Internet y
el periodismo electrónico
Javier
Echeverría *
1.-
Internet como nuevo medio de comunicación
En el primer
número de la revista Web, especializada en
Internet, Luis Foix, Director adjunto de La
Vanguardia y miembro del Consejo Editorial de
dicha revista afirmaba que "el fenómeno
Internet no es más que la punta del iceberg, es
el paradigma de la sociedad digital. Internet es
un nuevo medio de comunicación. Primero fue la
prensa, luego la radio, después la televisión.
Ahora asistimos al nacimiento de un nuevo soporte
para la información, que será la materia prima
más valiosa del siglo XXI. Son las redes de
telecomunicaciones, que forman un nuevo espacio
cultural y social. También es un nuevo
territorio para la comunicación y el
periodismo".
Es muy cierto
que las redes telemáticas suponen la aparición
de un nuevo medio de comunicación, que abre un
nuevo espacio para el periodismo. Sin embargo,
Ias redes de telecomunicaciones no sólo son un
medio de comunicación. También cabe ver en
ellas un nuevo medio de producción, que se irá
mostrando cada vez más claramente conforme se
desarrolle el teletrabajo. Además, suponen una
nueva forma de memoria, debido a que
interacciones sociales que anteriormente no
dejaban rastro duradero quedan ahora archivadas
en los discos duros de los ordenadores. Por
último, aunque cabe hablar metafóricamente del
"territorio Internet", lo cierto es que
las redes telemáticas rompen estrictamente con
la noción clásica de territorio. Por todo ello,
conviene analizar cuidadosamente la estructura de
Internet, así como el nuevo espacio social que
la red viene a crear, antes de afrontar el
problema del periodismo electrónico.
Marshall McLuhan
afirmó en su Galaxia Gutenberg que todo nuevo
medio trata, en una primera instancia, de
integrar a los medios precedentes y referirse a
ellos. Esto resulta muy claro en el caso de
Internet, puesto que tanto la prensa como la
radio y la televisión van emplazándose en la
red y abriendo sus respectivas sedes
telemáticas. Sin embargo, Internet posee una
estructura interna muy distinta a la de los
medios de comunicación precedentes, derivada en
parte de su origen, y en parte de su evolución
ulterior.
Como es sabido,
Internet procede de Arpanet, que fue creada en
los EEUU para poder mantener interconectados los
centros de decisión más importantes en el plano
político, militar y científico en caso de un
holocausto nuclear. Tras la separación de Milnet,
fue constituyéndose la actual Internet,
manteniendo su estructura descentralizada
inicial, e integrando sucesivamente a las
diversas redes que habían sido creadas en base a
otro esquema, tanto por países concretos como
por grandes empresas. Todos los comentaristas
subrayan que el carácter abierto y
descentralizado de la red, así como el alto
grado de autonomía que cada red integrada en la
red global cuenta para su propio funcionamiento,
han sido claves en el éxito de Internet, que
cuenta ya con 5O millones de usuarios, que crecen
aceleradamente mes tras mes, expandiéndose por
todos los países.
Cabe decir que
Internet es una red horizontal, multidireccional,
descentralizada e interactiva, lo cual resulta
poco frecuente en el caso de los medios de
comunicación anteriores. En el caso del libro,
el paradigma de la Galaxia Gutenberg, que aportó
un medio de comunicación multidireccional, la
posición del autor es central y asimétrica con
respecto a la del lector, y la interactividad
apenas existe. Y otro tanto cabría decir de la
radio y la televisión, a diferencia del
teléfono, que sf es interactivo, pero sólo es
bidireccional, al menos en su formato actual.
Esta singular
estructura de la red telemática mundial ha sido
determinante en la configuración de una cultura
específica en el ciberespacio. Por eso al hablar
de un nuevo medio de comunicación, y de la
adaptación de los medios de precedentes, es
imprescindible analizar las posibilidades que
ofrece dicha estructura, y sobre todo dilucidar
el tipo de espacio social generado por la red.
Como muestra,
valga un ejemplo, que puede parecer anecdótico,
pero resulta muy significativo. Como es sabido,
uno de los sitios del World Wide Web más
visitados es el de Play Boy. Los directivos de
esta revista se plantearon en un momento dado
cobrar a cada uno de los internautas que ojeara
sus ficheros. En los días previos a la adopción
de la medida, se produjo una auténtica avalancha
de consultas, posiblemente con el fin de archivar
el mayor número de imágenes posibles. Ello dio
lugar a que la decisión prevista fuera
reconsiderada. Los directivos de Play Boy
decidieron adaptarse a la gratuidad tradicional
de los contenidos de la red, añadiendo a cambio
publicidad a sus imágenes. Parece ser que
actualmente los ingresos por publicidad de la
edición electrónica superan ya a los ingresos
que se obtienen por toda la edición europea de
la revista. A mi modo de ver, se trata de un buen
ejemplo de adaptación a la estructura de la red
y a las costumbres que se han derivado de ella.
Por eso es
preciso reflexionar con mayor detalle sobre la
estructura de la red y sobre el espacio social
que genera, antes de pasar a comentar las
transformaciones que las redes telemáticas
pueden inducir en el periodismo, tanto en el caso
de la prensa como en el de la radio y la
televisión.
2.-
Telépolis, Ia ciudad global
He propuesto
llamar Telépolis (la ciudad global, la ciudad a
distancia) a una nueva forma de interacción
social que ha ido apareciendo a finales del siglo
XX y tiende a expandirse por todo el planeta. No
es sólo una sociedad de la información: estamos
ante una transformación de mayor entidad. El
avance de esta nueva forma social está
modificando profundamente componentes básicas de
la vida social, como la producción, el trabajo,
el comercio, el dinero, la escritura, la
identidad personal, la noción de territorio y la
memoria, por no mencionar la política, la
ciencia, la información y las comunicaciones, ya
que esto resulta obvio. Sobre todo, está
cambiando la estructura económica y cultural del
planeta, rompiendo los límites territoriales de
las ciudades y de los Estados clásicos y
tendiendo a generar una nueva forma de
interacción global a la que conviene pensar, por
muchos motivos, en términos de ciudad, a pesar
de que todavía no lo sea. Al hablar de una
ciudad global estoy proponiendo que los
múltiples cambios que las tecnologías de las
telecomunicaciones están induciendo en el mundo
sean pensados como otros tantos pasos para
construir una ciudad planetaria, y no una nación
ni un Estado mundial. En el caso de Internet,
parece claro que la metáfora ciudadana comienza
a tener gran aceptación, como muestran algunas
publicaciones recientes. Algunas iniciativas en
la red confirman esta tendencia a pensar Internet
en términos urbanos: en 1996 se ha organizado la
Primera Exposición Mundial Internet'96, uno de
cuyos objetivos es la construcción del Parqúe
Central de Internet. Tal y como he tratado de
mostrar en otro sitio, es preferible pensar en
términos de paseo que en términos de
navegación porlnternet, sin perjuicio de que
esta última metáfora sea muy bella y siga
siendo muy utilizada por los usuarios de la red.
El nombre
"Telépolis" viene a marcar la
oposición entre las formas clásicas de
organización social (familias, etnias, pueblos,
ciudades, naciones, Estados, etc.), basadas en la
territorialidad, la vecindad y la proximidad
entre los seres humanos, y la nueva ciudad, donde
las interrelaciones humanas se producen a
distancia. Por oposición a los Estados, que
están determinados por el territorio en el que
ejercen su jurisdicción, Telépolis es una
ciudad desterritorializada, que desborda las
fronteras geográficas y políticas. Su
estructura topológica básica no es el recinto
con interior, frontera y exterior, sino la red de
interconexiones que vincula puntos
geográficamente dispersos, pero unidos por la
tecnología. Esta nueva ciudad se superpone a los
pueblos, ciudades y metrópolis, sin destruirlos
físicamente. Sin embargo, el futuro de las
formas clásicas de convivencia entre los seres
humanos depende cada vez más de su mejor o peor
adecuación a la nueva forma de interacción
social.
Telépolis está
en fase de construcción, pero puede ser
imaginada de la manera siguiente. Consideremos la
superficie del planeta como la bóveda de la
ciudad. Dicha bóveda se apoya, a través de
estratos y redes iterativamente imbricadas, en
unos cimientos artificiales, que no están
asentados en la tierra, sino literalmente en el
aire: son los grandes satélites de
comunicaciones que enlazan a los demás
satélites entre sí. A partir de estos
cimientos, y en función de las órbitas
respectivas, se llega a los satélites que emiten
o captan señales digitalizadas: los hay
militares, científicos, económicos,
meteorológicos o civiles en general. Dichos
satélites envían sus señales a las grandes
antenas parabólicas, que compondrían un tercer
estrato de la "arquitectura" de
Telépolis. Enviadas esas señales desde las
parabólicas a las grandes torres de
comunicaciones o grandes servidores de las redes
telemáticas, éstas las distribuyen por doquier,
sea por ondas hertzianas, mediante tendidos de
cable óptico o simplemente a través de los
hilos de cobre del teléfono. Aquí está el
"techo" (o la base, como se prefiera)
de la ciudad global. Lo importante es que
cualquier ser humano, empresa o institución,
para actuar en Telépolis, tiene que transmitir
sus acciones a través de todo ese entramado
tecnológico, y no físicamente a través del
territorio. Telépolis no es una estructura
territorial, sino reticular; no está fundada
sobre la tierra, sino sobre la tecnología; y por
ello es una estructura inestable, cuyos cimientos
y vías de comunicación irán cambiando en
función de las innovaciones tecnológicas.
Resulta perfectamente factible que dos personas
que viven en pisos contiguos se comuniquen entre
sí a través de todo ese entramado, si es que de
verdad interactúan en Telépolis y no en el
pueblo o ciudad en donde residen.
Las redes
telemáticas pueden ser comparadas con las calles
de la futura ciudad global, actualmente en fase
de construcción. Una de ellas, pero no la
única, es Internet. No hay que olvidar que
existen otras redes telemáticas de ámbito
planetario (Milnet, Swift, etc.).
Además de navegar, es posible arrojar bombas y
disparar misiles a través del ciberespacio.
Asimismo se puede especular, invertir, mover
capitales, comprar o vender acciones y divisas, y
obtener enormes beneficios económicos o generar
ruinas gracias a la interactividad telemática.
Internet puede resultar fascinante para el
intercambio científico, comercial y personal,
pero conviene recordar que los militares, los
servicios secretos y los grandes bancos también
utilizan sus propias redes para desarrollar sus
actividades.
Telépolis no
tiene suelo sobre el cual se asienta, pero sí
posee una infraestructura tecnológica basada en
los satélites artificiales, en las torres de
telecomunicaciones y en los cableados, que
componen la arquitectura de la nueva ciudad.
Estas nuevas tecnologías (informática,
audiovisuales, telecomunicaciones, realidad
virtual, almacenamiento y distribución de la
información, simulaciones, etc.) son comparables
con las industrias clásicas que posibilitaron el
crecimiento de las metrópolis: acero, petró1eo,
cemento, vidrio, tendidos eléctricos,
automóviles, asfalto, etc. Así como la
revolución industrial atrajo fuertes inversiones
públicas y privadas para la creación de las
fábricas en las que se producían los materiales
que posibilitarón la emergencia de las grandes
metrópolis industriales, así también la
construcción de Telépolis está atrayendo todo
tipo de recursos humanos, tecnológicos y
financieros. Las empresas, instituciones y
personas que se han adaptado a la estructura
reticular de Telépolis son las pioneras de la
construcción de la nueva forma social. Asistimos
a una nueva colonización del planeta, que tiende
a organizar las interrelaciones humanas mediante
redes y telas de araña, y no mediante recintos
espaciales dotados de interior, frontera y
exterior, como ha sucedido en las ciudades y en
los Estados que conocemos.
La fuerza
principal de Telépolis surge de su capacidad
para transformar la vida doméstica, y en general
la actividad que se lleva a cabo en espacios
cerrados (oficinas, fábricas, estadios, etc.),
convirtiéndolos en espacios abiertos al mundo a
través de una serie de artefactos tecnológicos
que son las nuevas puertas y ventanas ciudadanas.
Las casas abiertas son los hogares quc, además
de estar conectados físicamente a su entorno
territorial, urbano y cultural, disponen de
teleconexiones directas con puntos del planeta
situados a miles de kilómetros de distancia. Son
las casas a distancia, o telecasas, que se
superponen a las actuales viviendas y las
implementan tecnológicamente. El avance de
Telépolis está ligado a la transformación que
están experimentando los ámbitos domésticos
por la implantación en nuestras moradas de una
serie de conexiones electrónicas que son
nuestros interfaces con la ciudad global. El
teléfono, el fax, la televisión, los
ordenadores multimedia, etc., expresan la
presencia de la ciudad electrónica en nuestras
casas.
3.-
Las ventanas y las puertas en Telépolis
Así como las
viviendas tienen ventanas y puertas que nos
permiten contemplar el exterior y salir de
nuestras casas para actuar en la ciudad, así
también las futuras casas habrán de contar con
puertas y ventanas que les permitan ver y salir a
Telépolis. En su formato actual, la televisión
es una ventana a Telépolis. De hecho, nos
permite ver el mundo a distancia y en tiempo real
(en directo). En cambio, el ordenador conectado a
Internet puede ser considerados como la puerta
que nos permite salir a Telépolis. Internet es
la primera gran calle pública de Telépolis, su
calle mayor, que se ha ido diferenciando de la
calle de los militares, de la calle de los
banqueros y de la calle de los científicos, de
las cuales procede históricamente. Por tratarse
de una vía de comunicación a distancia que da
cabida a las más variadas formas de
interrelación humana, Internet ha de ser
considerada como el germen de la sociedad civil
de Telépolis.
4.-
Pasear por Internet
Prosigamos con
nuestra comparación. Suele hablarse de los
internautas, de la navegación y del surfing en
Internet. Sin embargo, es preferible comparar a
Internet con una calle, y no con el océano, por
muy diversos motivos, entre los cuales
mencionaré los siguientes:
a)
Como en las calles y en los boulevares de las
ciudades, hay mucha gente que se conecta con
Internet para curiosear. Hay quienes se detienen
ante la sex-shop; otros participan en charlas y
grupos de debate; no faltan quienes salen a
Internet para ir de compras, sobre todo
últimamente. Algunos van al cine. Otros visitan
universidades y bibliotecas. Muchos telepolitas
(ciudadanos de Telépolis) ponen anuncios en la
calle mayor vendiendo, comprando, informando,
opinando o intercambiando conocimientos. Desde
que numerosos periódicos y revistas han adoptado
el formato del World Wide Web, muchos ciudadanos
se dedican a ojear la prensa en el telekiosco. El
ordenador multimedia hace posible que esos paseos
por la ciudad vayan acompañados por la audición
de un programa de radio o de un concierto. Los
jóvenes son particularmente aficionados a
circular por la telecalle mayor, como siempre
sucedió en las ciudades. En resumen, Internet
ofrece toda la pluralidad de formas de
interacción humana que han caracterizado a la
sociedad civil, incluídas las formas privadas e
íntimas de interrelación. Por el contrario,
otras redes sólo se dedican a actividades
profesionales específicas: en Telépolis hay
bancos, empresas, cuarteles, Bolsas, hospitales y
laboratorios científicos que cierran sus
espacios de interrelación a la curiosidad
pública mediante las claves criptológicas
correspondientes. Por consiguiente, hay espacios
privados y espacios públicos. Resulta esencial
que Internet, o la red de redes que le suceda,
siga siendo un espacio para la interrelación
civil pública y abierta, sin perjuicio de que
existan también otras redes y otros lugares en
Telépolis de acceso restringido.
b) La
mayoría de los usuarios de Internet suelen
dirigirse a lugares precisos, cuyas direcciones
conocen previamente. Algunos curiosean y navegan,
pero la mayor parte sabe muy bien cómo llegar,
en cuatro o cinco pasos, al lugar de Telépolis
que les interesa. No siguen un rumbo, sino un
camino. Primero salen de casa (ya están en el
Web), luego doblan una esquina (sale una
pantalla), luego otra, luego eligen un portal, se
introducen en él, y finalmente llaman a la
puerta (clave de acceso) hasta que finalmente
conectan con aquella institución, empresa o
persona que les interesa. La circulación de los
usuarios de Internet se parece muy poco a una
navegación marina y mucho a la circulación por
una ciudad, siguiendo un código de señales y
direcciones previamente conocidas.
c) Tras
haber conectado con el lugar deseado, uno guarda
y archiva lo que allí logró. De nuevo estamos
en un esquema plenamente ciudadano: es como haber
adquirido un periódico, haber buscado un
artículo en una biblioteca o unos datos en un
centro de documentación, o simplemente como
haber ido a una tienda, a un concierto, a un cine
o a unos grandes almacenes. La novedad estriba en
que lo que uno había visto u oído en una
ciudad, lo guardaba en su mente. Ahora lo archiva
en alguna de las prótesis mentales que
caracterizan a los ciudadanos de Telépolis: el
disco duro, el CD-Rom, etc.
d) En la
calle mayor de Telépolis, en la cual desembocan
muchísimas otras calles (red o ayuntamiento de
redes), numerosas empresas, instituciones y
personas privadas han puesto en sus portales un
nombre y dirección (las Home Pages). De suceder
esto en el mar, sólo se da en las costas. Y ni
aun así es comparable la estructura de
topónimos marinos con la organización
potencialmente ciudadana de Internet. Si algo
tiene valor en esta red telemática mundial, como
antaño en cualquier ciudad, es saber dónde
puede uno encontrar lo que desea o contactar con
la persona o institución que le interesa. Los
múltiples directorios de Internet que
actualmente se publican muestran bien la
tendencia de la red a urbanizarse y a convertirse
en parte de una ciudad.
5.-
Internet como alternativa a la televisión
Telépolis no
sólo posee calles públicas y calles privadas;
también hay plazas públicas y plazas privadas.
Prosiguiendo con nuestra metáfora, cabe decir
que las grandes cadenas públicas de televisión
han sido, inicialmente en cada país, y
posteriormente para todo el planeta (véase el
caso de la CNN), comparables al ágora de las
ciudades de la Grecia clásica. Si en algún
lugar ha transcurrido la vida pública del
planeta, ha sido en la televisión: allí han
sido elegidos (y asesinados) presidentes y allí
han tenido lugar las guerras, los desórdenes,
las grandes competiciones deportivas y los
espectáculos musicales. Los mercados de las
ciudades han sido ventajosamente reemplazados por
la televisión comercial y los propios
intelectuales y científicos han tenido que salir
a esta ágora para exponer sus teorías y sus
innovaciones. Pues bien, el crecimiento de
Internet permite vislumbrar un nuevo espacio
público en Telépolis, en el que los ciudadanos
y ciudadanas dejan de ser espectadores pasivos
para convertirse en protagonistas de sus propias
acciones e intereses. Frente a la televisión
vertical que reducía a los telespectadores a la
pasividad en sus reductos domésticos (la TV es
una ventana con 625 rejas), lnternet y las redes
telemáticas permiten que los espectadores se
conviertan en actores, cuando no en agentes
sociales. En la medida en que Internet siga
siendo una forma de intercomunicación
descentralizada, horizontal, multidireccional e
interactiva (como lo es cualquier calle de una
ciudad), la puerta que conecta nuestras casas a
Telépolis adquirirá una función social cada
vez más relevante, convirtiéndose en una
alternativa real al imperio que la televisión ha
ejercido durante las últimas décadas. Aquí
radica una de las cuestiones centrales para el
futuro de Telépolis.
Durante los
próximos años habrá pugnas durísimas por el
control de Internet. Tratándose de la calle
mayor de Telépolis, no es raro que así sea. Sin
embargo, dependerá de los ciudadanos de
Telépolis (en este caso de los usuarios de
lnternet) el destino final de su calle mayor.
Puede suceder que deje de ser una red pública y
pase a ser gestionada por una o varias firmas
privadas. Pero también puede ocurrir que
Internet, o el ayuntamiento de redes que la
releve, siga expandiéndose por el planeta,
convirtiéndose en una auténtica calle mayor que
atraviese toda la ciudad global, manteniendo como
regla básica el libre acceso de cualquier ser
humano a su entramado reticular, que conducirá
hasta los rincones más recónditos del planeta.
6.-
Las redes telemáticas como multimedio de
comunicación interactivo y global
Internet no es
la ciudad global, pero sí prefigura lo que
pudiera ser esa nueva forma social. El teléfono,
el fax, la televisión, el dinero electrónico y
los ordenadores conectados a las redes mundiales
son otras tantas expresiones del tipo de
relación humana que define la vida en
Telépolis, a saber: la interacción a distancia
gracias a las tecnologías de telecomunicaciones.
Las cadenas de
televisión han ido creando las plazas de
Telépolis, tanto públicas como privadas. En
ellas tienen lugar los grandes espectáculos que
se organizan en la ciudad global: olimpíadas y
competiciones deportivas, conciertos musicales,
fiestas, guerras, desórdenes y acontecimientos
históricos en general (magnicidios,
insurrecciones, negociaciones, tratados,
funerales, bodas, etc.). Cientos de millones de
personas suelen estar pendientes de estos grandes
eventos, característicos de la ciudad global.
Aunque su montaje resulta costosísimo, suelen
generar grandes beneficios para sus promotores y
para algunos de sus actores.
Pero volvamos a
las redes telemáticas, que son las calles, y no
las plazas de Telépolis.
Como ya vimos,
existen otras redes además de Internet. La red Milnet
conecta los altos mandos militares entre sí. Por
esa red circulan los datos que envían los
satélites militares y los aviones de
observación a distancia, así como las órdenes
para bombardear unos u otros objetivos con tales
o cuales armas. La red Swift posibilita
las transferencias electrónicas entre las
grandes entidades bancarias y bursátiles, y
soporta el flujo de dinero de las tarjetas de
crédito, es decir el pago a distancia. También
las policías utilizan sus propias redes
telemáticas, al igual que algunos políticos y
empresarios. Cuando hay que enviar un mensaje top
secret se recurre a redes seguras, cuyo acceso no
es público. Por consiguiente, Telépolis
funciona plenamente en el plano militar,
financiero, empresarial y policial, así como en
otros ámbitos de la sociedad de la información.
Algunas calles de Telépolis están urbanizadas y
asfaltadas (fibra óptica), pero son de uso
restringido. Sólo los grandes señores de la
ciudad pueden hacer circular sus imágenes, sus
mensajes y sus datos por ellas.
Lo que no había
era un entramado de calles públicas. Esto es
Internet. Las veinte o treinta mil redes
confederadas que componen Internet reciben los
usos más diversos: grupos de debates, tertulias
públicas o privadas, investigación científica,
periodismo electrónico, correos, consultas a
bibliotecas y centros de documentación,
televenta, telecompra, teletrabajo, telesexo,
telesalud ... Frente al orden, la seguridad y la
disciplina que imperan en las otras redes,
Internet puede parecer un caos. Nadie gobierna la
red, y su funcionamiento está soportado en gran
parte por sus propios usuarios. Dicho de otra
manera: Internet es un ayuntamiento de redes (sin
alcalde) y prefigura la sociedad civil de
Telépolis. Como en cualquier calle, en Internet
ocurre cotidianamente una inmensa variedad de
cosas, incluídos los atentados contra la
seguridad pública y privada. No es raro que los
grandes poderes traten de controlar Internet y de
instituir normas morales y reglas para preservar
la seguridad y el derecho a la propiedad en la
red. En cualquier caso, si pensamos en Internet
como en una calle, los periodistas no sólo
orientarán sus esfuerzos a vender en ella, sino
también a extraer información a base de
"patear" la calle, es decir de recorrer
la tela de araña pantalla por pantalla y portal
por portal.
Desde que
Internet ha comenzado a popularizarse, la calle
telemática está muy concurrida. Abrir página
en el World Wide Web (tela de araña mundial)
equivale a montar un tenderete o un local.
Abundan los curiosos y los mirones, que pululan
por aquí y por allá. Puede parecer una moda,
pero es la reproducción en el ciberespacio del
paseo cotidiano o dominical por el zoco de una
ciudad. Otros usuarios, en cambio, saben muy bien
lo que quieren y a donde van cuando circulan por
la red. Los científicos la utilizan
cotidianamente para intercambiar mensajes
electrónicos y para utilizar datos e
instrumentos situados a miles de kilómetros de
distancia (acceso remoto). Para ellos Internet es
imprescindible, al ser parte de su gabinete o
laboratorio. Otro tanto comienza a suceder con
diversas profesiones: arquitectos, músicos,
médicos, empresarios, etc. Las redes tipo
Internet no sólo son un nuevo medio de
comunicación. A mi entender, son un nuevo medio
de producción e interacción, que vale tanto
para la actividad pública como para la vida
privada Por eso están adquiriendo tanta
relevancia.
7.-
El periodismo electrónico
La aparición
del World Wide Web ha sido decisiva para la
expansión y la difusión mundial de Internet, y
ello por múltiples motivos, entre los cuales
subrayaré uno. Lo que podemos llamar la
arquitectura del WWW, es decir el entramado de
conexiones que lo sostiene, se basa, como es
sabido en el hipertexto. Dado que el periodismo
electrónico ha de adaptarse en el momento actual
a dicha arquitectura, bueno será que tengamos
presentes algunas nociones básicas al respecto,
así como las consecuencias que tienen en el caso
del periodismo telemático.
Cuando Theodor
H. Nelson acuñó en los años 60 el término
'hipertexto', lo definió de la manera siguiente:
"Con
'hipertexto' me refiero a una escritura no
secuencial, a un texto que bifurca, que permite
que el lector elija y que se lea mejor en una
pantalla interactiva. De acuerdo con la noción
popular, se trata de una serie de bloques de
texto conectados entre sí por nexos, que forman
diferentes itinerarios para el usuario".
Es sabido que,
con la aparición de los ordenadores multimedia,
esos nexos no sólo tienen lugar entre palabras,
sino también entre sonidos, imágenes y datos.
Ello permite un tipo de recuperación de
información multilineal, o si se prefiere
transversal. En lugar de seguir el orden de las
páginas de un libro, de las hojas de un
periódico, de los compases de una melodía o de
las secuencias de un film, el hipertexto
proporciona múltiples hilos para recuperar la
información en función de los intereses
concretos del usuario. Esto tiene múltiples
consecuencias en el caso del periodismo
electrónico, que ilustraré brevemente con dos
ejemplos.
Supongamos que
un usuario de Internet quiere obtener
información sobre la guerrilla zapatista en la
selva de La Candona Tras introducir los índices
de búsqueda correspondiente, la información a
la que puede acceder no se limita a las de las
agencias de noticias: también incluye los
rumores y los comentarios que pudieran circular
por la calle telemática, incluyendo las
emisiones de los propios zapatistas, del gobierno
mexicano y, en su caso, de los grupos que debaten
sobre este tema en los diversos Bulletin Boards.
Asimismo es factible obtener las referencias
previas, y no sólo las últimas novedades. En
una palabra, el lector del periódico
electrónico no sólo podrá acceder a lo que es
de actualidad, tal y como esta actualidad es
manufacturada por las grandes agencias
productoras de noticias, sino que podrá disponer
de todo cuanto se comenta en la calle sobre el
tema, así como lo que se comentó anteriormente.
Todavía más: nada impide al lector pronunciarse
sobre la cuestión, incorporando sus propias
opiniones a los archivos correspondientes. La
opinión pública vuelve a tener a la calle como
su ámbito principal, sin perjuicio de que en esa
calle también existan kioscos telemáticos desde
los que emiten los medios de comunicación
clásicos.
Vayamos a un
segundo ejemplo, en este caso local. Pienso que,
así como los asuntos de alcance global tendrán
gran desarrollo en Telépolis, también lo local
se verá potenciado, posiblemente en perjuicio de
las entidades intermedias (naciones, estados). Si
un futuro turista está organizando sus
vacaciones y piensa venir, por ejemplo, a
Barcelona, ya no se limitará a consultar los
prospectos de las agencias de viaje y las guías
turísticas oficiales. Es muy probable que
indague previamente a través de Internet sobre
los hoteles, los restaurantes, las actividades
culturales, e incluso que visite los museos y
monumentos virtuales correspondientes. Sea
posible o no que reserve sus plazas y compre sus
entradas a través de la red, lo cual va ligado
al problema de la seguridad para las
transacciones económicas en las calles de
Telépolis, lo cierto es que podrá acumular
datos sobre la ciudad de Barcelona a través de
múltiples circuitos, tanto públicos como
privados. Los diversos circuitos de información
local tendrán por tanto una importante función
a cumplir, incluyendo los anuncios por palabras y
los circuitos underground, como ya sucede en la
Internet actual. La prensa electrónica local que
proporcione unos buenos servicios al respecto
podrá constituirse como un referente fundamental
para este tipo de teleconsultas previas.
La novedad
principal planteada por el periodismo
electrónico en redes tipo Internet se deriva,
sin embargo, de la interactividad ya mencionada.
Secciones tales como las Cartas de los lectores,
los anuncios por palabras o las tribunas de
opinión pueden verse fuertemente reforzadas.
Así como los clubs y las tertulias fueron un
ámbito fundamental para la formación de la
opinión pública, Internet está mostrando que
en las calles de Telépolis la opinión vuelve a
formarse en estos espacios, y no sólo en las
grandes tribunas mediáticas. La reciente
manifestación de más de 2.500.000 personas por
la calle telemática para protestar por la firma
por parte del presidente Clinton de unas normas
que suponen la implantación de formas de censura
a la libertad de circulación por la red, da idea
de que la vida cívica en Telépolis va
reproduciendo muchas de sus formas clásicas,
aunque ésta vez sea a distancia.
En resumen, el
periodismo electrónico irá encontrando en la
propia ciudad electrónica su fuente de noticias.
Aunque inicialmente se limite a reproducir en la
red sus contenidos habituales, diseñados para
otro medio de comunicación y para otro espacio
social, en la medida en que aumente el número de
personas que circulan por Telépolis los
contenidos y los formatos se irán modificando,
adaptándose al nuevo espacio social.
8.-
La ciudadanía en Telépolis
Un último
argumento, posiblemente el de mayor importancia.
Estas redes prefiguran la irrupción de una nueva
modalidad de ciudadanía, que supera los límites
y las fronteras territoriales. Aquí radica la
potencialidad de la nueva forma social.
Telépolis rompe con el principio de atribución
de ciudadanía en base al lugar de nacimiento o
residencia. Ni más ni menos.
Ello no equivale
a afirmar que los pueblos, las ciudades y los
Estados actuales vayan a desaparecer. Lo que sí
sucederá, si de verdad caminamos hacia la
construcción de una ciudad global, será que su
relevancia social irá menguando en términos
relativos. Buena parte de la producción, y por
tanto de la generación de riqueza y de puestos
de trabajo, tendrá lugar en Telépolis, y no en
las viejas ciudades en las que nos desplazamos a
diario para trabajar, para ir de compras o para
volver a nuestra casa.
* Javier
Echeverría
es catedrático de Filosofía de la
Ciencia de la Universidad del País Vasco. Barcelona, Colegio de Periodistas,
22-3-1996.
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