COLOMBIA, PERÚ, BRASIL,
MÉXICO...
Latinoamérica:
Periodismo y muerte
Gerardo
Albarrán de Alba *
MEXICO,
DF.- Bernabé Cortés recibió una llamada de una
persona que le aseguró tener información
importante para su programa. Aún era de mañana.
El director del noticiero de CBN se desplazó
hasta el sitio acordado, en algún punto de la
ciudad de Cali; al llegar fue asesinado sin
mediar palabra, dentro de su propio auto.
Paradójicamente,
ese mismo día, todos los rincones de Colombia se
cubrieron de pañuelos blancos, en una protesta
cívica contra la violencia y la impunidad, que
consistió en un paro nacional de media hora.
Miles de colombianos tomaron las calles y las
plazas de las principales ciudades de ese país.
En medio de la manifestación, se supo la noticia
del asesinato de Cortés. La prensa escrita y los
medios electrónicos se sumaron al movimiento.
La muerte de
este periodista colombiano, con una trayectoria,
profesionalismo y seriedad reconocidos, se suma a
la ejecución de la periodista peruana Isabel
Chumpitaz Panta, el 6 de abril, y del periodista
brasileño Manoel Leal de Oliveira, el 14 de
enero.
Chumpitaz
(reportera de La Voz del Pueblo) cayó en
una emboscada: 12 individuos armados le
dispararon a ella y a su marido, José Amaya
Jacinto, quien murió en el acto. Ahí mismo
quedaron heridos los hermanos de la periodista,
Carlos y Walter, este último director del
noticiero Sombrero de Paja, en Radio
Satélite.
Leal de Oliveira
(editor de A Regiao) murió acribillado
por profesionales cuando llegaba a su casa. Su
caso ha sido seguido por Amnistía Internacional
(AI), la Federación
Internacional de Periodistas (FIP) y Reporteros sin Fronteras (RSF).
Lo peor es que
no se trata de ataques aislados. En Perú, en las
72 horas siguientes al asesinato de Chumpitaz,
hubo un asalto armado a Radio San Martín, y
fueron atacados Diógenes Torres Agreda y Gladis
de la Cruz, de Solidaridad. Además, ha
habido amenazas de muerte contra el reportero
Angel Páez, integrante del equipo de
investigación de La República.
En Brasil,
Helton Fraga y Joao Henrique Barbosa, del
semanario independiente Jornal da Vassouras,
sufren la presión de las autoridades de su
ciudad, por su trabajo periodístico, y podrían
ir a parar en prisión.
En México, el
director y un reportero del diario El Sur
han recibido presiones oficiales por una serie de
reportajes sobre el enriquecimiento súbito del
gobernador del estado de Guerrero y su familia.
En la capital de
este país, las oficinas de IRE-México /
Periodistas de Investigación fueron asaltadas 24
horas después de que funcionarios de esta
organización fueron entrevistados en el programa
El fin justifica a los medios, de Radio
Educación, en el que tocaron el tema del acceso
a la información y la impunidad con que se
manejan en la materia la Presidencia de la
República, la secretaría de la Defensa
Nacional, la Secretaría de Gobernación y la
Procuraduría General de la República. El caso
fue denunciado como un robo común, aunque los
"ladrones" sólo se llevaron las
computadoras -con todos los archivos de la
organización-, y dejaron equipo aun más
costoso.
Todos estos
casos permanecen impunes.
De acuerdo con
el Comité para la Protección de los Periodistas
(CPJ), entre 1988 y 1997
fueron asesinados 120 periodistas en
Latinoamérica, lo que representa poco más de la
cuarta parte del total de colegas caídos en todo
el mundo, en el mismo lapso. Asimismo, hasta el
año pasado había seis periodistas encarcelados
por su trabajo: cuatro en Perú y dos en Cuba.
La relación de
periodistas asesinados, recopilada por CPJ, es la
siguiente:
*
Colombia: 43 * Perú: 19 * México: 12 * Brasil:
11 * El Salvador: 10 *
* Guatemala: 4 * Haití: 4 ** Argentina: 2 *
Honduras: 2 * Venezuela: 2 *
*Chile: 1 * República Dominicana: 1 * Ecuador: 1
* Panamá: 1 * Paraguay: 1 *
Apenas el pasado
31 de mayo fue secuestrada por un grupo
guerrillero la periodista colombiana Mary Luz
Avendaño, en una zona rural del conflictivo
departamento de Antioquia, cuya capital es
Medellín. La periodista trabaja en el canal
regional Teleantioquia para el noticiero Tele
Hora Noticias.
En este
continente, ni siquiera los periodistas
norteamericanos están del todo seguros: siete
han muerto en Estados Unidos y uno en Canadá.
Muchos otros son acosados.
El Comité
Canadiense para la Protección de los Periodistas
(CCPJ, por sus siglas en inglés) informó el
pasado 11 de junio que la reportera Janice
Johnston, (CFRN News, en Edmonton)
estuvo bajo vigilancia del gobierno de Alberta
mediante la intercepción de sus comunicaciones
privadas, entre el 27 de enero y el 28 de marzo
de este año, según le confirmó el fiscal Gary
McQuaig mediante una carta, en la que no precisa
qué dependencia gubernametnal realizó la
vigilancia, cuáles comunicaciones privadas
fueron interceptadas ni qué métodos se
emplearon en su contra. Aparentemente, la
vigilancia sobre Johnston obedece a la difusión
que hizo la periodista canadiense en 1997 sobre
un reporte secreto de una investigación interna
de la policía de Edmonton sobre los presuntos
nexos criminales de uno de sus elementos. Poco
después de que esta información salió al aire,
la redacción donde trabaja Johnston fue tomada
por la policía, armada con una orden judicial.
La policía obligó a Johnston a entregarle el
reporte policiaco secreto en el que basó su
reportaje.
Y este 16 de
junio último, el CCPJ denunció que otros dos
periodistas canadiendes han sido sujetos de las
mismas prácticas. Se trata de Charlie Gills y
Donna Marie Artuso (reportero de la fuente
policiaca y columnista, respectivamente, del
diario Edmonton Sun, a quienes les fue
informado por la División de Asuntos Internos
del departamento de policía que sus
conversaciones telefónicas privadas fueron
monitoreadas entre el 27 de enero y el 28 de
marzo de este año, para tratar de identificar a
un oficial policiaco que filtró documentos a la
prensa en julio de 1997... los mismos que
utilizó Janice Johnston.
Olvido
El asesinato en
Colombia de Bernabé Cortés no puede quedar como
uno más en la larga cadena de atentados impunes
contra la prensa en ese país, en el que la
justicia es rebasada por la violencia, al grado
de que el 98% de las denuncias penales quedan sin
resolverse.
La inmensa
mayoría de los ataques contra periodistas
latinoamericanos ha quedado sin castigo, pero no
sólo por la incapacidad judicial o, incluso, la
complicidad de las autoridades, sino por la casi
nula respuesta gremial, que acusa inconsistencia
al tratarse de sus pares.
Excepción
sobresaliente es el caso del fotógrafo argentino
José Luis Cabezas (Noticias),
asesinado en Pinamar, en la madrugada del sábado
25 de enero de 1997. Su cuerpo fue encontrado
esposado, con un balazo en la sien y casi
totalmente calcinado dentro de su auto, a casi 15
kilómetros del lugar donde fue visto con vida
por última vez.
Desde entonces,
miles de imágenes con el rostro del fotógrafo
asesinado han aparecido por todo Argentina,
acompañadas de una frase: "No se olviden de
Cabezas". En Buenos Aires, frente a la Casa
Rosada, sede del gobierno del presidente Carlos
Saúl Menem, a unos pasos de donde cada jueves se
reúnen las Madres de la Plaza de Mayo, están
pintadas decenas de siluetas que representan
crímenes impunes. Justo al centro está la que
corresponde a Cabezas.
La muerte de
Cabezas fue atribuida al empresario Alfredo
Yabrán, cuya fortuna ascendería a varios miles
de millones de dólares y estaría vinculado al
narcotráfico y otras actividades ilegales,
además de controlar el 80% del manejo de
correspondencia en Argentina, la confección de
los documentos de identidad, las bodegas de
aeropuertos, varias empresas de seguridad privada
y otras áreas estratégicas. Yabrán se
"suicidó" apenas hace unos días.
Cabezas desnudó
la trama de este descomunal poder haciendo
público el rostro de Yabrán, simbólicamente
borrado por el supuesto suicidio.Por el momento,
el principal beneficiario de la muerte de Yabrán
es el presidente Menem, al resultar más difícil
ahora, comprobar los vínculos entre el área de
la presidencia y la supuesta red mafiosa de
Yabrán, la que se extendería también a la
justicia.
Parafraseando el
lema de los colegas argentinos, habría que
reclamar: "No se olviden de ninguno".
A fin de
cuentas, detrás del asesinato, del ataque, de la
presión o del encarcelamiento injusto de un
periodista, casi siempre hay un gobierno, un
funcionario, aluna organización, alguna red
criminal o simplemente un individuo que pretende
evitar a toda costa que una información
determinada se haga pública. En la medida en que
los propios medios de comunicación hagamos una
exhaustiva cobertura de todos los casos de
colegas muertos, y tomemos a nuestro cargo
terminar hasta sus últimas consecuencias las
investigaciones interrumpidas por un crimen,
aquellos que pretendan matar a un periodista lo
tendrán que pensar dos veces, porque el efecto
será el contrario al que buscan: serán
totalmente expuestos, como bien nos recuerda Gene
Roberts, director del Comité para la Protección
de los Periodistas.
Nosotros no
olvidamos.
En este 1998 se
cumplieron 14 años de los asesinatos de dos
periodistas sobresalientes en Latinoamérica:
- Guillermo
Cano Isaza, director El Espectador,
víctima del Cártel de Medellín, que
meses más tarde colocó una bomba de
gran poder que casi destruyó ese diario.
- Manuel
Buendía Tellezgirón, un columnista de Excélsior
que documentó los pasos de la
ultraderecha en México. Su asesinato, el
31 de mayo de 1984, fue atribuido a un
exjefe de la policía política que fue
cobijado por el gobierno queriéndolo
investir como diputado federal, hasta que
el escándalo público por la muerte de
Buendía obligó al mismo gobierno a
detenerlo, juzgarlo y sentenciarlo. Hoy
sigue en la cárcel.
* Gerardo Albarrán de
Alba es editor en
el semanario Proceso;
creador y coordinador académico del Diplomado en
Periodismo de Investigación en la Universidad
Iberoamericana; miembro
fundador del Comité Asesor de IRE-México
/ Periodistas de Investigación, y director
de Sala
de Prensa, web
para los profesionales de la comunicación
iberoamericanos. Este artículo fue elaborado con
la colaboración de: Juan Pablo Ramírez, miembro de SdP, y Carlos González, en Medellín; Juan Carlos
Romero, miembro de
SdP, y Santiago Camarda, en Buenos Aires, y Marcel Leal de
Oliveira, Morena
FM, e Ivson, asesor del Sindicato dos
Jornalistas Profissionais do Mun. do Rio, en
Río de Janeiro, así como con información del Committee to Protect
Journalists, en Nueva York;
el Canadian
Committee to Protect Journalists, en Vancouver; la Federación
Internacional de Periodistas,
en Bruselas, e Investigative Reporters and Editors, en Missouri.
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