¿Qué es
buen periodismo?
Marcelo
Fernández-Zayas *
Vivimos
en una época donde abundan los diseminadores de
noticias y opiniones y escasean: el conocimiento,
la integridad y los buenos expositores del
acontecer diario. El periodismo, en los Estados
Unidos y posiblemente en muchos otros países,
atraviesa una bien ganada crisis de confianza.
Los culpables de esta penosa situación son las
empresas comerciales de prensa y, por encima de
todo, el público que no protesta de lo que
sucede.
El medio
dominante de las noticias, en casi todos los
países, es la televisión. En esta época audio
visual, la televisión es dueña y señora de la
información. Empezaremos analizando este medio
de comunicación. Generalmente, se selecciona a
una persona, hombre o mujer, para los noticieros
por su atractivo físico, su buena voz y
dicción, no por su intelecto. Si luce bien ante
las cámaras se estima que tiene carisma y
credibilidad. En otras palabras, predomina la
apariencia física sobre la inteligencia, el
conocimiento, la integridad y la honestidad.
Triunfo de la estética sobre la ética; de forma
sobre substancia; envoltura sobre contenido. Esto
no equivale a decir que no hay personas
atractivas físicamente y que reúnan, al mismo
tiempo, las cualidades intelectuales que se
requieren para el periodismo. Desgraciadamente,
si hay que sacrificar algo en este medio, el
intelecto y conocimiento llevan las de perder.
Conozco el campo
de la televisión, he trabajado en programas
nacionales en inglés y español, esto no quiere
implicar que sea un Adonis ni algo parecido.
Actualmente, asesoro empresas en este campo.
Muchas veces me piden que busque un
"experto(a)" en determinado campo, pero
hay veces que no lo(a) ponen en cámara porque no
"televisa bien", eufemismo que se
emplea para decir carente de belleza; no importa
que la persona recomendada sea la máxima
autoridad en su campo. Resultado: el público no
tiene la mejor información disponible.
Con las actuales
normas imperantes, en general, en la televisión
estadounidense, Napoleón Bonaparte no lo
seleccionarían para comentarista militar por ser
muy pequeño. René Descartes, no lo escogerían
para hablar de lógica, matemáticas o
filosofía, por ser muy feo. Y, Marco Tulio
Cicerón, hubiera limitado su oratoria a la
radio, porque la televisión hubiera objetado la
prominente verruga que mostraba en su rostro.
La manipulación
de información por la televisión es algo
increíble. Sin embargo, se hace en forma tan
sutil que el público no se da cuenta. A una
persona la ponen en cámara, la entrevistan por
largo rato y solamente escogen un segmento de
pocos segundos, fuera del contexto original, y la
muestran diciendo lo que el que dirige el
noticiero quiere decir. Esto ha llegado a un
extremo tal que muchos políticos, Henry
Kissinger, entre otros, no concede una entrevista
que no sea "en vivo" para evitar
manipulaciones. Están tan desacreditados los
noticieros de la televisión que los personajes
de los mismos, son apodados en esta capital como:
"cabezas parlantes". ¿Estas
manipulaciones pueden calificarse como
deshonestidad periodística? El lector tiene que
dar su veredicto? ¿Qué dicen las empresas de
televisión al respecto? Que lo que hacen son
"prácticas aceptadas".
La prensa
escrita no es inmune a estas faltas. Vamos a
definir la labor y función de sus participantes.
El reportero se debe limitar a relatar hechos,
imparcialmente, sin colorearlos con sus
opiniones. Los hechos deben de responder a estas
interrogantes: ¿Qué, cuándo, dónde, cómo y
por qué? Hay que ser muy cuidadoso al explicar
esta última interrogante, el por qué. El
reportero puede introducir, a sabiendas o por
ignorancia, un elemento parcial o subjetivo en su
crónica.
El columnista,
generalmente, expresa su opinión sobre ciertos
temas. El público sabe que el columnista no
está obligado a la imparcialidad. Es más, su
subjetividad es muchas veces su atractivo. Este
periodista representa un punto de vista conocido,
aceptado y compartido por un segmento del
público. No engaña, porque da su opinión sin
pretender ser objetivo.
El analista
desmenuza los hechos, trata de explicarlos en un
contexto histórico, político o de cualquier
otro aspecto los temas que enfoca. Presenta, en
lo que puede, una explicación de lo que hay
detrás de una noticia o suceso. Su labor es dar
más información al público sobre un tema para
que los lectores puedan llegar a un mejor
entendimiento de los sucesos o temas a tratar.
Los medios de
comunicación suelen emplear "expertos"
sobre diferentes temas a fin de profundizar en la
información. Hay que tener mucho cuidado con los
expertos. He encontrado, en los Estados Unidos,
que muchos expertos en países latinos tienen
conocimientos superficiales sobre los temas que
tratan. Un fin de semana en un país una vez al
año; amistades con diplomáticos; lecturas de
libros de otros "expertos", no
necesariamente califican a una persona para
sentar cátedra.
Hace más de 35
años que resido en Washington, en contacto
diario con políticos, diplomáticos,
burócratas, periodistas, espías y otros
habitantes de esta fauna. Trabajo,
principalmente, como asesor de medios de prensa y
tengo más dudas que respuestas, en muchas
ocasiones. Washington es una ciudad muy dinámica
y extremadamente compleja, es casi imposible
entenderla y dominarla totalmente.
Laboro con un
grupo de analistas conocedores y experimentados.
En 1991, cuando la guerra del Golfo Pérsico,
estábamos reunidos analizando los
acontecimientos. Supimos que el primer bombardeo,
silente y electrónico, había destruido los
radares y computadoras iraquíes en las primeras
cuatro horas de la guerra, el resto de la
contienda fue una operación de limpieza.
Concluimos el análisis con una buena
documentación del mismo y se lo enviamos a la
empresa que lo solicitó. Sin embargo, las
estaciones de televisión continuaron hablando de
la guerra por semanas. Mostrando una película de
archivo, vieja, distribuída por el Pentágono
que mostraba un mísil o cohete entrando por una
ventana de un edificio. Pocos hablaron que la
aviación y las computadoras estadounidenses,
habían destruído en pocas horas, silentemente,
las comunicaciones y los radares enemigos. Había
que explicar que esta fue una guerra instantánea
y electrónica; que marcaba el inicio de
contiendas bélicas que tenían como principales
actores técnicos anónimos, no generales. ¿Por
qué no lo hicieron? ¿Desconocimiento? No, las
"cabezas parlantes" sabían que tenían
un público cautivo y decidieron prolongar en los
televisores una guerra que había terminado
hacía días. Por supuesto, con la orden o
aprobación de sus empresarios. No es secreto lo
antes escrito, pero no es muy conocido.
Aclaremos un
punto: un buen reportero es un investigador, ese
es su trabajo. El termino, tan en moda, de
reportero investigador es redundante. Pasemos a
las entrevistas. Los que practican este arte son
personas que deben escuchar y después comprobar
todo lo dicho por el entrevistado.
Desgraciadamente, la radio y televisión muestran
que hay entrevistadores que hablan más que el
entrevistado; que no toman el trabajo de
verificar lo dicho por la persona. Muchos se
excusan diciendo, que no tienen tiempo porque
tienen que " salir al aire". Esta
premura los lleva a propagar verdades a medias y
a desinformar al público.
No quiero
concluir sin mencionar la censura de prensa. La
más prevalente y nociva no es la gubernamental,
sino la empresarial. Son los dueños o directores
de medios de comunicación los grandes censores.
Irónica y paradójicamente, algunas veces, los
más grandes enemigos de la libertad de prensa
son los empresarios del periodismo que manipulan
la información de acuerdo a sus caprichos o
intereses. ¿Existe alguna forma de mejorar el
periodismo? Sí, protestando a los patrocinadores
y anunciantes de empresas deshonestas.
© Marcelo Fernández-Zayas ( Todos los derechos reservados
por el autor )
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