadoras
Sin duda el papel de los dueños
de los medios de comunicación resulta
fundamental. El poder económico y político de
algunas empresas mediáticas ha sido capaz de
condicionar algunas leyes en el país, haciendo
valer sus intereses empresariales. En este caso,
sin embargo, los dueños no se han posicionado
ante los hechos. ¿Dónde está su fuerza, su
compromiso periodístico y su voz frente a la
sociedad y el estado para exigir la protección
necesaria y la investigación de las agresiones
de sus trabajadores y trabajadoras? ¿Por qué se
resisten los medios de comunicación a generar
códigos de ética periodística que protejan a
sus periodistas, dándoles certeza en su trabajo
cotidiano? ¿No son las empresas mediáticas las
encargadas de darles también la protección,
incluyendo las condiciones laborales adecuadas
para su desempeño profesional?
Sociedad civil: La defensa del
derecho a estar informado
La reacción de la ciudadanía se
hará patente cuando sientan que con cada
agresión se vulnera su derecho a recibir
información oportuna, objetiva, plural y veraz.
Cuando sientan que la información que falta
impide tomar las decisiones políticas adecuadas.
Las organizaciones que durante
años llevan trabajando el problema debemos
seguir empujando la agenda de libertad de
expresión, obligando a los actores estatales a
cumplir con los compromisos adquiridos y abriendo
espacios amplios de discusión. ¿Cómo coadyuvar
en esta solución conjunta si no se visibilizan y
denuncian las agresiones tanto a nivel nacional
como internacional, ante la falta de condiciones
para documentar los casos, la falta de difusión
por parte de los medios y el hecho que los y las
periodistas no están asumiendo en general sus
propios casos?
¿Cómo hacer, finalmente, para
que periodistas y medios de comunicación
dispongan de las herramientas de los derechos
humanos, se apropien de ellas y las utilicen para
protegerse y exigir justicia?
En este escenario la tarea
es ardua pero debe ser compartida con
corresponsabilidad.
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