¿Qué nos
contó Kapuscinski?
Javier
Darío Restrepo *
Pregunta para
Restrepo: La biografía de Ryszard
Kapuscinski, del escritor Arthur
Domoslawski, ha planteado preguntas como:
¿nos dijo siempre toda la verdad de lo
que había sucedido y de lo que había
sido testigo? ¿O cruzó las fronteras de
la ficción vendiendo lo que hacía, como
periodismo?
Si resultara, lo que de hecho es
comprobable, que Kapuscinski optaba por
fabular un poco en su obra, para obtener
un efecto deseado, ¿cambiaría esto su
opinión sobre Kapuscinski?
Maciek Wisniewski
Escritor polaco que investiga la vida y
obra de Ryszard Kapuscinski
Chiapas, México
Cuando
los periodistas narramos un hecho lo alteramos;
quiérase o no, al adoptar un enfoque, con
frecuencia privilegiamos un dato que nos parece
más significativo y así lo presentamos al
lector. Cabe preguntar si objetivamente ¿es el
dato más importante y dentro del desarrollo
del hecho fue el punto principal? Probablemente
no, pero al destacarlo obedecemos a
intencionalidades distintas, encontramos
que es más pedagógico, o que así tiene
más fuerza, o que sirve de punto de partida para
el desarrollo de la historia, etc.
Un proceso parecido encuentro
cuando el periodista infiere y narra lo que pudo
haber sido porque las circunstancias así lo
plantean. Había oscurecido, soplaban
ráfagas heladas y el personaje temblaba dentro
de su severo uniforme
militar. Al presidente no
le gustó lo que oyó de su agregado de
prensa. Y acogió con entusiasmo la idea de
hablar para este periódico.
Son
inferencias: ¿Ficción? ¿Mentira?
Las
mismas preguntas revelan que en el fondo hay
una discusión más fundamentalista que real. Hay
que recordar que la realidad no es tan rígida
como una fórmula matemática; lo real desborda
todas las rigideces de lo que tiene que ser así.
Nadie conoce ni da a conocer lo real-real.
Todo
esto para responder que las revelaciones de
Domolawski no disminuyen el valor que ha
tenido la vida periodística de Kapu. Son
revelaciones que lo liberan de las deformaciones
del mito. En un taller sobre Kapucinski dictado
en la FNPI y en otras partes, se les
plantean a los periodistas tres planos: lo que
somos, lo que podemos ser (Kapu) y lo que debemos
ser (el ideal o utopía ética). Se sitúa a Kapu
en el nivel de lo que podemos ser; no como una
realidad hagiográfica o mítica, sino como un
periodista de nuestro tiempo que dijo, escribió
o hizo cosas inspiradoras. Quizás hubo otras que
no lo son tanto, y que él mantuvo en su
intimidad, como a todos nos pasa.
Por
ejemplo, uno de sus silencios que hoy sirve
de base para acusarlo: sobre su pertenencia o no
al partido comunista. En cambio sí lo dijo en
muchas formas: su inclinación a la izquierda, en
cuanto esta significa predilección por los
pobres y los más débiles.
Uno
llega a la conclusión de que en toda esta
polémica se da por hecho:
- Que
afirmaciones como: un periodista
puede y debe decir la verdad y sólo la
verdad de los hechos, son
retóricas y no corresponden a la
realidad más común: que las verdades
del periodista son provisionales y sólo
fragmentarias.
- Que las
verdades del periodista no tienen que ser
como mariposas disecadas, que ahí están
rígidas e inmodificables; la experiencia
dice que se trata de algo tan fluyente y
cambiante como las aguas de un río. A la
luz de esto, ¿tiene tanta importancia el
detalle secundario que no altera la
esencia de un hecho pero que sí lo hace
atractivo y comprensible?
- El trabajo
del periodista no es el de reflejar la
realidad como un espejo, que no altera
nada, salvo que sea espejo deformante de
circo. El periodista no es espejo, es un
ser humano que, en beneficio de sus
lectores y en razón de su naturaleza,
altera la realidad para intensificarla
mediante la inclusión de este hecho
y no de otros; mediante el enfoque del
hecho a partir del dato que le sirve de
punto de partida, o primer párrafo; o a
través de elementos secundarios: clima,
luces, olores, colores, sonidos que no
alteran esencialmente el hecho.
- Creen los
polemistas que la objetividad es posible.
Una afirmación imposible de sostener.
Por eso Victoria Camps (El Malestar
de la Vida Pública) afirma que al
periodista no ha de preocuparle ser
objetivo sino ser honesto. Ante esto, lo
de Donoslawski calza como un guante:
Esto de cruzar las fronteras entre
ficción y no ficción sirve para los
más honestos y talentosos.
Kapucinski lo era.
Documentación
Kapuscinski
Ryszard
Entrevista con Gilberto Mesa, La Jornada, DF.
México.
El
periodista es una persona viva que, viviendo,
toma posición. Tiene emociones, siente, y sentir
y tener emociones ya es tomar partido. No creo en
el periodismo que se llama a sí mismo impasible,
tampoco en la objetividad en su sentido
formal.
Lo
que se puede entender por parcialidad es
conocimiento de los hechos, entendimiento de las
causas que motivan los hechos. Cuando estudias y
conoces las fuerzas que están detrás,
comprendes las razones que hacen mover a las
partes en conflicto. El periodismo es una
profesión apasionante, pero si sólo la mueve la
emoción, está lejos de cumplir su cometido; si
a ésta aúna el conocimiento, entonces el
resultado puede ser realmente importante.
No
puede ser testigo impasible, debe tener eso que
en psicología se llama empatía. Algunos no se
sienten vinculados, apasionados, o comprometidos,
o les parece que es una vida muy peligrosa. Para
llegar a la verdad, ésta tiene que ser algo más
importante que tu vida, y sólo teniendo esa
actitud es posible trabajar en países agitados y
peligrosos. Es por eso que el llamado periodismo
objetivo, desapasionado, para mí no puede
existir en situaciones de conflicto. Lo que
quiero decir es que por tratar de ser objetivo,
en realidad se desinforma.
*
Javier Darío Restrepo es miembro fundador de la Comisión de
Ética del Círculo
de Periodistas de Bogotá,
del Instituto
de Estudios sobre Comunicación y Cultura (IECO), de la Fundación para Libertad
de Prensa y de Medios para la Paz. Ha sido defensor del lector de los
diarios El Tiempo y El Colombiano.
Es autor de numerosos libros y artículos en
materia de comunicación social y ganador de
diversos premios como el premio a la ética
periodística del Centro Latinoamericano de
Prensa (1997). Es colaborador de Sala de Prensa. Este texto es respuesta a una pregunta
planteada en el Consultorio Ético que conduce en
el sitio de la Fundación Nuevo Periodismo
Iberoamericano (FNPI).
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