La opinión
fotográfica
Información y opinión: binomio
inseparable ( I )
Carlos
Abreu *
Antes
de pasar a examinarlos debemos decir que opinar
deriva del latín "opinare", que
significa emitir juicios o pareceres sobre algo
(1). Como el ser humano está dotado de
inteligencia, mediante la misma examina los
hechos, los confronta y evalúa con sus
experiencias, conocimientos e intereses para así
hacerse su propia visión de ellos.
Para Carlos
Delgado Dugarte (2), la opinión también es un
hecho psicológico habida cuenta que es el
resultado de un proceso que se desarrolla en la
mente del hombre. No obstante, aclara que hay una
diferencia entre el carácter psicológico de la
información y el de la opinión.
De acuerdo con
su punto de vista, la primera se produce en la
mente del receptor cuando recibe los datos que la
transportan. En cambio, la opinión se produce en
la mente del emisor que la expresa. En otras
palabras, el concepto de información se realiza
en la recepción mientras que el de opinión en
la emisión.
Aun cuando no
está entre nuestros propósitos discutir sobre
una materia -la psicología- que, por lo demás,
no es de nuestra competencia, no se puede dejar
de recordar que diversos autores coinciden en
indicar que lo que transmite un mensaje
fotográfico está determinado en buena medida
por la competencia del receptor.
Es decir, de la
"actualización" que haga del
significado de la imagen (3). De modo que en
función de su "saber de lector", vale
decir, de lo que sepa acerca de lo que la foto le
muestra, y de su bagaje cultural e ideológico,
entenderá o aceptará el mensaje u ocurrirá lo
contrario.
De manera que,
según se desprende de estas explicaciones,
información y opinión está indisolublemente
unidas, tanto al emisor del mensaje como a su
receptor. Más aún, tanto una como la otra
están siempre presentes.
Ciertamente,
cuando el reportero gráfico selecciona a través
del visor de su cámara un fragmento de la
realidad, este último, materializado en
fotografía, será portador de diferentes datos.
Del mismo modo, al escoger un punto de vista
-conscientemente o no- el reportero gráfico
estará plasmando su subjetividad, su opinión,
en la imagen captada.
La
competencia discursiva del receptor
De modo que
será la competencia discursiva del lector la que
determine, en buena medida, que la imagen tenga
los efectos informativos o de opinión buscados
por el emisor.
En este sentido,
Manuel Alonso y Luis Matilla (4) aseguran que los
creadores de mensajes visuales actúan con
intenciones comunicativas concretas y dotan a sus
propuestas de significados precisos.
Empero,
advierten que dichos creadores reconocen que en
la recepción de los mensajes el público está
influido por un contexto personal y social que
matiza el significado original, y provoca la
aparición de diferentes sentidos para idénticas
imágenes.
Aseguran que el
"código de reconocimiento" actúa de
manera muy homogénea en grandes sectores con
bases culturales comunes, lo que determina que
las figuras sean reconocidas como tales en
escenarios concretos e identificables.
A su juicio, la
percepción o reflejo de escenas y situaciones a
través de la imagen material no difiere entre
unos y otros observadores, siempre que la lectura
se haga en condiciones similares -espaciales y
temporales- de recepción.
Aunque sí se
aprecian, aclaran, distintos grados de conciencia
o advertencia en ese reconocimiento, que marcan
distancias en la recepción más reflexiva o más
refleja de los mensajes. Pero, en fin, por lo
general no existen desacuerdos en lo que una
imagen dice, refleja o representa.
Alonso y Matilla
agregan que la decodificación
"literal" de la propuesta visual se
completa con su acción sobre el universo mental
de los lectores, en el que, consciente o
inconscientemente, éstos conservan un
incalculable número de relaciones emocionales
entre escenas y sentimientos, entre visiones y
emociones.
Así, indican,
nacen las sugerencias, las connotaciones, cuya
estrecha vinculación con el mundo interior de
cada persona provoca muchas matizaciones y
divergencias interpretativas. Y añaden: "Es
el poder de la sugerencia, la diversidad de las
connotaciones posibles, lo que convierte la
comunicación por imágenes en polisémica.
Porque el reconocimiento de las formas, la
significación literal de las imágenes, se
presta a pocas dudas, sobre todo en imágenes con
alto grado de figuratividad.." (5)
De manera que la
polisemia de las imágenes nace de las
connotaciones o sugerencias que provocan las
relaciones entre los diferentes elementos que
conforman el "todo de la propuesta
visual", vale decir, "de la
interpretación de las figuras en sus contextos,
de la interacción cruzada entre las formas y los
significados".
Una
prueba contundente
Para sustentar
afirmaciones como las anteriores, Alonso y
Matilla llevaron a cabo una investigación. Una
imagen del famoso actor de cine Al Pacino fue
proyectada a un grupo de 26 alumnos de Ciencias
de la Información, rama imagen.
A estos
estudiantes se les pidió que, con la imagen
proyectada ante ellos, describieran con suma
minuciosidad qué veían, como si fueran a
comunicarle a un ciego el contenido de la figura.
Una vez
concluido el ejercicio, para el que no se dio
límite estricto de tiempo, se elaboró una lista
de los datos mencionados al menos por un
estudiante y se confeccionó la siguiente
descripción total de la imagen, en la que
aparece entre paréntesis el número de alumnos
que citó cada dato:
Primer plano
(13) frontal (1) de un hombre (21) joven (15),
con gafas (9) de sol (2) cortadas (1) con un
reflejo (1), de pelo (25) largo (10) negro (7) y
peinado (15) de determinada manera. Se distingue
forma de la cara (7), frente (11) amplia (6),
tapada (5), cejas (11) negras (1) y pobladas
(11), ojos (16) y su tamaño (7), color (1) y los
pómulos (12) de tal forma (9).
Lleva barba y
bigote (23) de tal forma (11) y color (6). Se
distinguen la boca (12), los labios (11), las
orejas (3) y la barbilla (4)... Aparecen los
colores negro (8), blanco (3), naranja-ocre (9) y
azul (1), en tal proporción (5) y contraste (6).
El hombre va vestido (5) de alguna forma y tiene
tal expresión (14).
Así se
repartieron en la descripción las 399
nominaciones que los 26 estudiantes hicieron de
estos 44 datos que hemos registrado como
nombrados en alguna ocasión. Cada estudiante
mencionó, como media, 15,3 datos de los 44
registrados por el grupo (399/26= 15,3). El más
detallista citó 25 y el más superficial cinco.
Veamos la distribución:
10 datos o
menos ......................................
7 alumnos
De 11 a 15
datos........................................
7 alumnos
De 16 a 20
datos........................................
5 alumnos
De 21 a 25
datos .......................................
7 alumnos
El índice más
alto de lectura individual con respecto a la
lectura global del grupo fue del 57 por ciento
(25 datos sobre 44) y el índice medio de las
lecturas individuales arrojó un 35 por ciento
(15,3 datos sobre 44).
No obstante,
Alonso y Matilla advierten que tal vez estos
datos no resulten tan confiables habida cuenta
que, por ejemplo, no se tiene garantía de que
los alumnos pusieran el interés adecuado en
todos los casos.
Pero mencionan
la prueba como demostración de que incluso en
los momentos en que un grupo sensibilizado con la
comunicación por imágenes trata de agotar la
descripción de los datos reales cifrados en un
mensaje icónico, no llega a describir plenamente
su contenido más que por la suma de los datos
reseñados individualmente.
De esta manera,
cada miembro del grupo concreta la recepción de
un sector parcial de información. El resto de la
información le llega también, pero de manera
inconsciente.
Dispersión
connotativa
Con las
sugerencias, con las connotaciones, empero, no
sucede lo mismo. Estas resultan diferentes para
cada sujeto en función de su carácter,
experiencia e ideología. Veamos el cúmulo de
sugerencias que la imagen de Pacino despertó
entre el mismo grupo de estudiantes:
Tristeza (6
casos), protesta (5), atención-concentración
(5), juventud actual (4), frente a la realidad
(4), fuerza agresiva (3), impotencia-hastío (3),
notoriedad buscada (2), dureza (2), frialdad (2),
indiferencia (2), inteligencia (2), profundidad
(2), preocupación (2), rencor (2), valentía
(2), recuerdo (2), seriedad superficial (1),
introversión (1), extrañeza (1), experiencia
(1), sin prejuicios (1), hombre completo (1),
integración (1), soledad (1), huida (1), nervios
(1), timidez (1), voluntad y carácter (1),
Jesucristo (1), desgano (1), inquietud (1),
irascibilidad (1), vitalidad (1), cansancio (1),
espera (1), amargura en la aceptación (1),
reflexión (1), artista (1), europeo (1),
vanguardia (1), músico (1), publicidad (1),
vedettismo (1), melancolía (1).
En resumen, 26
personas suministran, con 84 opiniones, 48
conceptos diferentes. La media de sugerencias por
sujeto -dejados todos en libertad para dar
cuantas opiniones desearan- es de 3,23 mientras
la media de conceptos es de 1,75. La sugerencia
que mereció mayor acuerdo, es decir,
"tristeza", solamente contó con el 23
por ciento de los "votantes" mientras
que 28 sugerencias tuvieron uno solo.
De más está
decir que la dispersión connotativa resulta
sumamente notoria y deja en claro el hecho de que
la imagen desencadena un proceso de
significación que va mucho más allá de su
representación "literal" (6).
Opinión
implícita y opinión explícita
De modo que la
información como la opinión están presentes
simultáneamente en los mensajes. No obstante, en
algunos casos una impera sobre la otra. Y en ello
las intenciones del emisor resultan decisivas
Para comprender
este asunto es necesario diferenciar entre
opinión implícita y opinión explícita. En
cuanto a la primera, Federico Alvarez (7) explica
cómo desde ramas tan disímiles como la
psicología, la semántica, y la teoría de la
comunicación se puede demostrar que el trabajo
del periodista está impregnado de subjetividad a
la hora de elaborar sus informaciones.
Esta inevitable
subjetividad -que hemos llamado opinión
implícita- en consecuencia está presente, como
indica Alvarez, en todo el proceso de búsqueda,
selección, redacción y presentación de los
mensajes "informativos".
De esta manera,
siempre hay ingredientes subjetivos, de opinión,
en los géneros informativos. Por ejemplo, lo que
un periódico considera importante lo expresa
mediante la ubicación, despliegue y
diagramación. Sobre el particular, Luis Angulo
explica: "La opinión implícita corresponde
a todo lo que tradicionalmente se conoce como
"periodismo informativo" y
"periodismo objetivo"... Esta forma de
opinión, por no presentarse como tal, por
ocultar sus propósitos conativos, se hace muy
eficaz como recurso persuasivo".
Y añade:
"El
público recibe el efecto de manera inconsciente,
aceptando la visión del mundo que le ofrece el
medio, sin oponer resistencia crítica. En el
campo de la investigación ha quedado demostrado
este carácter opinante de la llamada
`información´" (8).
Respecto de la
opinión explícita concebimos ésta como aquella
en la que el emisor emite sus juicios y pareceres
directamente, sin subterfugios, al contrario de
la opinión implícita, en la que el grado de
subjetividad es inconsciente y/o producto de la
aplicación de una línea informativa.
En la
fotografía periodística obviamente se opera
esta simbiosis de información y opinión o -si
se prefiere- de opinión implícita y explícita.
Junto con los elementos denotativos (9) se
superponen los elementos icónicos de
connotación (10), a los cuales haremos
referencia detenidamente en nuestra próxima
entrega.
REFERENCIAS
- DELGADO, Carlos.
Periodismo informativo 1. Facultad de
Humanidades y Educación. Universidad
Central de Venezuela. Caracas, 1974. P.
13
- Idem
- ESPARZA, Ramón.
"Testimonio Fotográfico y
Persuasión" en Información y
Persuasión. Terceras Jornadas
Internacionales de Ciencias de la
Información. Servicio de publicaciones
de la Universidad de Navarra. España,
1989. P. 465
- Imágenes en acción.
Ediciones Akal. Madrid, 1990. Pp. 65-66
- ALONSO, Manuel y Luis
Matilla. Ob. Cit. P. 66
- ALONSO, Manuel y Luis
Matilla. Ibid. Pp. 81-83
- La información
contemporánea. Contexto editores.
Caracas, 1978. Pp. 37-44
- ANGULO, Luis. Dos
estrategias retóricas en el periodismo
de opinión. Trabajo de ascenso. Facultad
de Humanidades y Educación. Universidad
Central de Venezuela. Caracas, 1990. P.
10. Dentro de la opinión implícita
también habría que incluir lo que
Eliseo Verón denomina serie visual
paralingüística, vale decir, aquellos
recursos de diagramación -recuadros,
tramas, por ejemplo- que sirven para dar
énfasis a un mensaje. Cf. VERÓN,
Eliseo. "Ideología y comunicación
de masas: la sistematización de la
violencia política" en Lenguaje y
Comunicación Social. Nueva Visión.
Buenos Aires, 1976. Pp. 146-147
- La denotación es el
primer lenguaje de información,
resultante de la relación entre signo y
objeto referencial. Los diccionarios
corrientes señalan relaciones de
carácter denotativo. Santiago Aldea e
Ignacio Vásquez explican que la
denotación es el proceso de
significación llevado a cabo dentro de
un signo, es decir, un significante
denota un significado específico. En el
discurso publicitario, por ejemplo, lo
que se denota siempre es el producto. Cf.
Estrategia y Manipulación del Lenguaje.
Universidad de Zaragoza, 1991. P. 117
- Se entiende por
connotación, la dimensión retórica de
los significantes, a la vez nivel
ideológico de los significados. Los
significantes de connotación se
denominan connotadores, pero Jean
Baudrillard explica que la ideología que
opera en el campo de la denotación es
más encubridora. Cf. AGUIRRE, Jesús y
Marcelino Bisbal. La ideología como
mensaje y como masaje. Caracas, 1981.
Igualmente, a BAUDRILLARD, Jean. Crítica
de la economía política del signo.
Editorial Siglo XXI. México, 1974. Por
su parte, Aldea y Váquez (Ob. Cit. P.
117) señalan que la connotación es un
proceso en el que el significante es el
signo denotador, pero el signo en su
totalidad apunta hacia algo más. En un
aviso de un perfume, la foto de Catherine
Deneuve, indican, denota a dicha actriz.
Mas, a su vez, ésta se convierte en
significante de lo francés,
"chic", elegante y sofisticado.
* ©
Carlos Abreu es
profesor de la Escuela de Comunicación Social de
la Universidad
Central de Venezuela.
Doctor en Ciencias de la Información por la Universidad de La Laguna (Tenerife, Canarias). La primera parte
de este ensayo fue publicado en la Revista Latina de
Comunicación Social,
número 23, de noviembre de 1999, y se reproduce
en Sala
de Prensa con la
autorización expresa de su editor. En las
siguientes actualizaciones presentaremos la
segunda y tercera partes de este trabajo.
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